lunes, 26 de febrero de 2007

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (V)

HIGH TIDE


Los británicos High Tide es un característico ejemplo de grupo olvidado en las brumas del tiempo. Se formaron en 1969, cuando el jipismo y el amor universal daban sus últimos coletazos y el egoísmo de los 70's llamaba a la puerta. Esa época de transición definiría perfectamente el sonido de High Tide: reminiscencias del folk y el flower power y proto-heavy visceral en su estado más puro.

Sólo llegaron a editar dos álbumes, Sea Shanties y un segundo disco homónimo. El tema que abre su primer disco, "Futilist's Lament", es una perfecta presentación para el grupo: una guitarra con distorsión salvaje, un violín furioso à là Velvet Underground y riffs pesados que se mueven entre unos primerizos Black Sabbath y los progresivos Iron Butterfly. El sonido de violín le da un toque inconfudible al grupo, envolviendo los furiosos guitarrazos del grupo en un halo de psicosis barroca, aunque por otra parte también se encarga de facturar bellas melodías en medios tiempos como "Pushed, But Never Forgotten". Aunque uno nunca puede confiarse: a lo largo del disco, sea cual fuere la canción, al final el caos sonoro será vomitado por los altavoces.

Aquellos que améis por igual a la Velvet y a Black Sabbath, este grupo está hecho para vosotros.

Cabaret


Para mí es sin duda uno de los grandes hitos de la historia del cine, de las mejores películas de la década de los 70 y uno de los mejores musicales que haya visto. El director del film, Bob Fosse, hombre renacentista donde los haya, no suele estar en boca de críticos y público cuando hacemos retrospectiva de aquella magnífica década del siglo pasado. Pero fue sin lugar a dudas uno de los mejores directores de su generación, amén de coreógrafo, cantante, bailarín...
Billy Wilder y Gene Kelly habían rechazado la propuesta de dirigir esta película hasta que llegó a manos de Fosse. Una vez visto el resultado, uno no puede dejar de admirar la maestría con la que llevó a cabo el proyecto.
Una de las mejores bazas de la película es su estrella, Liza Minnelli. Éste fue sin duda el papel por el que será recordado siempre. Su magnífica voz, talento, esos grandes ojos y su desparpajo la convirtieron en digna sucesora de su madre, la mítica Judy Garland. Liza logró impresionar a un nada impresionable Bob Fosse, y este dato ya habla por sí solo.
El Kit Kat Club, el cabaret del que nos habla la historia, es un microcosmos que refleja la turbulenta historia de la Alemania a principios de la década de los 30. Una Alemania en bancarrota, humillada tras la Primera Guerra Mundial, pero que sin embargo aglutina en su capital, Berlín, un crisol donde la cultura y el arte europeos viven uno de sus mejores momentos. Sin embargo, a la vuelta de la esquina, el auge del nazismo ensombrece todo porvenir de paz y progreso en el corazón de la vieja Europa.
Cabaret está plagada de grandes momentos y sublimes metáforas visuales. Comenzando por las espléndidas coreografías creadas por Fosse y la estimulante banda sonora del film, pasando por las magníficas interpretaciones de Michael York, la propia Minnelli o Joel Grey (el maestro de ceremonias, a quién ya interpretó en el musical de teatro, y que fue impuesto a Fosse por los productores), y acabando por el enorme pulso del que dotó Fosse a la película. Basten para el recuerdo esos inquietantes reflejos al comienzo y al final del film, acertadísimo recurso narrativo; o ese travelling siguiendo en un paseo a Sally y Brian (Minnelli y York respectivamente) donde podemos contemplar al fondo un muro plagado de carteles electorales, la mayoría rasgados, cubiertos de pintadas de los respectivos partidos políticos que pugnaban en aquella tumultuosa época por el poder. O la impactante escena de la merienda campestre, donde al son de la épica composición "Tomorrow belongs to me" un joven de las Juventudes Hitlerianas levanta literalmente al pueblo de sus sillas para unirse todos cantando el himno patriótico que marca el amanecer del sol nacional-socialista. Por muchas veces que vea ésta película nunca dejo de sentir escalofríos al contemplar la susodicha escena.
Innegable clásico del que son deudores muchos musicales cinematógraficos posteriores (la exitosa Chigago, sin ir más lejos) y que recibió 8 premios de la academia, entre ellos mejor director, actriz (Liza Minelli), actor secundario (Joel Grey), fotografía y otros premios técnicos. Sin embargo, el de mejor película recayó aquel año en El padrino. Sin duda eran mejores tiempos para el cine.
No quisiera cerrar esta entrada sin mencionar a la actriz Marisa Berenson, mujer de singular belleza y elegancia, con un par de ojos de un enigmático azul que a quién esto escribe le tienen subyugado.


lunes, 12 de febrero de 2007

Corazón de oro

Un domingo por la tarde, tras una larga noche de sábado, me he acercado a la filmoteca para ver el concierto-documental del cantautor y excelente músico canadiense Neil Young, y a pesar de que debido al lleno absoluto he tenido que adaptarme a ver la película en primera fila (hay una extraña afluencia de gente mayor en las sesiones de las 18:00), han sido dos horas de quedas emociones y excelente música. Uno de esos momentos en uno da gracias por tener un par de orejas y poder disfrutar de algunas de las melodías más bellas jamás creadas.
Todo ocurrió en 2005. Al señor Young se le diagnosticó un aneurisma cerebral que bien podría habérnoslo arrebatado antes de tiempo. Con todo lo que ello podía suponer, la noticia le sirvió al cantante como motivo para la reflexión y/o la composición y grabación de un disco que no sólo era quizás más personal de su carrera, sino que era toda una declaración de principios; no diré un testamento (la palabra me resulta demasiado negativa, y al fin y al cabo el canadiense sigue felizmente entre nosotros) pero sí una expresión de su visión de la vida, y todo lo que la rodea: amigos, amor, política, muerte...
El álbum que vio la luz tras todo este proceso catártico, Prairie Wind, fue presentado mundialmente durante dos noches en un auditorio de Nashville. Neil Young se reunió de amigos, familiares y demás compañeros de correrías musicales, para llevar a cabo una celebración musical de la alegría del vivir, del poder del amor y los seres queridos. Esas dos noches es lo que podemos completar en el film "Neil Young: Heart of Gold".
Neil Young es uno de esos grandes contadores de historias que ha dado el mundo contemporáneo. A través de sus canciones nos relata experiencias vitales y nos expresa sus opiniones del mundo. Por eso, nada más acertado que la primera imagen del concierto sea un telón. Cuando comienza a sonar la música, el telón se abre. Ha llegado la hora de perderse en el mundo de una leyenda viva.
Las canciones del disco son relajadas, fluyen poco a poco, flotando en la música tradicional norteamericana: es un pequeño guiño a Harvest, una de las obras cumbre del canadiense. Durante el concierto hay lugar para todo: desde canciones con una banda llena de vientos, cuerdas, coristas y guitarras, hasta el intimismo de un Neil Young con el sombrero calado acompañado de una guitarra y una armónica. También hay momentos felices, recuerdos de la infancia en una granja, recuerdos de amigos, y también recuerdos tristes, sobretodo debido al fallecimiento del padre de Young dos meses antes de la filmación. Cuando el cantante habla sobre los últimos momentos de su padre uno puede emocionarse fácilmente, pero luego sonríe cuando habla de como su padre le animó a tocar cantándole una canción tradicional que acabó con Young ordeñando vacas. La dedicatoria final de la película no deja lugar a dudas: For daddy. Sin duda fueron meses difíciles para el cantante.
No quiero dejar de señalar lo simple y bella que me ha parecido la canción This Old Guitar, sin duda la mejor canción dedicada a una guitarra que jamás haya escuchado. Sencillamente genial. De hecho, todas sus nuevas canciones son pequeñas joyas que uno puede llevar orgullosamente consigo. Hacia la parte final del concierto Young se dedica a revisar parte de su carrera (impresionante Heart of Gold) y dejarnos un par de versiones que han significado algo en la vida de cantante.
La conclusión a la que he llegado viendo la película es que Neil Young no es sólo una leyenda de la música contemporánea, es uno de esos artistas que afronta una madurez lúcida, y a quien los problemas de la vida avivan el ingenio y ayudan a afilar su escritura. Es uno de los grandes, y cuando nos ofrece una versión de uno de sus ídolos de juventud, uno diría que está oyendo una canción del propio Young. Es en momentos así cuando puede darse cuenta de que lo ha logrado: el canadiense se codea con aquellos que una vez le inspiraron a tocar y componer. Está en comunión con los más grandes.
No es algo que siempre ocurra. Aunque tampoco es raro. Quiero decir, no es la primera vez que escuchaba aplausos en la filmoteca al finalizar un film. Pero ésta vez fue diferente. Una vez acabaron de pasar unos bellísimos títulos de crédito, todos o casi todos los que estábamos en aquella sala oscura comenzamos a dar una gran ovación a aquel hombre que nos había acompañado durante cerca de dos horas con su música. No creo recordar otra ocasión en que el público aplaudiera tan fuerte. Sin duda se lo merece. No puedo dejar de acabar este texto parafraseando con un espontáneo grito de una chica de la sala, perdida en la oscuridad, al acabar el film. Sin duda me uno a ella: ¡BRAVO, MAESTRO!

sábado, 10 de febrero de 2007

Ahora estoy aquí

Here I stand (Here I stand)
Look around around around around around
But you won't see me (But you won't see me)

Now I'm here (Now I'm here), Now I'm there (Now I'm there)
I'm just a ... just a new man
Yes you made me live again, wow

A baby I was when you took my hand
And the light of the night burned bright
The people all stared didn't understand
But you new my name on sight

Ooh whatever came of you and me
America's new bride to be - ooh, don't worry baby I'm safe and sound

Down in the dungeon just peaches 'n' me

Don't I love her so
Yes you made me live again, yeah

Yeah, ooh, a thin moon me in a smoke-screen sky
Where the beams of your lovelight chase
Don't move, don't speak, don't feel no pain
With the rain running down my face

Your matches still light up the sky
And many a tear lives on in my eye

Down in the city just Hoople 'n' me
Don't I love him so
Ooh, don't I love him so
Wooh

Whatever comes of you and me
I love to leave my memory with you

Now I'm here (Now I'm here)
Think I'll stay around around around around around around
Down in the city justa you 'n' me (Down in the city justa you 'n' me)
Don't I love you so
Go, go, go, little Queenie
Wooh

Beck, Bogert & Appice

Fue en 1973 cuando el monstruo de las seis cuerdas Jeff Beck y los inigualables Tim Bogert y Carmine Appice (Vanilla Fudge, Cactus) juntaron sus fuerzas para rockear y llevar más allá el concepto de power trio. Editaron un disco que aun no está en mi poder, pero conociendo la trayectoria de esos tres tipos debe sonar a gloria. Luego llegó un directo que sólo se editó en Japón (lo de ese país es para comentarlo otro día) y cuando iban a grabar una segunda obra maestra, Jeff Beck, famoso por su inestabilidad, deshizo la formación para dedicarse a levantar otro line-up y luego deshacerlo nuevamente, supongo. En fin, que cuando pueda hacerme con ese disco ya les dedicaré más líneas a este supergrupo. De momento, voy con lo que ha sido la excusa para esta entrada (¿entrada?), este video (quizás incunable sería lo indicado) donde Beck, Bogert y Appice nos epatan con una revisión (que quizá las malas lenguas señalarían como una posible inspiración para Lenny Kravitz) del famoso tema de Stevie Wonder "Superstition".

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (IV)


STEAMHAMMER

Tras los Cream, Yardbirds, John Mayall, y demás colosos de las Islas Británicas que jugueteaban con la música tradicional negra del otro lado del Atlántico, hubo grupos menos conocidos hoy en día pero que todavía tienen mucho que ofrecer al oyente.

Uno de esos grupos es Steamhammer, grupo formado en 1968 por unos cuantos británicos deseos de vender su alma al diablo. Su gran oportunidad les llegó de mano de Freddie King, quién los eligió como banda de acompañamiento para uno de sus tours europeos (los que conozcan el trabajo de Freddie King supongo que no necesitarán leer más).

No tardó en llegarles un contrato y pronto su primera obra estuvo en la calle. El sonido del grupo no deja lugar a dudas: blues, R&B y más blues. Pianos de bar, ritmos boogies, grandes solos... no creo que haga faltar decir mucho más. Si os gusta el blues y toda la oleada de la British Invasion de los 60, este grupo está hecho para vosotros.

El grupo entró en los 70 con ganas de engordar su minutaje, y su sonido fue acercándose al progresivo (ya sabéis, largos instrumentales, teclados, etc). Hubo cambios en la formación (por ejemplo el guitarrista Martin Quittenton se convirtió en pieza básica de la carrera en solitario del gran Rod Stewart). Peso a todo, el grupo seguía teniendo interés, pero se echa en falta un poco de sonido básico repleto de humo y ginebra. Su cuarto disco, Mountains, se considera su obra cumbre. Yo he localizado su tercer disco, donde todavía conservan su garra blues, y un recopilatorio bastante interesante, Junior's Wailing, donde todavía podemos disfrutar de su sonido blues y también de sus desquicios más progresivos. Incluye momentos con flauta que recuerdan bastante a los primeros Jethro Tull. Canela fina, gente. Si algún día os cansáis del Disraeli Gears y queréis probar algo nuevo, Steamhammer estarán allí esperando una oportunidad.

viernes, 9 de febrero de 2007

Adiós, Anita

Siempre pareció estar fuera de lugar. Vivía para el show business, las fotos, la publicidad. Seguramente todo eso la desquició más de la cuenta. Generó miles de anécdotas, y su boda con un anciano magnate del petróleo es ya legendaria. El pobre hombre no duró demasiado en este mundo, pero imagino que murió feliz.
Ayer Anna Nicole Smith dejaba este mundo. Había pasado por problemas de drogas y de salud, y la prensa amarilla estadounidense siempre tuvo un hueco para ella.
Tal vez en los años 40 0 50 habría sido una gran estrella del burlesque o incluso habría llegado a ser una actriz popular (aunque era evidente su falta de talento). Pero en este mundo tecnológico carente de toda magia e ilusión infantil estaba destinada a ser una contínua anécdota en los medios. Y desde luego era algo que siempre había buscado. Nació para ser famosa.
Me preguntó si fue feliz. Espero que así fuera. Al menos a mí me hizo feliz varias veces.
Descanse en paz.

I'm Guybrush Threepwood, and I'm a mighty pirate!


No todo el mundo tiene a los videojuegos en alta estima. Muchos lo ven como una pérdida de tiempo, no sin razón, supongo. Pero éste era (y es) un juego diferente en muchos aspectos.
El mundo de la informática cabalga rápido, y este juego ha quedado desfasado tanto técnica como gráficamente. Pero no ha sido superado en cuanto a imaginación y sentido del humor.
Su creador, Ron Gilbert, debería ser ahora muchimillonario y ser reconocido como el gran gurú de los videojuegos de aventuras que es. Pero en estos tiempos oscuros, su visión del entretenimiento infantil y juvenil donde no hay sitio para la violencia ni espectaculares escenas de acción ha quedado desfasada.
Si alguien que lea esto creció con las consolas, los ordenadores, internet, DVD's y los juegos de grandes gráficos dudo mucho que pueda entender de lo que hablo. Es como si intentara hablar a alguien que se descarga toda su música de Internet sobre las excelencias del vinilo. ¡El vinilo! ¿Eso no es una tela o un tipo de vino? Pero todo aquél que haya jugado a este juego y sepa de lo que hablo... Qué decir que no sepáis. Soy uno de los vuestros. Y los que se pregunten el por qué hablo de esto... bueno, quién tenga curiosidad, sólo tiene que hacer la prueba, y sacar la palabra mágica, Monkey Island, con alguien que como yo ama el mundo de la isla del mono. Seguro que un brillo aparece en sus ojos de viejo seguidor de la saga. ¿Quién no quiso ser Guybrush Threepwood y navegar de isla en isla?
Imagino que es algo que no se puede describir. Con sólo decir que cuando me hice con mi copia del juego, ésta venía en 6 u 8 disquetes. ¡Disquetes! ¿Alguien usa eso todavía? Pero el contenido era inmejorable: humor, ingenio, aventuras, y pruebas retorcidas que hacían estrujarte el seso. No es que tenga nada en contra de los juegos que consisten en matar gente, destrozar edificios y demás, pero ésto sencillamente era diferente.
Todo se lo debemos al citado Gilbert, que con su primera obra, Maniac Mansion, revolucionó el mundo de los videojuegos. Su reinado duró unos cuantos años. Una segunda parte de Monkey Island a la primera, y supongo que viendo lo que se venía encima, dejó LucasArts para establecer una compañía de videojuegos para niños.
No se el resto del mundo, pero yo personalmente echo de menos su toque para las aventuras gráficas. No hay nadie con su maestría. Pero así son las cosas. Cada cierto tiempo volveré a instalarme las dos partes del Monkey Island (si la tecnología lo permite) y me olvidaré del mundo.
Todavía hoy, Gilbert sobrevive como soldado de fortuna: prepara un nuevo juego y tiene un blog donde da a conocer su visión del mundo y la informática. Monkey Island, un clásico imperecedero. ¡Ah! Por cierto: vendo estas chaquetas...

Monkey Island brings you happiness...

jueves, 8 de febrero de 2007

Me encanta este video

Los videos de esta gente suelen tener siempre algo especial, pero este siempre me ha sido de mis favoritos. Por no hablar de la canción en si que también es estupenda

martes, 6 de febrero de 2007

Made In USA

The Kentucky Fried Movie, títulada aquí como "Made In USA", significó el debú cinematográfico de los hermanos Zucker y J. Abrahams, creadores de películas cómicas como "Aterriza como puedas", "Top Secret" o "Agárralo como puedas".
En esta película, sin apenas presupuesto, y bajo la dirección de John Landis ("Granujas a todo ritmo"), nos presenta su humor absurdo marca de la casa, con más acidez y mala leche si cabe. La película se basa en una serie de sketches (fragmentos de películas, anuncios, parodias en definitiva del mundo del entertainment) que les permitió hacer de su capa un sayo y dar rienda a su imaginación.
Al contar con tan poco presupuesto, el avispado trio y el director decidieron colocar al comienzo de la cinta los sketches menos nocivos y más "familiares", para que cuando los productores supervisaran la cinta no se asustaran y retiraran su apoyo económico. Esto dio a la película un crescendo de salidas de tono, absurdo y tetas que culmina en un inolvidable sketch donde una pareja hace el amor frente a un presentador de TV que acaba, digamos, confuso. Este sketch, entre otros, contó con la colaboración de los propios Zucker y J. Abrahams. Ver sus caretos de depravados lo explica todo.
Para aquellos que adoren los productos de estos tipos, poco más hay que decir. Para los que no, darle una oportunidad a esta película. No creo que os arrepintáis. Así que niños, ya sabéis, juntad a vuestros amiguitos, poned cervezas a enfríar, coged unos cigarritos de la risa, y pasar un buen rato en compañía de estos locos.
La película no es fácil de conseguir, los extractos que presenciaréis a continuación los he tenido que subir yo mismo de mi propia copia. Buscad y perseverad, Frank Drevin proveerá.



domingo, 4 de febrero de 2007

Isandlwana: la gran victoria zulú

Orígenes

La palabra zulu significa "cielo". Y fue el 22 de junio de 1879 cuando el sol zulú alcanzó su cénit en ese cielo azul bajo el que habían vivido durante siglos.
Se calcula que fue hacia el siglo VIII d.C. cuando el sur de África comenzó a ser poblada por diversas tribus que durante décadas emigraron desde la costa Este africana. Al principio fueron tan sólo un pequeño clan entre las decenas de tribus que poblaban la zona.

La nación zulú

Fue a comienzos del siglo XIX cuando Shaka aglutinó un gran poder tras varias alianzas y una serie de victorias militares que mostraron la eficacia las nuevas tácticas militares que él mismo había llevado a cabo. Con su reinado comienza la era de la nación zulú.
Shaka fue asesinado por su hermanastro Dingane, cuyo reinado acabaría en 1839, tras ser derrotado por los Bóers. Los zulúes tuvieron que ceder parte de sus tierras a estos y emigrar hacia el Norte.

El camino a la guerra

Los Bóers volvieron a verse implicados en los asuntos zulúes cuando a mediados del siglo XIX el que sería rey absoluto de los zulúes, Cetshwayo, pidió ayuda a los colonos de su frontera para derrotar a su hermano Umtonga, quién se había vuelto contra él.

Isandlwana, hoy

Mientras las disputas fronterizas entre la provincia de Transvaal y los territorios zulúes continuaban, Cetshwayo se convierte en rey supremo de los zulúes en 1873, tras la muerte de su padre. Implantó un régimen tiránico y militarista, dispuesto a no ceder en nada frente a las potencias extranjeras que le acechaban cada vez más.
Finalmente se nombró una comisión para estudiar el asunto. Su sentencia final fue dictada en favor de los zulúes Se pidió entonces compensaciones para los bóers que dejaran sus tierras, y protección para aquellos que se quedaran.
Aun así, pequeñas incursiones de guerreros zulúes en Transvaal y Natal continuaron avivando dispustas y desencuentros. Cuando la provincia de Transvaal quedó en poder británico, cada vez era más obvio que la existencia de Zululand era un estorbo para la ansiada confederación sudafricana que el Imperio Británico tanto ansiaba.
A finales de 1878 Cetshwayo recibe un ultimatum del gobierno británico. Las condiciones eran muy duras, y se ha especulado con que Sir Henry Bartle Frere, Alto Comisionado de Sudáfrica, realizara una propuesta tan dura para provocar el conflicto final con los zulúes.
Cetshwayo ignoró tal ultimatum, por lo que en enero de 1879 se declaró el estado de guerra.

La batalla de Isandlwana: victoria pírrica y declive

Poco después se envió una fuerza expedicionaria a Zululand bajo el mando del barón Lord Chelmsford. El barón contaba con una gran fuerza de blancos y otra aun mayor de hombres de color, contabilizando en total cerca de 20.000 efectivos.
Chelmsford estableció su campamento en Isandlwana, pero, debido a la dureza del terreno y otros incovenientes, no fue fortificado. Una vez establecido, Lord Chelmsford, deseoso de dar con los zulúes y concluir su misión (aunque en realidad no había recibido órdenes de invadir Zululand) dividió su ejército, dejando un batallón para cuidar el fuerte al mando del Teniente Coronel Henry Pulleine, quién carecía de experiencia militar. El barón Chelmsford. por su parte, partiría en busca de las fuerzas zulú.
Cetshwayo, quién disponía en total de más de 40.000 guerreros, se sirvió de exploradores para estudiar los movimientos enemigos. Mientras alejaba a las fuerzas de Chelmsford mediante señuelos, el grueso de sus fuerzas cayeron sobre el sorprendido batallón, que se componía de unas exiguas fuerzas que rondaban los 1.400 soldados. Se han barajado diferentes teorías sobre la causa de tan aplastante derrota. Desde dificultades a la hora de reponer municiones a establecer una línea defensiva demasiado extensa. Lo cierto es que el campamento fue arrasado y muy pocos soldados salieron de allí con vida. Cuando Lord Chelmsford fue informado de que el campamento estaba siendo atacado, éste no creyó los informes y siguió su búsqueda.
Cuando las noticias llegaron a la metrópoli británica, la actitud del gobierno y las cámaras, donde habían surgido reticencias y oposiciones a la guerra, cambió radicalmente. Por lo tanto, se destinaron todos los medios necesarios para obtener una victoria total sobre los zulúes, aquel pueblo inferior que había osado humillar al Imperio Británico.
El ejército de Sudáfrica fue dotado de refuerzos y nuevos pertrechos. Se volvió a invadir Zululandia. Cetshwayo, con un ejército dotado de mal entrenamiento y peor equipamiento, y que había sufrido un gran número de bajas en la batalla contra los británicos, no pudo esta vez hacer frente a unas fuerzas coloniales superiores en armamento y técnica. Tras una serie de batallas los zulúes fueron derrotados y su rey Cetshwayo hecho prisionero. Los británicos impusieron que no se volviera a nombrar a un gran rey para toda la nación zulú, con lo que los jefes zulú sólo se ocuparían de su propia tribu. La nación zulú quedó asi disgregada y dejó de suponer una amenaza para el Imperio Británico.

sábado, 3 de febrero de 2007

Five Horse Johnson

Ocurrió en Jerez de la Frontera, verano del 2001. Me encontraba en el festival Serie Z, sin duda el mejor festival de rock que ha visto este país. Había sido un largo viaje, y lamentablemente habíamos llegado tarde (¡malditos viajes organizados!). Me perdí unos cuantos grupos el primer día. Vi cómo unos Sewergrooves atacaban lo último de su repertorio. Anochecía ya. Era hora de cenar algo.
Cómo suele ocurrir en los festivales, las colas eran inmesas, el servicio, exiguo. Conseguir una raquítica hamburguesa o un bocadillo no era tarea fácil. Poca gente para servir, mucha gente que alimentar. Ni en los mejores tiempos de la cabaña del tío Tom.
Quién haya estado en una situación similar, sabrá que uno puede llegar a concentrarse sólo en su objetivo sin importarle nada más, así caigan bombas de napalm alrededor. No fue hasta que prácticamente había conseguido que me atendieran y tener asegurada la manduca que comencé a oir lo que había detrás de mí.
No llevarían demasiado tiempo. Aquel torrente sonoro me dejó sin habla. En cuanto tuve el bocadillo en la mano salí de aquella cola infernal para irme a las primeras filas, dando un bocado de vez en cuando, por momentos olvidando que tenía un bocata en las manos.
Tenían una base rítmica atronadora, los riffs de guitarra angulosos se sucedían con abrasadores juegos de un slide, y sobretodo, aquél sonido de armónica bluesera que sonaba como mil infiernos. Y del averno debía de surgir aquella voz gutural de un enorme rubio (en todos los sentidos) de larga cabellera y negras vestimentas. Fue uno de los mejores momentos y más grandes shocks que he vivido. Uno de los dos o tres momentos álgidos del festival sin ninguna duda. Aquella noche, Five Horse Johnson se ganaron mi corazón.
Cuando, tras regresar a Valencia, me enteré de que esos cuatro vándalos toledanos (Toledo, Ohio. Patria del hombre que despachó al coronel Kurtz) iban a tocar en una sala acompañados de nada menos que Raging Slab (otro grupo que había tocado en el festival y cuyo calibre también es considerable) no pude ser más feliz. Me hice con una entrada y salí para aquella sala. Una sala mítica para muchos, y que hoy en día es una disco de ambiente (!). O tempora, o mores.
La afluencia de público fue decepcionante. Lo cual me recuerda el porqué ahora ahi ya no hay rock y sí mucho pachangueo. Pero aun así, ninguno de los grupos se amilanó por ello. Salieron a matar y nos ofrecieron una buena dosis de rock and roll. Tanto antes como después pude charlar y hacerme fotos con algunos de ellos, y fue reconfortante averiguar que eran tan majos como buenos músicos.
Five Horse Johnson, el blues del Mississippi convertido en rayo y electricidad, armónicas que chocan contra la piedra y rasgueos de guitarra en las catacumbas del infrasonido. Si aún no los has escuchado, ¿a qué esperas? Quizás vengan de gira y tengas la posibilidad de que vuelen tus malditos sesos.


Casus belli

Acabo de ver 9/11, la famosa película e invectiva de Michael Moore contra el presidente George W. Bush. Es un documental bastante interesante, muy poco objetivo por otra parte (aunque esto nunca lo ha ocultado el orondo director) y con escenas y declaraciones realmente delirantes. No se si Bush está peor de lo que yo pensaba, o Moore ha metido tijeras, o qué, pero he flipado. Me gustaría volver a visionar la cinta en versión original, porque aún me cuesta creer que en un momento Bush esté pidiendo ayuda al mundo para acabar con el terrorismo y en un microsegundo asevere: "¡Pero mirad mi swing! Y allá que se va el señor presidente, a darle a una pelotita de golf.
Aunque si escribo ahora es por un dato que me ha hecho pensar (bueno hay mucho que masticar del documental, pero éste me ha hecho quedarme obnubilado). Al parecer, en el momento de rodar la película, solo un congresista de los EEUU tenía a su hijo en Irak. Y eso me hizo cabilar.
Me hizo recordar casos que he leído de hijos de militares, políticos, grandes estadistas, que fueron hechos prisioneros, cayeron heridos, o resultaron muertos o desaparecidos en contiendas anteriores. Quizá ahora los hijos de militares siguen alistándose, al fin y al cabo los militares siempre son respetuosos con la tradición y el orden establecido. Pero parece que otras cosas han cambiado.
Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, son muchos los casos de hijos de poderosos que se alistaron y combatieron como cualquier hijo de vecino. Joseph Kennedy perdió a su hijo mayor en el Pacífico, y estuvo a punto de perder a otro de sus hijos, el famoso presidente y bragueta-suelta John F. Kennedy. El hijo del general Patton fue hecho prisionero. Roosevelt perdió a otro hijo. Stalin fue informado de como su hijo había sido hecho prisionero. Éste se acabaría lanzando contra unas alambradas electrificadas cuando se enteró de que su soviético padre se había negado a incluirle en un intercambio de prisioneros. Y hay otros muchos casos.
No se si los tiempos han cambiado, y ahora los mandamases no ven razón alguna en que sus propios hijos vayan a la guerra, o son los signos de los tiempos. O quizás no era lo mismo librar una guerra justa (sino justa, al menos inevitable) como el combate contra el fascismo, que una invasión de un pequeño país rico en petróleo y con muchos cabos sueltos. ¿Tal vez antes el enviar a tu propio hijo a la guerra era un honor y hoy es un descrédito? Hubo un buen día en que a alguien en EEUU se le ocurrió la idea de que era mejor reclutar a negros, chicanos y desheredados, que enviar a lo mejor de la genuina nación norteamericana a morir a países lejanos. Ya que, al fin y al cabo, los EEUU se habían convertido en el árbitro del mundo, y sabían que a partir de entonces iban a combatir más de lo normal.
Yo diría que todo apunta a un cambio de valores. En la actitud de los propios soldados me parece percibir algo diferente. Las noticias nos salpicaban cada día con los desmanes, torturas, humillaciones y bromas pesadas con los que los Marines pagaban a los iraquíes por el simple de hecho de defender su país, o simplemente pasar por allí. No es que sea yo un nostálgico ni un militarista ni nada parecido. Pero algo se ha perdido en el camino. El sentido del deber ya no parece estar ahí.
¿Quiere eso decir que antes no había desmanes? Claro que sí, siempre los ha habido, y siempre los habrá. E incluso ahora todo es más "civilizado". Pero me da la sensación de que esos chicos que combatían en Europa y el Pacífico allá por los años 40 del siglo pasado no tenían mucho en común con estos jovenzuelos que se hacen fotos con prisioneros y vejan a gente indefensa.
También es cierto que antes no había tantos medios, tecnología, teléfonos móbiles, etc. Quizás simplemente es que ahora lo podemos ver todo. Pero si nos fijamos en otros aspectos de la vida, la disciplina, esos valores tan antiguos, se pierden, o se ven substituidos por otros nuevos. Ello no tiene por qué ser malo. Pero vuelvo a ese "sentido del deber". No quiero que mis palabras parezcan un discurso à là "Patton". Si en tu oficina no mueves un dedo o no ayudas a las señoras mayores a subir al bus o te inyectas hasta mahonesa, bueno, cada uno a lo suyo. Pero pienso en una situación donde mi vida depende de quién esté a mi lado, y la suya depende de mí. Y un propósito (aunque sea falso) puede quedar desvirtuado por la actitud de unos chiquillso con armas en la mano. Eso no es un juego de niños, y si el tradicional "sentido del deber" se pierde, esas chiquilladas y bromas pesadas de unos cuantos americanillos pueden llevar a más alzamientos, más peleas, atentados, muertes. En definitiva, lo que quiero decir, es qu en una guerra donde decenas de personas mueren a diario, hay gente que se dedica a jugar, con total falta de respeto y con una irresponsabilidad absoluta. Espero que sean los menos. Al fin y al cabo, muchas veces, lo queramos o no, nuestro destino irá ligado al de los EEUU. He ahi el 11 M. No quiero imaginarme una España invadida por Marines. ¿Nos tiraríamos al monte como en 1812?
No hace mucho leí un libro sobre la batalla de Stalingrado. Y mientras pensaba todo esto que he comentado, una madre leyó la última carta que su hijo, fallecido en Irak, le había enviado antes de morir. Fue esperanzador ver que hay cosas que nunca cambian. En el libro, se incluían extractos de cartas de los soldados alemanes y rusos, y una carta íntegra de un soldado aleman, que te hacía dibujar una sonrisa al mismo tiempo que te surgía la compasión. Mientras esa madre leía la carta, me di cuenta de que cambiando nombres y lugares, la podrían haber escrito la misma persona. Parece que los soldados, sea cual fuere la época, guerra o lugar, en el fondo son los mismos, al acordarse de sus familias y sus seres queridos. Quizás lo único que ha cambiado ha sido la censura. ¿Un Marine llamando "tonto" al presidente y rogando por su derrota en las elecciones? ¡Yo diría que eso antes no pasaba!

viernes, 2 de febrero de 2007

Gimme Some Lovin'

"Algunos matrimonios tienen un final feliz. Otros duran para toda la vida".
El amor nos persigue, pero algunos corremos más. El hombre siempre tropieza con la misma piedra. Las mujeres, ¿tropiezan? ¿Tropiezan con los hombres? El amor puede ser tan bonito como un escorpión, o tan horrible como una puesta de sol. Uno se caga en el amor, pero luego un buen día se deprime y quiere estar con alguien. Luego estás con alguien y quieres irte con tus amigos de borrachera pero surge la mano represora, ese tono quejumbroso, esos ojos cristalinos...
El amor es un mecanismo de supervivencia de la especie. Es encuentro de feromonas. Una reacción química. Un proceso mental. I'm in love with my car. Quiero a un instrumento. Es un Rickenbacker.
Quiero a las rubias. Tan fresquitas. Siempre las acompaño de una buena tapa o ración. Franziskaner. Quiero y amo. Quiero las caricias, sexo, amo la música. Quiero querer y quiero no sentir nada.
Os quiero a todos vosotros, pero también os odio. Quiero viajar, quiero ser otro, quiero ser tú, quiero ser yo mismo. Quiero y no puedo. ¿Es esto amor? ¿Eres tu John Wayne, o lo soy yo?
¿Me quieres? ¿Me amas?
¡Dime que me quieres! ¿Otra vez? ¿Tantas veces hay que decirlo? Nuestro amor se desgasta de tanto usar esa palabra. ¿No te bastan mis actos? ¿Crees que simplemente soy tu sombra? La música es el alimento del amor. Amo a Shakespeare.
Quiero amar, y quiero no sentir nada. Quiero poder decir lo que pienso, y quiero sentir tu silencio. No quiero amar. Quiero hacerte el amor. No quiero la guerra. Que se convierta en pasado.
Me cago en el amor. Pero es tan bonito... ¿bonito? Tal vez...
...depende de qué lado caiga la moneda.








jueves, 1 de febrero de 2007

Excalibur

Helen Mirren ha ganado dos Globos de Oro por partida doble, y es una firme candidata al Oscar a la mejor actriz por su papel en "The Queen". Sin duda se lo merece, puesto que siempre ha sido una gran actriz. Ha abordado decenas de papeles de manera magistral. Sin embargo, cuando pienso en ella sólo una imagen viene a mi cabeza: Morgana, la hechicera, seduciendo a su hermanastro, el Rey Arturo. Sí, lo confieso: también me vienen a la mente las transparencias de su vestido en la citada escena.
"Excalibur" es sin duda la mejor película que haya dirigido John Boorman (otras películas dignas de ver del director son Deliverance y El General, ésta última un entretenido biopic sobre un famoso ladrón irlandés. De La selva esmeralda no guardo un gran recuerdo, aunque la vi hace muchos, muchos años). Su particular visión del mito artúrico (la película se basa principalmente en una revisión de "La muerte de Arturo", una epopeya del s.XV) es excelente. Boorman decidió dejar a un lado cualquier apunte histórico (destaca la ausencia de cualquier referencia cristiana) para centrarse en la historia mítica, el bien contar el mal, el ciclo de la vida, el hombre como un ser a caballo entre la esperanza y la desesperación.
El reparto de la película es excelente, donde destacan un sobrio Nigel Terry como Arturo, la citada Helen Mirren como Morgana, y el excelente actor teatral (y uno de los notables asesinos de la serie Colombo) Nicol Willliamson como el mago Merlín, sin duda el personaje central de la película, más que el propio Arturo. La historia avanza con y a través del viejo y retorcido mago.
Es curioso, pero al parecer la United Artists dijo a Boorman que podía escoger a cualquier actor para el papel de Merlín, salvo a Williamson. No sé hasta que punto es cierta esta historia, pero al parecer finalmente Boorman se salió con la suya. A Dios gracias.
Tal vez en un primer vistazo pueda pasar desapercibido, pero es Merlín quién maquina tras el telón los acontecimientos que se van sucediendo. Como buen hijo del Diablo que es, Merlín maneja a los hombres a su antojo para conseguir su propósito. La historia es sencilla: Uther Pendragon, con la ayuda de Merlín, logra una díficil paz tras varios años de guerra. En el festejo de celebración en el castillo de su otrora enemigo, el Duque de Cornualles, Uther Pendragon se encapricha de la mujer del duque, Igrayne. Como es normal, el Duque no es muy feliz con esa idea, y la tregua se rompe. Mientras el Duque fallece atacando el campamento de Uther, éste yace con Igrayne gracias a Merlín, quién le ha concedido la apariencia del Duque. Nueve meses más tarde, Igrayne y Uther tienen un niño fruto de aquella noche. Pero el trato era que ese descendiente sería puesto a cargo de Merlín. Éste se lleva al niñ, y Uther, arrepentido, corre tras él. Sin embargo, cae en un emboscada. Malherido, hunde su espada mágica, Excalibur, en una piedra. Nadie salvo él podría tenerla.
El comienzo de la película nos da una idea de cómo Merlín utiliza las bajas pasiones humanas y sus debilidades para sacar provecho y llevar adelante sus planes. Aunque en principio sus intenciones son buenas, nótese que no son los humanos dueños de su propio destino. ¿Es lícito el control sobre seres inferiores, aunque sea para su propio bien? ¿Debe el hombre renunciar a su libre albedrío en pos de un mundo mejor? Merlín así lo cree, aunque en realidad el bienestar que busca es el suyo propio.
La historia que continúa es bien conocida: el hijo de Uther, Arturo, logra sacar la espada de la piedra y se convierte en Rey. Tras varios años de guerras contra sus opositores logra unificar Inglaterra bajo su mando con ayuda de los famosos caballeros de la Mesa Redonda, y un periodo de bienestar y paz se extiende a lo largo de los años. Mientras Morgana comienza a conspirar, surge la crisis: Arturo descubre la infidelidad de su esposa Ginebra con su mejor caballero, Lanzarote (esta escena fue rodada por Boorman con una imagen de gran fuerza, donde los amantes despiertan y ven la espada del rey clavada entre ellos). La tierra ha sido hendida por la espada; mientras, Merlín pierde su fuerza y es engañado por Morgana: el orden se ha perdido definitivamente. Poco después, Morgana seduce a Arturo y queda embarazada de éste.
Sobrevienen años de crisis, hambrunas, incertidumbre. Un débil Arturo languidece en su castillo, mientras Morgana y su hijo Mordred conspiran para hacerse con las tierras y el trono de Arturo. La última esperanza es el Santo Grial, la copa sagrada que devolverá las fuerzas y la fe al rey y resucitará la tierra.

En último término, el Grial será encontrado, Mordred y Morgana derrotados, y un nuevo mundo surgirá de las cenizas de Camelot. Arturo sucumbirá a causa de sus heridas y será llevado a la deriva en su barco funerario. La espada mágica, Excalibur, regresará a manos de la Dama del Lago. Cuando sobrevengan tiempos aciagos, y todo parezca perdido, Arturo volverá, empuñando a Excalibur, y salvará a Inglaterra.
El mito artúrico tiene muchas interpretaciones. En su génesis es una historia que habla sobre esperanza, sobre un futuro feliz, una confianza en un salvador en momentos de debilidad. Con la muerte de Arturo termina el tiempo de Merlín y otros magos. Los hombres, libres, son dejados a la deriva, pero libres para forjar su futuro.
Esa libertad tenía su precio: en muchos momentos aquellos hombres de las Islas Británicas verían tiempos aciagos: la retirada romana y las invasiones bárbaras (donde se enmarca al Arturo histórico), las guerras civiles, incursiones vikingas, la invasión normanda, las guerras mundiales... Pero en cualquier mal no cunde la desesperanza: los hombres sufren, temen, pero finalmente confían en su futuro, pues saben que Arturo volverá: ¿es este Arturo un hombre? Evidentemente, no. Un hombre tal vez transmita su mensaje, pero el Arturo salvador tal vez sea la fuerza del carácter, el saber que luchando y no bajando los brazos llegará la salvación.
Volviendo a la película, "Excalibur" es un film de gran fuerza visual, con una gran fotografía, un excelente guión, y uno de sus aspectos más destacados, un excelente uso de la música. La banda sonora carece de composiciones originales; grandes maestros de la música clásica como son Carl Off y Richard Wagner firman las melodías del film. Es probablemente la película (junto con 2001: Odisea en el espacio) que mejor uso hace de partituras ya existentes, hasta tal punto que parecen compuestas para que algun día aparecieran en la película.
La historia de Arturo es inmortal, y esta película es un buen ejemplo. J.R.R. Tolkien fue, al fin y al cabo, un simple aprendiz. Muy aplicado y con gran talento, pero aprendiz al fin y al cabo.

Leer critica de Excalibur en Muchocine.net

Rosendo

¿Qué se puede decir de alguien que te ha acompañado toda la vida, aún sin tu saberlo? Un pequeño imberbe como yo podía intentar tararear ese video que pasaban en TVE en esos momentos muertos entre programa y programa (¿os imagináis algo así hoy en día?) o esa canción que escuchaba su hermano mayor en una cinta mierdosa. Desde luego yo no sabía que habían existido unos Leño.
Luego uno crece, se inyecta rock en la sangre y se queda enganchado. Tarde o temprano todos nos hacemos un criterio (bueno, de alguna gente a veces uno le hacen dudar, por decirlo de forma suave) y separa la paja y la morralla. Rosendo tiene muchas cosas buenas y pocas malas. De las malas, creo que la principal es la cantidad de grupos que se engloban en ese llamado "rock urbano" que han seguido sus pasos. Lo queramos o no, en este país, Rosendo ha sido una gran influencia. Lo malo es que la mayor parte de esos grupos que enloquecen a los chavales de instituto son de una calidad musical, como mínimo, dudosa. Pero no parece que sea sólo en España, por lo general aparecen grupos que se clonan entre sí o parecen meros espejismos de sus influencias.
Si hay algo que hace a Rosendo grande es su humildad. Nunca una palabra más alta que otra, ningún signo de divismo, ninguna crítica abierta para nadie, ni ensañamiento (como mucho le sacarán un "ese no es mi rollo". Seamos sinceros, este país no soporta a los divos. Le lameremos el culo a cualquier artista foráneo, pero, ¿un españolito, un patriota, tratando de ser Mick Jagger? ¡Que tire la toalla! Aquí lo que nos gusta son los currantes que tienen éxito y aun así se acuerdan de sus amigos y se paran a hablar contigo. Rosendo es uno de esos. El más grande.
Su calidad musical está fuera de toda duda. Rosendo no ha sido artista de discos redondos, son pocos los discos que no tengan algun desnivel. Pero nunca ha caido en el ridículo. Nunca ha dado su brazo a torcer. Su máxima concesión a la comercialidad fue incluir en su grupo unos horribles teclados, y tal como estaba el panorama, pequeña concesión fue esa. Cuando los vientos del rock volvieron a soplar, el teclado se fue a tomar por saco.
No tengo todos sus discos (ni siquiera tengo toda la discografía de Leño. ¡Sí, imperdonable, I know! pero en realidad diría que no me hace falta. Como a mis padres, mis juguetes, mi infancia, lo llevo ahí, y surge cuando uno menos se lo espera.
Le he visto en directo un par de veces. Ambas grandes experiencias, sobretodo la primera. Fue tal como me imaginaba un concierto de Rosendo. Para su sorpresa, su audiencia es cada más joven. Y para mi sorpresa, sus discos son cada vez más flojos. Bueno, pocos artistas con una carrera tan longeva pueden presumir de no tener baches. De todas formas, siempre tuvo muy buenos singles. Los últimos, sin ser malos, no llegan al nivel acostumbrado. Da igual, es Rosendo, y saber que está ahí es lo que cuenta.

Rosendo en la etapa de Ñu. ¡Qué jovencito! Hay que ver, este hombre, cuanto más joven, más se parecía a Rory Gallagher.


Una noche me encontré a mí mismo ligando con una chica. No recuerdo de qué hablábamos, sólo se que la cosa iba bien. Pero me atacaron a traición. Primero Obús, luego "Agradecido" de tito Rosendo. Ella continuó hablando, yo asentía y pronunciaba algun "sí" o un "ya" de vez en cuando. Pero no la escuchaba. Tuve que hacer unos esfuerzos terribles para no salir botando cantando eso de "déjame que pose para tiiii". Y es que eso no estaba bien, poner "Agradecido" en mitad de un asedio. That just ain't fair
Definitivamente este video es lo que se dice kitsch