viernes, 31 de agosto de 2007

Baker Street

Bueno, ahí va otra más de las interminables conexiones entre Los Simpson y el resto del universo: Lisa, un saxo, y Reservoir Dogs. Todo a través de Gerry Rafferty.
El nombre de Rafferty no es demasiado conocido, aunque a finales de los 70 su nombre estaba hasta en la sopa. Todas las radios del mundo ponían su gran éxito, "Baker Street", con una meláncolica melodía de saxofón que se hizo famoso en el mundo entero, y que la mayoría de vosotros habréis oído en alguna ocasión. Raphael Ravenscroft fue quién puso sus pulmones, su saxofón y su talento al servicio de Rafferty, haciendo de "Baker Street" un clásico inmortal.
Siguiente paso: antes de su exitoso disco en solitario, Rafferty había logrado en 1972 otro gran éxito con su grupo Stealers Wheel. Su tema "Stuck in the middle with you" se convirtió en un estándar para las radios musicales durante años.
El tema finalmente fue disolviéndose, grano a grano, en el reloj de arena hasta que a principios de los 90 Quentin Tarantino lo rescató e inmortalizó con ella una de las escenas más recordadas de Reservoir Dogs, con el señor Rubio rebanándole una oreja a un policía.
Último paso: En uno de mis finales preferidos de Los Simpson Lisa toca en su saxofón "Baker Street", en lo que constituye todo un homenaje a la pequeña melómana de la familia Simpson.

Curioso, ¿eh? Y seguro que en menos de cuatro pasos podríamos encontrar alguna relación con Kevin Bacon.


Lisa y años de D'oh

Them Changes

Buddy Miles se ganó la fama poniéndose a las baquetas del Electric Ladyland de Jimi Hendrix, y formando luego con éste una de las primeras bandas en ejecutar rock con bases soul, Band of Gypsys. En 1970 Miles grabaría el que sería su segundo álbum para Mercury (el tercero en solitario) y que a la postre sería su álbum más conocido y exitoso, Them Changes.
El magnífico tema homónimo, que ya apareciera en el álbum de Band of Gypsys, abre el disco en una versión más soul y menos rockera, con más vientos y un Miles con una plenitud vocal que nos recuerda lo gran cantante que podía llegar a ser este hombre. "Them changes" se ha convertido en la composición por excelencia del batería.
La preciosa balada "I still love you, anyway", escrita por el guitarra Charlie Karp, que por entonces aún no contaba ni 18 años, da paso a otra composición de Miles, "Heart's delight", en una onda bastante Sly Stone.
Dos versiones vienen a continuación: el clásico de Gregg Allman "Dreams", con arreglos soul, y nada menos que el "Down by the river" de Neil Young. Sobretodo destaca "Dreams", en la que la voz de Miles encaja como un guante.
El siguiente homenajeado es Rufus Thomas, de cuyo tema "Memphis train" Miles hace un arreglo más funk que el original (de hecho por momentos me recuerda al "Groove is in the heart" de Dee-lite). "Paul B. Allen, Omaha, Nebraska", es una jam de cinco minutos donde Miles y su grupo dan rienda suelta a sus influencias jazz (el padre de Miles fue músico de sesión para varios de los grandes nombres del jazz). El álbum se cierra con una versión de Otis Redding, "Your feeling is mine".
En Them Changes podemos disfrutar del talento de un hombre que ha vivido a la sombra de Jimi Hendrix, pero que no sólo ha demostrado que su carrera podía ir más allá, sino que además en este disco se reveló como un magnífico vocalista.
Para amantes del rock negro con influencias soul.

La sombra de una duda

What's the use of looking backward? What's the use of looking ahead? Today's the thing - that's my philosophy. Today.

Esta cinta de 1943 ha sido generalmente conocida como la "favorita" de Alfred Hitchcock, aunque en su famosa e imprescindible entrevista con François Truffaut el director británico se encarga de matizar esa afirmación. Es desde luego la película que el viejo Hitch recordaba con más cariño, debido a su colaboración con el escritor Thornton Wilder.
La mujer del escritor Gordon McDonell se aproximó a Hitchcock un buen día hablándole sobre una historia que su marido tenía en mente. Hitchcock los invitó a almorzar, discutieron el asunto y de ahí surgió un tratamiento de nueve páginas que el director presentaría a Thornton Wilder. Trabajando con él (Hitch y Wilder trabajan juntos por la mañana y el escritor lo hacía en solitario por la tarde) dieron forma a un guión que fue pulido más por Sally Benson. Wilder, que impresionó tanto a Hitchcock (incluso el director le dedica un agradecimiento en los créditos), se marchó a la guerra y nunca más pudo repetirse esa colaboración que tanto agradó al genio del suspense.
Un humo negro, casi diabólico, lo cubre todo mientras el tren que lleva al asesino de viudas llega a la estación del pacífico pueblo de Santa Rosa. Allí la familia Newton espera a su tío Charlie (Joseph Cotten), a quién hace años que no ven y que es muy querido por los Newton, en especial por su joven sobrina Charlie (Teresa Wright), llamada así en honor de su tío. Será la relación entre tío y sobrina la trama principal de La sombra de una duda.

Con el leifmotiv de el vals "La viuda alegre" de trasfondo, la joven Charlie, que ama incondicionalmente a su tío, irá descubriendo la verdad sobre el tenebroso pasado de su tío, un hombre frío y calculador que está evadiendo a la justicia. Es éste uno de esos raros casos en que el protagonista de un film de Hitchcock es un asesino.

Sin ser la obra definitiva del orondo director, La sombra de una duda es uno de los mejores trabajos del primer período americano de Hitchcock, junto con Rebeca y Encadenados. El humo negro, la copa derramada durante la cena, el juego con el periódico, los originales planos de Teresa Wright llamando infructuosamente al detective... el famoso "toque" Hitchcock está ahí, aunque de una manera algo más sutil, sin la apabullante sucesión de escenas míticas que pudieran tener películas posteriores como Con la muerte en los talones. Y recordando un terrorífico zoom hacia un primer plano del rostro del tío Charlie, tengo la sensación de que La sombra de una duda tal vez sea el único trabajo del director donde la personalidad de un actor llega a eclipsar por momentos la genialidad de Hitchcock.

Y es que la interpretación de Joseph Cotten como el tío Charlie tan enorme como poco recordada. Se habla mucho (merecidamente) del Anthony Perkins de Psycho, pero el malvado de Cotten para mí no tiene nada que envidiar. De hecho tal vez sean ambos la quintaesencia de los dos arquetipos de asesino que el propio Hitch venía a denominar como el "niño de mamá" y el "asesino inteligente y elegante". Sublime Cotten. Y mi momento del film, el citado plano del hierático y malvado rostro de tío Charlie.

Teresa Wright también destaca como la dulce y perspicaz sobrina, marcando con su personaje uno de los mejores retratos del cine de la "típica adolescente americana de pueblo". Y es que entre los personajes principales son Cotten y Wright quienes sobresalen con su talento, ya que por ejemplo el tipo que hace de detective es más bien olvidable.
Como contraposición al drama tenemos la entrañable pareja formada por Henry Travers (el ángel de ¡Qué bello es vivir!) y Hume Cronyn, actor todoterreno muy habitual como secundario en películas de los 50 y los 60 que aquellos que hayan visto Cocoon tal vez recuerden. El pater familias de los Newton y su amigo, siempre discutiendo cual sería la mejor forma de matar al otro, sirven para distender el clima hasta que el suspense vuelve de la mano de tío Charlie.

Hitchcock y Cotten, un dúo que no podía fallar, y no falló.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Viaje Alucinante

Como bien reza el título, alucinado me dejó ésta película cuando la vi siendo un crío. ¿Un grupo de tipos reducidos dentro de un submarino e introducidos dentro de un cuerpo humano, combatiendo a glóbulos blancos, anticuerpos y demás micropeligros? ¡Fascinante!
Hoy en día el impacto resulta menor, y a algunos les provocará alguna risa que otra (bueno, la escena del policía dirigiendo el tráfico de los extraños mini-coches de la base resulta algo chocante), pero Viaje alucinante me sigue pareciendo una buena película de ciencia ficción, con una historia bastante original y unos efectos especiales muy conseguidos para aquellos tiempos. Los espectadores de entonces debieron quedarse alucinados.
La trama de la historia es muy simple: como ya he dicho, personas y submarino son reducidos e introducidos en el cuerpo de un científico para salvarle la vida, ya que posee una información muy valiosa (recordemos que eran los tiempos de la Guerra Fría). El guión es bastante linear y sigue los patrones de la época: aventuras, peligros, chica guapa ideal para ser rescatada y un malo traidor. Pero lo innovador de su propuesta y la pericia de Richard Fleischer para sacar adelante una película así (hay que tener en cuenta todas las dificultades que entrañaba rodar una historia así en 1966) colocan a Viaje alucinante como uno de los mayores logros del género. De hecho sería una de las últimas cintas de ciencia ficción a la vieja usanza: en poco tiempo 2001: Odisea en el espacio iba a hacer su aparición, abriendo la puerta para films de corte más moderno como Star Wars y demás.
El reparto cuenta con algunas caras conocidas: Stephen Boyd, el inolvidable Mesala de Ben-Hur (aunque su interpretación en Viaje alucinante es poco más que correcta), el gran actor secundario y siempre inquietante Donald Pleasence, y Rachel Welch, una de las mujeres más sexy del pasado siglo. De hecho, en una determinada escena en que el resto del reparto tenía que desprender restos de anticuerpo del, valga la redundancia, cuerpo de la Welch, al parecer hubo problemas con el... digamos, cuerpo de la actriz. Por suerte trabajaba con profesionales, yo no sé si habría podido responder de mí mismo.
Al parecer se está trabajando en un remake de Viaje alucinante; será interesante ver lo que hacen con los efectos especiales de hoy en día, pero veremos si aparte de eso puede llegar a entretener como éste trabajo de Fleischer.

lunes, 27 de agosto de 2007

Cazador blanco, corazón negro

Si buscamos en las raíces de nuestras obsesiones tal vez nos encontremos con que no hay una respuesta clara al por qué de ese extraño fijamiento, de ese proceder que atenta contra toda lógica; tal vez ni siquiera encontramos una pista de la razón para nuestra conducta. Cuando ya las selvas y los mares hayan mostrado sus secretosy el espacio haya sido conquistado, la mente humana seguirá siendo la última frontera.
Si las palabras y las acciones de un hombre le retratan ante el resto del mundo, el personaje principal de esta película, John Wilson, es un hombre orgulloso de serlo, en el sentido de que adora todo lo que hace de alguien un "macho". No és sólo que blasfeme, escupao quiera llevarse a la cama a toda mujer que se cruce por delante, es mucho más: la camaradería, la fidelidad a sus amigos, la soberbia, la independencia y la disponibilidad para pelear si cree que la causa lo justifica. Fascinación por las armas y por la caza, consumidor de alcohol y fumador de puros, siempre con palabrería sobre valentía y honor; todo aquello que se le presupone a la hombría.

Cazador blanco, corazón negro es una película que analiza las obsesiones y el carácter de un hombre como Wilson, un director de gran talento que va a dirigir una película en África, y postergará todo e ignorará cualquier consejo llevado por una obsesión: matar a un gran elefante.
Peter Viertel, autor de la novela original, viajó a África a principios de los 50 para acabar de pulir un guión que acabaría convirtiéndose en el clásico La reina de África. Sus andanzas junto al rudo, independiente y genial director John Huston acabarían formando parte de dicha novela, donde Viertel describía sus vivencias junto al director mientras éste buscaba localizaciones para la película, y, de paso, si surgía la ocasión, abatir a un elefante.

Cazador blanco, corazón negro constituye una pequeña joya en la filmografía de Clint Eastwood, que en su día pasó calladamente, pero que es hoy una de sus películas más interesantes, y que entonces fue un pasó más para convertirse en el gran director que es hoy. Ya había dejado atrás grandes películas y había rodado Bird, el film que constituyó un giro en su carrera. La película que nos ocupa era un anuncio para que la eclosión final llegara en forma de Sin perdón, la cinta que definitivamente encumbró a Eastwood como uno de los mejores directores de nuestros tiempos.

Cazador blanco, corazón negro supuso el que probablemente haya sido el mayor reto como actor para Eastwood, que se encargó de interpretar al alter-ego de John Huston. Aún con algunas excepciones (Escalofrío en la noche y especialmente Aventurero de medianoche), sus papeles siempre se habían movido entre el duro policía y el Hombre Sin Nombre. Aquí no sólo debía distanciarse de esos arquetipos sino que además debía actuar según la forma de hablar y los manierismos de un personaje real. Para la fama de actor limitado que siempre le ha acompañado creo que salió bastante airoso del trance.
El otro yo de Peter Viertel, Peter Verrill, fue interpretado por Jeff Fahey (sí, sí, el cocinero de Planet Terror), demostrando de nuevo que debería haberte tenido más suerte de la que ha tenido a lo largo de su carrera. Los "otros" Katherine Hepburn y Humphrey Bogart también aparecen en el film, por supuesto. De hecho, según he leído, el bote que sale en la película es el mismo usado en La reina de África.

Tras una introducción al personaje del director Wilson y su relación con Verrill, la acción se traslada a África, donde asistimos al peculiar viaje obsesivo de Wilson y su empeño en matar a un elefante, aún arriesgando todo el proyecto de su película.
En la escena donde Wilson cena con una elegante dama británica a la que desea llevar a la cama y ésta comienza a soltar improperios hacia los judíos con Verrill (que es judío) delante, vemos como el particular código de honor de Wilson entra en juego y se encarga de dejar a la mujer en su sitio. Poco después Verrill se disculpará con Wilson, ya que sabía el interés del director sobre la bella dama. Wilson responde: "No pasa nada, tú no tienes culpa de ser judío". Éste es un ejemplo no sólo de la gran amistad que unen a director y escritor, sino también del talante de Wilson, quién más tarde se meterá en una pelea por defender a un camarero negro maltratado.
La paradoja es que, pese a que esté dispuesto a darlo todo por su amigo, Wilson prescindirá de esa amistad cuando Verrill intente hacerle entrar en razón, y le desdeñará como a un cobarde cuando el escritor se niegue a disparar a un elefante. "Es un crimen", dice Verrill. "No, es más que eso", añade Wilson. "Es un pecado, y por eso voy a hacerlo".

Aunque en una escena posterior muy clarificadora, durante una conversación entre Verrill y Wilson, veremos que en realidad ni el director sabe qué es lo que le mueve a obsesionarse con el gran elefante. Como toda obsesión, seguramente ésta no tenga lógica alguna. O, si quizás fuera debido a que es lo que un auténtico macho se supone debe hacer, al final veremos qué tras la palabrería y la actitud puede esconderse el "yo" verdadero, aquél que realmente somos. Y siempre, en algún punto de nuestra vida, nos veremos enfrentados cara a cara con nuestro particular elefante, y quizás sólo entonces sepamos quiénes somos realmente.

Smith & Jones

Aparecieron brevemente por la pequeña pantalla en los primeros días de las televisiones privadas, para pasar más tarde a canales autonómicos y demás para luego desaparecer del mapa. Eran un dúo cómico que practicaban un humor jodidamente británico, y supongo que el que no guste de esa vieja escuela humorística no los disfrutará demasiado. No estamos hablando de Monty Python, esto es otra cosa, humor chorra desde la pérfida Albión, pero, I like it! El dúo esta formado por los cómicos Mel Smith (el gordito) y Griff Rhys Jones. Juntos han participado en películas como Wilt o Ineptos interplanetarios, a lo mejor os suenan sus caras.
Sus gags no eran infalibles, pero los buenos que perjeñaban eran realmente cachondos, nunca olvidaré un sketch donde parodiaban cruelmente el cine sueco a lo Ingmar Bergman. Aunque el de la cena con oración satánica desde luego siempre irá conmigo allá donde vaya. It's silly!

¡Es un milagro! ¡No, son los Tres Tenores!

Dardos

Oración satánica

Drácula (1931)

El hijo del viejo jefe de la Universal tenía nuevas ideas para remontar el vuelo del por entonces secundario estudio. Pretendía realizar películas de calidad, con gran presupuesto, que atrayeran tanto al público como a la crítica. Carl Laemmle Jr. tuvo un primer éxito con Sin novedad en el frente (1930), trabajo que obtuvo el premio de la academia a la mejor película. Su siguiente paso sería producir una serie de títulos clásicos del terror populares tales como Drácula o Frankenstein. Carl se hizo con los derechos de la obra de Bram Stoker y de su adaptación teatral que por entonces estaba cosechando un gran éxito.

Sobre la elección del reparto y director hay versiones contradictorias. La historia más extendida es que la película sería dirigida por el director Tod Browning y que Lon Chaney (a quién Browning ya había dirigido en varias películas en lo que fue una fructífera colaboración) haría del famoso conde, pero tras fallecer el actor falleció durante la pre-producción se buscó a otros candidatos. Otra versión de la historia afirma que nunca se tuvo intención de fichar a Lon Chaney, quién además tenía un contrato en exclusividad con los estudios MGM, con lo que Chaney nunca habría podido trabajar con la Universal.
Sea como fuere, la decisión final fue tener a Tod Browning tras las cámaras y como conde Drácula se contrató a Bela Lugosi, que ya había interpretado el papel en la mencionada obra teatral. Aunque tal vez hayáis podido leer que Lugosi no sabía inglés y aprendió sus frases fonéticamente, eso no es cierto, o no del todo. Para cuando comenzó el rodaje de Drácula Lugosi llevaba ya diez años en los Estados Unidos, con lo que es presumible creer que ya hablaría más que correctamente el inglés. Otra cosa es que tuviera un marcado acento húngaro.
Bajo la dirección artística de Charles D. Hall se construyeron magníficos decorados para el castillo del conde y para la abadía; duchas construcciones, tan hermosas como caras, se reusaron en varios otros films del estudio. Como era práctica común entonces, esos mismos decorados se usaban por las noches para el rodaje de la versión hispana del film.

La película tenía que haber contado con un presupuesto aún mayor y seguir más fielmente la novela, algo más parecido a lo que muchas décadas después haría Francis Ford Coppola. Pero con los difíciles momentos económicos se creyó mejor adaptar la obra de teatro. Pero incluso esa adaptación se vio sujeta a cambios: se redujo el metraje del film y aún al final se eliminaron escenas que acabaron perjudicando a la continuidad de la historia.
Por ejemplo, el personaje de Lucy desaparece misteriosamente y nada sabemos más de ella, tan sólo que ha muerto. Se fusionaron los personajes de Renfield y John Harker de una manera singular, con lo que éste último nunca viaja a Transilvania. Otros aspectos quedaron alterados para evitar problemas con la censura. Todos los ataques de Drácula tienen lugar fuera de cámara o quedan ocultados. También se precisó que el conde sólo debía atacar a mujeres para evitar cualquier posible connotación sexual.

Con tanto corte y exigencia Tod Browning, que acostumbraba a ser muy meticuloso, se las vio y deseó para rodar la cinta. El guión, repleto de diálogos, tampoco fue de su agrado. Aún así tuvo su momento de gloria introduciendo armadillos en el castillo de Drácula, una especie de broma suya que al verla en la pantalla da un efecto bastante alucinógeno. También al principio, cuando Drácula y sus mujeres salen de sus ataúdes, podemos ver una especie de cucaracha saliendo de lo que parece ser un mini-ataúd (?). La falta de medios restó calidad al film, que adolece de algunos fallos que sin embargo no llegan a perjudicar al encanto de la historia y sus personajes. El actor que interpretaba a John Harker, David Manners, estaba convencido de haber participado en una chapuza y nunca vio la película, a pesar de su éxito en taquilla y del estatus clásico que alcanzó Drácula con los años.

La fotografía de la película, por otro lado, es excelente. Oscuridad, sombras, el film es heredero de la escuela alemana de la UFA, gracias al trabajo de operador de Karl Freund, uno de los directores de fotografía más reputados de aquellos años. Como muestra de su trabajo quede la escena en el paso del Borgo.


Lugosi y Frye

Una joven Bette Davis fue considerada para el papel de Mina, pero Carl Laemmle Jr. pensó que no tenía suficiente atractivo, así que no participó en el film. Pero, ¡qué demonios!, quienes realmente destacan en este clásico del terror son Bela Lugosi y Dwight Frye. Éste último bordó el papel del loco servidor del conde, Renfield, y si tal vez pueda ver controversia sobre quién fue el mejor Drácula, creo que no cabe duda de que nunca habrá otro Renfield como Frye. Ni siquiera todo un Tom Waits podría arrebatarle el puesto, aunque el verdadero talento de Waits esté en otra parte.

Y, por supuesto, hablar de Drácula es hablar de Bela Lugosi. Su carisma y presencia eran únicos, y su oscura voz junto con su acento húngaro y su peculiar forma de pronunciar sus frases hicieron de él una estrella del terror y una gran estrella de su tiempo. Creo que sólo él logró aunar la clase de un aristócrata y el entumecimiento de un zombie.

Cuando se estrenó Drácula en 1931 el éxito fue completo, y aunque obviamente hoy en día la cinta no provoque miedo alguno, en aquellos días aterrorizó a las audiencias de todo el país. Tras semejante éxito la Universal comenzó a producir más películas de terror de entre las cuales surgirían algunos de los mejores films de aquellos años. Fueron realmente cinco años gloriosos para el estudio, aunque tras aquellas obras de arte hubo un gasto exorbitante que casi llevó a los estudios a la ruina. Carl Laemmle Jr. fue obligado a abandonar su puesto y el sueño (¿o sería más correcto decir pesadilla?) de una de las etapas más brillantes de la Universal llegó a su fin. Pero para la posteridad quedaron clásicos del terror como éste Drácula.

domingo, 26 de agosto de 2007

Steve Jones "Fire and Gasoline"

En 1989 Steve Jones había dejado atrás muchas cosas: el grupo con el que había saltado a la fama, los Sex Pistols; proyectos fugaces como The Greedy Bastards (con su amigo y también ex-pistol Paul Cook y Phil Lynott, Brian Downey y Scott Gorham de Thin Lizzy) o The Professionals, y una unión artística tan fugaz como las otras con Michael DesBarres. También dejaba atrás años de excesos con el alcohol y las drogas.
Tras haber colaborado con varios artistas y haber sido guitarra para Iggy Pop en la gira del Instinct, Steve Jones por fin debutó en solitario en 1987 con un disco titulado Mercy. Jones quería desmarcarse de su pasado, y sorprendió al mundo con un disco de hard rock. Aunque el verdadero trallazo lo encontraríamos dos años después. En la mejor onda de The Cult y su Electric (de hecho Ian Astbury colaboró en el disco), Jones publicaba en 1989 (en pleno reinado de los Guns 'n' Roses) un trallazo de hard rock angelino titulado Fire and Gasoline.
Ni rastro de los Sex Pistols aquí, tan sólo poderosos riffs y solos incendiarios. El disco se abre con todo un himno de hard rock 80's, "Freedom fighter", que con suerte aún es pinchado en algún que otro antro donde la buena música todavía sobrevive. Como se suele decir, gran tema para un sábado noche.
Le sigue un tema con versos a lo Paul Stanley, "We're not saints" y un tema algo más oscuro, "God in Louisiana". El siguiente tema es otro pedazo de dinamita hard rock, "Fire and gasoline", con un gran estribillo y un solo muy bueno. "Hold on" es un tema algo más metal melódico 80's, mientras que "Trouble maker" es puro Rose Tattoo (de hecho el estribillo es clavado a "Rock and roll outlaw"). Y, en fin, ya os imagináis el resto: hard rock, solos, riff after motherfuckin' riff... uno de los mejores álbumes de rock de aquellos años.
Steve Jones incluyó dos versiones en el disco: una es una poderosa "I did U no wrong", de sus viejos Sex Pistols, donde colabora con su característica voz nada más y nada menos que Axl Rose; la otra es un clásico de David Bowie, "Suffragette City", que es inferior a la original (la verdad, ¡superar la original es imposible!) pero que no por ello deja de ser una buena versión. Gran disco, amigos, poneros vuestros mejores tatuajes y calcomanías y lanzaros a por él.

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XIII)

Liquid Smoke


¡Ojalá tuviera tiempo para escuchar todo lo que cae en mis manos! Hoy rebuscando en mis archivos he dado con el disco de esta banda, me lo he puesto y he pasado una buen rato escuchando guitarras retro y sonido sucio de vinilo. No sé si lo había llegado a escuchar, pero la verdad es que había un puñado de buenas canciones esperando a ser escuchadas ahí.
De la unión de dos bandas, ORNGE y The Nyte surgía en 1968 el grupo de rock psicodélico Liquid Smoke. Para mejorar sus expectativas de conseguir un contrato viajaron a Nueva York. Pronto conseguirían fichar con Avco Embassy Records, publicando su álbum debut en enero de 1970. Y lo que tenemos ahí va más allá de la psicodelia, es rock de guitarras humeantes y sonido Hammond con ramalazos blues y un sonido típicamente underground. En sus momentos más duros me recuerdan a Steppenwolf.
En cambio la voz del cantante me recuerda más al de Moody Blues, sobretodo en temas como "I who have nothing", una version escrita por Leiber y Stoller. Los mejores momentos del disco están en cortes como "Lookin' for tomorrow" o "Warm touch" y en dos versiones más de soul: "Hard to handle" de Otis Redding e "It's a man's world" del godfather of soul James Brown. Sus momentos más psicodélicos como "Shelter in your arms" son menos interesantes, pero aun así merece la pena echarle unas orejas al grupo.
El disco está descatalogado y por lo visto no ha sido reeditado en CD, pero como parece que hoy en día todo quisque tiene una página en Myspace, podéis escuchar su versión de "Hard to handle" aquí.

Héroes del celuloide

Vaya aquí un pequeño homenaje para algunas de las figuras que hicieron de Hollywood la Meca del cine, un lugar duro y cruel pero que podía significar el Paraíso para aquellos que lo conseguían, un sitio donde no sólo se hicieron películas sino que llegaron a facturarse verdaderas obras de arte, algo más bien raro hoy en día. Por aquellas estrellas, guionistas, directores, productores, y demás que lo hicieron posible. Y también, como dice la canción, por aquellos que nunca lo lograron. Y sin Ray Davies y sus Kinks no creo que hubiera podido expresar lo que siento. Por suerte, como toda gran canción, Celluloid Heroes lo hace por mí.

El gran Lebowski

La película que llegó interesar a la revista sobre revestimientos de suelo Floor Coverings Weekly trata, básicamente, de un hombre buscando compensación por el ultraje perpetrado a su alfombra por un par de matones. La premisa de los hermanos Coen era a un personaje ligeramente basado en un conocido suyo (también se alude al productor Jeff Dowd como inspiración), "The Dude", en una típica historia de detectives de Raymond Chandler. ¿Un vago redomado, fumeta, pacifista y aficionado a los bolos resolviendo un extraño caso de secuestro? Bueno, así es el mundo de estos pecualiares hermanos.

Joel y Ethan Coen son parte del binomio cinematográfico con más talento de las últimas décadas. En su meteórica carrera, que ya cuenta con unos cuantos clásicos imperecederos, El gran Lebowski destaca como uno de sus films más logrados. Su extraña visión de una historia detectivesca y los oníricos pasajes intercalados con toda maestría en la acción pueden fascinar por igual a los admirador del film noir así como a los espectadores más "Lebowski".
Los dos hermanos escribieron el guión y sus personajes pensando específicamente en varios actores con los que ya habían trabajado (John Goodman y Steve Buscemi), o con actores con los que querían trabajar (Jeff Bridges, Julianne Moore, Sam Elliott). Tras haber visto tiempo atrás a John Turturro haciendo un papel de hispano escribieron para él el personaje de Jesús. Un perdido Sam Elliott que le preguntaba a los Coen qué demonios hacía allí fue elegido por su voz tan grave y sus grandes bigotes (Sam Elliott debe ser lo más parecido que hay a Yosemite Sam, la némesis de Bugs Bunny).
El fachoso amigo de The Dude, con un aire extrañamente familiar a John Milius, Walter, es probablemente el mejor trabajo en la carrera de John Goodman, cuyos mejores papeles han venido de la mano de los Coen. Varias de las escenas más cómicas del film tienen a Walter actuando según su peculiar filosofía de vida labrada en los pantanos de Vietnam.
El gran Steve Buscemi, peculiar tipo y eterno (y grandísimo) secundario de nuestros tiempos, tiene aquí un divertido papel con no demasiadas frases. Si en Fargo Buscemi no paraba de hablar, los Coen decidieron que en El gran Leboswki no diría ni pío.

Con el mencionado Sam Elliott como curioso narrador el reparto principal queda completado con los mencionados Turturro (inolvidable en su papel del pederasta jugador de bolos hispano) y la fría artista que es interpretada por Julianne Moore, una de las actrices con más clase, talento y glamour de los últimos tiempos. Pequeño papel Philip Seymour Hoffman, que hace poco ganó reconocimiento internacional por su encarnación del escritor Truman Capote.
Otro habitual de los Coen, Peter Stormare, es el nihilista ex-actor porno alemán Karl Hungus. Uno de los locos que le acompañan es Flea, bajista de los Red Hot Chili Peppers.

Es difícil darse cuenta a primeras, pero El gran Lebowski tiene una estructura interna muy cuidada. El analizarla requiere muchos vistazos a la película, que está llena de detalles curiosos, aunque la mayoría de ellos los he conocido vía Internet. Por ejemplo, el personaje de Jeff Bridges, The Dude, constantemente repite frases que ha oído anteriormente. O también gran parte de la parafernalia de sus alucinógenos sueños está repartida por toda la película. Todo esto viene a demostrar que los hermanos Coen raramente dejan algo al azar. Son tan grandes escritores como directores.

Su historia detectivesca cuenta, de una forma distorsionada, con todos los elementos que este tipo de historias solían tener y de las cuales Hollywood se nutrió abundantemente en los años 30 y 40. De hecho el título de El gran Lebowski hace referencia al clásico de Howard Hawks El sueño eterno (en el original, The big sleep). Un extraño secuestro, un millonario en silla de ruedas, diferentes lugares y personas que el investigador recorre o conoce, palizas... Todo está ahí. La cinta es como un pequeño homenaje de los hermanos al cine negro, pero desde un punto de vista algo más socarrón. Como ejemplo, la clásica escena de la libreta con marcas de lápiz, que en la película es utilizada como fuente para un divertido gag.

Bueno, vamos con algunas anécdotas. Jeff Bridges, para darle más realismo a su personaje, actuó con su propia ropa: sus sandalias, pantalones, albornoces , etc. están sacados del armario de Jeff. Desde luego fue todo un acierto; The Dude (sí, odio referirme a él como "El Nota") no podría haber quedado más realista. También se asegura que The Dude dice "tío" 147 veces. Y un dato para los amantes del misterio: mientras The Dude firma un cheque en el supermercado y de fondo está Bush padre hablando de que no tolerarán la agresión (refiriéndose a la invasión de Kuwait) la fecha del cheque es... el 11 de septiembre.


The Dude se despide de su amigo

El gran Lebowski
es no sólo uno de los mejores trabajos de los Coen sino que para mí es una de las mejores películas de la década de los 90. Ideal para verla solo mientras se disfruta de un white russian (como lo haría The Dude) o rodeado de amigos y cervezas. Imprescindible el visionado en versión original.
¿Alguien conoce alguna buena receta para un ruso blanco?

viernes, 24 de agosto de 2007

This gun for hire

Desde luego Alan Ladd era un tipo bajito, y sea o no cierto que usaba alzas o se subía a taburetes, verdaderamente sabía interpretar a tipos duros. Y su encarnación del cruel asesino Raven quedará en la historia del cine como uno de las figuras más oscuras y duras del film noir.
El cuervo, como fue titulada por estas tierras, estaba basada en una novela de Graham Green, A gun for sale, que fue adaptada del Londres original al entorno norteamericano. Rodada durante la Segunda Guerra Mundial se aprovechó para mezclar en la intriga a traidores y empresarios corruptos al servicio de Japón.

Originalmente la pareja protagonista en los créditos eran Robert Preston y Veronica Lake, pero en realidad el film gira entorno al personaje de Raven. En cualquier cartel moderno es Alan Ladd quien aparece junto al nombre de la rubia platino.
Veronica Lake, la bellísima actriz cuya cabellera llegó a entrometerse en el ritmo de producción de la industria bélica, fue por entonces pareja habitual de Ladd en los cines, ya que era una de las actrices más bajitas en aquella época.

La historia de intriga, venganzas y persecuciones se desarrolla a toda prisa, y va al directa al grano. Apenas una hora y veinte minutos que nos adentra en las vicisitudes de Raven, un asesino a sueldo solitario que en sus últimos momentos verá su vida cambiada, aunque ésta vaya a ser corta.

Dirigida por un director todoterreno de la Paramount, el guión tal vez no esté a la altura de El halcón maltés, pero aun así This gun for hire ha permanecido como una popular película del género negro, dónde al prototípico personaje del asesino a sueldo frío y despiadado se le añaden unas connotaciones psicológicas que no son habituales. A ello hay que añadir una magnífica interpretación de Alan Ladd, que es sin duda quién se lleva el gato al agua en la película. No resulta extraño que fuera este film el que le catapultó hacia el estrellato. La frialdad de Raven es de las que no se olvidan.

jueves, 23 de agosto de 2007

Duelo en el Atlántico

Irónicamente muchas de las mejores obras artísticas (sobretodo en el mundo del cine y la literatura) de carácter antibelicista provienen de directores o escritores que han sido soldados y han conocido la guerra de primera mano. Es el caso de la novela Sin novedad en el frente de Erich Maria Remarque que estuvo en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial o del film Platoon, dirigido por Oliver Stone que fue como voluntario a Vietnam. Y aunque Duelo en el Atlántico no es una película antibelicista, a lo largo de la misma podemos notar en el transfondo que el film está basado en The Enemy Below, una novela escrita por un oficial británico que se destacó en la lucha anti-submarina durante la Segunda Guerra Mundial. En las frases de los personajes, sus actitudes, y esas maneras que parecen todavía atadas a ese extraño código de honor de la guerra naval podemos intuir un cierto pesimismo y resignación al hecho bélico, al mismo que tiempo que los personajes no dejan de ser soldados, supetidándose ellos mismos al deber que les impone su condición.

Dick Powell, cuya carrera discurrió básicamente en la interpretación, tuvo una corta carrera como director, llegando a dirigir apenas unas cuantas películas, entre las que se encuentra The Conqueror, film que como ya comenté probablemente le llevó (a él y a gran parte del reparto) a la tumba. Aun así tuvo tiempo de darnos esta joya del cine bélico que es Duelo en el Atlántico, protagonizada por Robert Mitchum y Curt Jürgens.

Hoy en día puede incluso resultar sorprendente que sin grandes efectos especiales (aunque creo que el film se llevó una estatuilla en esa categoría) tan espectaculares como los actuales ni grandes batallas ni peleas se pueda hacer una película cuyas escenas bélicas puedan dejarte sin pestañear frente al televisor. Y es que en realidad la historia es bastante simple (aunque quizás no tanto como pueda parecer en principio) y en Duelo en el Atlántico asistimos a una fabulosa caza, un viejo juego, el ratón y el gato. Todo aquél que guste de films del estilo La caza del Octubre Rojo debería visionar este film inmediatamente; todas esas películas son deudoras del trabajo de Powell. Y no me entiendan mal, La caza del Octubre Rojo me parece un buen film, pero comparado con Duelo en el Atlántico se me antoja pequeño.

Segunda Guerra Mundial. Un submarino alemán que se dirige a reunirse con una flota (un gran acierto de la historia) para llevar cierto código británico a la Alemania nazi se encuentra en su camino con un destructor norteamericano. Debido a que el capitán de submarino tiene un destino concreto, el capitán del destructor tendrá la posibilidad de entablar una peculiar partida de ajedrez con su homólogo alemán en el que cada ataque y contraataque serán pequeñas jugadas maestras que poco a poco provocarán que surja una especie de admiración mutua entre ambos marinos, aún cuando ambos son sabedores de que su deber es tratar de destruir a su enemigo.
Al comienzo del film cunde en el destructor cierta apatía, y hay marineros que creen tener como nuevo capitán a un novato surgido de alguna oficina mandado allí por la falta de buenos oficiales. Sin embargo el personaje de Robert Mitchum resultará ser un marino experimentado en la marina mercante con un traumático recuerdo a las espaldas.

Su oponente es interpretado por el alemán Curt Jürgens, gran actor secundario que hizo su carrera a caballo entre Europa y Hollywood. El capitán de submarino tiene también tragedias a las que sobreponerse, y a través de su historia deducimos que fue en su día un marino patriota, pero que bajo el gobierno nazi se ha tornado en un descreído y amargado capitán de submarino. Vemos así como norteamericano y alemán tienen en común más de lo que pudiera pensarse en un primer momento, y que aunque ambos no desearían estar allí, son soldados al fin y al cabo y están dispuestos a cumplir su deber.

Son en las palabras de Jürgens donde encontramos las nostálgicas y pesimistas ideas no sólo del soldado, sino además las del antinazi. El capitán de submarino ve con pesimismo como la guerra tecnológica se impone, y musita para sus adentros cuando alguno de sus subordinados más fanáticos le hablan del Führer. Debió de ser éste un papel especial para Jürgens, quién a finales de la Segunda Guerra Mundial acabó en un campo de concentración debido precisamente a sus críticas hacia el régimen nazi.

Duelo en el Atlántico es un film emocionante y adictivo y espléndidamente dirigido, y creo que hasta Das Boot los cines no volvieron a ver una película que nos acercara al opresivo mundo de la dotación de un submarino de esta forma. Excelente trabajo, de lo mejor del género.

Along Comes Mary

El grupo es The Association. Apenas sí he oido un par de temas de ellos aparte de Along Comes Mary, y no puedo decir que me hayan entusiasmado demasiado, pero esta canción me parece un perfecto ejemplo de pop lleno de ritmo pegadizo y grandes melodías. Además tenían una presentación para el grupo bastante original. La actuación es del famoso festival en Monterey, donde también actuaron Jimi Hendrix, Otis Redding o Janis Joplin.

Planet Terror


Aunque muchas veces pienso que en ciertos aspectos esto es el culo del mundo, parece que esta vez no nos hemos quedado solos y la Europa no-anglosajona tendrá el enorme placer de contemplar Grindhouse a cachos. Seguramente a algún inteligente directivo de no se qué despacho le habrá parecido pasarse la idea original de los directores por donde ustedes se imaginan y estrenarlas por separado. ¡Bravo!

La unión de dos talentos (o debiera decir un GRAN talento y otro que lo hace bien cuando se junta con el primero) como Quentin Tarantino y Robert Rodríguez preveía una gran película que serviría como homenaje a las viejas sesiones dobles en cines baratos donde por poco dinero uno podía disfrutar de películas de serie B llenas de trucos baratos, violencia y sexo. Por aquí también hubo sesiones dobles aunque eran de otra índole.

Grindhouse era el título del invento, y tanto Tarantino como Rodríguez iban a dirigir un film cada uno de una hora aproximadamente, con pequeñas historias intercaladas dirigidas por Rob Zombie y amiguetes semejantes. Y lo que nos ha llegado es una mutilación en toda regla gracias a la prestigiosa imaginación de algún mandamás descerebrado víctima de los zombies. Según las noticias que tengo Planet Terror es la versión extendida del trabajo de Rodríguez, con las escenas más sangrientas incluidas, y una de esas viejas "premieres" sobre otra película con encanto, la del asesino Machete.

Llegué a leer rumores de que, debida a la fría acogida en los Estados Unidos querían quitar los efectos de "película vieja" de la pantalla (ya saben, rayas, desplazamientos y demás consecuencias de un rollo usado y barato tan típico en los extintos pero encantadores cines de barrio), pero por suerte no se han atrevido a tanto. En fin, que con todo esto yo me negaba a acudir al cine a ver el "invento", pero comentarios muy favorables de gente que me rodea y unas entradas gratis me hicieron replanteármelo. ¡Ah! Veremos la jugada tan bonita que significará el mercado del DVD: primero publicarán Planet Terror, luego Death Proof (la cinta de Tarantino), y luego las dos películas juntas como debiera haber sido desde un principio. Genial.


Rose McGowan, mens psycho in corpore tullido

Bueno, y quién acuda a ver Planet Terror, ¿qué se va a encontrar? Pues una bonita película familiar con zombies devoradores de cerebros, sangre por todas partes, acción prácticamente ininterrumpida, Alejandro Sanz con tatuajes (lo siento, no he podido resistir hacer la broma), caras familiares para los seguidores del fantástico y la serie B, desmembramientos, tiroteos, chicas sexys, la guerra de Irak de trasfondo... En definitiva, una buena y moderna película de zombies con varias de las características típicas del género. Además, todo ello dotado de un fino humor negro que hará las delicias del espectador más sensible a tales bromas. Muchos son los momentos a destacar, pero creo que para la posteridad quedará una frase: "Tendrá que ser un polvo rápido".

Y como es habitual en el cine de Tarantino y Rodríguez, todo queda en familia. Por ahí vemos habituales como el gran Bruce Willis, que no creo necesite presentación, Michael Parks (¿hace siempre el papel de sheriff o soy yo?), el iraquí de la serie Perdidos, Michael Biehn (¿dónde se había metido este hombre? Siempre me pareció un actor muy interesante, pero creo que aparte de en Terminator ya no le vi más), el actor mejicano Carlos Gallardo, habitual de Rodríguez y que protagonizara la estupenda El mariachi... Para mí destacan una sorprendente Rose McGowan (¡esa imagen tan poderosa con metralleta en vez de pierna!) y el sucio cocinero Jeff Fahey, que tal vez algunos recuerden en el papel principal del pequeño clásico de culto El cortador de césped.

Y como curiosidades, en los títulos de crédito descubrí que el niño que juega con la pistolita es el propio hijo de Robert Rodríguez, y que el cura de la secuencia inicial con el falso trailer titulado "Machete" (¡película en toda regla ya!) es nada menos que Cheech Marin, la mitad del dúo de humoristas porreros de los 70 Cheech & Chong. Y el nombre de su personaje es ¡Benicio del Toro! Y el chef personal de Mr. Rodríguez es ¡Robert Rodríguez! O es casualidad o este hombre es un cachondo.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Medianoche


Cuenta la historia que dos guionistas presentaron su guión a los estudios Paramount. A los directivos les gustó, pero les dijeron que hacían falta algunos retoques. Por decirlo así, los dos guionistas se contrataron así mismos y simplemente copiaron su guión de nuevo. Al parecer, a la gente del estudio les encantaron los supuestos cambios.
Charles Brackett, colaborador de Billy Wilder hasta Sunset Boulevard (1950), y el propio Wilder se encargaron de escribir esta magnífica comedia de enredos dirigida por Mitchell Leisen. Las disputas entre Leisen y los guionistas en cuanto al guión convencieron a Wilder de que si quería ver sus historias respetadas tendría que dirigirlas él mismo.
Con la magnífica actriz Claudette Colbert, que protagonizó alguna de las mejores comedias de aquella época como Sucedió una noche, y el simpático galán Don Ameche (todo un hard working man, trabajó hasta su muerte en 1993, y le podéis ver como secundario en películas de Eddie Murphy o como uno de los ancianos de Cocoon) la historia de la pícara Eve Peabody que se ve envuelta en un pequeño lío en la alta sociedad tiene grandes situaciones y frases hilarantes, como no podía ser de otra manera en un trabajo firmado por Wilder y Brackett.
Aunque junto con Colbert quién realmente brilla es un John Barrymore en sus últimos años de vida pero que es capaz de demostrar por qué fue uno de los grandes. La colección de expresiones y gestos y sus pequeños momentos de gloria son realmente dignos de ver, en el que quizás sea uno de sus papeles más hilarantes. En un papel secundario tenemos también a la futura víbora Hedda Hopper.
No dejéis de echarle un vistazo, pasaréis un buen rato. La grandeza de John Barrymore no merece menos.

martes, 21 de agosto de 2007

Aerosmith

Fue uno de los regresos más sonados e inesperados en la historia del rock. A mediados de los 80 nadie daba un duro por Aerosmith, pero la banda se limpió de drogas y demás vicios, y entre 1987 y 1989 editaron dos estupendos discos que les devolvieron al puesto que merecían. Con Permanent Vacation y Pump y sus respectivos hit-singles "Dude (Looks like a lady)" (perversamente dedicada a Vince Neil) y "Love in an elevator" la banda más grande de Norteamérica volvía a la vida. Siempre fueron más populares en los Estados Unidos que en Europa, aunque eso comenzó a cambiar cuando en 1993 publicaron Get A Grip, que tuvo mucha repercusión en el Viejo Continente, sobretodo a la power ballad "Cryin'" y su correspondiente videoclip. Un hecho curioso, a medias entre cómico e irritante, es que muchos fans despistados ¡no sabían que Aerosmith tenían una carrera previa! Y me pregunto si algunos de sus actuales admiradores se han enterado del pequeño detalle.

Y es que hoy en día tal vez sigan ofreciendo buenos conciertos, pero su carrera discográfica es un desastre, y su nuevo way of life deja mucho que desear. No es que desee que vuelvan a meterse de todo, pero sí debieran de mirar más por eso llamado rock and roll. Sobretodo Steven Tyler, que vive perdido en un mundo de fiestas de moda, pases de modelos, cirugía estética y baladas ñoñas. Aunque el guitarraista Joe Perry y el resto de la banda trataron de retornar el río a su cauce con el disco de blues Honkin' on Bobo (que la verdad ni me he molestado en escuchar) todo el asunto parece una causa perdida. Creo que el éxito en Europa y la atención de la MTV han mandado al grupo al garete.



Y es que hubo un tiempo en que Aerosmith eran una de las bandas más peligrosas del planeta, los críticos se cebaban con ellos y sus fans les adoraban. Y en su época de máximo esplendor las drogas estaban por todas partes, al igual que las anécdotas delirantes. Pero vayamos al principio.


¿Steven Tyler?

A finales Steven Tyler y Joe Perry habían pasado cada uno por una serie de bandas que no habían llegado a gran cosa. Durante unas vacaciones en la pequeña localidad de Sunapee, en New Hampshire, Tyler entró en contacto con Joe Perry, que tocaba en una banda con el bajista Tom Hamilton. Buscando mejores horizontes Perry y Hamilton se trasladarían a Boston, reuniéndose allí con Tyler. Hasta entonces Tyler había cantado y tocado la batería, pero decidido a ser sólo el frontman, Tyler quedó como cantante, y a las baquetas se puso Joey Kramer, que procedía, al igual que Tyler, de Nueva York. La formación quedaría completada cuando Brad Whitford, que había ido a la misma academia que Kramer, entraba como guitarra rítmica.
Con influencias de blues y de grandes del rock como Chuck Berry o los Stones, la banda comenzó a actuar en clubs locales, haciéndose con una pequeña legión de fans. Tras recorrerse todo Massachussetts y tocar en Nueva York, la banda consiguió fichar con Columbia, publicando en 1973 su primer disco, Aerosmith. Lograron cierto éxito con su magnífica balada "Dream On", aunque canciones como "Mama Kin" serían habituales en su repertorio.
Como las mejores bandas, cada nuevo disco del grupo era mejor que el anterior. En 1974 aparece Get Your Wings, con una fantástica versión del "Train Kept A-Rollin" de Johnny Burnette y otro futuro clásico de la banda, "Same Old Song and Dance". El éxito masivo llegó con Toys in the attic (1975), uno de los mejores discos de hard rock de la historia. La canción "Sweet Emotions" fue un éxito instántaneo, así como "Walk This Way", la canción más aclamada de la banda. Aerosmith se convirtieron en un fenómeno grandioso, la respuesta americana a Led Zeppelin.

La crítica vapuleó desde sus inicios a la banda. Debido a las influencias blues y al parecido de Tyler con Mick Jagger, muchas revistas los tildaban de meros imitadores de los Stones. La influencia del grupo británico estaba allí, pero desde luego no eran una burda copia. Aerosmith tenían su propia personalidad, y con Toys in the attic quedó más que demostrado. Fue por entonces cuando la etapa más salvaje del grupo llegó.
Desde el principio de su carrera, e incluso antes de formar Aerosmith, los miembros del grupo, especialmente Perry y Tyler, habían coqueteado con las drogas. Pero como suele suceder, el gran éxito que tuvieron puso en manos de unos jóvenes alocados montones de dinero. Los caprichos más absurdos y drogas de todo tipo estaban a su alcance.
Escondidas en cualquier parte del cuerpo o la ropa, Steven Tyler lo probaba todo, y llegó a decir que en sus famosos pañuelos ponía sus pastillas y demás zarandajas sólo "para saber que estaban ahí" mientras actuaba en directo. De ese modo salía a escena más relajado.
Si Toys in the attic era un pedazo de disco, su siguiente trabajo, Rocks, fue aún mejor. Aunque con temas quizás menos pegadizos, pedazos de dinamita rockera como "Back in the saddle" o "Rats in the cellar" hicieron del disco el mejor trabajo del grupo. Llovió el dinero y se programaron más giras,a la particular montaña rusa de Aerosmith podía continuar.

Aunque el éxito en los EEUU no acompañó a la banda cuando visitaron Europa por primera vez. En Gran Bretaña la acogida del grupo fue muy fría, y en el último show el grupo destrozó el camerino del mítico Hammersmith Odeon. El destrozo de camerinos siguió en su siguiente destino, Japón. Allí el éxito fue mayor, pero una noche a la banda se le antojó cenar pato cocinado según cierta receta. Tras conseguir un pato, los promotores se lo dieron al grupo, pero como no estaba cocinado según su receta, ¡destrozaron el camerino! La rabieta les valió estar vedados en Japón durante un tiempo (ésta anécdota fue parodiada años más tarde en el famoso rockumental This Is Spinal Tap).


Los destrozos en camerinos y habitaciones de hotel fueron habituales en aquellos años. En la gira de su disco Draw The Line Joe Perry recibió una factura de ochenta mil dólares tras su paso por diversos hoteles. De hecho, en sus giras la banda llevaba una sierra mecánica para facilitar sus labores de destrucción, y cables extra largos para que las televisiones siguieran funcionando hasta su impacto con el suelo o una piscina.

Para la grabación de Draw The Line el grupo se encerró en un monasterio tras haber pactado no tomar drogas hasta finalizar el disco. Tyler sin embargo escondió drogas en bajo un fregadero, y le puso las cosas difíciles al resto de la banda, que muchas veces tenían que esperar horas hasta que el cantante aparecía o se decidía a grabar algo. Aunque Perry también estaba algo "confuso" y tras grabar algunos temas en una cinta, no sólo olvidó los temas, sino que perdió la cinta. Increíble.

Por encontes Tyler salía con la groupie Bebe Buell, algo que no hizo gracia a uno de sus amantes, Mick Jagger. "¿Por qué te vas con el Mick falso cuando puedes tener al auténtico?" le dijo el bueno de Mick.
Tras una nueva gira por Europa que les llevó al festival de Reading el grupo se volcó en un mastodóntico tour por los States. Las drogas y las tensiones hacían mella en el grupo, Steve y Joe hablaban a través de intermediarios y viajaban por separado, pero sus shows aún podían ser muy impactantes. Aunque si Ted Nugent se subía al escenario a tocar con ellos en el famoso Texas Jam era posible que Steven Tyler ni siquiera se percatara, como ha confesado en alguna ocasión.

Con peleas detrás y sobre el escenario (dicen que en una ocasión Perry le llegó a partir la boca con su guitarra a Tyler) y drogas por todas partes (Steven iba a fiestas con una amiga que llevaba una pistola de agua con LSD y se la disparaba al cantante en toda la cara) el grupo iba cuesta abajo. Se cuentan rumores de que la banda repetía canciones por que no recordaban haberlas tocado, o algo más inverosímil aún, que cierta noche salieron a escena, tocaron una canción, y se volvieron a ir, ¡creyendo que habían tocado un show entero!
Años más tarde Steven ha comentado que recuerda muy pocas cosas de aquellos años, y hay una declaración suya muy cachonda, diciendo que aunque tomaban drogas, siempre trataron de mantenerse en forma. Tyler afirmó: Cuando salía a pillar a la Octava Avenida, compraba mi mierda y un donut de chocolate. Pero también compraba siempre uno de esos sandwiches de pan de pita con comida saludable". La piltrafa humana que era en aquellos días quedó constatada para siempre en su brazo izquierdo, donde se tatuó "Ma Kin" (por la canción Mama Kin). Por lo visto, ¡no había sitio para más!

El caos siguió, Steven Tyler se perdía en el desierto, se tenían que cancelar conciertos porque perdía la voz, Joe no se acordaba de las notas, Tyler se rompía un tobillo en el escenario y ni se enteraba de lo colocado que estaba... Tyler estaba obsesionado con las drogas, aunque Perry también le daba lo suyo, y su mujer utilizaba alguna vez cocaína a modo de sombra de ojos.
Con las altas deudas que había contraído Joe, la compañía le propuso que las pagara mediante un disco en solitario. Joe aceptó, el disco se vendió bien, y el resto era previsible: Joe Perry dejó al grupo en 1979, justo a principio de una gira.


Joe Perry

Desde luego Steven Tyler & co. no se esperaban algo así, y todavía anonadados por la sorpresa el grupo fichó como sustituto a Jimmy Crespo y salió de gira. El pobre Crespo, que ni bebía ni se drogaba, se vio envuelto en un huracán de drogas y bebida a su alrededor del que salió indemne por poco. La gira se acabó cancelando debido a problemas de salud de Steven Tyler.
Fue entonces cuando el cantante tocó fondo. Todo su dinero se había ido en drogas, así que Tyler y su mujer (que se prostituía para que él consiguiera drogas) se trasladaron a un pequeño hotel donde debía haber más cucarachas que clientes. Tras un accidente en moto el cantante se pasó unos cuantos meses en el hospital.

Brad Whitford abandonó también el barco a principios de los 80, mientras el álbum Greatest Hits se vendía como rosquillas. Cuentan que Perry se enteró de la publicación del disco cuando un fan se lo dio para que lo firmara.
Para sustituir a Whitford el cantante fichó a Rick Dufay, un guitarrista tan yonki como él con quién acabó de descender a los infiernos. Dufay, que intentó saltar de un avión comercial bajo los efectos del LSD, no era precisamente lo que necesitaba un destrozado Steven Tyler. Tras otro nuevo disco, Rock in a hard place, la banda se embarcó en una nueva gira. Tras estar a punto de tener varias sobredosis, Tyler se colapsó en el escenario.

Con un Joe Perry cuya carrera ya no iba tan bien, y un Tyler que le echaba de menos, la banda se reunió de nuevo en 1984. Los excesos habían pasado factura, como quedó patente en una comida del grupo. Alguien puso "You see me crying", de su álbum Toys in the attic, y un alucinado Tyler propuso que hicieran una versión de "esa canción tan cojonuda". Delirante.
La banda fichó con Geffen y todos decidieron desintoxicarse en Pennsylvania. Tras un álbum discreto, Done with mirrors, Aerosmith volvieron a lo grande con Permanent Vacation y Pump, y consiguieron por fin un gran éxito en Europa. Tras el Get A Grip comenzaron a llover sus ñoñas baladas y discos mediocres, pero durante unos cuantos años Aerosmith fueron una de las bandas más grandes sobre este planeta.

Trouble in paradise


Más conocida por aquí como Un ladrón en la alcoba, ésta sea probablemente la película de Ernst Lubitsch más aclamada por la crítica. El humor sublime y elegante de Lubitsch lo es aquí más que nunca (como por ejemplo esas pequeñas escaramuzas entre los dos pretendientes de Madame Colet), aunque tal vez no llegue, en mi opinión, a la hilaridad de Ser o no ser.
Protagonizada por Miriam Hopkins, que aparecía en una de las primeras versiones de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, Herbert Marshall y Kay Francis, la historia giraba sobr eun extraño triángulo amoroso que tras el código Hays sepultó la película durante décadas. La mano de Lubitsch queda patente en una escena bastante curiosa donde el personaje de Marshall, Montescu, sube y baja escaleras. Perfecta sincronización. Como curiosidad decir que la escena fue rodada por un doble ya que Marshall había perdido una pierna en la Primera Guerra Mundial.
Y es que cualquier director actual que quisiera rodar una comedia debería repasarse Trouble in paradise una y otra vez. El tempo, las bromas, los movimientos, todo encaja a la perfección. La escena con el policía y el traductor italianos, o el diálogo entre Hopkins y Marshall mientras cenan... sencillamente no se puede hacer mejor. O cuando Lily, el personaje de Hopkins, llama por teléfono y nos encontramos con una imagen que no esperamos, uno no puede más que sorprenderse ante la modernidad de semejante gag. De hecho, es en ésta película dónde probablemente el espectador mejor entienda el por qué de la admiración que Billy Wilder profesaba a Lubitsch. De hecho, el final de la película es puro Wilder.
Trouble in paradise, más que una película, es un perfecto mecanismo de relojería. Los que admiren el estilo del viejo maestro Wilder deberían echar un vistazo a sus raíces y hacerse con ésta película cuanto antes.

lunes, 20 de agosto de 2007

Grand Hotel

Una ex-camarera que había trabajado en hoteles de lujo berlineses irrumpió en la escena literaria alemana con su obra Grand Hotel. En 1929 Vicki Baum lograba un gran éxito de ventas con una descripción de los sucesos y personajes que se pueden encontrar en un establecimiento de tales características. Al otro lado del Atlántico, un joven flacucho y enfermizo puso sus ojos en dicha obra incluso antes de que fuera traducida al inglés.
En los estudios MGM el joven productor Irving Thalberg, creador infalible de éxitos tanto para crítica como para el público, buscaba un nuevo proyecto. A través de una sinopsis Thalberg dio con lo que buscaba, pero había un problema: un pequeño empresario de Broadway se había hecho con los derechos de la novela. Pero aquél empresario buscaba inversores para su obra, y Thalberg aprovechó su portunidad: le dio 15.000 dólares para hacer la obra, y pagó otros 20 mil por los derechos cinematográficos. Y de paso contaba ya con una adaptación de la novela que a la postre tendría un gran éxito en los teatros de todo el país.
Tras pulir el guión el productor se puso manos a la obra. Lo primero era poner un rostro al personaje principal de la obra, la bailarina Grusinskaya. Inmediatamente Thalberg pensó en la estrella más rutilante de su tiempo, Greta Garbo. En un principio, la actriz sueca rechazó el papel, pues creía que con 27 años era demasiado mayor para el papel. Pero finalmente el productor la convenció, y "La Divina" sería la bailarina venida a menos. Con la aprobación de la Garbo, Thalberg puso tras las cámaras a Edmund Goulding, con fama de ser un buen director de actores.
Y es que era lo que se necesitaba, pues Thalberg tenía en mente una idea muy extraña para su tiempo: reunir a cinco de las más importantes estrellas de Hollywood en una sola película. Tan extraña era que el productor tuvo que convencer al todopoderoso Louis B. Meyer de que era una buena idea.
Grand Hotel tendría pues a cinco grandes personajes interactuando entre sí, cada uno con sus propios problemas e intereses. Aparte de la citada bailarina, tenemos a un aristócrata arruinado reconvertido en ladrón, a un magnate ansioso por ultimar una fusión, una pobre taquígrafa a las órdenes de éste y un empleadillo de dicho magnate al que le queda poco tiempo de vida y decide gastarse sus ahorros viviendo a lo grande sus últimos días.
Para el papel de galán masculino, el barón Von Geigern, Garbo quería a John Gilbert, con quién ya había trabajado en el pasado, y con quien había tenido algún corto romance. Pero Gilbert tenía cada vez más problemas con la bebida y su carrera iba cuesta abajo, por lo que Thalberg le propuso que cambiara de idea. A quién no cambiaron fue al operador de cámara habitual de la Garbo, William Daniels.
Buscando al galán y al hombre enfermo, Thalberg pensó en Buster Keaton para éste último personaje, pero Meyer vetó su propuesta. Fue en otra producción de Thalberg, Arsene Lupin, donde el productor dio con su galán: John Barrymore (abuelo de Drew). Barrymore aceptó con la condición de que su hermano Lionel participara también en la película. Thalberg aceptó, pero hizo a John firmar un contrato de tres películas con la MGM. Lionel Barrymore sería el enfermo terminal Kringelein, y John Barrymore (conocido como "El gran perfil", si véis la película sabréis por qué) el barón Von Geigern.
El reparto se completó con Wallace Beery como el empresario Preysing. Beery en un principio rechazó el papel, pero Thalberg le convenció asegurándole que sería el único personaje que hablaría con acento alemán. El reto sedujo al actor y aceptó la oferta.
Para el papel de la sensual taquígrafa Flaemmchen la decisión no pudo ser más acertada; Thalberg fichó a otra gran estrella femenina de la MGM, la actriz de gran talento y belleza de tigre Joan Crawford. Para evitar choques de egos, se evitó que los personajes de Garbo y Crawford coincidieran en escena alguna. Además, se dispuso que Crawford rodara por las mañanas mientras Garbo lo haría por las tardes. Un pequeño papel quedaría para Lewis Stone, antiguo galán del cine mudo.
Tras salvar algunas reticencias, Barrymore y Garbo se llevaron muy bien en el rodaje, hasta tal punto que Barrymore junto a la actriz Noll Gurney organizó posteriormente el funeral de John Gilbert para satisfacción de la Garbo. Lionel y Beery iba a la suya, y Crawford, típico en ella, estaba preocupada por destacar de alguna forma. Cierto día Crawford fingió una enfermedad para rodar por la tarde y coincidir con Garbo. Lo que podía haber sido un desastre se quedó en un breve saludo. Incluso toda una Joan Crawford finalmente se intimidó ante la presencia de "la Divina", pero la Garbo fue amable con ella y le preguntó como le iba. Toda una rareza en el psicótico historial de la Crawford (famosa fue su eterna batalla con Bette Davies).
Bien, con semejante reparto y una buena historia detrás, nada podía fallar, y nada falló. Grand Hotel es una máquina de relojería dónde todo encaja, el ritmo es tan perfecto como el de un motor bien engrasado, y los personajes entran y salen de una forma totalmente natural. La Garbo brilla, una vez más, con luz propia, y con su profunda voz cautiva al espectador, dejando una frase para la historia, I want to be alone. John Barrymore, aunque en un principio pudiera ya parecer demasiado mayor para el papel, cumple perfectamente siendo capaz de ser romántico y duro a la vez. Su hermano Lionel nos hace reír y llorar a un tiempo, mientras el bruto Beery intimida con su presencia. Por último, Joan Crawford, maravillosamente sexy, nos recuerda que fue también una gran actriz.
Grand Hotel fue sin duda uno de los mejores trabajos de Thalberg y uno de tantos clásicos surgidos de la factoría MGM. Imprescindible.

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