miércoles, 30 de enero de 2008

A la caza (1980)


No es uno de los mejores trabajos de William Friedkin ni se suele citar cuando se habla de la filmografía de Al Pacino, pero A la caza levantó en su día bastantes polémicas y dejó para la posteridad alguna de las escenas más desenfrenadas y sórdidas que se hayan podido ver en la gran pantalla. Si Friedkin ya tuvo problemas para rodar la cinta, hoy en día ni si quiera sé si podría llegar a estrenarse.
A la caza es una adaptación de la novela Cruising, y es un proyecto personal del director que además de dirigir se encargó de escribir el guión. La historia se desarrolla en Nueva York, donde una serie de asesinatos entre la comunidad gay pone al Departamento de Policía tras la pista del asesino. Un joven patrullero (Pacino) deberá infiltrarse en el mundillo y sin apenas apoyo del Departamento, investigar e intentar identificar al asesino. Para ello se recorrerá alguno de los locales nocturnos más pasados de vueltas de la ciudad.

La comunidad gay real protestó y boicoteó el film por miedo a que diera pautas para posibles asesinos de gays, una idea algo tonta, aunque probablemente tuvieran más razones al argüir también que la película mostraba a los homosexuales como depredadores sexuales y seres depravados y lujuriosos. Salvo un vecino de Pacino, el resto de homosexuales son en su mayoría gays hardcorianos de los que visten de cuero, llevan esposas y lucen gorras nazis. Desconozco totalmente como serían los locales gays de aquella época, pero lo que vemos en A la caza son orgías y desenfreno por todos sitios. No hablo sólo de cuartos oscuros, sino de la misma barra del bar o cualquier esquina del local. No se puede negar que allí los clientes tenían manga ancha: los que querían bailar bailaban, los que querían hablar hablaban y los que querían retozar retozaban. En fin, fuera real o no lo que se puede ver en A la caza, lo cierto es que cuando la vi hace ya bastantes años me dejó bastante descolocado. La escena del tipo embadurnándose un puño no creo que se pueda olvidar jamás. Y eso que Friedkin dejó fuera 40 minutos de film para que no le endosaran una "X" y arruinaran la comercialidad de la película. ¡Cómo sería lo que no vimos!


Pacino en pleno desenfreno

Locura cortesía de los Butthole Surfers

Todavía recuerdo ese momento del capítulo de Los Simpson ("Huracán Neddy") cuando Todd Flanders, vestido con ayuda de la parroquia tras el desastre familiar que ha dejado a Ned y su familia sin hogar, luce orgulloso su camiseta de los Butthole Surfers diciendo "¡Soy un surfista!". Esos pequeños detalles son los que hacen de Los Simpson una serie fuera de serie, valga la redundancia.
Tal vez si John Paul Jones no se hubiera cruzado en el camino de estos psicóticos tejanos la banda seguiría sumida en el underground más oscuro facturando un caos sonoro tras otro en forma de disco. Bajo la producción del ex-Zeppelin no es que parecieran mucho más serenos, pero al menos tenían canciones más audibles. Sin duda esos años de grunge y SubPop fueron el momento más popular para estos particulares surferos anales. Una lástima que Zappa no viviera más tiempo, seguro que habría hecho buenas migas con estos inadaptados rednecks. Claro que la técnica de ellos no era la de Steve Vai, ni falta que hacía. Un buen riff como el de "Who Was In My Room Last Night" y ya está. Lo cierto es que con canciones como ésta ya predecían el reinado de los Queens Of Stone Age. Aunque por otra parte la música de los Butthole Surfers suena más a Nick Oliveri que a Josh Homme. I'm flying, I'm flying... como putas cabras.

Back On The Streets


Gary Moore solía ser una bestia parda de las seis cuerdes hasta que optó por dedicarse al blues y las experimentaciones y organizar tributos a Thin Lizzy donde tenía más protagonismo él que el pobre Phil Lynott. Atrás dejaba una muy interesante carrera en el hard rock plagada de grandes discos y canciones potentes. Cuando quería este hombre le podía volar a uno la cabeza con sus solos. Hoy en día no parece que haya muchos fans de Moore ahí fuera, pero personalmente adoro sus momentos más salvajes y su labor como miembro de los Lizzy en el excelente disco Black Rose.

Fue precisamente por aquella época cuando Gary Moore, a cambio de colaborar con Thin Lizzy, consiguió la ayuda de parte de la banda para grabar el que sería su segundo disco en solitario (cinco años después de debutar con su Gary Moore Band). Phil Lynott, Brian Downey, Don Airey y otros músicos colaboraron así en ese casi nuevo debut del guitarrista. De hecho Lynott firma tres de los ocho temas del disco y canta en al menos dos de ellos. Back On The Streets casi podría considerarse un disco de Thin Lizzy.

El disco abre con "Back On The Streets", un pedazo de dinamita rockera tan espectacular que aunque el resto del disco hubiera sido un concierto de pedos merece la compra del disco. Sencillamente una canción pantagruélica. "Don't Believe A Word" es una revisión del clásico de los Lizzy, rebajada de tiempo y donde Moore y Lynott comparten tareas vocales. "Fanatical Fascists", composición de Lynott, es otro buen tema de hard rock que podría haber formado parte del Thunder and Lightning o el mismo Black Rose. "Flight Of The Snow Moose" es uno de los varios temas instrumentales diseñados para lucimiento de la guitarra de Moore. La canción comienza con inquietantes fade in de sonidos de violines y cuerdas mientras el guitarrista interpreta con su guitarra un pequeño solo con sonido de guitarra flamenca. Tras esa extraña intro la canción se adentra en terrenos de jazz-rock, dando oportunidad al bueno de Gary de solear a placer durante cinco minutos.
"Hurricane" es otro tema instrumental donde Gary Moore se explaya con sus solos de virtuoso. En el Surfing With The Alien de Satriani no habría desencajado. "Song For Donna" es un tema lento que podría haber firmado perfectamente Stevie Wonder. "What Would You Rather Bee Or A Wasp" es tercer y último instrumental, muy en la onda de Jeff Beck. Sus ritmos funky y ese poderoso riff inicial seguramente la convierten en la mejor de las tres. "Parisienne Walkways" es una balada cuya intro de guitarra ha pasado a los anales de la historia. Más de uno y más de dos seguro que lo habéis escuchado alguna vez. Un precioso tema que la voz (¡esa voz!) de Phil Lynott lleva a cotas de melancolía pocas veces oídas por el ser humano.
Back On The Streets es uno de esos discos que cualquier fan de Thin Lizzy o de las guitarras del hard rock debieran tener.


Gary Moore (o los Thin Lizzy del Black Rose) rockeando duro. ¡Brutal!

Ocho millas de altitud


Una de las primeras muestras de rock psicodélico, una de las intros más famosas del rock, un bajo cavernoso... "Eight Miles High" ha permanecido como una de las canciones más populares de The Byrds y como un perfecto ejemplo de aquella psicodelia que invadió la costa Oeste de los Estados Unidos y las mentes de músicos de todo el globo, The Beatles entre ellos. El solo de Jim McGuinn a la guitarra de doce cuerdas realmente parece de otro mundo. Según la Wikipedia el guitarrista intentaba imitar el estilo al saxo de John Coltrane.

La polémica letra de Gene Clark supuesta habla de un viaje en avión a Inglaterra durante un tour de los Byrds, pero si hubiera querido hablar de esos otros "viajes" lisérgicos no le hubiera quedado mejor. En definitiva, un tema magnífico, realmente monstruoso.

martes, 29 de enero de 2008

Mike Hammer


¿Cuántas personas le estarán dedicando ahora mismo algún pensamiento a alguien como Stacy Keach? Los mitos y héroes, y más si provienen de la infancia, pueden ser artistas que muy pocos valoren o estén aparentemente olvidados en el túnel del tiempo. Quizás algunos relacionen el rostro de Stacy Keach con el del alcaide de cierta prisión que alberga a un tipo tatuado. Para mí siempre será un detective duro y bigotudo al que volvían loco las faldas.
Seguro que os ha pasado alguna vez, sacar a colación algún nombre que provoque extrañeza o incompresión. El caso es que anoche, sin saber muy bien por qué, me vino a la memoria aquella serie televisiva llamada Mike Hammer.

El duro detective Hammer ha tenido muchos rostros, pero seguramente el más popular de todos haya sido el de Keach. Aquella serie era realmente alucinante. Era increíble ver a Stacy Keach corriendo cada dos por tres detrás de los más variopintos criminales, y aún más increíble era contemplar como casi siempre les daba alcance a todos, aunque por momentos pareciera que al bueno de Hammer se le iban a salir los pulmones por la boca. Y años después (pues en aquellos días uno era muy joven) resultaba curioso caer en la cuenta de que las mujeres feas no existían en aquella ciudad. Parecía que el detective viviera en la Mansión Playboy.
Y lo más gracioso es que todos los capítulos aparecía alguna secretaria, ricachona o, en resumen, algún bombón espectacular a la que Hammer tenía que interrogar o preguntar algo, y siempre caían todas rendidas a los pies del bigotudo detective, a pesar de su incipiente barriguilla. ¡Es la magia de la televisión! Por supuesto la pechugona secretaria de Hammer también estaba encadilada de él, pero por supongo que el hombre no quería juntar negocios y placer. De vez en cuando también aparecía una morena de ensueño de la que Hammer estaba encadilado, y con la que nunca podía conversar, porque siempre sucedía algo para que en un abrir y cerrar de ojos la morena hubiera desaparecido. En uno de las decisiones más equivocadas de la serie el duro descendiente de Sam Spade conoció a la morena, con lo que el aura de misterio se fue al garete. Fue como cuando uno se pone a hablar con la chica más guapa de todo el bar para descubrir que sería más interesante charlar con el Ratón Mickey.

Hammer solía apoyarse en un amigo policía, Pat Chambers, que siempre le decía que aquél era el último favor que le hacía (ya sabéis, soplarle información secreta, pasarle informes, averiguar tal o cual cosa). El archienemigo de Hammer era un fiscal de distrito hijoputa con pinta de Josema Yuste a la americana que siempre le amenazaba con denunciarlo y llevarlo a presidio por sus duros métodos.
En la versión española Hammer tenía una voz grave y radiofónica realmente estupenda que acompañaba los acontecimientos con las típica narraciones detectivescas en off, y que pronunciaba como nadie la mítica frase de la serie: "Tomaré nota". Como ven, Mike Hammer era una serie entrañable. ¡Deberían reponerla algún día!

Hermanos de sangre



Nosotros pocos, felices pocos, nosotros, grupo de hermanos;
Pues el que hoy vierta conmigo su sangre
Será mi hermano; por villano que sea,
Este día le hará de noble rango:
Y muchos caballeros de Inglaterra, que ahora están en la cama
Se considerarán malditos por no haber estado aquí,
Y les parecerá mísera su valentía cuando hable alguno
Que combatiera con nosotros el día de San Crispín. (Enrique V, Shakespeare)
Tras la experiencia de Salvar al soldado Ryan el director Steven Spielberg y el actor Tom Hanks unieron sus bolsillos para crear una miniserie basada en el libro de Stephen Ambrose Band Of Brothers, que documentaba las vivencias de la Compañía E (o "Easy") perteneciente a la 101 División Aerotransportada del U.S. Army, una de las divisiones más famosas y laureadas de la Segunda Guerra Mundial.

Buscando en todo momento ser lo más verosímil posible, Hermanos de sangre nos acerca a la historia de aquellos jóvenes que un buen día se alistaron o fueron reclutados para luchar, una vez más, en la vieja Europa. Desde su período de entrenamiento hasta el final de la guerra en el Viejo Continente, en diez capítulos de cerca de una hora contemplamos no sólo las batallas en las que participaron (el archifamoso Día D en Normandía, la operación "Market-Garden", Bastogne...) sino su evolución como personas y sus diferentes actitudes e historias. La historia de Hermanos de sangre es la de unos jóvenes que maduraron de la forma más terrible, participando en una larga y cruenta guerra.

El sello de Spielberg se nota en todo lo que al estilo general de la serie. Los que hayáis visto Salvar al soldado Ryan sabéis a qué me refiero: una fotografía fría, un estilo narrativo próximo al documental, un formidable uso de los efectos especiales, batallas con mucho movimiento de cámara, y (sin que yo sea un experto en la materia) una sensación de total verosimilitud en cuanto a uniformes, armas, vehículos, etc. Spielberg no ejerce labores de dirección, pero da la sensación de que todos los directores contratados para dirigir los diversos capítulos han debido de seguir unas claras directrices del rey Midas hollywoodiense.



Los capítulos se suelen iniciar con algunos testimonios de veteranos de la Compañía E, ayudando al espectador meterse en la historia e identificarse de una manera más sencilla con los personajes de la pantalla. También acertadamente se han elegido a actores desconocidos o apenas populares para dar al conjunto una gran dosis de realismo. Salvo por el personaje del capitán instructor del campo de entrenamiento (uno de los actores de Friends al que no tengo mucha simpatía) el resto de intérpretes no suelen ser rostros que uno vea todos los días. A pesar de ello las interpretaciones de la gran mayoría de ellos son realmente estupendas.

Hermanos de sangre es una mini serie excelente, donde cada detalle parece haber sido cuidado, y cuya historia da la impresión de carecer de personalidad propia, es decir, que según las propias opiniones o vivencias del espectador podría considerarse antibelicista o no. Obviamente esto no es Apocalypse Now, y la mejor prueba de ello es que es que ha contado con asesoramiento militar (el coronel Sink es interpretado por el asesor y ex-Marine), pero por otro lado tampoco nos encontramos ante una "patriotada" como Top Gun. No se glorifica la guerra, pero sí se habla de héroes, de valientes y cobardes, de gente que pierde piernas, brazos o son aplastados por tanques, de soldados que en un descuido una bala les abre el cráneo. En definitiva, no hay ningún John Rambo que aplaste una división él sólo: todos los hechos narrados son, al parecer, tan reales como ocurrieron.



Siendo éste un proyecto de Spielberg no podían faltar las grandes escenas de acción y los momentos más dramáticos. El salto de los paracaidistas sobre Normandía puede calificarse de espectacular, prácticamente a la altura del mismo desembarco descrito en Salvar al soldado Ryan. Aunque por momentos uno tenga la sensación de estar inmerso en una partida del Call Of Duty las escenas de los combates son adrenalíticas sin perder dosis de realismo. Los directores han sabido hacer llegar esa sensación de vulnerabilidad y peligro que debe rodear a batallas de ese tipo. Me vienen a la memoria escenas como la de la destrucción de unos cañones en Normandía o la del sitio de Bastogne, donde las descargas de la incesante artillería germana llegan a poner los pelos de punta.
Un capítulo especialmente dramático es uno titulado "¿Por qué luchamos?", que se centra en el día en que la Easy descubrió un campo de concentración nazi. Unos soldados asqueados de la guerra y que han perdido a muchos amigos y compañeros descubren la barbarie del Holocausto, y aprenden que su sacrificio es más importante de lo que pudiera parecer en un principio. Es en ese mismo capítulo donde se nos retrata más de cerca a los alemanes, un pueblo que sufre y paga las consecuencias de la locura de su líder. Mientras tocan los violines y el chelo en un arrasado pueblo germano, uno puede llegar a comprender que más allá de Aliados y fuerzas del Eje había seres humanos, y que en la mayoría de casos la guerra fue igual de terrible para todos.



Resumiendo: aquellos que estén interesados en conocer cómo se vivió la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista de una compañía de soldados norteamericanos, o gusten del estilo de Salvar al soldado Ryan, Hermanos de sangre es un título imprescindible. Los que no gusten del género bélico o no estén muy interesados en historias pasadas, tal vez no debieran molestarse en ver la serie.

lunes, 28 de enero de 2008

Cold Shot

Stevie Ray Vaughan, un nombre que no se puede decir que aparezca en muchos medios o esté en boca de mucha gente. Si por aquí todavía hay gente que no sabe quién es Slash no se puede esperar que conozcan al bueno de Stevie Ray. El legado que dejó ha permanecido (al menos en este país) como un pequeño tesoro que sólo los más entusistas y entendidos del género conocen. Aquel fatídico accidente de helicóptero se lo llevó demasiado pronto, justo cuando las cosas empezaban a irle bien y su nombre comenzaba a sonar por todo el país del tío Sam. Aun así, nos dejó unos cuantos discos realmente estupendos y toneladas de directos, bootlegs y grabaciones de todo tipo.

Para aquellos que no le conozcan, sirva de presentación este divertido videoclip que tiene bastante de autobiográfico (aquellos que le conocieron bien comentan que siempre tenía una guitarra en las manos, hiciera lo que hiciera), en el que la "mujercita" de Vaughan se enfurece ante la poca atención que recibe por parte de su marido. Cada vez que éste intenta reconciliarse con ella mete la pata y lo empeora todo, pero por supuesto al final el amor triunfará. That's a cold shot, baby.

Pelham 1,2,3 (1974)


The Taking Of Pelham 1,2,3 probablemente sea junto a Los tres días del condor y Marathon Man uno de los thrillers definitivos de la década de los 70 (dejo de lado French Connection por su temática policial aunque pudiera ser catalogada perfectamente en dicho género). Tratando de ser objetivo, quizás no esté a la altura de la cinta de Sydney Pollack, pero desde que la vi por primera vez Pelham 1,2,3 se convirtió en uno de mis films favoritos. Quizás el que no tuviera demasiado éxito en su día o que no contara con estrellas tan conocidas como Robert Redford o Dustin hoffman ha provocado que actualmente el film permanezca en el olvido, pero desde luego yo siempre tengo esta película muy presente.

Basada en una novela de John Godey, Pelham 1,2,3 narra el secuestro de un vagón de tren en el Metro de Nueva York. Cuatro hombres bien armados y con un plan perfectamente estudiado se hacen con un vagón y un variopinto grupo de rehenes, poniendo en jaque a las autoridades del Metro y al departamento de Policía del mismo. El teniente Garber se verá de pronto ante algo inaudito: un secuestro en el Metro. Su labor será negociar con los criminales y tratar de averiguar el siguiente paso de los secuestradores para frustrar sus planes.

Del director Joseph Sargent poco sé aparte de que estuvo tras las cámaras en el biopic sobre el general McArthur, pero tengo que reconocerle su espléndida labor en Pelham 1,2,3. Prácticamente desde el principio impone un ritmo perfectamente equilibrado, donde los hechos se van sucediendo uno tras otro sin que por ello se resienta la narración o se confunda al espectador. "Sin prisa pero sin pausa" podría haber sido el lema del director a la hora de rodar este film. Mezclando escenas de acción y/o tensión con pequeños momentos de comedia, Sargent logra en poco más de hora y media lo que muchos otros films del estilo no consiguen en más de dos horas: desarrollar la historia plenamente (breve planteamiento, nudo y desenlace) logrando además que los personajes no queden como simples marionetas y no dejando al espectador apenas tiempo a la distracción. El entretenimiento es tal que uno juraría que sólo ha pasado media hora desde que aparecieran los créditos iniciales.
Sargent también acierta al no perder tiempo explicando las causas o motivos tras el secuestro. Cuatro tipos quieren dinero y para ello secuestran un tren. Cualquier información que necesitemos saber de ellos se va conociendo a lo largo de la película, mientras la acción está en desarrollo. Con ello se logra que el espectador se quede pegado a su asiento, pero siempre dándole tiempo para asimilar lo que está ocurriendo. Si quieren un ritmo frenético de videoclip para cocainómanos ésta no es su película.
Pelham 1,2,3 es un perfecto ejemplo de economía de medios en un film de acción. Sargent recurre a la violencia sólo lo estrictamente necesario en la medida en que lo demanda la historia. Cuando hoy en día la pauta es tener más explosiones, más disparos y coches ardiendo, y el más difícil todavía, la acción en Pelham 1,2,3 no es el fin por sí mismo, sino una consecuencia de la trama. Hubo un tiempo en que el guión primaba por encima de los efectos especiales.



Durante los créditos vemos como los secuestradores van subiendo al metro, hasta culminar con la aparición del jefe de la banda, apoyado en una columna, en un plano que recuerda a la introducción de Henry Fonda en Hasta que llegó su hora. Una vez realizado el secuestro, la historia se traslada a la central de la policía de transportes, donde asistimos al rutinario día a día del teniente Garber, que parece reducirse a lidiar con pequeños robos, asaltos e incidentes de exhibicionistas y a mostrar el recinto y hacer de guía turístico a empresarios del metropolitano japonés. Es entonces cuando encontramos los primeros rasgos humorísticos del film, pequeños momentos de relax que sin llegar a resultar paródicos o actuar como simple relleno sirven para rebajar un poco la tensión de la trama. Son como una ruta en el metro: hay breves paradas donde suben y bajan viajeros, pero casi todo el tiempo el tren sigue su marcha. Junto a los desplantes de Garber a los nipones y su peculiar ironía encontraremos también pequeños ratos de comicidad en dos trabajadores del metro, a cada cual más cascarrabias: un jefe de línea y el jefe de transportes ("¿Qué esperan por 35 centavos, vivir para siempre?"), ambos cortados por el mismo patrón: mayores, gordos, con voz carajillera y con muy malas pulgas. Aunque para retrato sorprendente el del alcalde de Nueva York. No sé si es cosa de la novela original, de los guionistas o de Sargent, pero el alguacil de la Gran Manzana poco tiene que ver con tipos como Giuliani. Aquí tenemos a un tipo que parece hacer política desde su mansión delegando en un joven ayudante que más que colaborador parece su madre, haciendo salir al político de su cama como si éste fuera un niño que se niega a ir a la escuela. Sin querer extenderme demasiado en este punto, hay un chiste sobre abucheos que resuelve escenas después de forma bastante sutil. En medio de toda esa acción resulta difícil darse cuenta de ello, y aunque sea un pequeño detalle siempre me ha parecido muy curioso.

Antes de Reservoir Dogs la banda de Pelham 1,2,3 (y pondría la mano en el fuego a que Tarantino es también fan de la película) ya se llamaban entre ellos por apodos como señor Azul o Señor Marrón, aunque en esta ocasión la traducción mantuvo los nombres en inglés. El recurso de las gabardinas, las gafas, y el aspecto general de los secuestradores es realmente efectivo, quedando como uno de los gimmicks más memorables del film, como ese resfriado del señor Green.
Martin Balsham, veterano del Actor's Studio y secundario de lujo, interpreta al asustadizo señor Green, mientras que Robert Shaw está fantástico como el temible jefe de la banda, el señor Blue. Del lado de la ley tenemos al infalible Walter Matthau como el aparentemente despreocupado teniente Garber, sin duda un gran acierto del reparto. Inolvidable son frases suyas como "Ya sé como van a escapar, van a pedir a los ciudadanos de Nueva York que cierren los ojos y cuenten hasta cien, ¿verdad?", como inolvidable es esa expresión de su rostro en la escena final.

Y así, mientras uno espera el desenlace y se pregunta junto a Garber cómo diablos van a huir los secuestradores y si logran salirse con la suya o no, llega ese curioso final, dejándole a uno plenamente satisfecho habiendo consumido 100 minutos de su vida de una forma realmente amena. ¿Acaso no está el cine para eso? Y es de agradecer que una película de acción pueda entretener sin que le traten a uno como a un adolescente devorador de palomitas. Y no es que sea un enemigo del cine palomitero, pero tanta monotonía cansa.

Siguiendo la imparable ola de creatividad que asola Hollywood (¿guionistas en huelga? ¿Pero había guionistas en Tinseltown?), parece que se avecina un remake (ya se hizo uno para la televisión) de la película original. La cinta de 1974 tuvo sus problemas para rodar en el metro de Nueva York ya que las autoridades temían que diera ideas a criminales o locos. Como soy bastante desconfiado para estas cosas, espero que todas las ciudades con metro del mundo nieguen el permiso para ese posible engendro. Aunque, efectivamente, si finalmente se rueda y la estrenan por aquí, seré el primero en ir a verla. La curiosidad me puede. Felizmente tal vez tenga que tragarme mis palabras. Por cierto, afirmaba el productor que Pelham 1,2,3 sólo tuvo éxito en ciudades como Nueva York o París, lugares que tenían una gran red de metro. Curioso, ¿no creen?

Sobre la estupenda banda sonora de David Shire, les dejo que les hable sobre ella el amiguete Tito Marvin.

Correll: Christ, to hear you plead with that chickenshit makes me ashamed to be an American.
Lt. Garber: Go away, will you, Frank? Go play with your trains.

sábado, 26 de enero de 2008

Primer Aniversario


Pues hace cosa de un año publicaba por primera vez unas cuantas líneas y entraba de lleno en el extraño, inquietante y a veces interesante mundo de la blogosfera. Animado por un caro amigo quién, imagino, estaba cansado de que le saturara el correo con mails sobre tal o cual grupo o esto y aquello otro, comencé esta Cinta de Moebius que no deja de renovarse y de interconectarse. Un propósito inicial era tratar de iniciar a los incautos que cayeran por aquí en cosas que me han interesado desde siempre y que la gran masa suele ignorar. No sé si lo estoy consiguiendo o no, pero, como decía David Bowie en su inmortal "Space Oddity", yo no sé donde voy pero creo que la Cinta sí lo sabe. Y aquí estoy, un año después, enriqueciéndome de otras gentes y otros blogs, y tratando de enriquecer, pervertir o ambas cosas a la vez, las mentes de ustedes, los lectores. Esto es solo el principio. Un tal Reagan solía decir: You ain't seen nothing yet. Pues eso. Ha llegado la hora de celebrarlo: vayan a un concierto, vean una buena película, dróguense o no, beban, beban agua, ingieran kebabs o langostinos, hagan el amor en un probador, con su pareja o con algún desconocido, hagan lo que quieran, pero que sea en mi honor. It's my party and I'll cry if I want to, cry if I want to...

"Don't Stop Me Now". Una de mis predilecciones para celebrar acontecimientos y alejar las negras nubes de mi cielo.

El mago (1978)


¿En que andaría pensando Sidney Lumet para meterse en un fregado semejante? Parece que el hombre realmente trabajó con estusiasmo en el proyecto, pero no se me ocurre peor manera de cerrar una década tan brillante como la que firmó allá en los 70. Desde luego El mago no es Una tarde perros. El poder letal de esta cinta sirvió para dar al traste con todo el fenómeno blaxploitation. ¿Estaría financiada por la CIA?

Hubo alguien que tuvo la feliz idea de montar un musical en Broadway basado en la clásica historia de El mago de Oz, pero adaptándolo a la realidad afroamericana y contando sólo con cantantes y bailarines de color. El capo de la Motown, Berry Gordy, quería llevar el musical a la gran pantalla mediante la Motown Productions, la filial cinematográfica y televisiva de la famosa compañía negra de discos.
En un principio Gordy quería a la misma protagonista de musica para interpretar a la virginal Dorothy. Pero la manipuladora Diane Ross se metió de por medio y convenció al productor Rob Cohen para ofrecer un trato de producción con ella como máxima estrella. ¿Una Ross de treinta y pico años haciendo de Dorothy? ¡Es la magia del soul! El director inicial consideró que aquello no tenía lógica y abandonó el barco. Sidney Lumet, que no sé si necesitaba pagar la hipoteca o andaba despistado, se encargó de la dirección.
Aparte de la señorita Ross y algunos supervivientes del reparto del musical se fichó a otra gran estrella (ya desvinculada de la Motown) para que interpretara al Espantapájaros. ¡Y menuda estrella! Michael Jackson, cuando todavía no se había convertido en Wacko Jacko, co-protagonizaría el film junto a la Ross. De mago se puso al cómico Richard Pryor, y un por durante mucho tiempo omnipresente Quincey Jones se encargó de los arreglos musicales junto a una pléyade de músicos y compositores.


Wacko Jacko, un niño grande

Supongo que para disfrutar realmente con El mago o bien se es un hermano negro orgulloso de su raza que odie a Judy Garland, o bien se es un fan acérrimo del funk, el soul y la música disco. Dentro del despropósito no puedo negar que he disfrutado con la experiencia. Hay algunas buenas canciones, destacando sobretodo aquellas en que Jackson cobra protagonismo, aunque otras, especialmente las baladas, son bastante aburridas. Luego está la colección de increíbles caretos de Wacko Jacko y sus antólogicas citas de famosos que se saca literalmente del relleno del cuerpo (?). A los decorados kitsch y los personajes negros pasados de ácido añadan unos diálogos que parecen perjeñados por un esquizofrénico (guión de Joel Schumacher) y escenas impagables como la de la persecución en la estación de metro, ¡donde papeleras y columnas cobran vida y atacan a los personajes! Por no mencionar unos enigmáticos taxis que nunca toman pasajeros y una larga escena en las Torres Gemelas (sí, el mundo de Oz se fusiona con el de Nueva York. ¡Digno de un genio!) con colores y danzas que se alarga hasta el infinito (¡y eso que fue recortada por problemas técnicos!) que deja al mejor relleno de pavo navideño a la altura de una hamburguesa Mac.
Las escenas se entrelazan como se pueden entrelazar las longanizas, y debe ser de los musicales con menos diálogo que he visto en mi vida. Como los peces que beben, aquí cantan, cantan y cantan y vuelven a cantar. Y cuando ya parece que Dorothy va a volver a casa, ¡se pone a cantar de nuevo! Espectacular, amigos.

Supongo que hay que tener humor para disfrutar con un film tan extraño, pero como ya he dicho admito que he pasado buenos momentos. ¿Repetiría la experiencia? Lo dudo, pero si quieren tener un viaje lisérgico sin necesidad de drogas no dejen de ver El mago, no saldrán defraudados.
Y que alguien me explique si tiene algún significado el que en un film donde todos son negros la protagonista vuelva a casa gracias a una maga blanca.

Leer critica de El mago en Muchocine.net

viernes, 25 de enero de 2008

El hombre que nunca estuvo allí (2001)


Billy Bob Thornton es un tipo afortunado. No solo compartió experiencias varias con Angelina Jolie sino que además ha tenido la oportunidad de trabajar no una sino dos veces con el mejor dúo cinematográfico de los últimos veinte años, los hermanos Coen. En cuanto plante un árbol este hombre ya podrá morirse tranquilo.

Dentro de mi cabeza El hombre que nunca estuvo allí es hasta la fecha la última gran película de los dos hermanos. Crueldad Intolerable fue un inesperado paso atrás en su carrera, Ladykillers sigue siendo una incógnita y el nuevo trabajo con Bardem también se encuentra en lo desconocido. Dicho esto, entremos en la peluquería.

El primer shock al visionar El hombre que nunca estuvo allí es que no se ve por ninguna parte a los Goodman, Turturro o Buscemi. Tampoco se puede decir que se les eche de menos, pero acostumbrado a sus rostros familiares resulta chocante no encontrarlos por ningún lado. También resultó curioso que hubieran dos versiones del film, uno en color y otro en blanco y negro. Parece que algún error en el laboratorio provocó que se editaran copias en color, pero creo que la intención de los dos hermanos era rodarla en blanco y negro.
Y dado que los dos hermanos son unos grandes admiradores del cine negro era lógico que antes o después se decidieran a rodar prescindiendo del color. El resultado, como cabía esperar, fue magnífico. En su novena película los Coen volvieron al film noir más clásico y ya desde el mismo título fabricaron un homenaje a los grandes títulos del género.
Aunque tal vez debiera precisar que la historia en sí parece más un homenaje a esas historias del periodo clásico de la prensa amarillista norteamericana (que supo captar tan bien un film como El ojo público) cuando los lectores corrían a por sus periódicos habituales en busca de nuevas historias sobre amantes asesinados por maridos celosos, secuestros sangrientos o mujeres que envenenaban a su marido para cobrar el seguro. La historia de El hombre que nunca estuvo allí es la de un silencioso peluquero que acabó siendo portada de una revista sensacionalista.



La angustiosa rutina de Ed Crane (Billy Bob Thornton) es una de las peores cosas que le pueden pasar a un hombre: estar atrapado en un trabajo asqueroso y casado con una mujer (Frances McDormand) que se preocupa más de guardar las apariencias y hacer vida social que de la felicidad de su matrimonio. Todo cambiará cuando un cuentista homosexual llamado Tolliver (el único habitual de los hermanos en el film junto a McDormand) le hable de un invento para el futuro: la limpieza en seco. Tan sólo necesita un socio capitalista que le preste diez mil dólares, y el resto será pan comido. El silencioso Crane tiene una duda razonable: seguramente ese tipo sea un estafador, pero, ¿y si estuviera dejando pasar la oportunidad de su vida? Ese dichoso tren que sólo pasa una vez ante nuestros ojos, y que como bien saben los Coen, es la causa de muchos y muy extraños crímenes.
Ed Crane es un fumador empedernido (¡tabú!) y su mujer es bebedora. Y eso no es lo peor. Crane sabe que su mujer es amante del jefe de ella, el fortachón Big Dave (James Gandolfini, ¡ave, Tony Soprano!), que regenta unos prósperos grandes almacenes. Para coger el tren del éxito Crane chantajeará a Big Dave para conseguir esos diez mil dólares. El resto, es historia. Historia al modo de los Coen.

Es increíble la facilidad que tienen esos dos tipos para adaptar los tópicos de cualquier historia a su propio estilo, y el modo en que insertan escenas realmente desconcertantes del modo más natural. ¿En que película de crímenes y juicios podría la salir la típica viuda afligida hablando de alienígenas y platillos volantes y quedar bien? Ése es uno de los talentos de los Coen: saber encajar distintas piezas y que luego el puzzle quede bien.
Como buenos freaks cinematográficos los hermanos siempre dejan pistas y guiños a films clásicos de esos que fascinan a los dos directores/productores/guionistas, y siempre es divertido tratar de dar con alguno. Salvo para aquellos que vivan día y noche en el cine negro, es un juego difícil pero entretenido al mismo tiempo. Por intentarlo no pierden nada.


Scarlett J, pianista cachonda

Otra característica de la cinematografía Coeniana es el humor negro. Si tuviera que definirlo en un plano, eligiría el del accidente de coche a cámara lenta ("el tiempo pasa tan despacio"). Sublime, puro sarcasmo à là Coen. Otras escenas como la de los dos policías que charlan con Crane o la del patólogo también cuentan con ese sutil humor tan propio de los dos hermanos.

Ayer, mientras veía el film de nuevo, me preguntaba qué sería de la carrera de James Gandolfini a partir de ahora. Para medio planeta él es Tony Soprano, y no sé si podrá remediar eso algún día. Al verle sentado como Big Dave, comiendo y hablando, no hacía más que ver los manierismos del mafioso Tony por todos lados. Supongo que Sean Connery sabe de lo que hablo.

Volviendo a la película, otro de los puntos fuertes del film son las escenas del juicio, y el modo en que humorísticamente retratan el mundo de los abogados y la diferencia que supone el tener dinero para un buen abogado o el no tenerlo.



El guión, sin ser tan rico como en otros films de los hermanos, conserva el espíritu trabajos anteriores, aunque es la preciosa fotografía en blanco y negro del habitual Roger Deakins lo que quizás sea lo más destacable de la cinta. Desde luego lo que sí es cierto es que otorga a la historia un toque clásico realmente encantador.

El pelo no para de crecer. Una duda existencial para El hombre que nunca estuvo allí.

¡Londres arde!

London Calling esto, London Calling aquello... ¿soy el único mortal en la Tierra que prefiere a los primeros Clash, tan sucios y callejeros? Sí, London Calling es un buen disco, pero The Clash a pesar de no tener tantos matices me parece mucho más sólido y con canciones más directas. En fin, a veces me pregunto si no soy yo el loco, y sin darme cuenta estoy siguiendo a los locos. Si hay alguien ahí fuera que comparta mi visión sobre The Clash, que me lo haga saber. ¡No es bueno que el hombre esté solo!

Londres arde de aburrimiento. Punks and punkettes, The Clash.

Sin miedo, o si el futebol rockea


El mundo del fútbol y el rock, aparentemente (o quizás no) tan antagónicos, es inevitable que se hayan mezclado en más de una ocasión, ya que el deporte del balompié is everywhere, como Elvis. Desde las andanzas de Rod Stewart comprando equipos de fútbol a los Iron Maiden posando en uniforme futbolístico (¡yeah!) el balón que solía ser blanco y negro ha estado relacionado en una u otra forma con la música del diablo. En los Estados Unidos no sé si el béisbol o ese aburrido deporte conocido como fútbol americano ha tenido la misma influencia en las grandes estrellas del país del rock, pero lo que es en las Islas Británicas (y entre los roadies de AC/DC) parece que levanta igual pasión entre los músicos que los riffs del voyeur Chuck Berry.

En fin, si de alguien tenían que haber aprendido los componentes de la Dama de Hierro es de Pink Floyd, que supieron aunar rock y fútbol de una manera curiosa y elegante, como no podía ser de otra forma siendo lo que eran por entonces. Es uno de mis temas preferidos de la banda inglesa. Su título es "Fearless" y el solemne coro formado por aficionados futboleros es el "You'll never walk alone", himno definitivo de los hinchas del Liverpool.

jueves, 24 de enero de 2008

Zulu (1964)


Ya se lo dije. Yo sólo vine a construir un puente.

La derrota británica en Isandlwana conmovió a todo un imperio, pero ese mismo día, 22 de enero de 1879, en Rorke's Drift, 139 galeses (incluyendo heridos y agregados, y un escocés) marcaron un hito en la historia militar defendiendo una base emplazada en una misión frente a una fuerza zulú estimada en 4.000 guerreros. La película Zulú está basada en los hechos acaecidos aquel día.

Si Amanecer Zulú se centraba en la batalla principal de Isandlwana y presentaba (aunque fuera algo someramente) las razones que llevaron a tal conflicto, Zulú se centra en la gesta del teniente John Chard y sus hombres y en las terribles veinticuatro horas que vivieron enfrentándose a la numerosa fuerza tribal.
La película se abre con una masiva boda zulú en el campamento real donde el reverendo Otto Witt y su hija asisten como invitados. Por unas pocas palabras del reverendo sabemos que el conflicto entre británicos y zulúes está a punto de estallar, aunque cualquier otra referencia a la causa es obviada. Un mensajero interrumpe las celebraciones para informar al jefe Cetshwayo de la victoria en Insandlwana. Ante las noticias alarmantes y viendo su iglesia en peligro, el reverendo Witt parte junto con su hija para avisar al destacamento británico que ocupa la misión.



En las siguientes escenas se nos presentan a los personajes principales de Zulú. El primero es el teniente John Chard, del cuerpo de Ingenieros Reales del ejército, que está levantando un puente sobre un río. El segundo es el teniente Gonville Bromhead, a cargo del puesto militar de la misión. En un principio Chard se nos muestra como un eficiente militar, mientras que Bromhead, que vuelve de una cacería acompañado por unos sirvientes nativos, causa una primera impresión de ser el típico militar aristócrata arrogante. Como se verá más adelante, la riqueza de matices que guardan ambos personajes provocarán que nuestra primera impresión de Bromhead y Chard (así como la que los propios personajes guardan entre sí) vaya cambiando conforme avance la narración.
Bromhead proviene de una familia de tradición militar, mientras que Chard es un ingeniero sin experiencia en el combate. Cuando Witt les informa del inminente ataque zulú, Chard asume el mando debido a que su nombramiento precede en unos meses al de Bromhead. Por lo general, en cualquier película un hecho así augura el desastre, como puede ocurrir en la misma Amanecer zulú sin ir más lejos.
El choque inicial entre los dos oficiales se irá desarrollando a la par que se realizan los preparativos de la defensa de la misión. Bromhead acata las órdenes pero se niega a prestar cualquier otra ayuda a Chard, cuyo desconocimiento de las tácticas zulúes y del terreno es patente. En lo primero es ayudado por un agregado bóer, mientras que en lo segundo se deja guiar por su instinto.
El director del film, Cy Endfield, consigue labrar una interesante interacción entre los dos personajes. La decisión de Chard de quedarse a defender el lugar le convierten primero en una especie de oficial arrogante en busca de la gloria. Después, mientras el teniente dicta unas en principio racionales disposiciones el oficial Bromhead parece actuar en todo momento con cierta displicencia.



Como era tradicional en las películas bélicas de la época, la primera parte del film sirve para ir presentando toda una galería de distintos personajes con los que podemos identificarnos y a través de cuyas vivencias podemos ir conociendo distintos momentos de la batalla y entender sus reacciones y sus sentimientos. Entre todo el grupo de distintos secundarios destaca sobretodo el soldado Hook, un ex-presidiario que se ocupa la enfermería fingiéndose enfermo y que tratará en un principio de eludir cualquier posible riesgo o participación en el combate. Como no podía ser de otra forma, acabará comportándose como un héroe. También hay que citar al sargento Bourne, el típico veterano marcial e impasible, y varios soldados de distinta condición: un ex-granjero que parece preocuparse más por los animales que por sus camaradas, el novato acobardado, el típico borrachín, o el jefe del coro galés, que cobra protagonismo en una de las escenas más curiosas del film. En uno de los breves lapsos de la batalla zulúes y galeses se enfrascan en una lucha musical para ver quién canta mejor y más alto. El galés aprovecha para soltar una de las mejores frases de la película: "Esos malditos zulúes tienen buenos bajos, pero nosotros tenemos mejores tenores". Impagable. Por último, no puedo dejar de comentar la extraña evolución del personaje del reverendo Witt. Del comedido religioso del comienzo de la película asistiremos a una extraña evolución que acabará con un desesperado Witt implorando llevarse a los heridos de allí, soltando versículos como un fanático y, en definitiva, (no encuentro otra forma de describirlo), dando por culo a todos los que están intentando salvar sus vidas. Witt acabará totalmente borracho encerrado en un almacén. Si hay que aplaudir la construcción de personajes como los dos tenientes creo que también es justo hacer notar que Witt da la impresión de ser una figura desdibujada, casi paródica, en medio de un film plagado de sólidos retratos.

Técnicamente la mejor parte de Zulú comienza en los albores de la batalla, destacando los travelling y el uso de la grúa con los que Endfield añade intensidad y una suerte de elegancia decimonónica a la acción. Previamente el director nos ha inquietado con unos extraños rumores y sonidos lejanos que parecen un tren de pisadas, y aunque lógicamente suponemos que son los zulúes, no dejan de parecerme desconcertantes. Sobrecogen las escenas donde el horizonte aparece cubierto de guerreros, sobretodo hacia la parte final, donde Endfield, una vez ya nos tiene picando el anzuelo, nos sorprende tirando del sedal y dejándonos sin aliento por unos momentos.
Junto a la composición de las escenas clave y el estupendo retrato de los varios personajes que componen el film, el director mantiene en vilo al espectador con las contínuas idas y venidas de los zulúes y el desarrollo de la batalla a lo largo de todo un día. Los que gusten de la historia bélica disfrutarán el doble contemplando las distintas tretas guerreras y las contrapartidas tácticas del teniente Chard, en lo que se convierte en un largo y angustioso juego de ajedrez en el que las piezas negras cuentan con una abrumadora infinidad de peones.



Otro interesante aspecto de Zulú es que sus héroes son de carne y hueso, y presentan emociones y miedo, algo que no suele ser habitual en este tipo de films. Si en un principio Bromhead presumía de abolengo militar, más tarde confesará haber sentido pánico. Según avanza la batalla Bromhead irá cambiando de parecer con respecto al teniente Chard, y en un momento de flaqueza éste acudirá en su ayuda. Al final de la cinta, en un memorable momento dramático, Bromhead compartirá sus sensaciones con Chard, quién cerrará un estupendo diálogo con la frase que abre esta crítica.

Zulú fue un proyecto de Endfield y del actor Stanley Baker, que interpreta sobria pero eficazmente al teniente Chard. Ambos pusieron dinero de su bolsillo para financiar esta interesante película bélica, y de hecho Endfield profundizaría en el conflicto británico-zulú firmando el guión de Amanecer zulú, donde la famosa tribu cobraba más protagonismo.
Michael Caine, en el que fue su primer papel protagonista, ejecuta con su precisión habitual la interpretación del aparentemente impasible teniente Bromhead. James Booth, con su imagen de jugador pendenciero, encaja perfectamente como el soldado Hook. Por último, Jack Hawkins, el inolvidable capitán de galera de Ben Hur, interpreta al maniático reverendo Witt.
El film se cierra con un homenaje a los caídos (que no fueran tantos como en el film pudiera parecer) y a los once militares galardonados con la cruz Victoria, un preciado galardón que nunca se ha dado en tanto alto número por una sola acción como en aquella lejana batalla de Rourke's Drift.
Me gustaría cerrar esta entrada recordando una cómica escena de Zulú, aquella en que el impávido cirujano militar pide a unos soldados que rechacen a unos guerreros que tratan de entrar por una ventana de la capilla mientras sigue operando como si tal cosa. Flema británica en estado puro.

Disco del mes: Will Not Be Televised


The Solution. Quédense con ese nombre. Si fuese negro sentiría vergüenza. Vergüenza de que tengan que ser unos blancos los que vengan a recordarnos las grandezas musicales que nos dieron toda una serie de músicos bigger than life no hace tanto tiempo, aunque pueda parecer una eternidad. Cuando hoy en día la música negra parece que se haya reducido al hip hop más hortera y chabacano y el soul haya dado paso a eso llamado "ar an bi" (para mi el R&B es otra cosa), un norteamericano y un sueco han unido sus fuerzas para levantar nuestros culos de las sillas y conmover nuestras almas. Estén atentos: La Solución no será televisada.

No sé si les sonará el nombre de Scott Murphy. Yo desconocía su existencia, aunque se podría decir que es una leyenda entre las leyendas de Detroit. Con su banda The Rationals ya versioneaba a Otis Redding y otros obreros del soul allá por los 60. Estamos hablando de un hombre con una larga carrera a sus espaldas, que incluye la Sonic's Rendezvous Band. Y fue allá por 1998 que este hombre cruzó su camino con un joven sueco que lideraba su propia banda llamada The Hellacopters. Algunos años después Nick Royale y Scott Murphy daban a luz al primer disco de The Solution.
Y este 2008 llega unsegundo álbum tan magnífico como el primero lleno de pasión, energía y melodías tan negras como el betún. Si ya rescatar viejos clásicos soul hubiera sido una locura en estos extraños tiempos que nos toca vivir, Royale y Murphy han tenido los cojones de crear su propia música, y el resultado es increíble. Componen sus canciones, se hacen sus arreglos con ayuda de unos cuantos músicos suecos, y cuando uno escucha Will Not Be Televised regresa en el tiempo a aquellos 60 y 70 cuando gente como Aretha Franklin o James Brown derramaban sudor y talento a destajo. Tal vez crean que estoy loco, pero las canciones de The Solution apenas se distinguen de todas aquellas viejas coplas negras. Una vez más esta banda de blancos nos ha regalado otro estupendo disco, donde es difícil destacar una canción sobre otra. Sigan mi consejo y llenen sus sentidos de bueno y viejo soul, en pleno siglo XXI. ¿Se puede ser más underground?

martes, 22 de enero de 2008

Nazareth

¿Existen fans de Guns 'n' Roses ahí fuera? Triple salto mortal: ¿Le queda a Axl Rose algún fan? Digo esto porque tal vez estén interesados en descubrir una de las influencias básicas del histérico líder sleazy. Esa forma de rugir, esos agudos sucios, tienen un claro referente: la voz de los escoceses Nazareth. Si tienen algún amigo no demasiado ducho en estos grupos, hagan la prueba y pónganles "Razamanaz". Yo lo hice alguna vez allá por los 90 y los resultados eran sorprendentes.

Conviene dejar clara una cosa: estamos ante uno de los mejores grupos de hard rock de los 70. Dejando de lado la anecdótica relación entre las voces de ambos combos, Nazareth son un huracán, con un cantante de esos cuya voz es reconocible entre mil, y con unas canciones que son auténticos clásicos. Hoy en día nadie parece recordarles, ni parece que haya bandas que los citen en entrevistas, pero amigo, Nazareth son grandes. Tuvieron varios hits en aquella magnífica década, pero por alguna razón no consiguieron mantener el nivel de popularidad que otras bandas han tenido. Pero ahí siguen, dispuestos a patear culos cada noche.



Escocia en la transición de las décadas de 1950 y 1960 no se puede decir que rockeara demasiado. Alejadas del centro neurálgico que era Londres y con un circuito bastante pobre, si las bandas escocesas querían sobrevivir tenían que dedicarse a versionear los grandes éxitos de las listas británicas. Allá por 1961, en la pequeña ciudad de Dunfermline, unos cuantos chicos provinientes de bandas skiffle y demás estilos imperantes en la época formaron The Shadettes, una formación que como tantas otras tuvo que comenzar llevando la música popular del momento a las audiencias escocesas. Dos de aquellos chicos, el vocalista Dan McAfferty y el bajista Peter Agnew, conformaron el núcleo de los futuros Nazareth. Para cuando se decidieron a cambiar de nombre completaban la formación el batería Darrell Sweet y el guitarra Manny Charlton (su auténtico nombre era Manuel. ¡La Línea de la Concepción tiene el honor de haber visto nacer a un miembro de Nazareth!). Atrás tenían varios años de duro trabajo en el escenario y aprender nuevos hits cada semana. Con la lección aprendida, era la hora de Nazareth. La banda tomó su nombre del clásico de The Band "The Weight".
Cansados de ser un mojón en un lugar perdido del Imperio Británico hacia 1970 la banda decide trasladarse a Londres con apoyo financiero de padres y familiares y con esposas y familia detrás. Ciertamente, la vida en un pueblo escocés era diferente.
La jugada de moverse a Londres resulto efectiva y no tardan en obtener un contrato discográfico en A&M para grabar su disco de debut, Nazareth. La banda se muestra como un potente combo de boogie rock con raíces bluesy como demuestran los tres primeros cortes: "Witchdoctor Woman", "Dear John" y "Empty Arms, Empty Heart". En este primer disco la banda no se muestra formada del todo, y hay espacio para tiernas baladas de raíces americanas ("I Had A Dream" o "Country Girl") mientras que en otras canciones muestran influencias de los grandes grupos de la British Invansion como Beatles o Kinks. Una buena prueba es "The King Is Dead" o "Red Light Lady", que incluye orquestaciones y acompañamientos de cuerda. "Fat Man" queda como un extraño experimento pseudo-psicodélico que sorprende por un temprano uso del talk box. La única versión del disco es una irreconocible "Morning Dew". Aunque no resultó excesivamente popular en Gran Bretaña, el inesperado éxito del single "Morning Dew" en Francia y una buena acogida del álbum en Alemania permiten al grupo realizar su primera gira europea.
En 1972 la banda publica su segundo largo, Exercises. De forma bastante chocante, el boogie rock desapareció por completo en este disco. Exercises es un típico disco de una banda que todavía no está madura y no sabe lo que quiere. El sonido eléctrico se pierde casi por completo para abrazar las guitarras acústicas y los medios tiempos. Cuando uno escucha el grupo da la impresión de que el grupo buscó encajar en la escena de los Small Faces y otros grupos pop que gozaban del favor del público. Salvo un par de temas que recuerdan a unos primerizos Thin Lizzy (sobretodo por los ingredientes célticos) el segundo trabajo de los Nazareth resultó un golpe de ciego. Sin ser un mal disco ni mucho menos, cuando uno escucha el delicioso slide de Charlton y la rasgada voz bluesy de McAfferty en "Woke Up This Morning" uno se da cuenta de que era en ese proto-hard rock donde estaba el futuro de la banda.
Y una figura clave en la evolución de Nazareth que también consideró que la banda había nacido para rockear duro fue Roger Glover, bajista por entonces de los míticos Deep Purple. Glover se encargó de la producción del tercer trabajo de la banda, Razamanaz, y se encargó de encauzarles hacia un sonido mucho más eléctrico y duro, donde los músicos daban lo mejor de sí. Razamanaz es mi disco favorito del grupo, y significó la eclosión definitiva de Nazareth como grupo un de hard rock a tener en cuenta. Cuando un álbum se abre con un rayo eléctrico como es "Razamanaz" y escucha la desgarradora y aguda voz de Dan McAfferty, esos riffs entrecortados y esa frenética batería de Sweet uno sabe que se encuentra ante un clásico, repleto de guitarras afiladas como cuchillas, solos apabullantes y canciones cojonudas. Todo el disco es una maravilla de principio a fin. Desde la versión del inmortal Leon Russell y su "Alcatraz" pasando por la bluesy versión de Woody Guthrie "Vigilante Man", la adictiva "Bad Bad Boy", la oscura "Sold My Soul", o el que fue su mayor hit hasta entonces, la deliciosa "Broken Down Angel", y otras tantas estupendas canciones (incluyendo el "Woke Up This Morning" de su anterior disco), Razamanaz una obra tan sólida como el plomo. Y por si no ha quedado claro, es mi disco favorito de la banda.
En 1974 ve la luz el cuarto disco de Nazareth, Loud 'n' Proud. Y con Roger Glover de nuevo a los controles la cosa no podía fallar. "Go Down Fighting" abre el disco de manera impecable, como ya lo hiciera "Razamanaz" en el álbum anterior. "Not Faking It" y "Turn On Your Receiver" son otras dos buenas canciones de buen y viejo rock and roll. En "Teenage Nervous Breakdown" la banda revisiona a Little Feat a ritmo de máquina de vapor, algo parecido a lo que hacen con el "This Flight Tonight" de la cantante Joni Mitchell. Aunque para versión irreconocible la oscura adaptación que hacen de "The Ballad Of Hollis Brown" de Dylan. Personalmente Loud 'N' Proud quizás no sea un disco tan redondo como Razamanaz, pero era otro estupendo disco de buen hard rock, un paso firme en su ya imparable carrera.
Ese mismo año (sí, eran los tiempos en que una banda y una compañía de discos parecían capaces de editar más de un álbum en doce meses) Nazareth publican Rampant, quinto LP del grupo, y tercero con Roger Glover como productor. La banda se encuentra en estado de gracia, y abre de nuevo con una potente canción, "Silver Dollar Forger", cuyo riff inicial para una reinterpretación particular del "Raw Power" de los Stooges. Entre alguna que otra balada como "Love and Lost" o "Sunshine" los Nazareth muestran en este disco una sonido más americanizado que nunca. "Shangai'd In Shangai" podría pasar por un tema de los barbudos ZZ Top, y "Jet Lag" recuerda a cualquiera de los muchos grupos de southern rock que reinaban por aquella época. Al final del álbum el grupo se marca una cósmica versión del "Shapes Of Things" de los Yardbirds que fusionan con una composición propia, "Space Safari".
En 1975, tras un descanso para que McAfferty grabe su debut en solitario con la ayuda de Glover, la banda vuelve ya sin el de Deep Purple (el guitarra Manny Charlton le sustituyó) para grabar el que sería su disco por excelencia, el Hair Of The Dog. El tema homónimo que abre el álbum se convirtió en una de sus canciones más conocidas y en una barriobajera letra que convirtió a "Hair Of The Dog" en un perfecto ejemplo de canción a lo "no-se-te-ocurra-joderme". "Miss Misery" parece una pequeña incursión de la banda en el terreno de Black Sabbath, mientras que curiosamente "Changin' Times" tiene un riff muy Purpleliano cuando Glover ya no estaba de por medio. "Love Hurts", la preciosa versión que Nazareth hacen de los Everly Brothers con un McAfferty tocado por los ángeles se convirtió en el mayor éxito de la banda, entrando en los diez primeros puestos de las listas a ambos lados del Atlántico. El álbum se cierra con la experimental "Please Don't Judas Me", un largo tema de casi diez minutos.
A partir de 1976 la banda no llegaría a alcanzar las cotas de calidad de álbumes como Razamanaz o Hair Of The Dog, pero siguió facturando buenos discos de rock en los siguientes años. Ese mismo 1976 editan Close Enough For Rock And Roll, un álbum con buenos temas (con la excepción quizás de "Carry Out Feelings", un extraño pastiche de influencias reggae) que presentaba sin embargo un sonido más relajado y accesible, y Play 'N' The Game, que continuaba el acercamiento de la banda al incipiente sonido AOR pero que seguía conteniendo estupendos temas de hard rock como "Born To Love" o "Somebody To Roll". En el disco también encontramos otra extraña revisión de un grupo ajeno; en esta ocasión les toca a los Beach Boys y su "Wild Honey".
Fuera por la explosión punk o porque la banda dejara de tomarse ácidos, en 1977 Nazareth deciden cortar por lo sano con el sonido "adulto" y los experimentos extraños y vuelven al terreno que mejor conocen: el buen hard rock de toda la vida. Expect No Mercy nos trae de nuevo los grandes riffs y al McAfferty más chillón en cortes como "Gone Dead Train" o "Gimme What's Mine". El talk box de los tiempos de "Hair Of The Dog" regresa en la canción "Kentucky Fried Blues". Y eso no era todo.
En 1978 la banda se decide a emular a los Thin Lizzy e incorporan a un segundo guitarra, Zal Cleminson. No Mean City es pues otro buen álbum en la tradición de estos escoceses pero con el poder añadido de una segunda guitarra lo que les permite jugar con las guitarras dobladas y añadir algo de la contundencia perdida al sonido del grupo.
Nazareth entraban en la década de los 80 con buen pie: aunque en Malice In Wonderland retornaban al sonido más AOR de discos como Close Enough For Rock And Roll, de alguna manera lograban un mejor equilibrio entre su característica garra rockera y un sonido más melódico, aunque en algunos cortes se notaba que la típica producción 80's estaba a la vuelta de la esquina. Esa buena mezcla de pop y rock tal vez se debiera a la producción de Jeff "Skunk" Baxter, el bigotudo guitarrista de Steely Dan, una banda que supo combinar un sonido accesible con unos buenos riffs de guitarra.
Para la grabación del siguiente trabajo de la banda, The Fool Circle, Nazareth retornaron al formato de cuarteto. El guitarra Zal Cleminson había dejado la banda, y su banda se escuchó por última vez en la grabación de directo del tema "Cocaine", el clásico de J.J. Cale que Clapton hiciera famoso. The Fool Circle supuso el primer tropiezo serio de la banda. Si hasta entonces habían jugado con el sonido AOR y las canciones melódicas sin problemas, en este disco las canciones suenan flojas, sin casi pasión. Da la impresión de que de pronto el grupo hubiera acusado la marcha de Cleminson. The Fool Circle tiene alguna buena canción, como "Victoria" o "Dressed To Kill", y la espléndida voz de Dan McAfferty seguía allí, pero a las flojas composiciones había que añadir uno de los grandes cánceres que sufrieron la práctica totalidad de grupos de los 70 en aquella época: la producción. Una batería blanda como el chicle, las guitarras casi desaparecidas, un piano con sonido Casio... lamentable. Aun así uno tiene la sensación de que con un mejor sonido The Fool Circle podría haberse salvado del desastre.



Imagino que la propia banda fue consciente del fiasco que tenían entre manos, con lo que se decidieron a reclutar a un joven guitarrista, Billy Rankin, y al que había sido teclista de Spirit, John Locke. Para despejar cualquier duda Nazareth graban por entonces su primer doble álbum en directo, Snaz. En el disco no sólo demuestran que no estaban acabados sino que sobre un escenario se encontraban en plena forma, haciendo sonar sus viejos clásicos como "Razamanaz", "This Flight Tonight" o "Hair Of the Dog" tan bien o incluso mejor que en sus mejores discos.
En 1982 editan 2xS, un buen disco que hace olvidar al flojo The Fool Circle. Aún conservando ese sonido AOR que hizo mella en tantas bandas clásicas por aquellos años, gran parte de las canciones de 2xS suenan lo bastante poderosas para satisfacer a cualquier fan de los Nazareth. De hecho me atrevería a decir que la voz de McAfferty suena más guarra que nunca. Tras este disco Nazareth se despiden de su compañía de toda la vida, A&M, y fichan por la MCA.
Entre 1983 y 1984 la banda graba dos nuevos álbumes, Sound Elixir y The Catch. Los días de gloria de la banda quedan lejos, y en sus discos las descargas de rock son cada vez más escasas. John Locke deja la banda antes de grabar Sound Elixir, y el guitarra Billy Rankin no tardaría en abandonar el barco algún tiempo después. Nazareth volvían a ser un cuarteto. El grupo era capaz todavía de componer algún buen tema, pero por lo general las canciones con nefasto sonido 80's era lo que dominaba. En 1986 la banda continúa su descenso en picado con Cinema, un disco realmente flojo. La característica voz cazallosa de McAfferty sigue ahí, pero salvo algún tema como "Other Side Of You" en Cinema casi no queda nada de aquellos poderosos Nazareth del pasado. Para entonces el grupo (que había grabado un único disco en la MCA, Sound Elixir) se encuentra con problemas para encontrar una compañía de discos. Mientras grupos como Guns 'n' Roses, que habían sido influidos por bandas como los propios Nazareth, reinaban en los charts, las huestes de McAfferty se encontraban en su nivel de popularidad más bajo.
Lo último que necesitaba la banda era un disco como Snakes And Ladders, un pastiche de producción discotequera horrorosa indigno de alguien como ellos. El disco se editó en Europa a través del sello Vertigo pero en Inglaterra ni siquiera fue publicado. Ante el despropósito del álbum y la falta de apoyo de las compañías las tensiones comenzaron a hacer mella en el grupo. Tras un tour por Rusia (supongo que era el último lugar dónde aún le quedaban fans a la banda) Manny Charlton abandona la banda. El resto del grupo decidió continuar readmitiendo a Billy Rankin en las filas de la banda.
Con el auge del grunge y la nueva popularidad del rock Nazareth regresaban en 1991 con No Jive, un correcto disco de rock que servía para traer de nuevo a unos Nazareth con ganas de rockear. Aun así, la banda aún arrastraba parte de ese horripilante sonido 80's que casi había acabado con el grupo. Necesitaban un disco contudente y rockero que demostrara a sus fans que Nazareth habían vuelto para quedarse. Tras un recopilatorio, en 1995 la banda demuestra que va en buen camino con el álbum más solido en mucho tiempo, Move Me. Rankin había dejado la banda, pero McAfferty y Peter Agnew encontraron un más que sólido substituto en el guitarrista Jimmy Murrison. Pero fue en 1998, con Boogaloo, cuando la banda demostró que los malos tiempos habían quedado atrás. Y fue justo entonces cuando en 1999, durante una gira, la banda perdió a Darrell Sweet. Un ataque al corazón se lo llevó de este mundo para siempre.
A pesar del golpe una vez más el grupo salió adelante. Con sólo dos miembros originales Nazareth reclutaron al hijo de Agnew para que tocara la batería y continuaron lanzando discos, girando y tocando. Sus días de gloria quedan lejos, pero estoy seguro que en directo siguen sonando poderosos y la voz de McAfferty sigue rasgando el aire como sólo él (y su díscipulo Axl Rose) puede hacer. I pulled into Nazareth...

lunes, 21 de enero de 2008

El gabinete del doctor Caligari (1920)



Bueno, ha tardado más de lo que creía, pero aquí está. Me preguntaba cual sería la primera película muda que aparecería por aquí. ¿Tal vez algún título de los pioneros Griffith o Eisenstein? ¿Algún clásico de estrellas cómicas como Chaplin o Buster Keaton? ¿Algun film mudo de John Ford? ¿O tal vez algún viejo film expresionista alemán? Finalmente han sido los teutones los que por una vez han logrado la victoria. Señoras y señores, retrocedan conmigo en el tiempo y viajen a la recién nacida República de Weimar, inmersa en una crisis económica y social de dimensiones épicas, pero, como suele suceder en estos casos, repleta de artistas y nuevas vanguardias que harán de Alemania uno de los referentes culturales europeos. En los grandes estudios alemanes se está llevando a cabo una revolución. Abran las puertas del viejo Decla-Bioscop, una pieza más del engranaje más de la mítica UFA. Entren en el inquietante mundo del doctor Caligari.



Un buen día Berlín amaneció con posters en las paredes que rezaban una sola frase: Du mußt Caligari werden! (¡Debes convertirte en Caligari!). Los alucinados berlineses debieron de rascarse la cabeza intentando descifrar el significado de aquella frase. El 26 de febrero de 1920 el misterio quedó disuelto. Se estrenaba en la capital germana El gabinete del doctor Caligari.

Como toda gran obra artística El gabinete del doctor Caligari ha suscitado estudios, críticas y teorías ofreciendo diversas interpretaciones sobre el trasfondo de su historia y su importancia dentro del cine europeo y mundial. Suele haber consenso en considerar a este clásico mudo como el inicio del movimiento expresionista alemán en el cine y la primera película de horror (o al menos el horror cinematográfico tal y como lo conocemos hoy) de la historia.
El productor Erich Pommer habría querido que Fritz Lang se encargara de rodar la extraña historia escrita por Hans Janowitz y Carl Mayer, pero ante la imposibilidad de que el creador de Metropolis se pusiera tras las cámaras el proyecto fue a parar a las manos de Robert Wiene. El historiador Siegfried Kracauer generalizó la teoría de que Janowitz y Mayer se habían basado en los horrores vividos en la Gran Guerra para parir un guión de tintes anti-sistema que el director Wiene acabaría pervirtiendo. Corrientes más modernas han desacreditado esos hechos. Fuera cierto o no, lo cierto es que la revolución de El gabinete del doctor Caligari no fue de corte político sino cinematográfico.
Robert Wiene, cuyo trabajo había sido al parecer bastante discreto dentro de la UFA, sorprendió a propios y extraños con un film que aunque no perdía de vista la comercialidad (¿algúna película la perdió alguna vez?) introdujo toda clase de elementos artísticos de las corrientes modernistas y construyó una narración con dos historias paralelas realmente intrincadas. Nunca deja de sorprenderme que un film tan antiguo pueda llegar a seguir teniendo vigencia hoy en día, pero así es. Si no hace mucho hablaba de los sorprendentes finales de Shyamalan, resulta curioso ver que giros argumentales de ese tipo son tan viejos como el propio cine.



La trama de la película, someramente, es así: un tipo llamando Francis se encuentra sentado en el banco de un parque charlando con otro hombre. Cuando una bella joven que parece caminar en estado catártico, el joven se dispone a narrarle una historia sobre él y esa joven ocurrida tiempo atrás. Francis y su amigo Alan están enamorados de la bella Jane. Mientras dejan a su elección quién será el afortunado y se juran amistad eterna, un extraño hombre que se hace llamar Caligari pide una licencia para tener un puesto en la próxima Feria de la ciudad donde se mostrarán toda clase de inventos, artilugios y fenómenos.
Francis y Alan acuden a la Feria, mientras Caligari habla a las masas sobre su espectáculo: el caso de un sonámbulo llamado Cesare que llevaba durmiendo años y años. Ante el asombro general, el doctor Caligari anuncia que el durmiente despertará ante sus ojos y entonces podrán formularle cualquier pregunta. Cesare tiene todas las respuestas. Cuando el sonámbulo abre los ojos, Alan le interroga sobre la fecha de su muerte. Cesare le dice que morirá esa misma madrugada.
Cuando el terrible hecho finalmente sucede, un apesadumbrado Francis acude a darle la terrible noticia. Con otros extraños crímenes sucediendo en la ciudad, Francis, con ayuda del padre de Jane, tratará de averiguar la conexión entre Cesare, Caligari y los asesinatos. Más adelante, Jane, preocupada por la ausencia de su padre, acude al doctor Caligari. Éste la engaña para que entre en su particular barraca de feria, y allí será atacada por Cesare. A partir de entonces Francis tratará de desentrañar el secreto que se esconde tras Caligari y Cesare.



La mayor parte de la narración de El gabinete del doctor Caligari es, pues, un gigantesco flashback que a su vez contiene otra vuelta atrás en la línea temporal en las escenas en que Francis lee el diario de Caligari. A esa particular estructura narrativa hay que añadir toda esa atmósfera onírica y a la vez depresiva en que se mueve el film. Los decorados de clara influencia modernista son hirientes, cargados de hostilidad. Ángulos imposibles, esquinas afiladas, extrañas sombras y líneas retorcidas... parece como si toda la ciudad expresara la intranquilidad de Francis, mientras que por contra Caligari y Cesare pueden llegar a parecer por momentos extraños objetos en movimiento, árboles y rostros que en un tiempo fueran parte de la ciudad y ahora hubieran cobrado vida. Cesare, acompañado por las sombras, con ese extraño maquillaje que le hace parecer un bailarín retorcido de algún loco show de Alice Cooper, es el epítome de los villanos del género de horror. Desde el monstruo de Frankenstein al silencioso Michael Myers, todos guardan algún paralelismo con el inquietante sonámbulo.
Y es que El gabinete del doctor Caligari fue el primer paso de todo aquel movimiento expresionista que tanto influyó en los viejos clásicos de horror de la Universal, y por ende en la práctica totalidad de films de horror que se han rodado desde entonces. Janowitz y Mayer fueron los primeros en recoger la semilla de ciencia y horror plantada por Mary Shelley y la trasladaron al cine. Por decirlo así, El gabinete del doctor Caligari es al mito de Frankenstein lo que Nosferatu fue al del Drácula de Bram Stoker, sólo que la cinta de Wiene sí constituye una modernización de la figura clásica mientras que en la obra de F.W. Murnau la película se ajusta mucho más a la historia original. Y es que El gabinete del doctor Caligari va más allá del monstruo y el científico loco para jugar con el factor psicológico, elemento clave del film. Todo lo que ocurre en la narración de Francis, desde los maníacos decorados hasta los mismos rótulos (en la restauración de 1996 se trató de respetar los chillones rótulos originales), pasando por los personajes, especialmente los de Caligari y Cesare, depende de la psicología. Entrar en el mundo de este film es viajar al fondo de la psique, al inconsciente, al interior de la mente humana. Por eso, y por muchos otros motivos que ustedes deberán descubrir, El gabinete del doctor Caligari figura como una de las referencias ineludibles del cine clásico mundial.


Leer critica de El gabinete del doctor Caligari en Muchocine.net