lunes, 31 de marzo de 2008

Chicas en bikini con ametralladoras


The Cramps, un grupo definitivamente diferente, con todo un mundo propio forjado a base de rock and roll y serie B que además ha facturado algunos de los mayores clásicos del psychobilly o rock de ultratumba al viejo estilo. Además el núcleo de la banda lo constituye una de las parejas definitivas de la música del diablo: Lux Interior, el frontman pálido y enfermizo definitivo, y la guitarrista Poison Ivy, una mujer diferente con un gran sex appeal. Sólo alguien como los Cramps podían mejorar el concepto de una chica en bikini, y era añadiéndo unas metralletas a la escena. "Bikini Girls With Machine-Guns", el concepto de lo nuevo según The Cramps.

sábado, 29 de marzo de 2008

Crosstown Traffic

De los videoclips que se han hecho con canciones de Jimi Hendrix probablemente el mejor sea el de "Crosstown Traffic", porque la verdad es que videos como el de "Fire" o "Dolly Dagger" la verdad es que eran bastante cutres. Aparte de la canción en si, que es genial, y ese particular sonido obtenido de la vieja técnica del peine y el papel, siempre me ha alucinado la secuencia donde un tipo armado con un cuchillo va detrás de otro. ¿Qué demonios habría pasado ahi? Delirante.

jueves, 27 de marzo de 2008

Llámame Peter (2004)

Si ya de por sí resulta casi imposible plasmar en celuloide una gran novela o la vida de una persona, el reto de filmar la biografía de una figura tan compleja como Peter Sellers se antoja algo sólo al alcance de unos pocos. El director Stephen Hopkins sin embargo se lanzó a ello en una coproducción norteamericano-británica para la televisión, y para ello se basó además en una controvertida biografía, The Life and Death of Peter Sellers. Así que lo mejor sería tomar la película como algo en sí mismo, tratando de olvidar de que Peter Sellers fue un actor de carne y hueso cuya altura artística supera toda comprensión.

En Llámame Peter (un título bastante descafeinado por otra parte) nos encontramos a un genio encerrado en el cuerpo de un ciudadano medio británico que ha vivido a la sombra de su posesiva y ambiciosa madre, Peg, casada con un hombre al que ha subyugado y convertido en casi una sombra. El mencionado genio, Peter, trabaja en un programa radiofónico de comedia en la BBC. Deseando ampliar sus horizontes artísticos, Peter acude a todo tipo de audiciones sin demasiada suerte. Un hombre de físico normal y escudado tras unas antiestéticas gafas no parece que pueda ser actor de cine. "Tal vez debería contentarme", dice Peter. Pero eso es algo que su madre no puede permitir. Nada de ser una medianía como el viejo Bill. El hijo de Peg tiene que llegar a lo más alto.
Será entonces cuando Peter se presente a una audición para interpretar a un sexagenario hombre agobiado por los problemas. Obviamente apenas si logra pasar por la puerta de la agencia. Será entonces cuando el actor protagonice una de sus anécdotas más famosas volviendo a la misma agencia pero esta vez totalmente caracterizado como un decrépito anciano que parece encajar totalmente en el papel. Es el comienzo de todo lo que vendría después.

Y lo que vino fue un descomunal éxito en Gran Bretaña, donde el tal Peter participa en todo tipo de comedias y películas donde se funde con cada personaje, ejerciendo de transformista cinematográfico. Su fama le permite darle lo mejor a su mujer Anne y sus hijos, y todos se trasladan a una gran mansión para vivir en paz y armonía.
Es entonces cuando vemos que no todo es tan brillante en la vida de Peter como su carrera. El actor se encuentra fascinado por un mundo al que pertenece, el del cine y el glamour, al tiempo que parece sentirse en todo momento fuera de lugar. Sus propias fobias le llevan, como a un barco en una tormenta, de un lado para otro, cambiando drásticamente de humor y pudiéndose mostrar tan encantador como terrible, como bien sabrá su hijo cuando pinte una raya uno de los Rolls Royce de su padre. Al mismo tiempo Peter sueña con vivir la vida de las grandes estrellas cinematográficas: rodearse de mujeres bellas, acudir a fiestas, ser un seductor en la pantalla... pero en el espejo de su realidad se refleja un matrimonio con una buena mujer aunque de físico totalmente normal, una vida familiar en vez de locas parties y la imagen de un actor algo gordito que para su desgracia tiene que llevar gafas. Cuando Peter trabaje con uno de los grandes mitos eróticos de su tiempo, Sophia Loren, fantaseará con llevársela a la cama. Pero la realidad le dará un nuevo guantazo, y además en forma del productor Carlo Ponti, lo que debía ser el doble de terrible. Y será con esa otra realidad, la de sus sueños, con la que hará el amor, en este caso en forma de la doble de la señora Loren.

El Peter Sellers de Llámame Peter es un hombre que ha crecido bajo la sobreprotección de su madre y que por tanto no puede encajar que la realidad no se ajuste a su particular molde, a su concepción de lo que debería ser su vida. Vida que por otra parte parece estar vacía, sin sus múltiples personajes y caracterizaciones. Parece como si el mundo entero no parara de tomar cosas del pequeño Peter sin dejar nada a cambio. Al igual que su particular gurú, el vidente Maurice, es como si todos quisiéramos algo del actor (dinero, talento), salvo a él mismo. O esa es la idea que Peter tiene en su cabeza y no puede soportar. Como si más que la fama o los aplausos buscara la aprobación de la gente.
Mientras Maurice le saca el dinero (y así su influencia de consejero de lo paranormal parece tambiénser la explicación tras las varias secuelas de La pantera rosa) y Peter fracasa en sus matrimonios, también su relación con su madre se va deteriorando, sobretodo tras la enfermedad y muerte de su padre, de la que Peg no le ha informado. Peter no dudará en pagarle con la misma moneda.

En fin, si ése fue o no el Peter Sellers real, lo dejo al criterio de cada cual. Ahí fuera hay biografías, documentales y testimonios seguramente mucho mejores que esta película para ello. Personalmente lo que más me ha llamado la atención son las interpretaciones y el que no esté rodado como un biopic al uso. Comencemos por la gran baza de la película: Geoffrey Rush.
Admito que no soy muy objetivo con este actor. Años ha me subyugó cuando le vi en Shine, y desde entonces me gusta siempre que le veo, sea en Elizabeth o Shakespeare enamorado, la saga de los piratas o en un desastre mayúsculo como El rey arturo, donde sólo le faltaba la camiseta de Manowar para dar el toque definitivo al conjunto. Rush me parece un actor de enorme talento, aunque es evidente que ha elegido ganarse la vida bien y con ello le vemos perdiendo el tiempo en muchos trabajos olvidables, pero cuando un buen papel cae en sus manos pocos pueden hacerlo tan bien como él.
Y no olvidemos que en Llámame Peter el bueno de Rush se está metiendo en la piel de un gigante como Sellers, y salir no sólo airoso del trance sino el conseguir un gran mimetismo demuestra que es un gran actor y que parece tener una especial facilidad para meterse en la piel de personajes reales. Quizás no alcance el nivel del David Helfgott de Shine, pero su particular caracterización del genial actor británico resulta estupenda, aunque sigue habiendo un abismo entre ambos.
Junto a Geoffrey Rush tenemos una particular forma de acercarse al universo de Peter Sellers mediante la forma en que se ha rodado la película, en la que Rush (o Sellers) ejerce de coro griego y habla directamente al espectador transformándose en esos mismos personajes que fueron o son reales: los padres de Peter, sus mujeres, Blake Edwards... es como si Peter Sellers hiciera de Rush que a su vez interpreta a un personaje y a varios al mismo mientras también se mete en la piel de hombres y mujeres de carne y hueso que al mismo tiempo son, a su vez, personajes... algo confuso quizá, pero se podría resumir como un biopic de Peter Sellers inmerso en una película de un Sellers falso.
En el resto del reparto destacan Emily Watson (¿lo mejor que nos ha dado el señor Trier? probablemente) como la primera mujer de Sellers, además de la espectacular Charlize Theron que da vida a la segunda mujer del actor que fue mujer de singular belleza también, Britt Ekland. Y además actúa bien y sin necesidad de emplastes ni cataplasmas. John Lithgow deja aquí sus espectaculares histrionismos de padre marciano y nos ofrece a un curioso Blake Edwards, mientras que el siempre elegante Stephen Fry es el aprovechado gurú visionario. Hay otros cameos de personajes famosos a lo largo de la película, y de todos seguramente el que menos me convenza sea el de Stanley Kubrick.
Y poco más resta por decir. Si son incondicionales de alguno de los actores citados seguramente quieran ver Llámame Peter. Otros quizán prefieran revisionar alguno de los clásicos de Peter Sellers, lo cual evidentemente no puedo reprocharles. Yo de ustedes le daría una oportunidad a la película, aunque sólo sea por curiosidad.

Goodness Gracious Me


Peter Sellers y Sophia Loren, una extraña combinación que convertida en música puede resultar todavía más delirante. "Goodness Gracious Me" fue un extraño artefacto en forma de single que se usó para promocionar The Millionairess, una comedia ligera británica donde actuaban el comediante y la bella italiana. Resulta de lo más curioso las cosas que podían llegar a ser populares en aquellos días (supongo que dentro de cuarenta años pasará lo mismo con las canciones que suenan hoy por la radio), como esta canción, que por raro que parezca llegó a pegar fuerte en la Gran Bretaña de la época. En fin, ya era hora de que el pop sixties más amorfo apareciera por esta Cinta de Moebius, sobretodo cuando sirve como excusa para contemplar a la Loren en la portada del sencillo. Grrrruau!

martes, 25 de marzo de 2008

Shaft (1971)

Bien, chicos y chicas, colocaros bien las patillas y los peinados afros y enfundaros en vuestros pantalones de campana y chaquetas de cuero, porque es hora de patearse las calles de Harlem en pos del detective más cool de todos los tiempos; el único e inimitable John Shaft. Can you dig it?

Es 1971 y los tiempos de Hattie McDaniel quedan muy lejos. La comunidad negra se ha dejado oír, y entre Vietnam y la lucha por la igualdad de derechos ha habido muchas broncas y muchos conflictos sociales. Disturbios, fuego, los Panteras Negras hablando de responder a los golpes... evidentemente toda aquella excitación había de tener antes o después un reflejo en el mundo del cine. Sweet Sweetback'sBaadasssss Song, el film de Melvin Van Peebles, fue la primera señal de que había un nuevo género listo para ser servido a la comunidad negra y, en realidad, a todo aquél que estuviera dispuesto a altas dosis de acción, sexo y lenguaje callejero. La Blaxploitation era un género hecho por negros para, teóricamente, un público negro. Se habían vuelto las tornas, y en ésta ocasión los héroes eran de color caoba, mientras que los blancos eran los villanos o los tontos. Seguramente Martin Luther King no habría aprobado la imagen que se daba de los de su raza en aquellos filmes, pero lo cierto es que reportaban dinero, y si para ello había que llenar la pantalla de poderosos narcotraficantes, rudos detectives y tíos superduros dioses del sexo, pues se llenaba y punto. Y aquel 1971 el gran boom que daría a conocer al mundo el nuevo género llevaría el nombre de John Shaft.

Titulada en estas tierras como Las noches rojas de Harlem, la película que presentó a Shaft al mundo era producto de una figura atípica, la de Gordon Parks, un hombre hecho así mismo que se labró un gran prestigio trabajando como fotógrafo para la revista Life tras la Segunda Guerra Mundial. Su estilo visual y la temática de sus trabajos (centradas en muchas ocasiones en denunciar desigualdades sociales y la otra realidad de las calles) impactaron a unos bienpensantes lectores de la famosa revista que seguramente nunca habían visto a pandilleros callejeros de Harlem, a trabajadores de color con pintas de ser viejos sirvientes o a niños moribundos en las favelas brasileñas. Por supuesto durante los años 60 Parks retrató a los grandes "hermanos" de su tiempo como el reverendo King, Mohamed Ali o a Malcom X, aunque por supuesto también trabajó en todo tipo de encargos, como el de retratar a una de las damas de sociedad por excelencia, Gloria Vanderbilt.
Mucho se podría decir de Parks, pero de momento bastará con decir que en 1969 fue el primer afroamericano en dirigir para una major, en este caso la Warner Brothers, cuando adaptó para el cine The Learning Tree, un libro poemario escrito por él mismo algunos años atrás. Su siguiente proyecto sería, claro que sí, la historia de un superdetective que se enfrenta al difícil día a día en las calles de Harlem.

Otro de los elementos imprescindibles de la película es su distintiva banda sonora, sin la cual una película como Shaft habría sido muy distinta. En aquellos primeros títulos de Blaxploitation aparte de los elementos fílmicos destacaban unas excelentes bandas sonoras compuestas a cargo de grandes nombres de la música negra como James Brown o Curtis Mayfield. En este caso tenemos la canción Blaxploitation por excelencia, con una mítica introducción a base de wah wah que se reconoce en cualquier lado. Y es que el talento del Moisés Negro es tan brillante como su calva cabeza. Isaac Hayes fue el hombre que le dio el toque distintivo a la película aportando su talento y una música que encajaba perfectamente con el tono de la historia. En un principio Hayes se había presentado a las audiciones para el papel de Shaft, y aunque no lo logró sí consiguió el encargo de componer la banda sonora. Y los resultados difícilmente podrían haber sido mejores.

Caminando por las calles de Times Square, entre los rascacielos y las tiendas, los coches y los cubos de basura, aparece John Shaft al potente ritmo de la música de Hayes. He aquí cuando vemos al tercer acierto de la película: su protagonista. Resulta casi imposible imaginarse a otro actor interpretando al detective negro; aunque en ese extraño remake Samuel L. Jackson fuera un sobrino, nada puede hacer frente al magnetismo y el carisma del único Shaft posible, el inimitable Richard Roundtree, quien supo dotar al personaje de la chulería, fuerza y simpatía precisas para modelar a un icono 70's a la altura del Tony Manero de Travolta. El Shaft de Roundtree era una especie de respuesta negra al James Bond blanco: al igual que el agente al servicio de Su Majestad, el detective tenía tiempo para el amor mientras trataba de resolver sus casos en las duras calles del Harlem. Blancas o negras, por supuesto todas las mujeres caían rendidas a los pies del macho man de ébano.

Pasearse por el mundo de Shaft es como dar un seguro paseo por unas sucias y violentas calles repletas de chulos, camellos, prostitutas y mafiosos, a los que el detective se quita de enmedio con su estilo particular.
Caminando de un lado para otro Shaft habla con sus contactos repartidos por toda la ciudad (desde el quiosquero ciego hasta el chivato interpretado por el mítico Antonio Fargas), visita a sus amantes y se mete en unas cuantas peleas. En la primera película un capo de la mafia negra de Harlem le encarga a Shaft que encuentre a su hija secuestrada. En realidad el secuestro de la niña es una especie de McGuffin à là Parks, pues de lo que se trata aquí es de ver a Roundtree pateando unos cuantos culos y seduciendo a dos o tres mujeres. Y todo ello con un estupendo pulso narrativo y un convincente retrato de las calles de Nueva York que calaría hondo en películas posteriores y sobretodo en las grandes series de policías y detectives de los 70 como Starsky y Hutch, aunque paradójicamente la serie inspirada en el film fue un rotundo fracaso y apenas duro unos cuantos capítulos.
La conciencia negra es una constante a lo largo de toda la cinta. Aunque en películas posteriores cargarían más las tintas contra los blancos, en Shaft tanto héroes como villanos son de color, (bueno, hay también unos cuantos mafiosos italianos), pero podemos encontrar en el sargento de policía Hannon al único personaje blanco de relevancia, y cuya única función es la de bailar al son del detective Shaft y aguantar las bromas y desplantes de éste, cosa que seguro hizo las delicias de la audiencia negra.

Con todos esos ingredientes no resulta de extrañar que Shaft fuera un gran éxito que lograra recaudar mucho más que lo que costó producirla. La película de Gordon Parks abrió los ojos a muchos productores y cineastas que se lanzaron a una frenética carrera para conseguir su porción del pastel de Blaxploitation antes de que el fenómeno se disipara (cosa que no tardó en ocurrir). El propio Parks rodó una secuela, Shaft vuelve a Harlem, aunque ya nada tuvo que ver en la delirante Shaft en África. Como ya he comentado, la serie de televisión dio para poco.
John Shaft, un hombre (negro) para la eternidad.

jueves, 20 de marzo de 2008

Hail! Hail! Rock 'n' Roll (1987)


Un joven músico y su banda tuvieron su día de suerte al saber que telonearían a dos colosos de la música como son Jerry Lee Lewis y Chuck Berry. Como siempre, Berry supuestamente iba a tocar con una banda local, pero aquel joven habló con el promotor y le convenció para que le dejara tocar con el maestro.
Comienza el concierto. Media hora y el pequeño grupo deja pasado a Jerry Lee Lewis. El público enloquece y The Killer acaba subido sobre su piano. El tiempo pasa y Chuck Berry no aparece por ningún sitio. La hora de la actuación se acerca. El nervioso promotor pide al joven músico que salga con su banda. "Ni hablar, tío", contesta. "Esperan a Chuck, es lo que quieren ver". Cinco minutos antes de la hora de la actuación llega el viejo Chuck, solo, acompañado tan sólo por el estuche de su guitarra. La saca, la afina, y sale al escenario junto a la joven banda. El cantante le pregunta sobre las canciones que van a tocar. "Canciones de Chuck Berry". El público grita como loco. El joven intenta averiguar el repertorio, pero Chuck no parece escucharle. Comienza a marcar el ritmo con un pié y ataca con una de sus canciones. La banda se coge como puede. Tonos extraños, cambios imprevistos, notas desafinadas... todos intentan seguir al bajista. Bienvenidos al mundo de Chuck Berry. La historia la relata aquel mismo joven, convertido hoy en una gran estrella de rock. Su nombre es Bruce Springsteen. Saluden al señor rock and roll, Mr. Chuck Berry.

En 1986 Chuck Berry iba a cumplir 60 años. Uno de sus mayores y más famosos admiradores, Keith Richards, organizó un concierto de homenaje para su ídolo. Hastiado de ver siempre a Chuck tocando desafinado y haciendo lo que le da la gana, el bueno de Richards le monta una banda para que suene de una forma decente por una vez. El Rolling Stone se pone a la rítmica y se rodea de algunos viejos conocidos como son Bobby Keys y Chuck Leavell, su mano derecha en solitario, Steve Jordan, y el bajista Spampinato. Un colaborador de lujo será Johnnie Johnson, el viejo pianista y colaborador de Berry con quien éste comenzara su carrera, muchos años atrás.
Varias estrellas como Etta James, Eric Clapton, Robert Cray se añadirán a la fiesta en directo. Julian Lennon, el hijo del gran John, también se pasará por allí, aunque quizás habría sido mejor llevar a algún reconocido artista.

Aparte del concierto en St. Louis que le montó Richards en Hail! Hail! Rock 'n' Roll podemos disfrutar de viejas historias relatadas por el propio Berry sobre su vida, entrevistas, y un trio atómico del rock and roll (Berry más Little Richard y Bo Diddley) analizando la vida de los músicos negros en los 50 y relatando divertidas anécdotas.
Quizás la parte más divertida de la película sean los ensayos grabados con el viejo gruñón de Chuck y un Richards tratando de ser profesional y tocar las canciones como es debido. Es impagable ver a Berry protestando y diciendo que nadie toque su amplificador, mientras Keith le dice que es necesario porque si no no sonará bien en la película. "¡A mi sólo me interesa como suena aquí!", dice Berry. Y el colmo es ver a un desesperado Richards tratando de enseñar a Chuck como se toca "Oh Carol". Como dice Keith, es muy difícil tocar con Berry, pero es un gran tipo y hay que amarle.

Hail! Hail! Rock 'n' Roll es un documento imprescindible para cualquier seguidor del rock y de su arquitecto Chuck Berry.


¡El ligado empieza aquí, Keith!

Ritual de nacimiento

Una tarde sin nada especial que hacer. Como veo que echan Singles (película conocida por aquí como Solteros) y hace eones que no la veo decido aposentarme en el sillón y disfrutar de una dosis de romanticismo a lo grunge. Es una película correcta que habría mejorado si hubieran dado más cancha al cachondo personaje de Matt Dillon y su particular troupe hecha de miembros de Pearl Jam y a su chica Brigitte Fonda, porque la verdad es que la historia principal de amor entre moreno y rubia es bastante aburrida. En fin, que ver Singles siempre me trae buenos recuerdos, y es triste ver a unos Alice In Chains en su mejor momento sabiendo que Layne Staley ya no está entre nosotros. Y si las huestes de Jerry Cantrell reinan por todo lo alto los Soundgarden no les van a la zaga. Seguramente sea el momento más potente de toda la película: Chris Cornell con su clásica imagen descamisada y su aspecto de Mesías derrochando voz y carisma mientras Kim Thayil y Matt Cameron aporrean sus instrumentos. Y la canción inédita "Birth Ritual" es tan primaria como excelente. Sin duda es uno de los mejores ejemplos de la potencia vocal de la que hacía gala el Cornell de los buenos tiempos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Glengarry Glen Ross (1992)


Éxito. ¿Giran nuestras vidas entorno a esta palabra? ¿Hablamos de un mismo concepto, o hay distintos tipos de éxito? Quisiera pensar que lo ideal sería que el único éxito que contara fuera en aquello que nos hace felices y nos hace sentir vivos. Ninguna búsqueda del éxito debiera ser forzada. Pero en un sistema en que el dólar reina la palabra clave lo es todo. Y, lamentablemente, en la mayor potencia mundial parece que el éxito tiene mucho que decir. Glengarry Glen Ross es una terrible disección de la presión a la que ven sometidos muchos tipos de vendedores (en este caso, de parcelas y terrenos) en su contínua, triste y nunca satisfecha búsqueda del éxito en forma de ventas. Como una especie de Sísifo moderno, una vez realizada una venta, por muy jugosa que sea, no hay tiempo para el descanso. Es el ABC del vendedor: Always Be Closing. Hay que vender. Siempre. Al precio que sea. Es la adaptación moderna del "muerte o gloria" de aquel viejo cuerpo de lanceros británico. Vender o morir, el lema del vendedor moderno.

¿Es James Foley, el director de Pasión obsesiva, el mismo que dirigió la excelente Glengarry Glen Ross? ¿El mismo que dirigió vehículos para Madonna, Max Wahlberg o Chow Yun-Fat? Amigos, creo que hay un clon de Foley suelto que va dirigiendo películas de estudio en estudio.
Glengarry Glen Ross es quizás la más aclamada de todas las adaptaciones de su obra que David Mamet haya llevado a la pantalla. Basada en la obra teatral del mismo nombre, el guión de la película (me pregunto si habrá cambiado alguna coma de sitio) es excelente, al cual sin duda acompaña la dirección de Foley, a todas luces mucho más consistente que la del debut de Mamet como director en Casa de juegos. Al igual que ocurre con adaptaciones como Doce hombres sin piedad, cuando uno ve Glengarry Glen Ross podría afirmar que es una representación teatral rodada en diferentes planos. Es sin duda la típica sensación que uno tiene al contemplar una historia que se desarrolla casi en su totalidad en un mismo escenario.

Es por ello que uno se pregunta si las cualidades del film son realmente de tinte cinematográfico, o si más bien ante lo que nos encontramos es ante un magnífico escrito y un reparto sencillamente espectacular. Yo juraría que hay más de lo segundo que de lo primero, pero al fin y al cabo poco importa: nos encontramos ante un trabajo imprescindible. El trabajo coral de todos los actores realmente impresionante. Creo que no me impresionaba tanto un reparto desde que viera El coloso en llamas, aunque en este caso la baza era sobretodo el gran número de estrellas que se aglutinaban en una pantalla.

La primera vez que vi Glengarry Glen Ross fue una madrugada, años ha, en ese segundo canal que aparte de documentales sobre animalitos y florecitas también ofrece a horas intempestivas mucho cine de calidad y en muchas ocasiones en versión original. Y es que tiempo después vi la versión doblada y el impacto era mucho menor. Una obra de corte teatral con diálogos tan enérgicos como los que pronuncian a ritmo de ametralladora los personajes pierde mucho si se dobla al castellano. Así que recomiendo su visionado en V.O.

En una firma subsidiaria de una gran empresa inmobiliaria llega un ejecutivo enviado desde la central, donde al parecer cunde la alarma debido al bajo número de ventas. Los vendedores se quejan de la baja calidad de las fichas que le son otorgadas. Dichas fichas son nombres y números de teléfonos de clientes potenciales para la compra de terrenos acá y acullá, y tendrán una importancia clave en el devenir de la trama. Así pues la tarea de los vendedores es vender terrenos que quizás no valgan mucho a clientes que no están dispuestos a comprar.
Blake, el ejecutivo venido desde Mitch & Murray (la agencia inmobiliaria), es la imagen del éxito. Conduce un BMW, lleva un reljo de oro y factura miles de dólares al año. Despiadado, duro, amoral. ¿Son ésas quizás las claves de su éxito? Como un profesor psicótico Blake reñirá a los vendedores y les recordará su única misión en la vida: vender. Y de paso les hará saber que tienen dos días para vender lo que se espera de ellos. El que más dólares facture ganará un deportivo. El segundo ganará un juego de cuchillos. El tercero será despedido. De ese modo los vendedores serán puestos en una situación límite que sacará lo peor de ellos mismos. Merecerá por tanto detallar brevemente a esos personajes que asisten a la charla de Blake.


Blake, pelotas de latón

John Williamson es el joven director de esa oficina de la Mitch & Murray. Tras sus gafas y su aparente calma se esconde una poderosa ambición. Williamson acatará cualquier orden que venga de la central. Debe de ser esa clase de personas que no ve ningún sentido a la palabra "compañero". Al final verán de qué pasta esta hecha este hombre.
El gran ausente en la charla es Ricky Roma, el vendedor más exitoso en ese momento de la agencia que dirige Williamson. Parece dotado del don de la palabra. Sentado en un restaurante engatusa a un cliente mientras sus compañeros aguantan la ira de Blake. Roma podría ser un siguiente Blake, ya que no duda en mentir o usar cualquier artimaña con sus clientes si cree que ello le ayudará a realizar una venta. ¿Acaso no es ése el patrón de todo buen vendedor?
George Aaranow parece un hombre en el momento y sitio equivocados. Durante toda la película anda como perdido, tratando de buscar el apoyo de uno u otros. Es una persona gris, de esas a la que uno le aconsejaría que cambiara de oficio. Él mismo afirma odiar su trabajo.
Dave Moss, un hombre orgulloso que no para de hablar y de hacer grandes planes. Su respuesta a la política de la empresa será devolverles el golpe. Pero Moss parece de esa clase de personas que arrastran consigo a otros que les hagan el trabajo sucio.
Shelley "The Machine" Levine. Un viejo vendedor que parece aferrarse todavía a las viejas tácticas del puerta a puerta y las llamadas al azar. En su día tal vez fuera un exitoso Blake, pero ahora parece acabado. Sus problemas personales le agobian, y en todo momento parece encorvarse ante el peso de la vida. Desesperado, tomará una decisión arriesgada. Y quizás, tan solo necesitaba algo de confianza para seguir adelante.


Gran, gran Lemmon

La interactuación entre estos personajes y los brillantes diálogos hacen de Glengarry Glen Ross una auténtica joya, una de esas obras que se le quedan a uno en la retina para siempre. Y es que hasta los propios actores quedaron encantados de participar en un proyecto así. No resulta difícil imaginar que el guión fuera el cebo jugoso que juntó a tan poderoso plantel de actores. En determinados momentos tal vez sea difícil destacar a unos sobre otros, aunque todavía hay clases y son dos (quizá tres) los que deban ocupar el podio interpretativo de la película. Y la medalla de honor sería para el más veterano, el (todos en pie) magnífico actor Jack Lemmon, demostrando que merecía mucho más que aquellos pequeños papeles a los que parecía confinado por aquellos años. No negaré que películas como Dos viejos gruñones eran divertidas, pero alguien de su talla podía aportar mucho a un proyecto, y Glengarry Glen Ross es prueba de ello. Su retrato del viejo vendedor Levine ha marcado un antes y un después, convirtiéndose en referencia obligada y en un icono desde entonces. Buena prueba de ello es ese personajillo de Los Simpson desesperado siempre por vender, inspirado directamente en su personaje de Levine. El mismo Lemmon le puso voz en su primera aparición en la serie.
El segundo en discordia sería Al Pacino, otro grandísimo actor, que brilla con luz propia metiéndose en el papel del chulo Roma, el vendedor con todo tipo de trucos bajo la manga y con una filosofía de vida basada en la noción de ir siempre hacia delante, sin importar lo que uno sea o lo que haga. Su conversación con el cliente en el restaurante deja pocas dudas.
El también estupendo actor Kevin Spacey (el moderno Lex Luthor y demás, ¿dónde está el hombre de papeles interesantes?) interpreta al frío Williamson, la rata de oficina que no es más que la voz de su amo. Aunque no goza de tantas escenas como Pacino o Lemmon, las pocas que tiene las aprovecha muy bien, como ese terrible diálogo final con el personaje de Lemmon.
Los otros dos vendedores restantes son también dos grandes actores, ya que aguantar planos frente a dos colosos como Lemmon o Pacino dando lecciones de interpretación a cada segundo es digno de elogio. Y es que Ed Harris siempre ha sido un actor sólido, y por lo tanto sólida es su caracterización del soñador Dave Moss. El actor de carácter Alan Arkin, que tras muchos años logró el reconocimiento oficial gracias a Little Miss Sunshine, quizás sea el que tenga un papel más ingrato, pero su poca lucidez en pantalla es prueba de su buen hacer, ya que al fin y al cabo interpreta a un hombre sin personalidad.
Por último destacar la labor de un hombre que en principio no goza de muy buena reputación como actor. Tampoco es que me parezca Marlon Brando, y sus desastres cinematográficos son muchos, pero no me duelen prendas en quitarme el sombrero ante su actuación en la película que es, además, de lo más breve. Y es que Alec Baldwin está espléndido como el vendedor de éxito (nótese el doble sentido) Blake. No sé si algunos me tomarán por loco, pero alguien que aparece al comienzo de la cinta y que luego desaparece para dar paso a gente como Lemmon y Pacino y aun así uno le sigue recordando desde luego es que ha hecho bien su trabajo. Sí señor, un diez para él.

En los últimos años pocas veces habrán visto un trabajo coral tan digno de elogio y un guión tan sólido. Por ello no deja de parecerme curioso la poca relevancia que parece haber cosechado esta película. Glengarry Glen Ross debería ser de visión obligatoria en las academias y escuelas de interpretación.

Shelley Levene: Why?
Williamson: Because I don't like you.
Shelley Levene: [in tears] My daughter.
Williamson: Fuck you.

Leer critica de Glengarry Glenn Ross en Muchocine.net

El monolito quedó huérfano


Con 90 años nos ha dejado uno de los escritores cumbre de la ciencia ficción. Arthur C. Clarke escribió muchos trabajos y obras, colaboró en la creación de cierto tipo de radar y ayudó a desarrollar la idea de los satélites geoestacionarios, aunque por lo que todos nosotros le recordaremos es por su obra cumbre 2001: Odisea en el espacio, que convirtió en película junto a otro genio, Stanley Kubrick. Otra saga de interés en la bibliografía de Clarke es la que comenzó con Cita con Rama.
Hoy Clarke nos ha dejado, y tal vez ahora haya desentrañado la verdad oculta tras el monolito y el hombre, o se haya transformado en un auténtico Starchild. Sea como fuere, muchos de nosotros le seguiremos recordando. Buen viaje, maestro.

martes, 18 de marzo de 2008

La misión (1986)


Hubo un tiempo en que un Nuevo Mundo ofrecía riquezas a todo aquel lo bastante osado como para ir en busca de ellas. Gentes de toda condición cruzaron un océano buscando una vida mejor. Entre ellos había gentes acostumbradas a la miseria que harían lo que fuera por un puñado de oro; había criminales, asesinos y fanáticos religiosos, pero también habían gentes honradas y sacerdotes respetuosos con el prójimo.
Hubo un tiempo ya lejano en que emperadores paganos trataron de aplastar una nueva religión que seguía al símbolo de la cruz. Siglos más tarde hubo emperadores cristianos que paradójicamente no dudaron en borrar del mapa a indígenas convertidos y sacerdotes que no se preocupaban de tratados y alta política.
Hubo un tiempo, ayer, anteayer, un tiempo que sigue transcurriendo mientras escribo, en que tribus en todo el mundo abandonan, de grado o por la fuerza, no sólo sus tierra, sino sus idiosincrasias y costumbres, incapaces de hacer frente a los nuevos grandes imperios económicos que, como los conquistadores de antaño, siguen ansiando las tierras y recursos de indígenas y pueblos. Y todavía hay personas que se arriesgan a apoyar a esas gentes y a denunciar situaciones que llegan a nosotros como lejanos tambores de guerra. Algunas de esas personas fueron, y siguen siendo, sacerdotes.

Una cruz y un hombre caen por una gran cascada en algún lugar de Sudamérica. Es una nueva prueba de que los indígenas no quieren ni necesitan nuevas religiones ni nada que el hombre blanco pueda ofrecerles. El padre Gabriel sigue convencido de que el amor de Dios hará bien a esas tribus hostiles. Armado con una flauta el jesuita atraviesa ríos y escala montañas para ir al encuentro de los indios guaranís. Dicen que la música amansa a las fieras. Una simple flauta puede ser un buen ejemplo de las cosas buenas que el otro lado del océano esperan a ser descubiertas por una pequeña tribu. El cauteloso jefe tribal no piensa lo mismo, pero la música ha hecho su efecto: el padre Gabriel es aceptado. "Con una orquesta los jesuitas podrían haber subyugado a todo el continente".

Rodrigo Mendoza es la otra cara de la moneda: un mercenario duro y cruel cazador de esclavos que no duda en atacar a la tribu donde el padre Gabriel trata de levantar su misión. Tan sólo conoce la ley de la fuerza, y a través de ella es como se gana la vida. En la vieja colonia española una dama turba sus sueños. Su amor por ella es tan fiero como su espada. Una negativa resulta imposible de aceptar para alguien acostumbrado a tomar aquello que quiere por la fuerza. Sin embargo, debe acatar la situación. Pero Mendoza tiene una sospecha. Descubre a la dama y a su hermano juntos en la cama. La furia y el hierro brillarán. Su hermano Felipe morirá a sus manos.

Languideciendo en un oscuro sótano Mendoza trata de dejarse morir. El padre Gabriel acudirá en su ayuda, y se lo llevará consigo a la misión mientras el arrepentido Mendoza trata de expiar sus culpas arrastrando un gran peso compuesto de armaduras y demás impedimenta militar. Aún cuando los jesuitas creen que ya ha hecho bastante, Mendoza persiste. Tan sólo al llegar a la misión se verá aliviado del peso de las armas. Mientras la red cae hacia el río, su vida de guerrero parece descender también por el barranco hasta hundirse en las turbulentas aguas del río tropical.
Mendoza será ordenado jesuita, y junto al padre Gabriel y otros religiosos ayudará a levantar una misión donde antes solo había una oscura selva. Mediante el tarbajo y la colaboración de los indígenas, poco a poco ese pequeño lugar santo comenzará a prosperar. Como otras misiones jesuitas, la misión del padre Gabriel parece ser una especia de comuna protocomunista, donde los beneficios son revertidos hacia los propios indígenas que trabajan la tierra. Muchos otros indios de otras colonias y ciudades acudirán hacia ese pequeño paraiso en la Tierra huyendo del esclavismo y el trabajo forzado que impera extra-oficialmente en los territorios de la Corona de España.

Cuando en Europa se renegocia un tratado entre España y Portugal, los territorios situados más allá de la cascada, incluyendo las misiones jesuitas, pasan a formar parte de Portugal, dominada por el Marqués de Pombal, un ministro ilustrado poco preocupado por cuestiones religiosas o morales. Queda entonces por decidir si las misiones seguirán siendo independientes o deberán pasar al dominio portugués. Un prelado enviado por el Papa, Altamirano, debe decidir la cuestión en un momento en que la orden jesuita comienza a ser vista como una molestia en Europa.


Tras irrumpir en el panorama cinematográfico con su aclamada Los gritos del silencio, el director Roland Joffé se decidía a rodar un film de carácter histórico que sirviera de denuncia a la difícil situación que las tribus amazónicas estaban viviendo en aquellos años, sometidos al terrible determinismo del dólar. El resultado fue La misión, una competente obra que ofrecía una interesante visión de un microcosmos inserto en la época colonial española y portuguesa, en unos tiempos en que la fuerza de los dos imperios ya comenzaba a declinar.
La fuerza de Joffé también ha parecido declinar desde entonces. A su interesante Hacedores de sombras le siguió la floja La ciudad de la alegría, y La letra escarlata desde luego no ayudó a reactivar su carrera. Por momentos parecía que el cine-denuncia se había convertido en cine-ñoñería. Sin embargo, en La misión Joffé todavía conseguía aunar dramatismo y fuerza visual sin caer en debilidades lacrimógenas. La partitura de Ennio Morricone desde luego también fue uan gran aportación.

Aunque quizás el verdadero motor (o, mejor dicho, el más poderoso) de la película sea un Robert De Niro en plenitud de facultades que sabe dibujar un gran retrato de ese particular Saulo moderno que es el capitán Mendoza, un convertido a la fe que sin embargo parece permanentemente atrapado entre su pasado de soldado y su vocación de sacerdote que surge de un dolor infligido por un momento de rabia. Lo cierto es que era aquella una época en que De Niro parecía no fallar nunca. La labor de un contenido Jeremy Irons pre-anuncios y despropósitos también resulta excelente en su papel del padre Gabriel, una suerte de mártir que abraza su fe y sus ideas, el amor y la paz, como único camino para enfrentarse a la fuerza bruta de los poderosos.
Destaca a su vez el personaje del enviado de Roma Altamirano, interpretado por el actor de carácter Ray McAnally, convicente en la expresión de su particular dualidad entre sacerdote y hombre de Estado, entre ser humano y pieza del engranaje político mundial. La mejor frase de la película es para su personaje, pronunciada cuando ya todo es irreversible, en la parte final de la película.

lunes, 17 de marzo de 2008

Dread Zeppelin


Elvis
, Led Zeppelin y reggae. Una mezcla explosiva. Tortelvis, uno de los impersonators del Rey con más sentido del humor que se hayan visto, lidera Dread Zeppelin, una insólita cover band de la legendaria banda de rock que homenajean a dos de los más grandes iconos del rock.

Uno podría dudar de si realmente su intención es ofrecer un tributo a Elvis y Led Zep, aunque el mismísimo Robert Plant se declaró fan de la banda. El disco por excelencia de la banda es Un-Led-Ed. ¿Dispuestos a sentir el poder de Tortelvis?


San Patrick's Day

Como reza una frase en la fábrica Guinness, "todo el mundo es irlandés el 17 de marzo". Y es que las buenas costumbres, aunque sean extranjeras, merecen ser adoptadas y extendidas entre las gentes de buena voluntad. Los encantos de Irlanda son muchos, y uno de ellos es el tener una fiesta nacional que puede exportarse a cualquier lugar. Los tradicionales pubs tal vez estén en crisis, pero en el extranjero saben que la gente quiere lo auténtico, y así que seguramente en vuestra ciudad haya más de un buen pub irlandés, y si no lo hay, pues id al de siempre, y pedid una Guinness o tal vez una copa de Jameson a la salud del santo más verde de todos. ¿No sería ideal poder combinar dos productos típicamente irlandeses como son un pub y Thin Lizzy? ¡Es posible!
En fin, yo al menos espero tomarme una o dos pintas de buena cerveza negra. Y aquellos que no podáis o no queráis, tranquilos que pensaré en vosotros y en vuestra salud. Me despido con el brindis gaélico por excelencia: Sláinte,"¡salud!" en irlandés. (Se pronuncia algo así como "slonsha". ¡Recuerden mirar a los ojos mientras brindan, o su vida sexual se verá terriblemente afectada!). De regalito un video de ese gran irlandés que fue Rory Gallagher, que nos lleva de paseo por unas cuantas postales irlandesas.

Take Five

Madrugada. La ciudad parece ir durmiéndose. El hielo se diluye, poco a poco, sumergido en un fino escocés. Un pequeño sorbo despierta la garganta. Rebajo la luz, el clima debe ser el adecuado. Uno puede preparar la cena, las velas y los discos, pero ello no es óbice para que la chica finalmente se largue. El sexo puede ser un juego de dados. La música es un juego de póker con cartas marcadas y ases en la manga. Si está todo cuidadosamente preparado nada puede fallar. Un buen licor, una buena penumbra, un clima acogedor, y, por qué no, buena compañía, harán de la experiencia de escuchar unos cuantos discos de jazz un placer que va más allá de la propia música.

Curioso. Siempre pensé que "Take Five" se refería al número de toma de la grabación, pero simplemente refleja el tempo de la canción. "Take Five" fue el mayor éxito del Dave Brubeck Quartet, y en seguida se convirtió en un estándar versioneado por todo tipo de artistas, aunque lógicamente fueron los músicos de jazz quienes más se han acercado a la canción.
"Take Five" fue compuesta por Paul Desmond, el saxofonista del cuarteto. Su pasado como clarinetista parece dejarse intuir en la ya clásica melodía del saxofón, cuyo sonido recuerda en cierto modo a un clarinete. "Take Five" es una de esas canciones que se disfrutan mejor en las horas nocturnas. Ya lo dijo Kirk Douglas: In the dark, all sorts of things come alive.

Casa de juegos (1987)


La figura del timador me parece realmente sugerente. Es un tipo de criminal al que fácilmente se le puede tener simpatía. No usa armas, ni coacciona, ni se ve envuelto en delitos de sangre. Por supuesto, en la vida real puede ser tan dañino y nocivo como cualquier criminal común. Pero en el mundo del cine el timador es un personaje de corte carismático que suele dar buenos resultados en la pantalla. Esa obra deliciosa que es El golpe aúna todas las características del género y nos presenta la visión más romántica del timador. Casa de juegos conserva parte de ese halo ilusiorio y lo traslada a escenarios más reales, algo parecido a lo que pudimos contemplar en el magnífico filme Nueve reinas.

David Mamet, el afamado dramaturgo, guionista y director debutó en la realización con esta película basada en una historia suya. Una joven psiquiatra, autora de un exitoso libro, está tratando a un paciente con problemas de ludopatía que un buen día se le presenta y le amenaza con suicidarse. Dice que le debe mucho dinero a una gente muy peligrosa. La joven decide ayudarle y acude a ver al mafiosillo que ha amenazado al chaval. Será el primer paso hacia un mundo muy distinto de aquél al que está acostumbrado la psiquiatra.
Casa de juegos es, como la mayoría de obras de Mamet, una intrincada historia con diálogos de temporizador donde la trama cobra interés a medida que diversos giros inesperados nos van llevando de uno a otro lado. Sin ser tan brillante como Glengarry Glen Ross (pero por ejemplo más entretenida que la polémica Oleanna), la película nos ofrece todo lo que uno espera del sello Mamet. La dirección es simplemente correcta, y aunque resulta claro que en manos de un director más experimentado la cinta habría ganado muchos enteros, Casa de juegos no deja de ser un filme muy entretenido dotado de una excelente historia y buenas interpretaciones, donde destaca sobretodo un pícaro Joe Mantegna.


Por lo demás, resulta curioso el timo del sobre y del cambio, un timo ideado por el experto timador que asesoró a Mamet, y que intenvó la treta para no tener que desvelar trucos que todavía usaban compañeros suyos. El gremio de estafadores, como ven, tiene un código de honor como ya quedan pocos.

viernes, 14 de marzo de 2008

Sookie Sookie

Una canción que hablaba por primera vez de "heavy metal", un himno generacional... no cabe duda de que "Born To Be Wild" es una canción intemporal, más allá de etiquetas o movimientos, una especie de Novena Sinfonía del rock. Sin embargo, aquel lejano debut de Steppenwolf tenía otros buenos temas, como este "Sookie Sookie" con un impagable videoclip de la época que mezcla a la banda con un avión y una gogó bailando. John Kay derrochando chulería y carisma tras su gafas de sol: rock and roll lo llaman. Sookie sookie sookie sookie sookie sookie soo!

miércoles, 12 de marzo de 2008

The Trooper

Una cosa que echo de menos en Iron Maiden son sus viejos videoclips donde mezclaban imágenes de actuaciones escénicas con escenas de viejos films mudos. Amén de ser uno de los grupos punteros de la NWOBHM y uno de las bandas de heavy metal definitivas, los Maiden siempre han destacado por esas influencias del cine, la historia y la literatura que definitivamente los convierte en un combo distinto. "The Trooper" es uno de mis temas favoritos de la banda, y por lo visto fue inspirado por el famoso poema de Sir Alfred Tennyson La carga de la brigada ligera. Gloria a los héroes caídos.

"Hacia el Valle de la Muerte cabalgaron los seiscientos".

martes, 11 de marzo de 2008

Shogun

Estas últimas semanas he tenido una regresión a mis años de infante de la mano de una serie que pegó bastante fuerte allá por los 80. Poco recordaba de Shogun, salvo que la protagonizaba Richard Chamberlain y, curiosamente, recordaba también su, como diría un italiano que conozco, "pimpante" tema principal.
No sabía que me encontraría al volver a ver la serie tras tantos años, y ha sido una grata sorpresa el comprobar que disponía de una buena ambientación, una trama a medio caballo entre el melodrama televisivo y las intrigas palaciegas, y unas interpretaciones en muchos casos más que decentes.

Shogun es la adaptación televisiva del bestseller literario del mismo nombre escrito por James Clavell. La historia, basada en hechos reales, tiene lugar a comienzos del siglo XVII, y cuenta las peripecias del marinero inglés John Blackthorne quién, huyendo de una flota española, cruza el Estrecho de Magallanes y tras una terrible tormenta acaba arribando a las costas de japón. Allí será hecho prisionero por los japoneses, quienes en un principio le toman por un pirata. Pronto se sabrá que tras dicha acusación se encuentra un jesuita portugués, el padre Alvito, que trata de desembarazarse de unos enemigos que podrían traerle problemas.
Recordando a esa magnífica serie que es Yo, Claudio, el piloto Blackthorne deberá ir sorteando diversas amenazas y andar con pies de plomo en medio de una época convulsa para el Japón feudal. Cualquier palabra de más o gesto inapropiado podrían costarle la cabeza. ¡Los samurais no vacilan en sacar la espada si así lo creen necesario! Mientras trata de sobrevivir, Blackthorne (o Anjin San, como comienzan a llamarle los japoneses) tomará contacto con una bella japonesa, Mariko, de la que evidentemente quedará prendado. El futuro de Blackthorne irá mejorando gracias a su inteligencia y algunos golpes de suerte, y trabará conocimiento con el poderoso señor de la guerra Toranaga, personaje basado en el gran shogun japonés Tokugawa Ieyasu.

Entre los muchos aspectos a mencionar de la serie figuran los divertidos encontronazos de Blackthorne con el padre Alvito, que se profieren insultos tan divertidos como "Dios maldiga a los papistas" o "maldito pagano" y cosas del estilo. Por otro lado, una de las más agradables (probablemente la que más) sorpresas que me he llevado al ver la serie es encontrarme con que el carismático actor japonés Toshiro Mifune (¡inclínense todos ante semejante coloso!) interpreta a Toranaga. Desde luego no es un papel a la altura de sus trabajos con Kurosawa, pero su sola presencia ya merece echarle un vistazo a la serie.
En fin, simplemente decir que Shogun es un gran entretenimiento para las horas muertas en que uno no sabe muy bien que hacer, y aunque la oferta actual de series de televisión está bastante apretada, merece la pena sacar tiempo para ver esta pequeña joya de la televisión de siempre.

lunes, 10 de marzo de 2008

Vaya medio siglo, Mrs. Stone


Desde un pequeño pueblo de Pennsylvania surgió una de las bellezas más rutilantes de las últimas décadas en Hollywood, una actriz que además de ser un figurín tenía las cosas claras y, como suele decirse en cualquier minibiografía de ella, era particularmente inteligente. Tras ganar un concurso de belleza comenzó, animada por su madre, una carrera como modelo que no le trajo demasiadas satisfacciones. Un buen día en Europa decidió que aquello no era lo suyo y se trasladó a Nueva York. Allí se presentó a unas pruebas para aparecer en una película de Woody Allen. El papel fue suyo. Sharon Stone iniciaba su andadura hacia la cima de Hollywood.
No fue un ascenso fácil. Pequeños papeles en series de televisión que no le reportaban demasiado y papeles en películas de serie B en las que más que a actuar se dedicaba a lucir palmito. Aunque la descalabrante Allan Quatermain y la ciudad perdida del oro tenga su gracia (aunque no sé si esa era la intención), lo cierto es que la mayoría de títulos que he visto de aquella época eran un desastre: Acción Jackson, Loca academia de policía 4, la infumable Sangre y Arena... desde luego nada auguraba que esa belleza rubia fuera a tener una gran carrera en Tinseltown.

Sin embargo, todo empezó a cambiar con Desafío total, donde le dio la réplica y unas cuantas patadas y puñetazos al rey de la acción Arnold Schwarzenegger. En otro movimiento más que ayudara a su carrera la actriz posó para la revista Playboy, cosa que muchos aun le agradecemos. Stone participó en otro puñado de películas que nadie parece ya recordar, como Él dijo, ella dijo o Diario de un asesino a sueldo, hasta que finalmente se cruzó en su camino Paul Verhoeven y el papel de su vida.
Instinto Básico parecía generar entre las actrices de Hollywood el mismo efecto que Lo que el viento se llevó, sólo que a la inversa. Ninguna estrella parecía querer aparecer en el filme. Sharon Stone aceptó, y de la noche a la mañana se convirtió en una estrella de cine, y para algunos de nosotros en algo más que eso. Pues no cabe duda de que la Stone fue uno de los sex symbols definitivos de los 90. Entre de las múltiples escenas calientes que contenía la cinta una quedó para la historia: es sin duda el cruce de piernas más famoso de la historia.
Salvo su breve aparición en El último gran héroe, las películas que le siguieron fueron un desastre. Sliver era un pedazo de mierda de dimensiones mayúsculas, y si algunos la vimos no fue por ver si al final se casaban. El especialista era sumamente ridícula, y hasta Rápida y mortal resultó ser un gran batacazo de Sam Raimi. El proyecto que iba a consolidar a Sharon Stone como una actriz en toda regla le juntaría con el verdadero power trio de la cinematografía moderna: Martin Scorsese, Robert De Niro y Joe Pesci.


Casino es uno de los grandes títulos de Scorsese, y Sharon Stone se mostró tan bella y sexy como espléndida actriz. Su carismática Ginger es ya un icono dentro de la filmografía del director de Queens, y no todo el mundo puede salir indemne de un encuentro con De Niro y Pesci.
Tras su consolidación como intérprete Stone siguió participando en algunos títulos interesantes, aunque ninguno a la altura de Casino. Lamentablemente para ella, para entonces ya rozaba al cuarantena, y en eso las mujeres de Hollywood juegan en franca desventaja. Alguien como Clint Eastwood se puede permitir triunfar a los cuarenta, pero ese es un lujo reservado a muy pocas actrices. La popularidad de la actriz fue decayendo, las ofertas comenzaron a escasear y como miles de actores y actrices antes que ella recurrió a la televisión para seguir trabajando.
La segunda parte de Instinto Básico la devolvió a los noticiarios, y desde entonces se ha volcado de nuevo en su carrera cinematográfica, aparte de volver a trabajar como modelo. Y es que su glamour y belleza, pese a los años, siguen intactos, y Sharon Stone tiene un status de una actriz que siempre ha estado allí desde principios de los 90, mientras que otras compañeras de generación viven en semiretiro o han desaparecido del mapa. La Stone no es sólo una de las MILF definitivas de Hollywood, es además una gran estrella. Y hoy cumple 50 años, así que feliz cumpleaños, Sharon. Sí, la tuteo, ella y yo sabemos por qué.

Chitty Chitty Bang Bang (1968)

¿Se puede tener una infancia sin que Roald Dahl aparezca en algún momento u otro? Yo pensaba que sí, pero la realidad me ha derrotado una vez más: el ínclito Dahl firma el guión de Chitty Chitty Bang Bang, uno de esos filmes que son imposibles de olvidar, y que de un modo u otro le marcan a uno la infancia. ¿Quién no tembló de miedo imaginando que Robert Helpmann venía a por uno? Esta película es lo más parecido a la Disney fuera de la Disney que ha habido hasta la llegada de las animaciones por ordenador. Y para rizar el rizo la historia se inspiró en un escrito de Ian Fleming. ¿Tenía Dick Van Dyke licencia para matar?

Principalmente cabría destacar de Chitty Chitty Bang Bang un personaje para la historia, el temible cazador de niños, magníficamente interpretado por el ya citado Helpmann. No es de extrañar pues que el joven y astuto Marilyn Manson se inspirara en él para su EP Smells like children.
Las coreografías también merecen un momento de atención, sobresaliendo sobretodo los bailarines de bastones de bambú y esa deliciosa escena donde Dick Van Dyke y Sally Howes bailan como un títere y una muñeca mecánica respectivamente. Del resto de momentos musicales poco puedo decir, salvo que la mayoría me dejan frío. Las canciones que más se acercan al estilo Disney me aburren solemnemente, es algo que no puedo evitar. Ya de pequeño me dejaban frío, con lo que la tendencia no ha ido sino a peor.

Una cosa que echo en falta en las actuales películas de Disney y sucedáneos para niños y familias es esa oscuridad subyacente en los viejos cuentos populares y los filmes clásicos del retorcido Walt Disney, que del asunto sabía bastante. En la segunda parte de Chitty Chitty Bang Bang la alegría desaparece para llevarnos al terrible reino de Vulgaria (¿están prohibidos los niños en el país balcánico?), donde bajo la terrible dictadura del gordinflón e infantilmente caprichoso Barón Bomburst y la bruja de su mujer los niños deben permanecer escondidos y la gente es infeliz. Sí, echo de menos al cazador de niños del siglo XXI, a la muerte de Bambi de infografía... en definitiva, esos momentos que aterrorizaban a los niños. Quizás hoy en día ya nada les impresione, pero es sabido que los buenos villanos mejoran las películas.
Lo cierto es que la última vez que la vi hubo algo que me impactó más que el personaje de Helpmann, y fue descubrir a Benny Hill escondido tras su caracterización del fabricante de juguetes. ¡Eso sí que es aterrador! Por cierto, resulta curioso que siendo una producción ajena a la Disney se rodara en uno de los mayores símbolos de la famosa compañía, el precioso castillo de Neuschwanstein en Baviera.

Ken Hughes, el director de la cinta, logró reunir musical, ciertas dosis de acción y comedia de una forma magistral. Ya desde los vistosos y espectaculares títulos de crédito, repletos de imágenes de carreras de coches de principios de siglo, uno puede notar que se encuentra viendo un pequeño trabajo de artesanía. El accidente final que da paso al comienzo de la trama, con ese viejo coche abandonado, es una muestra de cine clásico inmersa en el mundo de fantasía à là Disney. En otro orden de cosas, tanto Hughes como Dahl le dieron a la película un delicioso toque humorístico que comprendía los diversos géneros de comedia que se habían podido ver en las salas cinematográficas: absurdo, chistes de doble sentido, vodevil, y ese pequeño homenaje al slapstick que representan los dos inútiles espías del barón Bomburst.
Con todo, ni en cien vidas habría podido imaginar que el mismo hombre que dirigiera Chitty Chitty Bang Bang se descargara dos años después con la monstruosa y titánica Cromwell, uno de los mejores biopics jamás rodados. Pero ya ven, así es el amigo Hughes, una caja de sorpresas.


Robert Helpmann, pesadilla infantil hecha carne

Un par de reflexiones finales. Truly Scrumptious (algo así como verdaderamente espléndida o verdaderamente deliciosa), extraño nombre para un personaje de una película infantil. Por cierto, que al final el bueno de Van Dyke hará su fortuna gracias a caramelos para perros que hacen las veces de flauta. ¿A cuantos canes dejaría ciegos su invento? Otro daño colateral más que añadir a una película infantil. ¡Nadie puede con mi buen bambú!

domingo, 9 de marzo de 2008

Rock And Roll All Nite

Increíble momento anoche cuando sonó el "Rock And Roll All Nite" de Kiss a todo volumen, subida de adrenalina y coros infernales. Una canción creada para las noches del fin de semana, ninguna fiesta está completa sin que suene este gran clásico. You keep on shoutin'!

sábado, 8 de marzo de 2008

Eagles Of Death Metal


Contaba Jesse Hughes que cuando conoció a Josh Homme en el instituto había sido lanzado a una piscina por los típicos matones de instituto, y fue el imponente Homme quién logró que lo sacaran de allí. Fue el comienzo de una amistad que acabó desembocando en un proyecto conjunto: Eagles Of Death Metal. Hughes y Homme se encargan de las composiciones, aunque en directo Hughes lleva su propia banda, aunque el ex-Kyuss se le une en el escenario cuando tiene ocasión.
Eagles Of Death Metal desde luego no cambiarán el curso de la música ni tal vez sean recordados de aquí a unos años, pero tienen un puñado de buenas canciones y letras con mucho sentido del humor. En definitiva, son una banda apropiada para una noche de sábado como ésta. Quizás hoy sea una buena oportunidad para escuchar "Speaking In Tongues" o "Don't Speak (I Came To A Bang".
Su pequeña gran joya es "I Only Want You", cuyo alucinante videoclip podría pertencer a una cabalgata del día del orgullo gay. Entre el falsete de Hughes, el sudoroso Homme a la batería y los movimientos del guitarrista seguro que no desentonarían en cualquier fiesta de ambiente. Humor y rock, ¿por qué no? I'm not the lover man that you want me to be.

jueves, 6 de marzo de 2008

Se fue Jeff Healey

Hace cuatro días un maldito cáncer se llevaba a Jeff Healey. Junto a Stevie Ray Vaughan fue uno de los mejores solistas surgidos en la segunda mitad de los 80, y a ambos les unía su pasión por el blues. Todavía recuerdo su aparición en el estrambótico filme De profesión, duro, tocando su poderoso hit "See The Light", aunque su mayor éxito fue la balada "Angel Eyes", una correcta balada que no hacía justicia a su enorme potencial en directo.
Es duro enterarse al leer la noticia y repasar su biografía en la Wikipedia que durante mucho tiempo el guitarrista estuvo peleando contra varios tipos de cáncer, una terrible constante en su vida. Sirvan como pequeño homenaje estas palabras. Veamos al bueno de Jeff en plena forma con una electrizante versión del "Roadhouse Blues" de los Doors.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Panama

Helado me he quedado esta mañana con la ola de frío luterano que nos ha caído encima estos últimos días. ¡Brrrr! Sólo de pensarlo me crujen los huesos. Así que no estaría mal viajar a lugares más cálidos aunque sea por unos momentos. Me voy a Panamá de la mano de Van Halen. ¡No esperen una postal!

¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman?



¿Puede ser divertida la ciencia? ¿La física, la química? Maldita sea, ¿cuántas anécdotas puede generar la metereología? La respuesta seguramente sea afirmativa, pero, ¿cuántos ciéntificos de los que trabajaron en Los Álamos salían a tocar el tambor al bosque mientras entonaban cánticos extraños? ¿Cuántos físicos se unieron a una escuela de samba y desfilaron en los Carnavales de Río? ¿Cuántos hombres de ciencia admitirían su interés por los locales nocturnos y las bellas mujeres que los pueblan? ¿Cuantos profesores de universidad se reirían de los tests psicológicos del Servicio de Reclutamiento de los Estados Unidos? No muchos seguramente. Sin embargo, Richard Feynman, premio Nobel de física, es uno de ellos.

En ¿Está usted de broma, Sr. Feynman? el renombrado físico nos relata curiosas y divertidas anécdotas que le sucedieron a lo largo de su vida. En ocasiones ocasiones algunas de ellas invitan a la reflexión, aunque por lo general lo que viene a mostrar el libro es que un "Premio Nobel" puede gozar de la vida y ser mitad humanista y mitad científico. En su particular viaje por el tiempo descubrimos que la curiosidad fue el motor que siempre movió sus actos y sus decisiones, lo que en ocasiones le llevó a protagonizar situaciones bastantes surrealistas, como cuando se dedicó a descubrir la forma de abrir todas las cajas fuertes del edificio de Los Álamos donde trabajaba. Su carácter bromista hizo que la gente nunca le creyera, aunque hablara en serio.
Que nadie espere un tratado sobre la física ni nada parecido. La ciencia y la física aparecen en el libro de forma tangencial, y aunque personalmente la mayoría de las veces en que ello ocurría me parecía que hablaran en chino (lo cual no es muy difícil; ¡las raíces cuadradas ya me parecen élfico!) no afectan para nada a esta entretenida y ligera lectura, ideal para viajes y trayectos de cierta duración, o para esos ratos muertos en que uno no posee más que unos momentos para leer unas cuantas páginas. Al ser un libro de anécdotas se puede dejar y retomar la lectura en el momento que se quiera. Un libro curioso, oigan.

Todas las noches, para cenar, nos revestíamos con la toga académica. La primera noche, al enterarme, casi me muero del susto, porque nunca he sido amigo de formalidades. Pero pronto me di cuenta de que las togas eran de una gran ventaja. Los que estaban jugando al tenis podían echar una carrera hasta la habitación, coger la toga, y echársela por encima. No tenían que perder tiempo en ducharse o cambiarse de ropa. Así, por debajo de las togas todo lo que había era brazos desnudos, camisetas de manga corta... ¡de todo! Además, existía la norma de que la toga nunca debía limpiarse, por lo que era fácil distinguir a los alumnos de primero de los de segundo, a éstos de los de tercero, ¡y a los de tercero de los cochinos! La toga jamás se limpiaba ni remendaba, por lo que los de primer año tenían togas muy monas y relativamente limpias, pero cuando se llegaba al tercer curso, no era más que una especie de cosa acartonada que uno se echaba por los hombros, unos andrajos que uno se colgaba allí.

Tras los pasos de Andy Dufresne



Desde hace unas semanas esta imagen de Rachel Welch preside una de las paredes de mi habitación. No sé si ahora concilio mejor el sueño o todo lo contrario, pero desde luego mi guarida ahora tiene más estilo. Me pregunto si al otro lado me espera la felicidad en forma de Zihuatanejo como soñaba el bueno de Andy Dufresne, o un alcaide de malas pulgas. De momento, soy un tipo feliz.

martes, 4 de marzo de 2008

Ejemplo de ópera bufa

La ópera bufa o buffa es una ópera de tipo cómico que fue muy popular en los siglos XVII y XVIII. Dentro del género se incluyen obras como la famosa Las bodas de Fígaro de Mozart.
Si por mi fuera Rossini se habría ganado la inmortalidad aunque no hubiera escrito una sola nota sólo por su receta de canelones. Pero el buen hombre dejó tras sí un buen puñado de clásicos de la música, siendo el más conocido una ópera bufa, El barbero de Sevilla. La ópera relata la historia del millonario Conde Almaviva, enamorado de la bella Rosina, a quién quiere enamorar sólo por su personalidad. Para ello, aconsejado por Fígaro, se disfraza de estudiante. En el Acto II se encuentra uno de los clímax humorísticos de la obra. En otra de sus tretas, Almaviva se disfraza de maestro seminarista de música para poder así quedarse a solas con Rosina. Pero para ello deberá engañar primero al vigilante Bartolo, que sospecha de los trucos de Almaviva. "Pace e gioia sia con voi" (algo así como "paz y alegría tenga usted") es el título de esta pieza, y es lo que Almaviva repite sin cesar volviendo loco a Bartolo.
Esto es humor a la manera del siglo XIX, amigos.

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XVI)


Head Over Heels

En 1971 este trío de hard rock surgido de Michigan publicaban su único disco, titulado como el propio grupo. El disco se abre con un poderoso tema, "Road Runner", que sigue la línea de los primeros Molly Hatchet. "Right Away" es un precioso tema cuyos juegos de voces recuerdan a Humble Pie. "Red Rooster" es una cavernosa versión del ínclito Willie Dixon. "Children Of The Mist" es una bonita balada que cierra la primera parte del disco. La cara B contiene otros buenos temas como "Tired And Blue" o la negra "In My Woman". Head Over Heels se cierra con "Circles", un largo tema grabado en directo cuyo sonido deja bastante que desear, pero que confirma a la banda como unos primos lejanos de los Pie. Aun así, otra buena banda perdida en el tiempo. Por supuesto, guitarra excelente, en la mejor tradición de nuestros antepasados. Si deciden rebuscar por Internet, ¡nos los confundan con esta gente! Son estos.

La presa desnuda (1966)


Entre los números flashbacks brumosos que me retrotraen a mi infancia se encuentra la imagen de Cornel Wilde en taparrabos perseguido por un grupo de negros con muy mala leche. Es una imagen de esas que se le quedan a uno grabadas, pero que con el tiempo olvida de dónde demonios salió. Pasé bastante tiempo tratando de dar con el título de la película, y tras investigar acá y acullá por fin resolví el caso. El resultado fue de hora y media de puro entretenimiento. Ni mensajes lapidarios, ni planos ciclópeos, ni interpretaciones legendarias. Tan sólo un tipo escapando de un puñado de guerreros tan incansables como hijoputas.

Cornel Wilde se encargó de dirigir y protagonizar La presa desnuda, una historia basada en el caso de real de John Colter, del que hablé no hace mucho. Sin embargo para abaratar costes y dado que el gobierno de Sudáfrica ofreció todo tipo de facilidades la persecución se trasladó de la Norteamérica colonial al África colonial.
Wilde
es un guía de una expedición de caza. El ricachón que paga el safari es el típico blanco embebido de sí mismo que no respeta nada que sea indígena. Cuando se topan con un guerrero que amablemente les pide un regalo para que puedan cazar en sus tierras, el gordito orgulloso le echa con cajas destempladas, desoyendo los consejos del guía. Poco después la ofendida tribu no tardará en caer sobre ellos. Mientras la mayoría de los porteadores nativos huyen (una regla fundamental en Hollywood) los blancos y alguno de sus desdichados ayudantes subsaharianos son apresados. El jefe de la tribu va decidiendo el destino de cada uno, a cada cual más cruel. El guía, tal vez por haber mostrado respeto a las costumbres del lugar, tendrá una oportunidad: tras ser desnudado, se le dará cierta ventaja antes de que una partida de guerreros salga en su busca. Comenzará así la caza del hombre.
La presa desnuda es una película sin pretensiones, sencilla, eficiente, y entretenida. Tal vez el American Film Institute no haya decidido preservarla ni Cornel Wilde tenga clubes de admiradores, pero yo le tengo mucho cariño a este pequeño clásico.