domingo, 30 de noviembre de 2008

Barry McGuire: Eve of Destruction

Cerramos este mes apocalíptico en el blog con una pieza pacifista, el "Eve of Destruction" de Barry McGuire que seguro que habréis escuchado en más de alguna película sobre Vietnam.
Entre enfermades y holocaustos nucleares hemos visto el lado simpático con divertidos mutantes y otros seres del páramo, y el lado más tenebroso y real. El tema de la amenaza atómica y el fin de la humanidad da para mucho, y son varios los títulos y canciones que se me han quedado en el tintero. Quizás el tema merezca un segundo especial, ya veremos. De momento, para el próximo estoy elucubrando algo mucho más intrascendente, divertido y casposo. Así que vayan preparando el champú, por si las moscas.

El día después (1983)

Telefilm producido por la ABC, sobre El día después se ha dicho y escrito mucho desde el día de su estreno. Algunos la tildaron en su día de exageración. Otros, que daba una imagen demasiado suave del holocausto nuclear. Incluso parece que, en sus memorias, Ronald Reagan llegó a escribir el efecto que tuvo en él la película, cambiando su visión sobre la disuasión nuclear. Sea cierto o no, desde luego El día después no dejó a nadie indiferente. No era la primera película que se rodaba sobre una guerra nuclear, pero sí era la primera en abordar de una forma realista sus consecuencias. Probablemente muchos norteamericanos (y muchos soviéticos, cuando fue emitida la película ya durante el gobierno de Gorbachov) se enfrentaron por vez primera a la realidad que entraña el uso de las armas atómicas en un hipotético conflicto con la URSS.

Tras el comienzo del ataque nuclear en la película, la cadena no emitió anuncio publicitario alguno. Se preparon servicios telefónicos para acoger las llamadas de histéricos o de espectadores que se hubieran sentido abrumados por la historia. A la emisión del telefilme siguió un debate entre Carl Sagan, Henry Kissinger, Robert McNamara, William F. Buckley Jr. y otros experts sobre la conveniencia o no de la disuasión nuclear. Los televidentes pudieron, por ejemplo, escuchar por primera vez el término "invierno nuclear", o de su metáfora de dos enemigos acérrimos encerrados en una habitación llena de gasolina, uno con nueve mil cerillas y otro con siete mil cerillas.

La primera parte de la película se centra en la vida cotidiana de varios ciudadanos de Kansas. Padres y madres, hijas e hijos, médicos, granjeros, etc. Cualquiera podría ser el típico ciudadano medio. Mientras viven sus vidas como lo haría cualquiera de nosotros, las noticias en telediarios, partes radiofónicos y otros medios de comunicación van comunicando una serie de hechos preocupantes en Europa que acerca cada vez más la posibilidad de un conflicto armado entre los Estados Unidos y la URSS. La mayoría no cree que la guerra nuclear sea realmente posible. "No pueden estar tan locos", dicen algunos. En el 62 ya se impuso la cordura. Y sin embargo... el problema de las mechas es que pueden encederse.

Cuando estalla la guerra llegan algunas de las escenas más espectaculares del film, donde se entremezclan imágenes de archivo militares con superposiciones de lanzamientos de misiles cuya fuerza se basa en tomar el punto de vista del ciudadano de a pie. Contemplar a alguien en una calle mientras observa como los misiles cruzan el cielo no requiere de más efectos especiales para cautivar al espectador.
Lo que sigue a continuación es un crescendo de radioactividad, invierno nuclear, enfermedad, destrucción, muerte, derrumbamiento de la ley y el orden... un completo y realista caos (¡y que quizás se quede corto!) cuyas escenas más duras fueron sin embargo suprimidas por los censores de la ABC. Aun así, los resultados son particularmente sombríos.

El día después cuenta con un plantel de actores diverso entre estrellas y actores noveles. Uno de los personajes principales lo interpreta Jason Robards, el del médico de un hospital. Otros nombres que aparecen son el de Steve Guttenberg o el de John Lithgow, aunque la verdadera protagonista es la trama en sí.
Mención aparte para el plano final de Jason Robards y otro superviviente. Estremecedor y, al mismo tiempo, lleno de humanidad.

No sé como se luchara la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé cómo se luchará la Cuarta: con piedras y palos. Esta cita de Albert Einstein que usan en la película me sirve para resumir el mensaje de la película: que nada ha creado el ser humano más terrible que las armas atómicas, y que en la guerra nuclear no hay vencedores y sólo vencidos. Hasta el día de hoy tan sólo Japón ha sufrido las consecuencias de un bombardeo atómico. Hoy eso sería, como dicen en el film, "un juego de niños". Hasta el día de hoy la disuasión parece haber funcionado de alguna extraña forma. En los momentos más extremos la cordura parece haberse impuesto. De momento, aquí seguimos.

Un 20 de noviembre hace veinticinco años se estrenaba El día después. Hoy el mundo ha cambiado mucho. Espero que lo suficiente para que no tengamos que preocuparnos por el día que ha de venir.

sábado, 29 de noviembre de 2008

El último hombre sobre la Tierra (1964)


El último hombre sobre la Tierra fue la primera adaptación cinematográfica de la mítica novela de Richard Matheson Soy leyenda. Abandonado el proyecto por los estudios Hammer, el productor norteamericano Robert L. Lippert decidió sacarlo adelante rodando en Italia con medios y equipo italianos para abaratar costes. La gran atracción del film sería la participación del Maestro del Terror Vincent Price como el personaje principal, el doctor Robert Morgan.

La trama seguro que es más o menos conocida por todos: una extraña enfermedad se extiende por la Tierra, con un virus fatal que convierte a cadáveres y seres vivos en una especie de muertos vivientes vampíricos. Tan sólo parece haber un superviviente, el citado doctor Morgan, quien por el día arregla los desperfectos de las defensas de su casa, se abastece e investiga tratando de encontrar un remedio contra la enfermedad. Por la noche se defiende de los ataques de los condenados, quienes se esconden durante el día.

El último hombre sobre la Tierra es un pequeño clásico de culto de la Serie B, cuyos efectos especiales consisten principalmente en calles vacías y un puñado de zombies zarrapastrosos que parecen recién levantados de un fumadero de opio. El film no cuenta con las espectaculares imágenes de un Los Angeles o un Nueva York vacío (aunque bueno, hay escenas rodadas en Roma), pero en cuanto a la atmósfera general no difiere demasiado del The Omega Man de Charlton Heston, aunque en aquella los malutos sean en realidad más psicodélicos. Ninguna de las dos versiones es espectacular, pero ambas se benefician de tener a un actor principal que suple cualquier otra carencia. Personalmente le tengo un cariño especial a la versión setentera, pero amigos, en El último hombre sobre la Tierra tenemos a todo un Vincent Price, cuya personalidad solía estar siempre por encima de los films que rodara. Sólo su presencia ya merece reservar hora y pico de nuestro tiempo para ver esta película.

Esperando a un amigo

El Tattoo You cerró una época esplendorosa para los Stones. Después vendría la época más yerma de la banda, la prácticamente nominal separación, los discos en solitario de Jagger, el enfado de Richards, etc. Y luego una madurez muy bien llevada, confirmando a Sus Majestades Satánicas como la banda de rock and roll más grande sobre la faz de la Tierra. Y antes de que llegara la crisis ochentera, Jagger y Richards todavía eran capaces de crear himnos (bueno, en realidad era una composición algo añeja) a la amistad como la preciosa "Waiting On A Friend". Ah... ¡y pensar que pude tocar esas escaleras con mis manos!
I'm not waiting on a lady, I'm just waiting on a friend...

viernes, 28 de noviembre de 2008

Duck and cover

¿Qué hacer si ves que una bomba atómica va a caer sobre tu cabeza? Fácil: corre, agáchate y cúbrete. Haz como la tortuga, y seguro que así sales sano y salvo de la aniquilación. Menos mal que los niños americanos de los 50 tenían a la tortuga Burt para saber qué hacer.
¿O acaso pensaban que sólo los soviéticos vivían en la idiocia?

El tiempo en sus manos (1960)

Hoy en día son pocas, por no decir prácticamente inexistentes, la referencias a la carrera de George Pal, por no decir la de todos aquellos artesanos y guionistas que trabajaron con él. Sin embargo durante su dilatada carrera, en la que se entremezclan todo tipo de trabajos, contribuyó decisivamente con su esfuerzo, entusiasmo y talento, y su perspicacia para rodearse de técnicos y escritores eficaces, a hacer de la década de los 50 la edad dorada del cine de ciencia ficción. Fuera como productor o director, George Pal se encuentra tras títulos imprescindibles del género como Con destino a la luna, Conquest of Space, Cuando los mundos chocan o La guerra de los mundos. Precisamente fue esta última la que le llevó a encargarse del proyecto de adaptar el clásico relato de H. G. Wells La máquina del tiempo. Los albaceas y guardianes del legado del escritor quedaron tan satisfechos con la adaptación del libro que ofrecieron al productor varias novelas de Wells para llevar a la gran pantalla. Pal se quedó con La máquina del tiempo.

Por lo general Pal y el guionista David Duncan fueron bastante fieles a la novela original, aunque la adaptación incide en las escenas de acción y aventura. Tal vez para compensar el metraje decidieron también introducir referencias a las guerras mundiales y una guerra atómica en los 60 que obviamente no estaban en el libro. Tras dos o tres paradas en el futuro próximo, el viajero del tiempo (llamado George Wells, encarnado en Rod Taylor) acaba avanzando hacia un futuro lejano, ese que se describía en la novela. Llegamos así al año 802,701.

El pobre George, quien estaba desencantado con su tiempo, y con las guerras y destrucciones que seguirán en los siglos venideros, espera toparse por fin con un mundo utópico donde la humanidad haya superado las luchas y las enfermedades. Cuando para su máquina divisa un hermoso vergel, y un extraño templo-esfinge guardado por gruesas puertas metálicas. A lo largo del film uno se alegra de que todo acabe ocurriendo alrededor de la antigua casa del inventor.
George no tardará en toparse con los Eloi, el aparantemente perfecto futuro de la humanidad, un rebaño de jóvenes perfectos y rubios que podrían ser perfectamente parte de un catálogo de moda finés. De modo que George se siente muy contento de ver cómo se solaza al sol la muchachada, hasta que escucha los gritos de una Eloi que se está ahogando en el río ante la impasibilidad de sus conciudadanos. Por supuesto macho man Taylor acudirá al rescate, conociendo así a la bella Weena (Yvette Mimieux), su primer contacto con el mundo del futuro.

En principio, todo parece perfecto. Los Eloi no tienen que trabajar, ya que tienen comida y ropas a mano. Pero algo escama a George cuando ve que el lugar donde se reunen los Eloi para comer está algo ruinoso. Tras intentar conversar con un par de Elois algo bordes, el duro George casi lleva de la oreja a un pobre Eloi para que le enseñe libros. Allí se topará con la dura realidad: la cultura ya no existe, y los Eloi carecen de inquietud alguna. Tan sólo se dedican a comer y tomar el sol, y a, suponemos procrear. Desilusionado de nuevo, George se volverá a su máquina del tiempo para volver a su época. Pero entonces se dará cuenta de que alguien se la ha llevado dentro de la esfinge.

Temporalmente atrapado en el futuro, George tratará de interrogar a Weena sobre esa extraña época, y sobre los ladrones de su máquina del tiempo. La bella rubia le enseñará unos extraños discos (casi una especie de CDs) en los que algunos individuos han grabado algunos datos del fin de la civilización. Tras guerras y más guerras, finalmente los recursos se agotaron, y para sobrevivir parte de los supervivientes se fueron a vivir bajo tierra. Otros trataron de sobrevivir en la superficie. Es así como George oye hablar de los habitantes del submundo, los Morlock.
Por otro lado, por muy científico que sea uno, cuando una bella chica le pone cara de cachorrillo es normal que uno se acabe olvidando de su máquina y de los Morlocks. George empezará a encariñarse con Weena, justo cuando está a punto de perderla. Cuando suena una sirena los Eloi se dirigen pacíficamente a la esfinge, donde desaparecen tras las gruesas puertas metálicas. Weena se irá con ellos, y George llegará demasiado tarde.

Será así como el bravo George se adentrará en el mundo subterráneo de los Morlocks, donde se escucha el batir de las máquinas y hace un calor infernal. Es entonces cuando llegamos a la mejor parte del film, cuando George se enfrenta por fin a los tarugos de los Morlocks, una especie de jebis mutantes semicegatos descendientes de Rick Wakeman con muy malas pulgas. En las cavernas George no sólo rescatará a Weena, sino que enseñará a los Eloi como se dan puñetazos y se rompen cabezas de Morlock. Es así como George recuerda a los Eloi su humanidad, con lo que entre la confusión de idas y venidas en el tiempo la moraleja parece ser que, en el fondo, machacar colodrillos es de lo más humano.
El tiempo en sus manos me cautivó siendo un criajo, y desde entonces la he vuelto a ver no sé cuantas veces, resultándome tan entretenida como siempre. A pesar de los años pasados los efectos especiales, aunque simples, siguen resultando efectivos, resultado de la imaginación y artesanía de la que siempre hicieron gala George Pal y su equipo. La lava que aparece al final del film es en realidad una pasta tintada de harina de avena hirviendo iluminada con luces rojas y ténues. Si eso no es ser imaginativo, entonces no sé lo que es. Y, por supuesto, qué decir de los entrañables y rubicundos Morlocks... su aspecto kitsch nunca perderá su encanto.

El tiempo en sus manos, amigos, es uno de los clásicos definitivos de la ciencia ficción.

Fiddle Abite!

Sí había alguien en los Who nacido para interpretar al tío Ernie en la adaptación cinematográfica de Tommy, ése era el sin par Keith Moon. El toque delirante que le da Keith al tema es antológico. Esos jadeos, esas estrofas inconexas, ese borrachuzo fiddle abite, ¡esos guantes!... por supuesto, uno de mis momentos preferidos de la película. "Fiddle About" y 100% locura Keith Moon. Fiddle abite, fiddle abite!

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cuando el viento sopla (1986)

El llamado período de détente que caracterizó las relaciones entre el hemisferio occidental y la URSS desde finales de los 60 llegó a su fin con la intervención soviética en Afganistán y la elección de Ronald Reagan. La tensión entre las dos grandes potencias mundiales creció de nuevo, y el Reloj del Día del Juicio Final avanzó sus agujas de nuevo. La carrera armamentística nunca había cesado, y ahora volvía a alcanzar grandes cotas de producción. De repente el mundo pareció intuir que el peligro nuclear acechaba de nuevo. Gobiernos como el británico actualizaron sus programas de defensa civil publicando panfletos y creando progamas de radio y televisión para informar a los ciudadanos de cómo actuar en caso de ataque nuclear. Fue durante aquellos días inciertos cuando el dibujante e ilustrador británico Raymond Briggs trabajó en su novela gráfica When The Wind Blows.

En 1986 el animador y director de cine Jimmy Murakami adaptaba la novela de Raymond Briggs en el film de animación Cuando el viento sopla. Sin embargo, las primeras escenas de la película son imágenes reales de unas protestas contra un transporte de misiles intercontinentales en Gran Bretaña.

La trama de la película gira entorno al matrimonio de los Bloggs (personajes creados por Briggs a partir de sus propios padres), una pareja de clase trabajadora que vive tranquilamente en una aislada casa de campo tras la jubilación del cabeza de familia, Jim. Su vida ha sido satisfactoria y feliz. Su hijo ya hace tiempo que partió del nido y vive casado y con hijos en la gran ciudad. Jim y su esposa Hilda viven tranquilamente su vida de jubilados, viendo la tele, escuchando la radio, conversando, leyendo el periódico. Tal vez Jim vaya de vez en cuando al pub local a jugar a los dardos, o Hilda invite a tomar el té a alguna amiga. Su concepto de la vida en general no va más allá de la cotidianidad y de los límites de su jardín y del horizonte que puedan divisar con su vista cansada. No acaban de comprender del todo el complicado movimiento de peones y alfiles que se juega en el tablero mundial, y que está atenazando al mundo con la terrible amenaza de la guerra nuclear.

Cuando periódicos y televisión hablen de la inminente guerra nuclear, Jim y Hilda se remitirán a la única guerra que han conocido, la Segunda Guerra Mundial, la cual rememoran con la nostalgia que dan los años. Recuerdan casi con diversión los momento pasados en los refugios fabricados en serie que se montaban en las casas. Recuerdan los discursos de Churchill y Roosevelt, lo simpático que era el tío Stalin con su bigote, y lo malos que eran los dictadores fascistas. Hilda no deja de maldecir a los alemanes mientras Jim le recuerda que ahora el enemigo son los rusos, aunque a veces él mismo se confunde. Como buen ciudadano y patriota, Jim trata de seguir paso a paso los consejos de los panfletos de información gubernamentales sobre el modo de actuación en una guerra nuclear. Con unas puertas y unos almohadones fabricará un rudimentario refugio en el salón de la casa, ante la desesperación de Hilda, quien asiste horrorizada al drástico cambio de decoración de su hogar.

Cuando finalmente se produce el ataque nuclear, el matrimonio tratará de valorar y adaptarse a las consecuencias del mismo con su inocente sencillez y su abnegada resignación. El mundo tal como lo conocían ha desaparecido, pero ellos siguen creyendo que saldrán adelante y que trasvolver a sacrificarse, como en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, llegará la paz y podrán retomar su vida. Es entonces cuando comienza a cambiar drásticamente el tono del film.
Si antes nos habíamos sonreído ante las tontas ocurrencias del matrimonio, poco a poco se nos irá encogiendo el espíritu mientras el venerable matrimonio comienza a sucumbir a los efectos de la radiación, sin que lleguen a entender en ningún momento lo que les está ocurriendo.

Rodada usando animación y objetos reales usando el stop-motion, Cuando el viento sopla es una película entrañable y amarga a un tiempo, Constituye un sencillo, hermoso y precioso alegato antinuclear. Es una narración de unos hechos terribles como si fuesen vistos a través del prisma de un niño, o, en este caso, a través de un viejo matrimonio cuyo mundo es su hogar y cuya actualidad queda siempre matizada por sus recuerdos. Es un cuento apocalíptico y naïve, triste pero, en cierto modo, esperanzador. Ya han pasado más de veinte años desde su estreno, pero mientras haya armas nucleares en este desdichado mundo, películas como ésta seguirán siendo vigentes.

Aliento de perro

Una pequeña muestra del genio (y la ácida locura) de Frank Zappa y sus muchachos. Les dabas una cámara y se lo pasaban en grande montando escenas psicotrópicas bañadas en obscenidad. Lástima que no esté la canción completa, porque es toda una obra maestra de artesanía surrealista.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

La vida futura (1936)


El gran acontecimiento cinematográfico británico de febrero de 1936 fue el estreno en Londres de Things To Come (titulada aquí La vida futura), una superproducción británica de Alexander Korda basada en el libro de H.G. Wells The Shape Of Things To Come, en la que el estupendo escritor narraba su onerosa visión del futuro de la humanidad, alcanzando la casi total destrucción de su sociedad y cultura hasta llegar a la ansiada utopía. Wells describió acontecimientos basándose en experiencias como las ocurridas durante la Primera Guerra Mundial. Adelantó el imninente comienzo de una guerra con el corredor de Danzig como casus belli, y visionó masas de carros blindados y escuadrillas de aviones que bombardeaban ciudades. En apenas seis meses España comenzaría a vivir la espantosa pesadilla de Wells.

La historia de La vida futura comienza en la Navidad de 1940, en la ficticia ciudad de Everytown, con noticias que auguran el próximo estallido de una conflagración. Sin embargo la gente sigue con su vida, sin darle mayor importancia. Ya ha habido otras crisis antes y la guerra no ha llegado. Pero finalmente llegan los tiros y el ruido de aviones que bombardean la ciudad (por supuesto, Everytown es Londres) por la noche. La guerra se extenderá como la pólvora, afectando a gran parte del globo. Los países empeñarán y agotarán sus recursos en ella, hasta quedar reducidos a un puñado de ruinas. Tan sólo el agotamiento y una extraña peste acabarán con la guerra a mediados de los 60.
Pilotos e ingenieros como un tal John Cabal se irán apartando poco a poco de la barbarie, agrupándose con otros hombres de ciencia en la sombra para analizar la situación y crear un nuevo mañana. Mientras, tras el final de la peste, gran parte de Europa parece haber quedado reducida a una escombrera de vida cuasi Medieval, donde pequeños y patanes jefes de la guerra como Rudolph "el jefe" (una especie de Mussolini con pieles) tratan de subyugar a sus vecinos. No faltará a su lado una pequeña Lady MacBeth. Cuando Cabal regrese a las ruinas de Everytown para tratar de hacer entrar en razón a Rudolph, quedará hecho prisionero. La traición de un piloto del gran jefe hará intervenir a las tecnológicamente superiores fuerzas de la organización "Alas sobre el mundo", una fuerza internacional de científicos que se dedicará a acabar con los jefes de la guerra e instaurar un nuevo orden. Los años pasarán y la humanidad parecerá alcanzar la paz a través de un gobierno mundial y la tecnología. Pero no faltarán descontentos revolucionarios como un tal Theotocopulos que protesten contra el régimen.

Para la producción de La vida futura se contó activamente con la colaboración de H.G. Wells, quien escribió el guión y trato de influir tanto como pudo en el rodaje del film. Wells pidió a los productores algo totalmente contrario a Metropolis, pero el director William Cameron Menzies (quien rodó otro clásico de ciencia ficción en los States, Invasores de Marte) y Korda no dejaron de seguir en cierto modo el estilo de Fritz Lang, sobretodo en las espectaculares escenas de la reconstrucción de Everytown, para la que llegaron a rodar varias tomas según el esquema de un artista surrealista húngaro. Sin embargo tan sólo una toma (la del tipo con escafandra visto a través de una deformación rugosa) quedó en el montaje final, aunque desde luego llama la atención.
Desde luego la industria británica no era tan potente como la americana, pero para La vida futura hicieron un gran esfuerzo técnico, levantando decorados creíbles y rodando escenas con maquetas con buenos resultados. Aviones antiguos se mezclan con otros basados en prototipos de la época, y el diseño de los aparatos futuristas no deja de recordar a algunos aviones modernos.

El film contaba con algunos rostros conocidos como el canadiense Raymond Massey (el sustituto de Boris Karloff en la adaptación fílmica de Arsénico por compasión), el actor dramático Ralph Richardson, y el carismático Cedric Hardwicke, que daba vida al protestón Theotocopulos.

La vida futura es probablemente el mejor ejemplo británico de película de ciencia ficción en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, y sorprende tanto por su solidez y calidad de algunas escenas como por la inquietante anticipación de algunos de los sucesos que aterrorizarían al mundo en años posteriores.

martes, 25 de noviembre de 2008

37 tiene la Kelly

Supongo que afirmar que la carrera cinematográfica de Christina Applegate es un desastre sería ser bastante amable, pero bueno, poco importa que la posteridad no la recuerde como la Kate Hepburn de su tiempo. Para todos aquellos que no sólo fuimos incondicionales seguidores de Matrimonio con hijos, sino que fuimos además pequeños adolescentes efervescentes como el patético hermano de Kelly Bundy, Christina Applegate siempre será la hija más disfuncional y salidilla de la historia de la televisión.

Por eso en el 37 cumpleaños de la actriz bien está recordar su gran aportación a nuestro esparcimiento y rememorar aquellos lejanos días de vino y granos. ¡Feliz cumpleaños, calabacita!




PD - ¿recordáis las grandiosas patadas y cabezazos contra la pared que brindaba Al Bundy a los novios que osaban penetrar de la mano de su pequeña el hogar familiar? ¡Eso sí es amor de padre!




La tierra de la confusión

La verdad, no soy lo que se dice partidario de Phil Collins, ni me interesa especialmente la etapa ochentera de Genesis, pero el videoclip del tema "Land Of Confusion" es especial. Especial porque de algún modo Phil Collins logró convencer a los cafres del programa Spitting Image para que cedieran sus muñecajos e hicieran del videoclip algo distinto. Muchos son los personajes que se pasean por el video, pero por supuesto la estrella es Ronald Reagan, el objetivo favorito del programa británico. Y por supuesto ahí queda ese mítico final, cuando el presi se confunde de botón...

Algún día tengo que hablar de Spitting Image, ese programa era la leche. La mala leche más bien. Lamentablemente las copias hispanas nunca han estado a la altura.


lunes, 24 de noviembre de 2008

El ente (1981)

Una historia, decían los créditos, basada en hechos reales. Un extraño relato de una casa encantada, donde una mujer que vivía con sus tres hijos no sólo padece los efectos de extraños ruidos y puertas que se abren y cierran, sino que sufre abusos sexuales por parte de un ente invisible que la ataca por las noches. Un caso misterioso y fascinante que será tratado a la vez por un psiquiatra y un equipo de investigadores de lo paranormal.

Durante los 60 se produjo un revival de lo extraño y lo fantasmal, aquello conocido como lo "paranormal", como no se había visto desde principios del siglo XX. Muchos medios se ocuparon de ese nuevo interés, el cine entre ellos. De las clásicas y viejas historias de casas encantadas con fantasmas de viejos duques que arrastran cadenas se fue evolucionando hacia tramas más relacionadas con la "realidad". La nueva ciencia o pseudociencia de la parapsicología comenzó a distinguir entre casas encantadas y fenómenos poltergeist, y a clasificar los distintos tipos de fantasmas, espíritus y duendes.

Fueron varios los films que durante los 70 trataron el tema de las casas impregnadas con sucesos extraños, fueran o no dichas historias basadas en hechos verdaderos. Por supuesto, el afirmar que una película narra hechos reales siempre aporta una dosis extra de morbo e interés al guión, como bien saben los hermanos Coen. Films como Terror en Amityville tomaban como premisa un supuesto hecho real. Otras cintas se fabricaban sus propias historias.
A principios de los 80 llegó la película que marcó el cénit del subgénero. Poltergeist, dirigida por Tobe Hooper, y producida y coescrita por Steven Spielberg, aterrorizó a miles de espectadores por todo el mundo. Nos dejó muchas imágenes para el recuerdo, y todavía se repone con cierta asiduidad en televisión. También relegó al olvido a otra cinta de la misma época, El ente.

Desde luego El ente no podía competir con la calidad de Poltergeist. Menor presupuesto, director del montón, efectos especiales limitados... la cogida entre la crítica no fue muy entusiasta. Pero desde luego la película tenía sus atractivos. Una curiosa historia que mezclaba abusos y fantasmas, que desde luego gustaría a cualquier fanl del subgénero. Y, para muchos, el mayor atractivo del film estaba en el cuerpo de la sin par Barbara Hershey, que no dudó en mostrarse tal como vino al mundo en más de una escena. También eran curiosas las escenas en la que los efectos artesanales nos permitían ver como un ser invisible manipulaba los pechos (en este caso falsos, claro) de la actriz.

No, El ente no era una maravilla, pero se convirtió en un pequeño clásico de culto. A unos gusta por su historia de fenónemos extraños, y a otros, aparte de disfrutar con las puertas que se abren y los objetos que se mueven, simplemente les gusta admirar a la Hershey. Y eso, amigos, no entra dentro de lo paranormal. Más que estocplasma, aquí estamos tratando con babas.

El ente. En pocas ocasiones el terror fue más sexy.

Hay que fumar Ducados

Al menos es lo que pienso siempre que escucho la maravillosa voz rasposa de Mark Lanegan. ¿Por qué nunca lo lograron los Screaming Trees? ¿Por qué no están hoy reventando estadios? ¿Por qué no me puedo quitar de la cabeza estos días "Nearly Lost You"? ¿Por qué no estaba Barett Martin tocando con ellos ese día? La respuesta a esta última pregunta parece ser una pelea que tuvieron Lanegan y Martin con unos motoristas poco antes de aparecer en el programa de David Letterman. Lanegan aún tenía un ojo a la funerala...

domingo, 23 de noviembre de 2008

Escalofrío en la noche (1971)

Dave era un locutor y DJ de radio que acompañaba a las almas solitarias y nocturnas con su susurrante voz, que presentaba temas de jazz y leía poemas. Era un seductor nato, un cazador de la noche. A pesar de que podría decirse que tenía una novia, Tobie, a la que mantenía en el plano emocional del contigo ni sin ti, Dave tenía a sus espaldas una larga lista de amoríos, a los que despachaba con el sempiterno "ya te llamaré". Tenía, además, una fan acérrima que le siempre que le llamaba al estudio pedía el mismo tema, el nebuloso "Misty". Dave tenía también un buen amigo, el barman Murphy, con quien jugaba en la barra al "acoso y derribo". Era un particular juego ajedrecístico con tapones como piezas, y al cual solía ganar Dave, cuando la chica guapa de la barra le aceptaba una copa. Pero llegó un día en que esa chica resultó ser no sólo su mayor fan, sino su mayor pesadilla. Escalofrío en la noche es la historia de esa relación obsesiva, y la historia de cómo Clint Eastwood se convirtió en director de cine.

La primera oportunidad seria que Clint tuvo de dirigir fue con corto sobre la figura de su amigo Don Siegel, un pequeño documental promocional consecuencia de su tercer trabajo juntos, El seductor. Entre 1970 y 1971 Clint iba a convertirse por fin en director, y Don le permitiría rodar toda una escena de Harry el Sucio. Pero el productor en la sombra Jennings Lang no se lo pondría tan fácil. Aunque el proyecto de Escalofrío en la noche fuera de la productora de Eastwood, la Malpaso, el actor aún tenía deudas contractuales pendientes con la Universal. Clint le hizo saber a Lang que quería dirigir, pero éste se mostró reacio a que la estrella se pusiera tras las cámaras. Tras varias discusiones Lang aceptó imponiendo algunas condiciones: Eastwood no cobraría por su trabajo como actor, se conformaría con un porcentaje de taquilla e interpretaría otro film para la Universal. Eastwood aceptó.

El actor le había comprado los derechos de la historia a Jo Heims, un ex-trabajador de la Malpaso que aspiraba a ser guionista. Aun faltaban unos cuantos años para que se pusieran de moda las cintas sobre stalkers, acosadores y amores obsesivos, pero Eastwood se interesó por el tema a raíz de un suceso que leyó en un periódico. Parece incluso que en su juventud sufrió los amores de una chica un tanto ida. También le atrajo el hecho de que en esta ocasión el villano fuera una mujer, cosa poco habitual por entonces. Además el actor había decidido que nunca malgastaría dinero ni tiempo rodando una película. El rodaje de Escalofrío en la noche prometía ser rápido y barato.

Aunque Eastwood hubo de renunciar a bastantes cosas para poder rodar el film, se sorprendió de que los estudios le dieran luego total libertad en el rodaje. Tan sólo hubo de luchar contra la peregrina idea de usar "Strangers In The Night" como tema principal. Eastwood se salió con la suya y "Misty" sería el leifmotiv de la película. También logró que los estudios cediesen en la elección de la co-protagonista, Jessica Walter, quien había impresionado al actor en un film de Sidney Lumet.

Tal como había querido, el rodaje fue barato y rápido. Usó escenarios naturales tanto como pudo. La acción se desarrollaba en Carmel, una población costera californiana, donde el actor fijaría su residencia, y de la cual llegaría a ser alcalde en los 80.
El ambiente también fue estupendo. Convenció a Don Siegel para que interpretara un pequeño papel, el de Murphy. Don tuvo sus dudas pero aceptó. Debió ser curioso el acontecimiento. El primer día de rodaje comenzó con una escena de Don, con lo cual un director inexperto dirigió a un actor inexperto. Además Eastwood se encargó de hacerle saber a Don lo mal que lo pueden pasar los actores haciéndole repetir una tema once veces, hasta que le dijo al cámara que pusiera película para rodar.

Se ha dicho con toda la razón que Escalofrío en la noche es la película más Hitchcock de Eastwood. El actor bebía de los clásicos, y al igual que media humanidad era admirador del talento del británico. La historia que Eastwood se disponía a rodar tenía paralelismos con algunas cintas de Hitchcock, y la influencia de éste se dejó sentir en la ópera prima del actor. El propio Hitchcock llamó al actor para comunicarle que le había gustado la película, y de paso hablarle de una posible colaboración futura.

El film se abre con un largo y bonito plano aéreo sobre la costa de Carmel, mientras desfilan los títulos de crédito. La cámara se va acercando poco a poco hasta que culmina en la figura del pinchadiscos Dave, quien observa el mar tras sus gafas de sol. El plano aéreo podría corresponder fácilmente a cualquier película de la saga de Harry Callahan, constituyendo además una reminiscencia de los largos y celebrados zoom in del maestro Hitch.

Creo que podría decirse que el espíritu del maestro del suspense sobrevuela toda la película. Eastwood mide el clímax del fuero interno de los personajes usando el zoom, rápida o lentamente según sea el caso, y congelando los rostros en primeros planos. También obtiene contundentes escenas de acción intercalando rápidos planos, especialmente en los furiosos ataques de la psicópata Evelyn, con rápidas sucesiones de planos desde distintos ángulos. Incluso uno podría leer un guiño a Hitchcock en el plano de una mano que agarra una cortina.

De todas formas Escalofrío en la noche no es una mera copia de Hitchcock. De hecho la mayoría de las veces que alguien intenta copiar al maestro acaba fallando estrepitosamente. Pero sí que parece que a Eastwood no le importó dar rienda suelta a sus influencias, montándose su propio thriller de suspense. También cabe decir que Eastwood le dio un toque mucho más moderno a su cinta, siguiendo un poco la moda pop que inundaba el cine de entonces. Como suele ocurrir con las películas de aquella época, lo que entonces era modernidad hoy es algo desfasado o nostálgico como mucho. Aun así el actor y director primerizo se dio el gusto de incluir actuaciones rodadas en el Festival de Jazz de Monterey.

Escalofrío en la noche es en definitiva un estupendo debut del Eastwood director. Es una especie de mezcla entre un proyecto personal y una cinta comercial, objetivos que muy pronto iría disociando cada vez más. No es una película redonda, pero muestra a las claras que el actor tenía madera como autor y cineasta. Desde luego había hecho los deberes, y se destapó con un sólido thriller que se ganó a la mayoría de la crítica, cosa que no volvería a lograr en mucho tiempo. Además nos regaló una de las malas más inquietantes de la historia; Jessica Walter dio vida a una psicópata inolvidable, sentando un precedente directo para la Glenn Close de Atracción fatal. De hecho la Walter se lleva prácticamente todo el protagonismo del film, no sólo porque Eastwood le cediera parte del mismo, sino porque su interpretación es brillante, bastante más que la de Clint, quien no estuvo tan brillante como en sus otros trabajos de aquel año, El seductor y Harry el Sucio. Aun así logra momentos memorables, como esa gran escena en la que su fija mirada de incomprensión vacía nos descubre que Dave por fin ha comprendido que tiene entre sus brazos a una psicópata.

Escalofrío en la noche, debut como director del último clásico vivo. Tal vez resulte obvio decirlo, pero cualquier admirador de Eastwood debería dedicarle uno o varios vistazos a esta película.

Leer critica Escalofrío en la noche en Muchocine.net

sábado, 22 de noviembre de 2008

Difícil de manejar

Como mucha otra gente, descubrí a The Black Crowes gracias a su primer éxito, "Hard To Handle". Y como muchos otros también, tardé en descubrir que la canción no era suya sino Otis Redding. Y es que tampoco es de extrañar; unos y el otro procedían de Georgia, y ambos tenían el soul en las almas. Pardiez, parece que fue ayer...

Regreso al planeta de los simios (1970)

Tras el enorme éxito de El planeta de los simios, el artífice de la gesta, el productor Arthur P. Jacobs, se lanzó inmediatamente a preparar una secuela que abarrotara de nuevo los cines con seguidores de los monos. A duras penas logró convencer a Charlton Heston para que retomara su papel de Taylor. El actor aceptó con dos condiciones: rodar sus escenas en un máximo de dos semanas y que su personaje fuera asesinado. Con Heston a bordo, le siguieron otros actores que ya aparecieran en el primer film. Kim Hunter, Maurice Evans y Linda Harrison repetirían sus papeles. No lo haría Roddy McDowall, envuelto en otro compromiso. Ya que las exigencias de Heston no permitían hacer de Taylor el centro de la trama, se reclutó al actor James Franciscus para dar vida a Brent, personaje que llevaría el peso de la película. Otros actores que acabaron apareciendo en el film fueron James Gregory y el gran Victor Buono.

En principio la excusa para la secuela era sencilla. La premisa de partida era la llegada de un segundo astronauta al planeta simio. Brent había sido enviado desde la Tierra para buscar a la misión desaparecida de Taylor. Antes de su llegada observamos el final del primer film, cuando Taylor se despide del doctor Zaius, de Zira y de Cornelio y parte a caballo con su hermosa novia Nova en busca de sitios mejores donde vivir, prometiéndoselas muy felices. Como sabemos, descubrirá que el planeta simio es un lugar más familiar de lo que creía, y tras adentrarse en la Zona Prohibida ve frenado su avance por unas misteriosas llamas y extraños corrimientos de tierra. Taylor decide dejar a Nova en el caballo y explorar unas misteriosas grietas. Nada más se sabe de él.
En la siguiente escena contemplamos la llegada de Brent. Tras sufrir un aparatoso accidente (lo cual nos lleva a pensar si en la Tierra no eran capaces de diseñar astronaves que no acabaran chocando con lagos o pedruscos) y perder a su comandante, Brent se topa con Nova, y viendo colgando de su cuello las chapas de identificación de Taylor, le pide que le lleve hasta él. Nova le lleva al poblado simio, pues Taylor le había ordenado que si algo le pasaba buscara a Zira. Cuando Brent y Nova llegan al simiesco lugar, un acalorado debate está teniendo lugar en el parlamento simio.

Es entonces cuando nos presentan al general Ursus, un bruto militar que exige una expedición militar a la Zona Prohibida. Ante la preocupación de los chimpancés y la inquietud de los orangutanes, el jaleo que arman los gorilas ante las palabras de su jefe parece ser bastante motivo como para aprobar la moción. Zira y su compañero Cornelio regresan desolados a casa, donde se topan con Brent y Zira. Tras ayudarles e intercambiar unas palabras y unas peras, Brent y Nova parten en busca de Taylor.
En su búsqueda Brent y Nova tendrán algún encontronazo que otro con los monos, y finalmente darán con sus huesos en unas cuevas subterráneas que fueron en su día el Metro de Nueva York. Mientras Brent y Nova deambulan bajo tierra, uno se pregunta cómo es posible que en un plano estén pasando por la Biblioteca y en el siguiente por la Bolsa del Stock Exchange, cuando no están precisamente pared con pared. ¡Turismo rápido de la mano de James Franciscus!

Mientras las tropas de Ursus, acompañado de Zaius, se dirigen hacia la Zona Prohibida, con una cómica escena de por medio donde unos jipiosos chimpancés se manifiestan por la paz en plan No a Vietnam, Brent y Nova se topan con unos extraños seres vestidos a lo Devo que tienen poderes psíquicos y viven en las cuevas adorando una gigantesca bomba atómica. A partir de entonces todo se comienza a enredar, y simios, mentalistas y humanos se mezclan en un ir y venir de golpes y balas, con Taylor apareciendo en los últimos momentos para poder maldecir a la humanidad y de paso llevarse a algún mono por delante.

Regreso al planeta de los simios no está, desde luego, a la altura de antecesora. Gracias al recorte presupuestario y a la trama escrita en ácido de los guionistas, la secuela quedó en una entretenida película cuyo principal atractivo era reencontrarse de nuevo con esos queridos personajes como Zaius, Zira, Taylor y Nova, y disfrutar de paso con las cafradas del general Ursus. No es especialmente maravillosa, pero tiene su encanto. Es una segunda parte muy mona, vamos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Joy Harmon, la leyenda de la limpiadora de coches

Efectivamente, la señorita que está rodeada por una corte de marineros y soldados expectantes es Joy Harmon, una actriz y modelo de carrera fugaz que sobretodo pasó a la historia por ser la chica que ponía calientes a los pobres presos de La leyenda del indomable.

Joy Harmon nacía en mayo de 1940 en la localidad de Flushing, Nueva York. Pronto se mudaría con la familia a Connecticut, donde comenzó a trabajar como modelo infantil. A los dieciséis años debutó como extra en una película con Gregory Peck, El hombre del traje gris, cuyo rodaje se había trasladado a Connecticut. Decidida a ser actriz, Joy trabajó como modelo, llegando a ser nombrada Miss Connecticutt. En cuanto pudo se trasladó a Nueva York, donde interpretó algunos pequeños papeles en el circuito de Broadway, participando también en un par de películas baratas. Fue entonces cuando fue descubierta por un cazatalentos y acabó trabajando en la televisión, como parte del reparto habitual del concurso televisivo Tell It To Groucho.

El programa no dudaría mucho, pero Joy siguió actuando en diversas series televisivas, trabajos que alternó con papeles en películas pulp como Young Dillinger o Village of the Giants, y sesiones fotográficas como modelo. Fue en 1967 cuando se hizo con el papel que la inmortalizaría, la de la rubia vuluptuosa que se pone a lavar un coche ante la atónita mirada de un puñado de reclusos que cavan una zanja bajo el sol. Se convirtió en una de las tantas escenas memorables que contiene La leyenda del indomable, y por supuesto en la escena de lavado de coche definitiva. ¿Quién no ha compadecido al pobre George Kennedy, condenado a vivir entre malutos barbudos, taquicárdico ante la paradisíaca visión de la mojada Joy?
Poco después de epatar al mundo con su cubo y su esponja Joy Harmon contrajo matrimonio. Tras unas pocas actuaciones más en televisión la Harmon se retiró del mundo del celuloide para dedicarse a su familia. Se afincó en Burbank, California, donde con los años acabaría fundando la Aunt Joy's Cakes, una empresa de pasteles caseros. Sí, tal vez Joy Harmon ya no pasee sus curvas por la gran pantalla, pero sigue endulzando el mundo. Como no podía ser menos.

Anything so innocent and built like that just gotta be named Lucille. Claro que sí, ahi tenéis la escena.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Pide un deseo... ¡marciano vete a casa!

Señales fue el momento de la discordia para los seguidores de M. Night Shyamalan. Por lo general, más o menos todo el mundo aplaudió El sexto sentido y El protegido, salvo los visionarios que adivinaron el final de la primera y los que se durmieron con la segunda. Pero con la de Señales la brecha se hizo más grande, y no son ya tantos los que defiende el trabajo del hindonorteamericano. Y desde luego cada vez Shyamalan se va quedando más solo. Los defensores de El bosque se pueden contar con los dedos de una mano, pero son tan tenaces como John Wayne en El Álamo. La joven del agua confundió a muchos. Y la última no la he visto, pero por lo que parece no ha cambiado la opinión de nadie.

En mi opinión Shyamalan está perdiendo el "toque". No fue culpa suya que vendieran la La joven del agua como una película de terror, pero el que el ritmo de sus películas agonice cada vez más no puede achacarlo a la publicidad. Y por desgracia para él, si quiere envolver un trabajo sobre la fe del hombre y cómo afecta a su entorno con una historia de alienígenas, pues la gente esperará Encuentros en la Tercera Fase, o incluso peor, Independence Day. Y si no obtienen eso pondrán la cabeza de Shyamalan en la picota.
En cuanto a películas de contactos y visitas de marcianitos, me parece que Encuentros en la Tercera Fase seguirá sin ser superada hasta el fin de los tiempos. Consciente de ello o no, con Señales Shyamalan puso a Mel Gibson al son del "Losing My Religion" de R.E.M. mientras el mundo se llenaba de luces y alienígenas. La premisa es interesante, pero no parece que el director llegue a involucrar al espectador. Pasan cosas aquí y allá, y algunas escenas son realmente brillantes, pero la sensación de vacío es grande. Con todo, Señales nunca me ha parecido el desastre del que muchos hablan.

Lo que creo es que Shyamalan debería cuanto antes abrir su puerta a algún guionista ajeno. Adaptar una historia clásica, rodar algo de H.G. Wells, qué se yo... cualquier cosa antes de que siga flotando por el espacio.
Ahí va mi escena favorita de Señales... a Shyamalan no se le ha olvidado cómo hacer cine. Quizás Kubrick tuviera razón, y qué rodar sea lo realmente difícil...

martes, 18 de noviembre de 2008

Jack Benny y Mel Blanc: The Mexican Routine

Aparte de ser maestro y referencia en el arte de poner voces a los dibujos animados, Mel Blanc desarrolló paralelamente una carrera como cómico que llevó a ser parte integrante del programa radiofónico de Jack Benny. En los 50 el programa pasó al formato televisivo, y aunque algunas cosas obviamente cambiaron, otras permanecieron igual. En The Jack Benny Program Blanc y Benny siguieron interpretando una de sus actuaciones más famosas, la de "Sy, The Little Mexican". Blanc interpretaba a un mejicano que tan sólo contestaba a las preguntas de Benny con síes, desarrollando la serie de palabras Sí...Sy...sew...Sue. No importaba el contexto ni la situación, tarde o temprano Blanc acabaría diciendo su nombre Sy, el nombre de su hermana Sue, y a lo que dedicaba la chica, la costura (sew). Tal vez parezca increíble, pero el número tuvo un éxito permanente tanto en radio como televisión. El público sencillamente prorrumpía a reir sin remedio. El propio Benny lo pasaba mal para contenerse ante la inexpresividad de Mel Blanc. Tal vez los mejicanos no le vean el chiste, pero no cabe duda de que el número es parte de la historia de la televisión.


sábado, 15 de noviembre de 2008

El seductor (1971)

Hay ocasiones en que la tela de araña se muestra seductora, brillante, como si poseyera un aroma irresistible, suaves granos de azúcar en forma de besos y curvas. Hay ocasiones en que la mosca se cree más lista que la araña, sin caer en la cuenta de que la tela que la atenaza es creación del octópodo, quien tal vez la haya tejido con la suave seda del despecho. En otras ocasiones la línea que separa a la araña de la mosca puede ser muy fina. Ésta es la historia del cabo del ejército de la Unión John McBurney, el cazador cazado.

Desorientado, herido y desagrándose, el cabo McBurney, en su huída del frente de batalla durante la Guerra de Secesión norteamericana, habría perecido en el bosque de no ser por haberse topado con la pequeña Lizzie, quien quebrantando las reglas del colegio de señoritas de la señora Martha Farnsworth anda recogiendo setas. Lizzie ayuda al malherido soldado a ocultarse de las patrullas enemigas. Desde luego su protegido no se trata de un tipo corriente. Con un beso en los labios se gana a la niña, y su pasaporte hacia el paraíso de la mansión sureña de los Fansworth. Un cuervo con un ala rota, recogido también por Lizzie, observa cómo McBurney llega a la casa. No es un presagio. Los soldados de la unión nunca lo han sido.

El tal McBurney llegará como un refugiado político temporal hasta que restañe sus heridas. Pero las circunstancias, su físico y su especial talento arácnido jugarán en su favor para que Farnsworth y algunas de las chicas opten por dejarle en su hogar más tiempo del previsto. McBurney se mostrará como un superviviente capaz de todo para seguir adelante. No dudará en mentir y en mostrarse como un ser indefenso y desvalido, despertando no sólo el cariño maternal de sus cuidadoras, sino otros bajos instintos que algunas creían ocultos y olvidados.
La espiral afectiva que comenzará a desarrollarse en la casa girará entorno a McBurney y cuatro de sus femeninas ocupantes. Lizzie, como hemos visto, será la primera en caer, atraída por el magnetismo del soldado. Lizzie está en esa edad en que todavía no comprende sus sentimientos, y en la que probablemente se sienta atraída por una figura paternal. La maestra ayudante de la señora Farnsworth, Edwina, desconfía de los hombres, traumatizada quizás por una figura paterna demasiado casanovesca. Pero como suele ocurrir a menudo, mente y corazón discurrirán por distintos senderos. Luego tenemos a la joven Carol, un bomboncito de diecisiete años, muy consciente de sus armas, y con una sexualidad desbordante. Desde luego lo de las abejas y las flores quedó ya muy lejos para ella. Por último está la respetable señora Farnsworth, cuyo marido desapareció en la guerra, y que sola trata de sobrevivir a la guerra en su colegio.
Un quinto elemento, la esclava, quien tiene cierta simpatía por el cabo, aunque en su situación probablemente desconfíe de cualquier blanco sea cual sea su condición, mientras que el resto de chicas no consideran muy apropiado albergar a un enemigo en la casa.

Las hormiguitas, comentan las niñas, se llevan al gusano a su hormiguero para devorarlo en el interior. En el interior de la mansión la atmósfera se irá tornando más opresiva, el ambiente se cargará de reproches, deseos y despechos, las paredes sudarán viejos secretos, y veremos que no sólo McBurney tiene cosas que ocultar. El límite entre buenos y malos se irá desdibujando, conformando una historia de oprobio, culpa y batallas de la psique, desenvocando en una historia de terror y sensualidad oscura dentro de los límites de una vieja mansión.

Fue esa particular trama de terror gótico lo que encandiló a Clint Eastwood, quien en seguida ofreció el proyecto a su amigo Don Siegel. Ambos decidieron que tenían una gran historia en las manos, y que debían tratarla con cuidado pues ciertamente tenía mucho de transgresora. Para llevarla adelante Eastwood entró en contacto con la Universal y el productor Jennings Lang, ofreciéndoles asociarse con la productora del actor, la Malpaso, para dos películas. Las particularidades de la historia, así como ciertos aspectos del personaje de Eastwood, hicieron remover en sus sillas a algunos jefazos de la Universal, pero finalmente Siegel y el actor obtuvieron lo que deseaban.

El resultado fue magnífico, y el estupendo reparto femenino, seleccionado en gran parte por el propio Eastwood, encajó perfectamente. Geraldine Page, todo un mito de Broadway, está soberbia como la señora Farnsworth, y el resto de actrices no se quedan atrás. El propio Clint logró con su McBurney una de sus interpretaciones más destacadas y retorcidas. Aunque mantuvo su particular estilo seco y sobrio, el apuesto soldado se alejaba bastante de los papeles de pistolero y tipo duro que le habían catapultado a la fama.

El seductor resultó un comprensible fracaso de taquilla. Tan sólo en algunas partes de Europa logró cierto éxito. La cinta era demasiado compleja y arriesgada, y los admiradores del Hombre Sin Nombre seguramente no debieron entender nada. Carteles de la época como el que se hizo en España, que representaban a Eastwood como un pistolero, debieron confundir a más de uno. Pero vista hoy en día resulta obvio que El seductor es una película estupenda, con una historia desasosegadora que la convierte en un producto muy moderno, con lo que no es de extrañar que la película fuera la favorita de Siegel. Muchos somos los que idolatramos esa maravilla que es Harry el Sucio, o la clásica La invasión de los ladrones de cuerpos, pero objetivamente no sería descabellado decir que El seductor es el mejor film que jamás dirigiera Siegel.

Riding With The King

Y es que siempre es un placer irse de viaje con el gran B.B. King. Y Eric Clapton estará viejuno, pero no tanto como para ignorar esta gran verdad. No pretty chick is gonna make me crawl... "Riding With The King", señoras y señores.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Meteoro (1979)

Dicen que llegar tarde es una mala costumbre. No está bien hacer esperar a la gente. Tampoco está bien apuntarse a una moda o movimiento cuando éste ya ha pasado. Es lo que le pasó a la American International Pictures, que trató de subirse al carro de las películas de desastres cuando dicho género ya estaba sufriendo sus últimos estertores. Los estudios llegaron a la moda tarde y mal, y el resultado fue Meteoro, una película justamente olvidada pero que no deja de tener sus pequeños, y escasos, momentos de gloria. Gloria de serie B, pero gloria al fin y al cabo.

Nada más comenzar el film los títulos de crédito a lo Superman ya nos reafirma en la idea de que los productores han buscado arañar dólares siguiendo la estela de cualquier cosa que fuera popular por aquellos días. Y al basarse la trama en meteoros y demás cuerpos espaciales, resulta obvio que las lumbreras tras la gestación de este film también trataron de arrastrar a su cine a algún fan beodo de Star Wars.
Y es que la causa de todo está en un choque espacial. Una cápsula de observación de la NASA que está observando a un cometa en un cinturón de asteroides se cruza en el camino del mismo, desprendiendo un masivo trozo de roca, al que llamarán Orpheus, con tan mala suerte que la gigantesca china se dirigirá hacia la Tierra a toda velocidad, dejando a los pobres seres inteligentes del planeta, y a los humanos también, con apenas una semana de plazo para hallar una solución y evitar el mayor desastre que viera la humanidad desde que Cleopatra acabara prácticamente con los estudios MGM.

Para evitar el desastre la NASA arranca de sus carreras de barcos al científico Paul Bradley (Sean Connery), un antiguo cerebro de la organización que dejó su despacho después de que un proyecto suyo destinado a desviar meteoritos rampantes se lo apropiara el Pentágono para sus chuflas bélicas. Sin embargo un viejo compañero de Bradley, el jefecito Harry Sherwood (Karl Malden), convencerá al reluctante Bradley de que colabore de nuevo con los tipos de caqui para salvar a la humanidad. El doctor Bradley aceptará, pero de paso dedicará a Sherwood la frase más inolvidable del film: "¿Por qué no me metes también una escoba por el culo? Así te barreré la moqueta mientras salgo de aquí".
En fin, mientras iremos viendo como el formidable meteoro se va acercando más y más, el tal Bradley va mirando papeles, planos, y teorizando acá y acullá, preocupándose por los datos que le va facilitando Sherwood. Cinco millas de diámetro para una roca son muchas millas. ¿Podrán salvar al mundo de un pedrusco tal que iguala en densidad a El Dorado de Saura?

Bradley pronto se da cuenta de que si el ejército no le brinda apoyo poco va a poder hacer, y de que la carga de los misiles pensandos en su día para desviar alocados cuerpos celestes no será suficiente para acabar con la amenaza de Orpheus. Por supuesto, en pleno 1979, los misiles están apuntando a la Unión Soviética. Bradley convence al comandante en jefe yanqui, uséase, el presidente (Henry Fonda), para que admita públicamente que poseen tal tecnología, pidiendo de paso ayuda a los soviéticos buscando el que den el mismo paso y aúnen esfuerzos contra el meteorito.
Como la cosa está que arde, los rusos envían una delegación científica a Nueva York. Bradley traba así conocimiento con la bella intérprete que vino del frío, Tatiana (Natalie Wood). Entre cálculo y cálculo el yanqui y la soviética cruzarán miraditas y sonrisitas, y obviamente no tardará en llegar el romance.

Mientras el tiempo hace la maratón, las delegaciones no llegan a ningún acuerdo, temerosas de revelar la extensión de sus armamentos al enemigo para elaborar un proyecto común anti-pedrolos. Bradley y Tatiana se desesperan, mientras no falta el típico general facha yanqui , un tal Adlon(Martin Landau), que no hace más que poner trabas a todo y acabar con la santa paciencia del pobre Bradley, quien seguramente preferiría estar refocilando con Tatiana, aprovechando los pocos dáis que le quedan al mundo, en vez de estar discutiendo obviedades con un obtuso tipo cargado de medallas.

A tres días de que llegue el meteoro los primeros fragmentos de mismo alcanzarán la Tierra, con tan mala suerte de que una familia siberiana tendrá que salir huyendo antes de que uno de los fragmentos arrase su hogar. Mira que la estepa es grande, pero nada, tenía que caer en el último sitio habitado de Siberia.
El resto de fragmentitos se deshacen en la atmósfera, tiñendo la noche europea de "fuegos artificiales", como lo describe el general Adlon. Evidentemente el genera no pierde oportunidad de poner a parir a Bradley al resto de científicos jipiosos y antipatriotas. Como ve que las cosas se están saliendo de madre, el jefe de la delegación soviética, Alexei Dubov, tras protestar en ruso un ratillo, decide cooperar con los yanquis y permitirles que usen el equivalente misilero ruso, pomposamente llamado "Pedro el Grande". Ver a un general norteamericano dando un portazo es, por fin, prueba suficiente de que los USA no traman nada malo contra la URSS.

Mientras los misiles espaciales van siendo dispuestos, siguen cayendo trozos de roca por todo el planeta, arruinando pistas de esquí (así podían utilizar fragmentos del film Avalancha y ahorrarse unas perrillas) y creando una tremenda ola gigante, hoy llamadas tsunami, que aparte de llevarse por delante a un pobre pescador y sus allegados, se dirige furiosamente hacia Hong-Kong. Llega entonces el para mí momento cumbre de la película, con miles de chinos corriendo de un lado para otro en unas cutre-escenas de pánico.
El momento más cómico del film tiene lugar entre las idas y venidas de asustados asiáticos, cuando, para mostrar el pillaje que siempre irrumpe en cualquier tumulto apocalíptico, muestran a un chino que pasa al lado de una tienda, ¡y se lleva un cuadro! Sin duda es la escena de pillaje más paupérrima de la historia del cine. Como diría Churchill, nunca tantas risas debieron tanto a tan poco.

Tras el desastre en el Mar de China llegan unas escenas de tensión mientras los yanquis esperan a ver si los rusos cumplen su palabra y disparan sus misiles contra Orpheus. La tensión que se respira es tan alta como la que pueda tener una bombilla gastada, pero todos respiramos con alivio cuando Bradley deja de comerse las uñas y los misiles soviéticos salen en dirección a la roca locuela. El general Adlon se va a su despacho ante la indiferencia general, y entonces entran en acción los misiles norteamericanos. Sin embargo un cacho de pedrusco alcanzará Nueva York antes de que se disparen los misiles, destruyendo la ciudad, Torres Gemelas incluídas. Siguiendo la línea de efectos especiales baratos, dado que el presupuesto de efectos debió ir en su mayor parte para las maquetas de las mencionadas torres (dinero malgastado pues luego es todo muy confuso), la destrucción de Nueva York consiste básicamente en escenas de archivo tintadas que muestra edificios cayéndose y demás derrumbamientos.

Como toda película de desastres que se precie, las estrellas del film lo pasarán mal tratando de salir de los escombros, ya que Nueva York se les ha caído encima. En medio de paredes derrumbadas y tuberías rotas los científicos salvan el pellejo como pueden. Mientras, en el espacio, Orpheus es finalmente aniquilado, con lo que el resultado final es Tierra 1 - Pedrusco 0, aunque en el parte de lesionados figuren unos pescadores, Hong Kong, Nueva York y el cuadro de un barquito.

¿Y qué ocurre finalmente con Bradley y Tatiana? Pues, como sé que estarán enormente intrigados con el asunto, les emplazo a ver la película.
Meteoro fue el fútil intento de una productora especializada en producciones baratas de crear un film de gran presupuesto. Sin embargo no debieron contar con que para filmar un film de gran presupuesto hay que tener, ante todo, un gran presupuesto. Tras esta perogrullada se esconde una película de efectos especiales baratos, que incluyen escenas de archivo, maquetas mal filmadas y defenestrados guiños a Star Wars. Los productores pudieron liar a unas cuantos grandes nombres en horas bajas para atraer al público, incluyendo a un Sean Connery que aun trataba de quitarse de encima a cualquier precio la etiqueta de James Bond, pero aun así los resultados del film fueron más desastrosos que cualquier meteorito. El pobrecito film da pena, y si fuera humano, sería un pequeño robotín que vende cerillas en la nieve. Pero, amigos, yo les digo, aunque me tachen de loco, que sólo por la escena del "pillaje" hongkonés merece la pena echarle un vistazo a Meteoro. Eso sí, acompáñenlo de cervezas y amigos, o probablemente maldigan mi nombre por el resto de los tiempos.

La Experience reunida de nuevo

Allá en el Valhalla de los músicos de rock, donde todos hacen jams con todos, la cerveza es gratis y las groupies... y bueno, hay groupies. Allí le estaban esperando Hendrix y Noel Redding, y ahora Mitch Mitchell ya está con ellos. Nos ha dejado a los 62 años, este último miércoles. Así que desde aquí un recuerdo para él. Have a good trip, Mitch!

martes, 11 de noviembre de 2008

Presentador contra reportero

El problema de trabajar en la televisión es que si te llevas mal con un compañero de trabajo y el resentimiento entre los dos no cesa la chispa puede saltar en directo. Como cualquier fan de Los Simpson sabrá, una cosa así tenía que pasar en la Fox.

La cosa va más o menos así. Un reportero está cubriendo una noticia de campo sobre unos problemas de una comunidad de vecinos. Tras entrevistar a un par de ellos da paso a la conexión del estudio, mientras una de las vecinas parece largarse a su piso. El presentador le pide que la traiga de nuevo para que responda a las declaraciones del vecino de arriba, y cuando ésta parece volver el reportero le pregunta al presentador qué quiere saber y qué quiere que haga. Entonces, como dirían los americanos, all hell breaks loose.

Presentador: Si tuviera que enseñarte cómo ser reportero lo haría después.

Reportero: ¿Por qué no haces eso después, Jim? La señora ya ha dicho su opinión, y tu no estás aquí, estás allí. ¿Hay alguna pregunta que quieres que le haga?

Presentador: No, no... te daré una clase de cómo ser reportero después.

Reportero: Y yo te daré clases de cómo ser presentador, porque fui tu jefe una vez.

Presentador: Sí, lo fuiste, y ya no lo eres más, ¿cómo es eso?

Reportero: Bien, no lo sé...

Y entonces el presentador da paso a otra reportera. Sencillamente alucinógeno. Rock bottom!

Tarta para Demi Moore


En un principio no creo que muchos relacionáramos a la plañidera Molly de Ghost con aquella jovencita que volvía loco a Michael Caine en Lío en Rio (una nueva muestra de la genialidad y gracejo de nuestros traductores de títulos) o con la pobre chica que se ve envuelta en cosa diabólicas en La séptima profecía. Y tras aparecer en Nunca fuimos ángeles dio el bombazo interpretando a la melancólica joven que llora a su amor fenecido a ritmo del "Unchained Melody" de los Everly Brothers. Desde entonces disfrutó del estrellato, de un matrimonio con Bruce Willis y un divorcio amistoso, de cortes de jovencitos, y de películas en su mayor parte nada interesantes. Y además se puso unos globos que cada vez le sientan peor.

Así que aprovecho para felicitarle su 46 cumpleaños a Demi y recordarle que por lo general el yogur natural es mejor que el yogur de sabores químicos. Otra cosa son los pastelitos Pantera Rosa, pero ésos están por encima del bien y del mal. Sencillamente son una creación del Diablo. Lo único que le faltó a Se7en fue el glamuroso detalle de que John Doe acabara con el megagordo obligándole a tragar Panteras Rosas en vez de aquellas latas de espagueti.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuando los mundos chocan (1951)

Todavía recuerdo a Homer, de pie junto a Bart sobre sus pequeñas patitas traseras, como un pequeño Rory Calhoun, despidiéndose de Marge, Lisa y Maggie, que se van a salvar de la destrucción mundial gracias a un cohete donde van los listos, técnicos, científicos y demás cerebritos. La frase de Homer ya es, por supuesto, mítica: "Recuerdame así, Lisa", dice cariñosamente. "¡Lleno de furia asesina!". Grande. Por supuesto, como suele suceder muchas veces en esa gran serie, la historia era un homenaje un clásico de la ciencia ficción, Cuando los mundos chocan.

Un buen día en un observatorio de Sudáfrica un astrónomo observa que dos grandes cuerpos celestes se dirigen a toda velocidad hacia la Tierra. Se trata de dos planetas, uno mortal, Bellus, y otro de tamaño similar a la Tierra, Zyra. Zyra pasará primero, provocando grandes desastres. Unos días después Bellus colisionará con nuestro planeta, haciéndolo añicos. En la era pre-Internet la información es entregada al piloto mensajero David Randall, quien deberá transportarla en secreto hasta Nueva York, donde la eminencia en astronomía Cole Hendron estudiará los datos. Esta es la premisa de partida de Cuando los mundos chocan, una producción de la Paramount basada en una obra de los autores Edwin Balmer y Phillip Wylie. Dichos estudios se lanzaron a aprovechar la popularidad del género de ciencia ficción, y eligieron para ello esta obra clásica, que constituye una de las pioneras de la edad dorada del sci-fi en el cine.

Sigamos con la historia, pues es en realidad la gran baza del film. Con el encanto y la inocencia características de muchas películas del género, Cuando los mundos chocan es una mezcla de entretenimiento puro y duro y momentos de comedia, la mayor parte involuntarios, a ojos de un espectador moderno.
En fin, una vez el piloto Randall, habiendo rechazado astronómicas cifras para revelar el contenido de su paquete a la prensa, entrega los documenos al doctor Hendron, éste y su equipo comprobarán que los cálculos son correctos. Mientras Hendron se reúne con lo que parece ser una comisión científica internacional en las Naciones Unidas, metidos en un cuartucho que contrasta con las imágenes de archivo usadas para las reuniones de los políticos (está claro que entonces los científicos eran tan poco respetados como ahora), el piloto Randall conoce a la hija de aquél, que está prometida con el ayudante médico de su padre, Tony Drake. Randall es apuesto e intrépido, y seguramente no ha leído un libro en su vida. Tony es un pobre moreno con bata en vez de chaqueta de cuero que tiene carrera universitaria. La elección pronto estará clara para Joyce, la hija de Hendron, de voluntad volátil.
En la comisión de científicos todos creen que Hendron y su equipo están locos, y todos piensan que los planetas no dañarán a la Tierra. Pero Hendron está emperrado en que sí, y tiene un plan para construir unos cuantos cohetes, modernas arcas de Noé, en los que salvar restos de nuestro civilización, pensando que Zyra es probable que sea habitable. Dos simpáticos vejetes, millonarios al parecer, deciden donar alegremente sus fortunas para empezar a levantar un campamento y un gran cohete con el que escapar del gran desastre mundial.
Sin embargo Hendron pronto se quedará sin perras, con lo que hará su entrada el que quizás sea el mejor personaje de la película, el paralítico multimillonario Sidney Stanton, una especie de Monty Burns que desprotica contra todo y contra todos, y que si aporta su fortuna para acabar el cohete es porque no quiere morir. En realidad el tipo quiere elegir a todo el pasaje, pero Hendron le dice que el proyecto no es su Iberia particular, y que será él quien elija quién va y quien no, siguiendo estrictos patrones científicos.

Patrones científicos que pronto tirará por la borda cuando su hija se enamore de Randall, dejando de lado al pobre Tony, quien obviamente no guardará mucha simpatía al pilotillo de castaño tupé. Joyce de hecho comenzará a tratar a patadas al doctor Tony sólo porque ya prefiere al piloto. Cuando Joyce llegue al campamento y se reúna con Tony, y éste le pregunte sobre si el viaje le ha ido bien, la Joyce le tratará con el mayor de los desprecios, hablándole de las listas de pasajeros, ni siquiera dignándose a contestar. ¡Vaya con la Joyce! En mi pueblo tienen un nombre para chicas así, pero no lo diré aquí, que es lenguaje de Mordor.
En resumen, que Hendron le dará una plaza fija a Randall, ante la indignación de éste, que para eso es el héroe de la película. Con razón, el hombre de barbilla rubicunda dice que sería mejor llevar a un científico, ingeniero o granjero al dichoso planeta Zyra. Pero nada, Hendron quiere tener contenta a la niña de sus ojos, por lo que algún pobre diablo con título universitario se convertirá en cenizas. Como se puede apreciar, tener un título universitario no es algo muy valorado cuando los planetas se salen de madre.

Según los planetas (casi tan mortíferos como el grupo granadino) se van acercando parece que el resto de países cambian de opinión, y según dice Hendron comienzan a construir sus propios cohetes, cohetes de los que no se vuelve a saber nada. Los preparativos siguen su curso, con una voz que sale por los megáfonos, afirmando todo el rato según pasan los días que van con retraso, que hay que darse prisa, que menos samba y más trabajar, lo que le hace a uno dudar si no estarán usando obreros españoles. Mientras, Stanton sigue protestando, Hendron sigue con sus cálculos y carantoñas, Joyce sigue tonteando con Randall, quien afirma todo el rato "que no voy, que no voy", y Tony se va resignando cada vez más a la idea de que le han levantado a la novia en su jeta.
Por supuesto, tendrá que ser un desalmado como Stanton quien avise al doctor Hendron de que probablemente una vez realizado el sorteo de quién va en la nave y quién no, haya gente que no se resigne a morir, y trate de amotinarse. Pero Hendron no le hace caso, pues debía leer mucho a Rousseau, y rechaza las armas que ha traído Stanton, quien las guarda en su habitación. Después se realiza el sorteo en plan colegial, con unas chapas de por medio, y el doctor Hendron anuncia que se publicarán unas listas en los vestuarios masculinos y femeninos para ver quién tiene pasaje y quién no. Qué bonito debe ser averiguar si uno está condenado a morir o no mirándolo en una lista, en plan alineación de fútbol. Randall trata de hacer el paripé de que ha cogido una chapita, pero Hendron, que las ha contado, no cae en la trampa, y trata una vez más de convencer al piloto para que vaya. Por lo demás el ayudante de Stanton, que le ha empujado la silla durante ocho años, se volverá loco y tratará de quedarse con una chapita que ha dejado un romántico joven cuya novia ha quedado fuera de las listas, pero Stanton acabará con él a balazo limpio. Otra cosa no, pero el paralítico es un tipo precavido.

Cuando por fin se supone que va a pasar Zyra por al lado de la Tierra, todos esperan a la hora señalada. Apenas pasado un minuto Stanton ya está protestando de que los científicos están todos locos, y de que nada va a pasar. Por supuesto en cuanto cierra la boca comienzan los terremotos y maremotos que acaban inundando ciudades y campos y haciendo una chanfaina con media humanidad. El cohete queda dañado y está a punto de irse colina abajo, con lo que entran en acción los servicios de emergencia, formado al parecer, aparte de por bomberos, por centenares de tipos en mangas de camisa que salen por los túneles en plan tropel de salvación.

El equipo de Hendron calcula minuciosamente el peso de carga y personas para ahorrar todo el combustible posible, ya que las maniobras para aterrizar en Zyra parece que van a ser complicadas, y al parecer el diesel está por las nubes. Pero en esto Randall y el pobre Tony atienden una llamada de socorro de un campamento que necesita ayuda, habiendo quedado aislado por la inundación. De camino ven a un pobre niño que está en un tejado, donde deben de haberle dejado sus padres. Randall acude a rescatarlo, bajando desde el helicóptero que pilota Tony. Durante un momento parece que Tony se va a largar con el niño dejando a Randall en el tejado, pero no, Tony se está volviendo un calzonazos y vuelve a por el piloto milhombres. Cuando el niño llega al campamento le meten también en el pasaje, pues no está bien dejar que los niños sean aplastados por planetas. Y de paso meten a una perrita que se encuentra el chaval, dejando atrás un par de pollos gordos. Y encima la perrita tendrá perritos. Como se puede ver, todo está científicamente calculado.

El tal Tony acaba volviéndose un pagafantas total tras descubrir a Randall observando a la bella Joyce mediante una cámara de la nave. Y es que Randall es el único capaz de pilotar de nave, aparte del doctor Hendron. ¿Cómo ha aprendido Randall a pilotar el cachibache espacial? Pues se me debió pasar, pero poco importa. ¡Esto es ciencia ficción 50s, amigos! Si quieren hiperrealismo, empáchense con El sol del membrillo (not!). Lo realmente relevante de la escena es que Tony decide utilizar la vieja técnica pagafantera de unir a su amada con el tipo más guapo, para ver si así gana puntos con la chica. Tony no solamente no ganará ningún punto, sino que además engañará a Randall, diciéndole que el doctor Hendron está malo del corazón y no aguantará el despegue, y por tanto es necesario que él pilote la nave. Evidentemente Randall es convencido en cuestión de segundos. Y es que se veía venir, oigan. Tanto "no voy, no voy" tenía que acabar así, en un "pues iremos yendo".

Finalmente llega el temido Bellus. Tal como Stanton había dicho, aparece un tipo lúcido que pregunta al resto por qué tienen que morir ellos y los elegidos no. A pesar de que un joven trata de entonar un discurso razonable, a lo Marge y su canción sobre la decencia carnal, nadie le hace caso y todos van a por las armas que Stanton ha dejado atrás, así, de cualquier manera, para tratar de colarse en el cohete. Con la nave a punto de despegar, los malutos rebeldes comienzan a disparar y a tratar de tirar las vallas de protección abajo. La rampa está dispuesta, el doctor Hendron sólo tiene que empujar a Stanton hasta arriba, los empecinados aun quedan lejos. Pero Hendron se queda embobado viendo cómo los descontentos saltan la valla a tiro limpio, hasta que sale de su ensoñamiento y le dice a Stanton algo así como "pues tenía usted razón". Así que impresionado por la naturaleza malvada del ser humano, Hendron decide por los dos y se va de la rampa, ante las, esta vez sí, lógicas protestas del ricacho Stanton. La rampa se repliega, los motores se encienden, y atrás quedan el heroico Hendron y el, muy a su pesar, también heroico Stanton, quien seguramente protestó hasta el fin de los tiempos, tiempos que debieron ser un par de horas a lo sumo.

Y así partió la nave de la esperanza hacia Zyra, en plan vuelo transcontinental, con todo el pasaje pudiendo observar por el parabrisas como la Tierra se hace pedazos. Así el viaje es más entretenido. Lástima que a pesar del sacrificio de Hendron y Stanton la nave se quede sin combustible, y Randall tenga que dejarla caer desde por encima de las nubes en plan vuelo libre... ¿hubo desperfectos, heridos, se murió el niñito y su perrita con sus cachorritos? ¿tocóle Tony el culo a Joyce en la confusión? ¿eres tu John Wayne? se preguntarán ustedes. Ah, ah... si quieren saber la respuesta a éstas y otras preguntas esenciales (¿quién mató a JFK? ¿es la mujer del Señor Fantástico Reed Richards la mujer más satisfecha del mundo del cómic?) deberán ver la película.

Cuando los mundos chocan, una entretenidísima película con entrañables momentos de comedia involuntaria. Si finalmente se hace el remake, con el director de Deep Rising, La momia, Van Helsing, y demás cine palomitero, ni todos los efectos especiales de este mundo podrán salvarle de la ignominia. Seguro que ni saca a un niño con cachorritos. Shame on you, Sommers! ¡Que el espíritu de Mortadelo y Filemón te lleve!