miércoles, 29 de abril de 2009

BSO: Sea of Love

Melodía de seducción es un interesante thriller del 89 protagonizado por un Al Pacino que todavía rockeaba duro y en el cual encarnaba a un policía encargado de un difícil caso y cuya trama principal tenía muchos puntos en común con la más famosa (y mucho más floja) Instinto Básico. Además la cinta que hizo de Sharon Stone un mito erótico tampoco tenía una canción tan maravillosa como esa "Sea of Love" de Phil Phillips que daba título al film sin traducir y servía de tétrico leifmotiv a la historia. Aquí podéis echarle una oreja a la canción original; yo os dejo con la versión que se marcaba en los créditos finales Tom Waits, con su particular e inimitable estilo.

lunes, 27 de abril de 2009

Ramblin' Gamblin' Man

¿Se puede hacer rock and roll sin guitarras eléctricas? Y tampoco estoy hablando de sintetizadores ni samplers. Claro que se puede, si eres Bob Seger. Dios, vaya tipo... y eso era sólo el comienzo.

viernes, 24 de abril de 2009

Archivo de RTVE


Estupenda la iniciativa de RTVE de poner a disposición del público parte (ojalá llegue el día que sea todo) del archivo que lleva almacenando desde hace unas cuantas décadas. La verdad es que da la impresión de que haya un sólo tipo encargándose de pasarlo todo a formato digital, pero bueno, al menos poco a poco se van rescatando cosas interesantes. Entre documentales, programas, furgol y demás, con la excusa del nuevo disco del señor Bob Dylan se han puesto a fondo con el trovador judío rescatando actuaciones, documentales y demás. Ciertamente interesante. Sólo con pensar la de conciertos míticos que deben tener guardados en esa santa casa me piernan las tiemblas. ¿Están cambiando los tiempos? La respuesta está, ya saben, flotando por el espacio, invadiendo planetas y multiplicando vainas.

Pasen y vean.

jueves, 23 de abril de 2009

El Emergo y otros poco memorables trucos cinematográficos


En momentos de crisis como los que vivimos es cuando volvemos a oir hablar de los ciclos de la economía. En realidad parece que todo lo que ocurre en este mundo sea un constante ciclo. Se dice que los cambios climáticos son cíclicos, que un día volverán las grandes glaciaciones, y que Internet acabará no sólo con la estrella de la radio sino con la industria musical y cinematográfica. En éste último caso ya hubo anteriormente al menos dos grandes amenazas que llevaron a algunos catastrofistas a hablar del fin del cine. El reproductor de video resultó que no sólo no era una amenaza sino que resultó en un gran negocio para las grandes compañías. Y en los 50 los grandes capos de los estudios se abrazaron y se echaron a temblar cuando la televisión llegó a las casas de los estadounidenses. Como se vio, la amenaza no resultó ser tal, pero obligó a la industria a cambiar, y a buscar nuevos alicientes con los que atraer al público a las salas. Fue la era de nuevos inventos, nuevos procesamientos de película, y cualquier recurso que pudiera apartar a la gente de la pequeña pantalla. La década de los 50 vio el auge y caída del Technicolor, un proceso largo y costoso que convertía cualquier película en un cuadro en movimiento de Caravaggio, y de varios nuevos formatos como el Cinemascope, el Panavision y varios otros -Vision que tuvieron más o menos suerte.

La Serie B no se quedó atrás, y libraron su propia lucha contra la pequeña pantalla a su manera. Obviamente no había dinero para nuevos procesos y caras tecnologías, con lo que echaron mano al mayor recurso de ese mundillo: la imaginación. Los resultados fueron desiguales, y la vida de esos curiosos gimmicks fue muy corta. Pero forman parte del entrañable mundo de las películas de bajo presupuesto.

Emergo: en 1959 uno de los reyes de la Serie B de entonces, William Castle, ideó un sencillo y efectivo truco para atraer al público al estreno de su clásico de culto The House on Haunted Hill. Tal como rezaban los trailers, el Emergo prometía al espectador niveles de entretenimiento sin igual con un fantasma que surgiría de la pantalla y volaría directamente hacia el espectador. El tal fantasma era en realidad un esqueleto sujeto a unos cables y unos raíles que surgía de la oscuridad para volar por encima de las cabezas de los espectadores. La publicidad funcionó y la gente acudió en tropel a las salas. Sin embargo la vida del Emergo fue breve. En cuanto se extendió entre los niños el rumor, estos acudieron con sus tirachinas a los cines para ejercer al tiro al blanco con el esqueleto, con lo que los promotores de las salas dejaron de lado al Emergo. Pero para entonces la recaudación seguramente ya había doblado o triplicado los costes de la película.


Percepto: otro truco del imaginativo Castle, en esta ocasión para el estreno de su película The Tingler, que de nuevo tenía de protagonista al gran Vincent Price (es curioso como muchos de los efectos cutres de la época se usaron para películas donde participaba el gran Príncipe Oscuro). El Percepto consistía en unos dispositivos que se colocaban bajo los asientos de los espectadores y hacían vibrar el asiento en determinadas escenas clave. Otros trucos usados por Castle aparte del Percepto fueron el deslizar una suerte de almohadillas por el suelo hasta que tocaran las piernas de los espectadores, o distribuir pequeños altavoces por los que sonaban extraños chirridos, o incluso distribuir por el cine a gente pagada para que diera gritos en determinadas escenas.

DuoVision: cualquiera que haya visto un clásico documental sobre los grandes festivales de rock de finales de los 60 estará familiarizado con este sistema de pantalla doble. En 1973 al director Richard L. Bare se le ocurrió la "genialidad" de rodar un film llamado Wicked, Wicked que presentaba una pantalla dividida donde distintas escenas iban sucediendo a la vez. Evidentemente los resultados fueron bastante caóticos.

Aroma-Rama: sistema ideado por Chuck Weiss para el estreno de Behind The Great Wall, consistía en lanzar distintos olores a través del aire acondicionado que acompañaban a lo que se veía en la pantalla. Si no hubiera sido por los ataques que ocasionaba a los asmáticos tal vez incluso habría durado dos películas.

Smell-O-Vision: un sistema parecido al Aroma-Rama que sólo se utilizó en 1960 para el film Scent of Mistery, y que fracasó estrepitosamente igual que lo hizo el Aroma-Rama.

Underwater: Un truco publicitario utilizado para el film de mismo nombre dirigido por John Sturges y protagonizado por la voluptuosa Jane Russell. El preestreno se realizó bajo el agua con periodistas y demás público embutido en trajes de buceo. Una tontería mayúscula que fue eclipsada por el "descuido" de Jayne Mansfield, a quien se le cayó la parte de arriba del bikini. Y contra semejante poderío ni siquiera el Technicolor habría podido competir.

Odoroma: John Waters recuperó la idea de los olores en el cine para el estreno en 1981 de su film Polyester. El público rascaba y olía unas cartulinas numeradas cuando se lo indicaba el correspondiente número en la pantalla.

3D: Un popularísimo recurso en los 50, y que ha ido y venido desde entonces (de hecho hace nada se volvió a utilizar en el estreno de cierto film de animación), la anécdota más cachonda relacionada con el cine en tres dimensiones fue el estreno de Los crímenes del museo de cera, debut de la Warner en el 3D, y que tenía de protagonista, una vez más, a Vincent Price. Lo curioso del asunto es que el director del mismo, André De Toth, era tuerto, y por lo tanto no podía apreciar el efecto 3D. ¡Así de extraño es a veces el mundo de Hollywood!

miércoles, 22 de abril de 2009

Aqui viene el sol

Nube, sol, lluvia, calor frío... esto es un cachondeo, pero da la sensación de que la cosa se normaliza y que el sol ya no se va a ir tanto tiempo.
Vaya con George Harrison, cuando se destapó a componer canciones, creó auténticas maravillas.

lunes, 20 de abril de 2009

Cinderella Man (2005)

Boxeo. Un deporte horrendo para unos, y noble para otros, que desde muy pronto entró a formar parte del mundo del cine, desde los mudos sketches de Chaplin y films de los 30 como El boxeador y la dama hasta biopics como Marcado por el odio. Fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando el boxeo pasó poco a poco de ser parte de una subtrama a ser el protagonista del film, y cuando cada vez más Hollywood comenzó a mostrar el lado oscuro que envolvía al negocio de las peleas pugilísticas (como la magnífica Más dura será la caída) al tiempo que también se rodaban historias románticas sobre las contínuas caídas y alzadas de boxeadores que luchaban contra su destino. Y es que pocas cosas fascinan y conmueven más a un público que la lucha del eterno perdedor que acaba consiguiendo la oportunidad de reformarse y/o salir del anonimato, la pobreza, etc. Desde luego Cinderella Man, el hombre que no se dejó tumbar pertenece a éste último grupo.

La película narra la historia real del boxeador James J. Braddock, quien en sus días de gloria fue candidato al título de los semipesados, y que verá como su carrera se viene abajo por culpa de las lesiones, al tiempo que pierde todo lo que ha ganado debido al hundimiento de la Bolsa. La Comisión de Boxeo le acaba retirando la licencia, y Braddock se ve obligado a sobrevivir trabajando como descargador en los muelles, si tiene la suerte de ser elegido ese día. Su orgullo toca fondo cuando se ve obligado a recurrir a los servicios sociales para mantener a su familia en el pequeño agujero que tienen como hogar. Un día su preparador, Joe Gould, le ofrece un último combate, donde se embolsará un buen dinero gane o pierda, en el cual se enfrentará al candidato al título de los pesados John Griffin.
Cinderella Man fue dirigida por Ron Howard, un peculiar director que seguramente no cuente con muchos fans acérrimos ahí fuera, pero que en mi opinión es tan bueno como otros colegas suyos más reconocidos. Su principal problema, en mi opinión, es que parece ejecutar sus proyectos con la misma frialdad y profesionalidad con que lo haría un buen carpintero o un buen pintor de paredes. Sus films suelen tener un gran acabado, pero parece que les falte alma. Además, no siempre le encajan todas las piezas, y su carrera tiene tantas buenas películas como películas mediocres o poco interesantes. Con todo, tiene mis simpatías, como la tenía el señor Burns por el entrañable "Guiñitos".

Cinderella Man es un buen film basado en una curiosa e interesante historia real, que ofrece combates espectaculares pero realistas, y que ofrece un reparto sólido, en el que destacan el dúo de Braddock y su preparador Gould, interpretrados por "el Hispano" Russell Crowe y el gran Paul Giamatti, uno de los mejores actores actuales. El amigo Russell no parece que tuviera un rodaje fácil; algunos de sus contrincantes eran boxeadores profesionales y en dosis del realismo el australiano se jugó algún tortazo que acabó donde no tenía que acabar. Pero seguro que su dentista y los espectadores se lo agradacemos.
Quizás lo peor del film, al menos para aquellos que no sean detractores de Renée Zellweger, como es mi caso, es el a todas luces caricaturesco retrato del campeón de los pesados Max Baer, convertido en villanísimo en pro del dramatismo de la historia de Braddock. Sin duda la incidencia que ponen sobre la fama de asesino del ring de Baer en la película ayuda a la trama, pero tal vez no habría hecho falta para ello tanto regocijo sádico del campeón. De todas formas el retrato de Baer es sólo un detalle que no empaña el resto del film.
Cinderella Man es pues un buena película de Ron Howard, y ya sabéis lo que quiere decir eso: un entretenimiento perfecto para una tarde aburrida de domingo.

sábado, 18 de abril de 2009

Big Dumb Sex

Imaginad que tenéis una canción con una gran riff, un mejor estribillo y un sonido que forma parte de un estofado metido en una olla a presión, con el vapor a punto de rebosar. Y ahora imaginad que echáis cualquier viso de comercialidad por la borda adornando la canción con docenas de 'fuck yous'. Ése era Chris Cornell en 1989.


jueves, 16 de abril de 2009

City on Fire (1987)

City on Fire pasa por la gran obra del director y guionista del director honkgonés Ringo Lam, además de ser una de las películas de cabecera de Quentin Tarantino. Y como sabrán los fans del de Tennessee, City on Fire fue también una de las inspiraciones para el primer largo de Tarantino, la celebrada Reservoir Dogs.

Imagino que salvo los connoisseurs del cine de acción de Honk Kong y Taiwan, la mayoría de los que nos hemos acercado a esta cinta ha sido principalmente por la curiosidad que nos producía el saber que City on Fire inspiró a Tarantino algunas escenas clave de su magnífico debut. Una vez vista, no puedo decir que me haya decepcionado, pero desde luego creo que el film de Tarantino es bastante superior al de Ringo Lam.

En realidad habría que aclarar primero que Tarantino tan sólo tomó prestadas algunas escenas y unos pocos puntos clave de la trama. Si tenéis a Reservoir Dogs bien fija en la memoria recordaréis que, flashbacks y flashforwards aparte, lo que veíamos era la preparación del atraco y sus consecuencias. Nunca sabíamos de la labor previa del policía infiltrado, ni veíamos el atraco en sí.
En City on Fire, en cambio, esa parte de la trama apenas ocupa el último cuarto de la película. El film comienza con un agente infiltrado que es liquidado en la calle. La banda a la que seguía los pasos pronto comete un violento asalto a una joyería. Es entonces cuando el inspector Lau pone a Ko Chow, su descarado sobrino, en la misión. Ko Chow parece ser un agente que prometía mucho pero que en algún momento su carrera se vino abajo. Su trabajo como agente de paisano en las calles no le satisface, mientras que por otro lado trata de conservar una muy precaria relación con su novia. En un principio Chow acepta con la condición de que su tío aceptará su dimisión tras entregarle unas armas a la banda de atracadores. Pero pronto comprobará que llevar su plan a buen puerto va a ser más difícil de lo que creía.

City on Fire, a diferencia de la espora de Tarantino, mezcla acción con un humor más desenfadado, típico del que nos suelen ofrecer las cintas hongkonesas. Especialmente lo encontramos en las disputas de Chow con su novia, alterada al parecer por su reloj biológico (en plan Mi primo Vinny). Pero con la misma facilidad con que nos sonreímos ante las metidas de pata de Chow nos podemos solazar con unas grandes escenas de persecuciones y atracos que son sin duda lo mejor del film, dotadas de un ritmo muy Tarantino, como era de prever. A destacar las carreras de Chow mientras se le acumula el trabajo y le persigue la policía, al más puro estilo Henry Hill en Uno de los nuestros, y por supuesto el duelo final entre atracadores que Tarantino prácticamente plagió en Reservoir Dogs.

De entre los actores asiáticos del film destaca principalmente el amigo Chow Yun Fat , que imagino es el único que la mayoría de occidentales conocemos. Él es el protagonista del film, Chow. Chow Yun es bueno en lo que hace, y desde luego aquí no es diferente a cualquier otro film que le haya visto.

Resumiendo, City on Fire me parece un buen film de acción, pero desde luego me quedaría con Reservoir Dogs. De todas formas quien de veras ame ese primer film de Tarantino debería investigar en las raíces del mismo, si es que no lo ha hecho ya. Yo de momento sigo en ello.
Y para matizar el asunto del plagio, habréis leído u oído muchas veces (yo al menos así lo he constatado) que Tarantino plagio descaradamente el guión, los personajes, la estética y demás de City on Fire. Quien afirme eso tan categóricamente simplemente no ha visto la película de Ringo Lam. Desde luego no me he detenido a realizar un estudio de plano por plano para ver si es cierto que Tarantino copió escenas enteras de City on Fire. Es más que probable que lo hiciera con algunas, pero no con todas, pues la película original tiene mucha más subtramas y escenarios. El norteamericano básicamente jugó con la idea del policía infiltrado y se apropió de escenas posteriores al atraco y del duelo entre atracadores en la nave abandonada. Y, por último, la estética de los atracadores de City on Fire nada tiene que ver con la de Reservoir Dogs. Esa idea la tomó de un film de John Woo que espero ver un día de estos.
Todos sabemos que Tarantino toma de aquí y de allá siempre que le apetece, pero matizar las cosas no cuesta nada.

miércoles, 15 de abril de 2009

Homer Simpson en Expediente X

Cualquier buen simpsonmaníaco recordará la aparición estelar de los agentes Mulder y Scully en Los Simpson, mientras buscaban a un supuesto alienígena que acababa siendo el señor Burns. No sé si los fans más acérrimos de Expediente X lo recordarán, pero lo cierto es que los de la serie paranormal le devolvieron el favor al gran Nacho man otorgándole un cameo en uno de los episodios de Expediente X. Yo desde luego no lo recordaba, de hecho nunca fui especialmente admirador de Mulder y Scully, pero me he topado con el vídeo por casualidad y desde luego me ha parecido digno de publicación.

Por cierto, esa cancioncilla de fondo... se irán los nubarroneeees, el sol volverá a brillaaar.

Teniente corrupto (1992)

Aquel que acuñara la frase "estás jodido en cuerpo y en espíritu tío" quizás pensara en el Lieutenant de Teniente corrupto. Tal vez no se veía un policía sucio tan carismático desde el Harry Quinlan de Orson Welles. A principios de los 90, mientras Harvey Keitel resurgía de su extraño periplo europeo, Abel Ferrara dejaba atrás sus remakes shakesperianos para adentrarse en la oscura psique de un oscuro teniente de policía (The Lieutenant) tan vicioso como los tipos a los que debía detener. Teniente corrupto fue una de las sensaciones de la temporada, removiendo un poco la escena underground, como ya hicieran años atrás Henry, retrato de un asesino o Sexo, mentiras y cintas de vídeo. Demostraba el gran momento de forma por el que pasaba Keitel, y dio a Ferrara unas cuantas burbujas de oxígeno de popularidad que no le duraron demasiado. Pero ahi quedó Teniente corrupto, una de las películas más enfermizas de los 90.

La verdad es que la tonta provocación de Joe Eszterhas que tanto atraía la atención de los medios se quedaba en nada cuando uno veía las delirantes escenas de Teniente corrupto, desde la violación de la monja hasta los desmanes del papel de Keitel, que iban desde meterse todo tipo de drogas hasta montarse orgías con prostitutas o aprovecharse de su autoridad al máximo.
Por supuesto, la escena más inolvidable del film fue ese delirante diálogo que el teniente mantenía con dos adolescentes que habían cogido el coche de su padre sin permiso, y a las que acababa obligando a simular una felación mientras el tipo se masturbaba delante de ellas. Desde luego una escena tan bizarra y cómica sólo podía aparecer en un film del pirado de Ferrara.

El personaje de Keitel parecía una versión ultradecadente del Charlie de Malas calles, como si el angel caído hubiera olvidado su fervor religioso y hubiera caído definitivamente en las garras del Viejo Nick. Y es que, aparte de las impactantes, serias o divertidas, escenas que retratan la vileza del Lieutenant, Teniente corrupto nos habla también de la religión, de su influencia cultural, y de su enigmático poder de redención. Esta película nos habla de un policía inmoral cuya vida se verá alterada por un extraño influjo apenas perceptible, que comenzará con el repugnante acto de espiar el cuerpo desnudo de la monja atacada. En cierto modo, Teniente corrupto es como un exabrupto porno alojado en una oscura neurona de Scorsese. Y los pulsos nerviosos los pusieron Ferrara y sus guionistas, entre ellos la enigmática ex-modelo Zoë Lund, quien además interpreta a la camello del teniente.

La verdad es que Keitel merecía los buenos papeles que consiguió a principios de década, y el del Lieutenant desde luego está entre lo mejor que ha hecho. Es difícil que vuelva a tener otro papel tan extremo, pero al menos demostró que no tenía demasiado que envidiarle a su amiguete De Niro.


Policía de servicio: ¿Os gusta chupar p...?

martes, 14 de abril de 2009

Diez videojuegos berrendos

¡Ah, el mundo de los videojuegos! Hoy en día cualquiera puede llegar a ponerse delante de la pantalla de un ordenador o del televisor y pasar la tarde en un mundo virtual mientras le da a la tecla o hace aspavientos con la Wii. Mientras que para algunos es un simple entretenimiento, para otros es una vida entera. Muchos de nosotros hemos pasado adolescencias de horas perdidas tratando de pasar nivel tras nivel, resolver problemas, o aniquilar a ejércitos de malutos. Para millones de nerdies en este mundo los videojuegos han sido su amante, su novia y su salvación, su paraíso particular tras un duro día en la escuela repleto de matones, profesores amargados y bellezas de clase que sólo se acercan para pedir apuntes. Sí, la primera generación de tipos que jugaron a los videojuegos lo hicieron en máquinas recreativas, y pronto, en videoconsolas para el hogar, fabricadas por la archifamosa Atari. Yo formé parte de la segunda oleada de la segunda generación, y aun puedo recordar los prehistóricos tiempos de los Spectrum, los Amstrad y demás cacharros, con juegos de cinta que hacían ruidos y tardaban más en cargarse que Rasputín en palmarla. Aunque en realidad mi verdadera videogame fever llegó con el boom de los juegos para PC.

Bueno, basta de preámbulos. El mundo de los videojuegos no es perfecto. Hubieron productos que nunca tuvieron éxito, como pasa en tantas industrias. Algunos merecieron mejor suerte, como aquél Grim Fandango. Otros, sin embargo, merecieron ser sepultados en las arenas del desierto, como es el caso de nuestro número uno. Con todo, esos videojuegos que a nadie gustaron no dejan de resultar entrañables, pasado el tiempo y olvidada la vergüenza. Y algunos eran realmente bizarros. Es hora pues de repasar algunos de esos videojuegos que jamás debieron ser programados. Obviamente no he jugado a todos ellos personalmente, pero amigos, en YouTube está todo, salvo el catálogo de la Warner y el Saturday Night Live.
Vamos amigos, desempolven sus Spectrums y Ataris, enfúndense en camisas de cuadros con lapiceros en los bolsillos, y saquen del cajon del olvido aquellos juegos que venían en cien disquetes, y den un pequeño paseo por el mundo de los videojuegos that should not be.

10. Lunar Landing: Empecemos con una experiencia personal. Un día de compras en unos grandes almacenes. Yo era un renacuajo, había Spectrum recién estrenado en casa, y al parecer insistimos lo bastante como para agenciarnos algún juego. Supongo que por eso de evitar peleas mi hermano debía elegir un juego y yo otro. El caso es que me dio la paliza (creo que con conocimiento de causa) para que eligiera tal o cual videojuego. Pero amigos, me encontré con la increíble portada de Lunar Landing, que incluía una extraña nave nodriza, un desierto y un astronauta pudriéndose en la arena. ¡Aquello prometía! Seguro que en mi imaginación ya me veía a mí mismo metido en la peli de Alien, el octavo pasajero o algo. Así que insistí e insistí y me salí con la mía. Así fue como Lunar Landing entró en nuestra casa. Y así fue como descubrí un cagarro de proporciones bíblicas. Porque, efectivamente, el juego consistía en eso: en aterrizar una cutrecápsula lunar en nuestro querido satélite. Ni enemigos que abatir, ni astronautas agonizando, ni siquiera pantallas distintas. Simplemente una nave, obstáculos, y un triste paisaje en blanco y negro. Aquello era tan excitante como ser Michael Collins en el Apolo XI. Amigos, he aquí un ejemplo de que aprender inglés desde pequeñitos es útil y puede ahorrar muchos disgustos.

9. Big Rigs: Over the Road Racing: race trucks across the country trying to deliver illegal cargo, with cops chasing… Así rezaba la engañosa publicidad de Big Rigs: Over the Road Racing, un clásico de los juegos de carreras que en realidad no contenían carrera alguna. En realidad, ni siquiera había policías. ¡En muchos casos ni siquiera había carrera alguna! Los rivales simplemente no se movían de su sitio. O si lo hacían, se paraban inexplicablemente antes de llegar a la meta. Simplemente uno se montaba en su camión y conducía, y acababa ganando. Era imposible perder. Big Rig era un juego que parecía diseñado para todos aquellos niños que por cualquier causa no puedan soportar la idea de la derrota. Si tiene usted un hijo sensible, ¡cómprele Big Rig! Diseñado a prueba de traumas.

No sólo la AI del juego era penosa, y la vista del vehículo en tercera persona aburrida, sino que además las leyes físicas desaparecían por completo. Para todos aquellos que siempre odiaron tener que estar confinados a un circuito en los videojuegos de carreras, Big Rig les daba la posibilidad de no sólo salirse de la carretera, sino de cruzar campos, piedras, muros, casas, árboles, puentes, ríos… simplemente el camión lo cruzaba TODO. Big Rig amigos, el juego que apuesta por la libertad absoluta. ¿Lo diseñaría un beatnik?


8. Daikatana: He aquí a un videojuego cuyo desarrollo podría etiquetarse como un ‘Chinese Democracy’ de los videojuegos FPS, esos en que te pones a disparar a enemigos en primera persona.

Si el cine tuvo a George A. Romero, el mundo de los videojuegos tuvo a John Romero, el padre de los tiroteos en primera persona, creador, entre otros, de juegos tan míticos como Wolfenstein 3D, Doom o Quake. John se convirtió en un gurú del entretenimiento videojueguil, y sus éxitos hicieron que las compañías de videojuegos se dedicaran a mimarle como Geffen mimaba a Axl Rose. Y al igual que al simpático cantante de los Guns ‘n’ Roses, a John Romero también se le fue la cabeza, y se puso a conducir Ferraris, vivir a lo grande y darle trabajo a su novia programadora de Playboy. Y en 1997 Romero se dispuso a crear el videojuego de FPS definitivo, su particular Chinese Democracy, un videojuego que iba a hacer del Doom y el Quake meros juegos educativos.

En el mundo de los videojuegos ignorar el cuento de la lechera ha provocado muchos desastres. Jugar con las expectativas, o creerse tan listo como para anticiparse a ellas, ha sido un error que muchas empresas han pagado caro. Y resultó que la creación de Daikatana resultó ser más complicada (y costosa) de lo esperado. Mientras una publicidad masiva anunciaba que Daikatana iba a ser lo más grande desde que Mahoma moviera sus montañas, la salida del videojuego se iba posponiendo cada vez más. Mientras, la compañía perdió los papeles y lanzó una campaña publicitaria que decía: John Romero's About To Make You His Bitch....Suck it down. Que era como decir algo así como “se la vas a comer al tal Romero de lo bueno que va a ser esto”. Y mientras la fecha de aparición se posponía y los gastos subían, se publicaron las primeras demos… y aquello no convenció a nadie. Y para cuando en el año 2000 finalmente apareció Daikatana en el mercado, no sólo la inmensa expectativa de los fans hizo su trabajo, sino que además ya había videojuegos similares en el mercado con una tecnología superior. Fue uno de esos casos kingkonianos en que the hype killed the beast.

7. Irritating Stick: Este videojuego al menos no hacía gala de publicidad engañosa, ya que el titulo hablaba por sí mismo. El juego consistía en guiar a una especie de punto blanco por unos imposiblemente sinuosos túneles a ritmo de música tecno de ascensor mientras una especie de Jordi Hurtado yanqui no deja de hacer comentarios irritantes, avisándote de que te acercas demasiado al borde y preguntándose qué demonios pasa cada vez que te chocas y saltas por los aires, cosa bastante probable dado el número de curvas cerradas que tiene el recorrido.


La verdad es que Irritating Stick parecía ideado para entretener a los discotequeros de los 90 que llegaban un lunes por la mañana a su casa tras un fin de semana de fiesta non-stop con pirulas de todos los colores y luces estroboscópicas.

Sin duda el título del videojuego cumplía lo prometido.



6. Whistler’s Brother: Si creían que era difícil guiar a un ciego como Al Pacino en Esencia de mujer, es que no jugaron a Whistler’s Brother.

En efecto, el juego consiste en guiar a un pobre ciego a través de diversas pantallas cada vez más dificultosas hasta un lugar seguro. Pero para guiarlo usted manejará a un personaje vestido de gris, y para que el invidente le siga deberá silbarle o pitarle con una especie de silbato. Como ven, hasta aquí todo correcto.

Ahora imaginen que el ciego no sólo es un egoísta como Pacino sino que además es un ciego empapado en crack que no para de correr como el demonio de un lado para otro. Y que encima sólo subirá o bajará escaleras si usted sube o baja la escalera. Desconfiado el amigo invidente. Aunque usted puede ir recogiendo objetos que le ayudarán a que el ciego supere ciertos obstáculos, añada a la dificultad de guiar al ciego loco y obstinado el que le lancen objetos, le disparen y demás. Evidentemente, misión imposible. Haga lo que haga, el ciego acabará por meter la pata, y usted no sólo perderá la partida, sino también sus nervios.

5. Custer’s Revenge: ¿Son los videojuegos perjudiciales para los niños? ¿Tanto sexo y tanta violencia los convierte en psicópatas hideputas adoradores de Satán? Demonios, no lo sé. Pero tal vez un niño criado a base de jugar al Custer’s Revenge se convierta en un serial killer genocida, o tal vez no entienda nada y sólo vea extraños píxeles moviéndose, intrigado como si mirara dibujos de bisontes en una cueva. Pero si creían que la violencia y el sexo son sólo cosa de los modernos supervideojuegos como Grand Theft Auto y demás, están equivocados. No sé si habrá asesinos del videojuego, pero lo cierto es que siempre hubo programadores con ideas muy bizarras.

Y así fue como en 1982 a alguien se le ocurrió la brillante idea de crear un videojuego para adultos que realmente satisficiera la libido de los jugadores más calentorros. Pero ya de partida el planteamiento era curioso, por decir algo. Ahí teníamos al personaje principal, el general Custer, vestido sólo con un sombrero y unas botas, y luciendo una pértiga que ni Sergei Bubka, dispuesto a cepillarse a su prisionera india, Revenge, quien está atada a un poste (!), con lo cual el objetivo del juego era, básicamente, ¡violar a una india! Por supuesto, las asociaciones feministas, familiares y demás no dudaron en atacar al videojuego, pero como suele pasar en estos casos, tanta publicidad extra le vino bien a las ventas del juego.

Lo que yo me pregunto es si alguien realmente se pondría a tono contemplando unos gráficos tan pobres. Aunque bueno, si hay gente que veía porno codificado…

4. The Transformers: No sé como sería el juego, pero viendo este video no parece un videojuego muy excitante.


3. Ring King: Probablemente no sea de los peores juegos de la historia, pero este videojuego de boxeo tenía una animación entre round y round cuanto menos curiosa. Evidentemente en aquellos tiempos los gráficos eran muy limitados, pero si se fijan en el final de este video verán a lo que me refiero: o bien los cuidados que reciben los boxeadores no les quedaron muy bien, o bien los ayudantes de esquina realmente quieren que sus boxeadores se relajen. O quizás ambos boxeadores se hacen con los servicios de prostitutas entre rounds. La verdad es que no lo sé, pero si que puedo afirmar que desde no es de las animaciones más afortunadas de la historia de los videojuegos.


2. Smurf Rescue: Quizás la temática pifutil no sea muy excitante hoy en día, y me pregunto si a principio de los 80s lo era para alguien que tuviera más de diez años. Pero aunque el rescatar a la Pitufina quizás no se pueda comparar a acabar con cientos de alienígenas, y el pobre pitufín protagonista no sea Conan precisamente, sólo faltaba que el pitufo de marras la palme con rozando casi cualquier cosa que se encuentre por el camino, desde una cerca a unos míseros hierbajos. Y encima en la pantalla final al cambiar de pantalla la Pitufina se queda en topless debido a algún extraño bug del juego, lo que sin duda debió confundir a muchos inocentes seguidores de los pequeños seres azulados.


1. E.T. the Extra-Terrestrial: La industria de los videojuegos tuvo que pasar su propio crack del 29 para aprender a las duras una sabia lección: que la gente no iba a tragarse cualquier subproducto sólo porque fuera un videojuego. Tras el increíble y desmesurado éxito de Atari, muchas compañías se dispusieron a colapsar el mercado con videojuegos horribles que llevaron a la industria a una gran crisis. Y es que la codicia rompió el saco. Si tan sólo hubieran echado la vista atrás, a la Holanda de los tulipanes…

Y es que en 1982 una Atari henchida de ego se dispuso a aprovechar el filón del megaéxito de E.T. el Extraterrestre sacando al mercado una versión de la película en videojuego. Negociar con Spielberg nunca ha sido fácil, y los ejecutivos de la Warner, por entonces dueños de Atari, emplearon mucho tiempo y muchos millones en hacerse con los derechos de la película. Lo que dejó al pobre programador un margen de apenas cinco semanas para sacarse de la manga un videojuego que estuviera disponible en las tiendas las Navidades de ese año.

El santo varón hizo lo que pudo y entregó a Atari un videojuego lento, de pantallas ramplonas y jugabilidad subcero, con una trama tan interesante como un dolor de muelas. Pero los mandamases de la compañía estaban muy seguros de sí mismos y fabricaron cuatro millones de copias que, casi literalmente, se tuvieron que comer con patatas. La chapuza fue mayúscula, y aquellos que habían comprado el juego comenzaron a devolverlo, quizás no sólo por lo malo que era, sino para que nadie en el barrio se enterara de que se había gastado dinero en semejante engendro. E.T. the Extra-Terrestrial se convirtió en la Cleopatra del mundo de los videojuegos, sentenciando un negro futuro para Atari.

Las copias no vendidas del considerado por muchos peor videojuego de la historia, junto con otros productos de Atari que ya nadie quería (estamos hablando del 83, en plena crisis de la industria) acabaron sepultadas, en una decisión francamente ecológica, cerca de los vertederos del desierto de Alamogordo. Según reza la leyenda, los de Atari sepultaron además los compactados restos del absurdo videojuego bajo una capa de cemento, no fuera a ser que algún videojuego cobrara vida y volviera de entre los muertos para atormentar a los ejecutivos de la subsidiaria de Warner.

Al final, para variar, el único que salió ganando de todo aquello fue Spielberg. Y es que este hombre, al igual que Parker Lewis, nunca pierde.

lunes, 13 de abril de 2009

Los Soprano en horario familiar

¿Cómo serían Los Soprano en un horario familiar? Es más, ¿cómo sería ver un capítulo de la famosa serie en Pax TV, el canal religioso favorito de los Ned Flanders de este mundo? En MadTV tienen la respuesta.


domingo, 12 de abril de 2009

Fiebre salvaje (1991)

¿Qué como descubrí esta película? Pues verán, hubo un tiempo, antes del DVD, en que los VHS de alquiler traían anuncios antes de la película, como también ocurre hoy, pero eran más difíciles, o mejor dicho, más aburridos de saltar que hoy en día. También como ocurre hoy, en ocasiones los trailers te vendían una película con la misma sinceridad que un Hitler reunido en Munich allá por el 38. Pues la supuesta comedia ligera que vendían hablando de Fiebre salvaje no tenía tanta comedia como daban a entender los "escogidos" diálogos y la alegre música de Stevie Wonder. Lo cierto es que se trataba, supuestamente, de una comedieta dirigida por Spike Lee, un tipo que hacía nada me había volado la cabeza con la alucinante Haz lo que debas. Así que obviamente la alquilé. Y lo que me encontré fue un buen producto, pero si hablamos en porcentajes, creo que de comedia tendría un 1%.

Allá por los 90 hubieron momentos tristes. El suicidio de Kurt, la separación de Soundgarden. El He Got Game de Public Enemy. Y el constatar que Spike Lee no iba a regalarnos jamás otro Haz lo que debas. Tampoco esperaba que Fiebre salvaje fuera a ser la solución a mis problemas. Mo' Better blues estaba bien. Pero Malcom X fue, a pesar de tener buenos momentos, un proyecto fallido. Crooklyn parecía un episodio de Bill Cosby, lo del videoclip de Eros Ramazzoti sigo sin entenderlo, y quizás por todo ello dejé de lado a Clockers. El caso es que de la noche a la mañana Spike Lee dejó de ser excitante. Desde luego no ha dejado de trabajar, y sigue siendo muy bueno en los documentales. En cine sigue acertando de vez en cuando, como con aquel interesante thriller llamado Plan oculto, pero está claro que sus días de gloria han quedado tan atrás como el Born in the USA de Springsteen.

No hace falta explorar mucho por Internet para dar con el hecho de que una de las razones por las que es conocida Fiebre salvaje es el día en que el Festival de Cannes creó un premio al "Best Supporting Actor" sólo para premiar la labor de un Samuel L. Jackson genial que interpreta a un adicto al crack, hermano del protagonista, Flip. Dicen que Samuel no necesitó mucho maquillaje, pues hacía apenas unas semanas que él mismo había completado su propia cura de desintoxicación. Desde luego se las bastó para llamar la atención de mucha gente (incluido el menda) con el papel del colgado Gator. Lo que vino después para Samuel ya lo sabéis: unos cuantos proyectos, Jurassic Park, y la grandiosa Pulp Fiction, que le valió a Sam un merecido estatus de estrella. Si sois fans del gran Sam y no habéis visto Fiebre salvaje, veréis como roba todas las escenas en la que aparece.

Antes de adentrarme más en la trama y demás, quería pararme en comentar la carrera del protagonista, Wesley Snipes. De hecho ha sido una sesión vespertina de cine curiosa, porque después de haber visto Blade II me he topado con Fiebre salvaje, y allí estaba el bueno de Wesley, cuando todavía se preocupaba por ser actor. Al menos hay que reconocerle que nunca ha engañado a nadie: todavía recuerdo una entrevista en la que afirmaba sin tapujos que le gustaban los coches caros, las mujeres guapas, y sus mansiones, y que los papeles "serios" no le pagaban nada de eso. Wesley Snipes, un tipo con las prioridades claras. En fin, Wesley nunca fue Monty Clift precisamente, pero es un actor lo bastante bueno como para no arruinar un film por sí solo. En Fiebre salvaje está correcto y no hay que pedirle más.

¿Y de qué va Fiebre salvaje? Bueno, imaginad que Woody Allen fuera negro, y se llamara Spike Lee, pero tratara de sus típicas relaciones de parejas y sus análisis sociales, aunque desde la perspectiva de un combativo director negro. Pues el producto sería, quizás, algo parecido a Fiebre salvaje.
En principio, la trama principal de la cinta nos habla de dos parejas, una blanca que vive en Brooklyn y otra negra que viva en Harlem. La primera está formada por Angie Tuccie (Annabella Sciorra), una italoamericana que vive con su padre y sus dos hermanos, y cuyo novio, Paulie (el gran John Turturro), tiene una tienda donde aguanta a los paletos italianos callejeros y una guapa y simpática vecina de color compra el periódico. La segunda pareja la forman el matrimonio de Flip y Drew, una fogosa pareja de Harlem que tiene una hija. El caso es que Angie entrará a trabajar en la compañía donde se gana la vida Flip, ante el disgusto inicial de éste, quien quería a un trabajador de color. Pero el roce hace el cariño, y ya os imagináis lo que viene después.

La historia bien podría haber sido una comedia romántica, pero evidentemente Spike Lee siempre ha ido a la suya, y lo que es comedia había poca. Aunque había muchos diálogos sobre los tópicos de parejas interraciales y de blancos y negros que parecían escritos por un Woody Allen de pelo afro, Spike no se cortó y se dedicó a incorporar no sólo el racismo entre guetos sino el espinoso tema del crack que durante los 80 había asolado América, pegando fuerte en Nueva York. En Fiebre salvaje, aparte de la trama de parejas que van y vuelven, encontraréis los temas que siempre ha tratado Spike Lee: el racismo, la intolerancia, los estereotipos, la importancia de la educación, la religión, los conflictos de los barrios negros (léase droga), el propio afroamericano como enemigo de su raza, etc. Y aunque quizás su enfoque sobre las drogas y el crack en particular no sea demasiado diferente del efectismo con el que solía tratarlo Hollywood (y, diría yo, de forma consciente, para concienciar al público sobre esa realidad), la fuerza y el saber hacer que Jackson le imprime al personaje de Gator, aparte del propio saber rodar de Spike Lee, situan a la subtrama muy por encima de films contemporáneos como New Jack City.
Si además a dicha subtrama añadimos el binomio Ruby Dee-Ossie Davies (que ya funcionara tan bien en Haz lo que debas) pues nos encontramos con que toda la trama que gira entorno a Gator acaba siendo mucha más interesante que el negro-conoce-a-italiana. Y además situaría el papel del siempre elegante Ossie justo por detrás del de Samuel. Su imponente retrato del fanático reverendo Purify es digno de verse.

Y, en fin, aparte de todo esto, ahí tenemos al peligroso Nueva York pre-era Giuliani, a Snipes adentrándose en los peores barrios de Harlem buscando a su hermano mientras de fondo suena el "Living For The City" de Stevie Wonder, y a una cuasi irreconocible Halle Barry en un pequeñito papel. Si quieren, búsquenla. Y si encuentran algo mejor, cómprenlo.

Hocus Pocus

Una comilona, una larga tarde y muchas ingestas después, me encontraba yo en pleno estado Lisa Simpson "puedo sentir la música" cuando un amigo me puso en el ordenador esta actuación de los holandeses Focus. Nada sabía de ellos, y desde luego hacía tiempo que no escuchaba nada tan bizarro y desquiciado. El impacto fue total, y me preguntaba mientras el universo pasaba ante mis ojos cómo un guitarrista de ese calibre no estaba pateando culos a tanto insufrible guitar hero que hay por ahí. Creo que si os imagináis las escenas de 2001 donde Dave Bowman viajaba por varios mundos de colores podréis haceros una idea de mi estado mental en esos momentos.

En fin, que Focus y su "Hocus Pocus" me noquearon a base de bien. Yoledeleleipompom!
Joder vaya unos arranques brutales que se marcaban estos tipos.


viernes, 10 de abril de 2009

Sam Kinison

El sentido del humor es como las opiniones o los culos. Todos tienen uno. Bueno, quizás todo el mundo tenga opiniones, pero seguro que conocemos a unos cuantos sujetos que no tienen el más mínimo sentido del humor. Había un señor con bigote que no lo tenía. En cambio un amigo suyo si lo tenía, aunque en vez de hacer monólogos hizo guerras. Pero, hey, no nos pongamos serios. Estoy aquí para hablaros de Sam Kinison, uno de los mejores y más bizarros cómicos de los 80.

El don de la palabra le venía a Sam de lejos. O quizás de muy arriba. Lo cierto es que su padre era un predicador, de esos que tanto abundan en los States, pentecostal para más señas, con mujer hijo y demás, que recorría las iglesias de sus feligreses hablándoles de las cosas que se hablan en esos sitios. Sam Kinison comió, creció, quién sabe si escucharía a Lenny Bruce a escondidas, estudió y decidió seguir los pasos de su padre. Cualquier cómico que se precie debe foguearse en los clubs antes de apuntar realmente alto. Sam cogió tablas predicando la palabra del Señor. En sus actuaciones puede verse la influencia de sus días de predicador. Verborrea incontenible, energía religiosa, y gritos apabullantes.

Siendo muy joven Sam descubrió el amor, o creyó descubrirlo, y contrajo matrimonio con otra jovencita. La cosa no duró demasiado, y el divorcio no tardó en llegar. Y un divorciado no puede ser, al parecer, predicador pentecostal. Sam dejó atrás el Pentecostés y se lanzó de lleno a la que era su verdadera vocación: el mundo del espectáculo, la comedia, el rock and roll, las drogas, las mujeres fáciles y el alcohol. Y no estrictamente por ese orden.

Mi primer contacto con Sam Kinison, sin en realidad saberlo, fue en una infumable película de Rodney Dangerfield, Regreso a la escuela. En el film había poco que aprovechar, pero desde luego la atómica aparición de Kinison como profesor tarado valía por toda la película.
No fue casualidad que Sam rodara ese cameo. Fue Dangerfield quien le puso en el camino correcto del circuito de clubs, y quien le dio su primera gran oportunidad en el festival anual de cómicos que el veterano humorista dirigía y que era retransmitido por la HBO. Poco después llegó su inolvidable aparición en el programa de David Letterman, y el resto es historia. Sam se había ganado un puesto de honor en la mesa de los stand-up comedians.

El estilo de Sam Kinison era corrosivo, mordaz, hiriente, brutal, pero hilarante. Era un trabajo concienzudo el suyo. Como todo en esta vida, para hacer humor con la religión, la misoginia, el hambre en el mundo y demás, hay que tener gracia y saber hacerlo bien. Si a la arrolladora personalidad de predicador de Kinison le sumamos sus chistes decididamente nada políticamente correctos y sus característicos gritos vikingos nos encontramos con un bruto que desde luego lo habría tenido difícil hoy en día para no perecer ahogado por demandas de asociaciones diversas y críticas de gente que se toma el humor en serio.

Cargado por aquarius3

Indescriptible "Wild Thing"


Sam Kinison era un entrañable mostrenco de grito inolvidable (creedme, no hay dos gritos como el suyo, así como no puede haber dos miembros como el de John Holmes) que afrontaba sus actuaciones y sus humorísticas afrentas con la misma energía que si tratara de convertir a una multitud de fieles en la iglesia. Salvo que cuando Kinison acababa su actuación se recorría los clubs de Los Ángeles metiéndose de todo, poniendo dólares en tangas y yendo de juerga con sus amigos rockeros Slash, Billy Idol, Tommy Lee, Steven Tyler y demás iconos hardrockeros. Si la escena rockera de LA tuvo algún cómico favorito, sin duda ése fue el gran Sam. De hecho en 1988 Sam reunió a algunos de sus amigos para grabar una versión del "Wild Thing" de los Troggs que desde luego no era lo que se dice grandiosa, pero que le sirvió para aparecer una buena temporada en la MTV con un videoclip rodeado de algunos amiguetes y donde retozaba con Jessica Hahn, un bombón que significó la perdición del telepredicador Jim Bakker.
Sam también tuvo tiempo de rodar una serie de cortísima vida llamada Charlie Hoover donde interpretaba a la hardcoriana conciencia de un pobre don nadie (juro que dicha serie se llegó a emitir en España, creo que en Canal Plus, en sus comienzos) y hacer algunos cameos en Matrimonio con hijos, serie para la cual, según dicen, se le consideró brevemente como protagonista.

La verdad es que con el ritmo de vida tan salvaje que llevaba Sam no sé si habría vivido mucho más, pero lo cierto es que un jodido conductor borracho se lo llevó de este mundo un 10 de abril de 1992. No sé si su sangre estuvo limpia aquella noche, pero su conciencia seguro que lo estuvo. Aunque el bueno de Sam tuviera menos tacto que el Príncipe Radian, su humor hizo felices a millones de tarugos en todo el mundo. Desde luego a mí lleva una buena temporada haciéndome reir con sus barrabasadas.

Como último apunte, decir que su famoso grito debería ser reconocido por los fans más hardcorianos de Anthrax. Y hasta aquí puedo leer.

jueves, 9 de abril de 2009

Dulces dieciséis en la cumbre


Como decía Jesús Puente, "que bonito es el amor". Si es que se le ponen unos ojillos a nuestro presi...



"You're Sixteen", cancionaza.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XX)

Bang

Finales de los 60. En un instituto dos tipos con intereses comunes se hacen amigos y no tardarán en coger unos instrumentos y formar una banda. Frank Ferrara se pone a las cuatro cuerdas y Frank Gilken coge la guitarra. Pasan por distintos grupos y formaciones hasta que se topan con Tony D'Iorio, quien será a partir de entonces su batería. Con Ferrara a las voces y un artículo de la Rolling Stone que les inspira el nombre nacen Bang, un power trio que rezuma salsa barbacoa y que pondrán a Philadelphia patas arriba siguiendo la mejor tradición de Grand Funk Railroad y Balck Sabbath.
En una era sin Myspace y sin blogs el trío se entera de que algo gordo se prepara en Orlando y deciden cargar su equipo en una furgoneta y presentarse ante la puerta del estadio para ver si consiguen una oportunidad para tocar. Hablan con el promotor, un "vale, tíos, enseñadme qué sabéis que hacer", Bang tocan, y dicho y hecho, el grupo abre un festival con Small Faces y Deep Purple como cabezas de cartel. Apenas tocan media hora y en el típico momento en que la gente apenas si ha puesto el pie en la hierba, pero menos es nada. Les vale abrir en un show para Steppenwolf y que el promotor se convierta en su manager. En los meses siguientes abrirán para algunos de los más grandes: Alice Cooper, Mountain... El siguiente paso, claro está, es un contrato discográfico. Llega en 1971, cuando firman para Capitol Records. El debut homónimo no tardará en llegar.

Si queréis imaginaros cómo suena Bang, su primer disco, pensad en el primero de Leño... aunque con un cantante bastante más melódico y una producción más cuidada, podéis haceros una idea. El productor había trabajado con Blue Cheer. Así que seguro que ya os hacéis una idea: riffs pesados, sonido pantanoso, guitarras azuzantes... y una voz a medio camino entre Dick Peterson y un Geddy Lee muy comedido. Salvo "Last Will", un medio tiempo preciosista, todos los temas están cortados por el mismo patrón del metal de Birmingham con aleación blues rock: "Lions, Christians", "The Queen", "Future Shock"... rock pétreo de las Montañas de la Luna. "Our Home" deja un ligero regusto de las inevitables influencias beatlianas de la banda, aunque el sonido sigue siendo rasposo, mientras que "Redman" tiene una humeante colilla de sonido de la Frisco Bay.

El segundo largo de la banda, Mother/Bow To The Queen aparece en 1972, y es la obra de un grupo sin batería (el disco se completó con músicos de sesión), sin su primer productor, y con una compañía que quiere hacerlos más vendibles. El sonido es por lo tanto es más limpio, como demuestra "Mother", el tema que abre el álbum, y que comienza con unas bucólicas acústicas en una onda Led Zep, para dejar paso a un furioso boogie que habría gustado al musculoso Mark Farner. El segundo tema, "Humble", está cortado por un patrón parecido, y de nuevo deja caer unos riffs muy leñosos que seguro gustarían al bueno de Rosendo. "Keep On" es sin duda lo mejor del disco, un tema muy en la onda de Leaf Hound con un desparrame final en el que el grupo se permite acabar la canción con unos cambios por los que muchos grupos rezarían tener para sacarse una canción de la manga. El resto del disco tiene otros buenos temas guitarreros como "Idealist Realist" o la cremosa "Tomorrow". "Feel The Hurt" y "Bow To The King" son dos largos y espléndidos buenos tiempos, y para que quede patente el deseo de la discográfica de ver al grupo triunfar en los charts la banda se descarga con un alegre tema con coros femeninos y demás "No Sugar Tonight" que no hace sino demostrarnos lo bien que sonaba la comercialidad en el 72.
Tras un tercer disco, Music, y con una situación contractual que no satisfacía a ninguna de las dos partes, el grupo rompe con Capitol y se disuelve en las arenas del tiempo. A finales de los 90, con una situación propicia, Bang, al igual que otros muchos grupos que en su día acabaron sucumbiendo, vuelven a los estudios y a la carretera.
¿Qué como suenan sus nuevos trabajos? Ni idea, pero con la de buenos temas que encierran sus dos primeros discos, ya podría alguien traerlos a Europa, caramba.

Os dejo con "Keep On", un temón cuyo final me sigue dejando sentado. Un orgasmo fugaz cual descuido de la Johansson.

martes, 7 de abril de 2009

Señor taxista

El sábado no parecía que hubiera crisis vista la congregación de personal que hubo en la Feria del Vino. Entre que este año llegamos más tarde que nunca, el gentío, la crisis y demás, disfrutamos menos tiempo de los dones de la tierra y de Baco, pero aun así volvimos alegres, aunque no a casa, porque nos esperaba algo de cerveceo. ¿Y todo esto que tiene que ver con Lenny Kravitz? Absolutamente nada.

Qué lejanísimos quedan aquellos tiempos en que el señor Kravitz parecía un artista nuevo e interesante, algunos incluso le consideraban rompedor. Parecía que con Let Love Rule y Mama Said (donde contó con ayuda de todo un Slash para sacarse un gran single de la manga) Lenny se iba a consolidar como un artista a tener en cuenta, a pesar de sus descaradas inspiraciones en Hendrix y demás, pero a partir de la famosa "Are You Gonna Go My Way" Lenny Kravitz decidió que quería una piscina más grande y ser de la jet set, y entonces sí, su pérdida de papeles fue total y cada vez más demencial. Dudo mucho que pudiera volver a escuchar un disco entero de este hombre, pero hay algunos temas sueltos que me siguen gustando mucho, especialmente "Always On The Run" y este "Mr. Cab Driver".



PD- no sé si las féminas le tendrán en mejor consideración que yo. Música aparte, es decir su nombre y a algunas amigas mías se le nublan los ojos.

sábado, 4 de abril de 2009

Family television. Redefined.


Producto de un absurdo momento de insomnio, aunque quizás comprensible por lo que me espera mañana (escribo esto un lunes de madrugada), os dejo con una ¿absurda? propuesta de programación televisiva (o parrillera que diría Georgie Dann) para todos los públicos, según los cánones vigentes. Allá vamos.


Collejeros: Un grupo de yonquis, vagabundos, pastilleros y demás gentes con la vida resuelta salen en grupos por las calles, cámara en mano, para mostrarnos la realidad de uno de los sectores de la sociedad más marginales: los periodistas.

Padres forzosos: Miniserie ambientada en un futuro cercano donde la vocación religiosa está bajo mínimos. Armados con rifles y redes, y a ritmo de una música frenética y chillona, grupos de sacerdotes salen a cazar humanos por los campos para encerrarlos en los seminarios y monasterios, imbuyendo a todo quisqui de un gran temor a la Zona Prohibida, que alberga terribles secretos y científicos sádicos que bailan descalzos sobre células madre y juegan a la comba con cordones umbilicales.

Gran Germano: Diez neonazis serán encerrados durante varios meses en un campo de concentración repleto de cámaras para seguir su día a día. Cualquier huída será imposible, pues los muros del campo están hechos de libros. Mientras asistimos a un rico experimento sociológico los concursantes pasarán diversas pruebas para ver quién es el más ario. El ganador se llevará como premio un crucero de placer por el mundo con paradas en África, Oriente Medio y sitios así, mientras que los perdedores serán investigados para averiguar cuales de sus nutrientes pueden ser útiles a la sociedad.

La faja: Programadores de las principales cadenas serán encerrados en una habitación con paredes que emiten sus propios programas mientras una faja les aprieta el cráneo poco a poco cual es la composición de sus sesos, en caso de hallarse alguno. De gran valor psicológico.

El diario de Estulticia: Los niños también tendrán su ración de diversión cuando vuelvan a casa del cole con este programa repleto de violencia gráfica (de la de los telediarios, nada de películas) y sexo explícito con especiales de porno nipón salvaje. You wanted the best, you got the best. ¡En la televisión nunca dejaremos de pensar en vuestros hijos! Nos preocupamos por ellos y por el amplio espectro de mercado que representan. ¿Espectro?

Supervividores: En un esfuerzo sin parangón de la televisión pública para no sólo competir con las privadas sino aplastarlas y dejarlas en la calle, perdidas, sin rumbo y en el lodo, situmedicesvenlodejotodo, a base de seguir derrochando dinero público, la Primera (sobretodo en deudas) estrenará este reality en el cual famosillos y famosetes y demás fauna de la prensa rosa se irán con todos los gastos pagados y algún pico de miles de euros para pipas a una isla del Caribe donde harán concursos de baile, de canto, del revés, de pie y acuclillados, para luego desembarcar en otra isla y retar a jovencitas y jovencitos aspirantes a modelo, bailarines y cantantes a un duelo de combate de gladiadores donde la victoria se la llevará el despropósito y la garrulez. Por supuesto el casting de adolescentes con ínfulas se llevará a cabo con crueldad y serán elegidos sólo los más aptos que puedan derrochar litros de lágrimas sin deshidratarse.

El raptor X: Un jurado de expertos nombrará de entre varios criminales, violadores y asesinos al ganador cuyo crimen será tan detestable que su éxito estará garantizado. Los telediarios se rifarán el caso para ir más allá de la noticia y dar montones de detalles innecesarios y absurdos sin preocuparse por las familias de las víctimas o la gente sensible que debería estar leyendo libros. Por supuesto, aparte de exprimir la noticia hasta el infinito y más allá, aportando miles de fotos de la víctima, el terrible suceso será la comidilla de expertillos y expertillas en los magazines y calcetines de los canalillos estatales y demás escotes.

Las cantamañanas de telecirco: Todos los programas matutinos se reunirán en un solo con el tripe o el cuádruple de presentadoras, folklóricas, divorciadas de toreros, condes italianos, famosetes, famoseos, fariseos, y doble ración de estulticia, populismo barato y poco buen gusto. Hacia la sobremesa un grupo de tertulianos profesionales que vagan de cadena en cadena cual sombra de Caín, debatirán la actualidad política siempre defiendo la postura de su partido preferido a brazo partido, aunque su posición atente contra la lógica. En casos especiales se harán tertulias donde todos estén de acuerdo con el punto a tratar. El pulso del programa lo llevará un robotech llamado Ana Rosa Campos-Xarel10 capaz de lanzar rayos láser de populismo y demagogia que dejarían a nuestros políticos a la altura de un soldadito de plomo, con lo cual añadirían algo de pintura a su natural condición.

Bellos y bellas y viceversa: Un montón de actores, actrices y modelos wannabe añadirán un toque picante wasabi a las tardes en un fascinante programa donde un bello o una bella deberá elegir a su media naranja ateniéndose a unos patrones culturales muy elevados. La gente normal nunca podrá participar, para eso ya está El diario de Estulticia, haciendo parejas inverosímiles para disfrute de los miembros de MENSA. Alguien debería decirles a los participantes del concurso que hacer un casting porno es menos denigrante. Al menos en el porno se comercia con ganado honradamente.

Puerto Hurraco, ¡qué hermosa eres!: gala especial de la televisión pública que con una excusa más absurda que las que ponía yo en clase cuando no había hecho los deberes montarán un programa de variedades con humoristas penosos y cantantes y grupos de moda dictados por las compañías y la Sociedad Coronel de Autores aka 'Todavía hay clases, chaval', actuarán en riguroso diferido haciendo playback y playmóbil, no sea que el directo saque a relucir algunas vergüenzas. El evento será presentado por una ex-Miss España y el inclíto Ramon García, que tiene más capas que una cebolla, y nos dará las campanadas a ritmo de la Macarena. La música para la juventud más inquieta y concienciada, que no concienzuda, quedará relegada al segundo canal, entre las desconexiones territoriales y los documentales de animalitos, en programa que les ofrecemos a continuación. Próximas galas serán 'Matalascañas - es que vino mi abuela' o 'La Barceloneta - es que se fue la luz'.

No disparen al elitista: ¿Se acuerdan de 'La juventud baila'? Bien, pues olvídense porque los pantalones anchos se caen y Jose Luis Fradejas tiene aplausos hasta empacharse. En este programa de pop/rock (¿en que momento el pop dejó de ser rock? Como diría Ozzy, doooon't ask me, I don't know!) todos aquellos amantes de la música 'alternativa' (olvídense de la alternancia de AC/DC... ¡oh! ¡he hecho un chiste de electricistas!) podrán disfrutar de la última ola de música guachi cuyos seis grados de separación con Julio Iglesias tal vez no sean tantos (y Dios tenga en su gloria al divino Julio, el único merecedor de ese título desde el amigo César), pero que con peinados a la moda y un mismo riff, cogidos de la mano, dan mucho el pego. Si además ponemos una cara bonita presentando cuyo criterio musical es cuanto menos enigmático, y cuyas entrevistas pusieron 'mongo' en Mongolia, el acabado final será tan dramático como el final de Hamlet. Si le gusta el rock and roll, la world music, la música de xilófono, o, no me hagan reír, el jazz (¿Se acuerdan de Jazz entre amigos? Yo no), pues péguense madrugones, si con suerte a esa hora toca algún grupo de su ralea. Bueno, si les gusta el jazz pueden esperar al verano, que igual retransmiten el Festival de Jazz de Vitoria. ¡Y recen por que no le den otro programa de música al Bosé!

La torre de Moria: Gollum, ayudado por un frankensteiniano ser hecho de cachos de los más variopintos comentaristas desvergonzados, al que llamaremos Optimus PrimeTime, entrevistará a la ex del amigo del novio del amante del perro de alguien famoso por sus propios méritos, o ni siquiera eso, amén de darle un buen dinero a delicuentes convictos, maltratadores, canallas y demás gentes con derechos constitucionales, para que larguen por esa boquita que les ha dado el Señor las verdades del barquero, y desvelen por fin esos interrogantes que no nos dejan dormir a los españoles. De paso habrá publicidad hostil y cien mil millones de politonos, polifonos, chupifonos, y bombas atómicas informativas de varios megatonos para descargar en su móvil de la última generación de esporas.

Enfermedades crónicas marcianas: La historia de un señor que trabaja en la radio y se inventó a un abuelo, y llegó anunciando la panacea de la noche nocturna, diciendo que por fin traería calidad a la programación televisiva de la noche canalla, habiendo desbancado al presentador de la cabeza gorda, que era otro señor pero muy malo muy malo, que había llevado la basura a la televisión y había hecho famosos a travestis, imitadores de Chiquito y, Dios lo tenga en su gloria, al de la droja en el colacau. Pero resulta que el primer señor no sólo no se llevó la mierda, sino que trajo tanta que los residuos, me temo, durarán mil años, como los desechos nucleares o el Tercer Reich. Lamentablemente, el führer de la basura salió de rositas. Y lo que es peor, no se dio cuenta que el cretino era él, y no su colaborador. Pero Crom se ríe de nosotros, subido en su montaña de dinero. ¿Quién soy yo para levantarle el dedo acusador? Ay, si es que no veo la viga en mi ojo...

Días de cine: por supuesto no nos olvidamos de los cinéfilos. Los amantes del buen cine podrán disfrutar en este espacio de, literalmente, días de cine, gracias a los interminables anuncios que pensamos colar en la trama, pasándonos cualquier ley por el forro. Pondremos especial atención a ese corte publicitario justo antes del desenlace del film, para que disfrutes de nuestros productos un ratito más. Porque, al fin y al cabo, eso es lo importante, no la película. ¿O es que no lo sabías? Aquí todos somos inocentes, muchacho. Sólo que el programador la jodió. Y si quieres cine clásico, a trasnochar, si es que con suerte pillas un CineClub o algo. Que el cine en blanco y negro sólo le gusta a los insomnes que no trabajan y otras gentes de mal vivir. Por cierto, no se pierdan los fines de semana nuestra selecta selección (valga la redundancia dolbisurraún) de dramones baratos que son mucho más edificantes y educativos que ese "gran cine" del que hablaba aquel tipo que fumaba... por suerte sin él ya no hay disensiones y respiramos mejor.

Qué tarde. Maldita sea, debía ser la bilis que no me dejaba dormir, y no AC/DC. Y sí, sé que puedo apagar la tele y coger un libro. Pero los amigos de mis amigos son mis amigos, y me preocupo por el estado de mi pantalla amiga. ¡Con la de buenos ratos que hemos pasado juntos! En fin, nihil obstat, y eso que me he dejado mucha leña por cortar...

viernes, 3 de abril de 2009

Terminator: Las crónicas de Sarah Connor

Creo que no he tenido un período tan terminator, bonita desde la época de los Use Your Illusion. Mientras esperamos a ver si Terminator: Salvation es un desastre o es algo digno, podemos seguirle la pista a Skynet en la serie de televisión Terminator: Las crónicas de Sarah Connor, una (esta vez sí) digna continuación de la saga, cuya primera temporada hace poco que he terminado de ver.

La primera buena noticia es que la serie ignora por completo la tercera parte de Terminator y continua la historia donde la dejó la segunda. La segunda buena noticia, en estos tiempos que corren, es que el formato televisivo suele ofrecer más calidad que la gran pantalla. Aunque Terminator: Las crónicas de Sarah Connor no se puede equiparar en modo alguno a las dos primeras entregas, ni tampoco estamos hablando de una gran serie de la HBO, es desde luego entretenida, y más afín, por motivos presupuestarios obvios, al espíritu de la primera entrega.

Respecto a la trama, pues primero decir que obviamente resulta que no bastó con la quema de chips de Terminator 2 para librar al mundo de Skynet, y en la serie tenemos de nuevo a más enviados del futuro para acabar y/o proteger a Sarah Connor y a su hijo mesiánico. Al igual que en la segunda entrega de nuevo el protector será un cyborg, en esta ocasión un Terminator-bollito bastante gracioso (llamado Cameron, guiño para frikis) interpretado efizcamente por una tal Summer Glau. Aunque lo que yo más temía era a la sustituta de Linda "Sarah Connor" Hamilton, um ito para muchos de nosotros. Pero debo reconocer que la sustituta Lena Headey lo hace bastante bien siguiendo su propio camino. Por suerte los productores no han cogido un amorfo clon de Linda para interpretar a la madre del salvador. El jovencito John Connor me parece simplemente anecdótico. Sin ser un cero a la izquierda como el de Terminator 3, me parece el más endeble de los personajes protagónicos. Y hablando de personajes, aparecerá uno a mitad de temporada, relacionado con un viejo personaje de la saga, que es nada más y nada menos que ¡Brian Austin Green! Me pasé varios capítulos rumiando a quién me recordaba el soldado del futuro, hasta que vi su nombre en los créditos. ¡El mundo de Terminator y Beverly Hills 90210 al fin conectados! Creí que jamás respetaría a este hombre, pero desde ya le otorgo un salvoconducto.


Summer Glau, Terminator bollito

La algo enrevesada trama (al fin y al cabo hay que mantener una serie) acaba en la primera temporada con final abierto, con lo que la segunda se antoja interesante. Aparte de que el último capítulo contiene una bonita escena de policías volando por los aires a ritmo del "The Man Comes Around" de Johnny Cash, la inacabada caza de "el Turco" y la presencia de Shirley Manson en la segunda temporada no hacen sino congratularme de que siga la lucha entre humanos y robots.

Sin ser una maravilla, Terminator: Las crónicas de Sarah Connor ofrece entretenimiento y solaz y nos sirve de metadona televisiva para los que tenemos mono de más T-800s, T-1000s y demás sin que por ello nos tomen el pelo como hicieron en la patética tercera entrega. Por cierto, ¿qué habrá sido del verdadero doctor Silberman? ¿Seguirá entrevistando a Carlton? Su sustituto en la serie deja mucho que desear.


Sarah Connor, nuestro destino es sexy

jueves, 2 de abril de 2009

AC/DC - Barcelona, Palau Sant Jordi 31/03/2009

No suelo relatar mis experiencias en conciertos. Pero estamos hablando de AC/DC, y además ir hacia otra ciudad para ver un concierto (malditos madrileños y barceloneses, ¡me caéis mal todos!) siempre es una potencial fuente de anécdotas. Especialmente si se viaja a lo pobre. Por suerte, mientras siga entonando el "Down Payment Blues" seguiré teniendo algo que contar.

Mientras leo algún mongólico titular como "AC/DC reconquistaron a sus viejos fans" (¿los habían perdido? ¿cuándo fue eso?) recuerdo un martes en que me dirigía caminando hacia el punto de encuentro con unos totales desconocidos que habían fletado un minibus para ir a Barna. Algunos de mis apañeros había conseguido entradas para Madrid, y otros ya estaban en Barna desde el fin de semana, así que me tocaba ir a la ciudad de Vicky y Cristina como la canción de Freddie Mercury, on my own. Creo que hacía tiempo que no era el más joven de un grupo, pero en esta ocasión así fue. De todas formas fue un viaje ameno, viendo el No Bull en el dividí, y me trataron muy bien; desde aquí agradezco a Edu sus anteciones y sus cervezas. Además en otro característico momento de mi mítico despiste descubrí durante el viaje que mi entrada era de pista y no de grada. ¡Dios es colombiano!

El buen tiempo nos acompañó hasta que comenzamos a acercarnos a Barna. Llegaron las nubes y las gotas, y tras bajar del minibus salí espitado hacia el recinto mientras las gotas de lluvia comenzaban a caer. ¡Y después fue mucho peor!

Justo a tiempo para ver a los teloneros, The Answer. Me situé por delante del técnico del sonido, y mientras los irlandeses descargaban su buen rock clásico, traté infructuosamente de mantener algunas conversaciones con mis apañeros, que estaban en camino y encima tenían entradas de grada. The Answer estuvieron interesantes. Buenos riffs, un par de temas realmente buenos, y un gran cantante, pero su sonido dejó que desear, parecía que tocaran desde el water. En una sala seguro que deben mejorar.
En la espera entre The Answer y las huestes australianas más conversaciones con móbil. Mientras los teloneros acabanan había logrado un sitio razonable unas pocas filas por detrás de la punta del corredor central. Pero vi a unos coleguillas de Murcia, fui a saludarles, y en el impás, entre saludos, que hago, dónde voy, manzanas traigo, y más llamadas, luego ya me fue imposible volver. Soy de esos a los que les fastidia tener que seguir la práctica totalidad de un concierto por las pantallas. Pero así son los macroconciertos de rock and roll. En fin, que allá las nueve y pico se apagaron las luces.

En la pantalla central un espectacular video de animación abre la sesión mostrando todos los tópicos de la banda y del rock and roll: el demonio Angus, el Brian follador, las tías buenas... pues eso, viejo rock de toda la vida. Sin entrar en muchos detalles, el caso es que al final hay un frenazo, grandes explosiones y humo... se abre el muro y vemos el majestuoso montaje del tren descarrilado mientras la banda ataca con "Rock and Roll Train", el primer single del Black Ice. Allí están los AC/DC de siempre: Brian con su sempiterna gorra, Angus con su sempiterno uniforme de colegial y su SG roja. Su hermano Malcom, el bueno de Cliff, y, qué alegría, el gran Phil Rudd en la batería. La formación más clásica de AC/DC que se pueda ver en un escenario. Si algún día Phil tira la toalla, ya no será lo mismo.
Al nuevo tema le sigue sin apenas descanso un gran clásico, "Hell Ain't A Bad Place To Be". Seguirán, con algún que otro oasis de tema nuevo, grandísimos temas como "Back in Black", la grandiosa "Shot Down in Flames" o "Dirty Deeds Done Dirt Cheap", cuyo estribillo a veces me corear como la divertida versión que hizo no sé muy bien quién "Dirty Deeds Done With Sheep". Por supuesto tampoco faltó "Thunderstruck", una de las que nunca faltarán, y el clímax de la primera parte del concierto con "The Jack" y el archifamoso striptease de Angus.

A estas alturas del concierto, extasiado, uno ya puede estar seguro de afirmar algunas verdades. Que aquellos que se preocupan más de retratarse y hacer reportajes fotográficos que de la música y la banda deberían ser exterminados, y que AC/DC están en muy buena forma. Al ser mi primera y de momento única vez con ellos no puedo comparar con giras anteriores, pero por lo que se ve en el No Bull la banda no ha acusado demasiado el paso del tiempo. Malcom y Cliff siguen tan bien como siempre, y mientras puedan tocar y andar para subir a hacer los coros desde el muro de pantallas, todo irá bien. El gran Phil aporta su característica pegada con un eterno cigarrillo en los labios y su inexpresivo rostro de funcionario metódico llevando a la banda a buen puerto. Nada nuevo bajo el sol para la sección rítmica.
Sobre Brian Johnson hay más disensiones. ¿Ha perdido la voz? ¿Sigue igual de bien que siempre? ¿Se cae de los cocoteros? Bien, de toda la banda, creo que es él a quién más se le nota la edad. Desde luego ya no se cuelga demasiado rato de la campana que desciende durante "Hells Bells". Johnson no es carne de gimnasio como Mick Jagger, y simplemente se cogió de la cuerda unos segundos para hacer el paripé y descendió a tierra rápidamente. Desde luego no esperamos más de él, no hace falta que haga muchas cabriolas para levantar al público. Su característica voz rasposa el basta. Yo personalmente en el concierto no le noté una voz peor de lo normal, aunque puede ser que en las grabaciones sí se aprecie algo más. Pero de todos modos el estilo de Brian nunca ha sido el de Dio precisamente, y si ha perdido algo de voz no creo que vaya a deslucir mucho. ¡Estamos hablando de Brian Johnson! Si alguien se atreve a decir algo malo de él merece que quemen todos sus discos de AC/DC, si es que los tiene.
Y lo de Angus no es de este planeta. He ahí a otro tipo que tampoco parece que tenga un preparador físico como Jagger, y que a sus cincuenta y algo no para de correr de un lado para otro, tocando con su maestría de siempre, y haciendo menos descansos que el resto de la banda. El solo que se marcó en la plataforma, a escasos metros de mí, durante muchos minutos, revolcándose, gruñendo y sacando de su guitarra pura electricidad, fue buena prueba de que Angus realmente lleva electrecidad en las venas. Un diez para él, demonios. ¡Angus es el uno! Si ahora en vez de marcarse 100 carreras hace 90 poco importa. ¡Desde luego yo no aguantaría su ritmo!

El concierto siguió con apenas o en todo caso breves descansillos con otra racha de clásicos y un par de nuevos temas por enmedio. Para mi gusto hubo demasiados temas del Black Ice en el repertorio, pero bueno, ya se sabe qué ocurre en estos casos. De todas formas con un "Shoot To Thrill" o un emocionante "You Shook Me All Night Long", o la rabiosa "T.N.T", aquello se venía fácilmente abajo. AC/DC tiene un repertorio que tira de espaldas, y que muy pocas bandas pueden igualar. Es imposible que fallen, aunque sus nuevos temas sean más flojos.
Los sudores fríos recorrieron mi espalda con uno de sus mejores canciones, "Whole Lotta Rosie", y más aun cuando vi aparecer el entrañable globo hinchable de la gordita Rosie a tamaño gigante hinchándose sobre el tren sobre el cual iba a frotarse durante toda la canción. Un Angus pletórico y una banda poderosísima atacaron con el mejor "Whole Lotta Rosie" que le he oído a la banda en directo. Apoteósico. Y no sabría decir si el casi empalmar con "Let There Be Rock" me acabó de empalmar a mí, pero de nuevo la banda sonó fantástica. Diablos, ellos son la auténtica locomotora, la gran máquina del rock and roll.

En el siempre enigmático e impaciente momento previo a los bises, y tras haber podido acercarme más hacia la plataforma central durante el caos del solo de "Let There Be Rock", y también gracias a que la gente se iba retirando del meollo, me solazaba al haber logrado dejar atrás a tipos con mochilas a sus espaldas, retratistas y tipos enamorados que me tapaban la visión con sus felices novias que oteaban el horizonte. Una se permitió filmar durante lo que parecieron siglos como si fuera una dolly cam. Caramba, ¿no pueden meter a toda esta gente en un corralito para hacer sus cosas y que no me molesten? En fin, dejemos a un lado mis protestas de veterano cascarrabias y sigamos con los bises.
Que obviamente fueron "Highway To Hell", con un Angus envuelto en llamas sintéticas y humo surgiendo del averno con cuernos en la cabeza y atacando con uno de los riffs más famosos de la historia. Nihil obstat, amigos.
Aunque sin duda para mí el momento más emocionante fue el cierre con la clásica "For Those About To Rock (We Salute You)". Era la despedida, el show había sido intenso, tal y como yo lo esperaba, o tal vez más, y ahí tenía ante mis ojos el gimmick escénico más poderoso de la historia del rock: los cañones que lanzan salvas al ritmo de los "fire!" de Brian. Inenarrable. Podría haber llorado, podría haber gritado, podría haberme revolcado, quién sabe... pero simplemente me quedé allí embobado, sintiéndome de nuevo un adolescente. Recordé los años en que para mí y unos cuantos tipejos AC/DC eran lo más, cuando su Live at Donington pasaba de mano en mano en mil y una TDKs, y cuando, como cantaban Asfalto, arreglábamos el mundo a golpe de futbolín. Amigos, había visto, por fin, a AC/DC. La vida es bella.

Con las luces encedidas volví a la realidad, me reecontré con mis amigüitos, y pasamos a tratar de regresar al hotel donde se hospedaban, en una bajada desde el Palau Sant Jordi bajo una constante lluvia que daría casi para otro post. Entre buses que subían y nunca bajaban, escasos taxis, y conversaciones sobre lo delirante del asunto y la lluvia a ritmo de Phil Rudd, y una megalimusina que contenía a... ¿ellos?, andamos y andamos, empapados, cruzando la Plaza de España, creo, y refugiándonos en el primer bar que vimos, donde un par de señores mayores levantaban España ellos solos ateniendo a decenas de greñudos. Allí tomamos unas cañas, alguna hamburguesa o perrito, y unas patatas aderezadas con un extraño aliolí-mayonesa inidentificable, y ketchup y mostaza genéricos. La verdad es que comí patatas y más patatas como si no hubiera un mañana. En fin, que desde allí logramos tomar un taxi para ir al hotel, a nuestras camas, y a la satisfacción del deber cumplido.

A partir de ahora mis grandes cuentas pendientes, aparte de Aerosmith, Black Crowes y alguno más, se remontan a los 50s. Y eso sí que es jodido, amigos. El tiempo no está de mi lado. Pero que vivan AC/DC, coooño.