lunes, 29 de junio de 2009

Hasta lueguito, joder

Así, con un adiosito de Los Soprano, me despido por unos días, que aun no sé cuantos serán, mientras me dedico a oponerme cual replicante Nexus 6, que para eso tenemos dedos oponibles, aunque algún pérfido insinúe que no es mi caso. Aprovecho para dejaros unas cuantas entradas de los primeros tiempos del blog, cuando había poquita gente por aquí y los matojos redondos campaban a sus anchas. Si no os habéis dedicado a explorar el blog, bueno, espero que entréis en algún enlace y me dejéis un comentario, siempre me congratula saber vuestra opinion sobre las cosas. Y sin más dilación, os dejo con unos pequeños destellos del pasado, y con un ¡hasta lueguito, joder!

Historieta histrónica

Dinosaurios I II III IV V VI VII VIII IX

Excalibur

Monkey Island


Marah

A vueltas con el Coloso

Esta es mi tierra

Jim Morrison

Living Colour

Groupies

SNL

El motín del Caine


Mother Superior

El hombre elefante

Trilogía del dólar I II III

El increíble hombre menguante

El fantasma y la señora Muir

Punto límite

Iggy Pop


Alternativa 3

Tintin

Guillermo el proscrito

(Breve) reseña de El quimérico inquilino

Cabaret

Rio Bravo


White Zombie

La ruta del tabaco

A la manera de Brando

Karen Dalton

Maldito sudaca

Mojo Nixon
(lamentablemente, el video voló)

La sombra del vampiro

(Breve) reseña de El rey del juego

James Brown acojona a los Stones

Un hombre llamado caballo

Waterloo

El hombre enmascarado

Superlópez

Historias de Filadelfia

Hearts of Darkness

Pedro Navaja


Conan el bárbaro

Oliver Reed

Villanos: Darth Vader Mola Ram Dr. Zaius Clarence Boddicker

LA Woman

John Mayall y Eric Clapton

Derek & The Dominos

Hollywood Babilonia

Verano Indio

Lionel Atwill

Duane Allman

Along Comes Mary (osea, The Association)

Duelo en el Atlántico

El gran Lebowski

(breve) reseña de This Gun For Hire

Drácula, 1931

Tiburón

La jungla de cristal

Woody Strode

Traidor en el infierno

The Vampire Bat

(breve) reseña de The Out of Towners

Nirvana

El castañazo

Ciudadano X

Cream

The Traveling Wilburys

Dentro de Garganta profunda

Clara Bow y sus amantes

El polémico C3PO

Drea De Matteo

sábado, 27 de junio de 2009

Osimandias

Aunque la poesía, como muchas artes, me gusta, cierto es que me resulta quizás como un poco ajena, tal vez por dedicarle poco tiempo. Pero ya sabéis, los días tienen 24 horas, y muchas horas se van en obligaciones, camas y demás, y el cine, la música, la historia, las novelas y demás se agolpan, y no hay tiempo para todo.
Sin embargo, dentro de la poesía, con todas sus épocas, autores y estilos, siempre me ha atraído la poesía romántica del XIX, y dentro de ella, los versos épicos de los románticos ingleses como Byron o, en el caso que nos ocupa, Percy Bysshe Shelley, esposo de la ínclita Mary Shelley. Seguramente sea la conexión con la historia y lo antiguo lo que me atraiga de poemas como "Osimandias", uno de los grandes poemas épicos de la época, inspirado probablemente en la figura de Ramsés II, conocido como Osimandias por los antiguos griegos. Y del soneto la parte más famosa es ese "contempla mi obra, y desespera", un verso que bien podría ser el Led Zeppelin IV de la época. Un verso deliciosamente grandilocuente que me gustaría poder usar en mi vida diaria; "contempla mi blog y desespera", o "contempla mi bólido y desespera", o, si tuviera un restaurante, lo pondría como pequeño pensamiento en las cuentas, "contempla tu cuenta, y desespera". La verdad es que en estos días me desespero sin necesidad de contemplar nada. Bueno, os dejo con el gran "Osimandias" de Shelley.



Me encontré con un viajero de un antiguo país
Que dijo: dos grandes piernas de piedra sin tronco
Yacen en el desierto... junto a ellas en la arena,
Medio hundido yace un rostro roto, cuyo ceño
Y fruncido labio y su fría expresión
Revelan que su escultor entendió bien las pasiones
Que aún perviven grabadas en la piedra muerta,
La mano que las desafió y el corazón que alimentaron.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
«Mi nombre es Osimandias, rey de reyes:
contempla mi obra, oh poderoso, y desespera»
Nada permanece. Alrededor de la decadencia
De este colosal naufragio, desnuda y sin fin
Las solitarias y llanas arenas se extienden a lo lejos.

viernes, 26 de junio de 2009

Adiós al rey del pop

Creo ahora puedo hacerme una idea de lo que supuso la muerte de Elvis, aunque fueran otros tiempos. La muerte de Michael Jackson ha abierto los noticiarios, ha protagonizado las primeras páginas de los periódicos, y se habla de caídas en Google y de todo quisque poniendo su nombre en el buscador que todo lo sabe. Se habla de muchas cosas, como suele ocurrir con las muertes repentinas de las estrellas bigger than life cuya vida privada se sale de lo normal. Por supuesto, la mayoría de noticiarios que he visto (no sé como habrá sido en los periódicos) han hablado de lo predecible, repitiéndose las palabras "juguete roto", y otras similares, de los supuestos abusos, y las famosas imágenes de Michael con su hijo colgando por encima de la ventana.

Y es que, lo quieran o no sus fans más acérrimos, hubo un día en que Michael Jackson se convirtió en 'Wacko Jacko', un otrora genio que cada vez parecía más ido y que no era ni blanco ni negro. Y no negaré que muchas de sus salidas de tono realmente me divertían, y por supuesto de la noche a la mañana Jackson se convirtió en el blanco perfecto de humoristas y otras gentes de mal vivir. Y llegaron las bastante menos divertidas acusaciones de abusos a niños, de las que salió indemne por un acuerdo multimillonario y por una absolución. Acusaciones a las que personalmente nunca di mucho crédito, más que nada porque siempre he considerado a Jackson como un ser asexual e infantiloide (recuerdo una anécdota, que no si llegó a contar el propio guitarrista, de un alucinado Eddie Van Halen tratando de responder a las curiosidades de Jackson sobre si era cierto que las rockstars podían tener a todas las mujeres que quisieran, y demás). De hecho todavía me pregunto como fue capaz de engendrar a esos hijos.

Pero a diferencia de estrellas del pop más recientes (cierta personita rubia) cuya conducta también ha llegado a ser, digamos, errática, Jackson tenía a sus espaldas una carrera de lo más sólida, como niño prodigio primero (prodigísimo me atrevería a decir) con The Jackson 5, y luego en solitario, con una carrera plagada de grandes temas hasta, por lo menos, el Bad.
Y hablo de temas porque en realidad nunca ha llegado a entrar un disco de Jackson en mi casa, aunque un Off The Wall o un Thriller bien podrían hacerlo un día de estos. Pero, sí, aunque Michael Jackson no haya sido el centro de mi vida orejil, no puedo evitar flotar con su falsete en "Don't Stop 'Til You Get Enough", tararear sin quererlo "Blame It On The Boogie" (lo único que he escuchado de la etapa The Jacksons que no me repele), canturrear el chinchiquichiquichin de "Smooth Criminal", disfrutar la grandilocuencia de su "Thriller" o acompañar los audillitos de "Bad". Hoy en día en que la música comercial apesta, escuchar pop negroide bien entendido como el que fabricaba Jackson junto a sus colaboradores, especialmente Quincy Jones, resulta de lo más gratificante.
Y, por supuesto, está el Jackson que aparte de redondear discos, rompió barreras y cambió las coreografías del pop para siempre. Hoy en día, ver (o sufrir) los videoclips de las estrellas del pop y del mal llamado R&B en la MTV (y contaba hoy Adrian Vogel en la tele una anécdota sobre Jackson y la cadena musical que desconocía, y que podéis leer con más detalle en su blog) es contemplar bailes y movimientos que irremediablemente te transportan a los videoclips de Michael.

En fin toda esta parrafada es para decir que, sí, me he reído con y de Wacko Jacko tanto como cualquier presentador de late night norteamericano, y que su obra nunca me afectará tanto como la de unos Metallica o unos Rolling, pero hoy, más que nunca, creo que es importante recordar que, a pesar de todas sus locuras y sus historias turbias, Jackson era jodidamente bueno en lo suyo, y no importa cuantos programas de talentos infantiles y juveniles puedan emitirse, ver a un chiquillo hacer lo que hacía Michael con The Jackson 5 era increíble, no creo que el mundo hubiera visto algo así desde que Mozart tocaba el clavicordio con los ojos vendados por las cortes de toda Europa.

Os dejo con la actuación de Jackson en el 25 aniversario de la Motown, la noche en que mostró al mundo su archifamoso moonwalk a ritmo de la estupenda "Billy Jean".

jueves, 25 de junio de 2009

Buen viaje, Farrah

Farrah Fawcett ha perdido la batalla contra el puto cáncer y se ha ido de este mundo haciéndolo un poco más gris. Las noticias hablan de ángeles yendo al cielo, y creo que yo no seré mas original. Aunque no sea el mayor fan de Los ángeles de Charlie que hay sobre el mundo, desde luego Farrah era todo un icono de una época irrepetible, como lo era David Carradine. Tal vez ahora puedan intercambiar impresiones y patadas voladoras, como hacían en sus respectivas series. Hasta siempre, Farrah.

Arlington Road, temerás a tu vecino (1999)

19 de abril de 1995. Un edificio federal vuela por los aires en Oklahoma City. El terrorismo organizado a gran escala todavía estaba por llegar. De momento, se habla de un sólo culpable, el trillado "loco solitario". Pero las dudas siguen surgiendo, desde aquel fatídico día de Dallas. ¿Se trata realmente de individuos que actúan a solas? ¿Son meras cabezas de turco? Arlington Road toma como premisa esa duda para construir un interesante thriller donde prima más la trama que las contadas escenas de acción, y en el cual destacan las interpretaciones de sus dos antagonistas, Jeff Bridges y Tim Robbins.

Lo cierto es que vi Arlington Road en uno de esos sábados o domingos sin nada especial que hacer, y en principio no esperaba mucho de ella, pero ya que salía el amigo Bridges y Tim Robbins le di una oportunidad. Y lo cierto es que la historia me fue atrapando poco a poco, y es que el guión está bastante por encima de lo que suelen ofrecer este tipo de films. Quizás por ello contara con dos actores de esa talla. Y sin ser un guión de Epstein, Epstein y Koch, resulta lo bastante eficaz como para que la película no se venga abajo. Si añadimos una dirección correcta alejada de histrionismos y cien mil encuadres por minuto, pues nos queda una cinta bastante completita que, a pesar del, una vez más, incorrecto subtítulo que nos da más información de la deseada (aunque esta vez venía del original), guarda algunas sorpresas para el espectador. Especialmente un final que, si no se ve venir, le deja a uno con un "ahivá" en la boca.

En resumen, buen guión, un director que no mete la pata, y buenas interpretaciones. Arlington Road, una pelicula que aúna suspense con un poco de acción y que promete buen entretenimiento sin mil explosiones ni caros efectos de ordenador. Todo viene en su justa medida, y eso se agradece. Ideal para una tarde-noche de verano con olivitas y cervecita, así que aprovechen.

lunes, 22 de junio de 2009

T.I.L.F. (Toons I'd Like to Fuck)

Nota: Este artículo está basado en pechos reales

Dibujos animados. Un invento aparentemente diseñado para niños, pero que como todos sabemos pueden ser un placer tan adulto como los chocolates y bombones de los anuncios. Los dibujos sexys existen prácticamente desde la propia invención del cartoon animado, y ejemplos de series, personajes o escenas yendo más allá de lo políticamente correcto hay muchos (por ejemplo, ya comenté uno aquí). Por supuesto, el anime japonés es el número uno en cuanto a sexo y dibujos, y en los dibujos del Lejano Oriente uno puede encontrar desde inocentes equívocos y personajillos picantes hasta cerdadas en grado sumo, en plan Tochinowaka (juas, vaya referencia frikoide y extraña), es decir, que hay de todo vamos. Pero, aunque Japón esté plagado de personajes pasados de vueltas y curvas, en todos los lugares y épocas han habido avispados dibujantes y creadores de dibujos animados que, por una u otra causa, han decido darle a sus creaciones un pequeño toque sensual a sus series animadas. En fin, basta de palabrería. Sumerjámonos, cual maestro de artes marciales viejo verde con gafas de sol y caparazón de tortuga, en las tintineantes turgencias del top ten de personajes animados sexy.


10. Bulma: Había que comenzar por ella. Ella fue la primera. Acostumbrado uno a las altiplanicies (bueno, más planis que altis) de Heidi, Candy Candy y demás dibus femeninos, Dragon Ball nos descubrió a muchos que los personajes femeninos podían tener más dimensiones de las que pensábamos, aunque el número de éstas siguiera siendo dos (las dimensiones, digo). Y ahí estaba Bulma (y luego aquella fantástica dualidad que era Lange), poniendo caliente al pobre maestro Tortuga, y, de paso, a una legión de adolescentes berracos que descubrían las salientes y sinuosas, sensuales y sedosas... eeehm, las virtudes del manga.


9. Maude Flanders: fantasía secreta de Homer, muchos descubrimos, junto a nuestro borracho Homer en la cena que ofreció Marge en casa, que la santurrona mujer de Flanders escondía bajo su suéter rosa algo más que un crucifijo. Y es que resulta que el amigo Ned tenía en casa un buen par de... Vulgatas que consultar. Claro que el secreto que escondía el religioso Ned no era menos pequeño. Pero eso ya es cosa de las blogueras de este mundo.


8. Las hermanas Kisugi: Sí, pocos lo recordarán, pero otrora hubo una serie llamada Ojos de gato, allá por los primeros tiempos de las privadas. ¿De qué trataba la serie? La verdad, ni lo recuerdo ni me importa, pero imposible olvidar a las hermanas Kisugi (bueno, su nombre sí lo había olvidado, pero para algo está el gugle ese), tres morenazas que con sus encantos combatían el crimen, o algo así. Desde luego la serie tenía los créditos más calientes de la época, y todavía no he olvidado esas mallas. ¡Ah, las hermanas Kisugi! Valían su peso en tazones de arroz con buey.


7. Midori Yamabuki: la señorita Yamabuki es la maestra que todos hubiéramos querido tener: rubia, potente, y más inocente que una caquita parlante. Todos en nuestra vida nos hemos sentido un poco Doctor Slump adorando en secreto a alguna Yamabuki, con lo que era fácil identificarse con las tribulaciones del bigotudo y rechoncho científico. Si Alfred Hitchcock hubiera sido dibujo animado, seguro que le habría gustado gastarle bromas pesadas a la Yamabuki, porque tenía pinta de ser la típica rubia inocente que esconde a un volcán en su interior.


6. Betty Boop: Si hablamos de picardías vintage, medias de sed, ligueros, la era del burlesque y demás, está claro que la candidata al dibujo animado más sexy sería Betty Boop, la inocentilla girl next door, quien a pesar de los años se conserva estupendamente, y cuyas poderosas pestañas todavía provocan maremotos en el Mar de China. Nunca la desproporción fue tan sexy, ni el blanco y negro tan seductor.



5. Lois Griffin: la pelirroja más caliente de los dibus desde Los picapiedra, Lois es una cachondona. Sexy y responsable, es el contrapunto perfecto para el tarado gordinflas de Peter. Lo cual no quita para que, en el fondo, a Lois le vaya la marcha. Y es fan de Kiss. ¿Qué más se puede añadir? Sólo una cosa: ¡tomatomatoma!


4. Leela: Una cíclope huérfana extraterrestre (o quizás no de tan lejos) en busca de príncipe azul. Su insatisfacción espiritual la llevará incluso a compartir una noche de ¿pasión? con el engreído capitán intergaláctico Zapp Brannigan, y buscará fuera lo que en realidad tiene en casa. Pero a veces es difícil ver que tras el amigo inútil y pelirrojo está tu otra mitad naranjera. Romances aparte, a los fans de la intrépida capitana de mensajería poco nos importa que sólo tenga un ojo y gaste altas dosis de mala leche: para nosotros siempre será la cíclope más sexy del universo. ¡Ah, quién fuera nave de materia oscura de esa!


3. Lola Bunny: Lo único bueno que ha surgido del lodo en que llevan envueltos los personajes de Looney Tunes en las últimas décadas ha sido sin lugar a dudas Lola Bunny, una en principio innecesaria compañera para el gran Bugs (lo siento por la descendencia del conejo de la suerte, pero su lugar está enfrentándose a Elmer, el Pato Lucas y demás personajes cabrones), pero que ha servido de inspiración para miles de calentorros internautas que han tomado como musa a la sexy Lola, dedicándole varios diseños y rediseños cuyo buen o mal gusto son mero reflejo de los del diseñador gráfico o dibujante de turno. Lo siento por Harley Quinn, la misteriosa y pirada compañera del Joker en la versión animada de Batman, a quien me habría gustado incluir en la lista, pero al final la coneja la ha desbancado de la lista. ¡Otra vez será, Harley!


2. Marge Simpson: Pechitos McTetis, Tetillas LaRue, Bustín Sinclaire... ustedes, seres depravados cual botones de hotel de Ciudad Capital, la conocerán por muchos de esos nombres, pero casi toda la humanidad la conoce como Marge, esposa y conciencia de Homer Simpson. La paciencia es una de sus virtudes, así como un fino talle que por lo general apenas abandona su clásico vestido verde. Su kilométrico moño a lo novia de Frankenstein es su marca de la casa, y aunque su voz cazallosa siempre está dispuesta a reñir y hablarnos de las virtudes de la moral, la castidad y demás, Marge tiene sus momentos libidinosos, ya sea bebiendo champán dentro de una estructura de minigolf, viendo una película de Hércules subida de tono, o sea por empapamiento de manguera, baño con espuma o jacuzzi. Y el capítulo en que Marge recibe por error unos implantes en los pechos será sin duda recordado por los habitantes masculinos de Springfield, especialmente por el pobre Moe. Con un honrosísimo segundo puesto, Marge es la Milf animada que todo buen simpsonmaníaco querría llevar a la cama, cual Artie Ziff libidinoso. Tomando prestadas las palabras de Homer, podríamos decir que Marge sigue siendo "la zorrita con la que nos casamos".

1. Jessica Rabbit: Sin duda, la auténtica número uno, una mujer de rojo epatante, con cabello de fuego, una red lips, red fingernails que cantaría Rod Stewart. Jessica, de mirada lánguida, largas pestañas y voz sensual, era un explosivo cóctel de curvas y curiosa inocencia que sólo tenía ojos para el chalado de Roger Rabbit, probablemente el dibu más envidiado de toda dibulandia. Jessica tenía el encanto de las antiguas vamps, con una angelical sonrisa de chica de al lado que escondía un vulcaniano mecanismo de volver locos a los hombres. Y eso que no era mala, la habían dibujado así. De hecho, de explosiva que era todavía me cuesta creer que la Disney tuviera algo que ver en su diseño. Y vaya diseño. Sin dura Jessica era el Delorean de los dibus. Le hace sentir a uno como si le hubieran tirado un piano a la cabeza...

sábado, 20 de junio de 2009

Cohesion and coherence

Es increíble a lo que recurre la mente cuando se muestra huidiza ante los apuntes, los libros, y demás zarandajas que deberían estar prohibidas cuando hace buen tiempo. Además, como soy un apasionado de la lingüística (not!), esto de la cohesión, la coherencia, la deixis y demás me eleva el espíritu y lleva a mi otro Homer volando hacia el país del chocolate, donde un lápiz sobre la mesa puede convertirse en un universo de emociones, comparado con la maldita cohesión. Y así cuando leo sobre cohesion and coherence, las neuronas abren una litrona y me comentan que eso más que lingüística parece un grupo de metal rollo Coheed and Cambria o Flotsam and Jetsam, y que al leer sobre autores como Halliday & Hasan, más bien parece que esté leyendo uno sobre una especie de Everly Brothers americano-morunos. Y así pasan las horas, encadenado a las líneas como Conan a una gran rueda en mitad de la nada, tratando de sobrevivir y hacerme un hombre.

Bueno, me vuelvo a las llanuras de Estigia, os dejo con los Everly Brothers de verdad y su "Wake Up Little Suzie".


Por cierto, el próximo post promete ser muy sucio y subido de tono, algo totalmente pornográfico. Los espíritus sensibles quedan avisados. ¡Desparrame y lujuria! Claro que, ¿y si cohesion & coherence fuera una novela inédita de Jane Austin? Pero me desvío del tema. ¡Mástiles, vergas, melones, anclas y velas, rayos y retruécanos! Todo lo que nunca quiso saber sobre el sexo por ser tan sucio y desagradable, le será revelado en el próximo número. ¡Agárrense los machos! ¡Y las hembras! ¡Agárrense los unos a los otros, como yo les habría agarrado!

jueves, 18 de junio de 2009

In my head, Natasha

Llevaba un par de semanas con el "In My Head" de Queens of Stone Age como canción recurrente en, valga la redundancia, mi cabeza, y tenía ganas de traerla aquí. Y buscando vídeos, leyendo y surfeando aquí y allá, descubro que Natasha Shneider dejó este mundo el año pasado por culpa de un cáncer.

Si sois fans del grupo Eleven supongo que tendría relevancia en vuestras vidas, para mí, aparte de cantar en una banda que nunca he escuchado, era la chica que colaboró con los QOTSA en sus discos Songs For The Deaf y Lullabies For Paralyze, y que estuvo de gira con ellos en la gira de éste último. La chica que había colaborado junto a su pareja y compañero de grupo en el debut en solitario de Chris Cornell. La chica que, en definitiva, nombraba Jesse Hughes en su "Wannabe in LA".
Pues ya véis, me entero de que Natasha ya no está entre nosotros (yo la creía más joven, vaya), y, además, de que interpretó a la joven Irina de 2010: Odisea Dos, aquella joven cosmonauta que se abraza a Roy Scheider cuando todo parece que vaya a irse al garate, y que, tras verla en dicha escena por primera vez, hace mucho, deseé ser Roy Scheider y que se abrazara a mí.

Sólo por eso, y porque los amigos de Josh Homme son mis amigos, me ha apetecido dedicarle estas líneas a una persona que, fíjense ustedes, nunca ha tenido demasiada relevancia en mi vida.

Tropic Thunder (2008)

Hay que ver Tropic Thunder amigos, humor chorra del bueno, hacía tiempo que no veía algo así, quizás desde lo último bueno de los hermanos Farrelli, que ya ni me acuerdo cuando fue. Destaquemos:
  • Al cabrón de Robert Downey Jr. y sus parrafadas... "yo no leo el guión, el guión me lee a mí". Genial.
  • El mono de Jack Black.
  • Jack el Simple. Demoledor. Por supuesto parece que han habido asociaciones que no han entendido nada. Que Ben Stiller tenga que dar explicaciones... ay señor qué mundo.
  • El momento 'Platoon'.
  • Los garfios de Nick Nolte
  • Alpa Chino.
  • Incluso el tontolaba de Matthew como se llame ha hecho algo digno por fin.
  • Y, claro que sí, Tom Cruise. Sus apariciones atómicas son, como se ha dicho en todas partes, de lo mejor de la película. Ese baile ha borrado de un plumazo muchas cosas. Desde luego lo de Risky Business ha quedado en nada. ¡La gran polla! Jojojo rediós.
"Las camas me dan pesadillas", "en el 69 no había móviles yo preparo mis papeles"... Tropic Thunder, la comedia chorra at its best.

miércoles, 17 de junio de 2009

Mayra Gómez ¿Kemp?

Madre mía, nunca pensé que relacionaría a la ínclita Mayra Gómez Kemp con alguna calabaza que no fuera la Ruperta. Esto es como descubrir en un cajón fotos de tu tía Clotilde en bolas. En realidad ni siquiera estoy totalmente seguro de que sea ella, pero bueno, esto es como lo de Papá Noel, es más divertido y mágico pensar que existe. De todas formas ahí va el documento, y que cada cual se forme su opinión. ¡Tarjetita por aquí!

lunes, 15 de junio de 2009

Rhino

Pues ya que ha caído en mis manos el debú de los bilbaínos Rhino, llamado Breed The Chosen One, aprovecho para dejaros unas pocas palabras sobre ellos, que nunca está de más hablar y apoyar a las bandas patrias en lo posible. Por alguna razón me esperaba algo en una onda más stoner, pero Rhino (aquí, su MySpace) van en una honda mucho más hardcore, lo suyo son riffs pesados y contundentes, voces "monster truck" e influencias que podrían ir desde Sepultura o Black Label Society a Soundgarden. En resumen, sonidos duros con pocas concesiones, quizás no tan densos como Mastodon, aunque tan poco podría asegurarlo pues a este grupo aún no lo controlo demasiado. Pero seguro que ya os podéis hacer una idea de por dónde van los tiros. A la trompa de Eustaquio mismamente.

domingo, 14 de junio de 2009

American Beauty (1999)

Desde luego los 90 fueron una buena década para Kevin Spacey. Glengarry Glenn Ross, Sospechosos habituales, Seven, Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal, LA Confidential... y para ir cerrando la década nos dejó con un estupendo sabor de boca con American Beauty, que puso en el mapa a Sam Mendes con un debut muy chévere que nos hablaba de un estupendo grupo de desordenes clínicos, recordándonos aquello de que no es oro todo lo que reluce.

Con un maravilloso guión de Alan Ball, un tipo que debe ser muy bueno puesto que se ha dedicado más que nada a escribir para la pequeña pantalla, y un director novel avalado por todo un Spielberg, la cosa era difícil que fallara, pero además el reparto era sublime. Con mejores o peores dotes interpretativas, todos encajaban muy bien en los papeles, es difícil pensar en alguien más interpretando a los Burnham o al lírico onírico depresivo de Fitts, que no sé si hoy lo llamarían emo. Aunque vayamos a por un poco más de carnaza. Trataré de no desvelar muchos detalles, pero aquellos que no la hayáis visto quizás no queráis seguir leyendo. En ese caso, dejar de leer y corred a ver American Beauty, por el amor de Hitch.

Desde luego para mí el rey era Kevin Spacey, sencillamente por ser protagonista y porque su papel es absolutamente genial, pero Annette Bening desde luego no le va a la zaga, y Chris Cooper daba miedo no sólo por su personaje sino por lo bien que lo hacía.
Spacey era Lester Burnham, el tipo encerrado en la rutina que le llegaba la crisis de los 40, y lo envía todo al carajo mientras se miraba con buenos ojos a la amiga-microondas de su hija. Su colección de impagables caretos, medias sonrisas, caras de fumao, estallidos de ira, y demás torbellino de emociones, le hacían a uno querer a este tipo como si fuese tu tío Braulio, y abrazarle en mitad de la lluvia, pero sin mariconadas.
Annette Bening, la mujer que cazó al elefante de Hollywood (¿han visto Sinchan?) y cuyas ofertas no deben ser, por desgracia, inversamente proporcionales a su talento, no se dejaba intimidar por Spacey, y su interpretación de la neurótico-obsesiva esposa de Burnham, obsesionada por el éxito y la apariencia, era realmente outstanding, por sonar un poco inmobiliario. Sus gritos de desesperación, sus expresiones de incredulidad... ¡y el polvo con el rey de las inmobiliarias! ¡Cómo olvidar esos diálogos! ¿Por qué no tiene más papeles protagónicos esta mujer?
El tercero peso pesado del film es, en mi opinión, Chris Cooper, el hombre que nunca había estado allí, uno de esos secundarios que puedes haber visto varias veces y nunca recuerdas (como mucho de la más que interesante Lone Star), y que de repente, como decía Sabina, le pasan calidad y Hollywood arde (metafóricamente, para desasosiego de Chuck D). El homófobo coronel Fitts es dictatorial, terrible, y con una azotea más confusa que la del edificio de Los cazafantasmas. Su escena con Kevin Spacey (ya sabéis cual) era de la que provocaban rumores en las salas, y por supuesto su último acto te descolocaba por completo.

¿Era el hijo de Fitts, Ricky, otro tipo que debería tener pasaporte para el asilo Arkham? No sé que habrá sido de Wes Bentley, pero el andoba desde luego lo hacía bien, y tenía pintas de ser una extraña personalidad como su personaje, lo cual se suele conocer como actuar bien, o tener cara de todoquisque. Una de las escenas más recordadas y probablemente incomprendidas es la de las imágenes de la bolsa que vuela y vuela. Todo un referente para otros personajes como Peter Griffin, y base de mi afecto para el tal Fitts. No sé si será un loco porrero, pero cualquiera que ligue poniendo vídeos de bolsas de plástico que revolotean tiene mi admiración.

Por último, vayamos a por el elemento lolitesco ¿lolitesco? del film. Tenemos a acomplejada hija de Burnham, interpretada por Thora Birch, a la que siempre he tenido (sí, a ella también, bueno, en realidad mucho más) afecto desde que la vi en esta película. En las salas de cine he visto muchas escenas de acción, grandes efectos especiales, grandes desnudos, etc. Pero pocas me impactaron tanto (impactar no es la palabra, es algo más sutil... es... pero me temo que la palabra que busco se ha ido, como una bolsa mecida por el viento) como ver a la Birch lamentándose de no ser una supervixen o algo así y deseando poder (en el lenguaje castizo de nuestros políticos) ponerse tetas. Lo peor es que habrá adolescentes así y todo. De todas formas, bien elegida para el reparto, la Birch.


¿Necesita esta mujer un aumento de pecho? ¡No! Como mucho un aumento de sueldo.

Por último quedaba Mena Suvari, la típica vecinita de al lado que parece ser marchosa cual caniche retozón, y que en el film hacía hervir la caldera del señor Burnham. Seguro que desde aquella famosa escena en la cancha de baloncesto muchos hemos visualizado a nuestros vecinos, amigos de amigos, novias de amigos, amigos de novias, y tal vez incluso hijas de amigas y amigos de hijas y madres de hijas y... bueno, ya saben, hemos imaginado a esa persona en particular allí, en el techo, echando pétalos de rosa por todas partes. Tal vez algunos, los más depravados, incluso hayan sacado a pasear al alemanito.

Pero no importa, pues el mensaje de la película es que hay que vivir la vida viviéndola, y no vivirla trabajándola a todas horas. Y en realidad con esto último no sé que he querido decir, o tal vez sí, pero lo resumiré así: sed más Spacey y menos Bening en esta vida. Pero que conste que no estoy incitando a las relaciones extramatrimoniales con menores ni al uso de cannabis. Eso sí, espero que escuchéis más a los Guess Who. No echan pétalos, pero sí estupendas notas.

viernes, 12 de junio de 2009

Hawkwind

The entire audience looked like they were having an epileptic fit, all six hundred of 'em doing the same move. I remember thinking , 'Well, I have to join them - I can't watch them!' (Lemmy)

No sé como Jodorowsky no tuvo la suficiente visión como para acompañar sus películas con música de Hawkwind. Bueno, quizás lo hizo y yo no he sido informado, pero la verdad es que la música de esos locos y encantadores jipis británicos tiene tan poco sentido (o todo, pues hay gente que buscando, encuentra) como las películas del gurú de la psicomagia. Aunque, justo es decirlo, creo que Hawkwind aportaron más al mundo de la música que Jodorowsky al del cine.

Contar la historia de Hawkwind requiere tiempo, reflexión, y seguramente montañas de quaaludes y psicotrópicos. Yo no tengo ninguna de estas cosas, así que quede la historia en unos cuantos destellos. De todas formas, ahí fuera, aparte de la verdad, está la wikipedia, y muchos, muchos cambios de formación. En realidad, la confusión dominó al grupo y a su música, de tal modo que en muchas ocasiones, como narra el bueno de Lemmy, ni los propios miembros del grupo sabían quién estaba fuera o dentro del grupo.

Aunque si hay alguien que siempre estuvo allí, y alrededor del cual surgió un grupo casi por esporas, ese fue Dave Brock, a quién un redactor del Mojo definió como el tipo de jipi al que , en mitad de un grupo de personas, la gente iría a pedir drogas si no sabía quien las vendía. Brock, como muchos otros de su generación, provenía del rock 50s y el blues, y había probado fortuna tanto en Inglaterra como en Europa, por la cual había viajado como músico callejero, ganándose el pan con las monedas de los viandantes. De vuelta a la vieja Inglaterra, con una mujer y un hijo a cuestas, Dave y su compañero guitarrista Mick Slattery conocieron al bajista John Harrison, y como siempre ocurre en estos casos, la química entre ellos llevó al germen de un grupo que se completó con el batería Terry Ollis y dos viejos amigos de Dave, Nik Turner y 'Dik Mik' Davies, al saxofón y los teclados. Tan volátiles como una muestra de nitroglicerina, y siguiendo los pasos de The Byrds y otras formaciones psicodélicas, las primeras actuaciones del grupo tuvieron lugar bajo el nombre de Group X, pues la banda había llegado antes que un nombre. Con sus largas jams psicotrópicas la banda prontó comenzó a atraer a un público bastante "puesto" en la onda, y pronto el mítico DJ John Peel se fijó en ellos, y con su influencia y la del promotor/manager Doug Smith, la banda, remozada como Hawkwind, término que tras su aparente lirismo parece contener una broma privada sobre ciertas costumbres poco refinadas del amigo Turner.
Fue así como en 1970 llegaría Hawkwind, el primer LP del grupo, que se abría con "Hurry On Sundown", un gran sencillo que recogía los sonidos californianos de la época y un cierto regusto al influyente trabajo de Bob Dylan. Seguía una pieza que el grupo llamaba "Sunshine Special", y que a la postre fue dividida en varias partes, con títulos como "Paranoia" parte uno y dos, que desde luego explicaban muy bien su contenido. El álbum se cerraba con otro tema cantado, "Mirror of Illusion". En reediciones más modernas podemos encontrar entre los bonus una bonita versión del "Bring It On Home" de Willie Dixon. En la edición original del Hawkwind todos los créditos correspondieron a Dave Brock, para sorpresa de sus compañeros, ya que casi todos los temas eran producto de largas jams. El feliz mundo de Hawkwind, amigos.

Al aparecer el disco Slattery ya no estaba en la banda, siendo sustituído por Huw Lloyd-Langton, quien, según Lemmy, desapareció durante el festival en la Isla de Wight, tras tomarse varios ácidos, para no reaparecer hasta varios años después. Siguieron más cambios de formación, una constante en la delirante historia del grupo. Por ejemplo, tras un tour con los Pink Fairies, John Harrison dejó la banda, harto de estar rodeado de colgados, siendo sustituido por un tal Thomas Cribble quien a su vez dejó paso al bajista de Amon Düül II llamado Dave Anderson.
Los cambios no impidieron que la banda grabase otro disco (ya para una major, la United Artists) que estaba destinado a ser un gran clásico de la banda, como lo es también su debut. In Search of Space apareció en 1971, y se iniciaba con un larga improvisación llamada "You Shouldn't That". Por entonces Hawkwind ya estaban definiendo tanto su sonido como su imagen, y temas como "You Know You're Only Dreaming" o "Adjust Me" podían recordar tanto a Pink Floyd como a los Beatles del Sgt. Pepper's, aunque mucho menos lúcidos que los primeros y mucho más pasados de vueltas que los segundos. De todas formas In Search of Space estaba destinado a convertirse en un disco influyente, y las guitarras y atmósfera de un tema como "Master of the Universe" seguro que enseñaron mucho a un tipo como Dave Wyndorf.


Lemmy Kilmister ya tenía a Hawkwind en su mira desde hacía un tiempo, y aspiraba a hacerse con el puesto de guitarrista, pero acabó siendo el bajista de la banda cuando Anderson no se presentó a un festival benéfico en el que la banda tenía que tocar cierta noche de 1971. El bajo de Anderson estaba allí, pero Anderson no, y según palabras de Lemmy, fue así como se enfundó por primera vez un bajo, y como acabó entrando en la banda (apoyado por 'Dik Mik', que buscaba desesperadamente un colega de juergas adicto al 'speed').
Por aquella época Hawkwind empezaron a contar con una especie de corte de apoyo, una especie de amalgama de artistas y fotógrafos, poetas, escritores de ciencia ficción y supermujeres como Stacia, que pronto se convertiría en la bailarina oficial del grupo, haciendo corpóreas las notas del grupo mediante extrañas performances que solían incluir pintura corporal y extrañas ropas que no duraban mucho tiempo puestas.

El tercer disco de la banda, Doremi Fasol Latido, presentó una nueva base rítmica con Lemmy y el contundente Simon Wright a la batería. El disco fue grabado en un supuesto estudio con colchones en las paredes y un equipo casi inexistente. Seguramente nadie del grupo quedó contento con la producción de aquel álbum, pero muchos fans lo adoramos tal como está, con ese sonido tan cavernoso que abre el disco, la fastuosa jam "Brainstorm" que no por casualidad sería versioneada décadas después por Monster Magnet. "Space Is Deep" nos acerca más a la psicodelia 60s, "Lord of Light" embrutece de nuevo el disco para dejarnos con las suaves acústicas y los sonidos extraños de "Down Through The Night". En "The Watcher", otra pieza casi acústica, Lemmy cantaba su propia composición, de una forma como muy pocos fans hardcorianos de Motörhead podrían imaginar.
Aquél año Hawkwind obtendrían su mayor éxito con una composición de Brock y Robert Calvert, poeta y nuevo frontman del grupo tras la partida de Nik Turner. Cantada por Lemmy, "Silver Machine" fue grabada en un festival benéfico donde antes de salir tanto Lemmy como Dikmik se habían atiborrado de cocaína, anfetaminas y ácidos. Increíblemente los resultados fueron más que óptimos, y aunque Lemmy confiesa que nunca llegó a enterarse de donde estaba el público, afirma que fue probablemente el mejor concierto que dio junto a Hawkwind.

En 1974 llegaba un disco en directo, Space Ritual, tan cósmico como se podía esperar de ellos, y que es una buena muestra de lo que debía ser asistir a un concierto de Hawkwind, algo así como ver a los Quick Messenger Service con la mente en Venus y un montón de efectos raros de fondo. Tras algún inevitable cambio de formación, llegó el cuarto álbum de estudio, Hall Of The Mountain Grill, en el cual Dave Brock asumió las tareas vocales en casi todos los temas. El disco es otro buen trabajo de Hawkwind, donde se alteran los temas más guitarreros como "The Psychedelic Warlocks (Disappear In The Smoke)" o "Lost Johnny" (co-escrita por Lemmy) con psicodelia pura y dura y paranoias atmósfericas como "Goat Willow". Puro Hawkwind, vamos.

En mayo del 75 llegaba Warrior On The Edge Of Time, el último disco que grabarían con Lemmy y que cerraría toda una etapa de brillante locura y sonido de monolito espacial. De la curiosa forma en que Lemmy dejó la banda ya hablaré otro día. Hawkwind siguieron sin él, y sin nadie más quien no fuera Dave Brock, quien ha mantenido viva a la banda durante todos estos años, llevando a la confusión consigo allá donde actúe la banda.

Nunca me he adentrado más allá del 75 en la discografía de Hawkwind, pero recomiendo sus cinco primeros discos a cualquier fan de Monster Magnet o Motörhead. Respecto a los primeros, porque Hawkwind han sido una de las máximas influencias de Dave Wyndorf, y respecto a los segundos simplemente porque Lemmy estuvo allí. Aunque id preparados, pues nadie debería ser tan incauto como para esperar una colección de 'silvers machines' en los surcos de esos discos. Pocos son los temas que duran menos de cinco minutos, Hawkwind eran una deliciosa panda de colgados que se dedicaban a perderse en su propio universo de ácidos, riffs de aceite de roca y extraños sonidos electrónicos. Pero aquellos pocos elegidos que sepan apreciar lo que hacían Hawkwind, y se arriesguen a adentrarse en su particular cosmos de jams, se aproximarán a un estado de conciencia en el cual comprenderán lo que quería decir Dave Bowman al afirmar: "Dios mío, está lleno de estrellas".

miércoles, 10 de junio de 2009

El secreto de vivir (1936)

En marzo de 1933 el presidente electo Franklin D. Roosevelt anunciaba a sus conciudadanos que lo único que había que temer era al mismo miedo. Las primeras medidas para tratar de aliviar la penosa situación económica y social por la que pasaban los Estados Unidos no tardarían en llegar.
Por entonces, un Frank Capra de 37 años que estaba llevando a la Columbia Pictures a jugar en ligas más grandes con films como Dama por un día o Sucedió una noche se propuso desarrollar su trabajo y ahondar en algunas ideas sociales y políticas, o quizás simplemente humanas, que habían estado subyacentes ya desde su primera etapa en el mudo junto al cómico Harry Langdon. Como si de repente se sintiera arropado por el manto del "New Deal" de Roosevelt (aunque fuera un ferviente Republicano), Capra se decidió a hacer del entorno de La locura del dólar un leifmotiv en su trabajo, quizás incluso un personaje invisible y omnisciente en muchos de sus posteriores trabajos.

Tras verse obligado a posponer el proyecto de Horizontes lejanos, Capra decidió rodar un guión de su escritor fetiche durante los 30, Robert Riskin, un guionista brillante con quién Capra ya había trabajado anteriormente. La historia trataba de un hombre sencillo que casi por accidente se ve enfrentado a los complejos mecanismos de los grandes poderes de la sociedad moderna. Para encarnar a su protagonista, Longfellow Deeds, Capra pensó inmediatamente en Gary Cooper. A pesar de no estar disponible, el italoamericano retrasó el inicio del rodaje, a pesar del subsiguiente encarecimiento de los costes. Sin embargo a la postre se demostró que había sido un tiempo y un dinero bien invertidos. Para la protagonista se pensó en Carole Lombard, quien sin embargó se echó atrás en el último momento. A pesar de las reticencias del mandamás de la Columbia, Harry Cohn, finalmente Capra logró convencerle para que fuera Jean Arthur quien interpretara a la protagonista femenina.
El secreto de vivir comenzaba con el fatal accidente automovilístico del magnate Martin Semple, dejando atrás una gran fortuna cuyo destinatario no parece conocerse, captando inmediatamente el interés de la prensa. El heredero resultará ser un joven sobrino suyo, Longfellow Deeds, un hombre sencillo de una pequeña población de Vermont que poco sabe de altas finanzas o de los entresijos del poder. Sin embargo, cuando se enteré de la noticia a través del apoderado de su tío, el oscuro personaje John Cedar, aceptará viajar a Nueva York para tratar de dirigir el imperio de su difunto tío. Allí, Deeds deberá afrontar no sólo el extraño ritmo de vida y costumbres de una gran ciudad, sino la fría realidad que rodea al poder económico, a la prensa, y a otros influyentes estamentos de la sociedad.

En el mundo del cine no sólo Bonasera creía en América. Seguramente con todo el sentido del mundo, fueron en su mayoría inmigrantes, o hijos de inmigrantes, quienes levantaron en Hollywood el mito del país de las oportunidades. Si John Ford solía hablar de los cimientos de América, Frank Capra, nacido en la vieja Sicilia, hablaba de la esperanza en el futuro, de la fuerza de los Estados Unidos, de la confianza en uno mismo, de los valores morales como la única riqueza posible, por encima de los valores bursátiles. Hablaba de volver a la sencillez del colono, a la honradez del trabajo duro, y clamaba contra la América que banqueros, financieros, magnates y políticos corruptos habían dejado rota, derrotada y ahogada por la Gran Depresión.

Es así como el periodista Alistair Cooke habló del cine de Capra como una temática por encima de los personajes, pues tanto el Deeds de El secreto de vivir como el Smith de Caballero sin espada como el Bailey de ¡Qué bello es vivir! quedaban supeditados a un mismo esquema, un patrón que respondía al mensaje subyacente en las películas "sociales" del director. Eran, en definitiva, el hombre sencillo del pueblo, honrado y trabajador, que combatía a la adversidad, y a los poderes fácticos que se escondían tras ella, con ideales puros y un espíritu incólume, inasequible al desaliento. Sí, en determinadas ocasiones, aquellos héroes de clase trabajadora podían dudar, y mostrarse con pies de barro, pero la fe en su familia, sus amigos, y en su país, acababa por hacerles triunfantes.
El secreto de vivir no es, pues, diferente a posteriores producciones de Capra. En el film se mezclan la sátira, el melodrama, el romanticismo y el humor. Un curioso y efectivo cóctel "anticrisis" que parecía diseñado no sólo para entretener al espectador, sino para dotarle de confianza en un futuro que realmente parecía incierto. De las motivaciones que pudiera tener Capra para tocar temas tan socialmente comprometidos se ha hablado y escrito mucho, aunque de momento no trataremos el tema aquí. Tan sólo apuntar el curioso dato de que, vistas hoy en día, esas películas parecen obra de militante de izquierdas y no de un Republicano.

En El secreto de vivir tanto Gary Cooper como Jean Arthur demuestran que estaban hechos de buena madera interpretativa, y, a pesar de su archifamoso estilo sobrio, Cooper nos deleita con esos pequeños momentos que nos recuerdan por qué fue un grande. En el apartado de secundarios, junto a un venido a menos George Bancroft, destaca especialmente un gran Lionel Standel, un actor de carácter que años más tarde sería excluido de la industria durante la Caza de Brujas.

Aunque a modo personal considero El secreto de vivir algo inferior a Caballero sin espada o Juan Nadie, sigue siendo una buena película de Frank Capra, y aunque las tramas y situaciones se puedan calcar, hay cosas intangibles, mal que le pese a George Clooney, que no pueden ser recreadas a tan alto nivel.

lunes, 8 de junio de 2009

BSO: The Girl Can't Help It

The Girl Can't Help It es una producción del 56 diseñada a medida de Tom Ewell (el rodríguez de La tentación vive arriba) y como una explotación más de las curvas de Jayne Mansfield (interpreta a la típica rubia tonta, algo que lógicamente no la hacía muy feliz) y cuya trama servía de excusa para aprovechar la sensación del momento, el rock and roll. The Girl Can't Help It no es nada del otro mundo: humor viejuno en plan Bob Hope, Tom Ewell ofuscado de nuevo por una bomba rubia, y del apartado interpretativo en realidad sólo se salva el gran Edmond O'Brien. Pero lo que verdaderamente destaca del film (bueno, no negaré que la Mansfield destaca bastante) es una banda sonora y unas actuaciones realmente potentes, con megaestrellas de la época como Little Richard, Eddie Cochran, Julie London, The Platters o Gene Vincent y sus Blue Caps, y artistas menos conocidos hoy en día pero también interesantes como Johnny Olenn o Abbey Lincoln.

Os dejo con un fragmento del film donde el genial Fats Domino interpreta una de las canciones anti-lunes y de celebración del fin de semana definitivas, "Blue Monday".

viernes, 5 de junio de 2009

El último Boy Scout (1991)

Sin entrar en comparaciones profundas, pero echando mano de una, a la postre y paradójicamente, comparación superficial, ¿queda algo de la figura imponente de aquellos Spade, Marlowe y demás que de forma tan definitiva interpretara el (todos en pie) ciclópeo Humphrey Bogart? Ya saben, el hombre derrotado y aferrado a una botella, pero extrañamente lúcido e idealista, que actúa según sus propios valores, y que cree en una justicia y lamenta el crimen impune, y quien, en muchas ocasiones, suele trabajar como detective. ¿Queda algo de ese espíritu en el cine de hoy en día? ¿Algún resto de la Edad de Oro del cine negro? Quedan, en efecto, muy diluídos restos de aquellos personajes bigger than life. Se pueden apreciar las presencias de aquellos personajes, aquellas tramas y aquellos geniales diálogos en las revisitaciones y personalísimos homenajes de los hermanos Coen al film noir, por poner un ejemplo. También quedan restos arqueológicos de aquellos Sam Spade esparcidos escasamente por unas pocas películas y personajes. Y creo que El último Boy Scout es una de ellas. Quizás haya algún lector que no entienda de lo que estoy hablando. Podría tratar de explicarme mejor, pero creo que lo dejaré para alguna futura monografía de Bruce Willis. Quien quiera entender, que entienda. El cielo es azul, el agua moja, y las mujeres tienen secretos. Tan cierto como que la Tierra gira alrededor del sol.

El último Boy Scout comenzó como un tratamiento escrito por el guionista y ocasional actor Shane Black durante el rodaje de Depredador, cinta en la que debutaba como actor. Black fue el guionista que había firmado el guión de Arma letal, y cuyos futuros trabajos con la pluma incluirían la secuela de la cinta de Richard Donner y colaboraciones como en El último gran héroe. El guión que comenzara en la selva interesó a los estudios y fue bastante cotizado en su día. El trabajo de dirigir la película acabó finalmente en manos de Tony Scott, hermanísimo del señor Ridley, y quien tras interesar a gran parte del público con la vampírica El ansia, se zambulló de lleno en los intrascendentes 80 con Top Gun y Superdetective en Hollywood 2. En los 90 remontaría el vuelo en lo que probablemente fue el período más inspirado de su carrera, cuyo cénit fue la adaptación de un guión firmado por Quentin Tarantino.

El último Boy Scout se abría con unos títulos de créditos algo horteras a ritmo de un típico rock facilón 80s cantado por Bill Medley, un tipo bastante involucrado en canciones de bandas sonoras en los 80, y que en su día formara parte de los Righteous Brothers. Su apariencia en el film recuerda más a Dee Snider, lo que me hace pensar si no habría encajado más el malcarado líder de los Twisted Sister abriendo el film.
Me remito al principio de la película porque quería hablar de la primera gran escena del film, la que tiene lugar en el partido de fútbol (americano, claro). Hoy en día no sé si impresionará a alguien, pero el tanto que se marca Billy Cole noqueó a mi adolescente cerebro, ¡vaya un principio para una película de acción! Aquello sin duda prometía.

El último Boy Scout colocaba de nuevo a Bruce Willis en el papel de tipo duro, en esta ocasión un ex-agente del Servicio Secreto metido a detective, a quien un compañero ofrecerá un caso aparentemente fácil: proteger a una bailarina de striptease. Pero el compañero volará por los aires y el caso resultará ser más complicado de lo que parece. Así, el personaje de Willis, Hallenbeck, aunará sus fuerzas con el novio de la bailarina, Jimmy Dix, ex-jugador de fútbol, para resolver una compleja trama de apuestas y juego sucio en el fútbol.

El Hallenbeck de Willis tenía más que ver con el acabado McLane de la tercera entrega de Jungla de cristal que con el policía de las dos entregas anteriores. Hallenbeck representa el estereotipo del tipo duro perdedor y solitario, con barba de varios días, resacas y demás, pero que conserva intactos, si no su dignidad, sí su propio honor y código de valores, y un cerebro y unos puños que le ayudarán a resolver el caso. Casado y con una hija, el estereotipo prosigue con una vida familiar rota con una mujer que echa pestes de él y una hija adolescente que le odia y suelta tacos sin parar. Dentro del estereotipo, la riqueza de matices que puedan tener los personajes de Willis y Jimmy Dix (interpretado por la fugaz cuasi-estrella Damon Wayans), o que puedan añadir los actores, desaparecen en la subtrama familiar, lineal, plana y predecible como pocas.

Lo que diferencia a El último de Boy Scout de otros thrillers al uso son su protagonista, Bruce Willis, buen e incluso gran actor aunque muchos no quieran reconocerlo, las buenas y espectaculares dosis de acción, especialidad de Tony Scott, y un guión bastante logrado, especialmente en la primera mitad del film, que parece haber bebido algunas gotas de las viejas tramas en blanco y negro de detectives, y que contiene un buen puñado de frases inteligentemente zafias como no se veían probablemente desde El sargento de hierro. Frases como "si miras a mi hija te meto un paraguas por el culo y luego lo abro" son para ser celebradas y recordadas con cariño. Y los desplantes repletos de testosterona como la frase "si me tocas, te mato", y la escena de golpes que la acompaña, son también momentos gloriosos para solazarse en el ritual de mascunilidad de sillón, cerveza, y si ya me apuran hasta la horterada yanqui, gorra de béisbol, mientras el espectador empatiza cada vez más con el aplastado por la vida, pero honorable y duro, detective trinchaperonés.

Curiosamente, una vez impresionado al ver por primera vez la película, en subsiguientes visionados siempre he tenido una creciente sensación de que el film se deshincha peligrosamente en la segunda parte. Hay más acción, pero menos diálogos divertidos, y al previsible final de la lucha entre buenos y malos, hay que añadir una coda familiar donde todo se arregla por arte de amgia, Bruce Willis se afeita y se peina, y su hija deja de decir tacos. Si al menos el tal Hallenbeck no saliera afeitado y con polito de golf... pero, diantre, he visto muchos finales forzados y ñoños en películas de acción, pero éste es de los peores.

Sí, El último Boy Scout no es perfecta, pero tiene grandes momentos, especialmente en los tres primeros cuartos del film, y podéis llamarme loco si queréis, pero yo sigo viendo en el personaje de Willis algo del viejo romanticismo de los duros detectives de antaño. Y además, fue en este película, cuando una Halle Berry que todavía no era una gran estrella, en que la actriz redefinió lo que es un instrumento de percusión perteneciente al grupo de los tambores de marco. Pero esto no añade nada de valor. A lo mejor esta frase sí lo hace.
I forgot to tell you. "Bom" means "fuck you" in Polish.

jueves, 4 de junio de 2009

Kwai Chang Caine por fin volvió a casa


Una entrada no programada, pero hace un rato he leído la noticia y me he quedado pasmado. Los detalles escabrosos que he leído supongo que tendrán que ser confirmados, pero parece que David Carradine nos ha dejado para siempre. La saga de Kill Bill, Cannonball, y, por supuesto Kung Fu, seguro que serán algunos títulos por los que le recordarán la mayoría. Pero evidentemente en su larga carrera hubo más, como la entrañable La carrera de la muerte del año 2000, Esta tierra es mi tierra, o su par de colaboraciones con Scorsese, en especial la bonita Boxcar Bertha. Y, como ya comenté, además de todo eso, para mí siempre será uno de los villanos más cabronazos que han pasado por la televisión.

Sale David Carradine, un actor carismático con una vida repleta de ángeles y demonios, que seguramente habría merecido más suerte en su carrera. Goodbye, David.

Carrera de bicicletas

Hagan lo que hagan Taylor y May, hay dos datos incontestables: nunca podrán comprar un dinosaurio, y nunca podrán tener, no sólo un frontman a la altura de Freddie Mercury, sino un compositor tan loco como para componer genialidades como "Bohemian Rhapsody" o esta "Bicycle Race", con unos primeros segundos de mis favoritos de la Reina.

Las mujeres desnudas, el video censurado, el bañador pintado sobre la portada del single... en resumen, ojalá me hubiera podido hacer con una de esas copias del Jazz que traían el poster de las ciclistas desnudas dentro. Baiiisicoool baaiiiiisicooool!

lunes, 1 de junio de 2009

Depredador (1987)

En los agrestes páramos de los 80, donde cohabitaban el pájaro abejaruco y los elegantes damaliscos de Hunter, el rey de la sabana, el gran predador musculado era sin duda Arnold Schwarzenegger, quien triunfó a pesar de su babélico apellido, y que era un referente cinematográfico para miles de chavales en todo el mundo, quienes vivíamos pendientes de cualquier movimiento suyo, y esperábamos ávidos cada nuevo estreno del austriaco yanqui. Puede que Ejecutor sea ahora un subproducto, las bombillas de Dynamo ya no brillen como antes y Commando sea un puto videojuego, pero para muchos fans del viejo Arnie el único Matrix con sentido es el John Matrix de Commando ametrallando malutos para rescatar a su hija. Sí, hoy en día quizás no todo el mundo lo reconozca, pero a mí no me duelen prendas en hacerlo: yo fui fan del republicano Arnie, y lo seguiría siendo si no se hubiera puesto a hacer un bodrio tras otro. Y a lo mejor a la postre no ha salido tan mal gobernador como se esperaba.

Como decía, muchas cintas ochenteras de Arnold no han envejecido muy bien, pero en mi opinión Depredador es una excepción. Hay tics ochenteros que probablemente chirríen un poco, pero en general el film es un gran producto facturado por John McTiernan, un gran director de acción bajo cuya batuta se logró filmar una película que aportara algo a los films de "bichos espaciales" y otras extrañas criaturas que seguían la gloriosa estela dejada por el Alien de Ridley Scott. No es casualidad que en los cómics primero, y en los cines después, se haya enfrentado a los tenebrosos aliens contra los tecnológicos depredadores. Otra cosa es el valor de esa nueva saga cinematográfica, sobre lo que no opinaré aquí.

Depredador situaba de nuevo a un grupo de hombres en un ambiente hostil, como ya hicieran Alien, el octavo pasajero o La cosa (o la versión original de ésta), y a una amenaza no humana que trata de acabar con todos ellos. La primera vuelta de tuerca al concepto de personajes atrapados en la vieja casa del terror es que en esta ocasión las víctimas no eran, supuestamente, indefensas presas como pudieran ser unos camioneros espaciales o un grupo de científicos, sino tropas de élite, muy entrenadas y poderosamente armadas. Sin embargo, enfrentados a un ser de tecnología superior, más fuerte y rápido, y, al menos, de igual inteligencia a la de los humanos, el comando que se adentra en la selva centroamericana para una misión de rescate resultará estar tan indefenso ante el peligro como una excursión campestre de un colegio de señoritas decimonónico.

Para tratar de competir con la saga de alienígenas de doble mandíbula, Depredador debía contar con un gran presupuesto y, sobretodo, con un diseño de alienígena creíble. La nueva amenaza tendría, de nuevo, un aspecto antropomorfe, en esta ocasión mucho más reconocible que la criatura de H.R. Giger. El cazador de hombres sería una alta y musculada figura humanoide con una especie de piel reptiloide, una suerte de peinado rastafari, una máscara de alta tecnología, y bajo ella una cara feucha y, de nuevo una mandíbula singular, cuyo concepto, dicen, fue debido a una idea de James Cameron.

Sin embargo, en los primeros tercios del film el alienígena apenas sería visto, debido, en principio, a su perfecto camuflaje, creando así una atmósfera de miedo a lo desconocido, y un gran interés por descubrir el aspecto del predador de otro mundo, aumentado por las (por entonces) espectaculares imágenes de la visión de infrarrojos del bicho. Todas estas técnicas, unidas a la trama del comando perdido y acosado en la selva, creaban una adictiva sensación de angustia y curiosidad que le mantenían a uno pegado a la pantalla.


Jesse Ventura, entrenado en
combate bigotil por Chuck Norris


En cuanto al reparto, una vez se ató a Schwarzenegger, se completó con un grupo de tipos duros de distinta índole, incluyendo al bigotudo Jesse Ventura, al pendenciero Sonny Landham o al carismático actor de color Bill Duke, y al que fuera némesis de Rocky, todo un Carl Weathers. En el apartado menos musculado se buscó a una actriz latina y a un miembro del comando con gafas, interpretado por el escritor Shane Black, contratado, dicen, para actuar de correveidiles para el estudio, que no acababa de confiar en el primero McTiernan. En cuanto al reparto, Depredador curiosamente podría considerarse como la película de los gobernadores, pues tres de los intérpretes han acabado presentándose para gobernadores estatales en los Estados Unidos, pero sólo dos lo consiguieron (Schwarzenegger y Ventura).

Depredador, comparada con la primera entrega de Alien, es mucho más una película de acción que una film de terror espacial como lo era el film de Ridley Scott, y desde luego no alcanza las cotas de calidad de ésta, pero es un buen film de acción, poderoso y que en su día aportó aire fresco a las películas de alienígenas malutos. Aquellos que no tengan o hayan tenido a Schwarzenegger en un pedestal y no sean entusiastas de las cintas de acción, tal vez no encuentren Depredador demasiado excitante, pero tipos como yo siempre le tendremos afecto a esta entrañable y por momentos estupenda película.