miércoles, 30 de septiembre de 2009

Otra Oh Pretty Woman

Hay otra "Oh Pretty Woman" menos famosa que la del gran Roy Orbison, pero que también está muy bien. Fue compuesta por Albert King, y a finales de los 80 o por ahí Gary Moore la versioneó mano a mano con el señor King, antes de que Gary dejara de dar guitarrazos y confundiera ser un bluesman con ser un coñazo. Dedicada a todos los pagafantas que no pueden conseguir a la chica de sus sueños.

martes, 29 de septiembre de 2009

Rametep, Rametep

De un tiempo a esta parte ya no ocurre tanto, o al menos tengo esa sensación. Pero hubo una época, especialmente en los 80 y primeros 90, en que era fácil encontrarse con un cartel, carátula o trailer de una película en la que se pudiera leer, en letras tan o más grandes que el propio título del film "DE STEVEN SPIELBERG", aunque en la mayoría de los casos Spielberg sólo fuera el Midas que se rascaba el bolsillo y que no se implicaba demasiado en el asunto. Si uno se fijaba acaba con la sensación de que el sensacional (valga la redondez) director dirigía treinta o cuarenta películas al año. De todas formas de vez en cuando se notaba que Spielberg había metido su judía nariz en la película, porque aunque no fuera el director el resultado del film en cuestión no estaba tan alejado de sus propios y exitosos films. Por ejemplo ahí estaba Poltergeist, de la que siempre se ha dicho que Tobe Hooper no podía ser tan bueno, y la cosa fue más un revival del asunto Reed-Welles. O, pongamos también por caso, El secreto de la pirámide (que, por una vez, me parece un título más acertado que el original Young Sherlock Holmes; y además, esa clase de pelis con el joven tal suelen ser horribles, salvo Mel Brooks y poco más).

No sé si los actuales films del tal Harry Potter son mejores o peores que El secreto de la pirámide, porque no he visto ninguno, pero imagino que al menos deben ser tan entretenidos para los chavales como lo eran las aventuras del adolescente Holmes para un chavalín como era yo. Y es que el film da justamente eso: entretenimiento sin más ni más, y con una buena apropiación del mítico personaje de Arthur Conan Doyle, que supongo no molestará a nadie salvo a los más puristas defensores del fumador de pipas (nótese el sutil juego de palabras). A mí por ejemplo me gustan las historias de Sherlock Holmes, y no me siento ofendido con la inventada padre del equipo de Spielberg; en cambio con otros personajes he tenido ganas de disparar a la pantalla. En resumen, que El secreto de la pirámide es una lección de como deberían ser las películas de aventurillas para chavales: entretenidas sin necesidad de ser mongólicas. Por fortuna el director elegido por el barbas era de lo más competente, Barry Levinson.

El secreto de la pirámide, una entretenida historia, rompedores efectos especiales (para la época, claro), y personalmente, sobre todos los demás actores, uno de mis secundarios preferidos, Freddie Jones, de esos que me dan una alegría solo de verlos en alguna parte, como si fuera un tío de visita venido de las Américas.

Quien viera la peli en la época seguro que no ha olvidado la escena de la cristalera iconoclasta.

lunes, 28 de septiembre de 2009

8 Ball Bunny

"8 Ball Bunny" es el título de uno de los clásicos cortos de Looney Tunes, protagonizado por el gran Bugs Bunny y un pingüino algo llorón. Quizás no sea de los mejores, pero por supuesto aun así siguen siendo toda una obra de arte. Lo que hace realmente especial a este corto son los cameos del Humphrey Bogart de El tesoro de Sierra Madre, soltando su mítica frase de ayuda para un compatriota sin suerte. No estoy muy seguro de que cuando vi esta pieza siendo un crío supiera quién era el gran Bogey, pero desde luego me partía cada vez que aparecía en el capítulo dando por saco con su historia de mala suerte.

PD- ¿Será cierto que el pingüino sabe a pollo? ¿Por qué todos los bichos raros saben a pollo?

domingo, 27 de septiembre de 2009

La gente guapa

Bueno, bueno, bueno, fin de semana intenso y lleno de polémica con arbotantes. El viernes divertidísimo, a ver a unos amiguetes que teloneaban a The Freeks (con ex-miembros de Nebula, Zen Guerrilla, The Supersuckers, y en el estudio amiguetes como Jack Endino o Scott Reader), cuyo estilo podréis deducir leyendo estos nombres; buena banda, no son la bomba pero si sois de ese palo os gustará. En realidad el momento álgido llegó cuando una camarera se subió a la barra y comenzó a golpear uno de los farolillos que cuelgan sobre el cacho de madera con sus caderas... durante ese par de canciones fue difícil concentrarse en lo que hacía el grupo en el escenario, la verdad. Y finalizado el concierto la pista fue nuestra. Y anoche grandes risas escenificando el besuqueo de Homer al señor Topo y rememorando el baile de Bruce Willis en El último boyscout. Volví a casa pensando en como sonaría si "Masculino singular" lo hubiera cantado Eugenio. No preguntéis.

Pero en realidad el país no habla de los Freeks ni de Willis, sino de las hijas del presidentísimo, de su look y de si tal y cual. ¡Las hijas del presidente góticas! Ciertamente no nos lo esperábamos. Y hay todo tipo de opiniones. Desde los envidiosos que refunfuñamos porque ellas pueden ir a la gala esa como quieren y nosotros tenemos que ir a entrevistas de trabajo y bodas y bautizos trajeados en vez de ir con nuestras camisetas de Motörhead o Traci Lords, hasta los que dicen que vaya escándalo por una tontería, hasta los locos de Intereconomía y gente así que hablan prácticamente de traición a la patria. Bueno, y gente a las que simplemente no les parece de recibo.

Yo, no sé, ni me parece algo horrendo, ni las disculpo del todo (¡el protocolo para todos o la puta al río!), pero es por envidia, que yo quiero ir siempre informal a todos lados. Aunque el verdadero fenómeno es del Photoshop y el de toda la marabunta de bromas, montajes y demás que le han caído a las pobres chiquilla, y que ciertamente son más dañinas que las críticas de Losantos. Es que hay mucho artista suelo, con un buen grado de hijoputez. Lo siento, no me he podido resistir a subir la foto. Si es que... ¡somos malos!

En fin, creo que el grupo de hoy no podía ser otro. Bueno, podrían haber sido The Freeks, que ciertamente me dicen bastante más que Marilyn Manson, pero la verdad es que "The Beautiful People" fue de lo poquito poquito que me llegó a gustar de este grupo (que no del hombre). Ay, amigo, que bien te vino Trent Reznor...


viernes, 25 de septiembre de 2009

La apuesta fallida de John Huston

John Huston, uno de los mejores directores de todos los tiempos, tenía muchas pasiones y aficiones. Una de las que más tiempo le ocupaban era la crianza de caballos. El director no sólo los criaba, también solía apostar tan regularmente como podía en las carreras de caballos. No es extraño pues que entre sus amigos se contara un 'jockey', Billy Pearson.

Junto a Billy el director fue preparando a una de sus mejores potras, Lady Bruce, a lo largo de tres años, hasta convertirla en un magnífico ejemplar al que tras testear en varias competiciones quedó lista como una imbatible campeona en carreras de seis vueltas. Con Billy como jinete era imposible perder. Huston reunió todos sus ahorros y pidió prestado tanto dinero como pudo para apostarlo a Lady Bruce como ganadora. El día de la carrera Huston, que se encontraba rodando Cayo Largo, envió a su esposa Evelyn al hipódromo con instrucciones precisas sobre cómo y cuando apostar el dinero.

El mayor rival de Lady Bruce sería Dry, otro gran ejemplar propiedad de dos sudamericanos, Luro y Grillo. Sin embargo, tal como Huston había esperado, Lady Bruce se mostró imbatible en carreras de seis estadios, y Billy la llevó a la victoria. Cuando a Huston le comunicaron la noticia obviamente estalló en un extásis de felicidad sin igual. Sus problemas económicos se habían acabado para siempre. Podría vivir lujosamente por el resto de sus días.

Para celebrarlo decidió invitar a su esposa a cenar aquella misma noche en un fino restaurante de Los Ángeles. Sin embargo poco después un amigo llamó al director. Malas noticias. Evelyn había sido visto sentada en la carrera junto a los sudamericanos. Según le contó su amigo, la pobre mujer estaba aterrorizada, y ni siquiera se atrevía a llamar a John. El ojiplático y desmoralizado director, tratando de encajar la noticia, le comunicó a su amigo que dijera a su esposa que se reuniera con él igualmente aquella noche en el restaurante.

Al acabar el rodaje John se reunió con Billy en el restaurante, esperando todavía que todo fuera una broma, pero no era así. Los sudamericanos habían convencido a Evelyn de que era mejor apostar por su caballo. Los minutos comenzaron a volar, y la mujer del director no aparecía por ninguna parte. El tiempo siguió pasando, hasta que le comunicaron al pobre director que tenía una llamada. Era su esposa. John Huston, tratando de tragarse su rabia y frustación, intentó ser comprensivo y comportarse como un caballero:

JH: "¿Qué más se puede decir, Evelyn? Estas cosas pasan.
E: ¿No estás furioso? ¿No me odias?
JH: Por supuesto que no, cariño, por supuesto que no. Sólo es... dinero.
E: Pero John, quiero explicarte lo que ha pasado. Deja que te explique. Me senté con Luro y Grillo en su palco, y tenían a ese caballo llamado...
JH: Si, lo sé. Dry. Lo sé todo. Bien, Evelyn, olvídalo. Olvídalo por completo.,y simplemente ven aquí y...
E: Pero, John, ellos dijeron que...

Podéis imaginar más o menos como siguió la corta conversación. John tratando de pasar página mientras su esposa no cesaba en su empeño por explicarse y en seguir urgando en la herida económica de su esposo. Finalmente la paciencia de Huston traspasó su límite, y seguramente su respuesta no podría haber sido otra:
You bitch! you dismal, wretched, silly bitch!

El matrimonio entre Huston y Evelyn apenas sobrevivió dos años más. Y su fin no llegó necesariamente por un caballo...

Para saber más: An Open Book, de John Huston.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La máscara de la muerte roja (1964)

La máscara de la muerte roja es otro título de la serie de películas que Roger Corman adaptó de la obra de Edgar Allan Poe, con el terrífico Vincent Price como protagonista. En esta ocasión adaptó el relato de Poe del mismo título mezclándolo con otro pequeño relato, Hop-Frog o los ocho orangutanes encadenados. El film es uno de los títulos por excelencia del gran rey del cine independiente.

Vincent Price interpreta a Próspero, un retorcido príncipe de un feudo medieval donde tras la aparición de un extraño visitante surge un extraño brote de una enfermedad mortal, la Muerte Roja, que poco a poco comienza a diezmar a la población campesina. Próspero invita a los nobles de la región a su castillo, donde, protegidos de la terrible peste, se dedicarán a solazarse a la habitual manera decadente de los nobles medievales. Pero, por supuesto, todo cobrará pronto un tinte siniestro.

Lo primero que llama la atención de La máscara de la muerte roja son los grandes decorados e interiores de los que hace gala, que desde luego son poco habituales en la filmografía de Corman. Para este film el avispado Corman se trasladó a Inglaterra para trabajar con un equipo de rodaje inglés, lo que le valió una subvención del gobierno, y además le permitió usar los decorados que habían sido utilizados para el film Becket. Toda una lección de avispamiento de parte del gran maestro del ahorro. En realidad Corman siguió a los productores del film a Inglaterra, pero desde luego allí supo moverse tan bien como en América. Dado que el film es inglés, no resulta extraño ver en el reparto al norirlandés Patrick Magee, el inolvidable escritor apalizado de La naranja mecánica.

La máscara de la muerte roja es sin duda uno de los más ambiciosos films de Corman, y no es raro que los entendidos en la carrera del director la citen como su mejor película. Desde luego la película cuenta con una gran puesta en escena, muchos actores, buenos secundarios y una interesante trama desarrollado por Charles Beaumont, un nombre importante de la literatura fantástica y de ciencia ficción, y R. Wright Campbell. Pero por supuesto el mejor efecto especial de la cinta es Vincent Price, quien una vez más despliega su infinito magnetismo metiéndose en el papel del retorcido villano Próspero, dotando al personaje de deliciosos matices macabros y de sonrisas seráficas que ocultan un espíritu retorcido y cruel. Vaya, uno nunca tiene suficientes adjetivos para calificar al gran Vincent. Sin duda fue uno de los grandes.

La máscara de la muerte roja es una película de muchos matices, con connotaciones sexuales por doquier, atmósferas malvadas, y con el binomio Corman-Price funcionando a pleno rendimiento. Seguramente no sería exagerado calificar a esta cinta como el particular Exile On Main St de los 'Horror Twins'.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Son of a Beach

Ya sabéis, amiguitos que aprendáis inglés; lo que le pasa a un italiano al practicar el idioma de Chespir bien puede pasarle a un españolito.



Por cierto, gracias a los que me hayan votado en lo de los blogs del 20minutos y a mi amiga Celss y a Sara, IlCavaliere y ordago13 por los comentarios. Como era de esperar no me he llevado ningún euro, pero tarde o temprano conquistaré el mundo con mi ejército de superhombres atómicos, así que no importa. Muahaha

Cine del 100 al 1

No sé quién o quienes son Alonzo Mosley y su Film Institute, pero vaya currada se han pegado con esta cuenta atrás cinematográfica del cien al uno. ¿Cómo habrán buscado todas esas frases concretas? Qué cosas, tu.

martes, 22 de septiembre de 2009

El héroe solitario (1957)

Cuando uno ve El héroe solitario, la hagiografía dirigida por Billy Wilder sobre el que quizás haya sido el héroe norteamericano por excelencia, Charles Lindbergh, da la impresión de haber sido un proyecto bien remunerado que el director hubiera aceptado rodar como divertimento para el gran público, pero lo cierto es que fue el mismo Wilder quien se ofreció para dirigir la película.

Es difícil entender hoy en día la talla de alguien como Lindbergh, y la importancia que tenía en la sociedad norteamericana, pero tras su proeza trasatlántica el piloto se convirtió en poco menos que en un dios viviente. El libro que escribió sobre su periplo aéreo, y que sirvió de base al film, The Spirit of St. Louis, fue un enorme éxito y recibió el premio Pulitzer. Todo América padeció junto a Lindbergh el misterioso secuestro de su hijo, y aunque sus confusas ideas sobre el régimen nazi le restaron popularidad, en los años 50 rodar una película sobre Lindbergh era rodar LA PELÍCULA. Quizás por ello Wilder se ofreciera a participar en un rodaje que prometía ser histórico.

Otra gran estrella de Hollywood que hizo todo lo que estuvo en su mano por protagonizar el film fue James Stewart, aviador además de actor, y gran admirador de Lindbergh. Aunque por edad seguramente ya era demasiado mayor para el papel, Stewart usó todos sus contactos y movió todos los hilos que pudo hasta que se hizo con el papel. Tal vez fuera demasiado mayor, tal vez no, pero, aparte de ser un grandísimo actor que suplía el problema de su edad con su gran talento, tenía sentido que fuera Stewart quien interpretara al gran héroe, ya que al fin y al cabo James Stewart era en Hollywood el hombre del pueblo por excelencia. Quizás sólo John Wayne le superaba en aura patriótica, pero tener al duro vaquero de protagonista habría sido cuanto menos, curioso.

El héroe solitario es un correcto film de gran presupuesto, una película comercial de los años 50 que por lo general carece de los ágiles diálogos de Wilder y su particular toque cinematográfico. El director se vio muy constreñido por la firme opinión de Lindbergh de que no se cambiara ni una coma de su libro. Wilder pudo introducir algunas ideas, como la de la mosca en la cabina del piloto, para evitar el excesivo uso de la voz en off, pero en definitiva aquél era un producto para el gran público y para lucimiento de la hazaña de Lindbergh.

Por supuesto Wilder no era un recién llegado, y técnicamente no se le puede poner ningún pero a su dirección. Pero en esta ocasión el peso del film recae evidentemente en James Stewart, quien logra sacar adelante el papel con mucha solvencia, manteniendo el interés del espectador sólo por su mera presencia. De todas formas, a pesar de los flashbacks que nos van relatando algunos momentos importantes de la vida de Lindbergh desde su retorno de la Gran Guerra hasta su gran hazaña, en definitiva aquí estamos hablando de un piloto que surcó el Océano Atlántico en avión, con lo que no hay demasiados giros argumentales ni complicadas escenas de acción, ni grandes romanticismos. El héroe solitario trata de aviones y de un piloto, y aparte de algunos toques de humor eso es lo que hay.

En resumen, un curioso film de Wilder, que puso su talento al servicio de un producto impecable y vendible que, sin embargo, falló en taquilla, y tuvo pérdidas debido a los altos costes de producción. Desde luego, El héroe solitario no es El apartamento, pero, ¿no es bonito sentarse en el sillón y poder ver de nuevo a James Stewart en acción?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Mytek el poderoso

No recuerdo muy bien cómo llegaron ese puñado de comics a mi casa, tal vez hubieran estado allí desde siempre, o tal vez me los trajeran mis padres algún día, pero lo cierto es que allí estaban. Aquellos tebeos eran unos cuantos números de Mytek el poderoso, un producto representativo del comic británico de los 60 y 70, y que fue publicado a través de la revista juvenil Valiant, publicada por IPC Magazines.

Mytek el poderoso era sin lugar a dudas un gran comic que proporcionaba tolenadas de diversión, a toda cosa. La historia era la siguiente: en el África profunda una especie de tribu zulú tocahuevos, los Akari, no paran de rebelarse y tocarles las narices a los blancos. Para tenerlos amansados, un científico construye un robot gigante con aspecto de gorila kingkoniano; efectivamente, el bicho mecánico es Mytek. El científico cuenta con el típico ayudante jorobado en estos casos, un tipo feo y que se la tiene jurada al mundo, y a quien seguramente le debían tener como becario cobrando una miseria. El desenlace es el esperado: el malvado jorobado (llamado Gogra, si no recuerdo mal) se hace con el control de Mytek y se pone a hacer de las suyas, chafando a personas y destruyendo poblados y ciudades.

Hasta aquí, la premisa de los comics de Mytek. Como ya he dicho, el autor o autores de Mytek no se andaban con tonterías, y muy pronto la trama se ramificó en muchas subtramas e historias totalmente absurdas, con el único objetivo de que la fiesta de caos y destrucción nunca se detuviera. Tan pronto Gogra esclavizaba o se aliaba con los Akari como Mytek cobraba vida propia y no necesitaba que lo manejasen, para al siguiente número volver a ser un simple bicho gigante a pilas. Aquí no había sitio para las complejas tramas psicológicas de la Marvel ni para las oscuridades de la DC ni nada parecido. Los de Valiant sabían lo que quería su público, y desde luego lo daban con creces. Si a todas esas locas historias le añadís el hecho de que yo tenía números sueltos, pues el salto en la trama de un fascículo a otro era acongojante, pero obviamente poco importaba. Con que saliera Mytek destruyendo cosas era suficiente.


¿Villanos-bombilla? ¿Por qué no?

Como comprenderéis, Mytek el poderoso lo tenía todo para enfermar la voluble cabeza de un criajo como era yo entonces. Por entonces uno seguía flipando con King Kong (incluso con las versiones setenteras), los dinosaurios, Las minas del rey Salomón, y todos esas cosas que tarde o temprano se acaban mezclando en los comics de Mytek de una forma bastante alucinógena.

Obviamente hoy en día seguramente sean sólo unos pocos chalados recordarán al bizarro Mytek; yo hace ya mucho, pero mucho tiempo, que le perdí la pista al cachondo gorila destroza-chozas, pero el recuerdo de los entretenidos veranos que pasé con aquellos pocos números no me los quitará nadie. Ya sabéis, la próxima vez que queráis recurrir a un poco de entretenimiento gorila, hacéos con algún número de Mytek, y dejad que la imaginación fluya. Pronto os sentiréis como si fueráis el mismísimo Gogra metido en el cráneo de Mytek en pos de la enésima destrucción del poblado Akari.

domingo, 20 de septiembre de 2009

El péndulo de la muerte (1961)

Tal vez queden reinas del horror por ahí sueltas, pero el Terror parece huérfano desde que nos dejara el inconmensurable Vincent Price. Tal vez exista alguna pequeña estrella del que los más acérrimos del género sepan algo, pero a nivel más o menos popular el trono de Su Malvada Majestad sigue vacío, y desde luego está claro que nunca habrá nadie como él, Vincent Price era único. Por suerte nos dejó una abundante filmografía, en la cual destacan, entre otros trabajos, sus fructíferas colaboraciones con Roger Corman.

El péndulo de la muerte pertenece al grupo de cintas de Corman basadas en relatos de Edgar Allan Poe, que suelen servir más como excusa para el film (sobretodo porque en muchas ocasiones los relatos cortos del norteamericano no dan para mucho más) o como tercer acto que como adaptación fidedigna. Esta cinta contiene todos los ingredientes que caracterizan a las adaptaciones que del gran escritor hiciera Corman: terror gótico, el particular estilo de serie B de la factoría Corman, retruécanos de la psique, misterios ocultos, y, por supuesto, el oscuro Vincent Price. Y un guión de Richard Matheson, por cierto, que tampoco era un cualquiera.

Por ello, poco importa en realidad la trama de la película en cuestión. Lo importante es disfrutar con las actuaciones de Price, los ambientes de castillo viejo y oscuro, los jipiescos momentos oníricos de Corman, el poso o regusto de las fascinantes historias de Poe, y de pequeñas Reinas del Terror como, en este caso, Barbara Steele, una vampiresa estrella del cine de terror (especialmente el italiano) de los años 60. Y, de propina, El péndulo de la muerte nos regala una imagen final de esas que le renuevan la sangre a uno, recordando el por qué Roger Corman ha llegado tan lejos en la vida con tan poco. Poco importa que en pleno siglo XXI El péndulo de la muerte dé miedo o no; lo importante es pasar un buen rato de la mano del que quizás haya sido el binomio más grande de la serie B.

sábado, 19 de septiembre de 2009

El tour mágico del misterio

Si sois curiosos y os gustan los misterios y tenéis tiempo para perder, mirad esto. ¿Campaña de marketing¿ ¿Bulo? ¿Experimiento social? ¿Virus? ¿Juego de rol? ¿Fantasmogénesis? ¿Gilipollez colectiva? Ni idea, en realidad ni siquiera creo que acabe de entender lo que me han contado, pero da igual, intentar entender o hacer un seguimiento del misterio misterioso este me parece demasiado trabajoso. Ya me lo dará machacadito Iker Jiménez cualquier día de estos.

Yo os dejo con otro misterio: ¿vosotros también escucháis los coros de esta versión de "Magical Mistery Tour" como si hubieran sido grabados en el wáter de los Abbey Road Studios o algo? Esto de no tener vinilos o CDs remasterizados para saber como suenan las cosas es una lata. ¡Al menos quiero una taza!


viernes, 18 de septiembre de 2009

Winchester 73 (1950)


James Stewart se convirtió durante los primeros años de su carrera en el chico del pueblo, el hombre honrado que siempre salía adelante a pesar de las dificultades, el pequeño y amable vecino de la puerta de al lado. Y así le consideraba el gran público cuando al entrar su país en la Segunda Guerra Mundial el actor se presentó al servicio activo para defender a su patria, en un servicio bastante más activo que el de muchos otros actores que decidieron o aceptaron el estar más protegidos. Pero tras regresar a casa en 1945, para él las cosas, como para otros veteranos, parecían haber cambiado.

Quién sabe, quizás el bueno de Jimmy nos habría dejado sin muchos de los clásicos que os regaló tras la Segunda Guerra Mundial si hubiera decidido convertirse en piloto comercial, o en hacer finalmente caso a su padre y alejarse de la pecaminosa Babilonia hollywoodiense, o tal vez se habría recluido en los circuitos teatrales, o quién sabe que más. Lo cierto es que en lo años posteriores a la guerra James Stewart, como le ha pasado a hombres y mujeres desde el principio de los tiempos laborales, decidió replantearse su carrera y su vida. Dejó expirar su contrato con la MGM, fichó por una agencia de talentos y se convirtió en una de las primeras estrellas del viejo Hollywood en convertirse en actor independiente. Fue entonces cuando decidió por cambiar radicalmente de imagen, y seguir el viejo axioma del no more mister nice guy. Comenzaba una nueva etapa en la carrera del “caballero sin espada”.

El impacto del público al ver a James Stewart escupiendo sus frases y pegando golpes y tiros no en Winchester 73 no debió ser menor al que provocó años más tarde su amigo Henry Fonda al matar a ya sabéis quién en Hasta que llegó su hora. Como una bofetada llegó la noticia de que James Stewart podía ser un tipo duro, ¿y qué mejor sitio para los tipos duros que el Salvaje Oeste?

No es casual que un film llamado Winchester 73 tenga como protagonista a un rifle. Podría decirse que junto a Stewart y Shelley Winters el rifle es el tercer coprotagonista de la historia. En el film Stewart interpreta a Lin McAdam, un vaquero vengador que junto a su amigo High Spade persiguen sin cesar al bandido Dutch Henry, hasta que llegan a Dodge City, donde el mítico sheriff Wyatt Earp desarma tanto a perseguidores como perseguidos. McAdam decide entonces participar en un concurso de tiro enfrentándose a Dutch. El premio es un rifle Winchester último modelo. Lin gana el rifle, pero Dutch se lo roba, reanudándose la persecución, durante la cual el rifle irá cambiando de manos sin que sus dueños puedan evitar verse afectados por la posesión del rifle que simboliza la venganza personal de McAdam y la maldad de Dutch.

Cuando el director proyectado para Winchester 73 se desinteresó de la película, Stewart propuso que el estudio fichara a Anthony Mann, director al que admiraba y a las órdenes del cual había trabajado el actor en obras teatrales durante la preguerra. La colaboración entre Stewart y Mann demostraría ser fructífera, tanto artística como comercialmente, relanzando la carrera de ambos. De hecho actor y director todavía colaborarían en otros cuatro westerns, algunos de los cuales siguen considerados como grandes clásicos del género.

Bajo la tutela de Mann la película progresa sin apenas descanso, y con gran acierto el film se aleja de sentimentalismos innecesarios, y el lucimiento de Shelley Winters viene más por su faceta de chica ex-cabaretista que por romances con el protagonista u otros personajes. El romance queda sugerido, pero lo que prima es la sed de justicia y el curso de acontecimientos en los que el rifle es protagonista. Winchester 73 cuenta también con inolvidables escenas crepusculares que hablan por sí solas de la gran labor del director de fotografía, William H. Daniels.

La labor de Mann es ciertamente remarcable, ofreciendo una cuidada escenografía y un ritmo seguro y con pausas que acompañan a los momentos estelares del film, que son básicamente aquellos en los que James Stewart hace su aparición, demostrando no que fuera un grandísimo actor, pues a esas alturas lo había demostrado de sobras, sino que podía enfrentarse a papeles más dramáticos y oscuros, más en la línea de su también gran amigo John Wayne.

En Winchester 73 cabe destacar también a dos futuras estrellas que todavía estaban comenzando sus carreras por entonces: Rock Hudson y Tony Curtis, aunque si uno no se fija bien pueden pasar desapercibidos. Pero eso no pasa de ser una mera anécdota: James Stewart era muy superior a ellos, y su sola presencia hace de Winchester 73 un western imprescindible.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Terence Trent D'Arby

Muchas veces he pensado en James Brown escuchando a Terence Trent D'Arby, especialmente leyendo lo que muchos decían del directo del neoyorquino, que por desgracia nunca llegué a presenciar. Por supuesto, hablar del Padrino del soul son palabras mayores, pero, ya sabéis, ¿qué músico negro de hoy en día pueda siquiera aguantar una mínima comparación con aquellos músicos bigger than life que no sólo eran capaces de copar los charts (a veces incluso el Billboard blanco), sino que además lo hacían con buenas canciones, como se había hecho prácticamente desde los tiempos de Nat King Cole. Pero, la verdad, el panorama negro actual da pena, con desvergüenzas como eso que se atreven a llamar R&B, una desfachatez que no se veía desde que uno podía encontrar discos de Luis Cobos en la sección de música clásica. La música negra popular y comercial siempre fue espíritu y fuego, sudor y músculo. Ya sabéis, si no se suda no es soul ni funk. James Brown debería volver de su tumba y destrozar al 99% de estrellas negras norteamericanas actuales pasándolas una a una por su banda y sometiéndolas a sus legendarios ritmos desquiciantes y sus extenuantes giras y conciertos, hasta que sólo quedaran los dignos, al menos, de seguirle la marcha. Pero puesto que el Padrino nos dejó solos frente a la MTV, la gran esperanza negra era el amigo Terence. Y va el hombre y descubre la espiritualidad, se marcha a Italia, se cambia el nombre y se pone a renegar de la industria y de su otro yo muerto, un tipo llamado Terence Trent D'Arby que, diablos, sabía hacer grandes canciones.

El pop dejó de ser una cosa artesanal en algún momento de los 70, y en los 80 se convirtió en uno de los mayores montones de mierda que la humanidad haya visto jamás, y el género no ha mejorado demasiado. De la noche a la mañana el rock prácticamente desapareció de las radios, la música disco degeneró todavía más, el soul se vino abajo frente al hip hop, que no aguantó demasiado, y, bueno, florecillas como Fine Young Cannibals encontraron su hueco en este mundo, o, más bien, en aquel mundo, un mundo sin Internet y en el que la gente no podía autobombardearse con música de su gusto, sino que tenía que comprar los discos que pudiera y aguantar los programas musicales de radio y televisión. Sí, los 40, esa cadena de radio que proyectaba al mundo hits amorfos a tocateja, reinaban.

Por suerte uno era bastante crío y pasó casi toda la década en la ignorancia de los juguetes y la música de fondo; de hecho no puedo sino considerar entrañables a varios de aquellos éxitos pop horribles, simplemente por la nostalgia juvenil y eso. Pero hacia finales de década comencé a percibir que había mucho de una cosa y muy poco de otras que había por casa, como por ejemplo los Rolling Stones. Y, de repente, las cadenas de radio comenzaron a pinchar algo realmente digno, e incluso más que digno; las canciones de un negro desconocido llamado Terence Trent D'Arby.

Introducing the Hardline According to Terence Trent D'Arby entró en casa de mano de mi hermano, y, vaya, me enamoré de ese disco, lo pinché cientos de veces. Era fácil que una canción como "Wishing Well" le hiciera gracia a un chavalín, con esos trozos de flautitas que casi parecían de dibujo animado, pero hoy en día vuelvo a pincharlo y es que ese debut tenía una maravilla detrás de otra; "If You Let Me To Stay", "Dance Little Sister" o la que sin duda fue una de las mejores baladas de la época, "Sign Your Name".

Terence no sólo destacaba por sus composiciones; también por su voz. Su voz era y es una preciosidad, y además, ocultaba la palabra del Señor, el gospel y el soul de los grandes maestros. Como muchas otros cantantes negros anteriores a él, Terence era hijo de predicador, y se había cultivado tanto en los cantos religiosos como en los discos profanos de Sam Cooke y compañía, así como en lo mejor del pop-rock de los 60. Se nota que tenía la lección aprendida.

Aunque creo que Introducing the Hardline According to Terence Trent D'Arby ha envejecido bastante bien, al contrario que centenares de otros discos exitososos de la época, hay que reconocer que en algunos momentos la música se resiente del estilo de producción de baterías endebles y bases programas que tan de moda estaba por entonces, especialmente en temas como "Let's Go Forward" o "Rain", pero con todo el disco sigue sonando muy bien, por suerte Terence metió mano en la producción, junto a Martyn Ware (¡uno de los coautores del "Tempation" de Heaven 17!). Introducing..., gran disco amigos, y vaya final , con Terence haciendo maravillas a capela en "As Yet Untitled" y rindiendo tributo a los clásicos con "Who's Lovin You", una balada que bien podría haber sido escrita en los viejos y gloriosos tiempos de los Tempations y demás.

Las cosas en el negocio ya estaban cambiando por entonces con Guns 'n' Roses, y no quedaba demasiado para que el rock volviera a reinar de la mano de Nirvana y todos los demás. Y en 1989 Terence se destapa con Neither Fish Nor Flesh, una excelente continuación a su debut que pilló a todo el mundo por sorpresa, incluida la compañía discográfica, que se esperaba otra colección de éxitos accesibles y sin embargo se topó con una colección de grandes pero poco comerciales canciones que no gustaron a los de Sony. El súbito cambio de estilo (al menos de cara a la compañía) de Terence, unido a una absurda polémica con los Milli Vanilli de por medio (el manáger del duo "cantante" publicó en Alemania material del antiguo grupo de Terence, y hubo capullos que acusaron a Terence ¡de subirse al carro Milli Vanilli!), llevó a una poca o inexistente promoción del disco, con lo que el álbum no se vendió y de repente Terence pareció desaparecer de la faz de la Tierra. El desencanto de Terence con la industria comenzó en ese momento, y continuó hasta que decidió convertirse en un artista espiritual y underground.

Una lástima, Neither Fish Nor Flesh era un gran disco. Teníamos a Terence usuando los típicos fraseos 'made in Godfather of Soul' en "I Have Faith In This Desolate Times", o como "It Feels So Good To Love Someone Like You" que hacía una gala de unos preciosos arreglos al puro estilo de los Beatles. En "To Know Someone Deeply Is To Know Someone Softly" uno redescubre de nuevo la bella voz de Terence, mientras que "I'll Be Alright" comienza como una especie de "Revolution 9" soul para dar paso a un animado boogie con vientos. "This Side of Love" es de las mejores canciones del disco, y probablemente mi preferida. En este caso tiene más que ver con las experimentaciones de algunos de los grupos que habían de triunfar en la siguiente década que con los sonidos clásicos de Beatles o artistas soul. "Attracted To You", "You Will Pay Tomorrow"... no cabe duda, Neither Fish Nor Flesh confirmaba que Terence no tenía nada que envidiar al Prince de los mejores tiempos.

Para cuando Terence solucionó más o menos sus problemas personales y discográficos el 'grunge ya triunfaba por todas partes, y aunque, de nuevo le extraña a los ejecutivos discográficos cortos de oído, tenía todo el sentido de mundo que Terence se destapara con su pasión por el rock en el poderoso sencillo "She Kissed Me", que demostraba como deberían haber sonado las canciones más guitarreras de Prince (grandes canciones pero que en aquellos tiempos no podían ser muy guitarreras). "She Kissed Me" fue el primer single de Symphony or Damn, el disco que cerraría la trilogía dorada de la carrera de D'Arby. Por lo general era un disco con un toque más rock, aunque en cierto modo continuaba la línea de los dos discos anteriores, como si Terence hubiera cogido un poco de lo mejor de dos primeros álbumes.
El siguiente corte del disco, "Do You Love Me Like You Say?", recuperaba las guitarras soul de James Brown acompañando sin embargo a unas melodías típicamente D'Arby, más rockeras. "Baby Let Me Share My Love" es quizás de los pocos temas con bases programadas a lo tecno que puedo llegar a disfrutar, y el mérito estriba, por supuesto, en la voz de Terence. "Neon Messiah" destaca por el uso de los vientos, y "Penelope Please" comenzaba con un sampler de (¡sí! ¡otra vez él!) James Brown, dando paso a un alegre tema con estrofas vocales de autómatas de feria. "Turn The Page" (nada que ver con Bob Seger), "T.I.T.S./F&J", "Succumb To Me", o la bonita "Let Her Down Easy", compuesta de voz y piano y que cierra el disco, eran, en definitiva, otro puñado de grandes temas que conformaban otro gran disco, y que podían apoyar la arrogancia que Terence derrochaba tanto en el escenario como en las entrevistas, arrogancia seguramente sólo superada por los hermanos Robinson.

Y, bueno, tras Symphony or Damn cada vez se hizo más difícil seguirle la pista a Terence, hasta que se mudó a Europa con su nuevo nombre y sus nuevas inquietudes. Estoy seguro que sigue escribiendo buenas canciones, o al menos seguro que sigue siendo capaz de escribirlas. Estaría bien que volvería a lo grande y se convirtiera en el soulman rockero contemporáneo definitivo, pero vaya, parece que Buda o algún otro ser espiritual le guía por otros derroteros.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Se fue el fantasma Wheat, Mr. Swayze

Llevaba tiempo luchando contra el cáncer, llevaba las de perder, y al final ha sucumbido. Patrick Swayze, icono ochentero e ídolo de mozas con acné y hombreras que ahora son madres divorciadas y tal, nos ha dejado para siempre, y se ha ido a chutar a latas, o a hacer cualquier cosa que le guste.

No era un gran actor, pero tenía un algo que enganchaba, al menos los de cierta generación seguro que le recordamos con cariño. Mientras flipaba con los cañonazos y las muertes en Norte y Sur también seguí, por qué no decirlo, con emoción, su imposible historia de amor con Leslie-Ann Down. Aunque para entonces ya había formado parte de esa generación de jovencitos que trabajaron con Coppola en Rebeldes, y había estado a las órdenes de John Milius en la bizarra Amanecer rojo. Poco después Swayze pegaría fuerte con Dirty Dancing, una película que nos asqueó a muchos, más aún cuando de repente todas las mujeres de alrededor parecía que hubieran perdido la cabeza con el dichoso bailarín. Maldición, ¡Swayze era un tipo duro y cojo del Sur, no un danzante moñas! Por suerte Swayze nos dio adrenalina masculina en ese pequeño gran clásico llamado De profesión, duro, sin duda una de las traducciones más epatantes de la historia de las distribuidoras españolas. Luego Swayze volvió a los sentimientos con Ghost, pero al menos la cosa no estaba mal, se dejaba ver. La última vez que le seguí la pista fue en Le llaman Bodhi, una película del que ahora no aguanto ni cinco segundos, pero que en su momento me dejó flipado, y la conexión Peppers la hacía todavía más atractiva.

Patrick Swayze ya no está entre nosotros, y la fecha de su muerte debería establecerse como el Día de los Porteros de Discoteca y Entes Ectoplásmicos, dos conceptos que a veces van indisolublemente unidos, por lo de fantasma, más el toque engorilado. Patrick, tuviste tus momentos. DEP

lunes, 14 de septiembre de 2009

(El hombre de) Hacienda

¿Habrá subida de impuestos? ¿No la habrá? ¿Cómo está eso de los grandes señores que no pagan si no que lo hacen sus sociedades de no sé qué? ¿Malgasta mucho la administración pública? Bueno, hay tantas administraciones públicas en realidad. ¿Os imáginais que un día los parlamentarios se redujeran el sueldo? Bueno, vale, no hace falta que os riáis, era sólo una idea loca...

En fin, pase lo que pase, de momento habrá tazas de los Beatles y reediciones de su catálogo. No todo van a ser desventajas en esto del capitalismo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Un terreno más alto

El otro día vi de nuevo uno de los capítulos más clásicos de Los Simpson, "El señor Quitanieves", y unas horas después me enteraba de que este julio había dejado este mundo Walter Conkrite, uno de los más míticos presentadores de noticias de Estados Unidos. No es momento de hablar de él, pero si os pica la curiosidad, ya sabéis, "guglead", que dicen los yanquis. La conexión Simpsons, por supuesto, no es gratuita. En el mencionado capítulo Kent Brockman imita a Conkrite al dar la noticia del accidente de Barney, quitándose y poniéndose unas gafas, un gesto típicamente Conkrite, y supongo además que en la versión original hablará con la típica cadencia del señor Conkrite. De hecho creo estar casi seguro que el propio Conkrite (o su alter ego Simpson al menos) aparecía en algún cameo en la serie, pero de ser así no recuerdo el capítulo.

Y, en fin, aunque no lo parezca, en realidad esto es un post musical, pero me apetecía hablar del señor Conkrite. Y recordar que, si Emilio Aragón plagió a Chevy Chase, un tipo con gafas que presentaba las noticias en Antena 3 plagió a Conkrite.

Ale, os dejo con los Peppers en su etapa estupenda cuando hacían cosas estupendas como versionear a Stevie Wonder.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Catorce horas (1951)

Leí en alguna parte que Federico Fellini quedó tan impresionado por la actuación de Richard Basehart en Catorce horas que decidió que tenía que llevárselo para Italia, cosa que acabó sucediendo con el rodaje de La Strada, en medio de una etapa profesional de Basehart en Europa, que llevó a rodar incluso con nuestro Luis García Berlanga.

Lo cierto es que Catorce horas es uno de esos films que a uno le cuesta entender por qué está tan olvidado, porque por ejemplo es bastante superior a otras cintas de la época que no dejan de ser inferiores, pero bueno, al fin y al cabo nada nuevo, el mundo del espectáculo es así.

Arropada por una cierta estética del cine negro, Catorce horas narra, por momentos de forma casi documental, las 14 horas que transcurren en cierta calle de Nueva York donde un joven llamado Robert sale a una cornisa de un hotel amenazando con suicidarse. Las alarmas se disparan en seguida, y pronto policía, bomberos y miles de curiosos se agolpan en la calle para seguir los acontecimientos.

Inspirada en hechos reales, la trama de Catorce horas se centra en la angustia del suicida y en su relación con un policía de tráfico, Dunnigan, quien casualmente es el primero en acudir a la habitación tras divisar desde la calle la escena. Además, cierto número de personajes secundarios interaccionan entre sí influidos por los acontecimientos que tienen lugar en la cornisa.
La película, dirigida por Henry Hathaway, es un prodigio de buen hacer cinematográfico, moviéndose constantemente entre el plano y el contraplano y tomas aéreas, y otro tipo de tomas que siguen el juego a la historia que se divide entre los hechos de la cornisa y la habitación y los de la calle. El director de fotografía Joseph MacDonald juega también un gran papel, ayudando a Hathaway a conseguir una atmósfera visual tan realista que uno se siente en todo momento como si fuera un testigo privilegiado asomado a la cornisa del hotel. De hecho si uno no se fija apenas se percibe que salvo unas cuantas tomas en exteriores todo el film está rodado en un estudio de Hollywood, pero la sobreposición de planos es excelente, y realmente parece que hubieran llenado los exteriores del hotel de cámaras colgantes.

La prácticamente ausencia total de música alguna, salvo en los créditos, ayuda a la sensación de estar viviendo casi una retransmisión o algo parecido, ya que el fondo sonoro de casi toda la película está compuesto de ruidos callejeros que acompañan a los diálogos de los personajes.

Catorce horas no es sólo la historia de un suicida subido a una cornisa, sino que es además un cínico retrato de ciertos sectores de la sociedad moderna. Aunque Dunnigan es retratado como un tipo familiar y afable pero que al mismo tiempo no puede sino jugar al gato y el ratón con el suicida, las jerarquías superiores policiales reciben un trato más amable. Las figuras religiosas quedan reducidas a un extraño fanático que sólo parece buscar algún oscuro objetivo, y la prensa es mostrada como un cazador omnipresente que deshumaniza al humano que es noticia, como se aprecia en espléndidos y sutiles planos del suicida Robert reflejado en ventanas tras las que se esconden periodistas o capturado por los objetivos de las cámaras. Los taxistas de Nueva York quedan prácticamente relegados a un heterogéneo grupo étnico que parece más preocupado por sus carreras y apuestas que por la vida del suicida.

Aparte de todos estos elementos la historia se centra en la causa de la desesperación de Robert, que se convierte en el misterio principal de la misma, sustituyendo al típico crimen del cine negro. Así, el descubrir sus motivos se convierte en el objetivo de una pesquisa que llegará hasta su familia y su desconocido pasado.

Richard Basehart logra construir con gran efecto a un nervioso suicida, tratando de llenar su actuación con pequeños detalles y gestos que indiquen al público su estado de ánimo, ya que por lo general Robert se niega a facilitar detalles personales. Es así como pasará por una montaña rusa de emociones, confianzas y desconfianzas, mientras Dunnigan, interpretado por Paul Douglas, un experto en hacer de bonachones, se convertirá en su principal interlocutor y aliado, aunque sin llegar a serlo del todo. Otro gran tanto actoral es el de Agnes Moorehead, toda una dama de la interpretación, que borda a una madre del suicida histérica, y que se convierte en una pista clave, como también lo será Barbara Bel Geddes, una actriz que no llegó a tener mucha suerte en el cine, y a quien la fama le llegó gracias a la serie Dallas.

Catorce horas se caracteriza también por agrupar a varios secundarios que no tardarían demasiado en convertirse en grandes nombres del Hollywood de los 50 y 60. Por ejemplo, Grace Kelly debutó con esta película, demostrando ya desde el principio que el cinematógrafo parecía haber sido inventado sólo para retratarla. Otra belleza de la época, Debra Paget, tiene también otro pequeño papel en el film, junto a Jeffrey Hunter, destinado a convertirse en el Cristo más apuesto de la historia de Hollywood. Hasta un jovencito Ossie Davis se dejaba ver por allí interpretando a uno de los taxistas.

No lo dudéis, echadle un vistazo a Catorce horas, y seguro que cada vez que veáis una cornisa os acordaréis del atolondrado Basehart con el Woolworth Building al fondo.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Hombre en la montaña plateada

Por Dios, que alguien aparte a Ritchie Blackmore de las zarpas de su rubicunda mujer y le ponga una guitarra eléctrica en las manos. ¡Hasta echo de menos su extraño combo de mercenarios a quienes en los 90 llamó Rainbow!
Por cierto, no lo puedo evitar, la estrofa de "And look, I'm right beside you" siempre me recuerda a la Cristina Rosenvinge. Me preguntó a cuantos rockeros encandiló, allá por sus años mozos, a pesar de que su música no era precisamente Deep Purple.

martes, 8 de septiembre de 2009

Una árida estación blanca (1989)

Aprovecho para recomendaros que leáis, si es que no lo habéis hecho ya, Canciones que mi madre me enseñó, la fundamental autobiografía del gran Marlon Brando. Fundamental por ser de quien es, y por algunas de las cosas que relata, y porque es entretenida, pero al fin y al cabo el libro es tan sesgado como pueda ser cualquier cosa que venga de alguien como Brando, y porque si salió a la luz fue porque el gran actor necesitaba el dinero. Que fue, a la postre, lo que motivó su carrera (con excepciones, claro), especialmente tras El padrino. Y lo que motivó que tras casi diez años de comer hamburguesas en su isla Brando decidiera volver al cine con esta cinta que seguía la estela de films como Grita libertad.

En los 80 entre películas de yupis y comedias tontas todavía quedaba sitio para el film denuncia político que coleaba desde los 60 y los 70; ya sabéis, en la década patillera casi parecía que la carrera de Robert Redford se basara en dar collejas a toda forma de injusticia social. Y en los 80, con Soweto levantado en armas, o más bien en piedras, el mundo del cine, y prácticamente cualquier mundo, fijó su atención en el estatus racista de Sudáfrica y su terrible 'Apartheid'. De hecho, creo se podría hablar de cierta trilogía ochentera del 'Aparteheid', aparte de ésta y Grita libertad. Porque, al fin y al cabo, Arde Mississippi habla del 'Aparteheid norteamericano, ¿no?

Las líneas que Brando dedica en su libro a Una árida estación blanca podrían ser un buen resumen del espíritu de la autobiografía. Según el actor todo lo bueno que tiene el film es gracias a sus aportaciones, y todo lo malo es aquello que guionista y directores cambiaron o ignoraron de sus consejos. Gran tipo este Brando, pocas veces el ego y el talento han tenido un nivel tan enorme.

Sin embargo el protagonista del film no era el abogado al que interpretaba el mítico actor, sino el profesor y ex-atleta Du Toit, al que pone cara otro gran tipo, Donald Sutherland. La vida para el profesor blanco, quien como todos los demás tiene jardineros negros, sirvientas negras y demás, cambia radicalmente cuando es detenido el hijo de su fiel jardinero, para luego aparecer "suicidado" en su celda. Y cuando el jardinero y dolorido padre intente meter la narices, ya imagináis el destino que le toca. De hecho, si recordáis la lista final de muertes oficiales de presos políticos en Sudáfrica que ofrecen al final de Grita libertad, tendréis una idea de cómo se las gastaba la Brigada Especial sudafricana, y lo poco que disimulaban al quitarse de enmedio a la gente molesta para el régimen.
Una árida estación blanca acierta, al igual que Grita libertad, en mezclar su denuncia con una entretenida historia de tramas y documentos comprometidos que deben salir del país para que el mundo sepa lo que pasa en el régimen 'afrikaner'. De ese modo no sólo llegaba el mensaje a un público masivo, sino que se evitaban las complejidades de un largo biopic o los detalles de una cinta documentalista. Este tipo de cintas seguían el viejo axioma de entretener a la par que enseñar.

Una árida estación blanca es ese tipo de películas que sin ser una perfecta máquina de relojería tiene una trama interesante y entretiene lo bastante para que te quedes a verla cada vez que la pasen por televisión; de hecho la he visto varias veces, siempre cuando la echan por la caja tonta, y aguanta varios visionados en intervalos de unos pocos años. No es tan brillante como Arde Mississippi por ejemplo, pero tiene sus momentos y buenos actores, desde Sutherland al gran Brando o Susan Sarandon, y el actor de color de barba que siempre aparecía en este tipo de películas en los 80, pero cuyo nombre no recuerdo. Pero ya sabéis, si Hollywood quería a un personaje del Sur de África, que no necesariamente sudafricano, ese tipo de negros que parecen saberlo todo de la vida, recurrían a él.

Resulta curioso que tras tantos años nominaran al mítico Brando como mejor actor secundario, porque la verdad es que no parece esforzarse mucho, pero por otro lado cualquier pequeño gesto del actor (dado que su movilidad era bastante reducida dado su tamaño) es una reminiscencia de su talento, y de que, cuando quería, podía borrar del mapa a todos los Ben Afflecks de este mundo. Claro que el esfuerzo que pudiera hacer en Una árida estación blanca (al fin y al cabo era un film denuncia, y ya sabéis que Brando era amigo de denunciar estas cosas) no le duró mucho, no hay más que ver cosas como Cristobal Colón: el descubrimiento (creo que nunca el segundo de actuación fue tan caro, ¿alguien más se ha llevado tanta pasta sólo por pasear su jeto en unas pocas escenas?) o especialmente Un golpe maestro, que rodó casi al completo sin llevar pantalones. Vaya granuja, este Brando.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Mis dos céntimos

Creo que es hora de patalear un poco, llevo un tiempo con el gusanillo de escribir sobre... creo que haré un stream of conciousness, sin párrafos, que es la manera en que regurgita mi cerebelo en noches de almohadas rodantes. Bueno, me gustaría hacerlo cual James Joyce de medio pelo, pero por si alguien quiere intentar comprender algo, será mejor que vaya por partes, como los cámaras porno.

Cifras. Preguntas en el aire. ¿Cuánta gente debía morir al año de gripe común? ¿Por qué de repente el mundo teme tanto a la gripe A y no a la malaria? ¿Porque aquí no llegan los Anófeles? ¿Llegarán los muertos de gripe A a superar a los muertos de tráfico? ¿Dejará la gente de abrazarse y besarse pero seguirá cogiendo el coche para salir a la carretera? ¿Qué le pasa a la prensa? ¿Y a la televisión? Es curioso lo de los noticiarios. A veces me da la sensación de que los presentadores y presentadoras (tan guapas la mayoría de ellas; ellos pueden ser normales e incluso viejunos, pero ellas son de grandes ojos resplandecientes y hacen gala de otros atributos físicos; ¿son menos profesionales? ¿me lo parecen sólo por ser caras bonitas? ¿y por qué no hay feas? las chicas guapas venden. Bueno, cerremos paréntesis) estarían tan perdidos sin CNN ni prómpteres (uno de esos aparatos que tiempo ha tenían un nombre en castellano), como un profesor sin libro de respuestas. ¿Serían capaces esos chicos y chicas tan monos de escribirse sus buenas editoriales y criticar lo que piensen que han de criticar? ¿Cómo eligen las noticias? ¿Manda la actualidad, o manda la actualidad que vende? ¿Quién determina hablar de tanta gripe? ¿Se habla por su importancia? ¿Porque la gente quiere eso? ¿Hay maletines farmacéuticos como en el fútbol? ¿O soy un conspiranoico que juega al rol y cualquier día saldrá a la calle cuchillo en mano para hacer una chanfaina con todos? Gripe A. El 2012 el mundo se irá al garete. Una vez más.

Dicen que cuando llegue el Apocalipsis sobrevivirán las ratas, las cucarachas y los twinkies. Y los banqueros. ¿O cuentan como ratas? Yo me meto en los fregados, pero tú me sacarás de ellos. Crisis. Crack del 29. Ésa fue la lección. Vuestra economía depende de nosotros. Vivid, danzad, malditos. Morir, tal vez soñar. Pero nuestro es el botín. ¿Botín? Los bravos no llevan botines, y van descalzos. Sí, por nuestro bien, les seguiremos sacando las castañas del fuego...

No sé si sigue siendo la postura oficial del gobierno. Sobre la guerra, digo. Irak fue una guerra injusta. Lo dijo el gran hombre, y muchos intelectuales. Y muchos actores y actrices. Los del otro lado dijeron que los intérpretes, a interpretar. Pero la Iglesia sí puede hablar. Y entonces, los otros, dijeron, eclesiastas, a decir Misa. La vieja política del "yo sí pero tú no". Actores, decía. Muchos se metieron con ellos por protestar en las galas y en las calles, y porque se les veía la sandía abierta. No creo que eso fuera realmente criticable. La verdadera crítica reside en la ley del rebaño. No sé por dónde pastarán ahora sus conciencias, pero bueno, tal vez no hablen de Afganistán porque no es una guerra. ¿O no lo sabían? España allí está por cuestiones humanitarias. Y si gastamos en dar a los soldados ciertos aparatitos seremos peor que los neocon y eso no podemos permitirlo. Ojalá les quiten los fusiles a nuestros soldados y les den lanzas y escudos de piel. ¡Seremos entonces tan libertarios! Bueno, de piel no, que a una modelo negra no le gusta. O ahora sí. Ah, es una traidora. Amigos y amigas del PETA y demás... si yo lo sabía, ¿por qué vosotros no? Vuestra sorpresa me espanta. Espero que sea por haceros oir.

Irán. Fraude. Ahmanineyad, el malvado, dio un pucherazo. ¿Era necesario? ¿Por asegurar? Los hay que dicen que el resultado no habría sido demasiado distinto si todo hubiera ido como la seda. En fin, los estudiantes de Teherán se echaron a la calle, así como los intelectuales y los capitalinos de los barrios majos de la ciudad donde hay más dinero y, bueno, suponemos más educación y menos borreguismo. Se habló de una nueva revolución, como la que derrocó al tirano persa. No sé vosotros, pero, ¿sabéis de levantamientos contra el gobierno de Ahmanineyad en alguna parte de Irán que no sea la capital? ¿Realmente hemos de creer que estos recientes sucesos son equiparables a una situación que contó con apoyo de políticos y de facciones religiosas? Y si hablamos del campeón de Occidente, Musabi, hay mucha tela que cortar. Los políticos (y lo que es más indignante, los medios, los televisivos al menos, pero esos noticiarios son un circo, y siento faltarles el respeto a los payasos) han hablado de él como si fuera un nuevo Gandhi o algo. Un tipo que fue Primer Ministro de Irán durante gran parte de los 80, bajo la tutela del tipo de la barba blanca, y al que se ha asociado con los rehenes del 79 y el Irangate, y, en fin, alguien que se juntó con las élites tan "amigas" de los derechos humanos como lo han sido siempre los hombres de negro persas, Corán en mano. ¿Es Musabi un reformador, un demócrata, un grano en el culo de los calvinistas coránicos? Sí, su esposa ha hecho llamamientos y no la tiene atada a la cama. Quizás le saque un punto en modernidad al amigo de la barba de pocos días. O tal vez le convenía. Estoy seguro que vosotros, lectores inteligentes, ya lo sabíais, y que sólo me hago eco de vuestros pensamientos. Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. Por qué lo llaman cambio cuando quieren decir lucha de facciones. Irán, gran productor de petróleo, segundo país en reservas de gas, Irán, ese país que tanto interesa. China es el principal cliente petrolífero de Irán. Otros países, no. Me pregunto por qué hablamos de esto. Me pregunto por qué en ciertos asuntos y opiniones de carácter internacional la gente se sigue indignando. Nadie parece indignarse porque eleven a Musabi a los altares. Pero los jefazos del cotarro internacional tan pronto canonizan como excomulgan. Gritad, protestad, rasgáos las vestiduras porque ahora le dan palmaditas a Gadaffi en la espalda. Antes se las dieron a Hussein o a Mugabe, a los que luego declararon gente mala. ¿O he de hablaros de cierto gallego bajito y el gran país de las praderas?

Y, ya veis, al final me he quedado sin ganas de hablar sobre Honduras. Pero, ya sabéis, es algo así como lo de Irán. Recordad eso de que nada es blanco ni negro, y tal. Ale, me voy a fumar un cigarrito, que me siento como si acabara de... desproticar. Y eso, que mañana más entretenimiento del de siempre, nada de trascendencias.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El pequeño Stevie

Sería para dar en algún curso, dentro de la asignatura de Música. Preparé un temario con cuarenta capítulos, cada uno dedicado a una época o a un aspecto de la historia del Rock n’ Roll. No es nada demasiado exhaustivo, pero servirá para que los niños aprendan quien fue Elvis, Chuck Berry o los Beatles, porque al fin y al cabo estamos hablando de cultura musical. Todo está a punto, ya le han dado el visto bueno al temario, y si no se tuercen las cosas a última hora, empezaría a impartirse en algunas escuelas en torno a 2010 o 2011”.

Steven Van Zandt, el profe de música que muchos hubiéramos querido tener.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Ursula Andress, la mujer del bikini blanco

Supongo que tarde o temprano había de llegar; tras el remake de la salida del agua más famosa desde Surgió del fondo del mar, que tuvo lugar de la mano de Halle Berry, por fin tuvieron su oportunidad las seguidoras femeninas del agente secreto más famoso del mundo en Casino Royale. No sé si será sexy o no, pero desde luego lo que está claro es que la recreación de la famosa escena de James Bond contra el Doctor No carece del glamour y la clase que aportó la venus suiza Ursula Andress. A pesar de la evolución técnica que haya podido sufrir la fabricación de bikinis.

Desde luego aquella escena fue la que le concedió la inmortalidad a la Andress, lo que es una buena muestra del impacto que debió tener en la época aquella escenita. Desde luego la actriz no es que fuera un monstruo de la interpretación, pero bueno, tampoco Rock Hudson se ganó la fama emulando a Richard Mansfield en cada toma. Aunque, claro, la Andress no decepcionó a sus fans, y se corrió sus buenas juergas con tipos como James Dean o el mismísimo Elvis, con quien protagonizó la delirante Fun In Acapulco. Evidentemente su pareja más famosa fue el playboy de John Derek, un tipo que tras haber estado casado con una descendiente lejana de Leon Tolstoi se ve que se cansó de tanta intelectualidad y a partir de entonces pareció ir al meollo del asunto, y el 'bon vivant' desde luego tenía buen ojo para las mujeres, el jodío. Por otro lado, no extraigamos conclusiones precipitadas. Tal vez Derek y sus esposas, antes de darle al bolero, igual recitaban a Baudelaire o admiraban la obra de Gustav Klimt. Que todo puede ser.

Bueno, como iba diciendo, Ursula Andress no le habría durado mucho a Bette Davis, pero gracias a la famosa escenita se convirtió en una gran estrella y tuvo su momento en los 60, participando en películas como ¿Qué tal, Pussycat?, Las tribulaciones de un chino en China (impagable título para el impagable Jean Paul Belmondo) o la sátira bondiana de Casino Royale (obviamante nada que ver con Daniel Craig. Un día de estos tengo que hablar sobre los títulos de las pelis de Bond, ¡me daría para un mongólogo de esos!). Con el final de los 60 llegó el fin de la popularidad de la Andress, y el inicio de las pelis de serie B o serie Z, incluyendo ciencia ficción de cartón piedra, films de aventuras infumables, o películas eróticas baratas cuyo único fin ya sabéis cual era. Recuerdo una escena de cierta película barata, cuando la actriz ya comenzaba a ser una sexy milf, en que un fotógrafo la visitaba, la convencía para hacer unas fotos a pesar de la reticencia inicial de la buena mujer, cubierta por una especie de gasas pijamiles o algo así, y en el momento adecuado la ropa se deslizaba por un hombro, y ¡tachan! Ya sabéis, se veía un seno. La mujer se azoraba, qué vergüenza y todo eso, y el fotógrafo decía que no, que al contrario, que qué bello y artístico. Y la mujer se iba emocionando y... bueno, os podéis imaginar el resto. Desde luego no era un guión de Howard Hawks, pero a mi yo adolescente de entonces poco le importó. Bueno, tampoco me importaría demasiado ahora. Uno no puede vivir siempre a base de Moët Chandon, vaya.

Y, bueno, que sepáis chicas, que aparte de todo esto, Ursula Andress siempre tendrá un lugar de honor en mi Olimpo cinematográfico por haber sido la Afrodita de Furia de titanes. Todavía no sé por qué ese film no está rivalizando por un primer puesto con Ciudadano Kane. Estos críticos y especializados, que mojigatos.


Me pareció ver un lindo patito


El amigo Sean, a punto del eureka


viernes, 4 de septiembre de 2009

School Invaders

Nadie hubiera creído a finales del siglo XIX, que la vida humana estaba siendo observada desde los mundos infinitos del espacio. Nadie habría podido soñar que estábamos siendo estudiados, como se examinan bajo un microscopio los organismos en una gota de agua. Pocos hombres admitían incluso la posibilidad de vida en otros planetas. Sin embargo, a través el abismo espacial, mentes infinitamente superiores a las nuestras dirigían su codiciosa mirada hacia esta tierra. Lenta pero inexorablemente dispusieron sus planes contra nosotros.

Pues eso.

Será mejor que nades

Lo prometido es débito, así que de nuevo vuelve la esponja marina más famosa del mundo a este dicharachero blog. Qué decir de Bob Esponja. Una serie apadrinada por Lemmy merece todo nuestro respeto. Así que admiremos la personal versión que los Motörhead hicieron de su "You Better Run" para la BSO de la película del amarillo Bob. El mismísimo Namor estaría orgulloso del viejo forajido.
Y mañana hablaremos sobre la segunda mujer de un apuesto cantero que trabajó como esclavo en los tiempos de los faraones.
video

jueves, 3 de septiembre de 2009

El abrazo de la muerte (1949)


El abrazo de la muerte fue el octavo film en el que participara Burt Lancaster tras dar bastante que hablar con su debut en el cine de la mano del director Robert Siodmak en el film Forajidos. Apenas tres años después el actor repetía con Siodmak en un modesto film noir que podría ser un buen ejemplo del progreso de Lancaster en la industria hasta su explosión definitiva en los 50.

Durante los 40 Burt Lancaster se hizo nombre trabajando en diversos films de cine negro de más o menos fortuna, demostrando que podía llevar el peso de una película e incluso rescatar a un film de una evidente insulsez. El abrazo de la muerte no es un film perfecto, en algunos momentos adolece de cierta descontinuidad en la narración y al ritmo quizás le falte en algún tramo algo de grasa, pero gracias al buen hacer de la pareja protagonista y una historia interesante uno acaba metiéndose en el meollo del asunto aunque seguramente si hubiera sido una película "A" se le podría haber sacado más partido.

Por alguna razón la trama me ha recordado al cine de accion coreano y hongkonés, no me cuesta imaginarme un remake de la película protagonizada por el Chow Yun Fat de turno. La historia nos habla de amores y desamores, de la esclavitud de los sentimientos y del mundo del hampa, aderezada con los típicos comentarios en off del género, que nos va comunicando los pensamientos del protagonista y anticipando las vicisitudes que están a punto de ocurrir. Y, en fin, aunque no sea una película perfecta, vale la pena verla; tiene una buena historia, un gran baile a ritmo de un estupendo jazz con flauta, a Burt Lancaster y la preciosa Yvonne De Carlo, y un final de esos que no abundan.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Trailer de The Imaginarium of Doctor Parnassus

Vaya delicia, todo indica que Terry Gilliam va a conseguirlo de nuevo. No he podido ver Tideland, y Los hermanos Grimm fue una pequeña decepción (aunque no sé por qué recibió tantas críticas, era bastante mainstream pero no creo que fuera un truño), pero esta vez todo indica a que vamos a poder zambullirnos de nuevo en los extraños mundos del ex-Python. Aparte de la expectación del último papel de Heath Ledger y sus sustitutos (Johnny Depp por ejemplo), Gilliam recupera al gran Tom Waits, un tipo que siempre le da un toque especial a todo lo que toca, sea música o cine. Si es que cuando que Terry Gilliam debería estar subvencionado, es por algo.