sábado, 31 de octubre de 2009

Happy Halloween, againn

Charlie Brown is the one person I identify with. C.B. is such a loser. He wasn't even the star of his own Halloween special. Chris Rock

Cuando leáis esto estaré seguramente en una boda, evento social al que no asistía desde... no sé, desde que Axl tenía pelo por lo menos. En fin, ojalá se impusiera la lógica de Zapatero y pudiera ir vestido a mi manera, o al menos ojalá pudiera permitirme un traje hecho a medida a lo Sinatra. Al menos la cosa no parece que vaya a ser muy clerical, lo que por otro lado me habría dado la oportunidad de protagonizar mi propia escena de señor Burns quejándose de los pasajes bíblicos. Otra vez será.

Bueno, una vez más ha llegado la fiesta de Halloween, donde la gente se va a los cementerios; unos por las mañanas con flores y otros por las noches con velas, cadenas y pintauñas negros; la gente se desparrama, los niños se disfrazan, y por su bien espero que no vayan sueltos por ahi pidiendo caramelos, y, en definitiva, que nos damos a la juerga, lo cual está muy bien, con suerte acabaremos celebrando también el Día de la Independencia y el día del tratado de Brest-Litovsk. Y aunque por un lado quizás sea tontuno (como la Semana Blanca esa), por otro lado, pues oye, ojalá Adán se hubiera estado quieto y no tuviéramos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (y no con el sudor del de enfrente, que decía un maestro mío).

video
¡Basta de Elifaz y Mojamma!

Bien, ¿y qué hacer en este día tan especial en que si uno no quiere disfrazarse ya es un triste y un paria y le acaban poniendo en la picota? Aparte del disfraz y el emborrachamiento, estaría bien poder reunir a la gente, hacer una cena de jalogüín con huesos de santo y otros platos o postres que suenen a muerto o a tétrico, disfrutar de algún capítulo de Los Monster o La familia Addams, o The Twilight Zone, ver Halloween de John Carpenter o algún otro clásico film de terror mientras degustamos una cerveza Halloween Special, que existen, y luego ya salir disfrazado de lo que sea a comerse el mundo, o bebérselo. Yo me lo bebería y con suerte me comería a alguna diablesa de esas que se ven en esta noche, pero este año no podrá ser. Así que nada, pasen ustedes una buena Noche de los Muertos si quieren, y que tengáis una buena luna, criaturas de la noche.

Este año, que definitivamente parece que va a ser el año Michael Jackson, dejaré de lado el clásico "Monster Mash" y os dejo con el alucinoide corto/videoclip de "Thriller", cuyo estreno en Nochevieja aun recuerdo y que me acojonó lo indecible. Supongo que por eso después de ver a Jackson ya no le tuve miedo a nadie que saliera en la pantalla (o a casi nada).

Musicalmente "Thriller" tenía que ser un clásico de la música sí o sí, pero el pasaje con la voz de Vincent Price lo llevó a cotas insospechadas. Qué acertados estuvieron ahí Landis y Jackson. La verdad es que su speech es sin duda mi momento favorito de la canción.

Darkness falls across the land
The midnite hour is close at hand
Creatures crawl in search of blood
To terrorize yawls neighbourhood
And whosoever shall be found
Without the soul for getting down
Must stand and face the hounds of hell
And rot inside a corpses shell

The foulest stench is in the air
The funk of forty thousand years
And grizzy ghouls from every tomb
Are closing in to seal your doom
And though you fight to stay alive
Your body starts to shiver
For no mere mortal can resist
The evil of the thriller


jueves, 29 de octubre de 2009

50 años de Asterix

Se cumplen 50 años desde que el guerrero galo más famoso de la historia hiciera su aparición en el primer número de la revista juvenil Pilote, que recopilaba historietas de autores de comic de la época. De la unión entre el genial guionista Renné Goscinny y el dibujante Albert Uderzo surgió uno de los personajes de comic definitivos, Astérix, el astuto guerrero de bigotes amarillos y edad indefinida, siempre acompañado por el redondo y forzudo Obelix, el repartidor de menhires que lleva trenzas, como las niñas. Más, por supuesto, toda la miriada de personajes que aparecen en las historietas del pequeño gran hombre Astérix.

El aniversario llega en medio de grandes fastos, incluyendo un número especial conmemorativo, y los parabienes y recuerdos de todos aquellos que hemos crecido a la sombra del guerrero galo, y de todos aquellos que, grandes o pequeños, son fans declarados de las aventuras de Astérix. No queda si no alegrarse de que Astérix siga ahí, tan popular como siempre, captando a nuevas generaciones, y con sus tomos siempre a mano.

Por otro lado, algunos de esos fans, entre los que me incluyo, contemplamos con la melancolía de un día de negros nubarrones el estado actual de Astérix, de Uderzo, y el futuro que espera a la aldea irreductible. Para empezar me pregunto si fue lícito (o quizás debiera decir si fue conveniente) que Uderzo continuara solo en el barco sin tener al lado a Goscinny, sin duda uno de los mayores genios que haya visto Francia desde Napoleón. Sin llegar a igualar el nivel de los títulos creados por el famoso tándem, los primeros números (por ejemplo, La gran zanja, o La odisea de Asterix) mantenían cierto nivel, pero tras Astérix en la India, la calidad de las historias, en mi opinión al menos, alcanzó mínimos alarmantes, que culminaron en esa amorfa cosa llamada ¡El cielo se nos cae encima! No, no creo que vayan a entrar en mi casa esos últimos números pergeñados por Uderzo.
La cosa no acaba ahí, y a principios de año la polémica estalló cuando se conoció que el dibujante (y la hija de Goscinny) habían vendido su parte de los derechos del personaje y de la editorial que edita la historias a una multinacional, dejando abierta la posibilidad de que tras la muerte de Uderzo se sigan creando nuevas historias del galo rebelde. En una carta abierta publicada en un diario, tal decisión, con toda la lógica del mundo, fue critica por la propia hija de Uderzo, poseedora del restante stock de acciones. En las propias palabras de la chica, Uderzo había traicionado a Astérix y todo lo que representaba.

En fin, si cometen la desfachatez de seguir sacándole oro a la gallina, y más cuando Uderzo no esté aquí, y constando que la fórmula ya está más que agotada, sólo cabe alegrarse de que nos hayan quedado todas esas clásicas historietas que podreemos releer una y otra vez hasta el fin de los tiempos, por lo que habrá muchos L aniversarios que celebrar. Ahora y siempre, seguiremos resistiendo al invasor.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Los que no perdonan (1960)

Ocurre en ocasiones que el creador de cierta película, disco, cuadro, etc., tiene una visión de su obra muy distinta a la que pueda tener el fan de a pie. El autor sólo puede ver en su obra las imperfecciones, los fallos, o los malos recuerdos que tiene del proceso creativo, mientras que el simple espectador puede ver en cambio una obra maestra, o al menos un acabado no tan desastroso. Éste bien podría ser el caso de Los que no perdonan, quizás el film del que más pudiera renegar John Huston, quien afirmó no aguantar un pase televisivo entero de su propia película. Huston se vio atrapado por un contrato que quizás había firmado demasiado alegremente, y por una visión de lo que debía ser la película contraria a la de los productores. Para colmo se llevó muchos malos recuerdos del rodaje, y por todo ello quizás fuera inevitable que Huston se arrepintiera para los restos de haber dirigido Los que no perdonan. Vista hoy en día, queda claro que desde luego no es de sus mejores films, pero la película tiene sus buenos momentos.

Huston aceptó rodar la película creyendo que podría desarrollar el conflicto racial que se dejaba entrever en el guión, llevándose la historia a su terreno; por otro lado, el reparto era más que espectacular, lo que seguramente le llevó a firmar el contrato sin leer la letra pequeña. Sin embargo, tal vez en esa letra hubiera podido adivinar que los productores no estaban interesados en un western de tintes raciales, sino simplemente en sacar adelante un buen film del Oeste que funcionara en taquilla. Con su firma en un papel y los productores en contra, cuando el diretor se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde. Efectivamente, Huston rodó Los que no perdonan por obligación.

Fuera consecuencia de su circunstancia personal, un guión demasiado encorsetado o simplemente cualquier otra cosa, lo cierto es que Los que no perdonan adolece del ritmo narrativo que Huston solía imprimir a sus grandes obras. En los tres primeros cuartos del film se va introduciendo la historia y a los personajes sin demasiada acción, o quizás con una acción demasiado cotidiana, y así la película tarda en alcanzar un clímax lo suficientemente estimulante (momento que llega precisamente cuando se introducen los conflictos raciales que Huston no pudo llevar más allá) que pueda atrapar al espectador medio. Es decir, los amantes del viejo western es probable que sigan sentados en su sofá, pero los que no conecten especialmente con el género tal vez puedan sentir que el tedio aparece en sus emociones.

Aun así, esa primera parte del film tiene buenos momentos, especialmente los visuales, que acompañan sobretodo al fantasmagórico jinete loco que se le aparece a las dos mujeres Zachary en esos compases iniciales del film; un agente profético y maldito, que lleva consigo no sólo a la muerte, sino la peste de la calumnia, y del horror de la verdad. Tras el punto álgido de la historia Los que no perdonan adoptará el ritmo y las formas de cualquier western clásico al uso, presentando el eterno conflicto armado entre blancos e indios, algo con lo que muchos podemos disfrutar sin problemas; pero, de nuevo, quizás sea todo demasiado prototípico como para que guste a los espectadores que no se emocionen especialmente con ese tipo de historias.

Por supuesto, como podría decirse que ocurre actualmente con Tarantino, cualquier film correcto de Huston es mejor que el 90% de la cartelera restante, y ya me gustaría a mi ver hoy en día en el cine ciertas escenas visualmente tan bellas o sobrecogedoras como las que se pueden encontrar en Los que no perdonan. Éste es, pues, un film menor de Huston, no tan brillante como otros títulos suyos, pero tampoco tan estrellado como pudiera haber pensado el director.

Aunque, en realidad, algo de estrellado tiene, pues el reparto es ciertamente espectacular: Burt Lancaster, la reina de los fotogramas Audrey Hepburn, la veterana de tantos clásicos y grandes films Lillian Gish (que sorprendió a Lancaster y Huston con su destreza con las armas de fuego), y curiosos secundarios como John Saxon (un tipo peculiar y ciertamente entrañable) o un jovencito Doug McClure, el hombre que inspiró el apellido y el aspecto de nuestro querido Troy McClure.

En definitiva, si os gusta el western, echadle un vistazo a Los que no perdonan; si no os gusta especialmente, sed cautos, pero tened siempre en cuenta que quien dirigió esto fue John Huston, y no pepito de los palotes. El director se sintió culpable durante el resto de sus días por una caída del caballo que tuvo Audrey, lo que con el tiempo devino en un aborto; la Hepburn nunca le culpó, pero quizás si le echáis un vistazo a la película quizás le deis una alegría al viejo director, allá donde esté. O tal vez reniegue por que veáis esta caquita y no Moulin Rouge, pero bueno, cualquier perspectiva es interesante.

martes, 27 de octubre de 2009

For Muppet It's Worth

Otro mágico momento de Los teleñecos: el "What It's Worth" de Buffalo Springfield convertido en un alegato anticazadores borrachos.

domingo, 25 de octubre de 2009

Inger Stevens


Inger Stevens no es un nombre que muchos recordemos, cosa que no es de extrañar, pues la carrera de esta actriz de origen sueco no duró demasiado ni tuvo demasiados títulos memorables, pero es fácil recordar su fisonomía. Tenía ese pequeño toque especial de algunas beldades del norte, y no es difícil localizarla en series norteamericanas de finales de los 50 y principios de los 60, o recordarla junto al gran Walter Matthau en Guía del hombre casado o junto a Eastwood en Cometieron dos errores. Tuvo un final abrupto tanto en su carrera como en su vida, pero no está de más dedicarle unas líneas desde aquí, y de paso disfrutar con un par de fotos suyas.










viernes, 23 de octubre de 2009

Cielo e infierno y un concierto de Nina Hagen

Sigue coleando por la blogosfera la polémica entorno a cierta crítica que un tipo hizo del reciente concierto de Barcelona de Nina Hagen, considera por muchos madre del punk; una mujer espiritual con un gran mundo interior y exterior, y cuya música desconozco, pero por otro lado tiene para mí ciertamente un puntazo sexy bastante jugoso y morbosillo.

En fin, que al periodista o lo que fuera le debieron enviar a cubrir el concierto de la Hagen, que se la debía traer al pairo, y eso desde luego debe ser duro, pero vamos por lo que parece el cronista se explayó a gusto y se inventó lo que pasó allí. No es la primera vez que un periodista de tal periódico o publicación digital confunde a tal o cual artista o califica de 'heavy' cualquier cosa que suene más fuerte que el pedo de una ameba, pero vamos eso de cebarse no está bien, que una cosa es que yo aquí me meta con los hipoglúcidos de La habitación roja y otra que a un tipo al que le pagan dinerito por escribir haga de su capa un sayo. Pero, vuelvo a repetir, no me imagino peor trabajo mental que el que le envien a uno a hacer una crónica o crítica de un artista, grupo o director de cine al que deteste.

Vamos, que estaría bien un poco más de objetividad, tampoco pido que todos los redactores y cronistas de este mundo escriban con la pasión desbordante de estos dos fans de Heaven & Hell, los Black sin Sabbath o viceversa.

miércoles, 21 de octubre de 2009

From Hell

From Hell es una novela gráfica que comenzó como un serial, y que cuenta con guión de Alan Moore y los dibujos de Eddie Campbell. Se convirtió en una de las referencias básicas de las historietas de los 90, y desde luego merecía los honores, además de que realmente parecía una novela, dada por ejemplo las investigaciones previas que Moore había realizado sobre la figura de Jack el destripador y su tiempo.

Moore y Campbell tomaron como premisa las teorías, principalmente, del riperólogo Stephen Knight, para contarnos su versión de los hechos. A diferencia del planteamiento usual que se da con las novelas, libros o películas sobre el famoso asesino del East End londinense, From Hell no guarda el misterio sobre la identidad del asesino, sino que la desvela desde el comienzo. En cambio, Moore aprovecha los asesinatos del destripador para introducir sus propias fobias y obsesiones, y para realizar un somero retrato de la época y sus gentes.

En From Hell se mezclan el ocultismo, la conspiranoia, la masonería y otras inquietudes del artista en un prólogo sangriento del siglo XX, a la vez que siguiendo los pasos a Jack y a su cazador, el inspector Abberline, nos encontramos con personajes de la época como Joseph "hombre elefante" Merrick, Oscar Wilde o un joven Aleister Crowley; Moore incluso llega a relacionar los asesinatos con la gestación de Adolf Hitler.

Un excelente comic, este From Hell, que seguro gustará a los interesados en Jack, y tal vez incluso a los que no; a mí, tras leerlo, me han dado ganas de volver a Londres con una mochila cargada de libros de riperólogos.

Sobre la película que se hizo del comic, poco que decir. Aunque se citaba a Alan Moore junto a Campbell en los créditos finales, no creo que estuvieran demasiado satisfechos, la adaptación poco tiene que ver con la novela gráfica. ¿Y a quién se le ocurrió poner a Johnny Depp como Abberline? Es como si de repente decidieran que cuando Lincoln llegó a la Casa Blanca era un jovenzuelo de treinta años. Absurdo.

Mejor desquitarse con buena música, o con el From Hell original.


martes, 20 de octubre de 2009

Verano de corrupción (1998)

Bryan Singer, el tipo que dirigió la realmente estupenda Sospechosos habituales, dio continuación a su irrupción en las bocas de los aficionados al cine con Verano de corrupción, una película que, no se por qué, a mí me pasó totalmente desapercibida. No fue hasta hace unos pocos años que me enteré de su existencia. Y bueno, por fin he podido verla. ¿Y qué me ha parecido? Una película interesante, por lo pronto, de esas que le solían poner a un en clase de ética (la verdad es que ahora que lo pienso tuve un profesor de ética con bastante buen gusto para el cine, pero ésa es otra historia), y que tiene buenos momentos. Si lo estáis pensando, no, no se acerca al nivel de la película sobre Kayser Sozé, pero está bien.
Verano de corrupción se basa en un relato de Stephen King, que relata la extraña relación que se inicia entre un adolescente peculiar y su vecino de setenta y pico años, que resulta ser un ex-criminal nazi. El adolescente descubrirá su secreto, y a cambio de su silencio, obligará al antiguo SS a relatarle historias del campo de concentración donde estuvo destinado. Cuando se destapen las esencias putrefactas del horror nazi, ninguno de los dos personajes quedará inmune, viendo como sus vidas se ven afectadas para siempre, con distintas consecuencias para cada uno.

Un punto común entre Verano de corrupción y su predecesora es la forma en que Bryan Singer nos va llevando por un cierto sendero que creemos reconocer, hasta que empezamos a notar que ciertos arbustos son nuevos para nosotros. La parte final de Verano de corrupción no es tan brutal como en Sospechosos habituales, pero tiene su enjundia, con piezas de ajedrez amagando otras piezas del tablero que no habíamos visto.

El gran dúo protagonista del film son un tal Brad Renfro e Ian McKellen. Imagino que no hará falta decir quien se lleva el gato al agua. El joven no lo hace mal, pero la experiencia es un grado para muchas cosas, y McKellen, aparte de haberse ganado la inmortalidad gracias a Gandalf, es un excelente actor. También aparece uno de los tipos de Friends, y otros actores de los que nada sé.

Verano de corrupción gustará a los que gusten, valga la rebuznancia, del cine de Singer. A los que no, bueno, videad con precaución, hermanitos.

lunes, 19 de octubre de 2009

Doscientos mil

¡200.000 visitas! Increíble, y eso sin apenas usar erotismo ni pornografía. Hay que ver, qué lento iba todo al principio, y ahora poco a poco voy captando almas entre unos y otros. OK, según Google Analytics y lo que mi pobre manejo de la herramienta me permite, en realidad las visitas netas serían unas cuantas menos, pero da igual, ¡es mi Scattergories y me lo llevo! Si algún día llego al millón en plan Luther Jr o Farrakhan estaré más cerca de crear mi propio ejército de superhombres atómicos. Y todo esto gracias a vosotros, a los asiduos, a los que comentáis, a los que sólo leéis, a los que llegastéis aquí buscando el video porno de Pamela y Tommy Lee, a los despistados, a los amigos y los enemigos, y, en fin, a todos vosotros.

Querría haber podido hacer una compilación de canciones bajo no sé que temática o algo así como agradecimiento, pero de nuevo no he tenido bastante tiempo; ésa os la sigo debiendo. Pero quería hacer algo significativo y tonto, así que he decidido crear mi propia legión de honor, banda de la jarretera, sociedad limitidad, Inquisición, gang, caballeros de la cruz de Santiago o como queráis llamarlo; meme o premio. Podría haber intentado elegir a seis o siete blogs, nombrarlos, intentar pasar la bola, y, en fin, lo usual, pero como no sé si la tontuna es tan fuerte en vosotros, de momento lo dejo ahí para quien lo quiera.

Yo, de momento, y por la presente, declaro a este blog Objeto Delicado de Casa Tifus.

Gracias por hacerme sentirme Terenci Moix, amigos.


domingo, 18 de octubre de 2009

El agujero equivocado

Era uno de esos programas que imitaban al The Jerry Springer Show, ya sabéis, un programa de testimonios donde el objetivo es que la gente acabe a tortas, y que suelen caer en los zapping televisivos. No sé si era una versión española o sudamericana, pero poco importa, por lo general todos estaban amañados. El caso es que estaba discutiendo una pareja de novios a gritos, tal y cual, pero lo mejor fue cuando el novio le espetó a ella algo así como "¿recuerdas aquella vez que te di por detrás y te dije que me había equivocado? ¡pues era mentira!". Sublime.

¿Que podía salir de un videoclip con Scott Baio, el tipo de Días felices, una chica que alcanzó la fama a través de youtube y un tipo extraño con gafas? Exacto, una gran canción de amor: "Wrong Hole". El temido, o deseado, agujero equivocado. Que ya lo dijo El Gallo: "hay gente pa tó".

sábado, 17 de octubre de 2009

Cayo Largo (1948)

Cuando la cabeza te dice una cosa y toda tu vida te dice otra, la cabeza siempre pierde.

Cayo Lar
go significó el último film que Huston dirigió para la Warner, antes de dejar expirar su contrato e ir por libre. Huston se había disgustado por la forma en que los estudios habían tratado a su mentor y productor jefe del estudio, Hal Wallis. Los tiempos estaban cambiando. Huston pareció percibir esto, y tras la salida de Wallis de la Warner el director decidió ir por libre. Sin embargo un Huston en buena forma le regaló una última joya.
Cayo Largo fue en manos de Huston una actualización de una famosa Broadway de la era Roosevelt y sus ideales, adaptada a los nuevos tiempos de cambio que se estaban viviendo, tanto en el cine, como en el mundo del crimen, donde la Mafia estaba volviendo a resurgir con fuerza. Cayo Largo era la manera del director de hacer llegar al público el mensaje de que el futuro prometedor que se había atisbado con Roosevelt estaba desapareciendo.

Para escribir el film Huston viajó, junto a su colega y coguionista Richard Brooks, a los cayos de Florida, dodne transcurriría el film y donde se rodarían unos pocos planos generales y exteriores; la mayor parte del film se rodó en los estudios de la Warner. Durante el tiempo que estuvieron en Florida, alojados en un pequeño hotel, Huston se dedicó a trabajar en el guión y a jugar a la ruleta y al blackjack, y desde luego el bolsillo del director se resintió. De hecho fue durante el rodaje de la película cuando Huston sufrió uno de sus mayores descalabros económicos por culpa de las apuestas.

El reparto de Cayo Largo era de aupa: Bogart y su esposa Lauren Bacall, más que química en la pantalla, dinamita pura; Lionel Barrymore, ya postrado en una silla de ruedas por su artritis, pero capaz de seguir dando lecciones de interpretación, haciendo honor a su cinematográficamente hablando aristocrático apellido; Claire Trevor, otra magnifíca actriz, la inolvidable Dallas de La diligencia, y buenos secundarios como Thomas Gomez. El actor más difícil de convencer fue, sin embargo, el quizás brille más en el film: Edward G. Robinson. El legendario protagonista de Little Caesar (aquí, Hampa dorada) estaba cansado de interpretar a gángsters y mafiosos, pero supongo que dos coleccionistas de arte como él y Huston estaban condenados a entenderse, y finalmente aceptó, por suerte para la película. Es difícil imaginarse a al "caponiano" Johnny Rocco sin él, puro en mano y destilando poder y glamour por todas partes.

El film tiene muchos buenos momentos, y Bogart, aunque volvía a ser el héroe y el tipo duro, no era desde luego Sam Spade; durante gran parte de la película su personaje se ve reducido a usar el cerebro y no los puños, mientras se debate entre sus miedos, su ética y sus pensamientos. Sin duda una de mis escenas favoritas es aquella en que el personaje de Barrymore tratar de levantarse y dar su merecido a Johnny Rocco. La escena ya es de por sí un momento álgido del film, y doblemente dramático, ya que el propio Barrymore estaba prácticamente inválido, y su esfuerzo en la pantalla es cien por cien real. Pero, a fin de cuentas, ¿qué no haría un Barrymore por su personaje? Si algún día me encuentro a Drew se lo preguntaré.

viernes, 16 de octubre de 2009

Soy la luz

Hace pocos días saltaba la noticia: Dickie Peterson fallecía a los 61 años, presumiblemente tras no poder superar un cáncer con el que llevaba luchando hace tiempo. Imagino, ya que así debiera ser, que esto significa el fin de Blue Cheer, uno de los grandes grupos pioneros de la psicodelia, el stoner, el metal y grandes del blues rock. Estuve esperando su paso por aquí hasta que cancelaron la gira debido a la enfermedad de Peterson, así que me he quedado sin poder verles en directo. Se ha ido un grande. Descansa en paz, Dickie.

Os dejo con "I'm The Light", un precioso tema del que fue el último álbum de su etapa clásica, Oh! Pleasant Hope.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Poltergeist, fenómenos extraños (1982)

La verdad es que como director Steven Spielberg tuvo una década prácticamente mágica (lo de prácticamente va por 1941, económicamente hablando al menos) en la que enlazó un éxito tras otro, desde Tiburón hasta Indiana Jones y el Templo Maldito. Por supuesto, como productor ejecutivo, Spielberg ha tenido, tiene y seguirá teniendo muchos taquillazos; de hecho no sé como no le salen billetes verdes de debajo de las barbas. La gran polémica siempre ha sido si considerar a Poltergeist como un film dirigido por él o por el director acreditado, Tobe Hooper.

Spielberg escribió (junto a otros guionistas) y produjo Poltergeist mientras se encargaba al mismo tiempo de la producción de E.T. el extraterrestre. La polémica llegó incluso antes del estreno, pues en las entrevistas que daba Spielberg parecía dejar caer siempre que la película era suya. Tras el estreno, muchos críticos y parte del público parecieron convenir en que aquello no podía estar dirigido por Tobe Hooper. Y, bueno, Tobe Hooper no necesitó de ningún Spielberg para noquearnos con las atmósferas asfixiantes de La matanza de Texas, pero también es cierto que, salvo para los grandes fans del terror, el director sólo es conocido por ese film. Y viendo el resultado final de Poltergeist, con todo ese manejo de efectos especiales y demás, más otros detalles como espléndidas elipsis o parte del montaje, las dudas son razonables. Los miembros del equipo y del reparto siempre han hecho declaraciones contradictorias en favor de uno u otro, así que es mejor ver el film y formarse una opinión. Si me preguntaráis a mí, diría que el film tiene más de Spielberg que de Hooper dos razones: una, por las contínuas referencias al universo Star Wars que hay en las habitaciones de los niños, y dos, porque el Rey Midas fue quien se encargó al cien por cine de la postproducción. No sabría decir cuanto hay de Tobe Hooper en la película, pero desde luego creo que de Spielberg hay bastante.

Poltergeist le dio un soplo de aire nuevo al género de las casas encantadas, y aunque creo que los expertos diferencian lo que es un "poltergeist" de una casa encantada, lo mismo da, muchos lo pasamos de miedo con los en un día bastante frecuentes pases por televisión de la película.

Sobre la historia no hay mucho que decir: una familia que se ha mudado a un bonito barrio residencial llamado Cuesta Verde comienza a ver su tranquila vida alterada por extraños sucesos que comienzan por lo típico: sillas que se mueve y demás. Los fenómenos pronto ponen su atención en la pequeña de la casa, Carol Anne (nuestra carolain de toda la vida), un prototipo de niña yanqui repelente que parece ver en el canal en blanco del televisor (cuando existía una carta de ajuste y eso; hoy la pobre para comunicarse con los muertos tendría que recurrir a la teletienda) a unos amiguitos del más allá.

En fin, Poltergeist es uno de esos films que ya causen terror o no son francamente entretenidos y están muy bien hechos. ¿Quién no recuerda la escena de las sillas (¡ese plano continuo!), al arbol maldito, el armario del terror o al puto muñeco payasil? De hecho no podría haberme identificado más con el chaval de la familia (y de paso, con Bart no-puedo-dormir-me-come-el-payaso Simpson); en mi casa había una horrible figurita de cristal de un payaso que también me acojonaba cada vez que la veía en los estantes. No sé que fue de ella, seguramente se rompió... ¡Malditos payasos! Tienen algo de sobrenatural, los americanos al menos. Aquí lo más escalofriante que ha salido de los payasos es ya sabéis quién.

En cuanto al reparto no abundan los nombres excesivamente famosos. Se menciona más al reparto al hablar de la maldición de Poltergeist y sus dos secuelas que de las películas en sí. Y sí, la hija mayor de la familia Freeling fue asesinada poco después del estreno del film y la famosa Carole Ann falleció por un error de diagnóstico tras acabar de rodar Poltergeist III. Y supongo que a nadie debería extrañar que el cadavérico Julian Beck (curioso tipo, por cierto, y no hablo sólo de su aspecto) dejara este mundo durante el rodaje de la segunda parte. De hecho, Beck me parece de largo lo más horripilante de toda la trilogía; con esa fisonomía no puede competir ningún efecto especial.

En fin, la supuesta maldición (que algunos atribuyen a que se usaran esqueletos auténticos en la famosa escena de la piscina de los Freeling) no acabó con todos, y ahí tenemos pululando todavía a JoBeth Williams y al gran Craig T. Nelson (impagable su careto de agobio en Poltergeist mientras los parapsicólogos le hablan del juguete de niño que se movió tantos centímetros en siete horas). De hecho la maldición no parece haber afecto a Spielberg, y no habría estado mal que al menos los espíritus hubieran saboteado los rodajes de Amistad o la empanada mental de Hook. Pero en fin, supongo que los fantasmas ya tienen bastante con lo suyo.

Poltergeist se ganó por derecho propio un lugar preeminente en el género del terror y en los clásicos de los 80. ¿Alguien, tras ver la peli, se ha vuelto a sentir cómodo con la niebla esa del televisor? Aunque como ya ha dicho la pobre niebla ya ha dejado de existir. Ahora ya no podría haber un principio tan curioso como el de los créditos en negro y el himno americano sonando (nunca os habéis preguntado al verlo "¿pero qué peli de terror es ésta?"). Ahora no hay más que teletiendas y timoconcursos donde lo único paranormal son los escotes de las presentadoras. Me pregunto que se inventarán para el remake cuyo estreno está provisto para el próximo año. Lo que está claro es que parece que la generación actual va a tener su propio Poltergeist. ¿Vendrá con maldición?

Por cierto, ya que hace poco hablaba de The Twilight Zone, acordaos de Carol Anne cuando veáis el episodio "Little Girl Lost". Y de Homer, by the way.

martes, 13 de octubre de 2009

Sydney Greenstreet, el gordo malvado

Sydney Greenstreet fue sin duda un hombre peculiar, y su carrera cinematográfica es, desde luego, bastante inusual. No todos los actores suelen debutar en el cine a los 69 años. Pero así era el amigo Sydney, un hombre apegado al teatro, hasta que cruzó su camino con John Huston, quien le convenció para que actuara en (sí, recuerden, era un remake) El halcón maltés, algo (entre otros miles de motivos, ciertamente) por lo que siempre tendremos que estar agradecidos al gran director.

Supongo que un actor recordado por su imagen oronda no podría haber nacido en otro lugar, pero lo cierto es que Sydney Greenstreet nacía un 27 de diciembre de 1879 en la localidad de Sandwich, en el condado de Kent, dentro de la numerosa familia de un mercader local. Tras completar su educación partió en busca de fortuna a Ceilán (hoy Sri Lanka), hasta que una sequía le arrebató su sueño. De vuelta a la metrópolis puso una cervecería, pero tampoco eso le hizo demasiado feliz. Como entretenimiento decidió comenzar a tomar clases de interpretación. No tardó mucho en debutar (tenía 23 años) en una obra de Sherlock Holmes. Poco después comenzó a actuar para una compañía shakespeariana, con la que giró por toda Gran Bretaña. Su debut norteamericano en Nueva York no se hizo esperar. En 1905 Greenstreet cruzaba el charco.

Su meteórica carrera en el teatro es buena prueba de sus dotes interpretativas. Durante sus cerca de cuarenta años como actor sobre las tablas Greenstreet tocó todos los géneros, desde los clásicos de Shakespeare hasta la comedia musical. Su reputación fue creciendo al mismo ritmo que lo hizo su estómago. Para cuando Huston contactó con él en 1940, Greenstreet ya tenía el bagaje y el peso ideales para interpretar al enigmático villano Kasper Gutman "el Gordo" en una película que iba a dejar muchas cosas establecidas; por supuesto, ese film era El halcón maltés.

Decía Huston de Greenstreet que su transición del teatro al cine no fue para nada traumática, sino todo lo contrario; que su talento era tan grande que él sólo tenía que decir "acción" y sentarse a disfrutar con la interpretación del orondo actor. Seguro que en sus escenas no hubo demasiadas tomas.
Con su "Gordo" Greenstreet acabó de definir el estilo de los villanos elegantes, inteligentes, sarcásticos y por lo general de grandes estómagos, que seguirían a su Kasper Gutman. "El Gordo" se convirtió en una referencia para todos aquellos malutos fumadores de grandes puros, con gruesos anillos en sus dedos y gatos sobre sus regazos. Sin duda los famosos villanos de la saga Bond no habrían sido lo mismo sin él.

La fabulosa actuación de Greenstreet y el éxito de la película le valieron un contrato con la Warner, donde desarrolló el resto de su corta pero más que interesante carrera cinematográfica. Su segundo film fue Murieron con las botas puestas, y tras un corto papel en Casablanca rodó una suerte de secuela a El halcón maltés, titulada Across the Pacific, en la cual volvía a meterse en la piel de un maluto (un "Gordo" con distinto nombre) aliado con los japoneses.

En Background To Danger, del 43, Greenstreet volvió a coincidir con Peter Lorre por tercera vez, y la química entre ellos y en la gran pantalla fue lo bastante buena como para que colaboraran en más films durante el resto de la década, como Pasaje a Marsella (con Bogart y Curtiz en la dirección), La máscara de Dimitrios o The Conspirators.
Greenstreet siguió trabajando durante todos los 40, en títulos como Predilección, Retorno al abismo o Malaya. Algunos eran mejores que otros, pero poco importa; cualquier escena gana en puntos si el amigo Greenstreet se dejaba ver por allí. Con su carrera en Hollywood su estatus en el teatro no decayó, y todo un Tennesse Williams escribió para su lucimiento (con dedicatoria incluida) la obra The Last of My Solid Gold Watches. A principios de los 50 Greenstreet dejaba el cine momentáneamente para dedicarse a la radio. Nunca regresaría a él.

En 1954 Sydney Greenstreet, que padecía diabetes, fallecía a causa de ciertas complicaciones provocadas por su enfermedad. Su carrera cinematográfica fue corta, pero sus personajes y sus dotes interpretativas no sólo influyeron durante su vida (su "Gordo" sirvió para bautizar una de las bombas atómicas que cayeron en Japón), si no también tras su muerte. Pocos actores con carreras tan cortas han dejado una huella indeleble.


Fuera de cámara Jabba fue ornamentado con
el famoso gorro de Greenstreet


Y, sí, si hoy en día Jabba el Hutt es como es, se debe a que el diseñador que lo creó tuvo a Greenstreet como modelo de villano corpulento.

lunes, 12 de octubre de 2009

Tengo que rockear (para seguir vivo)

¡Vaya trio calaveras se ha juntado aquí! Lemmy, Angry Anderson y Biff Byford rockeando juntos en uno de esos himnos generacionales que ya no se estilan. "I've Got To Rock (To Stay Alive)". Más claro, Coronitas (¡bueg!)

domingo, 11 de octubre de 2009

Gran Torino (2008)

SPOILERS. Lo digo ya porque aunque no me gustaría revelar demasiado de esta película, es bastante probable que me emocione y acabe largando demasiado. Así que si no habéis visto la película y queréis seguir leyendo, lo hacéis bajo vuestra cuenta y riesgo.

Una de las primeras cosas que vinieron a mi mente al acabar Gran Torino fue, ¿qué haremos cuando Eastwood nos deje para siempre? Sigue habiendo muy buenos directores ahí fuera, pero, y no quisiera pecar de dramatismo, tengo la sensación de que cuando Eastwood ya no pueda hacer películas una manera de entender el cine se habrá ido para siempre. Un cine al que muchos llamamos clásico, y que es difícil encontrar en un estado tan puro en otros directos más jóvenes y talentosos. Cuando Eastwood ya no esté seguiremos yendo al cine, seguirán habiendo grandes clásicos contemporáneos, pero a no ser que nadie lo remedie, me temo que John Ford y otros como él dejarán definitivamente de hablarnos.

Y es que resulta increíble la forma en que se encuentra Eastwood. No sólo es una figura incólume del cine, un último pistolero de su generación, un Neil Young de Hollywood, sino que además está en mucho mejor forma que la generación de grandes directores universitarios que le siguió (Scorsese y compañía), y su título honorífico de "autor" desde luego no va a ser disputado por generaciones más jóvenes. Para empezar aun les quedarían unos cuantos años de rodaje por delante, pero, ¿cuánto tardó Eastwood en rodar sus primeras grandes obras, maestras incluídas?

No sé si finalmente Eastwood no aperecerá nunca más delante de las cámaras, pero a todos los efectos Gran Torino es el legado de un mito cinematográfico curtido más delante de las cámaras que detrás. Gran Torino es, en gran manera, un adiós de Clint a sus fans de toda la vida. Durante un tiempo se rumoreó que el proyecto de Gran Torino sería la despedida definitiva de Harry Callahan, cosa que no fue cierta, pero al misom tiempo así ha sido. En realidad Gran Torino parece no sólo una historia humana, y otro gran film de Eastwood, sino la despedida de los personajes que hicieron al Eastwood actor inmortal, especialmente los urbanos: Callahan, Shockley, el sargento Highway, Pulovski... el pistolero urbanita ha colgado definitivamente la pistola.

Si Sin perdón enterró definitivamente al irónico y aprovechado Hombre Sin Nombre, Gran Torino ha enterrado a Callahan, y con él a los cowboys, los policías, los detectives y los justicieros. Y es que en el humor (que ha acompañado a los duros de Eastwood más de lo que creemos) de los malos gestos del Kowalski de Gran Torino y su desprecio por lo que no encaja en sus ideales está la misma esencia del superpolicía de San Francisco. Callahan, el defensor de la justicia, no miraba con buenos ojos a sus compañeros de minorías étnicas; ello era en realidad más por el asunto de querer trabajar solo que por racismo, pero desde luego tampoco le gustaba que un tal Chico Gonzalez fuera a sustituir a su compañero blanco caído. A Josey Welles no le gustaba la compañía de nadie, y menos de indios o puritanos, y ponía malos gestos como pudiera haberlos puesto el mismo Kowalski. Pero a los duros de Eastwood siempre les ha unido una cosa: un sentido del honor y la justicia. Sus métodos eran cuestionables, pero cuando Callahan le daba al gatillo fácil, Welles acribillaba comancheros o el predicador apalizaba a unos matones estaban ayudando al ciudadano indefenso, aunque luego los indefensos no devolvieran el favor. Hasta el pistolero anónimo de Infierno de cobardes, sin duda uno de los personajes más oscuros de Eastwood junto a William Munny, tenía simpatías por el enano del pueblo al que todos despreciaban.

Walt Kowalski, el protagonista de Gran Torino, es también, a su manera, un último pistolero, un superviviente de una era perdida de barrios blancos con jardines y céspedes verdes y barbacoas los domingos, tiempos en los que su hogar estaba flanqueado por otros como él, muchos descendientes a su vez de polacos, que tras haber combatido en Corea habían conseguido un trabajo estable y habían formado una familia. Esos tiempos acabaron desapareciendo, y tras perder a su esposa, Walt se encuentra solo y a la deriva, como el Munny de Sin perdón, pero sin hijos de los que ocuparse, sino, tal vez, preocuparse. Kowalski ha visto su mundo cambiado para siempre, y su ligazón con el pasado tiene forma de coche, el modelo de Ford que titula a la película, y al que mima como a un verdadero hijo, como hacen miles de americanos desde tiempos inmemoriales en el que es uno de los mayores y más genuinos hobbies estadounidenses. Sin embargo ese coche es todo lo que le queda de su anterior vida perfecta. Su nueva realidad es un barrio degradado poblado por coreanos Hmong y una familia que se preocupa más por sus posesiones que por él mismo.


Kowalski despreciando al mundo

Tras las divertidas muecas que Kowalski nos regala durante la primera mitad de la película se encuentra el viejo pistolero solitario que reniega del nuevo mundo que le ha tocado vivir, pero cuya humanidad sigue latente. Cuando unos pandilleros Hmong vayan a molestar a sus vecinos, y la pelea acabe en su césped, Kowalski desenfundará su viejo rifle y pondrá las cosas en orden. ¿Se preocupa por su césped, o ayuda al indefenso? En ese momento quizás él piense que lo primero, pero tal vez su subconsciente tenga otros motivos.

El agradecimiento de la comunidad Hmong forzará el cerrojo de prejuicios de Kowalski, quien poco a poco, con su permanente gesto de protesta en la cara, tendrá que resignarse y aceptar a la familia coreana de los Lor en su vida. Y será en esa otra vida, y en esa otra familia, donde encontrará lo que le falta en la suya propia: cariño, respeto por las tradiciones, y un joven, Thao, que se interesa por él, a diferencia de sus propios hijos, más preocupados de ganar dinero y de meterle en una residencia que de su salud, una salud por cierto cada vez más inestable.

Su cariño por Thao y por su hermana pronto chocará con los intereses de la banda de delicuentes Hmong, lo que devendrá en una guerra entre Kowalski y los pandilleros coreanos. Mientras trata de hacer de Thao un hombre hecho y derecho, lo que incluye unos alucinantes diálogos con el barbero de Walt, el veterano de Corea reflexionará no sólo sobre el problema con los pandilleros, sino además con su presente y su futuro.

Conforme se acerca el clímax de la película comprenderemos que Kowalski, al igual que, una vez más, su alter ego del siglo XIX, William Munny, ha vivido sumido en los dolorosos recuerdos de la guerra, de la crueldad y el crimen, del gran peso que puede llegar a significar acabar con una vida humana. Kowalski bien podría haber sido un Callahan jubilado que hubiera comprendido por fin lo equivocado de sus patrones morales, y por otro lado bien podría representar el engaño sumergido en las memorias de la generación Eisenhower, de los veteranos de guerra cuyos traumas habían de quedar soterrados por muchos motivos, tanto sociales como políticos, hasta la gran explosión de otra guerra infame más, Vietnam.

En el último acto de enseñanza que Walt regalará a Thao, el viejo veterano le hará comprender que los verdaderos hombres, los grandes machos protectores, no son aquellos que se toman la justicia por su mano; que el mito del tipo duro que dispara y olvida no existe, y que, al final de todo, sea una vida, o un día con sed de venganza, hay que tener confianza. Confianza en la gente, confianza en la justicia, confianza en que el sistema, a veces, puede funcionar.

Es entonces cuando, en ese inolvidable escena final, Eastwood, jugando con nosotros y con la imagen que a través de los años nos hemos formado de él, nos de, también a nosotros, una lección, pues lo que esperamos que suceda nunca llegará a pasar. En el mechero grabado que sostiene en su mano tenemos el mensaje, el desenlace, y el adiós a un icono cinematográfico. Quizás sea un adiós, con suerte será un hasta luego, pero sea como fuere, seguiremos teniendo, esperemos que por mucho tiempo, al Eastwood contador de historias, al último gran clásico de Hollywood, a, en definitiva, uno de los mejores directores de cine de la historia.

Qué bonita es Gran Torino, y qué bueno que Clint haya vuelto a echar mano de sus particulares toques de humor. ¡Esos gestos de asco! También es notable que Clint haya vuelto a cantar, desde luego se debe sentir más cómodo con su voz que en los tiempos en que se avergonzaba de sus discos de Rawhide y de su participación en ya sabéis que musical. Siempre lo digo, pero... Clint es un gran tipo.

sábado, 10 de octubre de 2009

Barrio Sésamo

Hace 30 años comenzaba a emitirse en España este grandioso programa infantil. En sus comienzos la estrella era la gallina Caponata, pero la temporada que recuerdo es la de Espinete, el erizo rosa que iba en bolas y se ponía pijama para dormir, y sus amigos Chema, Ana, con la que todos querían jugar, los niños y Julián, que siempre regalaba los caramelos y chuches de su puesto. De pequeño me preguntaba por qué el kioskero de la esquina no hacía lo mismo. De mayor me pregunto, ¿de qué porras vivía Julián si nadie le compraba nada nunca? Y por supuesto no nos olvidemos de Don Pimpón, que nos introdujo al mundo de los marajás y los viajes en globo.

Y qué decir de los míticos personajes del Sesame Street original creados por Jim Henson: el formidable dúo Epi y Blas, Coco y su alterego Supercoco, el cazalloso reportero dicharachero rana Gustavo, el monstruo de las galletas, Juan Olvido, el carismático conde Draco, las canciones sobre letras y el Mahna-Mahna, Pepita Pulgarcita, etc. Era grande volver del colegio y lanzarse corriendo sobre el sillón para asistir al ritual televisivo de ver a Espinete haciendo el vago por doquier junto a la gente del barrio, y a los muñecos haciéndonos reir y enseñándonos los números, la diferencia entre cerca y lejos, que no hay que pisar la llevar, y todas esas cosas, mientras deglutíamos pan con nocilla, colacaos, mortadelas y todas esas cosas que solían merender los críos.

Sí, eran días más inocentes, con programas para niños a las horas en que los niños ven la tele, sin marujerías ni tontas de pechos inflados, ni gayers que hablan del corazón, ni testimonios viles ni sorpresas a gente que va a programas, y, en fin, todo eso que hay hoy en día. Creo que Epi, Blas y los demás han vuelto por las mañanas en Los Lunnis, y eso está bien. Aunque por supuesto muchos retacos flipen con como quiera que se llamen los bichos amarillos españoles, nunca podrán competir con el monstruo de las galletas y esa gente.

Hoy en el prime time no sé si podría sobrevivir Barrio Sésamo. A Julián le arrestarían por regalar caramelos a los niños a todas horas, acusándole de pedofilia; al pobre Chema si no se lo llevaría la DEA por tanta harina que llevaba siempre le atracarían y saldría en España Directo; a Don Pimpón nadie le daría de comer y acabaría contando sus historias de marajás en Callejeros; Ana tendría que acabar ganándose la vida jugando con los del barrio, pero no con los niños sino con los mayores, y Espinete acabaría atropellado por unos bakalas borrachos, acostumbrado a vivir en tiempos donde había calles sin coches. Y Epi y Blas, bueno, seguro que seguirían siendo el blanco de la ira de los evangelistas por promover la cohabitación entre personas del mismo sexo.

Barrio Sésamo, aquel programa infantil. Como diría Obi Wan, un programa más noble para tiempos más civilizados. Seguramente no lo eran, pero en la televisión al menos lo parecían. Joder si es que es escuchar la sintonía y se me humedecen los ojos. Mirando atrás, que bonito parece siempre todo, ¿eh?

viernes, 9 de octubre de 2009

Cohete K-1 (1950)

La historia alternativa es un buen entretenimiento de lucubración, y siorve para pasar las horas muertas, en viajes en bus por ejemplo o esperando en las eternas colas de la administración. ¿Qué habría pasado por ejemplo si Napoleón hubiera ganado en Waterloo? ¿Y si Shakespeare hubiera sido francés? ¿Habría llegado el hombre a la Luna si la NASA hubiera sido española? ¿Que pasaría si Conan apareciera en Nueva York, o el equipo de la Marvel se convirtiera en Los cuatro fantásticos? O, por ejemplo, ¿que habría sido de la ciencia ficción si Destino a la Luna hubiera logrado ser completada antes que Cohete K-1?

Esos dos films marcaron el comienzo de la era dorada de la ciencia ficción en el cine, algo con lo que sin duda Kubrick no habría estado de acuerdo, pero ambas estaban destinadas a marcar el camino para la gran retahila de films del espacio que habían de venir. Destino a la Luna iba a ser, en principio, el primer gran largo de ciencia ficción desde los seriales de Flash Gordon. Producida por el también director George Pal, la producción de Destino a la Luna fue anunciada a bombo y platillo como la gran sensación del año. El film iba a reproducir como sería un hipotético viaje a nuestro satélite, con todo el realismo que la tecnología de la época y el drama pudieran permitir. Fue entonces cuando el avispado director, productor y hombre orquesta Kurt Neumann decidió adelantarse con su propio producto espacial.

Neumann simplemente se aprovechó del tirón de la publicidad de Destino a la Luna, y del retraso del rodaje del film debido a la complejidad de la historia y demás, rodando con poco dinero y de la forma más rápida posible un viaje espacial. Neumann hizo de productor, de guionista y de director, y con un puñado de actores baratos (entre ellos un jovencito Lloyd Bridges y un clon de Walt Disney) y efectos especiales de cartón piedra logró terminar y estrenar Cohete K-1 antes que sus rivales. El film no tenía ni pies ni cabeza, pero poco importaba, la novedad de la trama atrajo a mucho público, muchos de ellos jóvenes con acné, y puso a la ciencia ficción en el mapa de las taquillas norteamericanas. Para cuando Destino a la Luna llegó a las pantallas la bola de nieve ya estaba en marcha, y el efecto sorpresa había desaparecido. Los visos de realidad científica quedaron olvidados, y la espontaneidad y el peligro nuclear de Cohete K-1 quedaron asentados en la imagen colectiva de lo que debía ser un film de ciencia ficción. Algo que sin duda debió desesperar al gran maestro Kubrick.

En Cohete K-1 no hay tiempo para nimiedades, y el film comienza con el jefe de la expedición explicando su viaje en un pizarrón ante un abigarrado grupo de periodistas, con los astronautas a su lado, ¡quince minutos antes del vuelo! Sin apenas tiempo el grupo de futuros viajeros espaciales realiza unas cuantas comprobaciones, como quien chequea el coche antes de salir de vacaciones, y se mete en su cohete lunar a lo Tintín, con sus botas camperas, y allá que salen disparados hacia nuestro satélite, hablando de combustibles como quien habla de diésel o super.

La tripulación es la habitual en todos los viajes espaciales: un científico mayor y líder de la expedición (el clon de Walt); una mujer científica a la que todos ningunean y poco falta para que la manden a freir un huevo; un guaperas, un montañés y un vaquero de Tejas (?). El cohete despega a la par que la tripulación nos regala una impagable colección de caretos, y una vez en el espacio Lloyd Bridges ya comienza a asediar a la doctora. Cuando un viso de realidad llega, como por ejemplo la nave dejando atrás una de las partes usadas con motores y demás, esa misma realidad científica sale por la puerta cuando en un extraño movimiento pendulante el motor secundario ¡les ataca! Por no hablar de la gravedad que afecta a chaquetas, corbatas y cinturones de seguridad pero no a las personas o a las vigas de hierro.

Para evitar cualquier posible acción legal por parte de George Pal al amigo Neumann no se le ocurrió nada mejor que meter un pase de frenada al cohete, con lo que en vez de ir a la Luna ¡acaban en Marte! Genial. El cohete debía llevar combustible para diez vidas.

Ciertamente en Marte llegan los momentos más alucinógenos, con la tripulación andando con máscaras de gas por la superficie marciana (roja para la ocasión por medio del tinte), disfrutando de la atmósfera marciana, y descubriendo pruebas de una antigua civilización de inteligencia superior; esto es, una máscara africana, como las que venden los inmigrantes ambulantes por las calles. La tripulación acabará encontrando a los restos de la antigua civilización inteligente, reducida a un grupo de salvajes por culpa de las guerras atómicas. Como buenos paletos los marcianos reciben a los cultos extranjeros a base de pedradas, y los supervivientes abandonan el planeta con bajas y con poco combustible, pero manteniendo la moral alta, no como esos mariquitas del Apolo XIII.

Cohete K-1 (en el original Rocketship X-M; ¡inquietante traducción!) nunca se ganará el respeto de los críticos y de los amantes de 2001: Odisea en el espacio, pero se ganó un lugar en la historia por ser la, digamos, entre comillas, primera película de ciencia ficción de la historia. Y se ganará, sin dudas, un lugar en los corazones de los cinéfilos de buena voluntad gracias a su inocencia, desparpajo y absurdo planteamiento. Con este film la ciencia ficción perdió cualquier viso de verosimilitud, pero ganó en un hijo la mar de entretenido. Y esta bien que sea así. ¿Como torturaríamos si no a los fans de Kieslowski?

jueves, 8 de octubre de 2009

Supergroove

Cuando los Red Hot Chili Peppers reinaban sin tener que aburrir y el crossover estaba en todas partes, los 40 pastizales por supuesto se apuntaron a la moda y agacharon la cabeza ante las multinacionales de nuevo. Y no sé de que forma comenzaron a programar un par de sencillos de una banda neozelandesa. ¿Cómo demonios llegaron hasta España? Ni idea. Cosa del marketing supongo.

Supergroove eran, aparte de ser compatriotas de Peter Jackson, practicaban una mezcla de rock y fun bastante divertida. No eran nada del otro mundo, pero tuvieron su momento durante cinco minutos, y algunos de nosotros durante ese breve lapso de tiempo nos hicimos con su debut, Traction, un buen disco donde destacaban sus dos sencillos "Gotta Know (remix)", "Can't Get Enough" y la paranoide "Don't Look Now".

Y tal como vinieron se fueron, y seguramente muchos dejamos su disco olvidado en algún cajón de casa. Pero cuando con cada conjunción de Venus y Neptuno nos da por acordarnos de ellos y pinchamos su disco o buscamos sus videos en youtube, pues nos encontramos con que siguen sonando bien y divertidos. Y eso ya es bastante, ¿no?

El ojo de la ciudad persa

Persépolis es un film francés basado en el cómic del mismo nombre que hizo famosa a la autora Marjane Satrapi, y que fascinó a medio Occidente con su autobiográfico retrato de su niñez, adolescencia y sus primeros pasos en la madurez, y con su descripción del Irán de la revolución islámica de velos negros, prohibiciones, mujeres enclaustradas y, en definitiva, de la evolución del Irán de la dictadura occidental al dictapeor de los imanes fanáticos.

Un buen film que ofrece una interesante versión del Irán actual de manos de una exiliada, y que tiene momentos bastante interesantes. Imagino que el cómic debe estar bastante bien, aunque por otro lado, respecto al film al menos, no sé si tanto revuelo lo ha causado la película en sí o el hecho de que ponga nerviosos a los dirigentes iraníes, algo que sin duda gusta en Occidente. De todas formas, una buena película que está bien para ver, y que además tiene un momento "Eye of the Tiger" muy divertido.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El desafío: Frost contra Nixon (2008)


Increíble. ¿Quién h abría podido llegar a pensar que el tipo tras la máscara de Skeletor en Masters del Universo (una de las mejores comedias de los 80) llegaría un día a ser una figura en el teatro con un Tony en su bolsillo y una nominación a los Oscar en la otra? Y sin embargo así ha sucedido. Frank Langella ha dado mucho que hablar tanto en las plateas de los teatros como en las salas de cine con su caracterización del presidente gansta Richard Nixon. Y con mucha razón. Ya sabéis, interpretar a figuras históricas de ese calibre (no estamos hablando de Enrique VIII, que murió hace mucho y no se sabe cómo hablaba) no es sólo lograr una buena imitación. Si no, todos los buenos imitadores serían actores. Tras la buena imitación debe haber una buena interpretación, y eso es lo que ha conseguido Langella, un 'Nixon' muy superior, por ejemplo, al de Anthony Hopkins.

Frost/Nixon ha sido una exitosa obra de teatro, y es normal que captara el interés de muchos capitostes y directores de Hollywood. Finalmente quien se llevó el gato al agua fue Ron Howard, quien tuvo la sensatez de exigir al dúo protagonista de la obra, Langella y Michael Sheen, un tipo curtido en el teatro, y que nada tiene que ver con los Sheen de toda la vida, que yo sepa.

El desafío: Frost contra Nixon ha sido definida muy acertadamente como un combate de boxeo, y hasta en el mismo film hacen una referencia parecida. Pero aquí en vez de puños usan los intelectos y las palabras. El combate fue real, y tuvo lugar en los 70, algún tiempo después de que Nixon dejara el cargo y fuera indultado, ante el estupor de muchos, por su sucedor Ford. El combate dialéctico, que tuvo lugar a lo largo de varias sesiones de entrevista grabada, fue parecido a aquel enfretamiento entre Mike Tyson y 'Buster' Douglas, o entre aquel Balboa y el campeón negro... una gran sorpresa.

Tal como se describe en la película, el gran campeón es obviamente Nixon, un ídolo caído pero veterano de muchas luchas políticas a lo largo de los años, ante los que nada podría hacer un presentador inglés de segunda llamado David Frost, a quien un buen día se le puso entre ceja y ceja el hacer una entrevista con Nixon y sacarle lo que nadie había podido sacarle: una confesión. Para ello removerá cielo y tierra y comprometerá su fortuna y su carrera para conseguir que Nixon (un tipo preocupado por los asuntos monetarios ciertamente) acepte sentarse ante él en un formato de entrevista bastante inusual: varias sesiones de grabación sin un cuestionario pactado, tan sólo unas reglas generales sobre qué tema se tratará en cada sesión.

Frost no es periodista, ni un experto en política; tan sólo un ambicioso presentador de concursos y talk shows que conoce el medio televisivo y sabe lo que quiere. Frente a él, todo un ex-presidente, con fama de no manejarse muy bien en televisión, pero que domina los trucos de la política como nadie, siendo capaz de llevar la conversación por dónde él quiere. Evidentemente la cuestión que planea durante toda la película es, ¿conseguirá Frost "vencer" a Nixon y arrancarle una confesión?

Por motivos obvios un material como el de El desafío: Frost contra Nixon le habría ido de perlas a un Sydney Pollack o alguien similar. Ron Howard, como se suele decir de él, es un artesano capaz de hacer grandes productos, con bonitos acabados y una gran técnica, tras la cual no suele haber mucho más. Se le acusa en muchas ocasiones de quedarse en la superficie, de manufacturar productos muy fríos, de no cavar lo suficiente. Probablemente todo sea verdad. Pero mientras otros nos dan películas no sólo igual de vacías sino que además son aburridas o pretenciosas, Howard nos da los hechos muy masticados, se aleja del espesor de las tres o cuatro horas de metraje y en dos horas que parecen un suspiro nos cuenta la historia de las entrevistas de una manera amena y entretenida apoyándose en la gran validez de sus dos protagonistas. Siempre mejor un producto aséptico como éste que un desvarío repleto de ego como fue el Nixon de Oliver Stone. Está claro que para la gran mayoría de norteamericanos, de esos que parecen vivir en burbujitas de felicidad, Nixon es el definitivo hombre malo junto a Charles Manson, Lizzie Borden y gente así, pero prefiero la humanidad (con sus miserias y alegrías, su mala fe y sus remordimientos) del Nixon de El desafío que el moderno Tiberio al que interpretó (o perpetró) Hopkins en Nixon.

En resumen, El desafío: Frost contra Nixon es un entretenido film que nos acerca a una de las entrevistas más famosos del siglo pasado, con uno de los personajes más controvertidos del siglo pasado, y a la que sería interesante complementar con algún que otro documental, sobre Nixon y el Watergate, la entrevista real, y Todos los hombres del presidente.

martes, 6 de octubre de 2009

Barbiturizante

Una de las que se quedó fuera la otra noche. No recuerdo quién o en qué blog me hablaron de estos Falcon, pero con esto de la crisis uno acaba recuperando discos y archivos perdidos en el cajón, y di su disco homónimo, de esos que escuchas una vez y te olvidas, y la verdad es que suena bastante bien. "Downer" es de los mejores temas del disco, y me gusta su intro que parece que te va a llevar a un sonido metal 80s y te acaba llevando por territorios de Fu Manchu y esta gente. Así que os recomiendo Falcon, sobretodo para aquellos que seáis hijos bastardo de los sonidos del desierto.

Y sobre las imágenes, bueno, ¡sacad vuestras propias conclusiones!

lunes, 5 de octubre de 2009

Monty Python's Flying Circus

El mundo no había conocido nada igual probablemente desde Pearl Harbor. En esta ocasión el lugar era Poole Harbour. El extraño náufrago emergía con dificultad de las olas de la costa de Dorset, tambaleándose y luchando por su estabilidad, hasta alcanzar la fina arena de la costa, para finalmente derrumbarse en el suelo. A continuación pronunció una simple forma débil de un pronombre y un verbo, dando paso a uno de los programas televisivos definitivos de la historia. En aquel momento seguramente muy pocos debieron ser conscientes de que el humor nunca colvería a ser igual. Tras aquél "It's" se escondía una revolucionaria comedia televisiva que cambiaría el panorama del humor británico, extendiendo por todo el mundo una nueva religión colectivista de señales de circular por la izquierda. Sus profetas se hacían llamar Monty Python, y su evangelio fue bautizado como el Monty Python's Flying Circus. La fecha, la noche del 5 de octubre de 1969. La frase: una pequeña risa para el hombre, pero una gran carcajada para la humanidad.

Pero para explicar los orígenes de este peculiar programa hay que echar la vista muy atrás, en un tiempo de oscuridad científica y cultural, una era en que se erigían catedrales, y las religiones colisionaban, y se combatía a los sarracenos; una era de mundos planos, soles errantes, y generación espontánea de criaturas y políticos. Una época de horror donde se quemaba en hogueras públicas a los contables que habían sido vistos montando lapiceros voladores, y en la que las espadas mojadas erigían y derribaban gobernantes. Una época malvada conocida como los años 50.

El año de gracia era 1951. En la radio británica BBC comenzaba un programa llamado Crazy People destinado a marcar una era. El programa, retitulado para la posteridad como The Goon Show, se basaba en una serie de sketches donde se entremezclaban juegos de palabras, ruidos curiosos, humor surrealista, música y parodias de la sociedad moderna. Creado por el cómico y escritor Spike Milligan, su voz, junto a las de comediantes como Harry Seacombe o el mítico Peter Sellers, hicieron las delicias de jóvenes y mayores durante prácticamente 10 años. Entre sus adeptos se podían contar a adolescentes como Graham Chapman o John Cleese, quienes crecieron arropados por el loco humor del programa radiofónico. No es de extrañar que ambos conectaran al conocerse en la Universidad de Cambridge.

Por la misma épica, otros dos adolescentes que habían crecido hasta convertirse en mujeres llamadas Brian, y que también respondían a los nombres de Michael Palin y Terry Jones, cruzaban sus caminos en la Universidad de Oxford. Tras un primer curso, un tal Eric Idle se matriculaba en Cambridge.

Muy pronto Palin y Jones comezaron a escribir sketches y a actuar en el Oxford Revue, un grupo cómico de estudiantes de la universidad del que posteriormente emergerían otros conocidos cómicos británicos. Mientras, en Cambridge, el estudiante de leyes Cleese y el estudiante de medicina Chapman también hicieron sus pinitos en un grupo teatral en Cambridge, el Footlights, otro gran caldero de actores y comediantes británicos. Tras graduarse y haber formado parte de importantes obras en el Footlights, Cleese fue el primero en dedicarse profesionalmente a la actuación y la comedia. En 1963 viajaba a los Estados Unidos para trabajar en el Off-Broadway. Allí hizo migas con una americana con la que no tardaría en casarse, Connie Booth, y trabajó con un ilustrador de la revista Help! llamado Terry Gilliam, destinado a tener un gran papel en esta historia.

De regreso a Gran Bretaña Cleese comenzó a trabajar como actor y guionista para la radio, mientras Terry Jones comenzaba a escribir para cómicos como Ken Dodd. Fue en el programa televisivo The Ken Dodd Show donde debutaron ante las cámaras, como extras, Jones y su amigo Michael Palin.
En el otro bando Cleese, Chapman y Idle también trabajaron reunidos, mientras Jones y Palin escribían para diversos programas televisivos. Fue, finalmente, en The Frost Show donde los futuros Pythons se reunirían por primera vez. En The Frost Show todos trabajan como guionistas salvo John Cleese, quien además era un actor regular del programa. Poco después la nueva cara conocida de Cleese cogió de la mano a Graham Chapman para trabajar junto al inefable Marty Feldman en At Last The 1948 Show. Por su parte Idle, Jones y Palin comenzaron a tenar mayor peso creativo e interpretativo en un nuevo programa infantil, Do Not Adjust Your Set, en el que también habían desembarcado las animaciones del norteamericano Terry Gilliam. Aunque sarcásticamente Michael Palin hable de su desdeño ante la primera imagen de un elegante Gilliam acompañado de una bombástica novia, las Musas estaban a punta de sacar del horno a uno de los grupos humorísticos más increíbles de todos los tiempos. Inevitablemente, Palin quedó deslumbrado por las animaciones de Gilliam.

Otra gente contenta fueron los productores de la ITV, responsable de Do Not Adjust Your Set. Ofreciero al equipo grabar un programa para adultos, pero sin embargo los estudios no estarían disponibles hastas dieciocho meses después. Fuera la providencia, la intercesión de las musas, o el poder de los Caballeros Que Dicen 'Ni', Chapman y Cleese contactaron con Idle, Jones y Palin y les hablaron de un nuevo proyecto de la BBC en el que podrían encajar, sin necesidad de esperar año y medio. Los cinco comediantes se presentaron ante el Jefe del Departamento de Comedia de la BBC, Michael Mills, con un gran vacío entre las manos. Según Michael Palin, tras una absurda entrevista en la que no fueron capaces de aportar ni una sola idea acerca de los contenidos o aspecto del programa, Mills les ofreció trece episodios.

Con los ecos de The Goon Show en mente y la irreverencia teatral de Beyond The Fringe de la cual eran responsables varios ex-miembros del Oxford Revue, los Python buscaron llevar el absurdo y la reverencia más lejos todavía, y una de sus máximas era despreocuparse de la llamada 'punch line' o la frase final que redondeaba un sketch, y que para ellos, en la mayoría de casos, era algo innecesario que arruinaba el efecto total de la pieza. Dicho objetivo cobraría forma en el famoso final de muchos de sus sketches, la frase y salida de un personaje, el 'this is silly!' Los cinco comediantes se encontraron ante sí con un increíble juguete: un programa para ellos solos y una total libertad creativa. Tras varias reuniones tuvieron claro que se desharían de cualquier convención que les resultara aburrida o molesta. Tras barajar varios títulos para el pograma, como "Ow! It's Colin Plint" o "A Horse, a Spoon and a Bucket", finalmente nacía Monty Python's Flying Circus.

Justo por entonces un maestro de la comedia británica como era Spike Milligan, creador de The Goon Show, se les adelantó por la mano con su nuevo programa televisivo Q5, en el cual había dado ese paso adelante que los Python esperaban dar. Dado que el formato de Monty Python's Flying Circus ya no iba a ser totalmente rompedor, sólo les quedaba llevar el formato hasta el límite. Después de todo, tal vez le debamos a ese pequeño guantazo cómico por parte de Milligan el que el programa de los Monty Python fuera tan salido de madre. Pero el futuro programa de la BBC contaría con un arma secreta: las increíbles animaciones de Terry Gilliam, el sexto y definitivo Python.


De este cuadro tomó Gilliam su famoso "pie aplastador"

Desde el comienzo el proceso creativo quedó totalmente definido. Michael Palin y Terry Jones trabajarían por un lado, y Graham Chapman y John Cleese por otro. Palin y Jones en realidad elaborarían sus gags individualmente, para luego ponerlos en común antes de presentarlos al grupo. Su humor solía ser bastante visual mientras que el de la pareja Chapman-Cleese solía ser más verbal. Eric Idle era un lobo solitario, y siempre trabajó sus propios sketches, pero al mismo tiempo siempre contó con la desventaja de tener un solo voto, frente al doble voto de las otras parejas. Terry Gilliam gozaría de la mayor libertad en el grupo, ya que no podía explicar del todo sus ideas hasta haberlas plasmado en animación. Por tanto, muy pronto se convirtió en el miembro de los Python ante el que los demás probarían sus chistes y diálogos. Gilliam sería la posible audiencia del programa. Obviamente las batallas de gags y egos fueron contínuas en las reuniones de los Python.

Entre los seis prácticamente coparían cualquier posible personaje que pudiera aparecer en el programa, incluídas mujeres. El travestismo fue uno de los grandes alicientes cómicos del programa. Sin embargo, contaron, por supuesto, con extras en caso necesario, y con mujeres para ciertos personajes femeninos que los Python no podían interpretar. Para ello contaron con la propia mujer de Cleese, Connie Booth, y sobretodo con la voluptuosa Carol Cleveland, una séptima Python en toda regla, y conocida entre el resto de los Python como Carol 'Cleavage'.

Con el paso de los programas los Python fueron adaptándose mejor a cierto tipo de personajes, aunque en general pudieran interpretar a cualquier tipo de hombre o mujer. Por ejemplo, Terry Jones era la perfecta maruja inglesa, el travestido definitivo del grupo, aunque también sobresalía como el típico ciudadano inglés serio y circunspecto o un inspector de la policía al uso. Graham Chapman, al que el grupo consideraba como el mejor actor de los seis, solía interpretar a las figuras autoritarias y serias, o bien a las disociaciones de personajes que alternaban seriedad con locura. Eric Idle solía interpretar a personajes caraduras o pervertidos, y sus compañeros le consideraban como el mejor fabricando frases memorables y sketches de una sola frase. John Cleese era perfecto encarnando a tipos serios con un punto de locura o surraelismo, o directamente a personajes psicóticos violentos y sedientos de sangre. Por lo general, el grupo consideraba a Michael Palin como el Python todoterreno por excelencia, capaz de encajar en cualquier papel. Por último, Terry Gilliam, aparte de sus animaciones, aparecía ocasionalmente en cortas apariciones interpretando a personajes que normalmente ninguno de los otros quería, razón por la cual sus apariciones suelen tener algo que ver con complicados disfraces o maquillaje incómodo.

El primer episodio fue grabado el 7 de septiembre con público, y la experiencia fue agridulce. Evidentemente la gente no estaba preparada para algo así, y no se oyeron muchas risas aquel día. De todas formas los programas se fueron sucediendo, y Monty Python's Flying Circus se convirtió en toda una sensación. Aquellos primeros trece capítulos, que acabaron de emitirse en enero de 1970, estaban destinados a ser unos cuantos más.

La segunda temporada se emitió entre septiembre y diciembre de aquel año, y ya entonces comenzaron a vislumbrarse nubarrones sobre el cielo del programa. Graham Chapman, que siempre había padecido de miedo escénico, había recurrido cada vez más al alcohol para templar sus nervios, y su pequeño truco pronto había dado paso al alcoholismo. John Cleese encontraba cada vez más difícil trabajar con él, y había comenzado a tener opiniones encontradas respecto a la calidad artística del programa. Se había manifestado siempre en contra de cualquier posible broma escatológica, y al finalizar la segunda temporada albergaba serias dudas sobre la frescura del programa. Durante la tercera temporada llegó a la conclusión de que la fórmula se había agotado, y de que simplemente se estaban repitiendo. De cara a la cuarta temporada, que había de comenzar en octubre del 74, Cleese abandonó el barco. El Monty Python's Flying Circus quedó reducido al ahora internacionalmente famoso Monty Python en los créditos finales. Tras seis episodios los otros cinco Python decidieron abortar la temporada. Aquél sería el fin definitivo del programa. Pero no el de los Monty Python. En 1975 el circo volante desembarcaría en los Estados Unidos, y pronto en muchas partes del mundo. Las películas que habían de venir harían el resto, y Monty Python se convertiría en el grupo de comediantes más famoso desde probablemente los hermanos Marx. Pero, como se suele decir, ésa es otra historia.