jueves, 31 de diciembre de 2009

The Horror: Florence Foster Jenkins

Bueno, despidamos el año y este segundo Especial ¿Música? con algo realmente fuerte. Me río yo del rafting o de la escalada a pulso. La valentía se demuestra escuchando de principio a fin el aborto de versión del "Der Hölle Rache" de Mozart a cargo de Florence Foster Jenkins, la que seguramente sea la peor soprano de la historia. La verdad es que a veces los ricos no saben que hacer con su dinero, y la humanidad lo acaba pagando. El padre de esta señora sabía esta gran verdad, y aunque le pagó los estudios de música y canto que tan de poco le sirvieron, trató de impedir que la amiga Florence saliera al mundo a compartir su "talento". Pero cuando el pobre hombre murió y Florence se llevó el dinero a la saca, ya nada pudo impedir que se pusiera a grabar discos y a hacer giras. Por supuesto, era tan rematadamente mala que acabó llamando la atención y obteniendo sus cinco minutos de fama.

Para mí que Florence realizó un pacto con el espíritu de Salieri o algo. Desde luego si Mozart hubiera escuchado esto se le habrían quitado las ganas de soltar risas bobas. ¡Alucinante!

Ale, que tengáis buena entrada de año.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Clint Eastwood Sings Cowboy Favorites

El camino hacia el estrellato es duro. Clint Eastwood lo sabe. Cuando empezó a darse a conocer con la serie Rawhide tuvo que pasar por el aro y satisfacer a los estudios grabando un disco a modo de merchandising, algo muy común en los 60. Quien haya visto La leyenda de la ciudad sin nombre sabrá que Clint no era precisamente un ruiseñor. Pero claro, los discos televisivos se graban a toda prisa y no cuidaban demasiado los resultados, lo importante era aprovechar el momento. Y vaya, una cosa escuchar a Clint con su voz cazallosa cantando a susurros un lento jazz, que esta especie de cosa horrenda pop llamada "Are You Satisfied?". Pues no, no lo estoy, ni Clint lo estuvo nunca. Seguro que si hubiera podido habría comprado todas las copias existentes de ese amorfo Clint Eastwood Sings Cowboy Favorites y los habría quemado para que nunca más el ser humano se estremeciera con esos estribillos imposibles. Pero para su desgracia, y para la nuestra, no pudo ser. ¡Pobre Clint!

martes, 29 de diciembre de 2009

Avatar (2009)

La verdad es que se suponía que tendría que haber visto esta peli en 3D, pero como decían en la prisión de Shawshank, mi abogado la cagó, es decir, que un amigo que nos pilló las entradas compró las que no eran. Así que no sé realmente que lamento más: el no haberla visto en 3D, o el no tener 14 años.

Desde luego no esperaba un guión de Raymond Chandler, pero el problema fue que, aparte de que no me imaginaba que la historia sería tan, tan chorra, el no poder flipar con los 3D (que supongo que es lo que habría hecho) me impidió abstraerme del guión. Y aunque ciertamente los efectos y el CGI son realmente increíbles, no bastó para que al cuarto de hora empezara a poner cara de WTF?, osea, de qué cojones me están hablando. La verdad es que el James Cameron no se ha esforzado nada con la historia, y a la peli sólo le falta que salga un John Wayne azulado cabalgando por Pandora junto a los Na'vi, o pandorinos azules. Vamos que el amigo Cameron ha cogido la típica peli de indios y vaqueros, sobretodo aquellas revisionistas de los 60 y los 70, y lo ha mezclado con bichos jurásicos y naves espaciales, y ha hecho una peli de efectos acojonantes. Y me habrí parecido perfecto si hubiera podido abstraerme de la extrema estultez de Avatar, pero no fui capaz, así que aquí me tenéis, lamentando no ser un criajo retaco que no atiende ni a historias ni a guiones.

Porque, por otro lado, a pesar de que la peli es larguilla, aburrida, aburrida tampoco se hace, a pesar de que le sobra media hora por lo menos. Y recalco de nuevo, que los efectos son la leche. Y aparte de que la historia es tonta, sobada, manida y los bichos (especialmente los mamíferos) que salen son lo menos imaginativo del mundo (punto éste de los que más me ha decepcionado, ciertamente) y todo lo demás, si esta película va a cambiar el cine que baje Billy Wilder y lo vea. Seguro que resultará un salto en las técnicas infográficas y demás, por descontado, como lo significaron en su día Terminator 2 o Matrix, pero ninguna cambió el cine, ni lo hará ciertamente Avatar. Pero supongo que eso ya lo sabíamos. Creo que se llama 'marketing', y es una cosa en la que los telediarios también participan, y que nos acaba volviendo tontunos a todos.

Vamos, resumiendo, que no la pude ver en 3D y aunque era todo muy bonito la historia era demasiado tonta incluso para mí. De todas formas creo que el nombre de la rosa nunca lo sabré, porque no creo que vuelva a verla dos veces sólo por las dimensiones. Cuando quiera dimensiones, me pondré una de Russ Meyer, ala.

Orson Welles habla a la juventud

Orson Welles hizo muchas cosas buenas en este mundo. Hizo otras discutibles, hasta películas infumables. Pero desde luego todo lo que hizo, lo hizo a su manera. Pero no sé si debería haber limitado su carrera musical a colaborar con Manowar. Pero un buen día decidió que debía dar un mensaje al mundo y hablarle a la juventud de las cosas que tiene esta vida en su extraña canción de la isla Calypso "I Know What it is To Be Young (But You Don't Know What it is To Be Old)", seguramente uno de los sencillos con un título más epatante de la historia.
Yo creo que si hubiera seguido por ese camino le habrían acabado contratando en Barrio Sésamo, cantando cosas como "I Know What it is To Be Far (But You Don't Know What it is To be Close), "I Know The Difference Between Big and Bigger", o simplemente "Orson Welles Knows Best, But He Sat Over Kermit By Accident and Smashed That Damned Frog".
El amigo Orson era un tipo grande. En todos los sentidos, claro.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Bromas del sol naciente

La verdad es que para conmemorar la matanza de niños (Herodes, admirado en el fondo por maestros y profesores) de aquella ocasión (curiosa forma de recordarlo a base de bromas... ¿harán lo mismo dentro de mil años con el Holocausto? Bueno, al menos de la broma de Herodes no parece haber realmente constancia histórica) y esto de los Santos Inocentes quería haber publicado un megapost sobre el particular sentido del humor de Alfred Hitchcock, pero ha resultado ser demasiado trabajo y al final no ha podido ser. Ya lo iré terminando y no sé, a lo mejor para el próximo año...
Así que nada he tenido que echar mano del viejo recurso de las bromas de japos, que son bastante cabrones para estas cosas. Sus bromas multitudinarias siempre han sido de mis favoritas.
See you lato, arigato!



domingo, 27 de diciembre de 2009

Hoy, brillantes aureolas y rock diabólico: Michael Landon

En fin, por si no lo sabiáis, el buenorro de Michael Landon, antes de convertir la televisión en una asesina de usuarios de la insulina, y de darse a conocer con la extravagante serie de Bonanza, hizo de hombre lobo adolescente antes que Michael J. Fox, y tuvo una amorfa y corta carrera como rocker con "Give Me a Little Kiss (Will Ya Huh?)", un single tan tonto como se podía esperar de él. Lo bueno es que no sólo grabó esta cancioncita pastelosa, sino que además llegó a telonear a todo un Jerry Lee Lewis. ¿O fue al revés?
Desde luego el doble cartel debió ser digno de contemplar. ¿Le enseñaría el Killer a Landon el rabo? (El de diablo, se entiende). Ah, que será, será.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Trailer de The Runaways

¿Qué esperar del biopic de las Runaways? Guiado por mi experiencia, imagino que nada. Pero a veces soy fácil. Simplemente no puedo resistirme a un trailer con "Cherry Bomb" de fondo. Y cómo ha crecido la Dakota esta, ¿no? En fin, ya veremos. Ch-ch-ch-ch-ch-cherrybomb!!

Mrs Elva Miller

La vida es cruel, y a veces también lo es este blog. Sigamos destrozando oídos y clásicos. Si os rechinaron los dientes con la versión principesca gitana de "In The Ghetto", preparaos para la sobrenatural versión del "Yellow Submarine" a cargo de la señorita Elva Miller, una ama de casa a la que le siguieron el juego y que llegó a tener éxito en las listas durante cinco segundos, allá en los 60.
Bueno, en realidad no lo hace tan mal. Pero realmente me parece que sus extrañas versiones tienen algo de fantasmagórico. A cada nota espero que empieza a brotar ectoplasma de los altavoces del ordenador, y tomen la forma de Friker Jiménez con lupa y gorro de cazador.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

El imaginario del Doctor Parnaso (2009)

Don't shoot the messenger.

Dicen que fue la última frase que grabó Heath Ledger para Terry Gilliam, y para el cine. Y no sé si la anécdota será cierta, pero cuentan que un sorprendido y divertido Gilliam vio cómo unos meses después de la muerte de Ledger uno de sus reemplazos, Johnny Depp, le preguntaba al director si le parecería bien meter esa improvisación en una escena, desconociendo que ya Ledger la había grabado en escenas anteriores. No sé si ocurrió así o no, pero con lo que le gustan estas cosas a Gilliam, seguro que estuvo atento por si salía algún guión flotando o algo parecido. En parte, ésa es la magia, y lo paranormal del cine. En especial, del cine de Terry Gilliam.

Supongo que sería engañoso decir que El imaginario del Doctor Parnaso es el mejor film de Gilliam desde Miedo y asco en Las Vegas. Engañoso porque no he visto Tideland aún, y porque entre ésta y el film bonzo sólo hubo otra, la irregular El secreto de los hermanos Grimm. Pero en fin, al menos Gilliam ha vuelto por sus fueros, superando (momentáneamente imagino, porque Gilliam y dificultades son sinónimos) el bache de rodajes inacabados y films demasiado comerciales y poco personales con una maravillosa creación visual cien por cien Gilliam. Supongo que hasta cierto punto la muerte de Ledger a mitad de rodaje sirvió para que esta película recibiera más atención de lo habitual, y el esfuerzo y colaboración de tres estrellas hicieron posible el resto. Milagro, magia, o quizás simplemente un reflejo en el espejo distorsionado de Hollywood. Pero El imaginario del Doctor Parnaso finalmente vio la luz, y yo no podría alegrarme más por ello.

Como decía, la carrera de Gilliam como director siempre ha estado llena de dificultades. Desde el descontrol presupuestario durante el rodaje de Las aventuras del Barón Munchausen hasta la quijotesca pesadilla en que se convirtió el intento de Gilliam de plasmar su propia versión del mito de Don Quijote. Habrá un segundo intento, pero desde luego el norteamericano nunca lo ha tenido fácil, ni se lo ha puesto fácil a los demás. Quizás por todo ello creo que no es difícil encontrar referencias a todo su particular via crucis en películas como El secreto de los hermanos Grimm y, especialmente, en esta El imaginario del Doctor Parnaso.

La comparación es fácil, quizás demasiado. Pero cómo no ver en el agotado e inmortal Doctor Parnaso un alter ego del propio Gilliam. Cuando el Doctor lleva su particular show ambulante a las puertas de una discoteca y su mundo de imaginación y fantasía se topa de bruces con la realidad de unos jóvenes borachos y duros de mollera uno enseguida piensa en Gilliam luchando contra los molinos de viento del cine actual, donde parece contar más lo tangible que la magia. Si uno sustituye la discoteca por una multisala, hasta creería ver que Gilliam está criticando a cierto e influyente sector del público cinematográfico actual. Pero quizás eso sea más interpretación mía que otra cosa. Pero vaya, lo cierto es que durante todo el film no cesaba de ver fuegos fatuos con el rostro de Gilliam aquí y allí.

Por suerte para Gilliam, al perderse en mundos fantásticos pudo reanudar el rodaje sin Ledger, llevándonos por los oníricos paisajes de su mente, siempre irreales y desproporcionados, como la propia personalidad del director. Creo que nunca una película de Gilliam se acercó visualmente a sus célebres montajes animados para los Monty Python. Y desde luego la escena coral de los policías no podría ser más 'montypythoniana'. En resumen, lo que podemos ver en El imaginario del Doctor Parnaso no es nada que no hayamos visto ya antes a lo largo de su filmografía. No quisiera pecar de categórico, pero quien no disfrute con esta película (que podrá ser peor o mejor que otros de sus títulos) es que realmente no entiende su cine o realmente no le gusta el cine de Gilliam.


Además, El imaginario del Doctor Parnaso cuenta con uno de los mejores elencos que haya podido tener Gilliam. Comenzando, por supuesto, con Heath Ledger. Ya sé que parece estar de moda ponerle siempre bien, pero tras esta película y El caballero oscuro desde luego no puedo sino pensar que era un actor con mucho potencial, y que desde luego tenía mucho de interesante. Tal vez se habría echado a perder en seguida, pero vaya, tipos como Colin Farrell hay muchos, pero gente con esos extraños giros y toques de Ledger no hay tantos. pero bueno, hay que reconocerle a Farrell, a Jude Law (un tipo que me parece buen actor pero que parece que casi nunca se esfuerce en serlo realmente) y a Johnny Depp que retomaran el papel de Heath, dando una curiosa continuidad a la historia. Y vaya, realmente sí que parece (o al menos me dio esa impresión) que Ledger estuviera en cierto modo presente en los gestos y manierismos de sus sustitutos.

Aplauso también para Christopher Plummer, un hombre que siempre fue un buen actor pero que ha ganado en carisma y prestancia con los años. Su Doctor Parnaso es ciertamente estupendo, y en su sobriedad británica me parece difícilmente superable. Y, vaya, si alguien tenía que encarnar al Diablo, ¿quién mejor que Tom Waits? Ojalá se pasara por los films de Gilliam más a menudo. Aquí su papel tiene más peso que nunca, y el mefistofélico ser que es Tom Waits lo borda sin esfuerzo algo, siendo prácticamente él mismo, teniendo en cuenta que Tom siempre parece estar actuando en todo lo que hace o dice. Y nombremos a Andrew Garfield. Bien, nombrado está.

Y si me lo permiten, punto y aparte para Lily Cole. ¿Buena actriz? Sí. O no. En realidad no lo sé. Pero que me aspen si no hacía tiempo que una actriz me dejaba con tantos pajarillos en la cabeza. No sé si exageraré al decir que Gilliam nos ha traído a una nueva Uma Thurman, pero ambas tienen esa especie de divina voluptuosidad venusiana, concha aparte (hola Argentina). Deliciosa, esplendorosa y superduble, y pelirroja como el sol poniente, Lily Cole está simplemente preciosa. Aún, cuando cierro los ojos muy fuerte, no veo chiribitas, veo sujetadores morados. A ver si le caen unas peligrosas amistades en su carrera y vemos qué pasa.

Vaya, Gilliam ha vuelto como quería que regresara: a lo grande (grande en su caso siempre será rebosante y desmesurado) y trayéndonos de nuevo su particular realismo mágico, esos mundos que están en éste, y que ya vimos con su Munchausen, su rey pescador y demás. Sólo por eso, y por esa singularidad que representa su cine hoy en día (me remito de nuevo a la dualidad Parnaso/Gilliam), en medio de tanto blockbuster fabricado cual Ford-T, hay que celebrar y estar atento a cada movimiento de este particular Doctor que es Terry Gilliam.

Ah, y atención al megatemplo budista. Muy David Griffith. Y, oigan, Verne Troyer da para más que para hacer de Miniyo. Y Dios tenga en su gloria a Lily Cole.

martes, 22 de diciembre de 2009

El principe gitano indegueto

Exijo desde ya un SingStar especial 'Principe Gitano' con versiones de los grandes clásicos anglosajones de ayer, hoy y de siempre en principegitanense, adaptación fonética o lo que sea que se llame esa amorfa versión que en su día hizo este buen hombre del "In The Ghetto" del pobre Elvis Presley. Porque the last thing we noninoni es otra pobre versión de SingStar con canciones de Mecano y otros artistas que nunca están a la altura del auténtico Gypsy Prince.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964)

Nunca habría imaginado que Brasil fuera capaz de producir algo que no fuera café, futbolistas, carnavales o playas repletas de bundas. Pero muchos vimos lo equivocados que estábamos al ver la estupenda Estación Central de Brasil, y no tardamos en ser noqueados por la maravillosa Ciudad de Dios. Fue a finales de los 90, internacionalmente al menos, cuando el cine brasileño resurgió con fuerza, volviendo al escaparate mundial de los festivales y los premios, tras una larga dictadura en los años 70. La dictadura vino a suponer el fin de un curioso movimiento (aunque no me guste la relación, un dogma si así lo queréis) llamado Cinema Novo, en el cual un grupo de nuevos directores trataron de buscar un nuevo lenguaje cinematográfico que les permitiera reflejar una realidad inquieta muy alejada de las producciones brasileñas al uso que tan sólo se dedicaban a copiar los formatos hollywoodienses y europeos. El Cinema Novo tuvo su apogeo en los años 50 y 60, y su mayor adalid fue el director Glauber Rocha. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es considerada por muchos como su mejor obra y su película más conocida.

En esta película Rocha hizo uso de una leyenda local para denunciar el presente de su país, un lugar en el que las desigualdades y una suerte de feudalismo seguían campando a sus anchas. Al igual que muchos europeos recurrieron a Shakespeare para denunciar a dictadores y opresores, Rocha decidió rodar un cuento mágico en el que presentar sus inquietudes y fobias. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es básicamente la historia de Manuel y Rosa, un matrimonio de pobres jornaleros que iniciarán un forzoso éxodo a través de la superstición y el terror cuando Manuel asesina a un terrateniente que trata de engañarle. En su camino Manuel y Rosa encontrarán toda clase de miserias humanas en forma de fanáticos religiosos e iluminados, enfrentándose al mismo tiempo a la brutalidad del sicario Antônio das Mortes, el brazo mortal de las clases altas y la Iglesia.

Desde luego Glauber Rocha, en su intento de buscar un lenguaje propio, no dudó en buscar inspiración en las nuevas olas del cine mundial, desde la Nouvelle Vague y el cine de Luis Buñuel (del que Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho) hasta el cine japonés o el creciente cine independiente norteamericano, westerns incluídos. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho de la sensibilidad iconográfica de alguien como Jodorowsky, aunque con mucho más sentido, tanto literal como cinematográfico. Quizás seguramente fuera el chileno el influido por Rocha; además, tanto en la naturaleza de sus críticas como en su imaginería de caciques y religión, Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene mucho más en común con el cine de Buñuel, aunque desde luego no llega a la altura del español.
Dios y el Diablo en la Tierra del Sol no contiene demasiados diálogos, y su ritmo puede llegar a resultar pesado, resultando algo lento e incosistente en relación a la historia, un punto que quizás alguien como Kurosawa manjera mejor. El film de Rocha desde luego no es una película para ver alegremente sin más. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol es una continua metáfora visual alejada del cine comercial al que estamos habituados. Sin embargo su curiosa mezcla de realidad y poesía puede atraer a los que gusten de poderosos estímulos visuales o a aquellos que busquen influencias de Buñuel o el cine francés. Dios y el Diablo en la Tierra del Sol tiene un poco de cine de denuncia de Estación Central del Brasil y de la impactante realidad ficcionada de Ciudad de Dios; es inevitable pensar que el moderno cine brasileño sigue estando influido por las obras del Cinema Novo. De todas formas no esperéis encontrar en esta película un cine, digamos, tan convencional como el de los dos films citados. Con todo, la segunda parte de Dios y el Diablo en la Tierra del Sol mejora gracias a la aparición del fabuloso personaje del Capitán Corisco, una especie de Ze Pequeno de la época que no habría desentonado en cualquier historia de El Corto Maltés.

Así que nada, si queréis decidiros a averiguar en qué consistía eso del Cinema Novo imagino que Dios y el Diablo en la Tierra del Sol sería un buen comienzo, pero desde luego es mucho más 'artie' que Ciudad de Dios, y aunque tiene mucho de buñueliano, qué le vamos a hacer, Buñuel tenía más gracia para estas cosas. Eso sí, Corisco es grande, mi personaje de cine brasileño favorito tras Ze Pequeno. No es que haya visto mucho cine brasileño, pero me resulta imposible no rendirme a su carisma visual tan de Hugo Pratt.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Kim Carnes y los osos azucarados

Años antes de que Kim Carnes propagara la cazalla por el mundo con su famoso éxito "Bette Davis Eyes" y se convirtiera en la versión femenina de Rod Stewart, puso su voz de apenas postpúber en un álbum de uns personajillos llamados The Sugar Bears, creados para promocionar una marca de cereales azucarados. Ya lo decía Bon Scott: It's a long way to the top...

Tres puntos colega

El 20 de diciembre de 1917 Lenin creaba mediante decreto oficial la fundación de la Cheka. Tres puntos.


sábado, 19 de diciembre de 2009

Hendrix y Jayne Mansfield

Ya sabéis que Jimi Hendrix, antes de convertirse en Dios todopoderoso, tocó con varias bandas y trabajó como musico de sesión para muchos artistas. Uno de sus trabajos más curiosos lo hizo con la vuluptuosa Jayne Masnfield, con quien grabó dos temas: "Suey" y "As The Clouds Drift By". Obviamente no sonaban a "Purple Haze" ni nada parecido, pero la conexión es ciertamente curiosa. Además me pregunto si entre una ninfómana y un sátiro como eran ese par de piezas no mandarían las barreras raciales, sociales y de estatus la porra y se encerrarían en la cabina de grabación cuando nadie miraba. Pero el nombre de la rosa, eso nunca lo sabremos.


viernes, 18 de diciembre de 2009

Los pasajeros del tiempo (1979)

La verdad es que se le daba bien a Nicholas Meyer adaptar historias decimonónicas y, espceialmente, darles un toque especial, readaptando mitos como el de Sherlock Holmes a sus propio intereses. En este caso Meyer tomó como punto de partida una novela de Karl Alexander (que colaboró también en el guión) que presentaba a H.G. Wells como un ficticio viajero en el tiempo que sale a la caza de todo un Jack el Destripador.

Uno de los mayores impactos que recuerdo de mi juventud viendo una película fue reconocer a Malcom McDowell como el apocado y victoriano Herbert George Wells. En algún momento de mi infancia había visto Los pasajeros del tiempo y se había convertido en uno de esos hitos televisivos que le despeinan a uno de tanto en tanto, pero con los años el recuerdo ya era borroso. Y cuando la volví a ver, quedé impactado al caer en la cuenta de que el hombrecillo de las gafas y bigotes era nada más y nada menos que Alex DeLarge, el psicótico drugo al que encarnó inmortalmente McDowell. Ya sabéis, a ciertas edades uno aún se imagina que McDowell se viste de blanco en sus ratos libres y sale a cazar vagabundos por las calles. Ya sabéis, cosas de la mente de un adolescente todavía perturbado por La naranja mecánica y por una furtiva sesión de Calígula.

Chaladuras con acné aparte, Los pasajeros del tiempo se me ha antojado siempre como una de las películas más entretenidas de los 70. Por supuesto los habrá que crean que exagero, pero ciertamente no podría decir menos de una película que ha pasado más tiempo conmigo que algunos de mis primos. Vamos a ver, ¡estamos hablando de H.G. Wells persiguiendo por el tiempo al amigo Jack el Destripador! Con eso y un guión decente y buenas interpretaciones me basta. Además de un ritmo endiablado que hace que las casi dos horas de duración se pasen volando.

Personalmente aun tengo otro as en la manga: David Warner, que de vez en cuando ha salido a colación en este blog, y que es casi como mi segundo tío o algo así. Sencillamente adoro a ese tipo, y si por mi fuera habría protagonizado Titanic en vez de Leo DiCaprio. No creo que eso tuviera mucho sentido, pero da igual. ¡David Warner is the man! Habría sido interesante ver a Edward Fox (¡el inolvidable Chacal!) haciendo del amigo Jackie, pero vaya, la interpretación de Warner como el famoso asesino me encanta, como prácticamente todo lo que hizo en los 70 y 80. Un tipo carismático este Warner.

Resumiendo, no puedo decir nada malo de esta película. Es esa clase de films que uno adora desde niño, y como comprenderéis para mi sigue siendo tan genial ahora como hace veinte años. ¿Qué la máquina del tiempo no sólo viaja en el tiempo y de Londres aparece en San Francisco sin explicación alguna? ¡Por mí como si aparece en Júpiter! Estamos hablando de McDowell contra Warner aquí. Además, qué sentido cuestionar eso en una peli que va de H.G. Wells persiguiendo a Jack el Destripador a través del tiempo...

Hablando de tiempo; ¿qué tendrán los personajes de Mary Steenburgen que tanto le gustan los crononautas?

jueves, 17 de diciembre de 2009

John Wayne y los guiones

Y no, no me refiero a eso que se aprenden los actores, sino a ese signo que separa las palabras. Y que según John Wayne separaba más cosas. Y lo dejó claro en un tema recitado llamado "The Hyphen". Ya lo dijo César Martín: "The Hyphen" fue su particular "One In A Million". Ya se sabe, al amigo John no le gustaba que le tocaran las... banderas.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

John Huston: parte I (1906-1946)

No es de extrañar que John Huston viniera a este mundo con un espíritu tan aventurero, pendenciero e individualista, sabiendo que sus abuelos habían llegado a conocer los últimos coletazos del "salvaje Oeste", y a algunos de sus personajes míticos. El abuelo materno de John fue un tal John Gore, un jovencito que había participado en la Guerra de Secesión y que pese a su espíritu de bala perdida había logrado contraer matrimonio con Adelia Richardson, la hija de un importante coronel de la Unión. John Gore era todo un personaje, un tipo con mil y un proyectos que desaparecía durante ciertos períodos de tiempo para correrse sus juergas alcohólicas tranquilamente, para luego reaparecer o llamar a su mujer o su hija para que fueran a buscarlo a algún decadente hotel de América. La hija del borrachuelo John y Adelia, Reah, conoció a un tal Walter Huston en St. Louis a principios de siglo, y pronto contrajeron matrimonio. Walter descendía de una familia de irlandeses y escoceses, y durante un tiempo dejó su profesión, una de las peores vistas en aquellos tiempos, para conseguir un trabajo normal y cuidar de su familia. Fue en esa época cuando John Huston vino al mundo, un 5 de agosto de 1906, en Nevada, una pequeña población de Misuri. Pero pronto su padre obtuvo un trabajo en una planta eléctrica de Weatherford, Tejas, y allí fue donde transcurrieron los primeros años del joven John.

La felicidad del matrimonio entre Walter y Reah pronto llegó a su fin, y la convivencia terminó cuando Walter decidió reactivar su carrera como actor. El joven John se quedó con su madre, quien no tardó en volver a casarse. El futuro actor y director debutó como intérprete a los cuatro años recitando en un escenario delante del público. Durante muchos años John padeció problemas de salud, debidos más a los malos consejos y dietas de los médicos que a la enfermedad en sí. Buscando mejores climas Reah y John se trasladaron a Arizona y más tarde a Los Ángeles. Al nuevo matrimonio no le quedaba mucho, y en California, una vez superada su anemia cuando un doctor lúcido detectó el problema, John comenzó a ir a un instituto y pasó a convertirse en un gran gamberrete vuela-edificios, y, de paso, en un atlético púgil. Su afición al boxeo le valió su característica nariz rota de boxeador. No tardó en dar con sus huesos en una academia militar, para ver si así le disciplinaban. Fue también en Los Ángeles donde Huston conoció otra de sus pasiones, el arte y la pintura, que estuvo a punto de ser su vocación, y donde también conoció a una jovencita actriz aficionada del instituto que con los años sería su primera esposa. Durante cortas temporadas John viajaba a Nueva York para ver a su padre y a pasar las vacaciones en casa de su tía Margaret, una estrella de la ópera casada con un multimillonario. De paso, John acudía cuando podía a los ensayos de la trupe teatral en la que estuviera su padre.

En una de esas ocasiones, en 1924, John Huston debutó como actor teatral participando en un par de obras, en una de las cuales conoció a Sam Jaffe, un actor y desde entonces amigo que participó en alguno de las posteriores clásicos de Huston. Poco después, tras superar un período de convalencencia, Huston viajó a Méjico, su segunda patria junto a Irlanda. En tierras mejicanas Huston desarrolló su afición a los caballos y disfrutó del ambiente postrevolucionario, siendo retado a un duelo de pistolas (sin embargo al final el retador no acudió a la cita), y convirtiéndose en miembro honorario de la caballería militar, hasta que su preocupada madre le obligó a volver a California. Allí Huston se prometió con la chica del teatro del instituto, y mientras ella acababa sus estudios Huston volvió a Méjico, viajando en mulas por montañas infestadas de bandidos (¿os suena a cierta película suya?) y codeándose con oficiales mejicanos de caballería pendencieros y borrachos, de esos que a la mínima desenfundan y disparan al techo o a su contrincante de póquer. Cuando su futura esposa, Dorothy, por fin estuvo lista, Huston regresó a Los Angeles.


Walter y John

Casado y sin un dólar en el bolsillo, Huston buscó algo en lo que ganarse en la vida. Retomó el boxeo brevemente, pero tras recibir una soberana paliza comprendió que aquello no tenía futuro. Finalmente escribió un relato corto que envió a su padre, y éste lo pasó a un amigo hasta que finalmente acabó publicado en la revista 'The American Mercury". Animado por el éxito, Huston y su esposa se trasladaron a Nueva York, donde el joven John estaba decidido a convertirse en escritor. No le fue demasiado bien, y acabó como reportero en un pequeño periódico donde trabajaba también su madre. A finales de los 20 un amigo, Herman Shulin, quien iba a trabajar junto a Sam Jaffe en la obra teatral de Grand Hotel, le pidió a Huston que dirigiera la obra. Huston aceptó y la obra fue un gran éxito. Shulin no olvidó el favor, y cuando fue requerido en Hollywood, le habló a Samuel Goldwyn del talento de escritor de Huston, y así el hijo de actor regresó, una vez más, a la moderna Babilonia. Sin embargo las cosas con Goldwyn no fueron bien, y Huston, de la mano de su padre, acabó en la Universal, donde aportó ciertas ideas para un film de William Wyler y el productor Paul Kohner. Sus ideas calaron y pronto debutó como guionista para Wyler con La casa de la discordia, una producción, paradójicamente, de Goldwyn, protagonizada por Walter Huston. De paso, John Huston debutó como actor cinematográfico en unos pocos cameos sin importancia.

Así durante gran parte de los 30 Huston trabajó como guionista, ya fuera aportando diálogos, una trama o un guión completo, en films como Murders in the Rue Morgue o It Happened in Paris. También durante ese tiempo el matrimonio con Dorothy se acabó, debido a varias infidelidades de Huston que acabaron con el espíritu de Dorothy quien, poco a poco, se hundió en el alcoholismo. Huston volvería a coincidir con su ex-esposa en Inglaterra, en un desastroso periplo inglés del Huston escritor para la Gaumont-British que acabó con él y un amigo recaudando dinero por las calles para poder sobrevivir. En Inglaterra el guionista y futuro director se despidió de Dorothy, quien finalmente sucumbió con una salud mermada por sus adicciones. De Inglaterra Huston se llevó esa amarga despedida, unos cuantos amigos, un breve encuentro con Hitchcock y una idea para el tratamiento de lo que sería Three Strangers. De vuelta a Hollywood, en 1937, Huston se casaba con una bella jovencita llamada Lesley Black.

De nuevo en Tinseltown Huston comenzó a trabajar para Hal Wallis de la Warner Bros, empezando con un guión para su amigo William Wyler, la prodigiosa Jezabel. También escribió, según su propio relato, un excelente guión para el film biográfico Juarez, que al parecer fue cercenado por las exigencias de la estrella protagonista, Paul Muni. Tras perder a su madre, Huston escribió otro guión y acudió a la llamada de su padre Walter para que le dirigiera en una obra de teatro. A su regreso colaboró con Howard Hawks en El sargento York.

Bajo un nuevo contrato bajo el patrocinio de Paul Kohner, Huston retuvo una opción para poder dirigir un film para la Warner si el estudio adaptaba un nuevo guión suyo. Así sucedió con El último refugio, un film que cambió para siempre la suerte de Humphrey Bogart, y que efectivamente le valió a Huston el derecho para dirigir su primer film. Y, de hecho, ese primer film iba a ser uno de los mejores debuts de todos los tiempos.

Huston eligió para su primer film lo que en realidad era un remake. Ya existía al menos una adaptación previa de la obra de Dashiell Hammett The Maltese Falcon, pero Huston sentía que no se había adaptado fielmente. Fue así como nacía el John Huston director de cine con esa maravilla titulada El halcón maltés, un film que redefinió las pautas hollywoodienses para el cine negro y que significó la consagración de Humphrey Bogart como estrella del cine e icono de la figura del duro detective privado. El rodaje fue como la seda, y tras cada día de rodaje Huston, Bogie, Peter Lorre, Ward Bond, Mary Astor se iban de copas como si se conocieran de toda al vida. Cuando tras el preestreno Huston le preguntó a Hal Wallis que le parecía el film, y éste le dijo que era bueno, a lo que Huston requirió: "¿Cómo de bueno?", contestando Hal: "Bueno", supo que lo había conseguido. En su siguiente proyecto Huston trabajó con su admirado escritor Howard Koch, que había llegado a la Warner por recomendación del propio John. Sin embargo el director aceptó el proyecto de Como ella sola tan sólo por trabajar con Koch, pero de hecho Huston puso muy poco interés al rodar el film.

Tras escribir junto a Koch una obra para Broadway, Huston se metió en el rodaje de Across The Pacific, una suerte de secuela de El halcón maltés, con prácticamente el mismo reparto, pero cuya trama ya tenía de por medio a malvados japoneses de grandes dientes dispuestos a acabar con América, y es que para entonces la Segunda Guerra Mundial ya había llamado a la puerta de Hollywood. De hecho Huston ni siquiera llegó a completar el film; en cuanto el Ejército requirió sus servicios el director partió hacia Washington, no sin antes dejarle un regalito a su sucesor. La última escena que rodó Huston colocaba al protagonista (Bogart) atado a una silla en una habitación rodeado de japoneses vigilantes armados con metralletas. La idea era dejar al siguiente director con el marrón de tener al protagonista en una situación tan imposible. Como bien imagináis, la solución para que Bogey saliera del aprieto fue tan cogida por los pelos que Huston se aseguró que Across The Pacific no pudiera rivalizar en modo alguno con su predecesora.

La labor de John Huston en el ejército fue la misma que la de otros directores, operadores de cámara, sonido, y demás: documentar los combates aliados y rodar con ellos films propagandísticos. En las primeras fases de la guerra Huston sirvió en el Pacífico, y tras regresar durante un breve lapso de tiempo a los Estados Unidos para montar el film Report from the Aleutians tuvo tiempo de intercambiar puñetazos pugilísticos con Errol Flynn durante una fiesta hollywoodiense. Huston fue derribado dos veces a las primeras de cambio, pero luego se repuso y ambos se intercambiaron golpes hasta que fueron separados por los invitados. No hubo ganador.

El siguiente destino del director fue el Norte de África, pero todo lo que rodó allí se perdió al hundirse el barco que transportaba el material grabado. Para salvar el culo él y su superior, Frank Capra, viajaron al desierto del Mojave para recrear un falso desembarco norteamericano en África, lo que el propió Huston calificó como una chapuza vergonzosa. Finalmente lograron salvar el pellejo recurriendo al material que los británicos habían rodado en África, que mezclaron con algunas escenas de su desembarco de pega. Posteriormente Huston cubrió el escenario italiano, viviendo de primera mano los duros combates de Nápoles, San Pietro y Cassino. Allí Huston rodó alguna de las escenas más duras y violentas de la guerra, e incluso tras la autocensura y el montaje final el ejército descartó el film por considerarlo antibélico. Finalmente fue el propio general George Marshall quien ordenó que la película debía estrenarse. En Nápoles Huston se reencontró brevemente con Bogart, quien había viajado allí para entretener a las tropas. Sin embargo la estancia de Bogey duró poco, especialmente después de mandar a tomar por culo a un general que acudió a protestar por el ruido que generaba una fiesta en la suite del actor a la que habían acudido técnicos, soldados, enfermeras y cualquiera que pasara por allí. El último trabajo de Huston para el ejército fue un documental sobre el tratamiento psiquiátrico que al regresar a casa recibían los veteranos que habían perdido el norte. Nuevamente el documental fue rechazado y no fue estrenado, yendo a parar a las cubetas de los archivos militares.

De vuelta en Hollywood, Huston se preparó para rodar un nuevo film, ya libre del servicio militar. Y esa nueva película estaba destinada a convertirse en otro gran clásico de la historia del cine.

martes, 15 de diciembre de 2009

John, has ido demasiado lejos esta vez

Sissy Spacek, una gran actriz, y, por supuesto, la gran y definitiva estudiante retorcida y acosada y con poderes mentales de Carrie. Y para quien esto escribe, una chica con un curioso sex-appeal, especialmente en el clásico de Brian de Palma. Será por la sensualidad del terror. Pero ésa es otra historia.

Lo cierto es que antes de acojonar a medio mundo con su terrible venganza estudiantil la pecosa Sissy fue una inocente jipi que se hacía llamar Rainbo, y que quedó horrorizada ante los desmanes de John Lennon con las drogas, la política, y, claro está, su famosa asertación de que los Beatles eran más grandes que el amigo JC. "John, You Were Too Far This Time", probablemente el himno jipi más moñas de todos los tiempos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Con destino a la Luna (1950)

Con destino a la Luna estaba destinada a ser la primera película de ciencia ficción de una nueva era. El productor George Pal tomó como excusa la novela de Robert Heinlein Rocketship Galileo (quien participó en el film como asesor técnico, desarrollando al tiempo una novela, de la misma forma que hiciera Arthur C. Clarke años después) para desarrollar un guión que contara la historia de un futuro viaje tripulado a la Luna. Como ya comenté al hablar de Cohete K-1. el productor Kurt Neumann aprovechó la enorme campaña publicitaria que George Pal puso al servicio de su proyecto, y el retraso en el rodaje del mismo, para rodar y estrenar en tiempo récord su propio film sobre viajes espaciales. Con destino a la Luna tuvo que conformarse con el segundo puesto en esta particular carrera espacial.

Y es precisamente la carrera espacial con los soviéticos lo que lleva a los personajes de Con destino a la Luna a lanzarse a desarrollar un cohete que sea capaz de llevar a tripulantes humanos a nuestro satélite. Este acto de prospectiva del guión no es el único del film. George Pal se aseguró de que la película fuera lo más fiel posible a la realidad, exceptuando unos cuantas libertades artísticas. Desde la ingravidez al lanzamiento y alunizaje, pasando por el desarrollo del cohete, el esfuerzo común de varias empresas norteamericanas en desarrollar y construir el cohete, los trajes espaciales y demás, Con destino a la Luna trata de forma bastante realista (con todo el realismo que se podía ofrecer siete años antes del lanzamiento del Sputnik) cómo podría ser un futuro viaje espacial a la Luna. De hecho varias partes de la trama resultarán familiares a los fans de Tintín y su periplo espacial. No me extrañaría que Hergé hubiera echado algún vistazo al film. La conexión con los dibujos no acaba ahí, y en la película aparece un corto de El pájaro loco que sirve para explicar al público en qué consiste eso de ir a la Luna. Dicho corto fue adaptado y usado años después por la NASA con el mismo fin.

De todas formas a parte de unas cuantas dosis de realismo, Con destino a la Luna nos hace vibrar con esos toques simpáticos y locos giros de guión tan característicos de la ciencia ficción cinematográfica que caracterizó el género durante los 50. Por ejemplo, la tripulación, que aunque no cuente con ningún vaquero ganadero como en Cohete K-1, cuenta con un técnico de radio que se apunta en el último minuto a la expedición, como prácticamente todos los demás. Aunque sin duda el mejor momento del film es del despegue. Resulta que el gobierno le niega el permiso a los científicos para que despeguen con su cohete por miedo al que dirán de los votantes, ya que el motor del cacharro es atómico. Pero ni cortos ni perezosos los científicos deciden prepararlo todo en unas horas y salir igual. Si amigos, lo de cruzar la frontera mejicana se queda en nada al lado de esto. ¡Aquí tenemos todo un cohete despegando clandestinamente! Impagable la escena del policía al que dejan atrás con una orden judicial en la mano, acordándose de la familia de Tsiolkovsky y sus aprendices.

En fin, la verdad es que por lo demás, y salvo que algún otro momento dramático tampoco demasiado realista, Con destino a la Luna es un film bastante logrado, acercándose bastante al aspecto de la Tierra vista desde el espacio y del paisaje lunar, al que uno de los tripulantes describe como una "devastación", como hiciera años después el mismísimo Buzz Aldrin. Con destino a la Luna no es tan descabelladamente entretenida como Cohete K-1, pero merece que se le eche un vistazo, aunque sólo sea por su importancia histórica. O por su esperpéntico despegue. Impagable.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Boy Wonder I Love You

Burt Ward, el mítico Robin de la todavía más mítica serie pop televisiva Batman, fue anulado en su día por el papel del sosias del hombre murciélago, y al igual que le pasó al bueno de Adam West, ya nunca pudo sacarse de encima la asociación con sus rumberos personajes televisivos. Y es que la serie llegó a ser realmente grande en su época, y tanto Adam como Burt recibían las atencioens de millones de fans. Burt, en especial, se convirtió en el ídolo de millones de quinceañeras norteamericanas que le enviaban toneladas y toneladas de misivas cada semana. Poco importa que Burt se meara en la serie y su personaje; allá donde fuera sería rodeado por un buen puñado de gritonas adolescentes histéricas.

Com todo en esta vida, eso tenía sus ventajas y sus inconvenientes. Para un pichabrava como lo era Burt en aquella época, si la adolescente era mona y pasional y nabokoviana pues eso le alegraba el día; pero si era una carabollo con granos, gafas y aparatos eso le hundía la moral. Y bueno, así pasó Burt Ward sus días de gloria: fumando, bebiendo, cobrando sus cheques por un papel que no le importaba nada, y cepillándose a la mitad de sus fans.

Bien, ¿y dónde queda la música en todo esto? Pues en que por supuesto, aprovechando el éxito de la serie, se comercializaron todo tipo de productos relacionados con Batman y Robin para solaz de los millones de jovencitos con bolsillos repletos de dólares. Y entre esos productos había, por supuesto, discos. Discos rápidos e infumables, sacados para aprovechar el momento.

Burt acabó firmando un contrato con la MGM Records para grabar unas cuantas canciones chorras que salieran rápido al mercado y llevaran su cara en la portada. Del proyecto se encargó Tom Wilson (sí, el mismo Tom de la Velvet, Dylan y cía), quien se encargó de producir las canciones y de buscar a una banda de acompañamiento para la estrella televisiva. Bien, ¿y a quién creéis que contrató?

Aquí la cosa se anima, porque Wilson llamó a una extraña caterva de piojosos músicos que habían firmado con la subsidiaria de la MGM Records especializada en jazz. Los extraños tipos eran nada más y nada menos que Frank Zappa y sus Mother of Invention. Sí, así es: Zappa y su banda se encargaron de los arreglos y hasta la composición de los temas que iba a cantar el 'Chico Maravilla'.

Primero Zappa le sugirió a Ward que grabaran "Orange Colored Sky", un tema poppie que según Zappa tenía un aire 'batmanesco'. Para la segunda cara del sencillo, dadas las pobres actitudes vocales de Burt Ward, se decidió que el actor recitara en vez de cantar. Así que sobre unos arreglos típicamente Zappa el 'Chico Maravilla' se puso a recitar. No recitó ningún poema ni ninguna letra de canción, no. Ward decidió leer una de las millones de misivas ñoñas que le enviaban cada semana sus fans adolescentes; como dice en la canción, la carta de alguna chiquilla just about your age. Es decir, de la edad de esas fans que iban a comprar en disco. Hablando en plata: Burt Ward dedicó la segunda cara de su disco a burlarse de sus millones de fans con acné que le agobiaban con sus tontas cartas. ¡Burt Ward, un cachondo con las cosas claras!

En fin, el resto, como se dice, es historia. El sencillo, como era de esperar, fue un éxito inmediato, pero finalmente tuvo que ser retirado debido a las protestas de las asociaciones cristianas, que no veían con buenos ojos la influencia que el 'Chico Maravilla' estaba teniendo en las mentes de millones de adolescentes bobalicones. Así que el mundo conoció tan sólo dos canciones de aquellas sesiones que Burt Ward grabara con Zappa y sus Mothers. Una lástima. La colaboración prometía. De todas formas, a partir de entonces la carrera de Zappa, como diría el propio Ward en sus memorias, sólo podía ir hacia arriba.


sábado, 12 de diciembre de 2009

Pienso, luego compuesto

Si con el pensamiento se caminara, ¿cuántas horas al día contigo estaría?
Proverbio español

"El pensador", por Auguste Rodin

Curiosidades de Bud Spencer

Tienen razón los de la Central Lechera Asturiana; no todas las leches son iguales.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Las crónicas de Sarah Connor T2: Terminator-bollito No More

Bueno, pues hace un tiempo acabé de ver la segunda temporada de Las crónicas de Sarah Connor, temporada que por desgracia será la última. Ya sabemos cómo se las gastan en la Fox, y como se ve que las expectativas en forma de espectadores no acababan de acompañar, se acabaron las aventuras de la milf guerrillera y su troupe. Una lástima, porque la serie tenía más del espíritu original de los dos primeros films que la tercera y cuarta partes.

Era una serie entretenida, la verdad; ninguna maravilla, pero se dejaba ver y tenía capítulos interesantes. Cierto es también que en esta segunda temporada había algún capítulo de morralla que no venía a cuento, pero la historia estaba interesante, y aunque el tipo que hace de John Connor seguía sin convencerme, ganaba en personalidad. Por no hablar del Terminator-bollito Summer Glau y una portentosa Lena Headey que hizo lo más difícil de la serie: el que no nos acordáramos a cada minuto de Linda Hamilton. O el sorprendente Brian Austin Green, un tipo que de "adolescente" era francamente repelente y ahora se ha convertido en un buen actor. También tenemos al divertido T-800 de Playskool Cromartie (un buen Garret Dillahunt) y a Shirley Manson como toda una revelación villana. Garbage nunca me dijeron mucho, pero Shirley era otra cosa; así que espero que siga actuando en papeles interesantes.

Pues nada, esperemos que caiga en el futuro algún otro proyecto interesante relacionado con el mundo Terminator, porque la cuarta parte no me dijo demasiado. Eso sí, recuperaba al gran Tyler (lo mejor que dio la serie V de largo, junto a la malvada Dian) en un papel que no duraba cinco segundos. Otro día hablaré de ese tipo, se lo merece. Y eso que nunca recuerdo como se llamaba el actor: ¡para mí siempre fue y será Tyler el rugbycundo!

jueves, 10 de diciembre de 2009

Una clase de magia

La verdad es que por esta época del año es difícil no recordar con cariño la grandeza de Freddie Mercury y las maravillas que grabó junto a Queen. No hay dudas al respecto: fue uno de los mejores cantantes, frontmen y compositores de la historia del rock. Muchos grandes héroes nos han dejado desde aquel noviembre del 91, pero a pocos echo a tanto de menos como al bueno de Freddie. Estos días he tenido bastante presente varios de los grandes éxitos de Queen. Entre ellos este "A Kind of Magic", una canción que por cierto tardé bastante en apreciar, pero que ahora tarareo cada dos por tres.

Por siempre, Freddie.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Diciembre: especial ¿música? pt.2 - Literal videos

Bien, amigos y amigas, tal como quisistéis la mayoría, en diciembre tendremos de nuevo un "especial ¿música?", donde lo inaudible se dará la mano con lo divertido, y con el horror, el horror. La verdad es que The Man tenía razón, estas fechas son ideales para rebuscar entre las grabaciones traumatizantes, y de paso sacar ideas para regalar a aquellas personas a las que sonríes bajo el muérdago mientras deseas que se los trague la Tierra. Lo siento por los que votaran en contra... ¡pero este blog va a sonar muy mal este mes! Habrá de todo, desde clásicos inaudibles del Popu y frikis que se graban en casa y se creen el próximo Wagner hasta esos famosos que nunca debieron dedicarse al cante y una ración picante de esos artistas hermanos de Sudamérica que pugnan por rivalizar contra nuestras Tamaras y demás bombas patrias. Sí, preparad vuestros oídos y el perejil... ¡el pandemonio musical ya está aquí!

Para ir abriendo boca, atacaremos con algo divertido, los literal videos. ¿Qué son los literal videos? me preguntas, mientras clavas tu codo en mi jarrón Ming azul. ¿Que qué son? ¿Y tú me lo preguntas? Pues sencillamente son versiones de hits del poprock que tenga un videoclip, y lo que hacen los cachondos que hay repartidos por la Tierra es regrabarlos sin cambiar nada, salvo la letra, que se convierte en una descripción literal de las imágenes del videoclip. Lo cual suele resultar en algo tronchante, claro. Por ejemplo, ahí va este literal video del "Take On Me" de A-ha; muy currado ciertamente. Dicen que fue el primer literal video, y se nota. Los momentos 'close up eyes' y demás están muy cachondos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Profesores de gimnasia

Los profesores de gimnasia son un tipo distinto de profesor. No son como los de matemáticas o los de latín. Los profesores de gimnasia son enseñantes que cuando llueve no pueden dar clase. Profesores que no tienen barriga ni están calvos. En su clase tal vez puedas jugar al fútbol. En clase de lengua no. Los profesores de gimnasia son... curiosos. Pero, ¿cuántos tipos de profesores de gimnasia hay? Lo que van a leer ustedes a continuación es una clasificación de profesores de gimnasia basada totalmente en experiencias personales y en una encuesta realizada la otra noche en sueños.
Cualquier parecido con la realidad es mera incontinencia.

  • El borrachín: Subespecie del 'profesorus carajillerus', este profesor de gimnasia puede ser visto con roja congestión en su rostro y vaho permanente en el frío invierno. Pero, salvo lo del vaho, el resto del año su cara seguirá tan roja como un triunfante general romano. Probablemente no sea demasiado persistente en obligar a sus alumnos a moverse, o los dejará corriendo mientras se va al bar a tomar la "última".
  • El hitleriano: Suele ser practicante de una o varias artes marciales. Vive por y para el ejercicio, y odia la grasa. Llevará a sus alumnos hasta la extenuación en largas marchas y carreras continuas salvajes, y se ensañará especialmente con los gordos y los torpes de la clase. Eso sí, nunca hará distinción de sexos. ¿Acaso no lo sabéis? ¡Esto es Esparta!
  • El 'Javier Clemente': He aquí a un hombre frustrado. Un hombre que soñaba con ser entrenador del Madrid o del Barça, pero que ha acabado sus días encerrado en un mísero colegio o instituto, malgastando sus vastos conocimientos futbolísticos. Aprovechará cualquier ocasión para organizar partidos de fútbol, y si le obligan a ello, tal vez organice grupos de balonmano o baloncesto. Ensayará tácticas con sus alumnos mientras trata, infructuosamente, de descubrir al próximo Maradona entre la caterva de mocosos que tiene a su cargo. Su moral se hundirá definitivamente cuando sea consciente de que su colegio no participa en ninguna liguilla regional de alumnos futboleros.
  • El teórico: Es el opuesto del hitleriano. Vive en su mundo de cifras y pulso, y concibe la gimnasia como un eterno diagrama. Enterrará a sus alumnos en gráficas, apuntes de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos y demás zarandajas, y les pedirá que hagan seguimientos de pulsaciones y elaboren apuntes con calentamientos, precalentamientos, postcalentamientos, calenturas, calentorros y demás cosas de los altos hornos. Su gran pasión son las tablas de ejercicios y más que por su estado físico evaluará a sus alumnos por los dibujines que hagan en las tablas de estiramientos. Pocas veces será más feliz que en las ocasiones en que llueve y tiene que dar clase en el gimnasio, donde podrá explayarse con sus ejercicios teóricos y sus tablas de números.
  • El clásico: Especie en peligro de extinción, hoy sobrevive en parques naturales de colegios concertados y privados. La gimnasia se la trae al pairo, y si es profesor de gimnasia es porque no valía para otra cosa, y bien feliz que es tocándose las partes todo el día. Suele hacer gala de una gran barriga, puede lucir bigote y siempre lleva bajo el brazo el As o el Marca. Para él las clases de gimnasia son un eterno deporte libre, y cuanto menos le molesten los alumnos o tenga que preocuparse de ellos, mejor. Este profesor de gimnasia es el mejor amigo de las señoras de limpieza.
  • La tia buena: Una especie reciente, producto de las nuevas pruebas y oposiciones del Estado que exigen un cierto nivel físico a los profesores de deporte. Luce cuerpazo y si encima tiene una cara bonita será el sueño húmedo de sus compañeros profesores, y de la mitad de su clase. Sus alumnos masculinos nunca estarán más atentos a la forma correcto de realizar los estiramientos.
  • El creativo: Trabaja el estado físico de sus alumnos mediante juegos, yancanas de esas, carreritas de atrápalo si puedes, el juego del pañuelo, toma el dinero y corre y un sin fin de pruebas divertidas e imaginativas que dirige a golpe de silbato. Si sus alumnos le piden jugar al fútbol se lleva un gran disgusto. Sin duda, este especimente de profesor de gimnasia es todo dedicación e ilusión.
  • El deportista de élite: Es notable por sus continuas ausencias preparándose para su próxima maratón, campeonato o lo que sea que tenga en el calendario. De vez en cuando aparece por allí para poner notas. Sus alumnos dan clase con un gran número de sustitutos e interinos.
  • El enfermo: Se parece al deportista en el hecho de que nunca se le ve el pelo. Es el que siempre está de baja por enfermedad, depresión, entierro de familiar, muerte de mascota, chichón en primogénito y cosas así. Su apariencia es un misterio.
  • El manitas: Subespecie de profesor de gimnasia cuya mayor virtud es su diligencia y atención. Con las chicas, claro. Siempre estará dispuesto a ayudarlas en los estiramientos, en las pruebas de hacer el pino, en las danzas populares y en la expresión corporal. Que si apoyáte aquí, que si déjame que ponga la mano acá... vamos, que es un pulpo de tomo y lomo. Gusta de aparecer por el vestuario de las chicas sin llamar para comunicar algo de última hora... por supuesto, las chicas le odian y los chicos también, porque toca donde ellos no pueden. Pero son tiempos difíciles para esta subespecie de profesor de gimnasia, y parece que por suerte tiene a desaparecer, como el pájaro dodo. Exacto. Un pájaro es lo que está hecho este tipo de profesor.
Ah, la clase de gimnasia y sus profesores. Que sería de la élite deportiva española sin ellos y ellas. Y de los escaqueos y solaces de los alumnos. No tendrán depresión los profesores de gimnasia, no.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Agáchate, maldito (1971)

En 1968 el 'espagueti western' alcanzaba su apogeo. Ese año se estrenaban nada más y nada menos que 77 westerns italianos, una cifra más que suficiente para saturar un mercado que vivía de un éxito momentáneo y una moda pasajera que Sergio Leone había ayudado a poner en el mapa. Por supuesto, él había hecho más que eso. Había recordado a Hollywood la grandeza del western, y había revitalizado el género con un modo tan original como clásico. Sus westerns operísticos no sólo influyeron en Clint Eastwood. Otros directores se dejaron querer por aquel "nuevo" western, fuera por imposición de unos productores ávidos de obtener dinero del nuevo filón, o por propias inquietudes artísticas. Sin embargo, en su nuevo apartamento del Trastevere, Sergio Leone se replanteaba su futuro, cansado del Viejo Oeste. No era el único. Como se vería con el tiempo, el western como género cinematográfico popular estaba condenado. Por ser breves, podríamos decir que la Guerra de Vietnam acabó con él. La política lo inundaba todo. Y convulsiones políticas no las había sólo en Estados Unidos. El mayo francés, Budapest, Praga... parecía que la revolución había vuelto a las calles. No es de extrañar pues que llegara también al cine, el western incluido. En Italia Damiano Damiani daba un primer paso con Yo soy la revolución, de 1966. El director negaba que su película fuera un western. Había caballos, pero, ¿significaba eso que la película fuera un western?

Mientras, en Hollywood, aparte de la política, el revisionismo en el western (que quizás era, a la postre, también política) estaba en marcha. No sólo el historicismo académico se replanteaba el papel de los indios en el nacimiento y desarrollo de los Estados Unidos; no sólo se comenzaba a retratar a los nativos americanos como algo más que un tiro al blanco. En su irrefenable expansión la gran potencia también había chocado con otro pueblo: los mejicanos.

Fue en el rodaje de Hasta que llegó su hora donde Leone leyó por primera vez el borrador que Sergio Donati había escrito a partir de un tratamiento llamado México ambientado en la Revolución Mejicana de principios del siglo XX. Aunque en un principio el director no quedó muy entusiasmado, finalmente el pesimismo que imbuía a la historia de Donati le acabó subyugando. Consiguió el apoyo de la United Artists, y comenzó a buscar a un director, pues su idea inicial era ejercer de productor. Peter Bogdanovich fue el primer elegido para dirigir la película, pero tras unos pocos meses quedó claro que Leone y él no se entendían, y tampoco parecía que a la United Artists le entusiasmara la idea, así que finalmente se cayó del proyecto.

Leone propuso tener a Jason Robards y Eli Wallach como protagonistas, pero la United quería nombres grandes. Se habló también de incluir a Malcom McDowell y Clint Eastwood en el proyecto. El director se reunió también con Sam Peckinpah. Según Leone y Donati, finalmente el norteamericano se echó atrás. Según Peckinpah, ni siquiera se planteó rodar el film. Con el tiempo pisándole los talones, finalmente el propio Leone se sentó tras las cámaras, lo cual no era de extrañar, pues al in y al cabo había estado implicado en el desarrollo del guión y del proyecto desde el principio.

Para interpretar al ladrón mejicano Juan Miranda (papel que Leone había querido para Wallach) el estudio propuso a Rod Steiger, a quien Leone le dio el visto bueno. Difícilmente podía pasar por mejicano, pero desde era un buen actor. Para interpretar al ex-miembro del IRA Sean/John Mallory, Leone contactó una vez más con James Coburn, con quien había querido trabajar desde los días de Por un puñado de dólares. Coburn tuvo sus dudas, pero tras pedir consejo a Henry Fonda, acabó aceptando.

Agáchate, maldito se inicia muy al estilo Leone, con un primer plano de una meada sobre una colonia de hormigas. ¿Una metáfora de la opresión de los poderosos, o simplemente la forma ideal de presentar al sucio e inmoral Juan Miranda? La lucha de clases pronto quedará todavía más patente cuando Miranda se suba como pasajero a una diligencia de lujo. Descalzo, sucio y maloliente, Miranda contrasta claramente con el resto de pasajeros, un puñado representativo de las altas esferas: empresarios, políticos, la Iglesia. Los pasajeros debaten sobre la condición de los pobres y los desheredados. De planos medios pasamos a primeros planos de los rostros. La gente bien debate, opina, despreciando a las clases bajas. Un silencioso Juan se convierte en convidado de piedra a un diálogo de ricachones. Juan se convierte pronto en el bufón, en la prueba científica de los argumentos. No sabemos todavía si es un simple o se esconde tras la piel de cordero. Los planos cada vez son más cortos. La cámara se centra en las miradas, las bocas. Unas bocas que vomitan palabras vacías, reflexiones heredadas como si fueran latifundios, mientras engullen comida sin parar. Un empresario norteamericano clama contra los negros. Otro ricachón se burla de Juan. Su mujer se escandaliza pensando en cómo las familias pobres fornican en las noches con otros familiares y ovejas, en unas oscuras orgías incestuosas. El cura trata de mostrarse comprensivo, más por su condición que por su verdadera naturaleza. Tras sus palabras se esconde la vieja hipocresía eclesiástica.

La escena de la diligencia es sin duda de lo mejor del film, tanto técnicamente como en el modo fiero en que Leone retrata a las altas esferas. El director nos muestra a la clase alta como una caterva de sepulcros blanqueados, que esconden el miedo al populacho, la hipocresía religiosa y moral. La dama de alta sociedad critica aquello que en el fondo parece desear, y su marido pierde su altanería a la vista del primer cañón. Justo antes de que Leone nos presente al irlandés John, el director nos ha colocado directamente ante la lucha de clases, el germen de la revolución. El rebaño está dirigido por unas esferas corruptas y anquilosadas y adaptadas a un sistema injusto y atroz. En el fondo los ricos saben esta gran verdad, en el fondo de sus espíritus y sus carteras repletas. Por eso temen al pueblo, a la revolución, a Zapata y a Villa. Por eso se aferran al poder, y responden al levantamiento con brutalidad. En defintiva, el ocaso de la dictadura mejicana que muestra Leone tiene reminiscencias del ocaso de Mussolini.

Del mismo modo, la relación entre Juan y el dinamitero John es totalmente quijotesca. Tras un pequeño intercambio de balas y dinamita, los dos parten hacia Mesa Verde, el sueño dorado de Juan. Mesa Verde es el lugar donde hay un banco repleto de oro, un banco donde el padre de Juan fue apresado en un intento frustrado de atraco. Por eso Juan ve en John el vehículo perfecto para lograr su objetivo.

Su andadura tiene lugar en medio de la convulsión de la revolución, una revolución que importa poco a Juan, y que conmueve (aunque no lo parezca) a un John que ya vivió la suya en Irlanda. Pero al igual que el escudero Sancho, Juan se verá influenciado y subyugado por el ideario de John y por las circunstancias. Y donde digo circunstancias quiero decir represión brutal del Estado. Una represión que viene, de nuevo, de lo contemporáneo, de la propia vida de Leone; no es difícil, al ver ciertas escenas, cambiar Méjico por el gueto de Varsovia en el 44. La tropa de élite prusiana en el film no es casual.

De todos los films que rodara Leone desde su primer western Agáchate, maldito es seguramente el más olvidado de todos. Cuando hablamos de Sergio Leone siempre acudimos a su "Trilogía del dólar", a Érase una vez en América o nos acercamos Hasta que llegó su hora. Quizás sea porque la película no era tan grandilocuente como sus films anteriores, o porque no era el western que el público pueda esperar, o tal vez porque falló en los Estados Unidos (como explicaría Coburn: "Así que hice el film y, ¿qué ocurrió? Se estrenó en Norteamérica como Duck, You Sucker, ¡y nadie fue a verlo!"). Pero Agáchate, maldito tiene, al fin y al cabo, el pulso de Leone: sus escenas de fuerte contenido visual y su humor escatológico, sus personajes de doble lectura y doble moral, flashbacks recurrentes (inspirados en esta ocasión en la obra de John Ford), la violencia y el sexo sucio y rápido, su pesimismo misántropo y los originales planos con curiosos movimientos de los actores y divertidas sorpresas (léase, la escena del vagón de tren). Todo lo que hizo grande a Leone y nos entusiasma a sus fans está ahí, pero quizás de modo más disperso, o tal vez de modo más indirecto. Agáchate, maldito no es una obra menor, pero sí una obra diferente, cuya historia de hombres poco heroicos (no sólo en el sentido normal del término, sino también en el sentido del antihéroe del cine leoniano) tal vez no sea un directo en la cara como sus tres primeros westerns, o un potente y bello crochet en la mandíbula, o un ciclópeo bildungsroman mafioso. Pero es un estupendo film de un gran director, con todo lo que eso supone: hay que verla. Si eres fan de Sergio Leone y no la has visto, ¿a qué esperas?

viernes, 4 de diciembre de 2009

Esto se hunde

Si algo tenían las comedias de situación británicas respecto a las norteamericanas, allá por los 60 y 70, es que las primeras eran bastante más atrevidas, picantes y políticamente incorrectas, y eso que hacían gala del típico humor británico donde la sal gorda queda enmascarada tras las palabras, las frases sin terminar y los gestos de los intérpretes. Esto se hunde trató de ir un poco más allá durante cuatro temporadas haciendo de cuatro perdedores los héroes de la serie, y de lo políticamente incorrecto su bandera. Nada que en realidad no se haya superado hoy en día; comedias británicas como Little Britain o La pareja basura son mucho más sucias, pero con todo Esto se hunde tiene el toque elegante de la comedia británica clásica, que dio muchas buenas cosas en los 70. Y, con todo, ¿imáginais a, pongamos por ejemplo, una comedia española actual haciendo chistes flagrantes sobre gays, inmigrantes y demás? Bueno, Aida tiene mucho de eso, pero no han faltado indignados y agrupaciones quejumbrosas. Al fin y al cabo, en el humor, como en todo la vida, la cuestión estriba en saberlo hacer, en hacerlo "con gracia", y por encima de todo, con mucha inteligencia. Esto último es lo que tiene Esto se hunde: inteligencia, gracejo, y sobretodo, un personaje: Rigsby.

Rigsby es el típico perfil del perdedor de la comedia inglesa. Es una mezcla del Basil Fawlty de Fawlty Towers, del George Roper de Un hombre en casa y del Mauricio Colmenero de Aida. En definitiva, Rigsby es el ruín casero de un cochambroso edificio de inquilinos donde la humedad campa a sus anchas. Rigsby es tacaño, avaricioso y con una gran concepción de sí mismo. Es aparentemente racista y ultraconservador, aunque en realidad todo su discurso se basa más en la desconfianza que la política o el color de la piel. Al final Rigsby es uno de esos tipos que se arrima al ascua que más le conviene.


Alan, Phillip y el gran Rigsby

Junto a Rigsby aparecen a lo largo de la serie tres inquilinos permanentes, tan perdedores y solitarios como él. Primero está la señorita Jones, una solterona que ronda la cuarentena y que se desespera por encontrar a su Príncipe Azul. Rigsby está colado por ella, pero, por supuesto, la señorita Jones tendrá ojos para cualquier visitante o vendedor a domicilio pero nunca para el pobre Rigsby. Luego está Alan, un bienintencionado melenudo estudiante de Medicina que tiene poco éxito con las mujeres, y que tiene en común con los niños más cosas de las que él desearía. El último inquilino en discordia es Phillip, un joven apuesto e inteligente que presume de ser el hijo de un jefe tribal del África negra. Por supuesto el pelo de Alan y el color de piel de Phillip serán objetivo constante de los ataques del enratonado Rigsby. A lo largo de la serie además de todos estos inquilinos irán apareciendo otros inquilinos ocasionales más vendedores, curas y demás que animarán el cotarro en cada episodio.
Esto se hunde es pura comedia británica, al estilo de esas que solían llegar aquí en los 70, y una de tantas predecesoras de series contemporáneas como Black Books o The IT Crowd. De modo que si gustan las sitcoms británicas, y especialmente las clásicas, Esto se hunde está hecha para vosotros. Sólo por ver a Leonard Rositter (un tipo que trabajó dos veces con Kubrick nada menos) interpretando al carroñero Rigsby merece la pena ver la serie. Y en España le dobló Carlos Revilla, la voz inmortal de Homer. Ahí queda eso.