domingo, 30 de enero de 2011

Roberts Blossom, el viejo siniestro

El hábito no hace al monje, no juzgues a un libro por su cubierta, y demás, aunque estos refranes no suelen ser tenidos en cuenta por los niños, en cuya imaginación cualquier cosa es posible. Por ejemplo, un viejo solitario con una pala puede convertirse en un despiadado asesino del que, dicen, mató a su familia y la enterró en algún lugar.

Y si una cosa hay que reconocerle al malogrado John Hughes es el buen ojo que solía tener para el reparto. Y uno de sus grandes aciertos en Solo en casa fue elegir para el papel de viejo siniestro a Roberts Blossom, uno de esos actores de carácter con un físico peculiar difícil de olvidar. Y desde luego el maldito Kevin McCallister tenía sus razones para estar aterrado. El diabólico carisma de Blossom es de antología.

Roberts Blossom nació en plenos años 20 en la localidad de New Haven, Connecticut. Dispuso de una buena educación y fue uno de esos afortunados que pudo acudir a la prestigiosa Harvard. Todo indicaba a que se ganaría la vida como terapeuta, pero Blossom es uno de esos secundarios para los que el gusanillo de la interpretación llegó algo tarde, y mediados los años 50 decidió que quería probar eso de la actuación.

Su carrera se desarrolló como la de muchos otros en la época: comenzó actuando en pequeños papeles en obras teatrales, donde fue subiendo peldaños hasta ser llamado por la televisión. Su debut en el cine se retrasaría hasta 1971, cuando debutó en la extraña Anatomía de un hospital, de Arthur Hiller. El gran punto de inflexión en la carrera de Blossom no tardaría en llegar. El film de culto Deranged, en la que Blossom interpretaba a un psicópata basado en el saqueador de tumbas y fugaz asesino Ed Gein, fue la película que puso a Blossom en la mira de muchos, gracias a su extraño físico, sus ojos penetrantes y su evidente talento interpretativo.

Fue entonces cuando comenzaron a llegar papeles en producciones de peso como El gran Gatsby, donde interpretaba al padre de Robert Redford, Encuentros en la Tercera Fase o Fuga de Alcatraz, donde tuvo un inolvidable papel como el viejo y peculiar preso amante de la pintura.

Tras Resurrección y algunos telefilmes, el casi sexagenario Blossom entró los 80 pletórico de forma, con barba y con el papel de viejo extraño y retorcido que, como quedaría demostrado, tan bien le iba. Sus escenas en Christine son de lo mejor de la película. John Carpenter dio en la diana otorgándole ese papel, y no es raro que años después el amigo Chris Columbus siguiera sus pasos. Tras otros pocos films que desde luego no eran Christine (¿Loco por ti? mmm ¡desde luego ésa no parece Deranged!) Blossom volvió a la televisión donde le sacaron jugo a sus pintas de viejo extraño y aterrador en series como Cuentos asombrosos, Historias del más allá, ese remake titulado Más allá de los límites de la realidad y... Luz de luna.

En 1988 Blossom volvía al cine de mano de un grande, Scorsese, y su peculiar La última tentación de Cristo. Ya en los 90 le tenemos como lo mejor de Solo en casa junto a Joe Pesci, para después encontrarle junto al inefable Michael J. Fox en Doc Hollywood.

Al final de su carrera Blossom volvió a las series (Doctor en Alaska) y los telefilmes, y se despidió de la gran pantalla con la amorfa Rápida y mortal. En 1999 decía adiós al mundo de la interpretación para dedicarse a cultivar la poesía y tal vez tomates o lechugas, armado con su pala...

Una lástima, seguro que en el nuevo milenio, con todas esas magníficas series, su físico y su talento habrían podido dar mucho de sí. Pero al menos tenemos Deranged, su escena en la serrería de Alcatraz, su grandioso papel en Christine y... sí, al fin y al cabo, en Solo en casa estaba tan estupendo y tétrico como siempre. Roberts Blossom... wicked old man!

jueves, 27 de enero de 2011

Camera Café

La verdad es que cuando comencé a oir hablar de Camera Café y eché unos vistazos la verdad es que me llamó más bien poco la atención, pero con eso de que a esas horas no había nada mejor me fui enganchando, y finalmente descubrí que esta serie de importación podía tener sus momentos. De hecho de todas las comedias televisivas patrias que he visto no recuerdo otra donde pudiera llegar a haber unos diálogos tan enrevesados y bien construidos a la vez. No siempre era así, por desgracia, y había muchos episodios bastante lineales, pero cuando los guionistas estaban inspirados, podían llegar a ofrecer, lo crean o no, momentos especialmente brillantes.

La muestra que os dejo aquí estaría en un término medio, pero me gusta por aquello que decía Homer de "es gracioso porque es verdad"; el primer minuto ya es pura telerrealidad: dos tíos hablando de porquerías gore y destripamientos como si nada, llega una chica, habla de su ciclo... ¡y los tíos se ponen blancos! La teoría Homer funciona.

Y sobre la veracidad del resto del episodio... bien, lo dejo ahí, a debate.

miércoles, 26 de enero de 2011

4

...and counting.



Decididamente sólo Draco podía rivalizar con la cuenta de números del pinbol de Barrio Sésamo. En fin, me pregunto si en homenaje a tanto groove debería llegar hasta el doce.

martes, 25 de enero de 2011

¿Se acuerda de mí, Mayor?

Ya que estoy con videoclips cortitos (¿se podría hacer una minisección con esto?), ahí va una de las grandes citas célebres del amigo Schwarzenegger. ¡Ah, Commando! Realmente nunca una película se acercó tanto a un videojuego de tiros.

La disciplina de Jimi

Jimi y Dick hablando de disciplinas compositivas y demás.

D- ¿Te levantas cada mañana y trabajas?
J- Intento levantarme cada mañana.

Ya sabía Jimi lo que se decía, ya.

Éste es sólo un fragmento de una de tantas entrevistas interesantes que realizó el amigo Dick Cavett en su programa. Si jipiáis algo de inglés y no conocéis su programa, buscad en youtube (hay unas cuantas completas) o en el internés. Merecen muy mucho la pena. Y luego también había actuaciones. ¡Un programa muy completo! Y con entrevistas como Dios manda, no las fast food interviews que se llevan ahora. Aunque ahora que lo pienso, creo que Dick y su programa se merecen una entrada, también, como Dios manda.


lunes, 24 de enero de 2011

Silencio

No se puede decir que haya demasiadas filmaciones circulando de los Deep Purple mkI, pero entre las muchas cosas que tenemos que agradecerle a Hugh Hefner tenemos este documento, y muchos otros de otras bandas.

Más o menos ya estaba casi todo ahí, aunque de esta etapa y filmación destacaría el pelucón de Jon Lord, los aun existentes intentos de Blackmore por sonreir, y lo nervioso que se pone el Hombre de Negro a los pocos segundos de que le deje su guitarra a Hefner para hacer el paripé. Sí, la cosa ya estaba ahí.

Y, por supuesto, "Hush", el primer gran hit.

domingo, 23 de enero de 2011

Nancy Kovack

Ya se sabe, en este mundo siempre hay alguna conexión extraña y todos estamos a seis pasos de Kevin Bacon. ¿Quien pudiera pensar que una peli como Jasón y los Argonautas pudiera tener algún tipo de conexión con el maestro Zubin Mehta? Increíble pero cierto. La clave está en la curvilínea Nancy Kovack, quien unos años después de participar en el viejo clásico de Harryhausen contrajo matrimonio con el director de orquesta. ¡No tenía mal gusto este Mehta! A ver si un día cojo un grupo de guitarras distorsionadas y les pongo a hacer versiones del amigo Zubin. Les grabaré un disco y lo titularé Heavy Mehta...

Bien, después de este chiste desastroso estoy seguro de que necesitaréis algo más visual. Pero antes, unos pequeños datos biográficos. Nancy Kovack comenzó su carrera como una de las chicas de Jackie Gleason, se forjó en la pequeña pantalla, desde donde no tardó en pasar al cine, donde rodó algunos títulos reseñables como Frankie and Johnny, junto al mismísimo Elvis, el clásico de Vincent Price Diary of a Madman, y por supuesta la citada maravilla de Harryhausen. Aun así la Kovack siempre se dejó ver sobretodo en la televisión, y la podréis encontrar en varias de las series más famosas de aquellos años: La Hora de Alfred Hitchock, Mi bella genio, Batman, Perry Mason... ya sabéis. Bien, y ahora, unas fotilios.



Y un enlacillo, venga.

viernes, 21 de enero de 2011

Ciclo de Tschai: El Planeta de la Aventura

Nada hay como unos buenos libros de aventuras para que te acompañen durante la adolescencia. Los títulos van cambiando, algunas generaciones tuvieron algunos específicos, aunque siempre hay autores que se repiten tarde o temprano (los Verne, Dumas, Stevenson, y demás). Algunos de esos clásicos también tuvieron cabida en aquellos mis años mozos, pero si hubiera de citar una saga de aventuras específica, aunque sólo fuera por número de relecturas, esa sería sin duda el Ciclo de Tschai, cuyo autor no es otro que el insigne escritor de ciencia ficción Jack Vance.

Cuando llegué a la trilogía de El señor de los anillos probablemente fuera ya demasiado tarde. Me gustaron los libros, y por supuesto las películas, aunque dudo que vuelva a revisar los primeros. No así El hobbit, título al que seguro volveré algún día de estos. Pero en fin, donde para algunos los nombres de Frodo, Gollum o La Comarca son como de la familia, para mí lo son Adam Reith, Ankhe at Afraam Anacho o Ao Hidis. Cada verano que me iba al pueblo raro era que no volviera a leerme las increíbles hazañas del humano Adam Reith en el planeta alienígena de Tschai. Hasta que dejé de ir, y allí se quedaron todos aquellos momentos. Hasta que muchos, muchos años después, he retomado aquellas historias, volviendo a disfrutar como el primer día.

Dice la publicidad de mis libros (una vieja edición de los 80; ni idea si se han vuelto a reeditar) que el Ciclo de Tschai es la tetralogía más famosa de la ciencia ficción. Bueno, no sé cuantas tetralogías hay, se me ocurre que si no ando equivocado insignes como Arthur C. Clarke y Asimov tuvieron las suyas. Pero dudo que haya una mejor tetralogía de ciencia ficción y aventuras que ésta.

Efectivamente, el Ciclo de Tschai se compone de cuatro libros: Los Chasch, Los Wankh, Los Dirdir y los Pnume. Uno por cada una de las razas dominantes en el planeta de Tschai, al que, en algún momento del futuro, acude una espacionave terrestre tras haber recibido, dos siglos atrás, una señal de radio. Adam Reith y otro explorador son enviados en una lanzadera para tomar contacto con el planeta, justo a tiempo para ver cómo un proyectil destruye la nave terrestre. Adam Reith y su compañero logran un aterrizaje forzoso, pero el otro explorador pronto tendrá un mal encuentro con unos nada amistosos nativos. Así, Adam Reith se quedará solo y aislado en un planeta hostil, con un único objetivo: sobrevivir, y volver a la Tierra.

Como decía, ha sido muy divertido seguir de nuevo las fascinantes aventuras de Reith, con su típica adaptabilidad e irrespetuosidad humanas, poniendo patas arriba siglos de statu quo en su empeño por salir de ese planeta extraño. Si podéis imaginar un cruce imposible entre Star Wars, las andanzas del errante Conan y la imaginería de El señor de los anillos, quizás os podáis hacer una idea de lo que contienen esos cuatro libros.

Uno de los puentos fuertes del libro son la imaginación de Vance y la profundidad (toda la profundidad que supongo se puede dar en un libro así) de las razas alienígenas, para las que el escritor crea unas singularidades y unos particulares trazos psicológicos bastante logrados. Aunque, por otro lado, evidentemente esto no es ciencia ficción, por decirlo así, "metafísica", a la manera de los ya citados, por poner un ejemplo, Asimov o Clarke. El Ciclo de Tschai no deja de ser un libro de aventuras, como los clásicos de los que ya he hablado, y que Vance leyó de niño como muchos de nosotros, adaptado al subgénero de la ciencia ficción. Los cuatro libros que componen esta estupenda tetralogía no dejan de ser puro y excelso entretenimiento.

Quizás, con los años, el único pero que podría poner son un arranque y una conclusión quizás demasiado rápidas, pero de todas formas, en una historia de estas características no creo que sean convenientes demasiadas disquisiciones. Y, por supuesto, en aras de la acción, las razas alienígenas a las que se enfrenta Reith son antropoides. Al fin y al cabo, ¿quién porras puede vibrar con una escena de lucha entre un humano y unas algas inteligentes, o algo así?

El Ciclo de Tschai, aventuras espaciales con las que seguro podrá disfrutar cualquier lector de espíritu ligero y que se haya solazado, en algún momento de su vida, con cualquier referente de aventuras de los ya citados aquí. Dudo que algún día el Ciclo de Tschai (y su horrible subtítulo) salga del estatus de obra de culto y llegue a ser archipopular como El señor de los anillos, aunque ya se ha hecho algun cómic al que no me importaría echarle un vistazo. Desde que leí por primera vez estos libros sueño con una adaptación cinematográfica, aunque llevarla a cabo como el Gran Pez de Sibol manda me temo que exigiría un presupuesto a lo James Cameron. Pero al menos me conformaría con una adaptación animada, que sale más barata.

Hasta entonces, no hagáis como yo con Tolkien y esperéis a la película. Si podéis, echarle mano a esta tetralogía que, si os atrapa, la devoraréis en un suspiro.

jueves, 20 de enero de 2011

Ricky Gervais la lía parda

Estos yanquis nunca cambiarán, ya han montado un lío como cuando se le vio un mísero pezón a Janet Jackson (si llega a ser el de Traci Lords probablemente habría sido el fin de la civilización occidental tal como la conocemos).

Bueno, supongo que ya habréis oído de qué va el asunto: el británico Ricky Gervais la lió parda como presentador de los Globos de Oro, y se encargó de que esta vez (era su segunda vez, y por lo que he leído, creo que ha declarado que la primera se había aburrido mucho) nadie le olvidara. Desde luego no hizo concesiones, cargó contra todo el que pasaba por allí, y la reacción de gritos y murmullos al chiste sobre la Cienciología (y, leyendo entre líneas, su máximo y más famoso adalid) es sintomático. ¡Seguro que la mitad del público eran androides cienciólogos! En fin, la cosa no es para tanto. ¡Si Don Rickles se labró una carrera con ese tipo de humor! Ah, qué tiempos nos toca vivir.

Bueno, para quienes no hayáis visto la inolvidable performance del amigo Ricky, ahí va un vídeo subtitulado con algunos de los mejores momentos. Sólo falta la presentación que le hizo a Robert Downey Jr., a quien por supuesto le recordó su movido pasado.

Yo creo que la Academia de aquí debería tomar nota, y buscar a un presentador kamikaze para los Goya. Seguro que ya nadie les echará en cara lo aburridas que son sus galas.

martes, 18 de enero de 2011

I Don't Tip

La verdad es que me sorprende que el Globo de Oro al mejor actor televisivo en un drama no haya ido a parar a Bryan Cranston o al amigo Michael C. Hall de Dexter, pero no puedo alegrarme más de que haya ido a parar a manos de Steve Buscemi, uno de los mejores intérpretes de las últimas décadas, un currito del cine, y uno de esos actores que destacan del resto con un aura y un físico peculiares, como aquellos Peter Lorre del pasado.

Evidentemente no nos hacen falta que le lluevan los premios para reconocer su labor, pero no está de más que un talento así reciba el reconocimiento que se merece. Aún no he comenzado a ver Boardwalk Empire, pero lo haré tarde o temprano, intentando sortear opiniones positivas o negativas (aunque ya me he topado con algunas, pero bueno, ¡espero poder evitar otras tantas!).

Hay muchas escenas impagables en el cine o la televisión con las que rendir un pequeño homenaje al amigo Steve, pero baste con esta sencilla escena de Reservoir Dogs que muestra la particular idiosincrasia del Señor Rosa.

lunes, 17 de enero de 2011

Reencarnación funky espacial

La verdad es que no me cuesta imaginarme al gran Marvin soltando, como hace a mitad de esta canción, un rollo cósmico-místico a alguna nena para llevársela a la cama, en plan "hola, seguro que sabes quien soy, sabes, creo que nos conocimos en una vida anterior, súbete a mi cama espacial". Al fin y al cabo, todos sabemos cuáles eran las dos grandes pasiones de tito Marvin.

¿Qué como definiría en unas pocas palabras la música de Marvin Gaye? Smooth... very smooth.



Y si queréis vivir la odisea espacial funky completa, pinchad aquí. lait yiiiirs!

sábado, 15 de enero de 2011

AHP - La última fuga

Alfred Hitchcock Presenta... supongo que no hacen falta demasiadas presentaciones. Una de las series míticas por excelencia de la televisión, nacida en realidad, y entre otras razones, para llenar todavía más los bolsillos del gran Hitch. Pero a cambio ofreció la que quizás fuera la mejor serie de su época, ofreciendo suspense e historias retorcidas (todo lo retorcidas que podían ser las historias en la televisión de aquellos días, claro), muchas de ellas dirigidas por él mismo. Supongo que algún día, cuando vea sistemáticamente todas las temporadas, hablaré del AHP clásico.

Hoy vengo hablaros de su remake ochentero, en especial de cierto episodio. Y es que obviamente yo no pude disfrutar de la serie original (ni tengo constancia de que llegara a emitirse en España hasta la llegada de las autonómicas, aunque puede ser que se emitiera antes, no podría asegurarlo) , pero sí recuerdo haber visto algunos episodios del nuevo Alfred Hitchcock Presenta, en la que reciclaban las míticas presentaciones del director (coloreadas, por supuesto... ¡ah, los 80!), y más de un episodio antiguo.

Imagino que la nueva remesa de episodios no era emitida precisamente en horario infantil, pero supongo que de algún modo conseguí evadir las restricciones de horarios y pude ver algunos capítulos. Hubo dos que me impactaron especialmente; no sé si sólo vi ese par de episodios, o si al ser los que peor cuerpo me dejaron son los únicos que recuerdo. Pero desde luego tenían unos finales que nunca olvidé.

El primero, como he averiguado ahora, muchos años después, era una revisión de una de las viejas tramas de la serie original. No desvelaré demasiado; tan sólo decir que la historia contenía una venganza, y que nunca olvidé las palabras que, desde el coche, decía aquella mujer: "¡Es él! ¡es él! ¡es él!". Atómico final, amigos.

El segundo se titulaba, y se titula (tras realizar algunas pesquisas, di con él), "La última fuga". El episodio giraba entorno a una mujer que siempre ha conseguido lo que quiere, usando sus armas sexys y su sensualidad, que es enviada a la cárcel. Evidentemente pronto comenzará a rumiar la forma de salir de allí.

Con los años apenas recordaba la brumosa trama, el detalle de gracioso de que cierto personaje se parecía mucho al loco bedel de mi colegio, pero en negro, y ese final apoteósico que me dejó con la mandíbula por los suelos.

Evidentemente visto hoy en día "La última fuga" tiene más que ver con un teledrama que con la fantástica serie original, pero sigue teniendo ese final que no sé si debe a que están rehaciendo otro episodio antiguo, o que simplemente lograron hacer un cierre consistente.

La verdad es que 25 años después, y visto por primera vez, no sé qué impacto pueda tener ese final. Quizás no os diga nada, u os parezca del montón. Yo evidentemente era un crío, pero aún hoy, a pesar de todos los defectos que pueda haber, que los hay, la conclusión me sigue pareciendo que tiene bemoles.

En fin, si podéis perder veintipico minutos en corroborar o refutar mi teoría, os incrusto el episodio, y os dejo el enlace del mismo aquí por si las moscas.


viernes, 14 de enero de 2011

Me lo dijo un pajarito

¿Quién podía hacer una versión de Marvin Gaye y no parecer un sucio guiñapo blanco en el suelo? ¡John Fogerty y sus muchachos, por supuesto!

Y para seguir siendo feliz y no arrancarme las orejas, seguiré haciendo como si el amigo John nunca se hubiera acercado a estos andurriales...

jueves, 13 de enero de 2011

Flores para Algernon

Siendo un joven púber, ya con la adolescencia ad portas, conocí un verano a un tal Charlie Gordon. Un gran tipo, de treintapocos años, con una mentalidad, sin embargo, a la altura de la mía, o tal vez menos. Charlie trabajaba en una panadería, y allí llevaba a cabo sus tareas feliz y despreocupado, partiéndose de risa cuando sus compañeros le gastaban alguna broma. Y sin embargo, algún vacío que no alcanzaba a comprender le impelía a querer superarse, a estudiar, a acudir a las clases especiales para adultos de la señorita Kinnian. Fue ese empuje, y fueron esas ganas de aprender, las que le llevaron a un viaje fascinante y lleno de interrogantes.

Muchos años después he vuelto a reecontrarme con Charlie, he vuelto a viajar con él. Ya no recuerdo cómo llegué a conocerle, si fue por aquella película, Charly, o si fue la historia de Charlie la que me llevó a la película. Pero hoy, como entonces, su historia me ha seguido fascinando, planteando dudas, me ha divertido, y, de nuevo, también me ha emocionado.

Ya hace más de medio siglo desde que apareciera aquel relato corto en la revista The Magazine of Fantasy & Science Fiction, un relato que causó sensación, ganó premios, y descubrió a muchos el talento del psicólogo y escritor Daniel Kayes. Algunos años después llegó la novela, Flores para Algernon, un inmediato best-seller con una historia atípica que planteaba, entonces como ahora, muchas cuestiones e interrogaciones. No es de extrañar que todavía hoy se siga leyendo y estudiando en universidades y siga siendo lectura recomendada en colegios e institutos. Es el libro perfecto para clase de ética, sociales o similares, aunque yo habría odiado llegar a la novela de esa forma. Nada peor para aborrecer libros fantásticos que las lecturas obligadas. Pero, ¿qué otra manera hay de inculcar el valor de según que libros?

Supongo que al final todo se trata de gustos, personalidades, y el momento adecuado. Ya hace muchos años disfruté Flores para Algernon, aunque luego por desgracia el libro se perdió, quien sabe en qué manos. Quizás entonces no fuera consciente de todas las implicaciones de la novela de Kayes, pero ciertamente me dejó huella. Es uno de esos libros que siempre tendré presente, aunque tarde otro porrón de años en volver a leerlo.

Y es por ello que os lo recomiendo. Desde luego la ciencia ficción nunca fue tan cercana.

martes, 11 de enero de 2011

Tron (1982)

Sin Tron no hubiera sido posible Toy Story. John Lasseter

Para los lectores habituales y visitantes más avispados no resultará sorprendente el que afirme que para mí Tron es más que una película. No es que viva dentro de ese film, pues por ejemplo hay otras películas que he visto mucha más veces (Condorman sin ir más lejos, pero ésa es otra historia), pero desde luego Tron es uno de los films que me marcaron en su día y que van conmigo a todas partes de una u otra forma. Ni siquiera tengo la película en DVD ni nada, la veo cuando la echan por la tele, o si acaso recurro al camello cibernético de mi barrio. Quizás por eso ver Tron siempre sea un pequeño acontecimiento para mí. Siempre es un placer volver a ese mundo de colores brillantes y luces de neón, y diseños tan curiosos. En un principio había reservado esta crítica para más adelante, casi a modo aniversario de este blog, pero bueno ya que ahora vuelven a estar de moda las batallas con disco y las motos de luz, adelantaré acontecimientos y hablaré de Tron, una peli de cabecera.


Todo empezó en Boston, aen un pequeño estudio de animación que se habían montado a principio de los 70 unos tales Steven Lisberger (el equivalente mejicano no-sindicado de Steven Spielberg... no, es broma) y Eric Ladd. Con más pretensiones artísticas que comerciales, uno de sus cortos llamó la atención y fue nominado a premios importantes. Fue entonces cuando Lisberger y Ladd cayeron en la cuenta de que para ir más allá necesitarían más ayudantes, y por lo tanto, más dinero. El equipo aumentó a seis personas y el estudio comenzó a realizar anuncios y pequeños cortos animados para Sesame Street.

Muy pronto el estudio desarrolló la animación de contraluz (la base para el futuro aspecto de Tron) para crear nuevos personajes. Los animadores John Norton y Roger Allers crearon un personaje de neón líquido que lanzaba discos y le volvían como si fueran frisbis.-boomerang Al ser supuestamente un personaje electrónico le bautizaron como "Tron", y después lo vendieron para anunciar una cadena de radio.
A finales de los 70 Lisberger conoció al productor Donald Kushner, a quien le gustó el trabajo de Lisberger y su equipo. Fue a través de Kushner como consiguieron su primer gran contrato: un par de películas animadas sobre los Juegos Olímpicos de invierno y verano que serían emitidas por la NBC como parte de su retransmisión de los juegos. En el proceso de creación Lisberger y sus muchachos se mudaron a California, donde podían conseguir un estudio más grande con más animadores y mejor equipo. Su película de animales en los JJOO de invierno fue emitida con éxito, sin embargo, cuando los americanos boicotearon los juegos de Moscú, la película para el verano fue cancelada. Fue entonces cuando Lisberger decidió llevar adelante una idea que tenían en el estudio desde hacia tiempo: rodar una película con su personaje brillante de neón "Tron" como protagonista.

Cuando desarrollaron la historia y el personaje de Tron se convirtió en una especie de gladiador informático, Tron, la película, pasó de ser un proyecto independiente a un gran film para el que deberían buscar apoyo financiero en los grandes estudios. Lisberger y su equipo empezaron a contactar con expertos informáticos como Alan Kaye para asesorarse sobre cómo funcionaba la informática de entonces, lo cual sería la base para desarrollar personajes y escenarios. Por otro lado comenzaron a entrar y salir del estudio artistas diversos que comenzaron a trabajar en la conceptualización de la historia y los diseños. A partir de ahí se escribió un guión, realizaron el storyboard y junto con los diseños conceptuales de los artistas lo presentaron a la Disney. Si iban a hacer una película animada, ¿qué mejor estudio que Disney?

Lo cierto es que por lo visto allí nadie pareció entender nada; ¿un tipo que entra y sale de un ordenador? ¿programas que luchan? ¿motos de luz? Pero la presentación era única y vieron que era algo diferente a todo lo demás, y era lo que andaban buscando en la compañía desde hacía tiempo. Hay que aclarar que por entonces Disney no era la supercompañía que es hoy, ni la poderosa productora de los tiempos de tito Walt. En aquellos días el estudio ya llevaba tiempo en decadencia, y para entonces era un estudio venerable pero anticuado. Por eso el factor relevante para que en Disney decidieran darle una oportunidad a aquellos locos fue el gran éxito que los videojuegos estaban teniendo en todo el mundo, especialmente en Norteamérica. Por tanto el mercado para Tron ya estaba allí, sólo hacia falta la película.

Sin embargo, al ser el primer film de Lisberger los capos de Disney le exigieron una prueba antes para comprobar que sabía lo que se hacía. Le permiteron rodar unas escenas para ver si era capaz de manejarse y comprobar que la técnica funcionaría. Lisberger rodó esas escenas sobre un fondo blanco y retocó los fotogramas para mostrar que su concepto visual era posible. Efectivamente, en la compañía comprobaron que podía hacerse, y le dieron luz verde al proyecto. Sin embargo el director acabaría rodando sobre fondos negros por problemas de iluminación.

El problema ahora era la simulación por ordenador, una técnica prácticamente nueva que todavía estaba en pañales. Para dirigir las animaciones y contribuir a los diseños se eligió a Richard Taylor, un creativo de la compañía de efectos digitales Triple-I. Para contribuir con más diseños y conceptos se llamó a Syd Mead, quien daría un toque futurista al film, y al dibujante Jean Giraud "Moebius" , que aportaría sus creaciones experimentales y sus diseños espirituales. Se esperaba que la combinación de ambos talentos dieron a la película un aspecto único y diferente, como así fue. Por último el artista Peter Lloyd se encargaría de repasar todos los diseños para darles un pequeño toque de aerografía. También se encargaría a Moebius que repasara el guión gráfico, para mejorarlo con su inmenso talento.

Para el reparto se contactó con Jeff Bridges para el papel principal de Flynn y su alter ego informático, Clu. El actor aceptó atraído por la novedad del proyecto. Sin embargo el actor que encarnaría a Tron no lo vio tan claro. Bruce Boxleitner, un hombre nacido con un apellido para el mundo de los videojuegos, sería el Kirk Douglas de esta especie de "Espartaco" cibernético. Y aunque al principio no lo vio claro, si Disney apoyaba el proyecto y estaba Bridges a bordo, por algo sería, así que finalmente dijo que sí. El villano habría tenido que ser Peter O'Toole, pero tras leer el guión afirmó que prefería ser Tron. En el estudio no debieron de aclararse si el amigo O'Toole hablaba en serio o no, pero eso de actuar frente a pantallas vacías no parecía ir con él y finalmente reachazó el proyecto. Así es como entró en la película el carismático David Warner, un tipo que siempre le daba a sus villanos un pequeño toque retorcido. Para la heroína se barajó, entre otros, el nombre de Debbie Harry (¡eso habría sido un concepto interesante!), pero finalmente sería la bella Cindy Morgan, una perfecta aventurera rubia, quien interpretaría a la amazona informática de la película. Cuando Morgan vio el traje ceñido que tendría que llevar, se marchó y dijo que estaría en el gimnasio hasta que no perdiera dos kilos y medio. Desde luego fuera o no por el gimnasio el traje le quedaba estupendo. La coquilla que habían de llevar los actores dio más problemas. Se rumorea que a Bridges le tuvieron que poner una especie de faldita porque su "memoria RAM" abultaba demasiado. Por otro lado, al parecer la especie de coquilla que llevaban los actores no era lo bastante cómoda para que sentaran. Ya sabéis, resultaba tirante en cierta parte... Sí, ahí. Así que no se sentaron demasiado durante el rodaje. Para lograr el ambiente correcto llenaron el estudio de maquinitas y videojuegos , lo que ocasionó algún que otro problema a la hora de que los actores dejaran una partida a mitad cuando tenían que ir a rodar.

Para lograr el aspecto deseado los actores llevaban trajes blancos con circuitos pintados encima y actuaban delante de un fondo negro. Entonces eran fotografiados en blanco y negro y los fotogramas se introducían en una máquina de rotoscopia, haciendo negativos y positivos hasta completar cinco exposiciones por personaje, para luego fotografiar cada capa. En resumen, un trabajo de chinos. Los fotogramas más simples tenían de cinco a seis capas, mientras que los más complicados podían alcanzar las 25 capas.

La técnica era tan lenta que pronto se dieron cuenta de que debían ahorrar tiempo o les llevaría 80 semanas más completar el film, así que recurrieron a Taiwan, donde enviaron fotogramas para que fueran pintados. La primera remesa llegó empaquetada y ya dio problemas, porque se habían almacenado las pinturas sin secar, y estaban pegadas. También se dieron cuenta de que había algún problema con la película de Kodak, o en el proceso, porque algunos fotogramas de repente variaban de tono, como si aparecieran chispazos de claridad. Lisberger lo solucionó añadiendo luces que se movían, destellos luminosos y efectos de sonido en los momentos en que la película fallaba. Al fin y al cabo, estaban en un mundo electrónico y podían hacer lo que quisieran.


¡El malvado Zark!

Para crear las animaciones por ordenador (como por entonces no se podían combinar escenas en vivo con escenas de animación informática, la mayor parte del film tiene más de artesanía que de computadoras) se trabajó con distintas compañías pioneras en la animación digital. Una trabajaba principalmente con objetos geométricos, mientras otra partía de la superposición de líneas y estructuras. De nuevo la combinación de ambos estilos dio un buen resultado. Para dar movimiento a las animaciones no había programas ni ratones, tan sólo órdenes tecleadas y números para fijar las coordenadas en ejes X, Y y Z, así como grados de inclinación y demás. En cristiano, esto significaba que para cada 4 segundos de imagen se necesitaban 600 números . Así que se transcribían las coordenadas en papel (por no haber, ¡no había ni disquetes! De hecho trabajaban con ordenadores de ¡2 megabytes de memoria!) y algún pobre programador debía pasarse horas introduciendo números en un ordenador. Y bien, después de todo este trabajo de esclavos de Ramsés II, ¡la Academia se negó a nominar a Tron a la categoría de los efectos especiales por haber usado un ordenador! Es decir, por haber hecho trampas... lo que prueba que en este mundo no hay dos instituciones más delirantes que la Academia de los Oscar y la Iglesia Católica.

Evidentemente comparar los efectos informáticos de Tron con lo que se hace ahora es como comparar a un tipo haciendo fuego con dos piedras con una central nuclear. Los efectos utilizados en Tron han quedado desfasados, pero obviamente en su día fueron un importante avance en el campo de los efectos digitales. Además la cantidad de trabajo que llevó hacer el film sigue dando sus frutos: sí, quien vea ahora la película verá efectos viejunos, pero muchos de los efectos que creerá hechos por ordenador fueron hechos de forma artesanal, lo que es una buena muestra de la excepcional labor que realizó el equipo de efectos especiales.

En efecto, los efectos ahora parecen poca cosa, pero los diseños siguen siendo, en mi opinión, muy válidos hoy en día. Tuvieron a excelentes artistas aportando conceptos increíbles, y a pesar de su antigüedad el universo de Tron sigue siendo más rico que, por ejemplo, el de Matrix.

Ya fuera porque Tron estaba adelantada a su tiempo, o por que el público prefería los videojuegos de verdad (de hecho el videjuego de la película recaudó más que la propia película), el film no fue el revulsivo en taquilla que la Disney esparaba, y el estudio continuó su descenso a los infiernos. De todas formas muy pronto se convirtió en película de culto, y a pesar de que Tron es uno de esos imanes para frikis de todas las clases y colores, sigue siendo un film con una trama muy especial, innovadora en su época, y con un inevitable encanto kitsch, como los bits flotantes que sólo dicen sí y no por sus polos positivos y negativos, momentos impagables como el de "te gustaría acabar trabajando de calculadora" (¡increíble amenaza!), y frases delirantes que no sé si tendrán algun sentido para un informático de hoy en día: "hay que estar muy atentos a las macros ocultas", "la torre de input/output", "en marcha la prueba lógica"... ¡desde las puertas romboides de Star Wars no se escuchaban frases así!

Por supuesto, en la época hubo escenas que nos volaron la quijotera a muchos infantes, como las vertiginosas carreras de motos de luz, los guardianes aplastadores, los tanques, e incluso la lucha con discos, cuyo concepto no es más que lanzamientos de frisbis, pero que sigue funcionando muy bien. O si no, ya veremos qué pasa con la segunda parte que ya está aquí. Y es que el legado de Tron no es sólo un título, es un hecho.

lunes, 10 de enero de 2011

Berta Collado

Berta Collado no sólo lo está, sino que además es muy buena en lo suyo. Sin ella las sobremesas serían mucho más tristes. De hecho quería ilustrar su talento con el video de su imitación de la socorrista tóxica pero no lo he encontrado, así que os dejo un enlace a una mini-entrevista suya para que la conozcáis mejor, por si alguno se anima a pretenderla. ¡Ah, esas piernotas interminables!

sábado, 8 de enero de 2011

El reinado de Elvis: 1970

El 8 de enero de 1970 Elvis Presley cumplía 35 años, de los cuales llevaba prácticamente quince reinando en la cima de los dioses del rock. Muchas cosas habían pasado desde entonces, habían habido cambios, y parte de la inocencia original había quedado sobre el camino. Pero al que muchos llamaban el Rey seguía teniendo aquel mágico don de conmover con su voz, y continuaba siendo imbatible sobre un escenario, como había demostrado algunos meses atrás en Las Vegas. Dos días después de celebrar su onomástica, Elvis se reunía con su banda y sus coristas para comenzar a ensayar su próximo espectáculo en la Ciudad del Vicio. Los nombres y los rostros serían prácticamente los mismos, salvo por el batería Ronnie Tutt, que tras desavenencias económicas había sido sustituido por Bob Lanning, y por el teclista Larry Muhoberac, que había preferido en esta ocasión centrarse en sus trabajos en el estudio. Fue sustituido por Glen D. Hardin, con quien contactaran el año anterior para entrar en la banda.

Tras nueve días de ensayos Elvis y los demás se trasladaron a Las Vegas para seguir practicando junto a los grupos coristas y la orquesta. La nueva idea del Coronel Parker era grabar un álbum en vivo recogiendo algunas fechas de sus actuaciones en Las Vegas, para llevar la experiencia del retorno a los escenarios a todo el mundo. En esta ocasión el repertorio no se centraría tanto en los viejos clásicos y se ocuparía más de temas recientes como "In the Ghetto" o la versión de Neil Diamond "Sweet Caroline". De hecho Elvis había decidido incluir en el repertorio versiones de éxitos de la época como "Proud Mary" o "Polk Salad Annie".

Aquella segunda ronda de shows en Las Vegas no hizo sino confirmar el excelente momento por el que estaba pasando Elvis, recuperando la garra del pasado pero con mucha mayor versatilidad, como hicieron notar muchas crónicas de la época. Elvis se comía el escenario, su voz parecía amoldarse a todos los temas, se ridiculizaba con sus comentarios entre canción y canción, lanzaba besitos a las damas del público y dejaba caer sus pañuelos entre una jauría de fans enloquecidas. No es difícil imaginarse un concierto de aquellos que realizaría durante febrero de aquel año, y que dio lugar al álbum en directo On Stage. Elvis vestido de blanco, con sus solapas gigantes y su cinturón ancho, poniendo al público a tono desde el comienzo con la electrizante "See See Rider", con la banda compacta como la piedra dirigida por James Burton, los arreglos de viento y las coristas negras arropando al gran hombre. Se mostraba simpático, alegre, distendido, despierto, y no dudaba en improvisar un "Everybody Loves Somebody" si veía a Dean Martin entre el público. Y parte de esa magia quedaría reflejada en el álbum en directo que aparecería en junio de aquel año.

Elvis no tardó en abrir su círculo a los miembros del grupo y las coristas. Muchas veces, tras el concierto, se reunían todos en el camerino de Elvis, y allí hacían el ganso y hablaban; por ejemplo Estelle, una de las coristas de las Sweet Inspirations, una chica muy religiosa, gustaba de hablar sobre religión con Elvis, y de vez en cuando le leía pasajes de La vida impersonal. Muchas noches la fiesta continuaba en la suite del cantante, pero allí el ambiente era mucho menos sano y distendido. Es decir, si alguna chica entraba allí... bueno, podía darse por... ya sabéis. Si no por Elvis, sí por cualquier de sus súbditos de la Memphis Mafia, quienes volaban en círculos como buitres alrededor de las chicas hasta que Elvis elegía la suya, y entonces se avalanzaban sobre las demás. El desenfreno sexual aumentó entre los chicos, o quizás fuera más bien el sentido de impunidad. En California, en Los Angeles, todos habían engañado a sus esposas o novias, pero por la noche tenían que regresar a sus hogares familiares. En Las Vegas, en cambio, nadie les esperaba... y, por tanto, la fiesta no tenía por qué acabar.

Acabados los conciertos en Las Vegas, Elvis se marchó a Houston donde actuaría tres días (con doble sesión) durante la fiesta ganadera de la ciudad. Las entradas volaron en segundos. Tras unos conciertos que fueron de menos a más, con problemas de sonido y mala acústica, Presley regresó a Los Angeles a descansar. Mientras, como siempre, el coronel no descansaba. Le comunicó al International Hotel que quizás su protegido no volviera en agosto para otra ronda de conciertos en Las Vegas. Tenía en mente una gira extensa, e incluso una película, pero no una película de Hollywood, aquello estaba acabado. Sería un film sobre la gira, al estilo de los documentales musicales que tanto éxito estaban teniendo por entonces. También le rondaba otra idea por la cabeza, otra manera de generar ingresos: los derechos por la emisión en circuito cerrado de un único concierto de Elvis. Así que mientras el cantante descansaba, su mánager trataba de dar forma a todas sus ideas de ganar pasta.

El concierto televisado quedó más cerca de ser viable cuando dos promotores contactaron con el coronel para una minigira de quince fechas en la Costa Oeste. En realidad habían contactado con él tiempo atrás, pero Parker rechazó la propuesta, y les hizo saber que Elvis no iba a salir de gira. En posteriores reuniones se discutieron otras opciones, pero el coronel las rechazó todas. Fue tras la actuación en Houston cuando los promotores le hablaron de un único concierto en un estadio de Los Angeles. Como ya los tenía donde quería, el coronel se puso paternalista, les dio consejos sobre el negocio, y cómo hacer negocios con él, y soltó la noticia sorpresa: lo que él quería era un concierto retransmitido por televisión. No era algo que se hubiera intentado nunca antes, pero seguro que en muchas partes alguien le estaba dando vueltas al asunto. Sin darles tiempo a procesar todo lo que estaba pasando, el coronel desgranó su propuesta, e hizo su oferta: un millón de dólares y otros cien mil en concepto de gastos. El 75 por ciento de los beneficios iría para Elvis después de que los promotores hubieran recaudado el primer medio millón. Los promotores aceptaron. El coronel les había realizado una oferta que no podían rechazar.

En junio Elvis volvía al estudio B de la RCA en Nashville, abandonado los estudios American de Memphis en favor de los deseos de Felton Jarvis, quien quiera alejarse del área de influencia que "Chips" Moman había tenido en las anteriores sesiones de grabación. Además, Elvis le había pedido que se dedicara en exclusiva a producir su música, con lo que la RCA le extendió un nuevo contrato para poder olvidarse de cualquier otra que no fuera la música de Elvis. Otra novedad era la nueva mesa de dieciséis pistas del estudio, todo un reto para Felton, quien no era un gran técnico ni ingeniero. Para compensarlo esta vez Jarvis trajo a sus propios músicos para acompañar a Elvis y a James Burton, el guitarrista de la banda de directo del cantante.

Tras finiquitar el nuevo grupo de canciones, Elvis regresó a Memphis, donde descansó hasta mediados de julio, cuando debían comenzar los ensayos para la próxima gira. La banda (con Ronnie Tutt de vuelta a las baquetas) se reunió en Los Angeles, donde conformaron una base antes de partir a Las Vegas, ya que finalmente el coronel había llegado a un acuerdo con el International Hotel para otra ronda de conciertos de Presley. Formarían parte de una gira más extensa que finalmente sería filmada por las cámaras de la MGM, el estudio que haría posible la película que el coronel tenía en mente.

El 14 de agosto llegaba a la prensa una noticia desagradable: una camarera había interpuesto una demanda de paternidad contra Elvis. Era algo que seguramente tarde o temprano debía ocurrir, y aunque el propio Elvis acabó bromeando sobre ello en sus conciertos, su preocupación por el tema fue muy seria. Era algo contra lo que siempre la había advertido el coronel. Un desliz como aquél bien podía hundir su carrera. Y si algo aterrorizaba a Elvis era perder a su público.

Pero aquello casi quedó en nada cuando empezaron a llegar, a finales de aquel mes, amenazas de secuestro, llamadas telefónicas oscuras a miembros del entorno de Elvis, y un aviso sobre un complot para acabar con él durante una de sus actuaciones. Un asustado Elvis llamó a los miembros de más confianza de la Memfis Mafia, incluido Red West, con quien había tenido una relación tirante y lejana desde la boda del cantante. Elvis les dijo que les necesitaba, y que confiaba en ellos, para después ponerse a llorar delante de ellos y su padre, pidiendo que si alguien acababa con él, "le arrancaran los ojos".

La seguridad se extremó y se tomaron todo tipo de precauciones. Los guardaespaldas de la Memfis Mafia se repartieron por delante del escenario, mientras policías de paisano se mezclaban entre el público. Entre bastidores se colocó a un médico con unidades de sangre y un equipo de reanimación. Los nervios estaban a flor de piel, y cuando un tipo gritó "¡Elvis!" todos creyeron que el momento había llegado, pero era tan sólo un fan queriendo pedir una canción. Finalmente no ocurrió nada aquella noche, pero la tensión emocional había sido enorme. Para relajarse Elvis tuvo la oportunidad de empezar a conocer mejor a su nueva corista, Kathy Westmoreland, una excelente voz con quien comenzó a charlar de música, aunque la relación podía alcanzar un nuevo nivel en cualquier momento. Aunque como Kathy era virgen, Elvis decidió no forzar las cosas.

Tras acabar en Las Vegas a principio de septiembre, el coronel había acordado seis fechas para la gira en diferentes ciudades. Hubo problemas técnicos, y una amenaza de bomba, aunque no se lo dijeron a Elvis hasta después de haber actuado en el recinto, lo que le enfureció, sobretodo porque no podía entender por qué alguien habría de querer hacerle daño. De todas formas en general la experiencia fue buena, sobretodo porque Elvis había comenzado a aburrirse de Las Vegas, y se sentía mejor en la carretera (aunque ahora viajaba en avión), junto a los que creía eran sus verdaderos fans. Tal vez por eso no se sintiera muy animado de tener que volver a Nashville a finales de septiembre para grabar dos o tres temas más con los que completar el nuevo álbum de enfoque country que habían comenzado en junio.

A Elvis le hizo mucho más ilusión volver a Memphis, donde en una ceremonia privada le otorgaron una insignia oficial de ayudante de sheriff. Ya tenía un título honorífico, pero ahora esa insignia le daba derecho a llevar pistola. Como a un buen sureño a Elvis siempre le habían interesado la ley y las armas, y evidentemente por motivos de seguridad el cantante vivía rodeado de pistolas, ya que miembros de la Memfis Mafia como Red y Sonny West, encargados de la seguridad, siempre llevaban algún revólver con ellos. Pero el acontecimiento de la insignia oficial iba a iniciar una nueva fiebre en el mundo de Elvis: las insignias y las armas.

Mientras tanto en noviembre llegaba la esperada película documental de Elvis, que finalmente recogía la experiencia de ver en vivo al Rey en Las Vegas. Elvis: That's the Way It Is recogía fragmentos de los ensayos del cantante con su banda, momentos de Elvis en privado antes y después del concierto, y lo más importante, mostraba al mundo toda la parafernalia que rodeaba a un concierto de Elvis en Las Vegas. Tras pasar por la supervisión del coronel (quien por supuesto mandó hacer muchos cambios para que nada empañara la imagen de su protegido), el film se estrenó con un buen recibimiento, como era de esperar. ¡Todo el mundo quería ver a Elvis en acción!

En privado, Elvis seguía acechando a Kathy Westmoreland con su lado tierno y sus inquietudes espirituales, aunque en público seguía haciéndose el macho dominante. Con todos los chicos delante denunció anunciar, para consternación de Kathy, su virginidad. La cantante salió disparada para hacer las maletas, pero Elvis fue tras ella y en su habitación puso su cara de perrito abandonado y la hizo cambiar de idea. Y, cosas de la vida, aquella misma noche finalmente Kathy dejó de ser virgen.

El 10 de noviembre Elvis comenzaba una nueva gira en Oakland. A su paso por Los Angeles rompía récords de taquilla desbancando a Beatles y Stones, y en un momento de alegría decidió comprarles una casa a Joe Esposito y a su mujer. No contento con eso comenzó a comprar casas y coches al resto de los chicos y sus mujeres. Cuando su padre protestó, Elvis le compró un Mercedes. Pero eso no le aplacó, así que Vernon recurrió a Priscilla. Los dos fueron a ver a Elvis y decidieron hablarle seriamente. No podía seguir así. Si seguía malgastando el dinero acabaría en la ruina. Un incrédulo Elvis les dijo que era su dinero y se lo gastaba como quería, para luego anunciar que se largaba. Al principio Vernon creía que era un farol, pero varias horas después la cosa cambio, porque nadie sabía nada de él. La alarma saltó en el universo del Rey, y el pánico pronto hizo aparición. Al fin y al cabo, todos dependían de él para vivir. Finalmente Jerry Schilling recibió una llamada del gran hombre, informándole de que estaba en Dallas, tras volver de Washington D.C., y de que debía ir a recogerle al aeropuerto. Así fue como Elvis finiquitó el asunto de los gastos a lo loco.

En el vuelo de vuelta Elvis coincidió con un senador republicano, y el cantante se puso a charlar con él. Fue entonces cuando se le ocurrió que sería una buena idea ver al presidente. Así que al llegar a casa escribió una carta para Richard Nixon en la que le hacía saber su preocupación por el estado de América, la cultura de las drogas, los hippies, los radicales, los Panteras Negras y demás. Según creía él, como cantante popular no era un enemigo de todas esas hordas de comunistas, sino que formaba parte de ese sistema bañado en ácido y rock. Así que desde dentro podía serle muy útil al presidente y a la DEA (el departamento antidrogas). En un viaje relámpago Elvis y algunos de los chicos viajaron a Washington y el cantante le hizo llegar la carta al presidente, haciéndole saber dónde y cómo podía contactar con él. Y se sentó a esperar.

Evidentemente la carta de Elvis causó cierta conmoción (puede que incluso algo de hilaridad) en el entorno del presidente. Aquel cantante que se creía Dick Tracy quería ver al presidente y eso descolocaba por completo a los intermediarios de Nixon y a su departamento de seguridad. Pero, por otra parte, el que el presidente se hiciera unas fotos con el cantante más popular de la Tierra podría ser una buena publicidad de cara a aquellos jóvenes que no veían en el viejo Dick a un "colega" de la Era de Acuario precisamente.

Así fue como Elvis obtuvo el visto bueno para ver al presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, en lo que sin duda fue uno de los encuentros más extraños del siglo XX. El día señalado sería el 21 de diciembre. Acompañado por Jerry y Sonny, Elvis se dirigió a la Casa Blanca, donde fue recibido por el abogado del presidente. Éste condujo a Elvis hasta el despacho oval, mientras los chicos esperaban afuera. Tras las presentaciones y algunos segundos incómodos (debió ser impagable ver a Nixon en su habitual expresión de agobio sin saber muy bien qué hacer), Elvis desplegó ante el presidente su colección de insignias policiales de tal ciudad o condado, dejó al lado sus gafas de sol con diamantes incrustados y le enseñó al presidente sus brillantes gemelos y su cinturón de oro y diamantes. El descolocado Nixon le dijo a Elvis que sabía el bien que podía hacer por su país desde su posición de estrella de rock, y el cantante le contestó con una diatriba sobre los Beatles y su antiamericanismo. Nuevamente Elvis le repitió al presidente lo que le había dicho por carta: si era necesario, Elvis podía inflitrarse en cualquier agrupación juvenil o de hippies y ayudar así a la lucha contra las drogas.

Y en ese momento Elvis hizo saber al presidente su verdadero objetivo: una placa oficial que le permitiera ayudar al gobierno en su lucha contra las drogas. Una insignia de la Oficina de Narcóticos, por ejemplo. Elvis se había pasado antes por la Oficina pero no parecía que le quisieran dar ninguna chapa. El descolocado Nixon preguntó a su abogado si era posible conseguirle una insignia, y éste contestó que tal vez pudiera hacerse. Nixon le dijo que la consiguiera, y un emocionado Elvis abrazó al presidente. Entonces Elvis le dio el regalo que traía para él (un Colt cromado de la Segunda Guerra Mundial) y preguntó si podían pasar sus chicos para saludar al presidente. Así, los alucinados Sonny y Jerry entraron para estrecharle la mano a Nixon. Tras ofrecerles un pequeño tour por la Casa Blanca, se fueron todos a comer, y tras firmar algunos autógrafos a las secretarias, Elvis y sus chicos salieron pitando de allí. Elvis estaba satisfecho: tendría su chapa gubernamental.

En Nochebuena Elvis regaló tres Mercedes (uno a Sonny, otro al doctor Nick y otro a Bill Morris) y se fue con los chicos al Memphis Theatre para ver una peli de Robert Redford. Tres días después hubo fiesta por la boda de Sonny, y el 30 Elvis y ocho de sus chicos fueron a Washington, visitaron la Asociación Nacional de Sheriffs (donde Elvis les había inscrito a todos) y luego fueron a ver la sede del FBI. Allí un agente tuvo la oportunidad de realizar un informe sobre la gran estrella, donde se hizo eco de sus ganas de ayudar a combatir el crimen y de lo malutos que eran los Beatles.

viernes, 7 de enero de 2011

Las chicas del espacio son sexys

Como se encargaron de demostrar en Star Trek. Da igual a que planeta fueran. Siempre había alguna alienígena sexy con forma humana y todo en su sitio como para entregarse a eso del mestizaje. Total, ¿qué más daba el color? ¡Lo importante es que hubiera donde coger!

jueves, 6 de enero de 2011

Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (XXXII)

BUTTERFINGERS

Esto es una auténtica rareza entre las rarezas, una de esas bandas misteriosas de cuyo único LP sólo circulan unas cuantas copias, y evidentemente yo no soy un afortunado coleccionista poseedor de ese vinilo. Hasta es complicado dar con una de las pocas reediciones en CD que se hizo del grupo.

Del LP original se hicieron unas pocas copias a modo de prueba para la maquinaria de alguna empresa de vinilos (!) y nunca más se supo hasta su escasa reedición. Me bajé este disco hace ya mucho, y rebuscando en mis archivos he dado con él. Y bien, ¿que es lo que suena dentro del único LP de esta banda? Pues esto ni es rap ni grunge malayo (!), como otras bandas que circulan por ahí con el mismo nombre. Esto es rock pesado, con mucho fuzz y en una línea muy Big Brother & The Holding Company, pero más negroide y funky. La mayoría de los temas apenas sí llegan a los tres minutos, y en sus momentos más groovy la banda recuerda a The Spencer Davis Group. Salvo la empanada mental de "Where Ya Gonna Hide" y la aburrida "Bootleg", el disco tiene unos cuantos temillas bastante conseguidos.

El disco de Butterfingers no es el Santo Grial, pero para los amantes de buscar rarezas perdidas en el tiempo, pues ahí va otro nombre más.

miércoles, 5 de enero de 2011

Moon (2009)

La verdad es que Moon es uno de esos filmes que le reconcilian a uno con el género humano y el cine actual. Es una lástima que para encontrarse con buenas películas haya que recurrir a cine asiático intimista, las historias profundas del cine europeo o el cine indie norteamericano. Cuando digo que es una lástima no es porque eso esté mal, aunque ciertos subgéneros a uno no le vuelven loco de entusiasmo. A lo que me refiero es que ya parezca imposible, por ejemplo, hacer ciencia-ficción sin recurrir a presupuestos enormes y efectos especiales que en realidad a veces ni siquiera sirven para pasar una hora y media entretenido. Supongo que habrá excepciones como Distrito 9, peli que no he visto pero cuyo punto de partida (el corto) estaba bastante bien y era bastante original. Pero no son ejemplos que abunden.

Y la verdad es que Moon es uno de esos debuts que prometen. Duncan Jones (el hijo de famoso) realiza un gran trabajo sin grandes presupuestos, con apenas un mes de rodaje y, ¡un guión! Sí, un guión con una historia que contar, una historia sencilla pero interesante, como las que se hacían antes en los relatos cortos de ciencia ficción. En fin, una historia con pies y cabeza. ¿Podéis creerlo? ¡Una historia! Sí, ya sé que hay muchas buenas historias ahi fuera, pero la ciencia ficción es uno de los géneros a los que peor les ha sentado tanto ordenador en cuanto al guión se refiere. Por eso casi me dieron ganas de llorar cuando vi la sencilla trama de Moon. ¡Qué bonito!

Y, bueno, las conexiones con los grandes clásicos del género son otro punto a favor. Es inevitable acordarse de HAL 9000 cada vez que vemos a Sam interactuando con GERTY, el ordenador de la base lunar. Y esos paisajes lunares también recuerdan al clasicón de Kubrick, y, si no ando muy equivocado, hasta creo que se han utilizado técnicas tradicionales para recrear los cráteres y demás. Por lo general la estética del film es moderna pero con una historia tan, por decirlo así, humana, en ciertos aspectos casi parece un tributo a aquellos viejos films de los 60 y 70, cuando la ciencia ficción en la gran pantalla trató de hacerse más adulta. Por cierto, la cuenta atrás para que llegue el ya sabéis qué, ¿os ha recordado también a Atmósfera cero? A mí al menos sí que me la ha traído a la memoria.

Pues en Moon tenemos minimalismo y saber hacer, porque ya sabéis, menos es más, y hasta el reparto es muy exiguo; prácticamente todo gira alrededor de Sam Rockwell (para mí un grandísimo actor que por alguna razón no ha acabado de explotar, pero ese tipo creo que tiene mucho potencial dentro por explotar; ojalá le lleguen los papeles adecuados) y Kevin Spacey, que no aparece por ninguna parte pero le pone voz al robot GERTY (aunque yo la he visto en español y eso me lo he perdido). Y eso es todo, Sam Rockwell con sus vicisitudes y una voz en el robot. Pero con una buena historia de base casi viene todo rodado, sólo hace falta un tipo que no la cague.

Y por suerte el amigo Duncan Jones no mete la pata. Lleva adelante la trama con mucho acierto, ha sabido componérselas para darnos una Luna totalmente creíble por poco dinero, y le ha dado al film un ritmo liviano de gravedad subcero que nos lleva flotando, flotando hacia el final del film, un final sencillo y bonito, al que solo le faltaba un lacito. La verdad es que como ya he dicho el debut de Jones ha sido un soplo de aire fresco, así que esperemos que dure y pueda seguir regalándonos buenos films en una industria en la que ya nada parece poder perdurar. No citaré nombres, pero seguro que todos tenéis en mente esos jóvenes talentos que se han acabado apagando a las pocas películas. En fin, sólo con que su filmografía llegue a ser algún día la mitad de buena que la discografía de su padre, podremos volvernos locos de contento.

Moon. Porque a veces, menos es más.

lunes, 3 de enero de 2011

El reinado de Elvis: 1969

Charro, Mis problemas con las mujeres y Cambio de hábito serían las últimas películas que vería el mundo en las que apareciera Elvis interpretando un papel. Habían pasado más de diez años desde que el cantante interpretara su primer papel en el cine, y desde entonces muchas cosas habían cambiado. El inocente sueño juvenil de ser estrella de cine y codearse con James Dean y Brando hacía mucho que se había roto en pedazos. Presley se vio envuelto en una vorágine de rodar películas y hacer dinero que provocó que la calidad de sus films cada vez fuera a peor. La caída libre fue tan obvia que durante gran parte de los 60 Elvis se sintió como un bufón, haciendo el tonto delante de la cámara. Pero el Coronel Parker aseguraba que lo que hacían estaba bien, y por tanto el cantante no estaba dispuesto a correr el riesgo de no hacerle caso. Pero el nivel siguió bajando, el público fue cambiando, y las ventas de bandas sonoras y entradas de cine comenzaron a decrecer. Para entonces la carrera musical de Elvis ya era demasiado confusa, y otros competidores más jóvenes y llenos de talento, muchos de ellos ingleses, se estaban llevando lo que otrora había sido coto de caza exclusivo del cantante. La señal definitiva de que el barco se hundía fue el abandono del productor Hal Wallis, quien no sólo era muy perspicaz, y veía que la gallina de los huevos de oro se iba a secar, si no que además estaba hasta el gorro de las continuas exigencias del coronel. Así que Parker y Elvis continuaron rodando sin él, pero para entonces parecía que ambos sabían que aquello no podía durar.

Uno de los efectos curiosos tras una década de películas baratas de chicas y surf, canciones mediocres y un matrimonio de por medio, fue el de transformar la imagen de Elvis. Antaño, en los 50, antes de ir al Ejército, Elvis era el terror de las jovencitas, el Enemigo Público número 1 para multitud de asociaciones religiosas y familias bienpensantes. Ahora, sin embargo, Elvis era marido y padre, sus películas simpáticas eran aptas para todos, su música ya no era dañina, y sus continuas obras caritativas y ayudas al gobierno le habían convertido en ciudadano modelo. En cambio, ahora los enemigos eran mucho peores que lo que habían sido Presley y los otros rocker en los 50: ahora estaban todos esos británicos de pelos largos de actitud descarada, los jipis con sus drogas, los negros combativos y los ecos de Vietnam. En medio de todo aquel guiriray, ahora Elvis parecía un ciudadano modelo. Ya no era un peligro para nadie. ¡Elvis era el yerno perfecto! Lo que las madres no sabían es que precisamente ahora que su imagen estaba más limpia que nunca, en privado Elvis era más sucio y degenerado que en los 50.

En enero, mientras Parker finiquitaba los últimos detalles de los futuros conciertos en Las Vegas, Elvis entraba en un nuevo escenario para grabar unos temas nuevos por motivos contractuales: los estudios American en Memphis, de quienes le había hablado su productor, Felton Jarvis, y George Klein, uno de los elementos de la Memphis Mafia, la camarilla del cantante. A Elvis le pareció mucho más cómodo grabar allí antes que desplazarse a Nashville, donde había grabado buena parte de su material hasta entonces. Los estudios eran propiedad de "Chips" Moman, un consumado productor de blues y country.

En la primera sesión, que se alargaría hasta las cinco de la mañana, un ligeramente resfriado Elvis finiquitaba unos cuantos temas, entre ellos "Long Black Limousine". Al día siguiente, a pesar de que su resfriado había ido a peor, la sesión no acabaría hasta las 0cho y media, cuando el cantante se aseguró de haberlo dado todo. Unos pocos días después llegaba otra sesión en la que destacaría una versión de Mac Davis, un compositor que estaba en auge en el universo Elvis desde que el cantante grabara el año pasado su tema "A Little Less Conversation". La versión era "In the Ghetto", una canción que estaba destinada a convertirse en uno de los temas más famosos y comprometidos del Rey. Sin embargo, Elvis tenía sus reservas a la hora de grabar el tema. Temía que un tema tan marcadamente político y social pudiera perjudicarle. Aunque con "If I Can Dream" Elvis ya se había adentrado en esos lodazales, quedaba claro que la letra de "In the Ghetto" era mucho más directa e iba al tema en cuestión (la pobreza de los negros en los guetos) sin tapujos. Ante la reticencia del cantante Chips comentó que entonces le ofrecería el tema a un ex-jugador de fútbol que acababa de fichar para el sello. Klein le dijo a Elvis que no podía dejar escapar aquella canción; el resto es historia. La siguiente jornada se dedicaría a la grabación de pistas vocales adicionales. En los descansos Presley se dedicó a juguetear cantando temas como "Hey Jude".

En posteriores sesiones Elvis se enteró de que su admirado Roy Hamilton (cuya versión del "You'll Never Walk Alone" le encantaba) estaba grabando por las mañanas en American. Se concertó una cita entre ambos y cuando por fin conoció a Hamilton, Elvis se comportó nerviosamente, como un torpe fan más en presencia de su ídolo. Para la última sesión se reservaron temas como "Without Love", "I'll Be There" de Bobby Darin y un tema de Mark James, "Suspicious Minds", que hablaba de los celos y los problemas en un matrimonio. Todos vieron en esa canción un tema ideal para Elvis, cuyo matrimonio tampoco relucía demasiado. Como si de una catarsis se tratara, Presley atacó el tema como sólo él sabía hacerlo, dejando a todos sin habla. Sólo necesitó cuatro tomas para completarla. Había sido unos días de trabajo duro, con un obediente y disciplinado Presley concentrado y dispuesto a trabajar, y el resultado habían sido 17 temas entre los que se encontraban algunos de los mejores que Elvis había grabado en muchos años. Todos se podían dar por satisfechos. Poco después Elvis partía hacia Aspen junto con Priscilla.

La experiencia había sido tan satisfactoria que se programó una segunda tanda de grabaciones para febrero. En total se acabarían grabando trece temas más, comenzando el día 17. Entre otros se grabaron el blues "Stranger in My Own Home Town", "Kentucky Rain", "Only the Strong Survive" y el "After Loving You" de Eddy Arnold. Tras esta nueva tanda Elvis partió para el que sería su último rodaje, Cambio de hábito, mientras dejaba atrás a Ferton Jarvis y Chips Moman luchando por el territorio de la producción. El día 26 Elvis volaba a Las Vegas para firmar el contrato que le llevaría de vuelta a los escenarios en el International Hotel.

En abril se publicaba el sencillo de "In the Ghetto". En pocas semanas alcanzaba el número tres en las listas, el mejor resultado de Elvis en un lustro. El éxito fue un alivio y una confirmación de que Elvis estaba en el camino correcto. El público estaba ansioso por ver de nuevo al Rey haciendo lo que mejor sabía hacer, como había demostrado en su especial televisivo de las últimas Navidades. Como si quisiera rubricar que estaba volviendo a los viejos tiempos, por aquellos días Elvis salía casi a diario a la entrada de Graceland para firmar autógrafos a los fans, como acostumbraba a hacer antaño.

Mientras, el verano se acercaba, y con él, su ansiado, y temido, retorno al escenario, ante el público. La cuestión era reunir a la banda apropiada. Elvis contactó con sus viejos músicos y conocidos (Scotty Moore, D.J. Fontana, los Jordanaires), pero finalmente decidió probar con una banda totalmente nueva, la de James Burton, un guitarra que había comenzado a labrarse su sólida reputación tocando para Ricky Nelson, y que con los años tocaría para un montón de artistas consagrados. Burton era la clase de tipo que nunca llega a ser una estrella, pero que es respetado admirado por la mayoría de ellas (Keith Richards, por poner un ejemplo).

Fue Esposito quien se puso en contacto telefónico con él (Elvis nunca hacía directamente las llamdas), para luego pasarle con el Rey. Burton y Elvis conectaron a la perfección, y hablaron durante dos horas de música, otros músicos, y varias cosas más. El cantante le comunicó que buscaba músicos que pudieran tocarlo todo, y bien. Burton aceptó la oferta. Se convocaron audiciones para unas semanas después, en California. Burton tiró de agenda y fue reclutando nombres para tocar en las audiciones junto a Elvis y e ir componiendo la banda. Algunos, como el teclista Larry Muhoberac o el guitarra rítmica John Wilkinson, aceptaron la oferta sin dudarlo. Otros, como el jipioso bajista Jerry Scheff, pusieron más pegas, pero se convencieron al ver cantar a Elvis y la pasión que ponía en ello. La sección rítmica se cerraba con el joven talento de la batería Ronnie Tutt. Los salarios rondaban entre los 2.500 dólares semanales para Burton como líder de la banda, y los 600 que se embolsaba Wilkinson. Para los coros se contrató a dos grupos vocales, los Imperials, un grupo góspel blanco, y las Sweet Inspirations, una coral de chicas negras que habían trabajado con gente de la talla de Aretha Franklin. Las Inspirations servirían además como perfectas teloneras para la gran sensación de la noche.

Elvis y 'Chips' Moman

El último detalle sería el vestuario de Elvis para los conciertos, y de ello se encargaría Bill Belew, el modisto que había enfundado al cantante en cuero negro para su especial televisivo. Para la ocasión Belew se imaginó su propio traje de karate en lo que llamó un traje de dos piezas estilo "cosaco", ceñido por cinturones de macramé y un cuello alto al estilo eduardiano.

Los ensayos comenzaron el día 18 de julio en los estudios hollywoodienses de la RCA, y se prolongaron durante cinco agotadores días. Burton afirmaría que aprendieron "sobre la marcha" cerca de 150 temas. ¡Ahí es nada! Elvis se mostró relajado, taxativo cuando lo creía necesario, pero profesional en todo momento. Mostró además mucha paciencia con Wilkinson, el único músico que no era de estudio y que parecía tener más problemas en aprenderse los temas correctamente. Pasados los cinco días los ensayos se trasladaron a Las Vegas, al hotel, donde Elvis y los suyos tuvieron que meterse en salas de ensayo o salones de baile porque el escenario estaba todavía ocupado por los cachibaches de Barbra Streisand, la que finalmente había sido estrella inaugural del nuevo hotel. Por fin, la fecha marcada en rojo para medio mundo llegó: el 31 de julio Elvis volvía a dar un concierto en directo.

Aquel primer concierto en Las Vegas estaría lleno de famosos, ya que no había entradas a la venta, sólo invitaciones. Así que sólo las caras conocidas o los enchufados pudieron conseguir un ticket. Entre el público había de todo: músicos, cineastas, políticos, modelos, humoristas... la mayoría fruto de una bien ponderada lista que el coronel había preparado durante dos meses. Así que todo estaba dispuesto: el pabellón lleno, y el glamour y el champán corriendo a raudales. Sólo faltaba la estrella de la noche.

Como cabría haber esperado, a las 20 y cuarto, cuando las Inspirations salieron a escena para realizar su show, Elvis ya era presa del pánico. Recordaba muy bien lo desastrosas que habían sido sus actuaciones en Las Vegas en los 50 (eran otros tiempos y otro público), y de nuevo se sentía inseguro tras tantos años sin enfrentarse a un público en un escenario real. De nuevo, muchos pensaron también al verle que esa noche sería incapaz de salir a escena. Lo que más temía Elvis era no saber cómo le iba a recibir el público.

Sin embargo todo acabó sucediendo muy deprisa. Apenas se habían acabado las Inspirations su actuación cuando salió Elvis raudo y veloz a ritmo del "Blue Suede Shoes". Era como si se hubiera dicho "o salgo ahora, o ya no lo haré". La respuesta del público fue entusiasta, y Elvis se alimentó tanto de la tremenda expectación de la audiencia como de su propio miedo escénico, que transformó en rabia rockera. Totalmente entregado Elvis fue rugiendo todos los temas: "I Got a Woman", "All Shook Up", la obligada pausa romántica para "Love Me Tender", "Jailhouse Rock"... en resumen, los clásicos del repertorio fueron cayendo uno tras otro. Era lo que la gente había estado esperando tras tanto tiempo: ¡ver a Elvis cantando y haciendo rock! La comunión tuvo por fin lugar aquella noche: el público seguía amando a Elvis, y Elvis seguía siendo capaz de volverlos locos a todos.

Las actuaciones se prologarían cuatro semanas más, y a medida que Elvis se relajaba afloraban los comentarios y las bromas del cantante entre canción y canción, o tal vez caía alguna anécdota del pasado, como había hecho en el especial televisivo. Es decir, que cada vez se fue encontrando más a sus anchas. Los números acompañaron: en esas cuatro semanas Elvis vendió más de 100.000 entradas, recaudó más de un millón de dólares y dobló los ingresos periféricos del hotel. En compensación, la gente del International le regaló un gran cinturón de oro en el que se podía leer "World's Championship Attendance Record, Las Vegas, Nevada, International Hotel", como si de un campeón de boxeo se tratara. Y es que en verdad Elvis había ganado por KO en la ciudad del vicio. Ahora ya podía afirmarse sin dudar a dudas que estaba de vuelta. Aunque había algo que le preocupaba al coronel: en el concierto de la cena (había dos pases por noche) algunos comentarios de Elvis habían sido demasiado subidos de tono, teniendo en cuenta que había familias con niños. Como siempre Parker iba con pies de plomo: cualquier desliz podía significar el fin. Por el momento, el 26 de agosto se publicaba "Suspicious Minds", el segundo sencillo del LP From Elvis in Memphis que había aparecido el junio anterior. Fue su primer número uno desde 1964. Para culminar su exitoso periodo en Las Vegas, Elvis y su troupe acudieron al debut de Nancy Sinatra en el International, para después ir a una barbacoa de papá Frankie, donde el Rey se hizo fotos con La Voz como si fueran amigos de toda la vida. A esas alturas ambos ya no eran rivales, sino americanos amenazados por el comunismo y la British Invasion.

Con unas largas vacaciones por delante, Elvis, Priscilla y unos cuantos elegidos se largaron a Hawai una semana. Allí hablaron de hacer un viaje por Europa. La idea entusiasmó a todos y pronto hicieron planes, recorridos y listas con lugares que visitar. Hasta que, tras regresar a Los Angeles, el coronel se lo desancosejó totalmente a Elvis. Si iba a Europa en plan turista, sus fans europeos se enfadarían por viajar al Viejo Continente y no dar conciertos. Cuando todos se enteraron, ocurrió lo típico: le comentaban qué como podía ser aquello, Priscilla le decía que no lo podía permitir, Elvis estallaba y afirmaba una vez más que algún día se desharía de ese cerdo... para luego agachar la cabeza y obedecer una vez más. No habría viaje a Europa. En su lugar, el cantante retomaría sus estudios religiosos y su yoga y se entrenaría más a fondo practicando karate junto a Ed Parker. Tenía que estar en forma, pues en enero tenía que volver a los escenarios.