lunes, 31 de octubre de 2011

Happy Halloween, againnnn

Cuetan que cierta noche (podría haber sido la de Halloween, ¿quién sabe?) Ed Wood sacó a Bela Lugosi a cenar. Ciertamente el entrañable Bela no se la tenía tan jurada a Karloff como pudiera parecer, pero tenía sus salidas de tono (¿recordáis la escena en Ed Wood? "¡Karloff no es digno de oler mi mierda!" Genial). Las costumbres de vieja estrella son difíciles de perder. El caso es que por lo visto a Bela no le gustó el restaurante, y lo hizo saber a voz en grito: "¡Que le den a este sitio! No me gusta. ¡Es un lugar muy estúpido!".

El encargado del sitio reconoció a la vieja estrella, y tratando de calmar los ánimos, acudió a cumplimentar a Bela y darle la mano: "Sr. Lugosi, es un gran placer tenerle aquí". Bela estrechó su mano cortesmente, y mirándole a los ojos, le espetó: "¡Que le jodan!". Bela Lugosi, un gran tipo. Cuando le preguntaron a Ed por la razón de semejante salida de tono, el peor director del mundo afirmó que no había razón alguna. That's the beauty of the man!

En fin, es Halloween nuevamente. Disfracénse porque gusten de ello, y si no, pues quedénse en casa vaciando calabazas, recordando a los que ya no están, o pasando la noche como cualquier otra. Es el espíritu de Bela lo que cuenta. No me refiero a mandar a la mierda a camareros, sino a pasarlo bien del mejor modo que se pueda o sepa. Para mí lo más excitante de Halloween, aparte de ciertas chicas con ciertos disfraces que les sientan estupendamente, es que nos brinda una excusa perfecta para pinchar "Monster Mash" una vez más. Esta vez os lo traigo como recopilación de escenas Disney.

viernes, 28 de octubre de 2011

La noche de Halloween (1978)

Sí, no podría ser más típico; ¿ver La noche de Halloween (o simplemente Halloween) justo cuando llega Halloween? ¡Qué original! Bueno, se trata más bien de una buena excusa para recuperar cualquiera de esas pelis con psicópatas que tantos buenos y malos ratos nos han hecho pasar. Al fin y al cabo somos animales de costumbres, y la tradición ayuda a mantener nuestra herencia cultural y la sierra es la familia. ¿O acaso no es bonito recuperar Pesadilla en Elm Street al comienzo del curso, o ¡Qué bello es vivir! en Navidad, o Los Bingueros el Día de la Hispanidad? Sí, cierto es que la tradición española de estas fechas ya ni se sabe cual es, pero en fin, qué puedo decir. I just work here! La noche de Halloween nace del deseo del productor y director Moustapha Akkad y su por entonces asociado productor y distribuidor Irwin Yablans de rodar un film de éxito en el que Akkad pondría el dinero y Yablans los contactos y la idea. Esta idea era rodar una película de terror, y Yablans ya tenía al candidato idóneo, el joven director John Carpenter, que había comenzado a dar que hablar con su segundo largo, Asalto en la comisaría del distrito 13. Produciendo esta película Yablans obtenía un buen producto bonito y barato que distribuir, y Akkad presumiblemente obtendría algunas ganancias por poco dinero. El punto de partida era simple: una historia con un asesino de jóvenes niñeras. Carpenter aceptó el proyecto a cambio de obtener total libertad artística. Él se encargaría del guión junto a su novia Debra Hill, aunque Carpenter aceptó la sugerencia de que la trama se ambientara en la noche de Halloween.

Con 300.000 dólares para gastar La noche de Halloween iba a ser un film de bajo presupuesto rodado en unas pocas semanas, pero el hecho diferenciador iba a residir en un inspirado John Carpenter que pretendía alejarse de los opresivos ambientes macabros y la casquería de la magnífica La matanza de Texas para retornar a los orígenes, al suspense del Psicosis de Hitchcock, la película que lo empezó todo. La dirección de Carpenter iba a ser sutil, centrándose más en crear atmósferas inquietantes y en hacer crecer la tensión que en el asesino derramando la sangre.

Siguiendo los pasos del gran Alfred muchas habían sido las películas y los directores que que habían aportado su granito de arena al género. Ahí estaban George A. Romero, Tobe Hooper, Wes Craven con La última casa a la izquierda o el precedente más inmediato a la obra de Carpenter, la olvidada cinta canadiense Black Christmas. Pero sería La noche de Halloween la que sentaría el precedente para todas las películas de tíos locos (lo que los yanquis llaman slasher). De ella beberían y todavía beben los films del género, recurriendo a música y sonidos inquietantes, y los viejos trucos visuales que Carpenter reunió para su película: las sombras, los ruidos, el quién anda ahí, el personaje que se gira y se asusta, el maluto que está y en un segundo ya no está, etcétera. Carpenter recogió todos los granitos de arena y aportó los suyos propios para crear un clásico del cine de terror que iba a ser muy imitado, y en cierta manera todavía lo sigue siendo. Tras su Halloween todos los que quisieron aprovechar la racha fueron cogiendo a psicópatas enmascarados y eligiendo su fecha del año particular: Navidades, San Valentín, el April's Fool yanqui, el viernes 13, etcétera. Me pregunto si también hay algún psycho para Hanukkah. Unas eran peores, otras mejores, pero por lo general todas resultan un buen entretenimiento sin demasiadas pretensiones.

Además de la dirección de Carpenter, está su música (sí, sí, compuesta por tito John), esa banda sonora que práctimante ha trascendido al film. El piano inquietante resultó un buen heredero de los violines de Psicosis, y ayudó a hacer de la película una experiencia intensa. Junto a la banda sonora estaba además el carismático y frío villano Michael Myers y su inquietante máscara. Evidentemente hubieron antes otros enmascarados psicóticos como Leatherface, pero la máscara blanca de Myers fue un gran hallazgo a cambio de un dólar noventa y mucha imaginación y saber hacer. La gente de producción compró una máscara de látex de William Shatner (más concretamente del ínclito James T. Kirk), la pintaron de blanco y la retocaron un poco para darle ese aspecto fantasmagórico tan estupendo.

Dado lo ajustado del presupuesto y la falta de interés de los grandes estudios, que había llevado a rodar el film de una forma totalmente independiente, Carpenter lo tuvo difícil para conseguir alguna estrella de cierto renombre que aceptara interpretar al Doctor Loomis, el Van Helsing de esta historia. Tras obtener las negativas de sus primeras opciones, Christopher Lee y Peter Cushing, por considerar que el sueldo era muy bajo, el tercer candidato, Donald Pleasence, aceptó la oferta. De hecho con una carrera tan extensa y variada tanto en cantidad como en calidad, me pregunto si el bueno de Donald rechazó alguna vez un papel. De todas formas por suerte para él aquellos escasos cinco días de trabajo que representaron interpretar a Sam Loomis le aseguraron la fama para una nueva generación, y tras el enorme éxito de La noche de Halloween Pleasence se convirtió para siempre a los ojos muchos en el doctor Loomis, papel que siguió encarnando con cada secuela de la franquicia hasta su muerte en 1995.

El otro nombre que quedó asociado a Halloween fue el de Jamie Lee Curtis, por entonces una jovencita de 19 años que trataba de seguir los pasos de sus famosos padres. En 1978 su currículum se reducía a unos pocos cameos en la televisión y un papel secundario en la serie Operation Petticoat. La primera opción de Carpenter para interpretar a la heroína de la película Laurie Strode había sido la actriz Anne Lockhart, pero cuando ésta rechazó el papel se realizaron más audiciones para buscar a la candidata ideal. Cuando le llegó el turno a Jamie lo cierto es que Carpenter no sabía nada de ella, pero el hecho de ser la hija de la actriz que apareció en Psicosis ciertamente ayudó, ya que seguro que ayudaría a publicitar el film. Pero la Curtis demostró que servía para algo más que para hacer publicidad con su apellido, y su papel de Laurie Strode se convirtió en uno de los momentos álgidos del cine de terror. La noche de Halloween ciertamente exige un visionado en versión original sólo por ella; su impagable colección de gritos, grititos y agudos imposibles marcaron época, y la convirtieron en la nueva scream queen de finales de los 70, un encasillamiento del que no le resultaría fácil salir.

La noche de Halloween, clásico imperecedero del cine de terror, un film ideal para la Noche de Brujas o para cualquier noche del año.

jueves, 27 de octubre de 2011

PC malito

Mi ordenador está en coma, lo digo por si desaparezco o véis que no os contesto sepáis el motivo. Aun saldrán algunas entradas que tenía listas, a ver si para cuando se acaben el dr. House ha dado con el problema.

Fin de la impresión.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El árbol de la vida (2011)

Llega un momento, ladrones, en que las joyas dejan de brillar, en que el oro pierde su brillo, el salón del trono se convierte en prisión, y en que todo lo que queda es un director de cine que hace lo que le sale del pototo. Y con El árbol de la vida el amigo Terrence Malick simplemente se ha dejado llevar más que nunca. Si fuera pintor seguramente no habría habido mucha polémica, pero al ser director de cine, la cosa cambia. Pero bueno, que una peli de estas características se publicite, se proyecte en multisalas y demás, quiere decir algo. Vamos, que su distribución no está exenta de riesgo. Así que, ¿por qué no reestrenan El padrino y todos esos clásicos que han puesto en los malditos cines Verdi? Ah, pero un día aprenderé a tocar el órgano, me pondré media máscara en la cara y me iré a Madrid y Barcelona a quemarlos. ¡O todos o ninguno!

Bueno, retomando El árbol de la vida... en fin, ya sabéis, su fama la precede. Gente confundida saliéndose de los cines, salas yanquis y europeas poniendo carteles de aviso en plan "¡ojo! ¡peli raruna!", críticas demoledoras, confusión, mayhem, el fin del mundo tal como lo conocemos... En fin, el colega Malick no juega precisamente en la misma liga que Tony Scott, pero no todo el mundo podía saber eso. Y no todo el mundo tiene educado el oído, la vista, o el cerebelo mayor. Y los gustos son como los culos. Y... vamos, que sí, El árbol de la vida es rarita.

Hablando en plata, creo que El árbol de la vida es simplemente un sublime pajote de Terrence, pero hasta en el onanismo hay clases. Pajote, sí, pero de muy bella facturación. ¿O acaso aquí alcanza todo el mundo el nivel de Peter North? Pues eso. Puestos a hacerlo, algunos siempre pueden llegar más lejos.

Después de verla me decía una amiga que prefería esto a 10 minutos de colorines en 2001, peli de la que tampoco se entiende nada. Es una forma de verlo supongo. Para mí la obra de Kubrick no es sólo muy superior sino que además tiene más sentido, una historia más lineal, y más interesante. Pero obviando las comparaciones, El árbol de la vida es una experiencia visual que hay que vivir, a poco que uno tenga inquietudes y gusto por la estética de la naturaleza y el universo. Que por cierto aun me cuesta creer que esas imágenes estelares sean tan naturales como el yogur, creadas bajo la supervisión del viejo maestro Douglas Trumbull, quien se dio a conocer precisamente con la flamante película de Kubrick. Su último trabajo había sido Blade Runner. Después llegaron los ordenadores. Me alegro de que Malick haya recurrido a él.

El único problema, o el principal, para el menda, es que sentí lo mismo que cuando estaba viendo (sin entrar en comparaciones cualitivas) El topo: sí, un film curioso de ver al menos una vez en la vida, por la experiencia en sí, pero cuando aun no han salido los créditos y ya sabes que no volverás jamás a ver esa película... pues te deja un sabor algo agridulce.

En fin, el que un director se deje llevar es lo que tiene. No sé si será cierto lo del cine ese italiano en que equivocaron los dos primeros rollos y nadie notó nada, de tan raro que era todo. Creo que como director me preocuparía. Pero bueno, que no es la primera ni la última paja mental que se ha hecho en la historia del cine, y para tomaduras de pelo creo que mi archienemigo Lars Von Triers tiene muchas más y mucha gente le sigue riendo las gracias. Al menos la preciosista película de Malick es como admirar esos viejos cuadros en un museo. No hay mucho ritmo, ni una historia aparentemente lineal, ni acción ni bombas. Supongo que nadie va a los museos por la adrenalina. Pues El árbol de la vida es algo así. Como una colección de sensaciones ideas impresas en diversas imágenes. No es para tomarla con el director, hombres. ¡Dejen en paz al pobre guiñitos!

El árbol de la vida, ni es un bodrio, ni la película definitiva. Te podrá parecer aburrida, pretenciosa, ininteligible, conspiración judeomasónica o qué se yo, pero mala no es. Y paradójicamente, con lo bonita que es, es difícil de ver. Por otra parte, al salir del cine, me entraron ganas de ver Blackula. Y Jurassic Park. ¿Curioso, no?

lunes, 24 de octubre de 2011

The Rolling Stones - Out of Our Heads

No éramos americanos, y Estados Unidos era lo que contaba, y siempre quisimos tener éxito allíl Fue muy impresionante la manera en que la canción y la popularidad del conjunto se establecieron en todo el mundo. Keith Richards, acerca de "Satisfaction".

Sexo, drogas y rock and roll. El último llevaba a las otras dos. En los 60 el deber de cualquier buen ciudadano del rock era combinarlo con mujeres, drogas o ambas cosas. Para 1965 los Rolling Stones no eran diferentes, aunque cada uno tenía su particular opio. Brian Jones, con su asma y sus problemas de salud, había sido el primero en apreciar la amplia gama de sabores y colores que la farmacopea común ponía a su disposición, mientras Keith jugaba a drogarse con las pastillas para la tos de su madre y pólvoras caseras con productos destinados al ciclo lunar. Pero tras viajar a los Estados Unidos ambos habían descubierto las propiedades de los uppers y la marihuana. En cuanto a las mujeres, el primero en sacar provecho a la súbita popularidad del grupo entre sus gritonas fans había sido Bill Wyman, casado y con descendencia, pero que decidió sucumbir al placer carnal en cuanto sus primeras giras británicas pasaron de ser conciertos de rock a un gran orgasmo femenino. Por supuesto, Mick, en cuanto se peleaba (cosa bastante frecuente) con su novia Chrissie, corría a consolarse con cualquier chica que tuviera a bien pasar la noche con él. Y luego estaba Charlie, con su esposa reciente, sus trajes, sus tazas de té y sus discos de jazz. Bueno, y algunas cantidades de alcohol. Con el tiempo también él se dejaría tentar por el lado salvaje del rock. Aunque como no podía ser de otra manera, lo haría a su manera.

Las cosas evolucionaban rápido. Un pestañeo y ya te lo habías perdido. La tecnología avanzaba a pasos agigantados. Eran los tiempos en que la gente imaginaba el año 2000 con coches voladores y terrícolas habitando la Luna. No era diferente en Londres, donde todo parecía estar pasando. Entre 1960 y 1965 habían transcurrido cinco años que parecían 20. Tras la guerra el jazz dominaba las emisoras y los clubes, las salas de baile, aunque durante un tiempo Lonnie Donegan y sus seguidores le quitaron terreno con el skiffle, esa macedonia casera de música popular que había nacido décadas atrás en los Estados Unidos. Cuando los Stones comenzaban a dar sus primeros pasos había jazz y skiffle. Los puristas del blues era unos marginados. Y de repente, ¡bang! izquierdazo del rhythm and blues, gancho de los Beatles, y el pobre Donnegan parece tan viejo como tus abuelos, mientras que los consumidores de jazz parecen tan intelectualmente extraños como lo son hoy en día. Todo iba tan rápido que 1965 iba a ser el último año de gloria del sonido Merseybeat. Los que no evolucionaban mordían el polvo. Saludad al reinado del Swinging London y sus nuevas tropas preparadas para la invasión de los Estados Unidos. Los nuevos berserker traerán preciadas mercancías, moda hippie y nuevas drogas.

A mediados de enero la avanzadilla que había seguido a los herederos anglosajones de Erik el Rojo se encontraba en los estudio RCA de Los Ángeles dando los últimos toques a "The Last Time", una composición que no era totalmente nueva pero que significaba un paso de madurez en las composiciones de Mick y Keith. Aquel día, ya de madrugada, finiquitaban también "Play with Fire". El 21 la banda aterrizaba en Sydney, el punto de partida para su primera gira por Oceanía y el Lejano Oriente. Aun no habían hecho ni la conferencia de prensa y una horda de chicas ya habían roto vallas y cabezas tratando de llegar hasta el grupo. La gira fue un éxito, ayudó a cimentar la popularidad de la banda por aquellas tierras, y los Stones se lo pasaron muy bien, disfrutando de las playas australianas y dejando tras de sí muchas historias locas, como una docena de prostitutas chinas a cargo del promotor en Singapur o una cena de gala que según la leyenda devino en orgía, momento que aprovechó Mick para acostarse tanto con la anfitriona como con su hija. De nuevo, bienvenidos a la nave del misterio estoniana.

Tras finalizar la gira con su primera visita a Japón los Stones regresaban al hogar donde les esperaba más trabajo: grabar unas demos, dejarse ver en el Ready, Steady, Go!, el Eamonn Andrews Show y el Top of the Pops y comenzar una nueva gira por Gran Bretaña, durante la que Glyn Johns, ingeniero y productor en la sombra de la banda, grabaría unas cuantas actuaciones con un micro de ambiente como única tecnología. Durante aquella gira la banda comenzó a convertirse en delincuentes cuando les negaron la entrada en una estación de servicio para que Bill pudiera evacuar, así que como protesta toda la banda meó en la pared. Demanda, juicio, multa, y los periódicos sacándole partido al asunto. Y el joven mánager de 21 años Andrew Oldham encantado, claro. Amigo adolescente, ¿a quién darás tu dinero? ¿A los Beatles, que cualquier día de estos se van a tomar el té con la Reina, o a los Stones, que son cómo tú y se mean en esas reglas anticuadas que ya no significan nada? Otra fantástica oportunidad de vender a los Stones como los chicos malos del negocio.

Las ventas parecían responder, y el nuevo sencillo de la banda, "The Last Time", con "Play with Fire" como cara B, lograba excelentes resultados a ambos lados del Atlántico. Mientras, la banda proseguía con su gira, con un repertorio todavía dominado por las versiones, algún tema de Nanker/Phelge y "The Last Time" como la nueva canción a promocionar. La vida continuaba, Brian se iba a un piso nuevo, Mick y Keith hacían lo propio, y un día John Lennon se pasaba por allí y juntos escuchaban lo nuevo de Dylan, Bringing It All Back Home. Escuchad esas letras furiosas, chicos... 1965 sería el año de Help!, pero también el de Rubber Soul. Y mientras el amigo Bob llamaba a Brian, le decía que estaba deseando conocerle, y que los Stones eran el mejor grupo. Gracias Bob, no necesitábamos más helio en Brian.

Finiquitada la gira por casa el grupo realizó una rápida visita a Dinamarca y Suecia para cerrar el asalto continental con tres fechas en el Olympia de París. Entradas agotadas y tumultos. Hola, soy el del Olympia, quería encargar un nuevo patio de butacas. Sí, los Stones otra vez. El I want you de Mick en "Everybody Needs Somebody to Love" era una versión moderna de las trompetas de Jericó.

El 22 de abril la banda volaba hacia Canadá para comenzar su tercer tour por Norteamérica. Quebec, Ottawa, Toronto, y vuelo hacia Nueva York. En Filadelfia Mick se cabreó por tener que telonear a las estrellas de la noche, la nueva sensación británica Herman's Hermits, y su extraño cantante, el limpio clon pop del propio Jagger. Vamos Mick, en el futuro las pelis de los Zucker necesitarían algo como "I'm Into Something Good". 2 de mayo, nueva cita con Ed Sullivan, de nuevo invitando a sucios artistas a los que había jurado no invitar nunca. Pobre Ed, era un icono televisivo, es más, era y es un icono norteamericano, pero las circunstancias siempre le acababan sobrepasando. Y el día 7 los Stones actuaban en el Jack Russell Stadium de Clearwater, Florida.

Brian Jones responde a una fan

No sé si sería exagerado decir que la historia del rock cambió aquella noche, pero ciertamente el rumbo de los Stones no volvió a ser el mismo. Ya sabéis la historia: Keith durmiendo en su habitación del hotel (aunque el guitarrista sitúa la historia en su piso de Londres), un riff envuelto en sueños, serendipia, fantasmogénesis, y al día siguiente una idea en la grabadora y cuarenta minutos de ronquidos. Había nacido "(I Can't Get No) Satisfaction".

El día 10 la banda regresaba a los estudios Chess de Chicago a grabar unas cuantas versiones, un tema firmado por la banda con el habitual Nanker/Phelge, y una primeriza versión bluesy de "Satisfaction". Entre las versiones se contaba el hit soul del 64 "That's How Strong My Love Is", "Mercy, Mercy" de Don Covay y el "Try Me" de James Brown. En Los Ángeles los Stones siguieron grabando temas para su nuevo disco en los estudios RCA con la ayuda de su mano derecha en la Costa Oeste, Jack Nitzsche. Grabaron una nueva composición de la banda, "The Spider and the Fly", un blues en el que Mick cantaba sobre el curioso deporte de salir a cazar chicas por las noches, y "One More Try", firmada por Mick y Keith. Las cintas también recogieron unas cuantas versiones más, decantándose de nuevo por el soul: "Cry to Me" de Solomon Burke, "Good Times" de Sam Cooke, "My Girl" de los Tempations, y "I've Been Loving You Too Long" de Otis Redding. Y por supuesto, grabaron la versión de "Satisfaction", sin los arreglos de viento que le habían pasado a Keith por la cabeza, pero con una guitarra pasada por el nuevo pedal de distorsión de Gibson que iba a hacer estallar muchas cabezas.

Tras salir vivos de Long Beach donde casi mueren aplastados en su limusina con hordas de fans subiéndose en el techo, y grabar tres actuaciones para el programa televisivo de pop Shindig! (donde conocieron a un tal Billy Preston, y se reunieron con Howlin' Wolf, quien presentó a Mick a Son House, ¡decididamente un día productivo!), la banda regresó a casa con un Brian Jones cada vez más inmerso en sus depresiones y paranoias, y unos oscuros rumores de que había sido apalizado por uno de los recios chicos a sueldo de Oldham por haber maltratado a una chica, aunque al parecer las acusaciones de la chica iban aún más allá. La consigna de Andrew había sido: "En la cara no". Muy convenientemente Brian había encontrado en California un nuevo lugar donde refugiarse: el LSD. Al menos se llevaba de recuerdo su ansiado encuentro con Dylan, que tuvo lugar en Nueva York.

Las cabezas empezaron a estallar en los Estados Unidos el 6 de junio, mientras la banda se encontraba de nuevo en Londres. El lanzamiento del sencillo se había postergado en Gran Bretaña ya que Decca prefirió publicar un EP en directo de la banda, Got Live If You Want It, con seis temas grabados durante la gira de marzo, aunque a veces se oían más los gritos que al grupo, algo parecido a lo que ocurriría con la nueva versión del disco publicada como LP en los Estados Unidos meses más tarde. El 30 julio aparecía en los Estados Unidos la versión americana de Out of Our Heads, el cuarto álbum del grupo al otro lado del Atlántico tras la publicación en febrero de The Rolling Stones, Now!. El LP incluía varios de los temas grabados en Chess y RCA, incluyendo el incendiario "Satisfaction". Con el flamante éxito del sencillo todavía caliente, el disco no tardó en encaramarse al número 1, donde se mantendría varios meses, convirtiéndose en disco de platino. Aquel fue el primer número uno de la banda en los States.

Mientras, en casa, los Rolling Stones se habían convertido en una pieza codiciada por todas las grandes discográficas cuando su contrato había vencido en mayo, aunque por supuesto Decca no estaba dispuesta a que otra compañía se llevara a sus paladines. Para ayudarle a renegociar un contrato más jugoso Oldham se hizo con los servicios de Allen Klein, el típico americano hecho así mismo que había desarrollado una sólida carrera haciendo milagros con los números y consiguiendo jugosos contratos para Sam Cooke. La presión de ser manáger de los Stones estaba comenzando a pasar factura a la débil psique de Andrew, así que Allen desembarcó como co-representante de la banda, un hueso duro de roer que se conocía todos los trucos del negocio y a quien no podrían engañar. Se reunió con Andrew, Mick y Keith a finales de julio, y les prometió doblar las regalías, no más estafas por parte de las compañías, coches lujosos, millones a porrillo. Para Brian, Bill y Charlie la contratación de Klein fue prácticamente una política de hechos consumados. Wyman sugirió que un abogado interviniera en el asunto, pero Keith le espetó que no se podía ser tan desconfiado. Klein fue contratado, y con su llegada al barco se constató que la balanza de los Stones se estaba decantando del lado de Mick y Keith, mientras que la de Brian iba perdiendo peso a pasos agigantados.

Klein fue con su abogado neoyorquino con pintas de bulldog y la banda a la sede de Decca, donde exigió entrevistarse con el mandamás en persona, y nadie más. Les dijo al grupo que llevaran gafas de sol, se pusieran detrás de él y no dijeran una palabra. El nuevo co-representante fue todo lo violento e intimidante que se podía ser sin esgrimir un bate o desenfundar un revólver, y apabulló al capo de Decca y sus consejeros. Cuando firmaron el contrato unos días más tarde, el 26 de julio, aparentemente Klein había cumplido su palabra: un millón y pico de dólares por los derechos de las canciones, exclusiva en Norteamérica para la editora de la banda, Nanker Phelge Music Ltd., a pagar por la subsidiaria de Decca en el nuevo continente, London Records, y unas regalías que superaban a las de los Beatles. Cinco años de contrato, y muchos miles de dólares cada mes para los bolsillos de los Stones. Realmente Allen había cumplido. Lo que no les había dicho era que los jugosos derechos y beneficios en Norteamérica irían a parar a Nanker Phelge USA, una empresa propiedad de Klein de la que la banda no sabía nada.

Brian y Keith en Clearwater, satisfechos

El 1 de agosto, tras una par de actuaciones en el Palladium de Londres, la banda consiguió unas merecidas vacaciones (apenas sí habían tenido tiempo de echarse una siesta de vez en cuando desde el 62) y cada uno se perdió por su camino. Keith y su novia Linda se fueron a Francia, mientras que Brian y su novia se fueron a Tánger, invitados por Christopher Gibbs y su amigo Robert Fraser, un tratante de arte. Pronto se les unieron Mick y Chrissie. El 20 agosto "Satisfaction" por fin se publicaba en el Reino Unido, y de nuevo el sencillo alcanzó el número uno. El increíble éxito del tema en todo el mundo había elevado a la banda a un nuevo nivel, y su nuevo contrato parecía ir acorde a su elevación a los altares del rock. "Satisfaction" era un nuevo himno generacional, y ya nadie podía negarles que pudieran mirar cara a cara a los Beatles. De todas formas poco importaba, en privado se llevaban bien y se llamaban unos a otros para asegurarse de que sus respectivos lanzamientos discográficos no se solaparan ni quitaran ventas el uno al otro.

En septiembre la banda debía volver a la carretera. Tras un par de bolos en Dublín y Belfast la banda se trasladó a Los Ángeles para una nueva sesión en la RCA, donde debían terminar ideas del julio pasado y finiquitar nuevas composiciones como "Get Off of My Cloud", "The Singer Not The Song", "I'm Free" y algunas versiones como "She Said Yeah" de Larry Williams que ya habían grabado The Animals, y el "Talkin' Bout You" de Chuck Berry. Una vez acabadas la sesiones la banda volvió a Europa, donde les esperaba una gira por Alemania Occidental y Austria. El 11 de septiembre fue una mala noche para Brian. Fastidiado por los nuevos derroteros musicales a los que Mick y Keith estaban llevando la banda, el rubio guitarrista se divertía tocando la sintonía de Popeye, algo de que todas formas nadie apreciaba debido al habitual griterío de la audiencia. Pero el resto sí que lo oían, y ya estaban hartos de que Brian saliera con esa bromita cada dos por tres. El dúo compositor de la banda se le echó encima, y le dijeron que cortara con ese asunto, o se vería fuera de la banda. Andrew le dio otra regañina, encantado con la idea de que Jones por fin dejara el grupo. Pero un imponente ángel rubio de 23 años acudió a su rescate con un porro en la mano. Brian le sonrió y le dijo en un estupendo alemán que todos estaban en su contra y que no quería estar solo aquella noche. La chica le tomó y la mano y los dos se fueron al hotel donde se alojaba el grupo. Ella era Anita Pallenberg, hija de un pintor bohemio. Su madre trabajaba para la embajada alemana en Roma. Había vivido en Italia, había convivido con artistas italianos, había vivido en Nueva York, había estado en París. Oficialmente era modelo, pero en realidad era mucho más, una musa de artistas, una Venus en Italia, una fulgurante luz en Greenwich Village. En definitiva ella conocía a quien había que conocer en el mundo moderno y artístico de mediados de los 60.

El 24 de septiembre se publicaba la versión británica de Out of Our Heads, que se abría con la acelerada versión de "She Said Yeah", electrizante y nerviosa, a la que seguía "Mercy, Mercy", una versión vacilona, con pastosas guitarras eléctricas y una primera muestra del famoso falsete de Mick, quien se doblaba en los coros. "Hitch Hike" era una correcta versión Marvin Gaye, aunque tenía poco que hacer frente a la emocionante "That's How Strong My Love Is", donde un Mick Jagger que cada vez iba madurando más su estilo adelantaba los grandes momentos que habían de venir por parte del vocalista, arropado perfectamente por la banda y Jack Nietzsche a los teclados. "Good Times" era otra buena versión, aunque por lo general demasiado fiel a la original de Sam Cooke, especialmente en la parte vocal. "Gotta Get Away" es un buen tema firmado Jagger/Richard, aunque inferior al "Play with Fire" de Phelge incluido en la edición americana. "Talkin' About You", la versión de Berry, es otro buen ejemplo vocal de un Mick que aprendía rápido, arropados algunos de los primeros coros de Keith, quien destacaba además con su trabajo en la rítmica, y una guitarra solista que dejaba algo de gloria para el apaleado Brian Jones. En cambio en "Cry to Me" era Stu quien tenía la oportunidad de hacerse notar acompañando al grupo en los teclados. "Oh Baby (We Got a Good Thing Goin' On)" era una versión de la cantante y guitarrista de rhythym and blues Barbara Lynn grabada a finales de 1964, una movida canción de bar en la que esta vez los teclados estaban al cargo de Brian. Si la versión británica de Out of Our Heads perdía "Play with Fire" ganaba a cambio "Heart of Stone", la gran composición de Mick y Keith anterior a la revolución de "Satisfaction". Ahí estaba la característica guitarra de Keith inspirada por Jimmy Page, la forma lánguida de cantar de Jagger, Jack Nitzsche al piano y la pandereta, Bill contribuyendo en los coros, y Mick relatando en su triste cantar su vida de mujeriego rompecorazones, conociendo a una chica diferente que sin embargo no iba a lograr romper su pétreo corazón. Sin duda las letras de Mick ya se iban encaminando hacia el poeta de la fusta y el macarra callejero. "The Under Assistant West Coast Promotion Man", el que iba a ser el último tema acreditado a Nanker Phelge, era una burla hacia George Sherlock, el acompañante que Decca les había endosado para atenderles (esto es, vigilarles) durante su gira por la Costa Oeste de los Estados Unidos. Mick canta con su inimitable estilo de desprecio que se convertiría en una marca de la casa sobre un bombeante ritmo de blues de Chicago, idóneo para que Brian desempolve de nuevo su armónica. "The Under Assistant..." es una primera versión de las burlas estonianas en forma de canción, un ejemplo de broma pesada, divertida e irónica, aunque evidentemente todavía muy lejana al salvajismo de "Cocksucker Blues", pero aun así es un buen tema, demasiado olvidado quizá, y desde luego merece la pena ser rescatado de entre las olvidadas composiciones propias de los primeros tiempos de la banda. El disco se cerraba con "I'm Free", otra canción propia, con Brian doblando turno en guitarra y órgano, introduciendo por vez primera tintes exóticos a su solo. La melodía es de las más pegadizas del álbum, y nos permite solazarnos de nuevo con el gran falsete que Mick introduce en los coros. Un buen tema que era un perfecto cierre para el LP.

Aunque mucha gente suele desestimar el debut de los Stones, ese sonido sucio y sus aceleradas versiones de R&B y sus grandes recreaciones de blues y rock me siguen pareciendo que hacen de su primer disco un álbum más completo que su segundo y tercer disco, aunque prácticamente carecían de temas propios, salvo "Tell Me", que sin embargo no estaba a la altura de sus siguientes composiciones. En Out of Our Heads la banda ya mostraba sus rápidos avances. "Heart of Stone", "I'm Free", y "Play with Fire" en la versión americana (por no hablar de "Satisfaction") estaban a años luz de aquella primeriza "Tell Me", pero lo más curioso de todo es que entre ellas apenas mediaba un año y unos pocos meses. No eran los únicos, muchas de las grandes bandas de aquella época parecían sufrir mutaciones atómicas en dos o tres discos, publicados en apenas año y medio, transformándose de rockabillies, mods o amantes del blues en algo nuevo y desconocido. Los Stones estaban explorando su nuevo y propio continente, aunque, recordando las palabras de Isaac Newton en uno de sus raros momentos de humildad, la banda apenas había estado jugando en la arena, con todo un océano delante de ellos por descubrir.


domingo, 23 de octubre de 2011

Kiss Kiss, Bang Bang (2005)

Entre nosotros, y como dice el anglicismo, off-topic, creo que el mundo necesita a Shane Black, un tipo que ha demostrado que tiene sobrado talento como guionista como para prodigarse tan poco en un Hollywood que necesita a mejores escritores. Aparte de aparecer de vez en cuando como actor aquí y allá (le pudimos ver en la mítica Depredador, comentario aquí), Black fue un tipo que a mediados de los 80 demostró que el blockbuster y las pelis de acción no estaban reñidas con el buen hacer (Arma Letal), y a principios de los 90 se descolgó con el descacharrante guión de El último Boy Scout, un film que de haber tenido una segunda parte como la primera sería un clásico sin paliativos, y que de todas formas sigue siendo una peli de acción entretenida con algunos de los mejores diálogos de la década. Con Kiss Kiss, Bang Bang Shane Black dio el paso que dan muchos guionistas para asegurarse de que su obra llega intacta a los cines, y se pasó a la dirección. Y ahora viene el off-topic: mientras escribo esto el amigo Black debe estar sumido en la preproducción de Iron Man 3, que no sólo dirigirá sino que además, y eso es lo mejor de todo, contará con un guión de su puño y letra. Evidentemente no va a ser algo tan personal como Kiss Kiss, Bang Bang, pero con suerte podremos disfrutar de un entretenido film de superhéroes con diálogos fascinantes.

Kiss Kiss, Bang Bang fue básicamente una suerte de incursión y/o homenaje de Black en el mundo del cine negro y las clásicas historias de detectives de Raymond Chandler y compañía, vistas desde un punto de vista bastante irónico y con la famosa cuarta pared del teatro hecha trizas. El film es una parodia del género aportando humor negro, ágiles y ocurrentes diálogos y algunas escenas de acción en una enrevesada trama con todos los tópicos del género que se confunden con la realidad y la ficción. La ironía de esas curiosas situaciones que ocurren en este tipo de películas parece chocar con la realidad del supuesto mundo real del film, que a su vez acaba pareciéndose a la ficción de las películas. La cuadratura del círculo.

La trama se centar en un ladrón de poca monta, Harry Lockhart, interpretado por un ya literalmente sobrio Robert Downey Jr., quien por un equívoco acaba como aspirante a un papel de detective, que deberá preparar junto al típico asesor hollywoodiense, un duro detective homosexual que se parece a Val Kilmer. Por supuesto no faltará la chica del cuento, una bella aspirante actriz encarnada por la sexy Michelle Monaghan. Pero pronto aparecerá un caso de verdad con muertes y oscuras tramas en lo que se irá pareciendo a las historias de unas novelas policíacas, de esas de tapa blanda, ya saben.

Kiss Kiss, Bang Bang es un film ágil, entretenido, con pequeñas sorpresas y algunas locas escenas de acción marca de la casa. Aunque abunda la comedia, también es cierto que en algún momento de repente el tono cambia completamente y te llega a acongojar. Como en cualquier buena historia detectivesca no todo será lo que parece y entre humor grueso inteligente, algunos golpes y tiros y la sempiterna escena de tortura (una tortura que no se ve todos los días en la pantalla), poco a poco nos iremos metiendo en el caso hasta llegar a lo que creemos que es la verdad. ¡Pero aún habrá más! Por otro lado el guión de Black también nos va dejando algunas irónicas perlitas sobre lo que se cuece en el negocio de Hollywood, sus locales de moda y sus fiestas.

Si os han gustado en el pasado películas de acción como las ya mencionadas con el típico dúo policial en pos de los malos seguro disfrutaréis con esta singular pieza de cine negro repleta de los característicos chistes de Shane Black; y si sois de los que nunca os gustaron esas pelis de acción, dadle una oportunidad igualmente, ya que Kiss Kiss, Bang Bang no es el típico blockbuster con muchas dosis de acción, y en cierto modo está más cerca del cine de Tarantino que de Arma Letal. Aunque no es que yo piense que tener cosas de Arma letal sea malo. Que conste. Kiss Kiss, Bang Bang, un pequeño clásico del nuevo milenio.

sábado, 22 de octubre de 2011

Estaré corriendo

Hace ya tiempo hablé por aquí de Molly Hatchet, pero para quienes no les conozcáis, creo que deberían ser vuestro siguiente objetivo cuando hayáis acabado con los Allman Brothers y Lynyrd Skynyrd.

jueves, 20 de octubre de 2011

El resplandor (1980)

Los autores suelen ver las cosas de distinta forma, y Stephen King como cualquier creador tiene su orgullo. Desde luego cuando a finales de los 70 publicaba su tercera novela dio mucho que hablar y no parecía haber dudas de que la novela de terror tenía un nuevo y poderoso monarca. Por desgracia para él, Stanley Kubrick era de esos directores que suelen tomar de las historias que adaptan sólo aquello que les interesa, así que su adaptación no fue demasiado fiel a la obra original. El pobre Stephen no pudo sino renegar varios años hasta que a finales de los 90 se decidió a llevar a la pequeña pantalla su novela tal y como él hubiera querido que se hubiera hecho en su momento. Nadie duda de que su novela marcó todo un hito en la ficción más terrorífica, pero, ¿quién recuerda hoy en día su pequeña miniserie comparada con El resplandor de Kubrick? Salvo aquellos fans acérrimos de la obra de King no creo que nadie a estas alturas le ponga pegas a la adaptación de Stanley por no haber permanecido fiel al libro. Guste o no, El resplandor se convirtió desde el día de su estreno en un clásico imperecedero del cine de terror.

Algún día he de escribir alguna entrada en plan "mis terrores favoritos", aunque no soy de esos que se asusten o pasen miedo con las películas. Por ello la mayoría de escenas cinematográficas o televisivas que realmente me acojonaron suelen pertenecer a mis días de infante. La primera vez que vi El resplandor ya era un adolescente bonobo, y si no me falla la memoria estaba allá en el pueblo, algún fin de semana de invierno (la época ideal para ver El resplandor), una noche de madrugada en cierta cadena privada de ascendencia italiana. Mis padres ya estaban acostados, y allí estaba yo, oculto bajo las mantas, a oscuras, en el reino de la imaginación y las sombras, dispuesto a ver por fin la famosa película de terror de Kubrick. No creo que llegara a pasarlo realmente mal, pero desde luego el impacto fue mayúsculo, y la aprensión, total. De lo que estoy seguro es que de vuelta a mi habitación seguro que fue encendiendo todas las luces de las estancias hasta llegar a la seguridad de mi cama. Creo además que desde entonces las gemelas de corta edad me provocan cierto incomodo.

Stanley Kubrick, el genio, el tirano, el perfeccionista irredento. Aunque no todos le pintan como un ogro, para algunos rodar con él no era una experiencia fácil. ¡Pero vaya resultados! Sólo alguien como él podía alterar sin pestañear los planes de rodaje de tipos como Warren Beatty y Steven Spielberg sólo por empeñarse en rodar de forma secuencial, ocupando así todos los platós de los estudios Elstree de Londres. Podrá parecer increíble, pero todos los interiores del Overlook Hotel de El resplandor son recreaciones en diversos platós. Y al rodar siguiendo el guión paso a paso, los decorados debían estar montados todos a la vez. Stanley Kubrick, haciendo las cosas a su manera.

Lo cierto es que el pobre Stephen escribió un tratamiento de su novela para la película, pero Kubrick no deseaba hacer una simple adaptación y rechazó el borrador por ser demasiado fidedigno. Prefirió encargarle el trabajo a Diane Johnson, escritora y experta en estudios góticos, con quien trabajó codo a codo para sacar adelante el guión en la forma en que él quería.

Tras rechazar la idea de darle el papel protagonista a tipos como Robert De Niro (¿De Niro y Kubrick en un mismo plató? ¡El documental de ese rodaje habría sido mucho mejor que la película!) Kubrick se decidió por Jack Nicholson, lo que en sí mismo ya era una declaración de intenciones. Desde luego alguien del perfil de Nicholson se alejaba mucho de alguien como Michael Moriarty, ese tipo de actores con cara de padre de familia temeroso de Dios que era la idea que tenía Stephen King para su Jack Torrance. El inquietante Nicholson desde luego podía parecer cualquier cosa menos un padre modelo. Claro que Torrance, un ex-alcohólico, no era precisamente un santo. Reconozco que la idea de ver a alguien como Moriarty transformarse en un psicótico habría estado bien, pero tener a Nicholson de protagonista era la bomba. Supongo que debió ser en ese momento cuando King se resignó a ver su obra convertida en un juguete en manos del diabólico Kubrick.

Desde luego el excesivo Nicholson debe de seguir irritando a algunos con su actuación en El resplandor, pero es uno de esos actores que siempre se ha movido bien entre el histrionismo y la sobreactuación. Al fin y al cabo, de todo se puede hacer un arte; hay gente que con palillos te hará una catedral gótica, y los hay que como Nicholson te darán más de lo que podías esperar de un tipo como Jack Torrance. Desde luego con su particular rostro y su sonrisa maquiavélica no hay en principio demasiado espacio para la sorpresa posterior, pero donde otros habrían mostrado locura Nicholson nos ofrece una pirotecnia esquizoide realmente maravillosa. Sólo por su improvisación con la mítica frase de presentación para Johnny Carson Here's Johnny ya hizo historia.

Curiosamente el bueno de Nicholson tuvo un rodaje bastante cómodo tratándose de una película de Kubrick, y no tuvo que luchar con el director como en rodajes anteriores, aunque el bueno de Jack era y es un tipo bastante pragmático y habría sido un buen contendiente para Stanley. Por supuesto no se libró de la mítica minuciosidad de Kubrick y sus múltiples tomas, cosa que no le dejó con muchas ganas de repetir, pero no pasó por lo que tuvo que pasar su compañera femenina en el reparto, Shelley Duvall. La pobre Shelley no era una estrella y no tenía tanta experiencia como Nicholson, así que se convirtió en el blanco de las iras de Kubrick durante todo el rodaje. Con el tiempo Shelley comprendió que la perversa táctica de Stanley le ayudó a meterse en su papel de continuo azoramiento nervioso y sacar lo mejor de ella. Una experiencia que no cambiaría por nada, y que tampoco volvería a repetir por nada. Supongo que con los resultados que se veían en la gran pantalla ningún intérprete podía albergar demasiado rencor contra el retorcido pero genial director.

Quién tampoco lo pasó demasiado bien fue el pobre Scatman Crothers, quien interpretaba al chef Hallorann. Crothers era más un producto de la era del vodevil y los clubs que de la industria cinematográfica, y aunque en su larga carrera había hecho de todo, incluyendo cine y televisión, aun no se había visto puesto a prueba por alguien tan perfeccionista como Kubrick. En cierta escena el maléfico director le hizo repetir la toma hasta en cuarenta ocasiones, y dicen que habría hecho todavía muchas más si Nicholson no hubiera intervenido. Aun así Scatman tuvo que someterse a la particular tortura Kubrick hasta que cierto día, según dicen, sencillamente se derrumbó en sollozos y exclamó: "¿Qué quiere de mí, señor Kubrick?". Con todo, en el curioso making of rodado por la hija de Kubrick, cuando es Scatman es entrevistado apenas puede contener la emoción, agradecido simplemente por haber podido estar junto a semejantes pesos pesados de la industria rodando uno de los films definitivos de la historia.

Lo cierto es que El resplandor de Kubrick es una experiencia visual magnífica, como solo el maestro podía hacerlo, llevando a cabo su propia película de terror escapando de las convenciones del género, como solía hacer con todo lo que abordaba. Sembró la historia de ambigüedad, de dudas, y sobretodo, de poderosas visiones que resultan difíciles de olvidar. Imaginad al público de la época viendo el trailer que Kubrick logró colar, que consistía en una larga toma de las puertas del ascensor abriéndose (Stanley se salió con la suya convenciendo a los de la MPAA que sólo era agua podrida). El resto de las visiones no se quedaban atrás: las niñas, las fiestas de otra era, las conversaciones de Jack, el amigo imaginario del pequeño Danny (estupenda labor de Danny Lloyd por cierto, su actuación realmente impresiona). Esas espléndidas tomas de Danny recorriendo con su triciclo los pasillos del hotel (logradas gracias al reciente invento de la Steadicam), el ruido de la secuencia alfombra-suelo de madera-alfombra, los giros que nunca sabías a donde te llevarían... habrá films de terror más infartantes, sádicos o gorefestivos, pero muy pocos, por no decir ninguno, se pueden acercar a la calidad de la dirección de Kubrick y las míticas secuencias de la cinta.

Seguro que desde entonces los hoteles y el invierno ya no fueron los mismos. Creo que nunca recorreré los pasillos de un gran hotel sin que un pequeño escalofrío recorra mi espalda. ¿Aparecerá Jack a través de la puerta con un hacha en la mano? Como bien sabréis, la puerta trucada que debía derribar Nicholson le duró muy poco, ya que el actor había trabajado como bombero voluntario, así que tuvieron que buscar una más resistente. ¡Shelley Duvall tenía razones para preocuparse! En fin, ¿qué más decir de una película así? La máquina de escribir, el cada vez más taciturno Jack, esos extraños ruidos y sonidos presentes a lo largo del film que alteran nuestro subconsciente a cada momento... El resplandor es conocida por casi todos, supongo, y va más allá de los géneros. Quien no guste del cine de terror debería verla igualmente. Además, en la raíz está la estupenda trama de Stephen King con su sello característico de terror y miedo en un ambiente hogareño y aparantemente seguro.

¿Inspiró esta foto las famosas gemelas que ve Danny?

Resumiendo, el invierno se acerca, y en las frías noches oscuras de silencio sepulcral, el ambiente es el idóneo para volver a ver El resplandor, disfrutar con todas esas imágenes inolvidables, para al final tratar de ir hasta la cocina sin encender ninguna luz. ¿Seréis capaces? Más vale que no miréis los espejos... El dulce y fétido olor del ron rojo. Redrum.

martes, 18 de octubre de 2011

Embobinando los años

El mejor tema de Steely Dan. No todo lo que he escuchado de ellos me ha parecido muy interesante, pero con "Reelin' in the Years" la cosa es distinta.

lunes, 17 de octubre de 2011

El síndrome de China (1979)

Décadas antes de que el fenómeno conocido como el "síndrome de China" fuera asociado al impacto económico del gigante asiático en los Estados Unidos y Europa, esa especie de metáfora científica servía para situar al ciudadano común en la peor de las situaciones que podían darse con un accidente nuclear. Tras la bomba y la felicidad material de los 50, la luna de miel con la energía nuclear comenzó a llegar a su fin, los accidentes, sin llegar a una extrema gravedad, comenzaron a sucederse en el mundo occidental, y muchos comenzaron a ver a esa supuesta limpia e ilimitada fuente de energía como algo que no era necesariamente bueno. Después de que los lodos de Vietnam y Nixon comenzaran a inundar Hollywood era cuestión de tiempo que alguien decidiera señalar el problema de las plantas nucleares con una película.

Previsiblemente ese alguien fue Michael Douglas, quien tras convertirse en un tipo popular gracias a Las calles de San Francisco había dado realmente que hablar con su debut como productor con Alguien voló sobre el nido del cuco. Tras el enorme éxito del film Douglas se decidió a llevar El síndrome de China a las pantallas, y por supuesto no tardó en convencer a la amazona revolucionara Jane Fonda para que participara en el film. También obtuvo la participación de Jack Lemmon, quien hizo honor a su palabra y su lealtad rechazando otros proyectos durante el retraso que sufrió la película durante la preproducción.
El síndrome de China, como film denuncia, no deja de ser algo curioso, en una manera muy 70s, donde entretenimiento y crítica política y social se entremezclaban con bastante arte. La película aún arrastra ecos del cine de catástrofes de la época, aunque de forma muy leve, y la denuncia social se arropa de un formato de típico thriller setentero con elementos conspiranoicos y una empresa privada con sujetos bastante malvados y oscuros y métodos mafiosillos. De todas formas el equilibrio entre la denuncia social más seria y la imaginación del cine de acción está bastante bien llevado, y aunque en los accidentes similares de la vida real seguramente no haya oscuros matones eliminando incómodos testigos, desde luego todos los incidentes con plantas nucleares han demostrado que la reacción de políticos, empresarios y contratistas será minimizar los hechos y ocultar información siempre que puedan.

El síndrome de China no deja de ser un entretenido thriller que trata de llamar la atención del público de la época sobre el peligro potencial que representan las plantas de energía nuclear y la importancia de una total transparencia y rigor en los controles de calidad y supervisión de las mismas. Curiosamente la realidad, que suele jugar malas pasadas en el momento más inesperado, superó a la ficción cuando apenas 13 días después de su estreno una central nuclear en Three Miles Island, Pensilvania, tuvo un serio accidente que ayudó a inmortalizar en cierta manera a la película y al "síndrome" que le dio título.

Con una sobria y eficaz dirección (y una curiosamente inexistente banda sonora) El síndrome de China resulta una entrenida película que además ayuda a reflexionar sobre el asunto de las nucleares, aunque las nuevas generaciones, Chernobyl mediante, creo que le tenemos más respeto al asunto y tenemos más información que el público medio de los 70. Aun así lo verdaderamente destacable de la película son sus actores, con la Fonda metida de nuevo en un papel de mujer moderna e inquisitiva a la par que bella y elegante, y un Michael Douglas que se decidió a aparecer a última hora después de que le fallara Richard Dreyfuss. Lo cierto es que el hijo de Kirk queda muy bien como un operador de cámara independiente y combativo siempre al servicio de la verdad y el dedo en el ojo de los políticos y mandamases. Aunque por supuesto las jóvenes estrellas bastante hacen con tratar de no quedar eclipsados por un Lemmon tan colosal como siempre metido de nuevo en uno de esos papeles dramáticos de tipo que apenas puede lidiar con la que le cae encima. Evidentemente sólo el poder disfrutar una vez más con el talento del viejo Jack ya merece la pena el ver la peli.

El síndrome de China, digno y reflexivo entretenimiento y un revulsivo para quien piense que el cine denuncia ha de ser sólo intimismo y ritmos pausados.

sábado, 15 de octubre de 2011

Astérix y el arte beta









Haría un post sobre las famosas caricaturas asterixianas de celebridades, pero nunca sería tan completo com el que podéis encontrar aquí. ¡Deben de estar todas! Lo que quizás sí haga un día sea un ranking con mis favoritas.

Astérix el galo, una obra cumbre de nuestros tiempos contemporáneos.

martes, 11 de octubre de 2011

The Rolling Stones - The Rolling Stones No 2

"¿Dejarías salir a tu hermana con un Rolling Stone?". El titular del Melody Maker, maniobra de Andrew Oldham, era el epítome de la nueva estrategia para vender la banda al mundo. Los Stones eran los chicos malos, los tipos despeinados de pelo largo que no llevaban traje, no miraban a sus interlocutores al contestar, ni llevaban trajes. Cualquier suegra daría la bienvenida a Paul McCartney. ¿Harían lo mismo con Keith Richard? Por entonces el nombre artístico del guitarra ya había perdido la 's' final. En los conciertos de la banda, las chicas perdían mucho más. Los Rolling habían empezado a conocer el fenómeno de las fans histéricas, ya comenzaban a jugar en la liga de los Beatles. Pero las cosas iban más allá, y se comenzaban a dar también los primeros disturbios. En la Inglaterra profunda no era raro que los chicos del pueblo descargan su odio sobre la banda al no poder aguantar que sus novias se volvieran locas por aquellos tipos de ciudad. Ya le había ocurrido a Elvis en los principios de su carrera. No tardó en llegar el día en que la banda salió viva de milagro de las garras de un tumulto de paletos celosos. Su equipo de instrumentos no corrió tanta suerte.

En marzo de 1964 la banda había podido disfrutar de unas pequeñas vacaciones tras las cuales volvieron de nuevo a la carretera. A finales de aquel mes la banda acudía a la fiesta de una cantante a la que también representaba Oldham. Al poco de llegar Mick tuvo una de sus habituales peleas con Chrissie Shrimpton, justo a tiempo para que el destino le presentara a una jovencita de diecisiete años llamada Marianne Faithfull, una ninfa que cortaba la respiración, hija de un militar y de la baronesa Sacher-Masoch. Iba acompañada por su prometido, el artista y coleccionista John Dunbar. Tanto Mick como Andrew cayeron sobre ella como moscas. Oldham consiguió su teléfono, aunque no tenía mucho que hacer. En realidad, mientras estuviera Dunbar a su lado, ¿podía alguien?

La gira de los Stones continuó asolando Inglaterra, Gales y Escocia, con actuaciones cada vez más cortas porque los tumultos comenzaban antes. En cierta ocasión los destrozos, griteríos y desmayos comenzaron tan pronto que a Mick ni siquiera le dio tiempo a cantar el primer tema. Los partes médicos eran escalofriantes, y Keith incluso recuerda un muerto. Aunque su idea no fuera amansar a las fieras, en junio Oldham lanzaba la carrera musical de Marianne Faithfull con el "As Tears Go By" de Jagger y Richards, un tema destinado a la cara B del sencillo pero que tuvo tanto éxito que cambiaron las tornas. El sencillo pegó fuerte en las listas británicas y tuvo buen papel en las americanas. Quizás después de todo Andrew no se hubiera equivocado al encerrarles en aquella cocina.

En el mes de mayo, tras el excelente resultado de las ventas de su LP de debut, la banda siguió girando y aprovechó un día de descanso para grabar otra nueva composición de Mick y Keith, "Congratulations". Siguieron más conciertos y una grabación radiofónica en la BBC antes de que en junio la banda viera cumplido otro de sus sueños: cruzar el Atlántico y desembarcar en los Estados Unidos, el hogar de Elvis, Chuck, Muddy, y el resto de héroes de la música norteamericana.

En cuanto la banda pisó suelo norteamericano les recibió el rugido de las hordas femeninas que ya habían acompañado meses atrás la visita de los Beatles. Tras una obligada conferencia de prensa en el Kennedy Airport y una entrevista radiofónica el primer compromiso del grupo era aparecer en el show televisivo de la cadena madre WACB The Les Crane Show, para al día siguiente cruzar el país y hacer otra aparición para la ABC, el Hollywood Palace Show. El programa era presentado por Dean Martin, quien no tenía en muy alta estima a aquel atajo de rocosos rockeros, y se divirtió bromeando sobre su aspecto y haciendo su famoso chiste de las frentes cortas y las cejas altas. Dino style! Tras unos pocos conciertos en los auditoriums y coliseums yanquis, incluyendo una feria en Texas donde conocieron a un saxofonista llamado Bobby Keys, Brian, Mick y Keith ya pudieron darse por muertos cuando llegaron a Chicago para grabar en los míticos estudios Chess, el lugar donde habían grabado sus éxitos Muddy Waters, Bo Diddley y tantas otras leyendas del blues y el R&B. Allí estaban los instrumentos, el equipo, los micros usados en todos aquellos discos que habían devorado y estudiado hasta la extenuación. Allí estaba Marshall Chess, el tipo que se había encargado de enviar a Mick todos los discos que había pedido por catálogo y que dejaron a Keith flipando. Y claro, allí estaba también Muddy Waters, ¡pintando un techo! O así le recordó siempre Keith. Una idea bastante alucinógena. Es como visitar hoy los estudios donde graben los Rolling, ¡y encontrarte al maldito Keef pintando las paredes! Bill relataba la amabilidad de Muddy ayudándoles a descargar el equipo de la furgoneta, y Marshall prefería negarlo todo, cosa lógica. De ser cierto, ¿quien querría admitir que el padre y el tío de uno tienen a tipos como Mudy Waters pintando techos? En resumen, la banda cumplió un sueño, y durante un par de días se dedicaron a grabar todos los clásicos blues y temas de Chuck Berry que pudieron, desde "Down in the Bottom" y "I Can't Be Satisfied" hasta el "Around and Around", más algunos instrumentales acreditados a Nanker/Phelge, entre ellos "2120 South Michigan Avenue", la sacrosanta dirección de los estudios Chess. Todavía subidos en su nube mitómana la banda siguió con sus compromisos por los Estados Unidos que finalizarían el día 20 con un concierto en el fastuoso Carnegie Hall. No podían tener queja, su sencillo y su primer LP se habían vendido bien, los fans les habían acogido con entusiasmo, Ed Sullivan evidentemente se había negado a que fueran a su programa, habían conocido a sus ídolos y grabado en sus estudios, y habían empezado a conocer las diferencias entre la policía británica y la norteamericana, con la que uno debía andarse con ojo, y es que no dudaban en desenfundar si uno meaba (literalmente) fuera de tiesto.

Un par de días después los Rolling ya estaban dando un concierto en Oxford, para poco después ir a Manchester a grabar otro Top of the Pops y ese mismo día volver a Londres y participar en Juke Box Jury, un programa donde iban famosos a juzgar distintas canciones que iban poniendo, una premisa bastante tonta que llevó a los Stones a ponerles las cosas difíciles al presentador. Durante el resto de julio la banda siguió dando conciertos, buscando la seguridad de las salas de baile, y realizando grabaciones para la televisión y la de la radio BBC. En agosto más de lo mismo, con unas cuantas actuaciones en las islas del Canal y su primer concierto en la Europa continental en un teatro del siglo XIX en La Haya, cuyos asientos no fueron respetados por el encantador público que se volvió loco durante la actuación. Los Stones apenas sí interpretaron cinco canciones: "Walking the Dog", "Hi-Hell Sneakers", "Susie Q", "Mona" y "Carol". Parecía una enfermedad contagiosa que se fuera expandiendo por todos los públicos adolescentes del mundo. Ya habían tenido problemas en Blackpool, cuando se quedaron sin equipo y casi sin pellejo, y no había día en que sus actuaciones no acabaran en alborotos y desmayos. Como si trataran de calmar las cosas, Decca lanzaba a mediados de agosto el EP Five by Five presentando algunas de las grabaciones que habían realizado en Chicago: "If You Need Me" de Pickett, "Empty Heart" y "2120 South Michigan Avenue" (los dos temas propios Nanker/Phelge), el "Confessin' the Blues" de Brown y McShann y el "Around and Around" de Berry. Five by Five alcanzó sin problemas el número uno en la lista de EPs.

El 2 de septiembre los Stones se encerraban en los Regent Sound Studios para grabar una composición de Willie Dixon grabada a principios de los 60 por Howlin' Wolf, "Little Red Rooster", que iba a convertirse en uno de los grandes clásicos de blues de la banda. No sé cuanto tiempo se dedicaría a las mezclas, pero en aquellos días realmente se grababa rápido, aquel día no solo grabaron el tema de Dixon, sino que además también dejaron en las cintas "Off the Hook", un movido tema pop con base rhythm and blues de la factoría Nanker/Phelge, y el "Under the Boardwalk" de The Drifters. Tras una apretada agenda de actuaciones (dos al día) durante todo el mes, el 28 y 29 de septiembre se programaron nuevas sesiones en los Regent Studios para finiquitar "You Can't Catch Me" de Berry y el estándar de Dale Hawkins "Susie Q". A a principios de octubre, tras finalizar la gira británica, Charlie Watts aprovechó para casarse en secreto con su novia Shirley y así evitar las presumibles objeciones de Oldham, quien poco después se casaba con su respectiva, Sheila Klein. Tras unos días de descanso la banda hizo sus bártulos para volver al continente, mientras en Estados Unidos se publica su segundo álbum, 12x5, básicamente una versión del EP británico 5x5 con canciones añadidas.

Grabando en Chess Records

Se dice que uno de los pocos lugares donde los Stones eran más populares que los Beatles era Francia, debido quizás a la pasión de los franceses por la música norteamericana, quienes a través de la música negra parecían haber conservado sus viejos lazos con el Mississippi. Por tanto Andrew les programó una pequeña visita a Bélgica y Francia entre el 18 y el 21 de octubre. Tras aterrizar en Bélgica la banda grabó un programa para la televisión belga y luego se trasladó a París, donde dieron una conferencia de prensa y aparecieron en el programa Quoi de neuf. Finalizaron su periplo francés actuando en el mítico Olympia, donde se volvieron a producir salvajes disturbios y la policía les acompañó fuera del recinto metralleta en mano. Tras el concierto la banda se fue de fiesta a una exclusiva discoteca parisina acompañados por un viejo amigo músico de la capital emigrado a Francia, Vince Taylor, y su pandereta Stash de Rola, hijo del excéntrico pintor Balthus. Por último el día 21 se dedicaron a rodar un corto para ser proyectado en las Scopitone, una especie de jukebox que en vez de pinchar discos ponía antediluvianos precursores del videoclip en 16mm.

El 23 de octubre los Rolling Stones desembarcaban en Nueva York para realizar su segunda gira por Estados Unidos. Pasaron cinco días en Nueva York acudiendo a radios, ofreciendo un par de actuaciones y dándose a conocer por fin a escala nacional en The Ed Sullivan Show, donde el gruñón de Sullivan finalmente les dejó actuar, a pesar de que Oldham nada más llegar a Nueva York había dado un gran titular a los chicos de la prensa: ¡los Stones no se han duchado en una semana! Durante aquellos días Keith pudo reencontrarse con su querida Ronnie Bennett, reviviendo su pequeño idilio. Tras aquellos estupendos momentos la banda se trasladó a la Costa Oeste para ofrecer algunos conciertos en California, entre ellos el de la caravana itinerante de estrellas The T.A.M.I. Show, donde a los Stones les tocó actuar después de James Brown. A pesar de salir aterrorizados, lograron solventar la papeleta, gracias a los ánimos de Chuck Berry y Marvin Gaye, logrando una buena respuesta del público. Y en esta ocasión había sido Mick quien había observado muy atentamente al maestro para extraer sus jugosas lecciones.

Durante su estancia en Hollywood la banda buscó algún buen lugar donde grabar algunos temas, y el capo de Atlantic Ahmet Ertegun les refirió al hombre indicado para guiarles en el proceso, Jack Nitzsche, vieja mano derecha (otros dicen que mentor) de Phil Spector además de teclista, arreglista, productor y hombre para todo en los estudios de la RCA, que a donde se dirigieron los Stones para grabar algunas nuevas versiones, como "Everybody Needs Somebody To Love" o "Hitch Hike", y un tema de Jagger y Richard, "Heart of Stone", para el que Keith tomó algunas ideas de la guitarra grabada en una demo el julio anterior por un tal Jimmy Page.

Dejando atrás California los Stones se internaron en el interior de yanquilandia: Ohio, Rhode Island, Illinois... Mick, Keith y Andrew tuvieron el tiempo justo una noche de hacer una escapada a Nueva York donde Ronnie les hizo de anfitriona en Harlem y juntos se fueron a ver actuar a James Brown al mítico Apollo. En Wisconsin la banda tuvo que actuar sin Brian, que sufrió un colapso aduciendo problemas respiratorios, aunque todos lo achacaban a demasiada fiesta y demasiadas pastillas, y es que en el aspecto de drogas Brian les estaba cogiendo ventaja a los demás. Para rellenar el hueco la banda tiró mano de Stu, que suplió también al rubio guitarrista en Indiana y Chicago, donde además de actuar volvieron a los estudios Chess para grabar algunas demos. Brian empezaba a ser un problema no sólo por las drogas, algo en lo que el resto iba adentrándose poco a poco; por ejemplo en su periplo estadounidense Keith había descubierto las bondades de la marihuana y los estimulantes de la mano de un músico negro. También aprendió que las bondades del color negro no acababan con la música y los porros, ya que en las ciudades por donde pasaban si se iba a los barrios negros era bien recibido y le ofrecían comida, bebida y mujeres, mientras que en la parte blanca lo más probable es que los paletos del lugar le llamarán maricón por su pelo largo y sus extrañas pintas. Hablando en plata, lo cierto es que Brian Jones se estaba volviendo insoportable con un ego cada vez más desmedido.

De vuelta a la madre patria los Stones volvieron a los platós de Ready, Steady, Go! para presentar "Off the Hook", "Little Red Rooster" y "Around and Around". Mick y Brian fueron entrevistados para la ocasión. Completaron el mes con otras apariciones televisivas y radiofónicas, donde Mick solía defender la lentitud de su noveno single, "Little Red Rooster". ¿Acaso por ser los Stones no podían grabar un blues lento? Se podía bailar con la persona adecuada, decía Mick. El público le dio la razón. A su regreso de Estados Unidos el tema era número uno en ventas. La banda había logrado lo imposible: hacer que el blues fuera devorado por los consumidores.

Los Rolling inauguraron 1965 con una corta gira por Belfast e Irlanda y su nuevo LP en las tiendas, The Rolling Stones No 2. El álbum se abría con la versión larga de "Everybody Needs Somebody to Love" de Solomon Burke, algo más acelerada que la original, con Mick deslizando las palabras como una viscosa serpiente moviéndose entre el humo de alguna vieja barraca de Carolina del Sur. En "Down Home Girl", la composición de Jerry Leiber, rebosante de un ritmo juguetón de rhythm and blues, la serpiente de Mick ya se ha enroscado por los muslos de una virgen. Es lo más cercano al Jagger chulesco que todos conocemos, sembrando su blanca semilla para el gato callejero y el azúcar moreno. "You Can't Catch Me", la versión de Berry, es atacada al modo de Bo Diddley, con las guitarras de la jungla rugiendo al compás del tam tam de Charlie. "Time Is On My Side", el tema popularizado por Irma Thomas, había sido lanzada como single en los States, y regrabada con intro de guitarra para ser comercializada en Gran Bretaña. A pesar de no ser un tema propio, es quizás uno de los temas más reconocibles de los Stones de la primera época, quizás su primer gran tema junto al blues "Little Red Rooster", aunque el primero es evidentemente más popular. El trabajo de guitarra de Brian es estupendo, fielmente respaldado por los ligues de Keith, con Charlie conjuntándolo todo, y unos coros estilo Merseybeat que mostraban un salto cualitativo bastante importante respecto a su primer álbum. You'll come running back to me es algo que el propio Mick podría haber escrito de su puño y letra. "What a Shame" era un sencillo rhythm and blues compuesto por Mick y Keith, al igual que "Grown Up Wrong", un estupendo hijo del blues electrificado de Chicago con una hipnótica base rítmica a cargo de Charlie y Bill y un toque de la armónica de Brian al final del tema. "Down the Road Apiece" es un viejo boogie popularizado por Chuck Berry, que la banda grabó a la manera del viejo Chuck, mientras que "Under the Boardwalk" queda muy lejos del original de los Drifters, no parece acabar de encajar con el estilo del grupo. "I Can't Be Satisfied" nos regala un magnífico toque de baquetas a cargo de Watts y la técnica purista al slide de Brian. "Pain in my Heart" es un tema lento del maestro del rhythm Allen Toussaint, con Mick usando sus negroides registros graves en las estrofas para dar paso a sus furiosos fraseos de pelea en un callejón. El penúltimo tema del álbum es el movido "Off the Hook", otro tema bailable atribuido a Nanker/Phelge, para finalizar con la versión de "Susie Q", que como todas las demás quedaría borrada de la faz de la Tierra gracias a la Creedence.

Como siempre el baile de portadas y temas entre Gran Bretaña y Estados Unidos fue importante. En 12x5 coincidían "Time Is On My Side", "Grown Up Wrong", "Under the Boardwalk" y "Susie Q", pero se caían todas las demás para dar paso a "Around and Around" e "If You Need Me", incluyendo, paradójicamente, más temas propios de la banda que en su edición inglesa. El tercer álbum norteamericano, The Rolling Stones, Now!, recogería canciones de este segundo álbum británico y de grabaciones posterioroes de aquí y allá. En fin, un lío. Lo cierto es que en The Rolling Stones No 2 los Stones habían sacrificado algo de su empuje más salvaje por melodías más complejas y arreglos más trabajados. Pero incluso en la versión del "It's All Over Now"de The Valentinos en el 12x5 se notaba la sofisticación de la producción y el refinamiento de la banda, en un tema que un año antes habría socavado los cimientos del estudio.