domingo, 30 de septiembre de 2012

sábado, 29 de septiembre de 2012

Angelus Apatrida

La verdad es que no sé cual será el estado de salud mundial del thrash metal, pero en cuanto a España se refiere me encanta saber que tenemos a unos perfectos discípulos de Slayer, Anthrax y demás maestros del género que saben lo que se hacen y que pueden mirar cara a cara a cualquier banda metálica europea que se los ponga por delante. Y volviendo de nuevo al recinto hispano, ¡por fin un grupo de metal español que no está plagado de influencias escandinavas y cantantes chillones! A ese nivel de repercusión me refiero. No me vengáis con que en Burgos estaban tal y tal que parecían hijos de Hetfield. En fin, que el otro día salieron en Los conciertos de Radio 3, y eso de por sí ya es algo digno de celebrar (y para ser ese programa sonaron bastante bien, salvo la batería para mi gusto). Angelus Apatrida; más allá de los estilos, son de lo mejor que tiene el rock de este país. Grandes.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Evasión o victoria (1981)

¿La "Marcha Real" o "Els Segadors"? Parece ser la pregunta últimamente. Es un tema espinoso para mucha gente, y mi opinión al respecto prefiero proferirla en las terrazas de los bares, pero desde luego hay una cosa que tengo clara: ninguno de los dos himnos funcionaría en la inolvidable y climática escena del estadio en Evasión o victoria. Lo siento chicos, es lo que tiene "La Marsellesa". Realmente ensalza el sentimiento de libertad y reconforta el espíritu. Es curioso eso de los himnos. En las competiciones deportivas en plan JJOO o Mundiales de fútbol, nuestra especie de "trololó" siempre se me queda pequeño y pachanguero comparado con el de Francia, o ese "Deustchland Über Alles" que le permite a uno invadir Polonia con toda convicción, o el de Italia, que parece sacado de alguna pieza de Verdi. El peso de la historia, supongo. Pero dejémonos de himnos y vayamos al grano.

Evasión o victoria, otro de tantos títulos que me epataron siendo un chavalín. Imaginad, ¡Segunda Guerra Mundial y fútbol! Hay edades en las que uno ni siquiera puede concebir una combinación así. Es como cuando descubrías la combinación del pan y la nazilla (¡nada de marcas!), era como "¿qué? ¿Esto se puede combinar? ¡Porque nadie lo dijo antes!", un completo descoloque. Hoy en día la película ya no me parece tan estratosférica, pero creo que sigue valiendo la pena verla. Porque tras las cámaras estaba todo un John Huston, bien es cierto, rodando uno de sus enésimos encargos, pero de no haber estado él tras las cámaras creo seguramente que hoy Evasión o victoria sería uno de los tantos títulos olvidados de Michael Caine en los 80, o del Stallone "pre-Rambo".

La trama de Evasión o victoria (que tiene sus antecedentes, de hecho, y por lo que tengo entendido, lo bastante parecidos como para haber podido considerar este film como un remake, aunque no lo sea) resultaba de lo más excitante: durante la Segunda Guerra Mundial un comandante alemán, Karl von Steiner, antiguo jugador de fútbol, se encuentra durante una visita a un campo de prisioneros con otro ex-jugador, británico, con quien mantiene una charla acerca del fútbol, la guerra y la vida en general. Steiner le propone al británico, el capitán John Colby, jugar un partido, alemanes contra prisioneros, para olvidarse un poco de la guerra. Colby acepta, si a cambio le dejan reclutar jugadores de otros campos. Pero el partido no tardará en írsele de las manos a Steiner, cuando su idea llega a oídos del Ministerio de Propaganda nazi. Entonces lo que era un simple partido amistoso se convertirá en una metáfora de la guerra y de la imagen de superioridad que Alemania quiere dar al mundo.

No creo que haya que decir mucho respecto a la dirección de la película: ahí tenemos a un veterano John Huston que lo sabía todo sobre cómo dirigir un film, y por ello la cinta es una máquina de precisión cuya acción no deja de avanzar pero sin que quede atropellada, y que no deja espacio para el tedio o para secuencias superfluas. El peso interpretativo lo llevan el mencionado Michael Caine y el siempre (¿pero siempre eh? Lo de este hombre es para nota) efectivo Max Von Sydow, dos pesos pesados que dan al film un gran empaque. No se puede decir lo mismo de un Sylvester Stallone que estaba petándolo con la saga Rocky y volvió locos a todos en el rodaje, especialmente cuando se empeñó en que fuera su personaje quien marcara el gol crucial. ¡El único problema era que su Robert Hatch era el portero! Me habría gustado ver los debates sobre el tema, debieron ser delirantes. Al final todo se arregló para que Hatch parara un penalti, y así Stallone tuviera su momento de gloria. El resto del reparto lo formaron auténticos jugadores profesionales como Bobby Moore, el ínclito Pelé (quien además se encargó de coreografiar las escenas futbolísticas, entre las que no falta una de sus famosas chilenas) y el argentino Osvaldo Ardiles (quien tiene otro de los momentos estrella con el balón), entre otros.

Aparte de la famosa escena del himno francés, Evasión o victoria ofrecía épicos momentos de fútbol a cámara lenta, dilemas morales, fieros alemanes, y alguna que otra escena impactante (para un mente infantil, al menos), como cuando llegaban al equipo los pobres prisioneros eslavos. Desde luego la película sigue siendo tan entretenida como lo fue en su día, con la gran ventaja además de que pueda gustar incluso a quien deteste el fútbol. 

Evasión o victoria: sacrificio, amistad, heroísmo, Stallone parando penaltis... En realidad no sé por qué no es de visionado obligatorio en las escuelas. Pero aparte de estas disquisiciones, quiero despedirme comentando el cartel español, donde como en el yanqui, aparecen Sly y Caine brazo en alto formando la "v" de victoria, al que añaden a Pelé, que supongo que aquí era más popular, haciendo con los dedos el churchilliano signo de venceremos. Pero no sé por qué Michael Caine en vez de levantando un puño con determinación está lanzando un gran "ok" al mundo, en plan, "sí, tomemos unas pintas después del partido". En fin, nada como un detalle tonto para cerrar un escrito, ¿verdad?

OK, haré mi buena acción del día, y os dejo esto a modo de curiosidad. ¿Habrá alguna peli que recoja esos hechos?

martes, 25 de septiembre de 2012

The Dick Cavett Show

No sé si las entrevistas televisivas en profundidad volverán algún día. Bueno, no es que se hayan ido del todo. Pero por ejemplo un político no es, digamos, un entrevistado ideal. En realidad, cualquiera que tenga muy claro lo que quiere decir, o dedicado a vender algo, no proporcionará una buena entrevista. Claro que en estos tiempos ya nadie parece tener la paciencia como para querer saber de alguien o dedicar a escuchar a un famoso más allá de los ocho o como mucho diez minutos, sobretodo si no está gritando o hablando de la calidad de su semen. Y los pocos programas que puedan dedicar tiempo a las entrevistas, sepultados en horarios raros, normalmente en alguna cadena pública, llevan muchas veces a invitados poco interesantes o que no acaban de funcionar. Realmente lograr una gran entrevista es un arte difícil que no depende sólo del entrevistador. Pero también es cierto que un buen entrevistador que sepa crear el ambiente idóneo podrá ir haciendo que el invitado se relaje y vaya contando tal o cual anécdota, o su opinión sobre esto o aquello. Podría lograrlo incluso de alguien tan reservado como George Harrison. Quizás por ello Dick Cavett tuviera tanto éxito en su día, no sólo entre el público, sino también con sus invitados, hasta tal punto que incluso todo un Marlon Brando no sólo acudió a ser entrevistado, ¡él mismo levantó el teléfono para llamar y ser invitado al programa! Ésa era la magia de Cavett: crear un ambiente distendido, conversar como lo harían dos amigos sobre esto o aquello, dejando que fuera la misma charla la que marcara la pauta, mientras el invitado relataba anécdotas divertidas o interesantes, o dejaba entrever sus opiniones políticas o sobre la vida en general. Por todo ello los DVD que Cavett ha comercializado con viejas entrevistas han tenido bastante éxito, e incluso algunas se han vuelto a emitir en el canal TCM. Y es que, aparte del buen hacer de Cavett, la lista de invitados que pasaron por su programa es, como veremos, impresionante.

Hoy en día en la televisión española las entrevistas en los programas de variedades suelen dar pena. Hay excepciones, pero suele ser más mérito del invitado que del entrevistador. E incluso hay un programa que ha dado que hablar debido a su curiosa manera de concebir las entrevistas. Ciertamente parece que en cuanto a entrevistas, vivimos en el reino de la hamburguesa rápida. Los tiempos de Ángel Casas o las entrevistas de Terence Moix quedan lejos. Y hay ejemplos más recientes, pero quizás con la excepción de Casas (hasta donde yo recuerdo, claro) los programas de entrevistas que haya podido ver suelen fallar en el entrevistador, y en una, por lo general, falta de sentido del entretenimiento que, como bien sabemos, no falta en la televisión norteamericana. Un invitado interesante no necesariamente convierte una entrevista en interesante. Y aunque hayamos tenido o tengamos programas de entrevistas que no duren un suspiro, suelen hacer gala de una falta de agilidad pasmosa, y dan una sensación de frialdad. Ésa es una lección que los yanquis, tanto entrevistadores como entrevistados, suelen tener aprendida. Pero entre los primeros los hay que pueden pecar de usar a los segundos en beneficio propio, mientras que entre los segundos los hay que se toman la entrevista como un mero evento publicitario más. Con Cavett eso extrañamente sucedía, por no decir nunca. Sobre lo acertado de sus invitados Dick siempre ha otorgado ese mérito a su equipo, pero en lo primero el presentador siempre tuvo claro que el invitado no era una mera tarta que lanzar para provocar risa. Cavett era, y es, un hombre culto, y siempre tenía una buena pregunta a mano, y sus entrevistas iban más alla de la profesión del actor, lo cual dejaba la puerta abierta a conversaciones fascinantes.

Hoy en día la televisión española, que no deja de ser, por lo general, un reflejo de las modas televisivas en los Estados Unidos, ya sea en telediarios o late shows, no es la única que adolece de ese problema. De hecho fue allí donde se impusieron las entrevistas rápidas que podemos ver ahora en los programas de David Letterman o Conan O'Brien, aunque en muchas ocasiones resultan al menos entretenidas por lo que ya he mencionado antes de su sentido del espectáculo. Curiosamente, Dick Cavett recordaba cómo en sus comienzos en la televisión la situación era la misma. Los productores de los programas nocturnos creían que el público prefería varios entrevistados a uno sólo y en profundidad. Y cuando Cavett sugirió que ese formato podría funcionar, se rieron de él.

Evidentemente nadie iba a escuchar a un novato. Tras estudiar drama en la Universidad de Yale, Cavett trabajó en el teatro y la televisión, en pequeños papeles aquí y allá. Como muchos actores que empiezan, compaginó la interpretación con una multitud de trabajos paralelos. Fue en uno de esos trabajos, como chico para todo en la revista Time, cuando descubrió unas declaraciones de Jack Paar, sustituto de Steve Allen en el mítico The Tonight Show (aunque no todo lo mítico que llegaría a ser con Johnny Carson), en las que mostraba su preocupación por encontrar a nuevos talentos que le escribieran sus monólogos iniciales. Cavett, que era de esos que no había dudado en colarse en rodajes y platós por ver si conseguía trabajo, se decidió a escribirle a Paar unos cuantos chistes, que logró entregarle en mano. Paar usó algunos, y le conminó a seguir escribiendo más. En unas pocas semanas Cavett fue contratado como coordinador de talentos. Así comenzó el aprendizaje televisivo de Cavett, bajo el ala de Paar, del que aprendió casi todo lo que se debía saber del negocio. También lo hizo del sustituto de Paar, el gran Johnny Carson. Al mismo tiempo su trabajo en la cadena le permitió trabar amistad con cómicos como Woody Allen o todo un Groucho Marx. Finalmente en 1964 Cavett decidió emprender paralelamente una carrera como cómico de club, lo que viene a ser un stand-up comedian.

En la televisión Cavett apareció de vez en cuando en algun gag del Tonight Show, y se dedicó también a prestar su voz para varias programas de televisión. Finalmente, tras presentar un especial, la ABC le contrató para presentar un programa matutino, This Morning, que acabaría siendo el germen del primer The Dick Cavett Show. Después de que el programa no acabara de funcionar por las mañanas, la ABC lo reprogramó para las tardes, hasta que finalmente fue elegido para rivalizar con el todopoderoso Tonight Show de Carson en diciembre de 1969. La franquicia The Dick Cavett Show acabaría pasando por varias cadenas, pero su época clásica tuvo lugar en la ABC entre el 69 y el 75, y más tarde en la televisión pública hasta el 82, aunque el programa continuaría hasta bien entrados los 90.
Katherine Hepburn, una de sus entrevistas más recordadas
El programa seguía el formato que más o menos todos conocemos, y que se venía dando desde los tiempos de Steve Allen: un monólogo inicial del presentador, partes de comedia, actuaciones musicales, entrevistas, etc. Sin duda dos cosas diferenciaron el programa de Cavett del resto: su estilo de entrevistas y una particular atención a las estrellas de rock (Dick afirma que las estrellas de rock le preferían a él, aunque sin saber muy bien por qué) que imagino le debieron granjear una gran popularidad entre el público más joven. 

Como ya he dicho, Cavett tenía una especial habilidad para mantener conversaciones relajadas, interesantes y que en ocasiones podían ser mucho más profundas de lo habitual. En muchas ocasiones dos o tres invitados se reunían en la entrevista, algo que no era especialmente nuevo, pero Cavett lograba unas curiosas interacciones entre ellos dado que solía ampliar el rango profesional de sus invitados. A su programa no sólo acudía gente del espectáculo, sino también escritores, políticos o pensadores. En su primer programa el presentador reunió a Gore Vidal, Muhammad Ali y Angela Lansbury. Aunque en otras ocasiones, si creía que el invitado era lo bastante importante, le dedicaba el programa entero. Evidentemente la lista de famosos que pasaron por su programa sería eterna, pero una pequeña selección ya asusta: Jimi Hendrix, Groucho Marx, Truman Capote, Richard Burton, Orson Welles, Noel Coward, Katherine Hepburn, John Cleese, Alfred Hitchcock, Janis Joplin, John Lennon, y un largo etcétera. Además Cavett logró entrevistar a figuras tan elusivas como Ingmar Bergman o el citado Brando.

Dada la época en que se emitió el programa, las actuaciones musicales del programa fueron igual de impresionantes. Por ejemplo nada más acabar Woodstock Cavett llevó al programa a los Jefferson Airplane, a Joni Mitchell y a Stephen Stills y David Crosby, con el público recién llegado también del festival. Los Jefferson cantaron "We Can Be Together", y se convirtieron los primeros en soltar en directo en tele un sonoro fuck. Además el programa albergó las actuaciones de otros invitados como Hendrix, Janis, Ray Charles o Stevie Wonder. La primera vez que Sly Stone apareció en el programa llegó totalmente colocado, dando lugar a una alucinógena entrevista.

En fin, podría seguir escribiendo sobre The Dick Cavett Show, pero lo mejor será que juzguéis vosotros mismos rebuscando en Internet sus programas y entrevistas. En Youtube hay por lo menos un par de programas enteros (aquí y aquí, con Janis y Lennon) y varias entrevistas y actuaciones musicales. Para algunos existirá la barrera del idioma, pero sobre eso no puedo hacer nada. Para los que no, pues ya sabéis: si no queréis resignaros a contemplar la enésima charla tonta y vacía en alguno de nuestros canales patrios, recurrid a la red para encontrar entrevistas de calidad.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Un mundo aparte (1976)

On the set of 'Car Wash', I was too coked out to know any better. Richard Pryor sobre su enharinada interpretación en Un mundo aparte.

El título original era Car Wash. Y el año, 1976. Si aceptamos que Car Wash es un título Blaxploitation, entonces estaríamos hablando del último clásico de ese género negro como la pez y ala de cuervo. Para entonces el Blaxploitation ya mostraba signos de agotamiento, con cintas de acción que usaban fórmulas ya sobreexplotadas y alocadas readaptaciones de viejos clásicos. Por ello quizás no deje de ser sintomático que Car Wash naciera como un proyecto musical para Broadway, aunque al final acabó siendo una película.

Un mundo aparte, como la titularon aquí, es una comedia urbana que muestra un día cualquiera en un lavadero de coches, regentado por un blanco, demasiado anticuado (o quizás demasiado tacaño) como para instalar máquinas de lavado automático. Por ello prefiere contratar a minorías étnicas (principalmente negros, aunque también hay hispanos y un indio) y publicitarse como el único lavadero de coches de la ciduad que ofrece un lavado a mano (best handjob in town!). La película ofrece un reparto totalmente coral repleto de personajes curiosos y extraños. Al final y cabo la trama narra un día en la vida de un grupo de inadaptados que coinciden o trabajan en el lavadero de una gran ciudad como Los Ángeles.

La verdad es que la lista de personajes a repasar es larga: tenemos al ya citado dueño, el típico jefe con puro de toda la vida; la típica cajera y secretaria jamona, con la que ¡oh sorpresa!, el jefe está liado, aunque en realidad la cajera sueña con que un día llegue su príncipe azul; y lo más interesante del film, los miembros del equipo de lavado: dos negros, Lloyd y Floyd, que se pasan el día ensayando pases de baile, soñando con ser los nuevos Sam & Dave y triunfar en Soul Train; Hippo, el típico negro de gordo de barrio que todos tenemos en mente, en plan serie de Bill Cosby; T.C., un negro con un afro kilométrico que sueña con ser un superhéroe negro, La Mosca, y tener una cita con una camarera sexy que no le hace demasiado caso, aunque pretende remediar eso ganando unas entradas en un concurso radiofónico; Lindy, un travesti con actitud, interpretado, cómo no, por el sempiterno Antonio Fargas (¿su mejor papel? ¡probablemente!); Duane (aunque prefiere ser llamado Abdullah), un musulmán radical seguidor de Malcom X y los panteras negras (Bill Duke en su primer papel); Lonnie, un ex-presidiario que trata de seguir adelante con una vida honrada; Chuco y Goody, un hispano y un indio que se pasan el día gastándose bromas pesadas como dos críos; otra pareja son Scruggs y Geronimo: el primero tiene problemas con su chica, y el segundo le aconseja como si lo supiera todo sobre el amor; Earl, un negro estirado que se cree mejor que los demás porque no está en la sección de lavado y se libra de los trabajos manuales; Snapper, un negro anciano que trata de hacer su trabajo sin meterse en líos, y que cree ciegamente en Daddy Rich; Marleen, una prostituta que usa uno de los baños del lavadero como vestuario, y que busca también su príncipe que la saque de las calles, y el gran Daddy Rich, un predicador sacacuartos que para los negros del gueto ejemplifica el éxito y el modelo a seguir, y que protagoniza uno de los momentos álgidos de la película, en un grandioso cameo de Richard Pryor y las Pointer Sisters. Y, en fin, como he dicho, la lista es larga, y en el extenso reparto tenemos también pequeños papeles de los cómicos Garrett Morris y George Carlin.

Un mundo aparte, en un tono ligero de comedia, nos ofrece un retrato de los estereotipos que nos podríamos encontrar en los barrios pobres de cualquier gran ciudad norteamericana en los 70. Aunque su reparto es principalmente negro, ahí tenemos también al hispano descarado, un confundido hijo del jefe blanco que se cree maoísta y quiere ser uno más entre los "hermanos" negros, y un largo etcétera de personajes que nos permiten hacernos una idea de cómo debía ser la vida en cualquier barrio multirracial en la era del funk y el soul. De hecho la banda sonora es excelente, y entre las microhistorias de la trama suena la voz de un DJ que va poniendo música en una perfecta muestra de la transición del funk a la música disco, antes de que ésta rápidamente se convirtiera en un producto de lo más estándar. Un mundo aparte es un film entretenido, con sus buenos momentos, una excelente banda sonora, y que además nos da la oportunidad de poder situarnos mentalmente en aquella mágica época de pelos afros, solapas gigante sy demás. Y aunque en estos casos el color de la piel no tiene porque ser óbice para nada, no deja de tener su coña que el guionista sea blanco: ¡nada más y nada menos que Joel Schumacher! Por desgracia para él, me temo que seguirá siendo recordado como el hombre que casi logra sepultar la franquicia cinematográfica de Batman por siempre jamás.

Daddy Rich, el indiscutible triunfador del gueto
Un mundo aparte podría interesar en principio a cualquier tipo de público, pero evidentemente quienes vivan a fondo la música y la estética de la época, conectarán fácilmente con un film como éste. Y si sois de los que el género negro 70s no os dice nada, con sus disparos, sus drogas, sus supermachos y sus féminas luchadoras, probad con esta película, y quizás podáis decir orgullosos que os gustó una cinta de Blaxploitation. Al resto, recomendar de nuevo una deliciosa cinta como ésta; no digo que os vayáis a encontrar con la versión negra de Ernst Lubitsch, pero vale la pena igualmente.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Delgado como el papel

OK, el otro día viendo esto llegué a la conclusión de que he ignorado demasiado tiempo la obra del señor Hiatt. ¿Cual sería el disco ideal para empezar con él?

viernes, 21 de septiembre de 2012

Drive (2011)

¡Excitante film! Y con eso podría concluir esta reseña. Se habló mucho de ella el año pasado y causó sensación en la blogosfera, y con razón. En estos tiempos resulta difícil dar con grandes películas dentro de la Serie A Hollywoodiense. Por supuesto los sigue habiendo, pero como se ha comentado en más de una ocasión, las buenas historias parecen por lo general destinadas a nacer y desarrollarse en la televisión. Drive no destaca sólo por su calidad, sino que además nos ofrece, en pleno siglo XXI, cine de gángsters y automóviles con influencias de aquellas maravillosas películas de los 60 y los 70, protagonizadas por tipos duros y silenciosos. Hace cuarenta o cincuenta años Drive habría sido protagonizada por Steve McQueen o Clint Eastwood. Y ése es un detalle lo bastante importante como para visionar esta cinta, si eres de los que, como yo, pensamos que el cine de acción en aquellos días alcanzó cotas de perfección difícilmente superables.

Un guión más digerible es lo que seguramente le faltó a Valhalla Rising para haberse ganado más admiradores, porque la facturación era perfecta y el protagonista, carismático. En Drive el director danés Nicolas Winding Refn tenía la ocasión perfecta para llegar a un público más amplio. No sé por qué me da que Refn debe ser un tipo peculiar, de esos que no se meten en un film de acción así como así (aunque ya se rumorea que dirigirá una nueva adaptación de La fuga de Logan), pero por lo visto le atrajo el personaje principal de esta historia lo bastante como para aceptar dirigirla. Y es que desde la publicación de Drive, la novela, en 2005, al parecer a la obra le salieron muchos amigos entre los estudios de Hollywood. De hecho el film estuvo a punto de ser un vehículo para Hugh Jackman, con todo lo que eso habría implicado (adiós guión, hola público adolescente). Y que conste que no tengo nada contra Jackman; sea peor o mejor actor, es una de las pocas estrellas genuinas que le quedan a Tinseltown.

Por suerte para nosotros todo cambió cuando Jackman se cayó del proyecto, y en su lugar fue elegido Ryan Gosling, a quien al parecer le ofrecieron el raro privilegio de elegir director (no sé nada de la carrera anterior de Gosling, aunque por alguna razón me sonaba su cara; pero imagino que debió tener algun gran éxito para obtener semejantes poderes). ¡De todas formas me habría gustado ver la cara del productor cuando Gosling eligió a Refn como director! Aunque bueno igual era un productor de esos con un mínimo sentido artístico.

La verdad es que no deja de ser curioso el enorme parecido entre la trama de Drive y la de The Driver (la revisé aquí), no sé si el novelista la acababa de ver cuando se puso a escribir o qué. Aunque bueno de personajes duros y silenciosos el mundo está lleno. De lo que podemos estar seguros es de que Ryan Gosling es mucho mejor actor que Ryan O'Neal. En este caso, Drive tiene también de protagonista a un experto conductor sin nombre que ofrece sus habilidades al volante a atracadores y criminales para burlar a la policía tras el trabajo de turno. Por el día, el conductor que interpreta Gosling trabaja de especialista en rodajes hollywoodienses, aparte de trabajar por las tardes en el taller de Shannon, un tipo con turbias conexiones mafiosas que le valieron una cojera permanente. Como es de esperar, la extraña y apacible vida del conductor se nombre se irá complicando, muy a su pesar.

Salvo para los tristes que sólo busquen una historia nunca contada antes, Drive ofrece una trama muy bien construida con escenas excitantes, intercalada por una bastante silenciosa historia de amor que no sólo no frena la acción principal, sino que la complementa y la estimula. En líneas generales las cantidades están muy bien medidas, y todo lo tenemos en su dosis justa: los tiroteos, los momentos románticos, las peleas, las persecuciones en coche (rodadas, gracias a Thor, en ese delicioso estilo de antaño), y los diálogos; y dada la característica parsimonia del protagonista, éstos corresponden sobretodo a Shannon y los malutos del lugar. 

Efectivamente tenemos un guión muy bien construido, y una excelente dirección de Refn. Ésta es la segunda película que le veo (aunque ya tengo Bronson en el punto de mira), y no cabe duda de que el tipo tiene un talento especial para las atmósferas y las ambientaciones (aquí no repite director de fotografía pero sí mismo montador) y, de forma curiosa, para las peleas en distancias cortas (quizás por ello éstas aparecen en sus tres últimas películas, ¡quién sabe!), que resultan siempre deslumbrantes. Desde luego visualmente Drive, como ya hiciera Valhalla Rising, ofrece muchos alicientes y alguna que otra escena impactante.

Y, como toda gran película, aparte de un estupendo guión y una gran dirección, Drive tiene un más que sólido reparto, encabezado por Gosling y la actriz Carey Mullingan, que interpreta a la desvalida vecina del conductor. Buena química entre ambos que hace funcionar mejor su historia. Otros nombres a destacar, los de la curvilínea Christina Hendricks, que está, supongo, todo lo bien que se puede estar en un papel tan breve y plano, y un feroz Albert Brooks. En realidad todos los secundarios destacan de un modo u otro, como ya he dicho, Drive tiene un reparto muy sólido. Pero personalmente creo que en el primer puesto situaría a los geniales Ron Perlman y Bryan Cranston: uno da miedo y el otro da pena, lo cual quiere decir que ambos lo bordan.

Tengo muchas películas del 2011 por ver, pero estoy seguro de que Drive fue uno de los mejores films de aquel año. Así que debéis verlo irremediablemente. Y deseo que Nicolas Winding Refn siga encontrando guiones interesantes que rodar. Si tiene suerte con eso, podríamos estar ante uno de los grandes directores del presente/futuro.

martes, 18 de septiembre de 2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

Mazinger Z

No fue el primer robot gigante surgido del Japón, pero sí el primero pilotado desde dentro, y el más popular, dando origen al género mecha de los grandes robots pilotados por humanos. Dicen que la idea del robot gigante controlado desde dentro le vino a su autor, Gō Nagai, cuando estaba atrapado con su coche en un atasco. Y quien haya estado en un atasco sabrá que la imaginación enseguida vuela hacia algún dispositivo o vehículo que evite perder todo ese tiempo entre bocinazos y desesperaciones. Desde el día su publicación, un 12 de septiembre de 1972, y la primera emisión de la serie en Fuji TV, en diciembre de aquel año, Mazinger Z causó sensación en todo Japón, y poco después, en todo el mundo. En España la serie significó una revolución total en cuanto al entretenimiento infantil y juvenil, y la conmoción fue tal que no fueron pocas las protestas por su violencia y sus salvajes combates. Y es que aquella serie poco tenía que ver con las series animadas que se habían podido ver hasta entonces. 

Mis recuerdos de Mazinger Z, más que de la serie, son de unos cuantos cómics que circulaban por mi casa. La historia era increíble y deliciosa: un grupo de arqueólogos encontraban en Rodas unos autómatas micénicos, y uno de ellos, el Dr. Infierno, se los apropiaba para crear un ejército de robots con los que dominar el mundo. ¡Grandioso! Como todos sabemos, tan sólo el profesor Kabuto lograba sobrevivir a la ira de los autómatas, por lo que tras llegar a Japón se dedicó a crear un super robot con el que defender a la humanidad del Dr. Infierno y su inquietante ayudante, el barón Ashler, quien finalmente acabaría con la vida del profesor Kabuto, aunque antes el pobre hombre lograría contarle todo el asunto a su nieto Koji. Y a partir de ahí, la historia se repetía: Koji entraba en su famoso planeador para aterrizar en el cabolo de Mazinger y así poder derrotar a los engendros mecánicos que el Dr. Infierno iba enviando de cuando en cuando, siempre con extraños nombres numéricos y poderosas armas, aunque nunca lo bastante como para derrota al gran Mazinger. Demonios, ¿qué más podía pedirle un niño a una serie así? ¡Al diablo con Marco y su madre! ¡Mazinger era el uno!

Aparte de esos pocos cómics, nunca llegué a ver la serie completa. Bueno en realidad nadie en la época lo hizo, porque Mazinger Z fue emitida incompleta y fuertemente censurada. Imagino que ahora estará todo disponible, sin censura y con todos los episodios. La verdad es que cualquier época del año es buena para volver a ver, o descubrir, unos cuantos capítulos de la serie. Pero ahora que se cumple el 40 aniversario de su creación la excusa es perfecta. ¡Siempre es un placer reecontrarse con los brutos mecánicos del Dr. Infierno! Esos entrañables Garada K7 u Ozones B3 (lástima que no hubiera un superandroide Antonio Ozones B3 diseñado para confundir a Mazinger con su verborrea!). Y por supuesto con el bravo Koji, Sayaka, y el propio Mazinger.

Por lo que sé hay en Tarragona una estatua gigante de Mazinger Z, unr esto de algun viejo parque temático o algo así. ¡Estaría bien ver eso! Espero que lo declaren patrimonio cultural o algo y lo conserven como si fuera una ánfora romana. ¡Puños fuera!

domingo, 16 de septiembre de 2012

Star Trek - La película (1979)

¿Beatles o Stones? ¿Cocacola o Pepsi? ¿Star Wars o Star Trek? En esta vida parece que a veces haya que realizar elecciones, un tanto absurdas seguramente (¿Elegir entre el Beggar's Banquet o el Stgt. Pepper's por ejemplo? ¡Eso es ilógico, capitán!). Pero la verdad es que ciertamente no soy lo que se conoce como "trekkie". Por regla general me gustan las películas que he visto, sean mejores o peores, y lo que vi de las nuevas series me dejó bastante frío. Cierto es que tengo curiosidad por ver la serie original, aunque por el momento no he sentido un gran impulso para verla, pero bueno, cualquier día de éstos. De todas formas siempre me pareció curioso que una franquincia tan enorme hoy en día tuviera tan poco éxito en su día, con apenas tres temporadas. Y de hecho si no fue cancelada antes fue por una muy bien planeada campaña de cartas que organizaron los, al parecer, no demasiado numeros trekkies de la época, y que abrumó a los de la NBC, quienes aceptaron darle continuidad, aunque al parecer con sus bajos niveles de audiencia la serie estaba condenada. Pero fue uno de esos extraños casos en que el culto fue creciendo más allá de la serie, y cuando la Paramount cedió sus derechos de redifusión, resultó que la demanda fue bastante más espectacular de lo que habían podido suponer. Así que a mediados de los 70 la compañía decidió poner en marcha una miniserie para probar el mercado, pero este proyecto nunca llegaría a la televisión. Pero sí a la gran pantalla.

A finales de los 70 la ciencia ficción parecía estar de moda una vez más, así que en la Paramount pensaron que sería más productivo lanzar un film al mercado. El que había de ser el episodio piloto de la serie, basado al parecer en una trama ya aparecida en la serie original, se reconvirtió en un guión cinematográfico. El proyecto ya había sido lanzado y aparcado varias veces a lo largo de la década, cosechando ideas aqui y allí (¡me habría encantado ver lo que tenía en mente Ray Bradbury para relanzar la franquicia!), y en más de una ocasión estuvo a punto de no realizarse, mientras decenas de ideas iban llenando la mesa de trabajo (podéis leer en la wiki que se pensó en Toshiro Mifune como un posible klingon, ¡delicioso!). Se retomó de nuevo la idea de realizar una serie televisiva, con un nuevo vulcaniano (anteriormente parece que la producta había llegado a apalabrar a todo el reparto original, pero finalmente el bueno de Leonard Nimoy prefirió seguir distanciándose de la losa de Spock). Entonces Encuentros en la tercera fase lo petó y, de nuevo, el proyecto volvió al cine, con un Gene Rodenderry convencido de que realmente su ciencia ficción más adulta podía tener salida. Quizás el creador de Star Trek no sentía demasiado respeto por la saga galáctica de Lucas, o simplemente tenía envidia por no haber podido pergeñar a un villano de la talla de Darth Vader.

Como ya he dicho, la trama del episodio piloto se adaptó para un largometraje, para el que se habían asegurado al reparto original de la serie, incluyendo a William Shatner y el huidizo Nimoy (a cambio, imagino, de una obscena cantidad de dinero y poderes de veto). Por lo visto fue la familia de Robert Wise, el director elegido para la cinta, quien le advirtió de que debían tener a Nimoy a toda costa en el proyecto, o aquello no sería realmente Star Trek. Así que después de que aceptarán sus condiciones, Spock subió a bordo. En previsión de futuras secuelas o series, y de que para asegurarse la continuidad de los buques insignia del reparto, habrían de pagar seguramente más aún (como así ocurrió), se introdujeron nuevos personajes que habrían de sustituir a Kirk o Spock, aunque al final no fue necesario. 

La trama de Star Trek - La película desde luego tenía poco que ver con la acción de Luke Skywalker y sus compinches. Rodenderry se desmarcó claramente del estilo de las óperas espaciales con una historia de pura ciencia ficción donde las grandes batallas brillaban por su ausencia. Como mucho al principio de la cinta dos o tres naves klingon se iban al garete. De hecho muchos debieron quedar descolocados por aquella trama que parecía Sófocles en el siglo XXI. La trama, a grandes rasgos, es ésta: un vasto campo energético avanza implacable hacia la Tierra. Los klingon que tratan de comunicarse con él o repelerlo son hechos papilla. La Flota Interestelar decide enviar a su mejor nave, la mítica Enterprise, al encuentro de esa increíble amenaza. Cuando el capitán Kirk se entera, usa su influencia para que le asignen el puesto, en detrimento del capitán Decker, menos experimentado, lo que provocará unos comprensivos roces entre ambos. Decker quedará como oficial científico... hasta que llega Spock. De lo cual podemos deducir que al final del film el pobre rubiales debe de estar haciendo las funciones de becario.

Rodenderry y el reparto principal de Star Trek casi al completo junto al transbordador Enterprise, renombrado así por presión de los trekkies de la época.
Star Trek - La película es considerada por muchos como el mejor film de toda la franquicia, y que yo recuerde así es. La trama es alocadamente estupenda, con un secreto que se irá desvelando poco a poco y, en fin, con una premisa que es realmente alta ciencia ficción. Por otro lado, la película no está exenta de esos extraños momentos típicos de Star Trek que rozan lo ridículo (¡esa epatante secuencia en el agujero infinito!), pero que le dan encanto a la franquicia. La verdad es que siempre es un placer reencontrarse con la vieja tripulación del Enterprise: el pelín arrogante pero talentoso capitán Kirk; el impasible Spock y sus marcianadas lógicas (en esta peli ha estado tanto tiempo tratando de librarse de sus sentimientos humanos que se ha convertido básicamente en un maleducado que no da ni los buenos días, ¡supongo que saludar es ilógico!); el entrañable Sulu, sin el cual Padre de familia no sería la misma; Chejov, que está ahí para llevarse todos los golpes; el toque étnico de Uhura; el bueno de Scottie, siempre buscando más potencia en la sala de máquinas, y que en esta peli tiene más pinta que nunca de turista sexual en Tailandia, y, por último, el que para mí es el mejor personaje de toda la franquicia: el ínclito McCoy, el médico de abordo, siempre gruñón y dispuesto a quejarse por algo (lástima que en el doblaje se pierda su encantador acento escocés, que multiplica el encanto de sus quejas por mil), y que después de quejarse, simplemente se pasea por la nave. De nuevo, impagables esas secuencias en que se abren las puertas de la sala de mandos de la nave, aparece McCoy, echa un vistazo a lo que está pasando, y se va sin mediar palabra, como si la cosa no fuera con él. ¡Grande McCoy!

Aparte de todos los nombres ya conocidos, entre los nuevos destacan Stephen Collins (¿le recordáis como Jake Cutter? ¡Yo hasta ahora tampoco! Pero por consiguiente este tipo me dio varias horas de entretenimiento hace ya mucho), que interpreta al pringado Decker, y la sexy Miss hindú Persis Khambatta, que interpreta a la pelada Ilia. Entre Decker e Ilia hay alguna vieja historia de amor, y ellos representan al romance en la película (¿tensión sexual entre un terrícola y una alienígena calva que ha jurado castidad eterna? ¡Esto es ilógico, capitán). Pero aparte de tener unos de los pares de piernas más sexys del universo, Persis Khambatta tiene un nombre absolutamente espectacular, que además rima con Afrika Bambaataa. ¿Que más se le puede pedir a una mujer, sea o no de este mundo? ¡"Sho Nuff Funky"! Por cierto, a modo de curiosidad, me acabo de enterar que fue James Doohan, aka Scottie, quien pergeñó las primeras palabras en klingon y vulcaniano, idiomas que luego serían desarrollados por un lingüista. ¡Pero Doohan puso las bases! Increíble, ¡Sheldon Cooper habla klingon gracias a Scottie!.

Star Trek - La película sea seguramente el film más cerebral de todos, pero no por ello está carente de entretenimiento y momentos excitantes. Ahora parece un buen momento para revisar la saga, pero no creo que sea demasiado aventurado calificar a Star Trek - La película como el mejor film de todos, aunque quizás no el más entretenido: creo que ese título se lo daría a la delirante cuarta parte. Pero ésa, amigos, es otra historia...

jueves, 13 de septiembre de 2012

Los mercenarios (2010)

No soy perfecto, pero debiste esperarme. Porque yo lo valgo. Jason Statham. No debe usar mucho champú, pero es duro como la pumita.

Los viejos rockeros nunca mueren, y los héroes de acción se resisten a morir. Sylvester Stallone un buen día decidió posar con gafas delante de cuadros, y  trató de que le valoraran como actor. Los 90 fueron años confusos para los héroes de los 80, ya fueran Stallone o Mötley Crüe. Y al igual que la banda angelina, o quizás incluso más, el bueno de Sly siempre ha sido bastante consciente de lo que ha hecho, dónde ha fallado, y, una vez que ya han quedado lejos sus obligaciones de promoción, no ha dudado en sincerarse en las entrevistas, y reconocer, por ejemplo, que sus comedias fueron un error, o que Rocky V es uno de los mayores pestiños de la historia. Sí, los duros de los 80 vieron como sus imperios se desmoronaban, y otros más jóvenes ocupaban su lugar. O eso parecía. Arnold decidió seguir sus sueños políticos, y el resto intentó sobrevivir. Y entonces Stallone decidió resucitar a Rambo en la era del 11S, un Rambo que tenía más que ver con el Rambo de Acorralado que con el defensor imperial, aunque en realidad la política ya casi no iba a contar de ningun lado ni del otro. Por supuesto la patria seguiría siendo lo primero y los malos serían componentes de otra enésima etnia, pero John Rambo no trataba de ofrecer acción en el marco de un nuevo desencanto; su apuesta era la violencia, más alta, más rápida, más fuerte. Violencia olímpica. No sé si Stallone supo leer en el presente, o simplemente decidió volver a lo que mejor sabía hacer. Pero resultó que había un público esperando, ávido de volver a ver a los viejos héroes. Y no resultaba raro. ¿Qué héroe de acción carismático nos había dado el siglo XXI? ¿Vin Diesel? Quizás sea la nostalgia, pero sinceramente, no veo actualmente a nadie que pueda competir con aquellas figuras de los 80. Es como en esas viejas pelis del Oeste, donde ya casi no hay pistoleros porque la tecnología, léase el tren o la ametralladora, les han sobrepasado. Ahora las pelis de acción confían más en el ordenador que en sus protagonistas. Evidentemente la mayoría de guiones del género en los 80 eran igual de malos que ahora. Aunque había excepciones, más que ahora probablemente. Pero sobretodo, tenían a un héroe de acción. Un héroe creíble.

Después del moderado éxito de John Rambo (Sly decidió no ceder en cuanto a sangre y vísceras, por lo que la peli se ganó un Rated R que eliminó de un plumazo al grueso del público, es decir, los adolescentes) Stallone decidió rescatar a los viejos héroes, y darles acción a la vieja usanza. Es más, decidió darnos la panacea de la acción 80s, tratando de reunir a todos aquellos nombres clásicos que sólo de pensar en verlos juntos en una película nos habríamos meado en nuestros pantalones de colegial. Aunque al final no logró convocar la reunión definitiva de los tipos más duros de los 80, nos brindó esa ya mítica secuencia en una iglesia, que era un sueño hecho era realidad para muchos de nosotros: ver al triunvirato de la acción ochentera juntos. Eso es, Stallone, Schwarzenegger y Willis. Ok, tal vez Arnold y Bruce ni siquieran coincidieran en el plató. Pero aquello ya era bastante. Arnold hasta hizo su cameo gratis, en un breve parón de sus quehaceres políticos (que el guión se encargó de señalar con un pequeño guiño). Sí, realmente Los mercenarios empezaba con buen pie.

Evidentemente era difícil, por no decir casi imposible, reunir a tanto nombre suelto y hacer que coincidieran sus agendas, por eso Stallone tuvo que conformarse con los cameos de sus viejos rivales, y algunos (como Steven Seagal) ni siquiera tuvieron tiempo para eso. Otros a los que Sly habría querido para un papel principal, como Van Damme, no estuvieron interesados, y otros, como Wesley Snipes, no podían salir de los Estados Unidos poer cosas del fisco. Pero por suerte para todos, Stallone sí que logró tener a su lado a su colega/rival Dolph Lundgren. Sin duda él es el mejor de la película con un personaje pasado de vueltas y realmente ambivalente que provoca el caos allá por donde pasa. Nunca pude decir quién era más pétreo de los dos, si Dolph o Sly, pero a Lundgren hay que reconocerle que ha envejecido muy bien, ganando en presencia escénica, y hasta donde pueden ver mis ojos, ha sido lo bastante inteligente como para no juguetear con el bótox. Cosa de la que evidentemente no puede presumir Mickey Rourke, que tiene un pequeño papel en el film, y siendo el mejor intérprete de todos con diferencia, le reservaron la escena más dramática (en el amplio sentido de la palabra) del film. Dicen que Rourke aceptó para devolverle un favor a Sly, quien al parecer fue uno de los pocos que le ofreció trabajo cuando Mickey regresó a las pantallas tras sus extrañas andanzas fuera del cine. Entre los otros veteranos del comando hay que citar también a Jet Li, aunque el actor chino nunca ha tenido ninguna relevancia en mi vida, salvo una vez que me hizo perder dinero. Pero está bien tener a mano sus técnicas de artes marciales.

Como Stallone no podía tener a todo el elenco, recurrió (con bastante buen tino, por cierto, en mi opinión), a actores más jóvenes, de lo último interesante que haya surgido entre los tipos duros. Uno es Jason Statham, quien no negaré que me cayó bastante gordo durante años, hasta que le vi en Snatch, cerdos y diamantes. Siempre le consideraré un extraño sucedáneo de Bruce Willis, dando la sensación de protagonizar todo aquello que rechazaba el protagonista de Luz de luna, pero ahora le tengo simpatía, y como sucedáneo, me parece un buen sucedáneo, lo bastante para no desentonar, e incluso tener sus momentos de gloria. El resto del comando de mercenarios que dirige Stallone está formado por Randy Couture, que la verdad no supe de su existencia hasta ver esta película, y Terry Crews, otro de esos ex-jugadores de fútbol (americano, claro) que han seguido la tradición de dedicarse al cine, aunque quizás sea el que mejor interpreta que yo recuerde. Al menos la comedia se le da bastante bien, pero también es cierto que no sé cuánto de ese mérito habrá que darle a su doblador habitual, que es bastante bueno. Desde luego siempre me gustó en Todo el mundo odia a Chris, esa modesta sitcom que tenía algunos buenos momentos, y entretiene lo justo para los momentos de aburrimiento.

Bien, y ahora vayamos a los malos y las chicas. Las dos féminas en cuestión son la curvilínea Charisma Carpenter, que hace de una suerte de novia del personaje de Statham, dándole un pequeño momento de gloria en una cancha de baloncesto, y una tal Giselle Itié, quien tampoco anda mal de curvas, pero además interpreta mejor. Y ahora vayamos a por los malos. El malo que desencadena todo es un dictadorzuelo de alguna isla del Caribe, o Centroamérica, que ahora no me acuerdo, aupado ahí presumiblemente por la CIA. Se trata del general Garza, interpretado por David Zayas (los fans de Dexter sabéis quien es), una excelente elección, aunque mi terrible decisión de ver la película doblada me privó de disfrutar de su interpretación en inglés con un, imagino, presumible acento cubano, o portorriqueño. Y bueno, para demostrar que no estamos en la era Reagan, Stallone decidió poner en el marco de fondo de los malvados a la CIA (aunque en realidad, incluso entonces eran ellos los malos, ¿verdad? Claro que es más fácil ponerles en un guión a ellos como malvados que al FBI). Pero para no llevar las cosas demasiado lejos, el verdadero maluto de la película es un tal Munroe, un ex-agente de la CIA que decidió arrebatar la operación que la agencia tenía en marcha con el dictador, con drogas de por medio, para su propio enriquecimiento. Los nombres que por lo visto barajó Stallone para interpretar a Munroe son bastante alucinógenos (¿Al Pacino? ¿Ben Kingsley? Sí, Kingsley lo habría bordado, claro, pero habría sido chocante verle entre tanto rostro impasible). La decisión final creo que encajaba mejor con el espíritu de la película, rescatando a los olvidados, ¿y quien más olvidado que el pobre Eric Roberts? Si créeis que Stallone o Lundgren han hecho cosas chungas para sobrevivir, repasaros la carrera del pobre Eric (en plan lectura, claro, no quiero someter a mis lectores a una prueba así). Aparte de que me sigue sorprendiendo que Eric pueda compartir genes con su hermana Julia, por lo general siempre me pareció incluso más pétreo que Stallone. Pero el tiempo ha hecho maravillas, y aunque sigue siendo del método del cemento, con la edad ha ganado en carisma de maluto.

La verdad, cualquier nostálgico o amante de todas aquellas viejas pelis de los 80 disfrutará con Los mercenarios. De hecho imagino que debéis ser pocos los que no la hayáis visto ya si habéis crecido con los Rambos, Rockys, Terminators, Chuck Norris y demás. Me gustaría pensar que Stallone movilizó a todos los dobles de Hollywood para volver a hacer acción de la de antes, sin tanto ordenador, aunque el detalle de que hayan hecho arder a un tío con fuego computerizado me arruina bastante lo de "real Mccoy", pero bueno, salvo algunos inevitables montajes supersónicos de esos que no te enteras de nada, Los mercenarios ofrece por lo general tiros y peleas old style, explosiones y hostias a mansalva, con malos muy malos y ayudantes del jefe malvado poderosos (gran acierto el de Steve Austin como hombre-montaña, ese concepto de viejo videojuego de plataformas que ya parecía abandonado). Aparte de motivos nostálgicos, Los mercenarios entretiene sin tomar el pelo a nadie, y tiene algunos momentos realmente buenos (la secuencia chanfaina con Terry Crews, ¡impagable!). Además, cualquier peli que nos ofrezca en la banda sonora Mountain o el "Keep On Chooglin" de la Creedence ya merece ser vista. Amén de un grandioso plano final que enlaza con otro clasicazo del rock que no citaré para no arruinar el efecto sorpresa, pero que le hace a uno llorar delante de la pantalla y dar gracias por estar vivo, y que Stallone esté vivo también. Porque yo lloré, aunque sólo sea metafóricamente, y Subotai lloró, y a Lundgren le dio la risa. Es tan majo ese sueco.

Así que evidentemente ya estoy deseando ver Los mercenarios 2, que no sólo ha juntado a más nombres míticos (de forma curiosa tras el inesperado éxito de la primera), sino que además promete más autoparodia, lo que le dará todavía más encanto. Porque ellos lo valen.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Incomunicación

¿Recordáis cuando Barón Rojo salían en los libros de sociales? Yo ...

Increíble temazo, por cierto.

martes, 11 de septiembre de 2012

Donald Pleasence: los ojos incansables


Para un actor o actriz a veces tener un físico peculiar puede ser una desventaja, pues significa que seguramente nunca serás el protagonista, ni el galán, ni la chica sexy. Lo más seguro es que sólo gane preeminencia sirviendo del lado de los malos. Pero, por otro lado, un físico peculiar ayuda a que, más allá de lo buena o mala que sea la interpretación o película, el espectador recuerde ese rostro peculiar. Y con un rostro en el que destacaban esos grandes, penetrantes y casi exorbitantes ojos azules, Donald Pleasence desde luego era uno de esos actores a los que no olvidabas fácilmente. Y desde luego a mí me resulta ya imposible no recordar su nombre, después de haberle visto en tantos y tantos papeles, en prácticamente todos los géneros, y en toda clase de presupuestos.

Donald Pleasence es el perfecto ejemplo que llegó a tener bastante preeminencia y caché durante una época, para luego acabar sobreviviendo haciendo todo tipo de películas. Más de una vez me he preguntado si él, o su agente, decía que no alguna vez a algún papel. De lo variado de su carrera baste como ejemplo las dos primeras películas que vi suyas: el clásico de ciencia ficción Viaje alucinante y Y si no, nos enfadamos, la película urbana por excelencia de Bud Spencer y Terence Hill. ¿El actor que había participado en uno de los mayores clásicos bélicos de los 60 junto a tipos como Steve McQueen o James Garner ganándose en los garbanzos en una coproducción hispanoitaliana de los entrañables tarugos, o aun peor, participando en un engendero titulado Paganini Horror? Así suele ser la vida de la mayoría de intérpretes, y más los secundarios. Y es que, tras dos divorcios, una familia numerosa, y un par de casas de campo del siglo XVII en Inglaterra, el actor reconocía en alguna entrevista vivir por encima de sus posibilidades, siempre al borde de la quiebra. Por ello nunca cesó de trabajar, donde fuera, y cuando fuera.

Hijo de un jefe de estación, sus padres se preocuparon de que educar a un pequeño caballero inglés, y las clases de elocución que recibió le hicieron un gran juego cuando decidió convertirse en actor (con el doblaje no se percibe, pero quien esté estudiando inglés, le recomiendo cualquier película de Donald en versión original). De hecho fue aceptado sin problemas en la escuela de Arte Dramático, pero al no obtener una beca tuvo que resignarse a seguir el oficio de su padre, aunque acabó entrando en el mundo teatral tras las bambalinas, hasta alcanzar el puesto de ayudante de dirección. De ahí pasó a debutar como actor en 1939. Luego llegaría la guerra, de la que se declararía objetor y por lo que sería encerrado en la cárcel, hasta que cambió de opinión y se alistó en la RAF. Tras haber realizado cerca de 60 misiones fue derribado y hecho prisionero. 

Tras la guerra Pleasence retomó su carrera y fue logrando preeminencia hasta ser requerido por la Bristol Old Vic Company, donde llegó a coincidir con su idolatrado Laurence Olivier. En 1952 Donald obtenía un pequeño papel en un telefilm, y dos años después debutaba en la gran pantalla con The Beachcomber. De nuevo el actor se fue haciendo camino poco a poco en el cine y la televisión, aunque fue en esta última donde obtendería más reconocimiento, especialmente tras interpretar durante cuatro temporadas al Príncipe Juan en la serie The Adventures of Robin Hood. Vista hoy en día dudo que el protagonista, Richard Greene, llegue siquiera a eclipsar durante un nanosegundo al carismático Pleasence. En cambio, en Estados Unidos, Donald se ganó sus primeros grandes aplausos en Broadway, donde recaló con la obra The Caretaker, que ya había sido una sensación en Londres. Con aquella obra Donald se ganó la primera de sus cuatro nominaciones a un Tony. Finalmente, en 1964, Donald obtuvo su gran oportunidad de darse a conocer al mundo gracias a La gran evasión.

Sin dejar de lado la televisión o el teatro, el actor se centró en su carrera en Hollywood, y así llegaron títulos como La historia más grande jamás contada, Viaje alucinante, una recordada interpretación en Callejón sin salida a las órdenes de un joven Roman Polanski, o La noche de los generales. En 1967 Pleasence desembarcó en la saga Bond con Sólo se vive dos veces, marcando tendencias para los enemigos de 007 que habían de seguirle. El aparente hallazgo de que Pleasence no sólo podía resultar un buen, pequeño y calmado ciudadano medio, sino que podía estar incluso mejor como villano, le llevaron a dos bizarros papeles en dos westerns de culto: El más valiente entre mil y Soldado azul. También participaría en el primer largo de George Lucas, THX 1138. Una prueba de que estaba por venir: fueran debutantes o directores experimentados, Donald Pleasence siempre parecía estar allí a mano.

De hecho en la década de los 70 es cuando Pleasence comenzó a estar cada vez más alejado de las grandes producciones para ahondar en la serie B, en la que no le faltaron los papeles de villanos o tipos raros (lo que le hizo un gran candidato para participar en un inolvidable episodio de Colombo, o una adaptación televisiva de El conde de Montecristo). Fue a partir de esta época cuando comenzó a hacer de todo. Por ejemplo, durante esa década participó en dos o tres producciones de la prestigiosa BBC2 Playhouse (un formato de teatro televisivo que también tuvimos en España), en el Jesús de Nazaret de Zefirelli, El último magnate de Kazan o la curiosa producción Disney La montaña embrujada, pero por otro lado también aportaba su carisma a extraños subproductos como The Devil's Men, y no le dolieron prendas en participar en pequeñas producciones europeas, incluyendo Italia o España; de hecho el bueno de Donald llegó a aparecer en La loba y la Paloma de Gonzalo Suárez, junto a nuestra querida Carmen Sevilla.

Y por fin, en 1978, llegó La noche de Halloween, y el papel del profesor Loomis, que le convirtió de nuevo en un rostro popular para una nueva generación, aunque el éxito de la saga le llevó a repetirlo tantas veces que, como solía bromear el actor, "lo dejaría cuando llegará al número veintidós". Aunque esa recobrada popularidad no le libró de participar en esperpénticas producciones para ganarse los garbanzos, Pleasence volvió a dejarse ver en grandes producciones, especialmente en la televisión. Y así siguió su carrera: tan pronto era un presidente tomado como rehén en el clásico de Carpenter 1997: Rescate en Nueva York, como le veíamos en cualquier curiosa producción italiana, o haciendo de Churchill en un telefilm francés, o en la aplaudida Diên Biên Phu.

Donald Pleasence fue uno de esos refinado actores que con su talento y carisma aportaba solera a la película en la que estuviera actuando, ya fuera uno de los mejores films de todos los tiempos o una enorme bazofia. Su asociación con John Carpenter le reportó varios y jugosos papeles alejados del tipo loco o bizarro, dándole unas cuantas alegrías entre todas las terribles cintas en las que trabajó, pero de lo que no cabe duda es de que dada su gran profesionalidad, Pleasence es un actor al que siempre apetece ver.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Me siento rejuvenecer (1952)

Howard Hawks. Se podría dedicar todo un blog a su carrera, y sus contribuciones al séptimo arte bien podrían haberle deparado ser el custodio de las llaves del Olimpo cinematográfico, si que es tal cosa existe. Quizás fue uno de los directores más completos que hayan existido, no sólo porque se movía como pez en el agua en cualquier género, sino porque además de tener un gran talento para escoger guionistas, tenía bastante de guionista él mismo, y sabía sacar muy buenas interpretaciones a sus actores. Hawks nos regaló algunas de las mejores comedias del Hollywood clásico, y a Me siento rejuvenecer no siempre se la citará entre ellas. Desde luego muchos críticos se sentirían incómodos alabando una comedia con mono. Quizás algun día una comedia con mono se lleve el Oscar a la mejor película. Sólo entonces Hollywood será un lugar realmente igualitario.

Me siento rejuvenecer cuenta la historia del doctor Barnaby Fulton, el típico científico ensimismado que tiene la suerte de tener una esposa atenta y comprensiva, Edwina. Fulton trabaja en un suero rejuvenecedor para una empresa química, pero no consigue dar con la fórmula exacta. El trabajo con chimpancés no acaba de dar resultado, y el jefe de la compañía, el señor Oxley, se está impacientando. Pero entonces una chimpancé llamada Esther se escapará de jaula, y jugueteando con los productos químicos del laboratorio dará con algo parecido a un suero rejuvenecedor... sin que nadie lo sepa. Y a partir de ahí, all hell breaks loose.

Si como dicen Hawks no estaba del todo convencido de que la historia acabara de funcionar, Me siento rejuvenecer realmente funciona más allá de su trama, que sobre la pantalla no deja de ser más que una excusa para desatar el caos y la comedia más alocada. La película quizás no tuviera un guión afilado y de precisión suiza como el de Luna nueva, por poner un ejemplo, incluso contando con dos pesos pesados como Ben Hetch y I.A.L. Diamond, aunque tampoco creo que fuera ése el objetivo, sino más bien, según mi apreciación, lo que contaba era dirigir los esfuerzos a construir un caos en el orden, hacer que la locura pareciera fácil. Además, Hawks, que había fabricado algunas de las mejores comedias screwball dos décadas atrás, trasladaba ahora ese subgénero moribundo al entorno familiar de los 50, adaptando los papeles a la edad de sus protagonistas. Y es que el poder Me siento rejuvenecer reside, aparte de hacer parecer fácil lo difícil, y llevarnos de la mano en un carrusel de subidas y bajadas de acción y comedia, cuyas curvas cada vez son más altas, en la labor de sus protagonistas.

Porque ver a Cary Grant volviéndose cada vez más infantil resulta impagable, y no creo que haga falta señalar la talla que daba su presencia a cualquier película en la que participara, más si era un comedia, pero es que cuando Ginger Rogers se apunta a la estulticia la película realmente comienza a rodar, con cada escena siendo todavía más absurda que la anterior. Incluso el veterano y normalmente serio hasta la muerte Charles Coburn se unirá a la fiesta. Para redondearlo tenemos a una joven Marilyn Monroe en camino hacia el estrellato, con un papel de secretaria rubia y tonta, aunque el papel es menos plano de lo que solía ofrecer hasta entonces, y quizás más que tonta habría que hablar de una secretaria más bien infantil, aunque con un cuerpo de infarto y unas curvas que los atómicos sostenes de la época se encargarán de realzar.

Pero aquí los verdaderos protagonistas son las payadas de Grant y Rogers, entre las que tenemos a un abogado rapado por Cary y su tribu de infantes, a la Rogers vengándose como una niña llamando al abogado amigo de la pareja y antiguo amor de Edwina, o la actriz haciendo ejercicios de equilibrismo aprovechando su formación de bailarina. Y por supuesto hay que citar a la chimpancé Esther, si es que ése era su nombre, cuya interpretación fue injustamente olvidada en los premios de la Academia del año siguiente, a pesar de darlo todo en una larga secuencia que tiene lugar en el laboratorio. Y será mejor no entrar en comparaciones.

Me siento rejuvenecer, locuela, entretenida, y excelente para irritar a quienes sólo buscan filosofía en la gran pantalla.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Me toco

¡No más políticos masturbadores! ¡Atrapad a ese fotógrafo, se lleva su alma!

Dolemite (1975)

Guy: By the way, who're you waitin' for anyway?
Girl: I'm waitin' for Dolemite!
Guy: For who?
Dolemite: Dolemite, motherfucker, ya heard? 
Ya lo sabéis, bitches. Dolemite's in da house!

En 1975 el color negro seguía estando de moda y el Blaxploitation seguía campando a sus anchas con títulos cada vez más negroides, guiones más delirantes, y producciones más baratas. Ya sabéis, aparece una sensación, todo el mundo intenta sacar provecho de esa sensación, y tras las copias vienen las copias de las copias, normalmente con cada vez menos medios. Aquel año, por ejemplo, los hermanos más románticos del gueto pudieron deleitarse yendo a ver su propia Love Story o "Romeo y Julieta negros", Aaron Loves Angela, mientras que el género del erotismo decidió aprovechar también la moda azabache con la sensual Emanuelle negra. En el sótano del subgénero, con menos presupuesto y menos vergüenza, las copias de las copias de los clichés que buscaban arramblar unas cuantos dólares tampoco se hicieron esperar: ese año se estrenaron títulos como Black Fist o Black Force; ya sabéis, bastaba con que tuviera un "black" en el título y un afro en la portada, y el resto no importaba. Otras, tratando de ser originales, entraron el campo lisérgico, como The Black Gestapo, una peli que nos muestra los esfuerzos de un hermano por levantar un ejército de vigilantes para limpiar el barrio de Watts, y una vez lo consigue, ¡su mano derecha trata de convertirlo en un movimiento fascista! ¡Claro, por qué no! Citando a Douglas Reynholm: I don't think I've ever looked in this draw... wow! A Gun.

Con todo este despiporre no es de extrañar que Rudy Ray Moore, antigua aspirante a estrella soul que dada su facilidad de palabra decidió convertirse en cómico, decidiera producirse él mismo una especie de homenaje/parodia del género con su alter ego Dolemite, el chulo (vertiente profesional incluída) más duro del barrio, que ya había hecho su aparición en los esperpénticos elepés del cómico, cuyas portadas hacían gala de una chabacanería de desnudos baratunos que hacen parecer las portadas clásicas de los Scorpions setenteros arte fino, fino catalino. Con un bagaje así estaba claro que Dolemite, la película, iba a hacer llorar a cualquier guionista mínimamente orgulloso de su trabajo.

Escrita por Jerry Jones, basada en un tratamiento del propio Moore (citando al bueno de Jones porque supongo que gracias a él el equipo tuvo algo mínimamente filmable), la historia arranca con Dolemite pudriéndose en el talego, donde ha acabado por mediación de unos corruptos y malvados policías que le tendieron una trampa poniéndole droga en el coche. Pero está de suerte, ya que su vieja amiga y madame Queen Bee convence al alcaide (¿qué hace una madame entrevistándose con un alcaide? ¿y cómo porras le convence? ¿Creen ustedes que habrá hecho uso de...? Oooh diablillo) para que suelte a Dolemite y vuelva a su viejo barrio, donde un tal Willie Green campa a sus anchas negociando con drogas, armas y copias ilegales de Libertarias que reparte a las puertas de las escuelas. No, esto último es invención mía, pero os ayuda a haceros una idea de lo malote que es el tal Green. Así que Dolemite vuelve a la calle, que tratará de limpiar con ayuda de sus chicas, que le visten, le cuidan, y algunas que han aprendido karate hasta luchan mano a mano con él. Así que una vez enfudado en sus glamurosas ropas de pimp Dolemite se encarga primero de recuperar su club, el totalísimo Total Experience, de manos de Willie Green. Y luego... bueno, no querrán que se lo cuente todo, ¿no? En una película de estas características la trama es vital.

En fin, si cualquier título clásico de Blaxploitation les ha parecido barato, facilón, o indigno de compartir sitio en su videoteca junto a la obra de Haneke o Kubrick, ¡Dolemite es su película! Después de semejante "derroche" de medios y ver al gran Rudy haciendo gala de una curiosa técnica de artes marciales, producto de todo un mes de aprendizaje, y su raquítico guión, apreciarán esas películas protagonizadas por Pam Grier y Jim Brown en lo que valen. Dolemite es un extraño pastiche de artes marciales, acción callejera, y ese concepto de "sexy" del que hacía gala Rudy, cuyas chicas de ébano me temo que no serían aceptadas en el círculo social de Naomi Campbell. Por el camino nuestro amigo cómico aprovechará para incluir algún que otro fragmento de sus monólogos, como su famoso "The Signifying Monkey", que aun no sé si he acabado de entender, pero que es un grandilocuente chiste selvático; si en el film les parece largo, ¡en disco lo es aun más! Supongo que lo podemos considerar el "Echoes" de Rudy Ray moore. La verdad es que llegados este punto creo que ha llegado la hora de poner una de las portadas más classy del amigo Rudy, la del mítico LP I Can't Believe I Ate The Whole Thing.
Homer Simpson, foto de graduación. ¿Conexión?

Dado que lo mejor de Dolemite son las mitiquísimas salidas de tono de su protagonista, os dejo aquí con una pequeña selección de las mismas, aunque su lectura palidece frente a la sutil forma que Rudy Ray Moore tiene de escupirlas.
That rat-soup-eatin', insecure honky motherfucker!
When I see a ghost, I cut the motherfucker.
You no-business, born-insecure, jock-jawed motherfucker!
I'm gonna let 'em know that Dolemite is back on the scene! I'm gonna let 'em know that Dolemite is my name, and fuckin' up motherfuckers is my game!

Bueno, supongo que se hacen una idea. Dolemite, amigos: the man, the legend.

jueves, 6 de septiembre de 2012

martes, 4 de septiembre de 2012

No habrá paz para los malvados (2011)

José Coronado, galán dentro y fuera de la pantalla, vendedor de yogures, y protagonista de insulsas series como Periodistas. Ciertamente nunca le respeté demasiado como actor (aunque no era nada personal, de hecho en las entrevistas me parecía bastante majo el hombre), y es que no me lo podía creer como un joven Goya, y aún peor, recordaba su pasmosa inexpresividad en la terrible Hermanos de leche o Brigada central, y sobretodo no podía olvidar su increíble aparición en Yo soy ésa (ok, el tipo estaba empezando y tenía que ganarse los garbanzos, pero nunca olvidé las feroces críticas en El jueves), una película que fácilmente podría haber arruinado la carrera de cualquier actor que hubiera pasado por allí. Y ahora, bueno, tampoco creo que se haya convertido en el nuevo Pepe Isbert, pero evidentemente algo de oficio ha ganado, amén de que los años le han dado una presencia escénica que no tenía de joven. Ya con El lobo (lástima de película, esa historia daba mucho más de sí) Coronado me sorprendió que poco tenía que ver con lo que le había visto anteriormente. Si hasta entonces es que no había dado con el papel adecuado o con un director que supiera aprovecharle, es algo que no sé, pero ahí desde luego estuvo mejor que nunca (hasta el propio Mikel Lejarza ha comentado su asombrosa síntesis con el personaje real al que daba vida Coronado). Y de ahí un gran salto (lo siento pero dudo que me ponga a ver sus series en esa cadena del famoseo) hasta No habrá paz para los malvados, un sorpresivo (al menos para quien no estuviera al tanto de la carrera de su director Enrique Urbizu como era mi caso) thriller policíaco que ha regalado al cine español uno de sus agentes de la ley más carismáticos: Santos Trinidad.

El arranque de No habrá paz para los malvados es excelente, y de hecho toda la secuencia en lo que viene siendo un puticlub es mi favorita de la película, en la se presenta al personaje de Coronado, con ecos de la mítica Teniente corrupto, como un agente de la ley con serios problemas (como iremos viendo, se intuyen que deben ser de toda índole) que le llevaban a beber como un cosaco. Así que dispuesto a tomarse la última, Santos Trinidad acude a esa pseudodiscoteca donde un grave incidente le llevará a iniciar unas pesquisas por su propia cuenta que le llevarán poco a poco a ir tirando del hilo de una madeja bastante más gorda de lo que cabría esperar.

Realmente No habrá paz para los malvados tienen más de policíaco que de acción, y gran parte de la película consiste en seguir el día a día de Santos mientras trata de dar con su hombre al tiempo que va un paso o dos por delante de una investigación judicial. Si esto se hubiera hecho al otro lado del charco (y ya veremos qué pasa si finalmente Stallone la saca adelante) desde luego habrían habido persecuciones y explosiones a tutiplén, y eso ciertamente no era necesario aquí, aunque tampoco negaré que una o dos escenas de acción no habrían hecho daño. Pero además de la dirección de Urbizu, que hace agradable e interesante lo que podría haber sido tedioso (aunque no son pocas las secuencias en las creo que falta algo más de tensión), quien realmente lleva el peso de la cinta es el carismático Santos Trinidad, del que poco a poco vamos conociendo algún que otro dato que nos ayudan a comprender su presente, pero sin que nada quede realmente desvelado. Queda claro que su pasado le persigue, y sin decir mucho más al respecto, porque para eso tienen que ver la película, lo que queda al final es una duda, una de esas dudas que muchas ocasiones significan el acierto de un film. Y éste es el caso. ¿Es Santos un villano, o un héroe? Juzguen por sí solos. Pero qué paso, eso nunca lo sabremos.

A no ser que hubiera una precuela o algo parecido. No la habrá porque esto no es Hollywood, y eso para según que cosas es bastante bueno. Pero personalmente no me importaría ver a Santos Trinidad de nuevo en la brecha. O por decirlo en una palabra: rocanrol.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Los demoledores (1974)

Ahora que Los mercenarios 2 está pegando fuerte en las taquillas no está mal recordar su equivalente negro, Los demoledores, que en su día juntó a los tipos más duros del blaxploitation: Jim Brown, Fred Williamson y Jim Kelly.

El film arranca con un tal House, un negro que está en un extraño campo de prisioneros. Logra fugarse aunque es herido en la huida. Tras amenazar a unos jipilongos éstos le llevan ante Jimmy Lait (Jim Brown), un fornido productor musical (¡luego le veremos grabando con The Impressions!), un antiguo colega. En su agonía House logra contarle algo acerca de una amenaza para la raza negra, aunque no logra entrar en detalles. Mientras reposa en el hospital, sus antiguos captores acaban con él y raptan a la novia de Jimmy. Éste no tarda en enviar a la policía a la porra y y se decide a reclutar a otros dos viejos amigos (como si todos hubieran formado parte de un comando o algo), el mujeriego Jagger Daniels (por supuesto, Fred Williamson) y el maestro de artes marciales Mister Keyes (sí, Mister es su nombre de pila, su madre quería que la gente mostrara respeto a su hijo, ¡actitud negra!), interpretado por el inefable Jim Kelly. Los tres unidos tendrán que ir indagando aquí y allá de qué va todo el asunto, mientras acaban con algunos malutos, hasta que averiguan que un grupo neonazi secreto, con ayuda de un pérfido científico, ha logrado desarrollar un suero que sólo afecta a la gente de color. Los tres duros habrán pues de actuar deprisa antes de que los racistas logren su objetivo.

Dirigida por Gordon Parks Jr. (quien ya dirigiera la mítica Super Fly, aunque aquí muestra algo más de pulso y experiencia), Los demoledores es, como ya habrán intuido, una simple excusa para que los tres protagonistas puedan aporrear y tirotear a un montón de blancos, y así deleitar a la audiencia con algunas secuencias de acción medianemente potables. Destaca el apalizamiento de Kelly a unos polis (blancos, claro) que intentan incriminarle poniéndole droga en el coche, o las secuencias en unas presas donde por separado se enfrentan a los neonazis traviesos. Aunque para mi gusto el mejor momento del film es cuando Daniels manda llamar a tres expertas dominatrices (una negra, una blanca y una asiática) que viajan en motos japonesas (una roja, otra blanca, y otra azul) con tres monos a juego, y que disfrutan torturando a tipos, por lo que Daniels las utiliza cuando se le resiste algún prisionero. Me pregunto cuánto habría pagado Quentin Tarantino por dar con unos personajes así. Seguro que mucho. Sólo por su espectacular aparición ya merece la pena echar un vistazo a la peli.

Hay films de acción mejores, y también los hay peores, pero en cuanto a acción negra seguro que Los demoledores no deja a nadie insatisfecho. Y, además, está el hallazgo de las dominatrices. ¡Pero como no soy Tarantino nadie me escuchará!