jueves, 22 de mayo de 2014

El último valle (1971)

Podría ser peor, y así suelo intentar animarme en estos tiempos pensando que podría haberme tocado vivir como campesino en la desolada Europa central de la Guerra de los Treinta Años. Sería bastante prolijo analizar todo aquel conflicto, y El último valle desde luego no intenta desvelarnos las causas u ofrecer un retrato panorámico, pero sí ofrece un interesante microcosmos que retrata el violento caos que dominó aquellas tierras en la primera mitad del siglo XVII.

El film se abre con un antiguo maestro, Vogel, desesperado y hambriento como muchos otros, que se encuentra en una permanente huida de la guerra y la peste. Escapando del enésimo saqueo de un grupo de mercenarios liderados por alguien a quien simplemente llaman el Capitán, Vogel llega a través de la montañas a un paradisíaco valle que parece haber permanecido ajeno de forma milagrosa al conflicto. El pequeño y violento grupo del Capitán, sin embargo, no tardará en aparecer. Para salvar la vida Vogel convence al caudillo de que él y sus hombres pasen el invierno allí, lejos de la guerra, el hambre y unos generales que no pagan a la soldadesca. El Capitán acepta, y él y Vogel deberán llegar a un acuerdo con el cabecilla de los campesinos, Gruber, manteniendo un difícil equilibrio de convivencia entre los soldados, los campesinos, los protestantes,  y los católicos, representados por el fanático sacerdote local.

El último valle muestra un pequeño tríptico de la sociedad de la época y la guerra en Europa central, dominada por mercenarios de todas las nacionalidades y confesiones que tan pronto batallaban para unos como para otros, en una serie de conflictos que muy pronto dejaron atrás su supuesto origen religioso para pasar a un conflicto dinástico donde reinos católicos se aliaban con protestantes según la mejor conveniencia; un campesinado atenazado por el medio, y sometido bien a la soldadesca, bien a los caudillos locales, o bien a las autoridades eclesiásticas, en una época en que la razón (representada en el film por maestro Vogel) parece haberse diluido, una vez más, bajo el peso de la violencia y el poder. Como dice uno de los personajes que aparecen cuando el Capitán le inquiere acerca de la situación de la guerra, es raro encontrar a alguien que realmente quiera la verdad.

Amén de cómo se desarrollan los acontecimientos en el valle, el film resulta muy interesante por la confrontración dialéctica que sostienen el Capitán, el hombre de la guerra, y Vogel, la voz de la razón. Ambos son personas inteligentes, pero el Capitán está dominado por el poder de la espada, aunque al mismo tiempo comprende que toda ideología o religión simplemente sirve a los intereses de los poderosos, pero con todo, guerrear es lo único que sabe hacer. Para él, huir, como hace Vogel, no es una solución mejro que matar.

El último valle fue dirigida por James Clavell (el autor de la famosa teleserie Shogun), adaptando la novela original de J.B. Pick. El escritor y guionista ya se había puesto tras la cámara para adoptar algún guión propio como Rebelión en las aulas, aunque en mi opinión El último valle es bastante superior. No sólo aporta un retrato bastante crudo (sin necesidad de recurrir a toneladas de sangre o violencia) de la época mediante los diálogos y el intrincado sistema de alianzas y contrapesos que se dan en ese valle perdido, sino que su aparente trama sencilla se desarrolla sin los típicos giros bruscos y felices de Hollywood. A todo esto hay que añadir las excelentes interpretaciones del dúo protagonista, Omar Sharif y un espléndido Michael Caine, además de las contribuciones del recio Nigel Davenport y el totalmente desconocido por mí Per Oscarsson, pero cuyo sacerdote católico es un gran epítome del oscurantismo clerical que dominó Europa durante siglos.

En su día El último valle fue bastante incomprendida y pasó bastante desapercibida, pero el tiempo poco a poco la ha ido devolviendo al lugar que merece. Desde luego es uno de esos films que pueden valer por muchas monótonas clases de historia. Modesta pero muy poderosa cuando se la observa "entre líneas". Muy recomendable.

domingo, 18 de mayo de 2014

El robo del siglo (2008)

Como suelo decir, a falta de Willis, bueno es Statham. El robo del siglo es uno de esos films destinados a 
hacerte pasar un buen rato, sin buscarles más pies al gato. La diferencia con otras contemporáneas del género de atracos es su trama, basada al parecer en hechos reales (e incluso en un soplo de uno de los implicados; si queréis saber más mirar la wikipedia), cuando en el Londres de principios de los 70 se produjo un robo en un banco del Soho via butrón. Nada fuera de lo criminalmente usual si no fuera porque al parecer en las cajas privadas de aquel banco (de esas que te abre un señor y luego te deja a solas con el contenido de tu caja) tanto los servicicios secretos como los habituales de los bajos fondos guardaban material comprometedor para mucha gente. De ahí que en el film a los pobres ladrones (liderados por Jason Statham, claro) se les complique la vida y acaben teniendo que jugar a tres bandas con la mafia del Soho, la policía y el MI5 (o el 6). El gran aliciente del film está ahí, en una trama que da bastante juego.

Por lo demás, aparte del carisma de tipo duro de Statham, El robo del siglo tiene una correcta dirección de Roger Donaldson (¿no resucitó el sólo la industria cinematográfica en Nueva Zelanda o algo así?), especializado en intrascendentes y formalmente correctos blockbusters (léase Cocktail, por ejemplo), especialmente en los 80 y 90, aunque guardo muy buen recuerdo de su No hay salida (también acertó en Trece días, un entretenido relato de la crisis de los misiles en Cuba). Con todo, esta trama en los mismos años 70 seguro que habría dado para mucho más. Ya se sabe que entonces tenían como una facilidad para dar enjundia al entretenimiento, o al revés.

sábado, 17 de mayo de 2014

viernes, 16 de mayo de 2014

Monqui bisnes

Cuando quiero explicar el caso Bárcenas a mi generación, 
simplemente uso monos y mi gente me entiende mejor. 
 

miércoles, 7 de mayo de 2014

Citas musicales #2

I believe I did what honour dictated and that belief sustains me, except for a slight desire to be dead which I'm sure will pass.

lunes, 5 de mayo de 2014

La fórmula (1980)

Ah, Arthur, you're missing the point: We are the Arabs

El combustible alternativo al petróleo y, por ejemplo, el coche eléctrico, nacieron paralelamente a la gasolina y el desarrollo del automóvil, pero el mayor desarrollo de las tecnologías que tomaban como base los combustibles minerales, junto con la pujante industria petrolífera, llevaron a que el concepto de motor eléctrico como sustituto del de vapor quedara relegado al olvido. A partir de entonces el petróleo (del que Estados Unidos tenía inmensas reservas) fue convirtiéndose poco a poco en la base de toda la economía mundial, y cuando en 1973 estalló la crisis del petróleo por causo del embargo de la OPEC, de la noche a la mañana Occidente se volvió vulnerable y todo parecía apuntar a que los Estados Unidos no tenían la sartén por el mango tan firmemente como creían. La cada vez mayor dependencia del país respecto al petróleo extranjero podía ser un punto débil en el firme armazón de la primera potencia mundial. A no ser, claro está, que tras los decorados de la obra que se representa, malos y buenos fueran marionetas bailando guiados por la misma mano.

Probablemente en cuanto al thriller se refiere, y especialmente el thriller con tintes políticos, Hollywood tuvo su Edad de Oro durante la segunda década de los 60 y especialmente durante los 70, donde muchas producciones combinaban con gran maestría entretenimiento con tramas que podían llevar en ocasiones a reflexionar sobre el estado de las cosas. Quizás a esa pujanza del género ayudara el que en el campo de la literatura ya se estuviera dando una edad dorada del género; muchas de las más entretenidas novelas de aquellos años fueron llevadas a la gran pantalla. En el caso de La fórmula, con el asunto del petróleo todavía coleando, el productor y escritor Steve Shagan tuvo a los estudios interesados en su obra incluso antes de que la hubiera acabado. Con el apoyo de la MGM Shagan no tuvo problemas en llevar su propia novela a la gran pantalla.

Como en muchas otras cintas del estilo, el film arranca con un punto de partida a pequeña escala que a través de un MacGuffin o excusa para hacer avanzar la narración, acabará desembocando en una trama de escala internacional, una gran conspiración. En este caso la investigación del asesinato de Tom Neeley, un ex-jefe de policía, llevará al teniente Barney Caine, amigo del cadáver, a seguir el hilo de un viejo proyecto ultrasecreto de los nazis, Génesis, bajo cuyo código se esconde una fórmula para fabricar combustible sintético.

La fórmula, film de cuyo director, John G. Avildsen, renegó por haber sido reeditado bajo las órdenes de Shagan (acusación que también reiteró una de las estrellas involucradas en la película, Marlon Brando), ciertamente no está a la altura de otras cintas clave en el género de años anteriores como Marathon Man o Los niños del Brasil. El guión resulta más bien rutinario, algún punto resulta algo inconsistente y en este caso destaca más el reparto que la acción en sí, aunque el film tiene sus buenos momentos. Gran parte del peso del film recae en los hombros de su protagonista, George C. Scott, y el olvidadísimo Richard Lynch (sí, es de esos que tengo que guguelearle, al pobre) realiza un gran aporte en el arranque del film como despagado general alemán al final de la Segunda Guerra Mundial. Brando, para variar, pasaba por allí para cobrar sustanciosos cheques, pero se divirtió modelando a su personaje, un pragmático pez gordo de la industria petrolífera, poniéndole gafas, prostéticos aquí y allá y un sonotone por el que además le chivaban las frases. Ya sabéis, en algun momento de su carrera el bueno de Brando decidió que nunca más volvería a aprenderse una frase, lo cual desesperaba al equipo y el reparto; en esta ocasión el pobre Scott fue quien pagó el pato, y acabó recriminándole a Marlon si no era capaz de decir dos líneas de diálogo iguales, a lo que el gran mito respondió con su estilo particular: I know you know a cue when you hear one ("sé que reconoces un pie cuando oyes uno"). Así era Brando, un tipo que cobraba millonadas, y que luego rodaba dos días gratis una escena con un sapo y una piscina para alertar al mundo de los peligros del cloro en las piscinas.

Con todo, si este film merece la pena es por el careo final entre esos dos grandes actores, y una secuencia final realmente tremenda y muy aclaratoria de cómo funcionan las cosas en este mundo, especialmente desde que la guerra de ideologías parece haber desaparecido con aquel viejo muro de Berlín. No, La fórmula no es el thriller definitivo, pero dio en el clavo al final, y es un clavo al que seguimos clavados, amigos.

domingo, 4 de mayo de 2014

Star Wars Day: Han Solo shot first

Los ordenadores y el CGI nos dieron excelentes dinosaurios y a Gollum, pero también dieron la posibilidad a viejos directores con hijos, aburridos y con el seso reblandecido de tanto tomar el sol de California, de convertirse en su propia Policía del Pensamiento, en defensores de la neolengua, convirtiendo a cualquier viejo fan con la suficiente memoria en un criminal de aquello llamado "doblepensar". Ahí teníamos de repente a Spielberg, sustituyendo en E.T. el extraterrestre armas por walkie-talkies, y, claro está, a su amiguete George Lucas, renaming and numbering each movie like some kind of mad Sesame Street exercise (el Toronto Star dixit), y quitando o cambiando todo aquello que no le gustaba. No se trataba de mejorar, sino de cambiar, hacer lo contrario de lo que era, irritando a los viejos admiradores de la saga, ante la apatía de los nuevos, y además, jactándose de ello. Nunca lo acabo de tener claro con Lucas, no sé si era amor al dólar, chocheo, o que se divierte así, volviendo loco al personal. Pero vamos, cuando a finales de los 90 remozó la vieja saga, decidió que en La guerra de las galaxias, en la famosa secuencia de la cantina, había sido un error que Han Solo, el contrabandista que trabaja para un mafioso (¿qué lleva de contrabando? ¿juguetes para los Ewoks?), disparara sin avisar al cazarrecompensas Greedo. Así que de repente era Greedo quien disparaba primero y así el simpático de Han sólo (la importancia de los acentos) se defendía. Así, cual confusa socorrista, Lucas la lió parda y conforme crecía Internet la afrenta se hacía mayor, y más y más fans se unían al cántico de la libertad y la verdad: Han shot first! ¡Han disparó primero! Mientras el amigo George decía que nadie había entendido nada, que nos cegaba nuestro cariño por Han, negando la mayor, y afirmando que Greedo siempre había disparado primero. Pero luego ves fotos del amigo llevando una camiseta de "Han shot first", y te preguntas si este hombre no es un cachondo retorcido y cruel.

En fin, ¿será verdad que la verdadera edición definitiva de la saga original está en aquellos Laserdiscs, aunando calidad digital con la saga sin retocar? Bien amigos, reflexiones chorras para una conmemoración chorra. ¡Pero es que la saga es tan bonita! Se merece todos los días del año en realidad. Voy a besar mis DVDs de la trilogía clásica. Muiik, muiiik.

sábado, 3 de mayo de 2014

El celuloide oculto

El celuloide oculto es un documental basado en el libro de Vito Russo que versa sobre el tratamiento que Hollywood ha dado a la homosexualidad a través de la historia, fiel reflejo de los tiempos que rodeaban a la industria del cine a lo largo de los años, aunque, como apunta una de las entrevistadas en el documental, normalmente la sociedad fuera por delante de la mentalidad normalmente conservadora de la industria. Con todo, no cabe olvidar que hasta no hace demasiado ser gay constituía un delito, que se daban redadas policiales "antigay" y que en ocasiones, ser homosexual podía llevar a un ciudadano estadounidense a acabar en un psiquiátrico sometido a los más pintorescos, cuando no directamente nocivas, tratamientos para acabar con lo que se consideró una enfermedad hasta bien entrado el siglo XX. 

El celuloide oculto analiza la homosexualidad en el cine desde los días del cine mudo, donde era frecuente recurso humorístico, y los gays constituían una parodia cómica como esos actores blancos pintados con betún, hasta la década de los 90, tras la normalización (hasta cierto punto, quizás) del personaje homosexual en el cine y el gran éxito de Philadelphia. De los alegales años del mudo y el liberal comienzo de la década de los 30 se pasará a la era de la férrea censura del Código Hays, donde evidentemente todo rastro de homosexualidad en la pantalla estaba rigurosamente prohibido, aunque los profesionales del cine se las ingeniaron para hablar del asunto entre líneas, aunque como se ha dicho, ser gay equivalía todavía a ser un recurso cómico. Todo ello comenzó a cambiar a finales de los 50, cuando el Código, y el propio sistema de estudios que había dominado Hollywood, comenzó a resquebrajarse. Llega entonces la época, según el documental, de una homosexualidad más en primer plano, pero llena de tragedia. No deja de ser curioso que el primer film que retrató de forma más natural a un personaje gay sea aparentemente Cabaret, de 1972, una película que transcurre en el loco y liberal Berlín de principios de los años 30.

El celuloide oculto resulta interesante no sólo por todas las secuencias "gay" que muestra, una selección de todas las épocas del cine, algunas sorprendentes (como las de el Gordo y el Flaco), otras vergonzantes, muchas, en su mayoría, tienden a ser más o menos sutiles, y en otras la homosexualidad latente puede resultar patente o también discutible. Además, varios entrevistados relacionados con la industria, homosexuales en su mayoría, analizan algunas de estas imágenes además de añadir su visión personal y su experiencia como expectadores homosexuales ante lo que Hollywood tenía que ofrecer. Por último, el documental analiza también el doble rasero que se ha aplicado a secuencias entre gays y lesbianas, siendo estas últimas más toleradas, o incluso aplaudidas, consideradas como elemento erótico.

En resumen, documental muy recomendable con una perspectiva distinta de la historia de Hollywood.

jueves, 1 de mayo de 2014

En una galaxia muy, muy lejana

Vaya, esto es como las bodas, tras la última trilogía y las reinvenciones de Lucas prometí desentenderme, pero ya noto como un pálpito lejano. En fin, como decía Homer en El cuervo, no será nada...